Opinión Migración 111124

Las expectativas perdidas

Qué sucedió en las elecciones mediante las que Trump regresa espectacularmente a la Casa Blanca. Además, tendrá a su favor el Senado, posiblemente también la Cámara de Representantes y por supuesto la mayoría (seis de nueve) de los ministros que integran la Suprema Corte de Justicia. En términos coloquiales, carro completo.

En una votación no tan apretada como se preveía, Trump ganó el Colegio Electoral y el voto popular. En el Senado habrá 52 senadores republicanos por 45 demócratas y en la Cámara de Representantes en la que posiblemente los republicanos también tendrán mayoría. ¿Por qué la mayoría del electorado estadunidense eligió a un personaje que ha sido juzgado y declarado culpable de un sinnúmero de delitos y ha dado voz a los peores sentimientos del espíritu estadunidense, xenofobia, racismo y misoginia? Las respuestas son múltiples. Los especialistas de varias disciplinas, entre ellas la siquiatría, ya se aprestan a responderlas.

El hecho es que amplios sectores de las comunidades negras, latinas y árabes, al igual que millones de trabajadores, negaron el voto a los demócratas quienes dieron por sentado que, una vez más, votarían por su partido.

Trump armó una contraofensiva mediante la cual logró reunir el apoyo de muchos que se esperaba votarían en su contra. Las mujeres que votaron por los candidatos republicanos por razones religiosas y económicas. Los latinos a los que dividió aprovechando las tensiones entre residentes legales e inmigrantes indocumentados. Los trabajadores y clases medias a los que para ganar su voto advirtió el peligro de una frontera abierta a miles de migrantes indocumentados. Los negros que vieron incumplidas las promesas de justicia, quienes paradójicamente favorecieron a quien los ha discriminado. No menos importante la derrota demócrata fue resultado de la política vacilante del gobierno que envió millones en armamentos al ejército israelí ignorando las atrocidades que ha cometido en contra de la población palestina.

El hecho concreto es que ahora, sin ninguna cortapisa por parte del Congreso en el que tendrá mayoría y del sistema legal con la Suprema Corte en su bolsa, estará en posibilidad de imponer un puñado de medidas anunciadas con vehemencia en su campaña.

Peter Gordon alude en su extraordinario ensayo sobre el 18 Brumario de Donald Trump, a una sociedad liberal que ha perdido credibilidad y se ha inclinado por el atavismo y el nativismo, en vez del progreso y la apertura, utilizando a la democracia en contra de ella misma.

La pregunta es si el modelo que abrió la puerta a Obama y Biden ha llegado a su límite. Por ello tal vez sea necesario atender a lo que en alguna forma ha señalado Bernie Sanders en torno a las élites que dejaron de lado las demandas de quienes año con año se percataban del espejismo de un desarrollo del que no han formado parte.

La frustración de las esperanzas y expectativas perdidas fue la razón para que se asieran al clavo ardiente que un oportunista como Trump les ofreció.

Los beneficios derivados de los bajos índices de desempleo, la reducción de la inflación y el impresionante crecimiento económico post pandemia, no llegaron a millones de jóvenes ni a quienes viven en la precariedad que con dos o tres empleos les es apenas suficiente para sobrevivir. El progreso para ellos ha sido solo un espejismo que Trump se encargó de romper. La rebelión de quienes están en contra de las élites fue parecida a la que en palabras de Gordon fue causa de un golpe de Estado en 1799 en Francia, que Marx describió magistralmente en su ensayo sobre 18 Brumario cuando Luis Bonaparte, después de haber sido derrotado y desterrado, regresó en y dio un golpe de Estado declarándose Emperador, con el apoyo del pueblo. Cabe decir, en 2016 el ascenso de Trump fue una farsa, y hoy es una tragedia sobre la que es difícil predecir sus consecuencias. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 16)

¿Creer al personaje, o no?

Por supuesto que hay que tomar en serio al personaje que fue capaz de meter en jaulas a los migrantes, separó a las familias, a los niños y muchos siguen sin encontrar a sus padres. Amenazó al gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con aplicar aranceles que llegarían hasta 25 por ciento por considerar que su iniciativa en política migratoria atentaba contra los intereses de EU. Se trata de un personaje peligroso que utiliza a los migrantes como la punta de lanza de su política demagógica, mentirosa y racista. Dirige la ofensiva hacia un conjunto laboral al que le asigna ser causante de todos los problemas que vive una importante cantidad de estadunidenses y desvía la atención del verdadero culpable el sistema capitalista, al tiempo que refuerza la quimera del sueño americano.

Como señala el premio Nobel Aungus Deaton, se trata de un sistema que enriquece a las empresas y a los ricos a costa de los trabajadores, agrava la desigualdad de riqueza y oportunidades. Los salarios reales se han estancado desde 1980, 10 por ciento de las familias ricas de Estados Unidos posee ahora 76 por ciento y 50 por ciento más pobre sólo posee uno por ciento. Señala que el país enfrenta la llamada muerte por desesperación que explica el aumento de la mortalidad entre los hombres blancos, de mediana edad por adicciones a drogas, alcoholismo, suicidios. La esperanza de vida ha bajado por la lamentable industria sanitaria que mata a un número asombroso de pacientes. Y el sistema educativo es una industria que endeuda profundamente a los estudiantes que requieren un título universitario para alcanzar cierto estatus.

