Si en 2019 el ingreso por concepto del Derecho de No Residente (DNR) fue de alrededor de 11 mil millones de pesos, este año, en el mejor de los casos, será de sólo unos dos mil 750 millones de pesos, un 75% menos.
Para llegar a estas cifras vale la pena recordar que, en abril, la llegada de turistas internacionales por vía aérea se cayó 98.7% respecto al mismo mes del año previsto, según el Instituto Nacional de Migración (INM).
En un reporte especial de Grupo Gemes, de Héctor Flores Santana, la suma de los visitantes internacionales que llegaron en avión en el primer cuatrimestre pasó de 4.4 a 2.4 millones entre el primer cuatrimestre de 2019 y el del 2020, con una baja de 45.5 por ciento.
Mayo ya fue otro mes perdido y la recuperación a partir de junio será sumamente lenta, lo que impactará duramente la temporada alta de verano.
Para diciembre, según el Cicotur, de Francisco Madrid, a partir de una encuesta entre empresarios de la industria, se espera una recuperación de 45% del mercado internacional.
Precisamente, el Instituto Nacional de Migración (INM), antes de los cambios que se han hecho en este gobierno, encontró el recurso de la reclasificación de los viajeros para tener una mayor participación en el DNR.
Sus necesidades de recursos son importantes, pues la problemática migratoria es muy costosa para el país.
Así es como se puede explicar que en el periodo 2014-2019, según otro análisis de Gemes, el crecimiento de turistas internacionales haya sido de 30.9%; el de los viajeros de negocios, de 6%, y el del renglón de “otros”, de 480.3 por ciento.
Lo que fue una estrategia rentable para el INM, ahora tampoco funciona, pues la caída de todos los viajeros se derrumbó debido a la pandemia de covid-19.
“Etiquetar” los recursos fiscales, en este caso un derecho, tiene la ventaja de que, cuando faltan, no es obligatorio reponerlo fiscalmente, como debió haber sucedido con el Tren Maya; pero ahora la Secretaría de Hacienda tendrá que lidiar con un “boquete” adicional de unos 8,250 millones de pesos. (Carlos Velázquez, Excélsior, Dinero, p. 6)
Estados Unidos es admirado en el mundo por los valores de libertad con respeto a la ley y por las oportunidades de progreso para sus habitantes. Desde su fundación, este país sustentó ideales universales que siguen siendo válidos.
La llegada al poder del presidente Donald Trump se puede entender como el reflejo de una sociedad blanca que se siente desplazada por la creciente población de las minorías raciales. Estados Unidos está cambiando su estructura racial muy rápidamente por el crecimiento de la población no blanca.
Mientras que la sociedad civil persigue una política de igualdad de oportunidades, en la Casa Blanca no hay un solo alto funcionario de raza negra. Todos son blancos. El influyente asesor de Trump, Stephen Miller, es el custodio de la pureza blanca. Miller es el que alimenta la mexicanofobia de Trump. Miller es el autor de la idea de construir el muro. Miller controla el Departamento de Seguridad Interior, del cual depende la patrulla fronteriza. Miller escribe los discursos vejatorios de su jefe contra los mexicanos como criminales, narcotraficantes y violadores.
El presidente Trump entró en un declive sinuoso hacia el 3 de noviembre. Hasta ahora había superado los obstáculos gracias a su retórica supremacista, afín a su base blanca de 30%, pero la ola del cambio contra la desigualdad racial ya no es favorable para su reelección. Estados Unidos ya cambió con el asesinato de George Floyd. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 15)
Si bien las instituciones multilaterales, como la OMS, intentan coordinar una respuesta global cooperativa ante la crisis mundial, pueden resultar impotentes ante las poderosas presiones políticas nacionalistas”. Sin duda, Friden escribió estas líneas antes de que Trump decidiera demostrar –con sus irresponsables acciones de retiro unilateral de contribuciones y, en sus palabras, rompimiento de relaciones con la OMS– cuán acertado resultaba su análisis.
Un segundo artículo de particular interés – Life lines in danger, de Ralph Chami y Antoinette Saye, funcionarios ambos del FMI– aborda el tema de la afectación de las remesas de trabajadores migratorios provocada por la pandemia. En una visión de alcance global, como la que presenta ese texto, no deja de sorprender, por sabida que sea, la enorme importancia cuantitativa de estos flujos. El impacto de la pandemia será demoledor y coincidirá con el efecto negativo de ésta sobre las economías receptoras: Los países receptores perderán una fuente importante de ingreso y de recaudación en los momentos en que más se necesitan. El Banco Mundial estima, para 2020, una caída de 100 mil millones de dólares respecto del año precedente, que lesionará los equilibrios comercial y presupuestario, así como la capacidad de las naciones para atender su deuda.
A más largo plazo, una crisis prolongada aumentará la presión sobre los mercados laborales de los países ricos y los migrantes no sólo perderán el empleo, sino también su estatus migratorio y podrán ser repatriados en momentos en que la pandemia habrá reducido los incentivos de otras naciones para recibir migrantes. (Jorge Eduardo Navarrete, La Jornada, Opinión)