Bajando la cortina
Resulta que el comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, ahora no atendió una invitación de El Colegio de la Frontera Norte para que hablara sobre la actualidad del tema. Por una agenda “apretadísima” que tuvo que atender, envió a un integrante de su equipo jurídico que tampoco quiso hablar sobre la complejidad en el aumento de la migración irregular. Y es que parece que, a unos meses de terminar su gestión, comienzan a bajar la cortina, pues ya nada se informó acerca de la estación de Ciudad Juárez, el seguimiento a las víctimas, la política de contención. La política de los últimos años ha sido cerrar la puerta a la información, nos comentan, particularmente después de la tragedia que le costó la vida a 40 migrantes en el incendio del centro de retención de Juárez el 27 de marzo del año pasado. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
RETALES
En Ciudad Juárez, que gobierna el morenista Cruz Pérez Cuéllar, los delitos de secuestro van en aumento. Ahora afectan principalmente a los migrantes que buscan cruzar la frontera para conseguir el “Sueño Americano”. De acuerdo con la organización 1800 Migrantes, dirigida por William Murillo, el 9 de julio se llevó a cabo el secuestro masivo de cerca de 200 personas de distintas nacionalidades, esto después de que el tráiler que los transportaba se averió cerca de Chihuahua.
La organización ya hizo un llamado a las autoridades de México y Ecuador, pues se presume que varios de los secuestrados provienen de ese país, aunque es bien sabido que la relación diplomática entre ambas naciones no es la mejor en estos momentos tras el asalto a la embajada mexicana en Quito. Apenas el año pasado, en aquella ciudad se registró el número más alto de secuestros en la última década; además, hasta el 79 por ciento de los secuestros en Chihuahua tienen lugar en ese territorio. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
Como que no se la creen, pero la tarjeta de crédito para migrantes Finabien es como arrebatar el más rico bocado de las fauces del tiburón bancario. (Rayuela, La Jornada, Contraportada)
Trump: ¿otra oferta a la Vito Corleone?
Impensable resistir la “oferta” hecha por el expresidente estadunidense Donald Trump cuando aún era el inquilino de la Casa Blanca y, al estilo del mítico Vito Corleone pidió a México bloquear con militares el cruce de migrantes centroamericanos del Río Suchiate, en la frontera sur mexicana.
Una oferta que no podría rechazarse, pues Trump amenazó, que, si México no lo hacía, impondría altos aranceles a todos los productos mexicanos que se exportaban a Estados Unidos.
Hoy, cuando el regreso de Trump a la Casa Blanca ya no es posibilidad, sino probabilidad, el próximo Gobierno de México debería alistar su estrategia para lidiar con propuestas adjuntas a chantajes a la Vito Corleone. (José Fonseca, el Economista, Política y Sociedad, p. 42)
José Raúl Mulino, próximo presidente de Panamá, ha planteado que enfrentará el fenómeno migratorio “cerrando el Darién” y regresará a los migrantes indocumentados que intentasen pasar por ahí. En una entrevista con el periodista Andrés Oppenheimer señaló que para ello requiere el apoyo financiero de Estados Unidos, porque por un lado el “Darién es la verdadera frontera con Estados Unidos”, además por la importancia geográfica y estratégica que tiene su país y porque los migrantes tienen el objetivo prioritario de llegar a EU. Estos comentarios del futuro presidente no llaman la atención porque confirman las mismas estrategias antmigrantes a escala mundial; ello a pesar de que los flujos migratorios que intentan pasar a EU se han reducido 40 por ciento en las últimas semanas, supuestamente debido a la orden ejecutiva de Joe Biden que restringe el asilo y contempla el cierre de frontera en el caso de que se produjeran más de 2 mil 500 cruces irregulares en una semana. Es decir, la mano dura y su criminalización serían posiciones convergentes en los dos países. Lo que no es de extrañar, porque se trata de un ex ministro de Seguridad Pública que fue criticado por una represión policial de manifestantes en el pasado (BBC).
Si bien no parece haber ninguna diferencia con otras propuestas mundiales, quizá una posible es que Mulino le “cargaría” financieramente a EU su estrategia migratoria en la medida en que, si el imán migratorio es el país del norte y ese país cierra sus fronteras faltando a sus compromisos internacionales, entonces debe hacerse cargo de las consecuencias de sus decisiones. Por supuesto, no parece que un político de derecha, como se considera a Mulino piense así, sobre todo porque espera colaborar de lleno con Washington. Lo que sí sería extraño es que este funcionario pusiera en marcha una política de derechos humanos y solidaria con los migrantes.
