De creer a Greg Bovino, que hasta marzo de este año fue líder de la Patrulla Fronteriza y renunció junto a la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem, la solución para los problemas de su país está en la deportación de 106 millones de residentes ilegales.
“Mi única preocupación es deportar a los 106 millones de ilegales que están aquí”, escribió Bovino en un mensaje de X en el que cita la posibilidad de presentarse como candidato presidencial en 2028 dado el nivel de apoyo que dice haber recibido.
Ni 1.06 ciento seis millones, casi una tercera parte de la actual población estadounidense. O 31.1 por ciento, si se quiere ser más preciso. Nadie sabe de dónde sacó la cifra, aunque no es una sorpresa dado el surgimiento de una idea que solo puede ser definida como absurda, pero se encuentra en círculos antiinmigrantes.
Alguna vez relegada a los rincones más paranoicos de grupos neonazis y de supremacistas blancos, la “remigración” se ha convertido en los últimos años en parte integral del resurgimiento de la derecha en Europa y, desde 2025, en parte del discurso de algunos funcionarios y políticos en Estados Unidos.
Bovino, habría que recordar, era el hombre a cargo de los públicos despliegues de fuerza policiaca en redadas de presuntos indocumentados que llevaron al asesinato policiaco de dos ciudadanos estadounidenses blancos en Minneápolis, en febrero de este año. La reacción pública llevó a las renuncias de Noem y de Bovino.
Originalmente, la idea de la “remigración” planteaba simplemente el retorno voluntario asistido mediante la reintegración de “retornados” a sus países de origen. Pero ahora incluye la deportación forzada. En sus versiones más extremas, no solo incluye a inmigrantes indocumentados, sino también a ciudadanos naturalizados y hasta a integrantes de segundas o terceras generaciones que sean “indeseables”.
Los defensores de esta doctrina la justifican bajo teorías de reemplazo demográfico, alegando que la asimilación es imposible y que la expulsión protege la identidad nacional y los recursos sociales. Y en un descuido, hasta de eugenesia, pureza racial.
Que tengan abiertos matices racistas, nazis, o sean de plano violatorias de derechos humanos, normas internacionales y aún justifiquen medidas como la limpieza étnica, con matices genocidas, no parece preocupar mucho a sus promotores.
La “remigración”, dicen los expertos, surge simplemente de sentimientos racistas o xenofóbicos, alimentados por el temor a lo que muchos llaman el “gran reemplazo”, o sea una gigantesca conspiración para sustituir a la población blanca por inmigrantes o refugiados no blancos, presuntamente para facilitar el control político de un partido.
En el caso estadounidense, el reemplazo se conjuga con la idea de la “reconquista”, ese temor de que la llegada masiva de inmigrantes mexicanos tenga la meta última de recuperar para México los territorios perdidos en la guerra de 1848.
El miedo, el racismo, la xenofobia y la incertidumbre son una combinación peligrosa. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 37)
Se nos aparece Donald Trump nuevamente como pesadilla. Amenaza con no renovar el T-MEC y combatir a los cárteles de la droga por tierra. El presidente de EU afirmó ayer que su país no necesita nada de lo que tienen México y Canadá. “Ellos necesitan todo lo que tenemos nosotros y tienen que tratarnos mejor”, declaró.
¿Es el típico bluff de Trump para obtener concesiones en comercio, seguridad, migración y carteles de la droga? Probable. Sea como sea, México debe prepararse con unidad (gobierno, sector privado y oposición) para defender sus intereses sin ceder soberanía, pero sabiendo que la interdependencia es enorme.
* El caso del narcotráfico merece mención aparte. Una y otra vez, Trump ha dicho que los cárteles gobiernan México “y nadie más”. Ayer agregó: “Odio tener que decirle esto a México, pero ahora nos vamos a concentrar en la entrada por tierra, porque el mar era más difícil”.
Ya encarrerado, presumió que ha reducido en 97% el tráfico de drogas por mar. No está de más recordar que desde 2025, Trump ha atacado a más de 60 lanchas que han dejado un saldo de 207 muertos.
¿Qué tan en serio debemos tomar esas amenazas?
Los expertos creen posibles operaciones limitadas con drones, comandos especiales, pero no una invasión ni una ofensiva terrestre mayor. Una intervención en México sería políticamente muy costosa y generaría más violencia, advierten.