La victoria de Donald Trump significa que los estratos desplazados por la precariedad económica al no sentirse representados por los demócratas cambiaron su votación, como fue el caso por demás extraordinario de los latinos, la cifra más alta recibida por un candidato presidencial republicano en medio siglo (La Jornada, 6/11/24) sólo explicable en el contexto de una sociedad en permanente contienda para la cual los migrantes representan competencia, por tanto, hay que deportarlos, poner en marcha políticas proteccionistas y levantar un muro altísimo. Cuando en realidad la precariedad en todos los sentidos es producto de un sistema capitalista depredador.

En el caso de México, hay que considerar que el país ha cambiado y tiene ahora mayores fortalezas que cuando AMLO tuvo que enfrentar las amenazas del mismo personaje, si no cambiaba su propuesta migratoria, la que supuestamente afectaba al país vecino. Un dato importante es que la migración ha tenido una disminución de 75 por ciento, como se mostró en la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. En parte resultado de los programas sociales que se dirigen precisamente a la población más vulnerable, lo que ha permitido poner en marcha la propuesta de Naciones Unidas en relación con el derecho al desarrollo. Si bien falta mucho camino por recorrer, lo interesante es que los planes y programas del gobierno actual seguirán por ese camino y permitirá ir revirtiendo la tendencia de la migración forzada y convertirla en una opción.

Sin embargo, viene la revisión, según Trump la renegociación, del T-MEC, y es importante reconsiderar varias cuestiones que en gran parte han obstaculizado el desarrollo del país.

En primer lugar, porque el papel de México, fijado por los socios como no competidor, sino complementario, lo han convertido en un país eminentemente maquilador y así lo quieren mantener con la relocalización. Se trata de un modelo que no genera desarrollo, porque no responde a las necesidades del mercado interno, sino de los intereses de las trasnacionales. La industria maquiladora está desconectada del resto de la economía y al obligar a importar los insumos, se ha destruido la posibilidad de desarrollo de las pymes mexicanas, parte sustancial de cualquier economía. Por otro lado, las reformas constitucionales de Salinas de Gortari dieron entrada a las inversiones extranjeras quitándoles cualquier tope, de forma que ya no hay sector por estratégico que sea al que no pudieran acceder. Se quitaron todas las restricciones al sector bancario, ahora la mayoría son extranjeros y alcanzan beneficios obscenos, mismos que nunca tendrían en sus países matrices. Pero lo más doloroso fue la contrarreforma al artículo 27 constitucional que terminó con el reparto agrario, se liberalizaron las tierras que pasaron a manos privadas y extranjeras, desplazando comunidades, permitiendo onerosas concesiones mineras, violencia, etcétera. Otro punto que requiere revisarse es haber aceptado el convenio Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones) que el ex secretario de Economía Ildefonso Guajardo aceptó y con ello dejó atado de manos al país a los intereses de las grandes trasnacionales (Manuel Pérez-Rocha). (Ana María Aragonés, La Jornada, Opinión, p. 20)

El regreso de Trumpenstein

Donald Trump volverá a la Oficina Oval. Tras un atentado fallido y reditando como narrativa de campaña sus demagógicas posturas racistas, nativistas y chauvinistas, el candidato republicano ganó las elecciones y se convertirá por segunda vez en presidente de Estados Unidos. Declarado culpable de 34 delitos graves en mayo pasado, el magnate y ex presentador del reality show The Apprentice (El aprendiz), quien encarna en la realidad al empresariado lumpencapitalista rapaz, carroñero y depredador, recurrió durante su primer mandato al chantaje y las amenazas urbi et orbi −típico modus operandi de EU− para infundir miedo, y ahora, un Trump recargado parece decidido a impulsar el proyecto proteccionista/arancelista de los poderes fácticos que lo manufacturaron (a él), no para cambiar el statu quo, sino para reproducir la lógica del imperialismo con su base clasista común −hoy más elitista y excluyente−, la de la plutocracia monopólica y financiera (la guerra de clases de Waren Buffett, pero con esteroides), cuyo núcleo se resume en la esencia blanca, anglosajona y protestante (white, anglo-saxon, protestant, WASP, por sus siglas en inglés).

La víspera de los comicios, Michael Roberts advirtió que para los banqueros, los grandes fondos de inversión y los megamillonarios de las Siete Magníficas (el tecnocapitalismo de plataformas: Apple, Microsoft [LinkedIn], Alphabet, Amazon, Meta [Facebook, WhatsApp, Instagram], Nvidia y Tesla), poco importaba si ganaba Trump o Kamala Harris. Dijo: Ambos candidatos están dedicados al sistema capitalista y a hacer que funcione mejor para los propietarios del capital. Y citó al especulador Larry Fink, CEO de Black­Rock, el fondo buitre más grande del mundo, quien afirmó que con el tiempo no importa quien gane: la realidad es más poderosa que cualquier política concreta aplicada por un gobierno. Ergo, Trump o Harris eran buenos para Wall Street. Y también para las corporaciones dominantes del Estado profundo (deep state) y el lobby sionista. Tras el resultado todos ganaron. Pero en particular, dos magnates de Silicon Valley, contratistas del deep state, en particular, de los servicios de inteligencia: Elon Musk, el hombre más rico del planeta, y Peter Thiel (Palantir), quien puso a Trump como vicepresidente a su delfín o ahijado político, J. D. Vance.