Por tanto, la reproducción de propuestas antimigrantes requiere seguir discutiendo el fenómeno, porque, esperar que los países posibles receptores cambien su estrategia es pedir peras al olmo. Algunos autores señalan que la migración ocurre cuan do los países de origen inician procesos de desarrollo porque es cuando esas personas pueden sostener un proceso que supone una importante erogación monetaria. En este sentido, se ha hecho conocida la frase de que no es la pobreza la causa de la migración, sino “el desarrollo iniciado en sus países de origen”. Explican que los más pobres no tienen esa posibilidad dada su precariedad monetaria. Propuesta con la que no concuerdo, sólo en la afirmación, y en parte, de que los más pobres no migran.
La primera pregunta sería ¿por qué migran miles de personas y están dispuestas hasta perder la vida si sus países se están desarrollando? ¿A qué llaman desarrollo esos autores?
No hay duda de que la realidad actual muestra la complejidad del fenómeno migratorio, ya sea como consecuencia de desastres climáticos, conflagraciones militares, dictaduras que expulsan a las resistencias internas. Pero las caravanas de miles de personas que provienen de América Latina y otros continentes, y tienen que enfrentar no sólo a la delincuencia, sino vivir en carpas, pasar hambre y otras inclemencias y dificultades, ¿es aceptable sostener que lo hacen porque quieren vivir en el capitalismo, ese supuestamente más desarrollado o en realidad más salvaje?, o ¿no será porque sus condiciones de vida están absolutamente alejadas del desarrollo: falta de empleos decentes, de sistemas de salud y educación universales, carencias alimentarias y de vivienda? Por eso ir a las causas del fenómeno de las migraciones forzadas es, entre otras cuestiones, exigir a los gobiernos que cumplan con su responsabilidad de proteger a sus poblaciones de las enormes desigualdades, lo que quiere decir, hacer efectivo el derecho humano al desarrollo del cual se ven sustraídos.
Hay que señalar que es el modelo capitalista el que se sostiene y genera, para beneficio de unos cuantos, profundas desigualdades en todo el mundo, creciente crisis climática, guerras interminables, golpes de Estado, etcétera. Si bien se plantean soluciones como las de Roberto Savio, quien subraya la necesidad de esfuerzos unificados para crear soluciones sostenibles, con el fin de mitigar la degradación ambiental y también promover un desarrollo equitativo que eleve a las comunidades marginadas y ponga a las “personas primero”, con lo que estamos totalmente de acuerdo; sin embargo, consideramos que estos cambios no serán posibles si se mantiene el modelo depredador capitalista, causante de las crisis que vivimos y que amenazan la existencia del planeta.
Es inaplazable transitar hacia un cambio estructural y para ello, como ha señalado Valenzuela Feijóo, se requiere una teorización crítica radical que permita avanzar hacia una democracia sustantiva, ir más allá del régimen actualmente vigente y así permitir que cristalicen nuevos sistemas sociales. (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 18)
La reacción contra el globalismo o el internacionalismo tiene a veces giros que, aunque explicables pudieran quizá ser síntoma de algo más.
La globalización se tradujo los últimos años tanto en un movimiento masivo de turistas como en una migración de empleados con la facilidad de trabajar desde locaciones remotas.
Nada nuevo bajo el sol, excepto los números. Las cantidades de viajeros en busca de sensaciones se multiplicó y aunque frenado por la pandemia de COVID-19, está de nuevo alrededor de 1,300 millones por vía aérea. La misma pandemia alentó el trabajo desde casa, pero en tiempos de internet, es lo mismo si la casa está en Nueva York, París, México o Río de Janeiro.
Pero eso introduce disrupciones en las comunidades que visitan, o donde se establecen. Después de todo, cuando era un pequeño grupo, o un personaje aislado, era incluso simpático. Cuando son miles, hay problemas. Como con los migrantes no deseados.
Hace algunos meses, un crítico de cine que presumía de publicar en la edición en español de The Washington Post se quejaba de la llegada de estadounidenses que atraídos por las facilidades del home office y costos más bajos a condiciones similares producían en México un efecto de “gentrificación”.
El personaje en cuestión lamentaba el encarecimiento de rentas y de vida en general en barrios como La Condesa, la colonia Roma o la Juárez. Después de todo, la llegada de extranjeros con mejores ingresos implicaba que los caseros subieran rentas y los restaurantes cobrasen más, mientras meseros y hasta vendedores ambulantes y pordioseros esperaban, o hasta exigieran, un poco más en propinas o limosnas.