* Ayer rindieron protesta ante la Comisión Permanente tres nuevos embajadores: Roberto Lazzeri va para EU; Alicia Buenrostro a Países Bajos, y Pedro Blanco, a India.
Buenrostro y Blanco fueron aprobados por unanimidad: 35 a favor, cero en contra. Lazzari fue ratificado por una mayoría: 27 votos a favor y ocho en contra de panistas y priistas. “No es diplomático de carrera, tiene expertise en el ámbito financiero”, explicó el priista Ruben Moreira.
MC le dio el beneficio de la duda. Votó a favor de Lazzeri. Su orador en tribuna, Gibrán Ramírez, manifestó, sin embargo que, quien debería de ir a la embajada en EU es Marcelo Ebrard.
“El complicado momento político y social, no sólo el económico, ameritaría un perfil como el de Marcelo Ebrard en la embajada de México en EU”, señaló.
* Antes de ser ratificado por el pleno de la Comisión Permanente, Lazzeri Montaño se reunió con la Primera Comisión de Asuntos Políticos e Internacionales, que encabeza el senador de Morena, Alejandro Murat.
Llamó la atención que afirmara que México y Estados Unidos sostienen hoy una “excelente” relación, cuando atraviesa por su momento más complicado en décadas.
Precisó que la relación con el vecino del norte está construida sobre los cuatro principios que la Presidenta ha establecido como rectores de nuestra política exterior:
Respeto a la soberanía y a la integridad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; confianza mutua y cooperación sin subordinación.
“De esos cuatro principios, asumo el respeto irrestricto a la soberanía como mi principal responsabilidad”, dijo.
* El oficialismo impuso en la agenda política de la sesión de la Comisión Permanente la inclusión del 55 aniversario del llamado Halconazo. El 10 de junio de 1971 se registró en la CDMX una violenta represión estudiantil, perpetrada por un grupo paramilitar financiado por el Estado llamado Los Halcones. La represión, según cifras oficiales, dejó 40 estudiantes muertos, más de 200 heridos y decenas de desaparecidos.
En esa época gobernaba el expresidente Luis Echeverría y el regente del DF era Alfonso Martínez Domínguez. La tirada en la Permanente era clara. Presentar al PRI como un partido represor, conspirador, defensor de privilegios. Lo anterior lo ilustra la intervención en tribuna del senador morenista, Manuel Huerta Ladrón de Guevara. Dijo: “Los halcones cambian de traje, cambian de tribuna, cambian su estrategia; se actualizan sus patrocinadores, pero conservan la misma vocación: defender privilegios a cualquier precio. Ayer golpeaban estudiantes en la calle; hoy tratan de golpear gobiernos con campañas de desinformación”, se quejó.
La respuesta vino de Moreira. “Las responsabilidades ni son colectivas ni se heredan. Lo que pasó aquel Jueves de Corpus es condenable. Es responsabilidad de quienes tomaron esas decisiones. También es responsabilidad de los que en ese momento participaban en ese gobierno o no dijeron nada. Ésos que están hoy con Morena: Manuel Bartlett y López Obrador”.
El exgobernador de Coahuila brincó súbitamente al tema de la CNTE. Recordó que, en febrero de 2007, López Obrador prometió echar para atrás la Ley del ISSSTE. “Ya pasaron casi 20 años de esa oferta política y no se ha cumplido, porque ustedes son mentirosos”, señaló.
La CNTE, por cierto, salió ayer sin acuerdos de la Segob. Sostiene que no se han cumplido sus desmedidas demandas y que el balón “no va a rodar”. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 6)
Con el arranque de la Copa del Mundo 2026, los riesgos alrededor del torneo comienzan a crecer. Y no solamente hablamos de movilidad, logística o saturación urbana. También de seguridad.
La realidad es que el Mundial llegará en uno de los momentos geopolíticos más complejos de los últimos años: tensiones internacionales, terrorismo, guerras, migración, crimen organizado, ciberataques y polarización social. Por eso, hoy más que nunca, resulta importante entender que un megaevento de esta magnitud no puede improvisarse.
Durante mi participación en el curso Major Events: Navigating Opportunities and Challenges (Grandes Eventos: Navegando Oportunidades y Desafíos) de la Harvard Kennedy School, platicamos con Juliette Kayyem, una de las especialistas más reconocidas en temas de seguridad y manejo de crisis en Estados Unidos. Fue subsecretaria de Seguridad Interior durante la administración de Barack Obama, asesora de seguridad nacional en Massachusetts, analista de CNN y autora del libro The Devil Never Sleeps.