Primer ejecutivo de Tesla y dueño de la red social X, el golpista Musk (recordar Daremos un golpe de Estado contra quien queramos. Lidiad con eso, 25/7/20), quien antes cultivaba una imagen de genio tecnológico excéntrico, apolítico y libertario, con 118 millones de dólares fue uno de los mayores donantes individuales en la carrera presidencial de Trump y su movimiento MAGA (Make America Great Again o Hagamos Grande de Nuevo a EU) y un actor habitual en su campaña electoral, una rareza entre los plutócratas de EU que prefiere influir en la política detrás de bastidores. Como señal de esa cercanía, Trump −quien sugirió que Musk podría ayudarle a supervisar la reducción de costos en el próximo gobierno−, lo tuvo a su lado el 8 de noviembre durante su conversación telefónica con el presidente de Ucrania, Volodimyr Zelenski, y éste habría agradecido (a Musk) que permita a sus tropas usar el sistema de Internet satelital Starlink.

Los demócratas apostaron a que los estadunidenses no querrían a un criminal convicto, al que acusaron de fascista y nazi, en la Casa Blanca. Pero a juzgar por la victoria aplastante del magnate neoyorquino, todo indica que la preocupación por la “democracia’, con sus mitos fundacionales difundidos en el imaginario popular (como los de la tierra prometida, el Destino manifiesto y el Excepcionalismo estadunidense) −y con un sistema electoral heredado de la esclavitud y signado por su arcaísmo e inconsistencia con los estándares modernos de elecciones directas−, fue sobrevalorada. Si bien el tema influyó en millones de votantes, los resultados demuestran que el dicho es la economía, estúpido, aplicó ahora en EU; millones de ciudadanos de a pie (incluyendo de manera notable 45 por ciento del voto latino), sufragaron con el bolsillo, diezmado por una inflación anual de 8 por ciento que provocó una subida de precios (promedio) de más de 20 por ciento, escandalosa para las mayorías populares.

Millones están convencidos de que las causas penales contra Trump son persecución política (lawfare) y que el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021 −amplificado por la dictadura mediática liberal demócrata−, por más grave que sea, no es peor que el estancamiento económico. Además, les resultó ofensivo que el supremacista y clasista Joe Biden los tildara de basura y Harris de fascistas por apoyar a Trump, cuando lo único que quieren es su sueño americano: tener mejor calidad de vida. Trump le sacó casi 5 millones de votos de diferencia a Harris, por lo que su show mercadotécnico fue más eficaz. Además, el Partido Republicano ganó el Senado y todo indica que también triunfará en la Cámara de Representantes. Por lo que Trump ejercerá su presidencia con el control de los poderes Legislativo y Judicial, y también de una Suprema Corte ultraconservadora, integrada por ministros que él designó en su anterior mandato.

Trump ha dicho que los principales ejes de lo que denominó Maganomics serán aranceles más agresivos sobre las importaciones de todo el mundo (especialmente de China y México), y una represión draconiana a los inmigrantes, a quienes acusó, en su grosero racismo, de envenenar la sangre de EU. Dijo que revocará la política de puertas abiertas de Biden y completará la construcción del muro fronterizo con México, reforzando su vigilancia con personal dotado de mayores competencias y apoyo de tropas actualmente desplegadas en el extranjero. También planea reimponer las prohibiciones de entrada desde países que llamó indeseables, y restaurar la política Quédate en México y Título 42, que facilitaban el rechazo de entrada a oleadas de migrantes a través del territorio mexicano. Además, al vincular la violencia armada y las drogas con la inmigración, Trump planea lanzar el mayor programa de deportaciones en la historia de EU, en un intento por superar al Nobel Barack Obama.

Retomando la denominación satírica que CJ Hopkins hace del republicano, ¿sería posible el regreso de Trumpenstein, el monstruo nazi, sin el aval de sectores del Estado profundo y la plutocracia? (Carlos Fazio, La Jornada, Opinión, p. 21)

Segundo round

Donald Trump alcanzó de nuevo la presidencia de Estados Unidos, luego de un interludio de cuatro años que fue ciertamente sonoro y provocador. Esto abre una segunda vuelta de la contemporaneidad del trumpismo y el obradorismo. Ambos han sido refrendados por los electores en los dos países casi de manera simultánea.

La cuestión, ahora, será prefigurar de buena manera, con un plan general y adaptable, la relación bilateral. Esto requerirá de mucho oficio político de la presidenta Claudia Sheinbaum y de su gobierno. La necesidad práctica junto al afán ideológico, en un balance que podría ser difícil de establecer y de sostener. Un entorno de integración compleja y multidimensional frente al mantenimiento de la soberanía. En todo caso, los bordes del cauce político y económico que marcará este segundo round, que empieza formalmente en enero próximo, están delineados, falta saber la fuerza de la corriente que circulará por ellos. No habrá modo de decirse sorprendidos.

Iremos viendo cómo se desenvuelven de modo simultáneo y enfrentadas las dos personalidades de quienes presidirán el gobierno en ambos países; cómo se gestionan las relaciones y, asimismo, la flexibilidad y resistencia del obradorismo de hoy, frente al enorme poder que tendrá Trump.