Y por supuesto, un problema cultural porque son aislados, tienen hábitos distintos, no hablan el idioma…
Hace meses, también comenzaron a aparecer volantes en los que en un correcto inglés se informaba a los extranjeros que llegaban que no eran bienvenidos y que de hecho los locales los odian. Es posible que sea cierto. Pero aunque la queja sea legítima, o lo parezca, se parecen, por un lado, a los sentimientos que expresan algunos grupos estadounidenses respecto a los migrantes mexicanos, excepto en lo económico –allá, la queja es de que deterioran la situación–. Y a las protestas que en Europa se conocen como turismofobia y fueron reflejadas en estas páginas.
Nada nuevo bajo el sol. Se ha dado en Venecia, en Madrid y de manera notable en Barcelona, donde los locales hacen marchas para expresar su rechazo a los turistas.
La turismofobia se explica por las molestias creadas por la llegada masiva de visitantes temporales: demasiada gente en los buenos sitios, precios más caros, irritantes sin fin. Cosas que por supuesto no ocurren cuando “ellos” viajan.
Pero infortunadamente esos movimientos parten de bases similares a los grupos antimigrante: el resentimiento, el temor a los “invasores”, los “otros”, “los extraños”… (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 30)
La izquierda ganó simultáneamente en Reino Unido y en Francia, pero con programas inversos. Los laboristas británicos expulsaron a Jeremy Corbyn (el más a la izquierda y amigo de AMLO) y en campaña ofrecieron no aumentar el impuesto a las grandes fortunas y sí reducir la inmigración.
En Francia, Jean-Luc Mélenchon (el más a la izquierda y admirador de AMLO) es uno de los protagonistas en el Nuevo Frente Popular que ofreció como una de sus propuestas centrales aumentar el impuesto a las grandes fortunas, regularizar a los “sin papeles” y crear el estatus de “desplazado por el cambio climático”.
El nuevo Primer Ministro del Reino Unido, Keir Starmer, dice que su política será pro creación de empleo (para lo cual busca atraer a los millonarios, no ahuyentarlos). También pretende reducir el número de 350 mil inmigrantes al año, reservando las visas para los que cuenten con calificación y estableciendo programas de trabajadores temporales.
Por su parte, en las recientes elecciones legislativas en Francia, aunque 10 millones de electores votaron en favor de la extrema derecha, ésta no obtuvo la mayoría porque las dos minorías (la izquierda, con 7.4 millones de votos, y el partido de Macron, con 6.3 millones de sufragios) pidieron a sus electores ejercer el voto útil y derrotar al partido anti inmigrante y anti diversidad sexual, con raíces históricas pro nazis. Los ganadores, por lo tanto, fueron los del Frente formado por socialistas, ecologistas, comunistas y los llamados “insumisos” de Mélenchon, con sus 7.4 millones de votos y 182 diputados.
Pero el actual presidente Emmanuel Macron se ha negado a reconocer el triunfo relativo de la izquierda y a nombrar a un primer ministro perteneciente a ésta. El pretexto se lo da Mélenchon y su grupo autodefinido de izquierda radical (anticapitalista y euroescéptica moderada, pues son críticos de las políticas neoliberales de la Unión Europea). “Nadie ganó” dice tramposamente Macron, a diferencia de lo que opinaba cuando su propio partido obtuvo todavía menos diputados en 2022 (sólo 174 diputados).
Mélenchon y sus “insumisos” (bastante sumisos a su figura) quisieran comenzar ya a gobernar, buscando sobre la marcha los votos que les faltan. Dados los guiños que la extrema derecha ha hecho a la clase trabajadora francesa (en materia de pensiones y aumento de salarios), algunas de las propuestas de la izquierda podrían, paradójicamente, encontrar respaldo en el lado completamente opuesto (dado que los centristas son muy conservadores cuando de la estabilidad macroeconómica se trata). Pero el Nuevo Frente Popular necesita el aval del presidente de la República. Y Macron más bien busca cooptar al Partido Socialista y a los ecologistas para gobernar junto con ellos, o bien inventar una mayoría de derecha moderada. Esto último rompería la tradición de que la primera mayoría en la Asamblea francesa constituya un gobierno.
Los socialistas y los ecologistas aseguran que no habrá ruptura en el Nuevo Frente Popular de izquierda, pero en su mayoría se oponen a la hegemonía de Mélenchon. Lo acusan de caudillista (caporaliste en francés). (Bernardo Bolaños, La Razón, México, p. 4)
CARTONES
Los Aferrados

(Galindo, El Universal, Opinión, p. A15)