Kayyem explicó que el Mundial 2026 será particularmente complejo, porque se desarrollará en tres países completamente distintos. “Cuando Norteamérica recibió la sede, la idea era mostrar una región unificada, con gente moviéndose libremente entre fronteras. Pero hoy el escenario es muy diferente”, explicó.
Sobre Canadá, consideró que enfrentará riesgos relativamente previsibles. Sin embargo, aseguró que Estados Unidos y México enfrentarán escenarios mucho más complicados.
“En Estados Unidos tenemos un entorno de amenazas muy intenso. No solamente hablamos de terrorismo o ciberseguridad. También existe polarización política, tensiones sociales y una enorme preocupación por la seguridad fronteriza”, señaló.
En el caso de México, la experta reconoció que el tema de los cárteles seguirá siendo parte del contexto del torneo. “El tema del crimen organizado siempre estará presente como ruido de fondo. Pero también veo que el Gobierno mexicano está muy enfocado en lograr unos juegos exitosos”, afirmó.
Uno de los temas más delicados es el conflicto entre Estados Unidos e Irán y la posibilidad de ataques asimétricos.
“Hoy las amenazas no necesariamente vienen en forma de grandes ataques. Pueden ser ataques pequeños, aislados, con enorme impacto psicológico y mediático”, explicó.
Sin embargo, Kayyem consideró que actualmente Irán parece más enfocado en presión económica y geopolítica que en un ataque directo durante el Mundial. La especialista insistió constantemente en una idea central: no existen eventos completamente seguros. “No hacemos eventos seguros. Hacemos eventos más seguros”, dijo.
Y esa diferencia cambia completamente la lógica de preparación. “No puedes reducir el riesgo a cero en un torneo de esta magnitud. Son tres países, decenas de ciudades y millones de personas moviéndose constantemente. Lo que haces es invertir en planeación, preparación y capacidad de respuesta para reducir daños si algo ocurre”, explicó.
Otro de los puntos más delicados será el control de multitudes. Kayyem recordó lo ocurrido en Miami durante la final entre Argentina y Colombia, cuando miles de aficionados intentaron entrar por ductos, bardas y accesos improvisados. “El futbol genera un comportamiento distinto a otros deportes. Los aficionados llegan prácticamente al mismo tiempo y salen prácticamente al mismo tiempo. Y además viven el partido como un momento nacional”, explicó.
Eso obliga a trabajar en inteligencia preventiva, controles perimetrales, monitoreo de amenazas y manejo de multitudes.
“Cada partido tendrá desafíos distintos dependiendo del país, la ciudad, el contexto político y los equipos que jueguen”, señaló.
Y ahí aparece otro problema enorme: la movilidad. Kayyem explicó que una de las mayores preocupaciones en eventos masivos es lo que los expertos llaman crush load, es decir, presión extrema sobre sistemas de transporte y zonas de concentración humana. “Cuando millones de personas intentan desplazarse al mismo tiempo, cualquier pequeña falla puede convertirse rápidamente en caos”, advirtió.
También habló sobre algo que muchas veces se deja de lado: la seguridad personal y familiar. “Mi objetivo es que la gente se prepare, no que viva con miedo”, dijo.
Por eso recomendó medidas básicas, pero fundamentales: descargar aplicaciones oficiales de alerta, conocer rutas de salida, acordar puntos de reunión familiares y enseñar a los hijos cómo reaccionar si se separan. “Si hay una estampida, nunca intentes ir contra la multitud. Muévete con el flujo de personas y evita caer al suelo”, recomendó.
También insistió en la importancia de escuchar a las autoridades y evitar acercarse por curiosidad a situaciones de riesgo. “No sean curiosos, sean defensivos”, dijo.
Otro tema delicado será la migración y los controles fronterizos en Estados Unidos. “Las políticas migratorias actuales sí están generando preocupación. Hay personas que podrían tener visa válida y aun así temer problemas migratorios o revisiones agresivas”, señaló.
Eso podría afectar la asistencia internacional y modificar parte de la dinámica que originalmente se imaginó para el torneo.
Kayyem también hizo una reflexión importante sobre el narcotráfico y la relación entre México y Estados Unidos. “
Los cárteles existen porque también existe un enorme mercado de drogas y armas en Estados Unidos”, afirmó.