Los movimientos políticos MAGA (Make America Great Again) y la 4T confluyeron entre fines de 2018 hasta enero de 2021 y lo harán otra vez los próximos cuatro años a partir de enero de 2025. El segundo round será más largo y previsiblemente más disputado. Hay antecedentes que lo enmarcan. Las condiciones comprenden asuntos bien definidos, pero no son las mismas. Mucho ha cambiado en Estados Unidos en los últimos cuatro años, como lo exhibe la acometida del Partido Republicano puesta de manifiesto en la reciente elección para hacerse con el gobierno. Mucho ha cambiado también en México como lo muestra el auge del obradorismo y los cambios legales e institucionales que se han impulsado al final del anterior gobierno y el inicio del actual. Son muy relevantes, abarcan modificaciones de gran envergadura a la Constitución; se ciñen a la exaltación de los legisladores que dominan el Congreso; además de que han encaminado una reforma del Poder Judicial que nos pone, por decir lo menos, en una situación de riesgo e incertidumbre.

Respecto de Trump habrá que situarse en lo que ha dicho sobre México en la campaña electoral reciente, lo que no es muy distinto del trato anterior de la relación con el país. No hay razón ninguna para pensar que su gobierno irá en una dirección distinta cuando se instale. Lo que habrá que ver es qué tanto aprieta. Y eso puede ser mucho. Trump llega otra vez a la Casa Blanca y con mucho poder, luego de cuatro años de sostener que había perdido la elección anterior por un fraude y de alentar a sus seguidores a tomar por la fuerza el Capitolio, edificio que alberga al Congreso.

Había amenazado con desconocer el resultado de esta elección, si no era el ganador, en una actitud abiertamente desafiante de la ley. Llega con una mayoría en el Senado y tal vez la mantenga en la Cámara de Representantes. Llega con una Suprema Corte en la que durante su anterior mandato colocó a tres de los nueve jueces que hoy la componen. De ellos, seis han sido nominados por el Partido Republicano y se alinean a la corriente política conservadora y tres por el Partido Demócrata y con una inclinación liberal. Así que lleva mucha ventaja. Tiene amarrado el poder en sus tres vertientes. Y llega con resentimiento y ganas de desquite. Eso ha empezado ya a manifestarse con el resultado mismo de la elección. Otra cara del gobierno que está en formación es la que descorre patentemente el vínculo del poder político y los negocios con la presencia ostensible de billonarios como Musk.

Para México cuenta, sin duda, la anterior experiencia, pero hoy habrá que ir mucho más allá. Las relaciones entre ambos países han cambiado en los últimos seis años, no tanto por los asuntos que se contemplan, sino por la evolución que han tenido: la migración, el narcotráfico, la violencia asociada con las drogas, los flujos de comercio y las inversiones en el marco del T-MEC. Todos estos son asuntos de relevancia para Trump como lo dejó en claro en su primer gobierno; como lo sostuvo durante su periodo en Mar-a- Lago y lo dejó en claro en la reciente campaña contra Harris.

Para Trump, México ha significado desde su campaña de 2015, la pérdida de empleos en Estados Unidos; la acometida del narcotráfico y el auge del fentanilo, que durante la década pasada ha redefinido el entorno de las sobredosis en ese país y, también, el rechazo elocuente a las grandes corrientes de migrantes. No obstante, en 2020 validó el tratado comercial de Norteamérica, aceptando así su relevancia estratégica. Ahora propone aplicar tarifas, alentar la vuelta de la producción y los empleos a EU y la deportación masiva de unos 11 millones de migrantes ilegales. Aproximadamente la mitad de ellos son de origen mexicano. Casi cuatro quintas partes de las exportaciones de México van a EU. Además podría denominar a los cárteles de la droga como grupos terroristas, con las implicaciones legales y de seguridad que eso conlleva. Todo esto tiene repercusiones directas en la relación bilateral.

Mientras, la situación económica en México se ha ido deteriorando en el curso de este año. La inflación en octubre fue de 4.76 por ciento en términos anuales, lo que indica que persiste su resistencia. No obstante, el banco central ha iniciado la reducción de las tasas de interés de referencia. El escenario de los precios es inestable y se extiende al tipo de cambio del peso frente al dólar. El crecimiento del producto se ha ido desacelerando desde el tercer trimestre de 2022, cuando fue de 4.7 por ciento respecto del mismo trimestre del año anterior; en el tercer trimestre de 2024 la tasa fue 1.5 por ciento. Esta contracción es general en todos los estados. Se estima que es necesario crear 100 mil nuevos empleos por mes registrados en el IMSS para absorber a las personas que se integran a la población económicamente activa; hasta octubre se habían creado 594 mil 556 plazas. El consumo privado redujo su dinámica de crecimiento en agosto; el indicador respectivo que genera el Inegi registró un aumento de 0.2 por ciento, menos que 0.9 del mes anterior. El FMI sitúa las previsiones del crecimiento del producto en 1.5 por ciento en 2024 y 1.3 por ciento en 2025. BBVA ha revisado a la baja su estimación a 1.2 por ciento este año y 1 por ciento el año próximo. La encuesta que publica el Banco de México ubicó en septiembre el crecimiento del producto en 1.45 por ciento y 1.28, respectivamente. (León Bendesky, La Jornada, Economía, p. 23)

México SA

Trump: balazo en las piernas // ¿Deportaciones masivas? // Latinos=3.7 billones de dólares

Una vez más, el cavernícola Donald Trump amenaza con deportaciones masivas de mexicanos en Estados Unidos y con sellar la frontera, y rápido, la frontera bilateral, lo que provocaría, según estimaciones de sus analistas una caída en la economía de su vecino del sur. México nos ha invadido, pregona el energúmeno, pero la respuesta del gobierno mexicano, en voz del canciller Juan Ramón de la Fuente, ha sido contundente: la migración irregular en la frontera norte se ha reducido 76 por ciento respecto al máximo histórico registrado en diciembre de 2023.

