Opinión Migración 111120

Bajo reserva

Mientras en Estados Unidos el presidente electo, Joe Biden, designa como parte de su equipo de transición a la experimentada diplomática y exembajadora en México, Roberta Jacobson, en lo que algunos leen como una señal positiva para México por parte del vencedor de la elección, en el gobierno mexicano se ordena construir un muro en torno al mandatario electo. El presidente y el canciller instruyeron a la embajada de México en Washington, a cargo de la embajadora Martha Bárcena, comunicar a Biden que el presidente Andrés Manuel López Obrador no entablará comunicación alguna con él en tanto no se defina el proceso electoral en el país vecino. Las instrucciones, nos dicen, responden a una solicitud que realizó el equipo de Biden a la embajada para analizar  la posibilidad de realizar un llamada telefónica entre el jefe del Ejecutivo mexicano y Joe Biden. Nos hacen ver que, al menos por el momento, México ha decidido levantar un muro entre López Obrador y Biden. (El Universal, Nación, p. 2)

Gran angular // Las razones de AMLO para no felicitar a Biden

Al igual que quienes opinaron que la visita de AMLO a Washington el pasado 8 de julio fue una apuesta por la reelección de Donald Trump que dañó irreparablemente cualquier empatía con el candidato Joe Biden, se equivocan quienes vaticinan que no felicitarlo por su estadísticamente irreversible victoria sino hasta que concluya legalmente el polémico proceso electoral estadounidense, desatará represalias de pesadilla contra México y su gobierno.

Veamos: con sus majaderías antimexicanas, su enfermizo racismo, sus crueles políticas antinmigrantes, sus amenazas arancelarias y su permanente amago de hacernos pagar el muro fronterizo, no ha sido fácil para López Obrador lidiar con su antipático homólogo estadounidense y mantener una relación mínimamente digna.

 Se aceptó, sí, que la frontera sur de nuestro país fuera el muro de contención de la migración centroamericana, pero se evitó, así, que impusiera aranceles a nuestros productos, lo que hubiera traído daños económicos más graves que los que ahora enfrentamos. Los términos de la relación conseguidos por la 4T durante los últimos dos años, atenuaron significativamente los efectos del “devastador huracán” que vaticinó para el país el exgobernador del Banco de México, Agustín Carstens, tras el inesperado triunfo de Trump en 2016.

Por el contrario, y pese a lo cedido, AMLO obtuvo el apoyo estadounidense de insumos médicos contra el Covid-19 y de los barriles de petróleo que completaron la cuota mexicana acordada con la OPEP para reducir la producción internacional de hidrocarburos cuando su precio cayó por debajo de los cero dólares. (Raúl Rodríguez Cortés, El Universal, Nación, p. 8)

Elecciones de EU

No olvidemos que el presidente Donald Trump ha sido un vecino belicoso, voluntarioso e impredecible en las decisiones comerciales, migratorias y de seguridad con México. Y Ebrard, gracias a su probada experiencia, ha mantenido con armonía los intereses de nuestro país.

Recordemos todo el esfuerzo diplomático que realizan los 51 cónsules mexicanos en Estados Unidos para atender a los 31 millones de connacionales radicados allá, impulsando, además, el respeto y trato digno a los derechos humanos de los migrantes. Algunos asuntos no ayudaron al triunfo de Trump en estados que anteriormente simpatizaban con su causa: el manejo de la pandemia por covid-19 cambió el marcador electoral en Nuevo México, Nevada y Arizona.

 Ahora bien, Joe Biden, con dos campañas previas a la presidencia de su país y una exitosa y responsable carrera política de más de tres décadas como senador de su estado, Delaware, y la vicepresidencia con Barack Obama, logró conectar con un electorado ávido de respeto y que quiere el fortalecimiento de las clases medias, quienes construyeron su país. Joe Biden le habló directamente a la Kitchen Table (la economía de las mesas en la familia) de los hogares de la clase media y con ello logró arrebatarle a Donald Trump el Rust Belt (Michigan, Pensilvania y Wisconsin).