Y eso deja claro que la seguridad del Mundial no dependerá solamente de policías o militares. Dependerá de coordinación internacional, inteligencia, movilidad, tecnología, manejo de crisis y capacidad de reacción.
México tiene experiencia organizando grandes eventos. Pero el contexto mundial hoy es mucho más complejo que en 1970 o 1986. Vivimos en un mundo más polarizado, más violento y más impredecible.
Y quizá la frase más importante que dejó Juliette Kayyem resume perfectamente el desafío del Mundial 2026: “No se trata de hacer un evento perfecto. Se trata de estar preparados para responder cuando algo salga mal”. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 15)
El torneo fue presentado como una celebración de Norteamérica: 48 selecciones, 104 partidos, 16 sedes y tres países unidos por una narrativa. México, Estados Unidos y Canadá como socios en la cancha, como región integrada, como escaparate compartido.
Pero esa postal mostró sus costuras antes del silbatazo inicial. De los 104 partidos, 78 se jugarán en Estados Unidos. México y Canadá tendrán 13 cada uno. Aunque el Mundial sea trinacional, buena parte de la experiencia quedará condicionada por la política migratoria estadounidense.
Donald Trump lo dejó claro al hablar de visas: su administración trabaja para asegurarse de que entren a Estados Unidos “las personas correctas”. La frase podría parecer administrativa; no lo es. Incluso en la fiesta más universal del planeta, la entrada queda sujeta a origen, sospecha y admisibilidad.
El balón viaja con prioridad diplomática. Las personas, no necesariamente.
Los ejemplos ya no son hipotéticos. Irán instaló su concentración en Tijuana después de que su plan original de entrenar en Arizona quedara cancelado. Sus jugadores recibieron visas apenas unos días antes de su primer partido, pero varios integrantes de la delegación quedaron fuera: directivos, analistas, responsables de medios y personal administrativo.
La imagen quedó instalada: una selección mundialista entrenando del lado mexicano de la frontera para jugar en estadios estadounidenses.
También está Omar Abdulkadir Artan, árbitro somalí que esperaba convertirse en el primero de su país en dirigir un partido mundialista; fue rechazado al llegar a Miami. No era un viajero improvisado ni un aficionado sin boleto: era un árbitro designado para la Copa. Ni siquiera esa acreditación lo salvó del filtro migratorio.
A eso se suman restricciones de viaje para ciudadanos de decenas de países. Atletas y parte del personal de apoyo pueden entrar bajo excepciones específicas, pero los aficionados no siempre corren con la misma suerte. Algunas selecciones pueden jugar, pero parte de su gente quizá no pueda acompañarlas.
La frontera también puede entrar al estadio; en el SoFi de Los Ángeles, trabajadores incluyeron una cláusula inédita: podrían irse a huelga si la actividad de ICE o la Patrulla Fronteriza pone en riesgo su seguridad durante un partido.
Este Mundial no solo pondrá a prueba aeropuertos, hoteles o transporte. Pondrá a prueba la idea de Norteamérica: una región que presume integración comercial y cooperación estratégica, pero sigue tropezando con la misma pregunta: quién puede cruzar, bajo qué condiciones y con qué dignidad.
Para México, la lectura debe ser más fina que una crítica automática a Trump; México no controla las visas estadounidenses ni decide sus vetos; lo que sí puede decidir es qué papel ocupa en la narrativa regional del Mundial.
Estados Unidos llega desde una lógica de seguridad y filtro. México puede hacerlo desde otro lugar: como país anfitrión que entiende que la movilidad humana no es una anomalía, sino una de las fuerzas centrales de nuestra época: turismo, deporte, cultura, diáspora, familias divididas e identidades cruzadas.
Eso no significa idealizar a México; nuestro país también detiene, filtra, expulsa y muchas veces trata con dureza a quienes cruzan su territorio. Justo por eso la oportunidad es más exigente: recibir con orden, sí; pero sin convertir cada llegada en amenaza. Cuidar sin humillar, revisar sin criminalizar.
México conoce demasiado bien el costo de ser mirado desde la sospecha. Esa memoria no debería administrarse desde el resentimiento, sino desde la inteligencia.
Ahí está la oportunidad mexicana: convertir la hospitalidad en una forma de poder. Mostrar ciudades funcionales, orientación clara para visitantes, acompañamiento consular para mexicanos que viajen a sedes estadounidenses y una narrativa que abrace al aficionado.