Esto último lo confirma el Pew Research Center: los encuentros mensuales de la Patrulla Fronteriza con migrantes en la frontera bilateral se redujeron de cerca de 250 mil en diciembre de 2023 (la mayor cantidad registrada en un solo mes) a 58 mil en agosto de 2024. Eso representó una disminución de 77 por ciento.

Además, documenta el centro de investigación con sede en Washington DC, en el mismo periodo los encuentros con otros migrantes latinoamericanos se redujeron en la siguiente proporción (todas las cifras son porcentajes): venezolanos, 99; cubanos, 98; haitianos, 97; nicaragüenses, 96; peruanos, 95; ecuatorianos, 84; colombianos, 80; guatemaltecos, 81; hondureños, 76; y salvadoreños, 64.

Otra de las amenazas de Trump es que la economía mexicana puede registrar un descalabro por la expulsión masiva de migrantes, comenzando por el impacto que tendría la drástica disminución de remesas. Sin embargo, la economía que peor parada saldría es la propia estadunidense, toda vez que, por la decisión del cavernícola, en un periodo muy corto el producto interno bruto perdería algo así como 14 por ciento del total.

De acuerdo con el más reciente informe de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), en 2022 el producto interno bruto latino de Estados Unidos se disparó a un récord de 3.7 trillones de dólares (billones para nosotros), lo que, de ser un país aparte, colocaría a ese segmento en la posición número cinco, compartido por India, en el ranking de economías a nivel mundial, medido por el PIB nominal.

El poder económico de los latinos (medido en 2023) supera al producto interno bruto nominal del Reino Unido (2023), Francia, Italia y España, y, desde luego, al de México, de tal suerte que Trump y sus políticas xenófobas equivaldrían a darse un tiro en las piernas, no sólo por lo que económicamente representan los migrantes, sino por su creciente peso en su sector productivo, comercial y fiscal.

El citado informe subraya que los latinos ayudaron a apuntalar la economía de Estados Unidos durante los días más difíciles de la pandemia de covid-19 y luego encabezaron la recuperación económica de la nación; la producción económica total, o producto interno bruto, de los latinos en EU alcanzó 3.7 trillones de dólares en 2022, lo que supera la marca histórica de 3.2 trillones de dólares de 2021. La última cifra convertiría al PIB latino de Estados Unidos en el quinto mayor PIB del mundo para 2022, por arriba de India, Reino Unido y Francia.

Los nuevos hallazgos, apunta la UCLA, “muestran una tendencia al alza continua en el desempeño económico de los latinos en Estados Unidos, con un aumento de su PIB de 1.6 trillones de dólares en 2010 a 2.8 trillones en 2019, antes de superar los 3 trillones de dólares por primera vez en 2021, en medio de la pandemia de covid-19.

Algo más: de 2019 a 2022, el crecimiento anual promedio del PIB real de los latinos en Estados Unidos fue de 4.8 por ciento (el más elevado entre las 10 principales economías del mundo), en comparación con apenas 1.5 por ciento de la economía estadunidense en general. Durante ese periodo, los latinos fueron responsables de 41.4 por ciento del crecimiento del PIB real estadunidense, a pesar de que representaban sólo 19.2 por ciento de la población de EU. Pero el energúmeno los quiere deportar.

Las rebanadas del pastel

Los terribles acontecimientos en Valencia, España, no sólo merecen el repudio generalizado de sus gobernantes (del Partido Popular y Vox), como lo dejó en claro la multitudinaria manifestación ciudadana del pasado sábado, sino su renuncia inmediata, pero, con el cinismo a flor de piel, aferrado al hueso y sin dignidad alguna, el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, dice que no lo hará, porque no es una opción, pues este gobierno no va a abandonar a las víctimas; entonces, en este momento, ninguna dimisión, cuando lo único que amerita es cárcel y una patada en el culo. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 24)

Otros Ángulos / Trump: ¿riesgo u oportunidad para la economía mexicana?

El retorno de Trump a la presidencia de Estados Unidos ha generado todo tipo de análisis y preocupaciones sobre el efecto que pudiera tener en nuestro país. Hay un cierto consenso sobre dos temas que representarán un gran reto para México: migración y seguridad. Sabemos que estos asuntos están muy presentes en su agenda y es casi un hecho que el magnate estadunidense ejercerá presión para forzarnos a tener un rol todavía más activo en la contención de los flujos migratorios y en el combate al trasiego de drogas hacia Estados Unidos.

