A mediados de septiembre empezó a aparecer en redes sociales un anuncio simple y escueto que decía: CARAVANA. Salida Central Metropolitana, sps. Hora de salida 4 am. 1ro de Octubre de 2020. Y como fondo una foto de la caravana de 2018 con la bandera hondureña.
Todos los pronósticos de éxito eran desfavorables, incluso para Bartolo Fuentes, ex diputado de oposición hondureño, que en cierto modo provocó, promovió y defendió la gran caravana de 2018.
Uno se pregunta por qué todas las caravanas surgen en Honduras y no en Guatemala o El Salvador, aunque en el camino se sumen algunos migrantes de estos países. Cuáles son las condiciones prevalecientes en Honduras que la diferencian de otros. Ciertamente hay un malestar social y político que lleva al cansancio y al hartazgo.
Corren dos versiones sobre los motivos y fuerzas que operan detrás de la caravana. López Obrador afirmó que se trataba de influir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. ¿Quién? El timing era perfecto para que Trump aprovechara y volviera a meter el tema de la amenaza migratoria en la campaña. Pero en Guatemala se comenta la versión contraria, que la caravana fue inducida por los intereses de Estados Unidos para poner en evidencia que su política era correcta y daba resultados. También se especula sobre diferentes activistas y agrupaciones que la fomentan. En resumen, y en cualquier circunstancia, los migrantes son simplemente manipulados.
También perdieron algunos medios nacionales e internacionales, que esperaban con ansias un tumulto en el puente del Río Suchiate y la escenificación, en tiempo real, del mantra mexicano estelarizado por el comisionado Francisco Garduño: que por una parte afirmaba No pasarán y, por otra, que México promueve una migración segura, ordenada y regular, con pleno respeto a los derechos humanos, con dos mil elementos para custodiar la frontera y la amenaza de 10 años de cárcel según el código chiapaneco. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 12)
En momentos previos a la elección que podría hacer permanecer a Donald Trump otros 4 años más como presidente de los Estados Unidos, y que le permitiría concretar varias de sus políticas antimigrantes, así como concluir la obra más emblemática de su gobierno: el muro divisor en la frontera con México, hay que voltear a ver si la comunidad hispana en EU podría, con su voto, impedir que este mandatario permanezca en la Casa Blanca otro periodo más.
Una vez instalado en la presidencia, Trump impulsó varias medidas destinadas a contener la migración hacia su país, así como cancelar la mayor parte de programas destinados a apoyar a los migrantes y sus descendientes.
Ahora para la comunidad hispana, la esperanza es que de ganar el demócrata Joe Biden, se cancelen las políticas antimigrantes y se restituyan los programas que por años los beneficiaron, especialmente a los migrantes y residentes de los estratos más bajos.
Si su sentir de comunidad no lleva a los hispanos en EU a expresar en las urnas su indignación y rechazo a los ataques y menosprecios de Trump, no lo harán nunca. Y entonces, en vez de un “gigante dormido”, se hablará lamentablemente de un gigante en coma. (Editorial, El Universal, Opinión)