El canciller Ebrard, afortunadamente, tiene una espléndida relación con los demócratas moderados, su relación de amistad con ellos será una garantía de éxito en las futuras tareas diplomáticas de la Secretaría de Relaciones Exteriores. (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 16)

Trump-Biden-AMLO: ¡pero qué necesidad!

Solo caben las especulaciones: López Obrador tiene miedo de un manotazo de Trump en los 70 días que le quedan; está realmente desolado porque pierde a un socio populista con el que comparte creencias como seguir usando carbón y petróleo, ya que las energías limpias son un sofisma; o cree que todavía es posible que su amigo gane en los tribunales lo que perdió en las urnas.

Porque, hasta ahora los “argumentos” para la negativa son absolutamente falsos y caen por sí solos: que Trump ha sido respetuoso con México ¿y el muro y los 60 mil migrantes centroamericanos en nuestro territorio y los chantajes económicos y los calificativos de criminales? Así que, cuál respeto; esperar a que “las autoridades electorales” den el resultado ¿qué nadie le avisó que allá no hay INE y que cada estado ha emitido ya su conteo y lo único que faltan son los protocolos? (Ricardo Rocha, El Universal, Opinión, p. 17)

Biden-harris: primeros 100 días

El próximo presidente de EU, Joe Biden, impulsará una agenda de gobierno completamente diferente a la de Donald Trump. En prácticamente todos los rubros va a buscar diferenciarse de su antecesor.

Para el caso de México, por lo pronto, dejará de usarnos como centro de ataques de una eterna campaña electoral de la que abusó el actual presidente; asimismo, suspenderá inmediatamente la declaración de emergencia que permite la recaudación de fondos para financiar el muro fronterizo.

 Migración: Retomar el plan DACA, aumentar las visas y becas para estudiantes extranjeros y poner fin a la separación de familias.

Claramente la fórmula Biden-harris promoverá una agenda de gobierno sustentada en el Estado de derecho, el respeto a la figura del Estado y diametralmente opuesta a lo que Trump ha venido asumiendo como forma de gobierno. (Carlos A. Martínez, El Economista)

Nudo gordiano // Fin de la “era Trump”

Así ha sido la “era Trump”, con confrontaciones en varios frentes, incluso previo a la pandemia. Se enfrentó con el resto de los líderes del G7, cuando aquella foto histórica donde Angela Merkel lo mira, como madre que espera que el niño coma su sopa, y él, Trump, sentado con mirada retadora y brazos cruzados. El presidente de EU no quiso firmar una declaratoria conjunta en ese entonces, ya se había envalentonado ordenando aranceles a México, Canadá y la Unión Europea, ahí se abrió el paso para el desdén a otros mandatarios. A la misma Merkel le negó la mano. Lo hace también con nuestro país, no sólo cuando amagó en varias ocasiones con romper las negociaciones del T-MEC, también cuando amenazó con consecuencias si nuestro país no evitaba la llegada de las caravanas migrantes a su frontera sur o cuando, al tercer día de su mandato, firmó una orden ejecutiva para construir el muro fronterizo; lo hace insistentemente cuando no deja de insistir que pagaremos por él, a pesar de la tersa relación que presume con López Obrador. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 18)

Cruzando líneas // Latinos al grito de guerra

 Linda se acostó con el rosario en las manos en la noche de las elecciones. Le da miedo que Trump se quede cuatro años más; piensa que su bolsillo, su salud mental y su familia no lo resistirían. Sandra tuvo problemas para dormir; cuando vio que Biden llevaba la delantera en la contienda presidencial, pensó que el mundo estaba un paso más cerca de acabarse. Don Ramón dice que amaneció con cruda política; votó —no dice por quién— pero siente malestar por el divisionismo que se vive en este país que ya lo adoptó: Nadie ganó, en esta elección, todos perdimos, piensa. Le llega la náusea.