Hay un tercer tema sobre el que existe preocupación, pero en el que considero que hay algo de ambigüedad o incluso de confusión: el aspecto económico. Para varios analistas, el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos pone en grave riesgo a la economía mexicana. Se anticipan efectos catastróficos por una posible cancelación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) o por la potencial imposición de aranceles a productos mexicanos. Considero que estas conclusiones parten de premisas o análisis equivocados.

Partamos por el principio: el T-MEC fue propuesto y negociado por Trump como un sustituto del anterior TLCAN. El propio Trump ha llamado al nuevo arreglo como el “mejor acuerdo comercial de la historia”. Es difícil pensar que a unos cuantos años de su entrada en vigor Trump quisiera deshacerse de él. Más aún, el acuerdo tiene una vigencia mínima de 16 años. Por ello, incluso si quisiera cancelarlo, esto no ocurriría de inmediato, ya que su vigencia termina en 2036, tiempo más que suficiente para buscar un nuevo acuerdo comercial.

Con respecto al tema arancelario, es muy poco probable que Trump se atreva a aplicar aranceles generalizados a los productos mexicanos. Los principales afectados por eso serían los consumidores estadunidenses, quienes tendrían que pagar más por los productos que hoy importan desde México. Es posible, por supuesto, que Trump quiera aplicar aranceles a productos específicos, lo cual podría tener efectos negativos, pero relativamente limitados. Además, México podría responder a esos aranceles con medidas similares.

En cualquier caso, no resultaría muy lógico que Trump emprendiera en forma simultánea conflictos con sus dos principales socios comerciales: México y China. Sin embargo, de lo que casi podemos estar seguros es que Trump retomará y quizás profundizará su disputa comercial con China. A Trump le preocupa mucho más China que México. La de China no es solo una guerra comercial, sino un conflicto geopolítico por la supremacía mundial. Es, además, un tema de seguridad nacional. Por ello, ante la disyuntiva, es mucho más probable que se acentúe la disputa comercial de Estados Unidos con China y no que inicie una guerra comercial con México. De ocurrir lo primero, esto solo aceleraría e incrementaría el proceso de relocalización de actividades, lo cual muy probablemente beneficiaría a México y fortalecería nuestra posición estratégica con respecto a Estados Unidos. No será sencillo lidiar con Trump, sin embargo, aunque suene un tanto extraño y contraintuitivo, quizás su retorno sea más positivo para la economía mexicana de lo que hubiéramos pensado. (Gerardo Esquivel, Milenio, Política, p. 16)

Coordenadas / Trump nos obligará a revisar el TMEC cada año

Coincido con quienes dicen que Donald Trump no va a repudiar el TMEC.

Es “su” Tratado. El que propició tras su intención de desechar el TLCAN en 2017.

Aunque con el próximo presidente de Estados Unidos todo es posible, no veo probable que vaya a cancelarlo. No le conviene.

Pero lo que sí va a pretender es imponer aranceles incluso a México, aun a costa de violar el propio TMEC.

 

Bloomberg hizo un análisis de lo que habría que esperar el primer día del mandato de Trump y encontró que los rubros en los que podrían firmarse órdenes ejecutivas el lunes 20 de enero de 2025 serían en aranceles, política migratoria y fronteras, así como en desregulación.

Otros ámbitos como los impuestos o facultades de la Reserva Federal, requieren la participación del Congreso.

Los análisis indican que en materia de tarifas, el objetivo primordial de los ataques de Trump es China.

No solo es el país con el que el déficit comercial de EU es mayor, sino que es su adversario geopolítico.

Por esa razón, los posibles incrementos de aranceles a México seguramente serán menores, aunque se pueda aplicar el mencionado 200 por ciento a los autos chinos exportados desde México, es decir, a nada, pues México no exporta autos chinos a EU, ni lo hará próximamente.

En realidad, lo que Trump probablemente trate de hacer es presionar a México con la imposición de aranceles o con el término del TMEC con objeto de conseguir ventajas en materia de migración o en seguridad.

En ese terreno, sí requiere que México vuelva a aceptar presiones y utilice sus instituciones para reducir el flujo migratorio y frenar el tráfico de las sustancias precursoras del fentanilo.

Para ello, puede usar lo que el propio TMEC establece.

La cláusula 34.7.2 señala lo siguiente:

“En el sexto aniversario de la entrada en vigor de este Tratado, la Comisión se reunirá para realizar una ‘revisión conjunta’ del funcionamiento de este Tratado, revisar cualquier recomendación de tomar medidas presentadas por una Parte y decidir sobre cualquier medida apropiada. Cada Parte puede proporcionar recomendaciones para que la Comisión tome medidas, al menos un mes antes de que tenga lugar la reunión de revisión conjunta de la Comisión”.

La vigencia del Tratado, de acuerdo a lo establecido en su redacción, es de 16 años, con la posibilidad de que las partes decidan prorrogar otros 16 años al término de ese periodo.

Este plazo se cumpliría el 1 de julio de 2036.

Continúa el texto.

“Si, como parte de una revisión de seis años, una Parte no confirma su deseo de prorrogar la vigencia de este Tratado por otro plazo de 16 años, la Comisión se reunirá para realizar una revisión conjunta todos los años por el resto del plazo de vigencia de este Tratado”.

La Comisión de la que habla la cláusula es la Comisión de Libre Comercio, formada por los ministros de comercio de los tres países o sus representantes.