Este Mundial también será de migrantes: de quienes viven entre países, tienen familia a ambos lados de la frontera, mandan remesas, cantan dos himnos o sienten pertenencias mezcladas. Para ellos, la Copa no será solo deporte, será espejo.
El balón y el muro resumen dos formas de mirar el mundo. El balón circula, convoca, mezcla; el muro clasifica, sospecha y separa. Entre ambos está México.
La pregunta no será solo quién levanta la Copa, sino qué país logró contar mejor su lugar en el mundo: el que levantó muros alrededor de la fiesta o el que entendió que recibir, con dignidad, es ganar. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 32)
Hoy inicia el torneo mundial de futbol. Es la primera vez que tres países organizan el evento: Estados Unidos, México y Canadá. Será la tercera vez que esta justa se inaugure en la Ciudad de México. Al terminar de escribir esta columna, el gobierno sigue pintando banquetas en numerosas zonas de la capital y remozando el aeropuerto que desdeñaron durante años. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado que no asistirá al partido inaugural. Sin embargo, es posible que éstos no sean los principales problemas en torno al evento.
Como sabemos, el gobierno de Donald Trump lleva meses confrontando a los gobiernos de los otros dos países sede, así como a los de numerosos países que históricamente se consideraban sus aliados. Mientras se desarrolla la Copa del Mundo, es posible que el Tratado comercial entre los tres países no se renueva y entremos a un largo período de negociaciones anuales.
Por otro lado, el gobierno de Estados Unidos no permitirá a la selección nacional de Irán pernoctar en ese país durante el mundial. Irán enfrentará a Nueva Zelanda y Bélgica en Los Ángeles, y después a Egipto en Seattle. El equipo iraní tendrá que entrar y salir de Estados Unidos el mismo día de cada partido. Durante el torneo, su campamento estará ubicado en Tijuana. ¿Se trata de un episodio aislado?
Suele pensarse que los mundiales de futbol y los Juegos Olímpicos pacifican o unifican a las sociedades del mundo. Sin embargo, este tipo de torneos también incitan un nacionalismo exacerbado y pueden generar resentimientos entre países. Las tensiones y conflictos internacionales no suelen estar ajenos a los grandes torneos deportivos. En febrero de 2014, Rusia organizó las olimpiadas de invierno en Sochi. A las pocas semanas del evento, el gobierno de Putin invadió Ucrania y se apoderó de Crimea. En 2018, Rusia organizó el Mundial. Cuatro años después volvió a invadir Ucrania.
Senegal fue una de las grandes sorpresas del Mundial de 2002: en su debut mundialista derrotó a Francia, su otrora colonizador, y empató con Dinamarca y Uruguay en la primera ronda y derrotó a Suecia en la segunda etapa. Fueron eliminados por Turquía en cuartos de final, pero los senegaleses estallaron de júbilo en las calles. Dos semanas después, el presidente de Senegal emprendió acciones militares contra Gambia.
¿Acaso se trata de meras coincidencias? El politólogo Andrew Bertoli ha estudiado de manera sistemática la relación entre el deporte, la política y los conflictos internacionales. Bertoli compiló datos de los países que participaron en los mundiales de futbol entre 1958 y 2010, incluyendo a los países que estuvieron a pocos puntos de calificar para los torneos. Su análisis estadístico encontró que los gobiernos de los países que participan en los mundiales son más propensos a iniciar conflictos internacionales que los de aquellos países que se quedan fuera.
En otro estudio reciente, Bertoli encontró que los países que de manera aleatoria compiten en el Mundial suelen disminuir su comercio internacional después del torneo, y que esto se debe a que los países perdedores suelen importar menos mercancías de los países que los vencieron. Estos hallazgos sugieren que el nacionalismo exacerbado por los mundiales puede tener consecuencias importantes, sobre todo en países donde el futbol es el deporte más importante.
No todo es malo en estos torneos, por supuesto. Otros estudios han encontrado que los países que logran victorias importantes en competencias internacionales tienen menores niveles de conflictos internos, o aumentos transitorios en la confianza en sus compatriotas. Sin embargo, esta mayor confianza hacia los compatriotas también puede venir acompañada de prejuicios hacia migrantes o refugiados.