En realidad, ninguno pudo conciliar el sueño. Los tres están hartos de que los agrupen como manada en ese término tan prostituido del “voto latino”. Yo no soy Latina for Trump, ese hombre es un monstruo, piensa Linda. ¡Qué asco Biden!, yo no pinté nada de azul, se queja Sandra. A mí no me metan, nomás que ya me digan quién ganó, pa’ saber cómo va a estar la cosa, pide don Ramón. Los tres son latinos, migrantes y votantes registrados en Arizona y no podrían ser más distintos, ¿por qué nos aferramos a encasillarlos en un término que no les queda?

Arizona, con esta ola azul y una voltereta histórica en el rostro político del Estado, demuestra que no todos los hispanos son iguales. No es lo mismo un cubano en Miami que un mexicanoamericano en Texas, un guatemalteco en California, un mexicano en Nuevo México y un chicano en la frontera. Tampoco es igual un migrante en Scottsdale que uno en el Sur de Phoenix.

Somos el cúmulo de nuestras historias y nuestros miedos, nuestros muertos, los sueños perdidos y los que están por venir, las familias que adoptamos y las que olvidamos, los que traemos y a los que dejamos atrás: somos el mosaico del contraste. Y está bien. Nosotros, los latinos, hemos hecho las paces con eso… ¿por qué no lo hacen los demás?

Biden no lidera Arizona por su experiencia política o sus cualidades presidenciales; no, ganó por el simple hecho de no ser Trump. Es tibio y eso en la política se percibe como debilidad. Pero el hartazgo popular lo hizo fuerte. Los votantes no eligieron un partido, decidieron no escoger el otro. Y eso quedó muy claro. Así, sí votan los latinos. (Maritza L. Félix, El Sol de México, Análisis, p. 12)

Trópicos // Las variables que dieron el triunfo a Biden

Joe Biden se convertirá en el presidente número 46 de los Estados Unidos, el próximo enero, y para lograrlo, aglutinó una serie de factores, que combinados, determinaron su llegada al máximo puesto de gobierno del país. A continuación, enlisto lo que, a mi parecer, fue la columna vertebral que lo llevó al triunfo.

 Voto latino y afroamericano. A partir de las medidas impulsadas por Donald Trump, respecto a los temas de migración y racismo, sobre todo después de revertir los privilegios que otorgó Barack Obama a los llamados “dreamers”, y por el incremento en el número de muertes injustificadas de personas negras a manos de policías, se fue alejando de estos sectores de manera irreversible.

 Por su puesto, Kamala Harris dio certeza a los afroamericanos para hacerles creer que vendrá un cambio en serio, lo cual todos esperamos. Este grupo votó, en 90 por ciento, por la fórmula demócrata; mientras que los latinos o hispanos, en 63 por ciento. (Omar Cepeda, El Financiero, Opinión, p. 34)

Biden y la seguridad en México

 La nueva postura migratoria. Para Biden, la reconducción de la política migratoria es central y en ella buscará tener un enfoque más humanitario. En consecuencia, el gobierno mexicano debería replantear el rol que ha jugado la Guardia Nacional en la detención de migrantes tras las presiones de Donald Trump.

 Mientras un importante número de elementos se han utilizado para estos fines, entidades con problemas de seguridad han quedado desatendidas. En estados como Oaxaca y Chiapas, por ejemplo, el despliegue de guardia por kilómetro cuadrado es casi cuatro veces superior al de Sonora. México debería reducir la presencia de la Guardia Nacional en la frontera sur, para aumentarla en lugares como el Pacífico o el Bajío, donde hay serios problemas de criminalidad y violencia.

 El cambio de gobierno en Estados Unidos presenta estas y otras oportunidades para que México replantee lo que hasta ahora no ha funcionado en materia de seguridad. En lugar de seguir postergando el reconocimiento de López Obrador hacia Biden como presidente electo, deberíamos enfocarnos en cómo podemos aprovechar los vientos de cambio que soplarán desde territorio estadunidense. (Carlos Matienzo, Excélsior, Nacional, p. 21)

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(Garci, El Financiero, Opinión, p. 32)