Si Trump quiere mantener su capacidad para presionar al gobierno mexicano en los temas que le interesan, no sería remoto un escenario en el que el gobierno de EU no acepte la extensión de 16 años más al Tratado y obligue a una revisión anual, para mantener la espada de Damocles sobre México.

La revisión que tendrá que empezar a realizarse próximamente es en realidad una negociación de esas que tanto gustan a Trump.

 

México tiene palancas para negociar, pues Estados Unidos, aun con un gobierno como el que tendrá, nos necesita.

La clave es desarrollar una estrategia inteligente, realista y proactiva, y no reaccionar a los gritos y sombrerazos de Trump, que seguramente van a presentarse. (Enrique Quintana, El Financiero, PÁGINA DOS, p. 2)

Leer en poder / Millones de migrantes

La migración es un tema central en la Unión Europea y en los Estados Unidos, no así en México. Pero esto podría cambiar muy pronto. Atraviesan México migrantes de todo el mundo para llegar a los Estados Unidos. Llegan de Medio Oriente, de China y de la India tratando de cruzar “al otro lado”. Hace un mes, elementos de la Guardia Nacional dispararon sobre un camión de redilas que transportaba migrantes egipcios, nepalís, cubanos, indios, pakistanís y árabes, matando a seis.

A los cientos de miles de migrantes que tratan y seguirán tratando de llegar a la frontera, se les deben sumar los millones de mexicanos que la administración Trump va a deportar y los millones de centroamericanos y caribeños que el gobierno norteamericano va a poner en territorio mexicano.

México se convertirá en un país tapón. La última vez que Donald Trump negoció con el gobierno mexicano en relación con los migrantes, Marcelo Ebrard, representando a López Obrador, “se dobló”, según narró Trump: “nunca había visto a nadie doblarse así”.

Por la concentración de migrantes de otros países que no podrán cruzar, por los millones de mexicanos que nos serán devueltos, por los millones de migrantes latinoamericanos a los que México está obligado a resguardar aquí mientras en Estados Unidos se resuelve su situación migratoria, el tema se convertirá en una de las mayores preocupaciones del gobierno.

Miles de elementos de la Guardia Nacional adicionales tendrán que ser desplegados en la frontera sur, agravando el delicado problema de seguridad que se vive actualmente en Chiapas. En lugar de garantizar la seguridad de los mexicanos en tantas zonas dominadas por los grupos criminales, la Guardia Nacional estará en gran parte dedicada a resolverle el problema de la migración al gobierno de Trump. ¿Y si no lo hacemos? Ya nos tomaron la medida. Amenaza de aumento de aranceles. Diez, quince, veinticinco por ciento. Ebrard ya levantó la mano para decir que él puede apoyar en las negociaciones. Después de todo, él ya sabe cómo doblarse al gusto gringo.

En las décadas de los setenta y ochenta, desde Colombia y Perú, se enviaban cargamentos de cocaína a Florida, con el consentimiento del gobierno de La Habana, que así obtenía divisas. Cuando la operación estuvo a punto de ser descubierta, Fidel Castro optó por traicionar a su gente, a la que fusilaron tildándola de traidora a la patria. Estados Unidos decidió entonces “sellar” el paso de la droga por el Caribe. Los cargamentos que antes pasaban por esa ruta comenzaron a ser trasladados por el territorio mexicano. Los colombianos transportaban la droga hasta algún lugar del sur de México, y aquí los cárteles locales la llevaban hasta la frontera y la cruzaban. Los cárteles mexicanos muy pronto crecieron en importancia, en armamento y en zonas de control, hasta convertirse en la pesadilla que son ahora.

Algo semejante ocurrirá, ya no con los narcotraficantes, sino con los traficantes de personas, que se aliarán con los cárteles de la droga, con los que compartirán protección y rutas. Su importancia dentro del mundo criminal se multiplicará. Seguirán cruzando a miles de personas a través de la frontera, a un precio más alto dados los obstáculos que pondrá la administración trumpista.

El tema migratorio hasta ahora no representa un grave problema social, salvo en las zonas fronterizas. Pero la situación va a cambiar. Al volvernos un país tapón, los migrantes se verán en todos lados. En algunas ciudades reclamando servicios; en otros lugares trabajarán para los cárteles de la droga.

Hasta ahora los migrantes no aparecen, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o en Europa, en la agenda de los políticos. Pero ante el crecimiento de la población migrante estacionada en nuestro país, surgirán grupos xenófobos de extrema derecha exigiendo su expulsión o regulación. Los partidos tratarán de lucrar con los migrantes. En algunas ciudades se convertirán en un grave problema social. “Nuestros hermanos centroamericanos” dejarán de serlo (hoy solo lo son en el discurso) y comenzará el rechazo que ya se ve en algunas regiones.

Por razones geoestratégicas, el tráfico de drogas se deslizó en los años ochenta del Caribe a México, provocando centenares de miles de muertos y enormes problemas sociales y políticos. Ahora, por motivos relacionados con la política de migración de los Estados Unidos, México se convertirá en lugar de paso y refugio involuntario de millones de personas que seguirán intentando el sueño americano.