Por último, la evidencia de otros deportes sugiere que a los partidos en el poder suele irles un poco mejor en las urnas cuando los equipos estatales o nacionales cosechan victorias importantes. Aunque de un tiempo a esta parte se ha invertido más en béisbol que en futbol en México, esperemos lo mejor para nuestra selección. A ganar. (Javier Aparicio, Excélsior, Nacional, p. 12)
Al comenzar la Copa del Mundo de Futbol como escenario central, lo que no dejará de moverse ahora en segundo plano es la agenda de seguridad entre México y Estados Unidos –coorganizadores junto con Canadá del evento que por primera vez se juega en tres países— y que marcará los 39 días que durará la justa.
Esta semana el Comando Norte estadounidense (USNORTHCOM) anunció que las operaciones militares en la frontera con México contra la “migración masiva”, el tráfico de drogas, el contrabando de combustible y las redes criminales que operan desde territorio mexicano en actividades catalogadas como de “riesgo de seguridad nacional”, ahora están definidas dentro de la “Operación Vanguardia Ardiente”.
Detrás del pomposo título está entre otras cosas, la labor de las agencias que operan dentro de la Fuerza de Tarea Frontera Sur (JTF-SB por sus siglas en inglés), que reunieron información de inteligencia que coadyuvó en la investigación penal dada a conocer por el diario Los Angeles Times hace unos días contra los gobernadores de Sonora y Tamaulipas, entidades fronterizas consideradas nodos del crimen organizado incrustado en la política. Su labor ha sido mapear desde el año pasado las redes que operan en la frontera y sus conexiones con la clase política de esa región.
El viernes 12 de junio habrá un antes y un después de la reunión que sostendrá el embajador estadounidense en México Ronald Johnson y su equipo con el gabinete de seguridad. La petición del secretario de Estado Marco Rubio en la llamada que sostuvo con el canciller Roberto Velasco, fue “acelerar medidas decisiva para desmantelar a los cárteles”, lo que podría traducirse en ejecutar la solicitud hecha al gobierno mexicano para detener al gobernador con licencia de Sinaloa Rubén Rocha Moya, al senador que cobra sin trabajar Enrique Inzunza y siete coacusados más –exfuncionarios estatales y municipales—por sus presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos en el tráfico de drogas.
La última imagen del caso podría ser el coche bomba que estalló la madrugada del martes pasado a la entrada del municipio de Escuinapa, en el sur de Sinaloa, que dejó daños materiales y un corte de electricidad de varias horas en la cabecera municipal. Detrás del suceso se encuentra otra de las disputas territoriales estratégicas entre las facciones de Los Zambada y Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. El incremento de la violencia en los últimos meses en este municipio que colinda con Nayarit se debe al “avance” de grupos armados identificados con la Mayiza, que buscan tener el dominio territorial de la región que conecta la salida de Durango con Nayarit y Sinaloa y la zona costera de estas dos entidades, considerada una región fundamental para sus operaciones de trasiego de drogas.
En el conflicto en la zona sur de Sinaloa se han empleado drones para atacar cuarteles de la policía, ha habido incursiones armadas de grupos que han sitiado a la población durante horas sin que intervenga la Marina o el Ejército, y han dejado víctimas inocentes como niños y personas adultas mayores, las últimas apenas hace unos días.
Mientras esto ocurre el presidente estadounidense Donald Trump volvió con su idea de comenzar a realizar operaciones terrestres contra los cárteles, la información que le llega la resume en que éstos “controlan México”. (Juan Veledíaz, El Sol de México, República, p. 7 y La Prensa, Editorial, p. 14)
A unos días de que inicie la segunda ronda de negociaciones para la revisión del T-MEC, y a unas horas de la inauguración de la Copa Mundial de Fútbol, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump volvió a blandir su poderosa espada retórica para amenazar a sus dos principales socios comerciales: México y Canadá.
Dijo que Estados Unidos no necesita nada de México ni de Canadá y externó sus dudas sobre la renovación del Tratado México, Estados Unidos, Canadá.
¿Estrategia de negociación?
Las declaraciones de Trump podrían considerarse como parte de su muy conocida estrategia de negociación.
Sin embargo, vale la pena registrar en dónde y cómo realizó sus expresiones.
Trump habló desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, mientras firmaba la Secure America Act, una ley que destina fondos adicionales, por alrededor de 70,000 millones de dólares, para fortalecer el control fronterizo, ICE y la Patrulla Fronteriza.
Ahí, el presidente de EU dijo que su gobierno no está buscando renovar el T-MEC; que EU no necesita a México ni a Canadá; y, criticó los déficits comerciales que registra EU con ambos países.
En el mismo evento enfatizó que los cárteles controlan o están muy presentes en México y que EU actuará para impedir la entrada de drogas por rutas terrestres.
Aunque no detalló operaciones militares específicas dentro de México, sí utilizó un tono de fuerte presión en torno a su perspectiva de combate a los cárteles de las drogas mexicanas.
Llamó la atención que en el mismo evento se refiriera a los temas comerciales y de lucha en contra de los grupos criminales que por ley de EU ya son considerados como terroristas.
Aranceles por fentanilo, el antecedente
Hay que decir, que aunque mencionó los dos temas en el mismo discurso, no los mezcló específicamente.
Sin embargo, en los hechos, ha sido diferente.
Es decir, Trump si ha tomado resoluciones arancelarias relacionadas con el tráfico de drogas.
El presidente Trump decidió el pasado primero de febrero del 2025 aplicar aranceles a México, relacionados explícitamente con el fentanilo, bajo la ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), al declarar una emergencia nacional por el flujo de fentanilo y migrantes.
La orden ejecutiva respectiva: 14194 fue derogada por la Corte Suprema de EU el 20 de febrero de este año 2026, aunque la emergencia nacional sigue vigente, entre otros aspectos, en términos de cooperación en seguridad, pero no para imponer esos aranceles.
Seguridad, fuera de la mesa
Independientemente de ese episodio arancelario, como lo ha dicho públicamente Ebrard, el tema de la seguridad no ha estado en la mesa de negociación para la revisión del T-MEC.
Desde que iniciaron las conversaciones entre México y Estados Unidos, el diálogo se ha centrado estrictamente en los temas comerciales.
Después de la primera ronda de negociaciones realizada en la Ciudad de México los días 28 y 29 de mayo pasados, enfocada en seguridad económica y reglas de origen; viene la segunda ronda de negociaciones, en una agenda ampliada respecto de la original, los días 15,16,17 y 18 de junio.
Este último día, el secretario de economía, Marcelo Ebrard, sostendrá una reunión con el representante de Comercio de la Casa Blanca, Jamieson Greer.
Acompañarán a Ebrard, Altagracia Gómez, coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR); el flamante embajador de México en Estados Unidos, Roberto Lazzeri (que ayer compareció ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión) y el subsecretario de Comercio Exterior.
La tercera ronda está planeada para la semana del 20 de julio, en la Ciudad de México, con lo que implícitamente, se pospuso el plazo original que preveía la conclusión de la revisión el primero de julio.
Sin embargo, ese día precisamente, iniciará el proceso formal de revisión conjunta trilateral entre los tres países.
El mejor trato arancelario del mundo
El negociador mexicano, Marcelo Ebrard, tiene muy claro su principal objetivo: lograr el mejor trato arancelario del mundo, por parte de EU a México.
El funcionario está consciente de que el libre mercado, como se conoció por muchos años, ya es parte de la historia; que Estados Unidos está gestando un nuevo modelo comercial y económico internacional.
Y sobre esa base México tiene que encontrar el camino para tener el trato preferencial más benéfico, respecto del resto de las naciones con las que comercia EU.
México primer socio comercial de EU
El contexto en el que se registran las declaraciones de Trump, contradice claramente la retórica del presidente de EU.
De acuerdo con la Oficina del Censo de EU, las exportaciones de México a EU crecieron 21.1%; su mayor ritmo en casi 4 años; llegaron, en mayo, a 50,692 millones de dólares.
La realidad es diferente a la percepción presidencial estadounidense. EU sí necesita a México y por supuesto que México necesita más a EU.
El subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez señala que según la Oficina del Censo de EU, el déficit comercial de Estados Unidos está creciendo con Vietnam y Taiwán, y el de éste último país se está acercando al nivel de déficit que tiene EU con México.
En un año el déficit comercial de EU con Taiwán ha crecido 132 por ciento. En dos meses Taiwán va a rebasar a México.
Hasta ahí los dichos y los hechos.
Lo que resulta evidente es que México, con Ebrard al frente, está trazando una ruta para alcanzar una nueva relación con EU. Con aranceles, pero con un trato preferencial. El reto a superar para el gobierno mexicano, es mantener el diálogo y negociación estrictamente en el tema comercial, sin mezclarlo con el de seguridad. (Marco A. Mares, El Economista, Empresas y Negocios, p. 24)