Nunca hemos sido un país abierto a la migración. Con los españoles que huían de Franco en los ‘30 y los sudamericanos perseguidos por sus respectivas dictaduras, los mexicanos practicamos una migración selectiva y acotada. Ahora será diferente. Los centenares de miles de migrantes no encontrarán en México a “sus hermanos” sino un gobierno obligado a expulsarlos, una sociedad dividida y lastimada por la violencia. Los migrantes encontrarán brazos abiertos, pero del crimen organizado. (Fernando García Ramírez, El Financiero, Opinión, p. 39)

Stricto Sensu / Migración subcontratada: el caso italiano

La primera ministra Giorgia Meloni ganó las elecciones de 2022 reivindicando una posición abiertamente contraria a la migración. Dado que la mayor parte de los refugiados que se interna en Italia utiliza las rutas del norte de África, las primeras medidas de su Gobierno para contener el flujo migratorio se concentraron en la celebración de acuerdos con Libia y Túnez.

Adicionalmente, Meloni ha avanzado en la implementación de un plan que le permitirá tener centros de migrantes fuera del territorio italiano. En noviembre de 2023, su gobierno acordó con Albania un plan para construir dos centros de detención en territorio albanés con una capacidad para albergar 3,000 personas mensualmente. Los centros, cuyo costo anual asciende a 160 millones de euros, estarán bajo jurisdicción italiana. Esto significa que el personal de los centros, los elementos de seguridad y los jueces que resuelvan las solicitudes de asilo son italianos. Las personas desembarcadas en Albania y que sean internadas en los centros quedarán automáticamente detenidas y se les impedirá abandonarlos hasta por 18 meses. Las audiencias se llevarán a cabo de manera virtual mediante videoconferencias: si el juez concede el asilo, permitirá que el solicitante ingrese a territorio italiano; en caso contrario, será deportado directamente desde Albania.

Es importante señalar que el derecho a solicitar asilo desde estos centros está vedado para los nacionales de un conjunto de 22 países considerados “seguros” entre los que se encuentran Bangladesh, Egipto y Túnez. Si bien es cierto que los internos de los centros están protegidos por la Convención Europea de Derechos Humanos, la Unión Europea (UE) carece de atribuciones para supervisar el programa, pues Albania no es integrante de esa unión. La subcontratación migratoria concretada por el Gobierno italiano ha suscitado controversia. Mientras la mayoría de los gobiernos de la UE lo ha considerado como un ejemplo de asociación constructiva con países clave relacionados con las rutas migratorias, las organizaciones de defensa de derechos humanos estiman que su puesta en práctica está lejos de asegurar que los solicitantes de asilo reciban un trato humano y legal.

El pasado 19 de octubre una corte de Roma ordenó a las autoridades regresar a territorio italiano al primer grupo de detenidos enviado a Albania por considerar que no estarían seguros en caso de ser repatriados. El Gobierno de Meloni reaccionó tres días después con un decreto que redujo a 18 el número de países considerados seguros (excluyó de la lista original a Camerún, Colombia y Nigeria), manteniendo su vigencia. Si el acuerdo entre Albania e Italia fuera revocado por los tribunales, seguiría la suerte del programa del Gobierno británico que intentó enviar migrantes a Ruanda, pero que no se concretó debido a varias resoluciones judiciales que lo encontraron contrario a la ley. Sea cual sea el futuro de los centros, lo cierto es que su puesta en práctica evidencia la necesidad de que los flujos migratorios se regulen desde el Estado y no sean dejados a la deriva. (Mauricio Ibarra, La Razón, México, p. 4)

Times / Al deportar amillones Trump golpeará a su país

Estados Unidos resultará gravemente afectado si Donald Trump deporta a 11 millones de inmigrantes indocumentados, como prometió incontables veces en su campaña. Diversos estudios indican que esta medida no solo no beneficiará la economía y seguridad estadounidense, sino que tendría efectos devastadores en términos económicos, sociales y logísticos.

Para empezar, la pérdida económica será gigantesca. Expulsar a esos 11 millones reducirá el PIB entre un 4.2% y un 6.8%, lo que equivale a una pérdida de hasta 1.7 billones de dólares anuales, comparable a la Gran Recesión de 2008. Sectores clave como la construcción, la agricultura y la hospitalidad dependen de trabajadores indocumentados; su ausencia incrementará los costos de bienes y servicios, afectando el costo de vida del ciudadano promedio. En la agricultura, la escasez de mano de obra elevará el precio de los alimentos, impactando directamente a los consumidores en el supermercado.

Otro tema es el fiscal. Los indocumentados contribuyen al sistema tributario: en 2022 pagaron 46.8 mil millones de dólares en impuestos federales y 29.3 mil millones en impuestos estatales y locales. Su expulsión eliminará estos ingresos, reduciendo los fondos para programas y servicios públicos esenciales. Además, aportan a Seguridad Social y Medicare, aunque no reciben estos beneficios. Actualmente, estos sistemas reciben de ellos 22.6 mil millones y 5.7 mil millones de dólares, respectivamente.

Para lograr una deportación de esta magnitud, Trump necesitará una movilización de recursos sin precedentes. El costo estimado oscila entre 88,000 millones y 315,000 millones de dólares anuales. Incluso con el apoyo político necesario, semejante gasto es insostenible. Además, requerirá la cooperación de los países de origen de los deportados, como México, lo que creará conflictos diplomáticos y aumentará las tensiones bilaterales.La realidad es que cada deportado implica una familia dividida: casi 4 millones de familias de estatus mixto sufrirán pérdidas de hasta el 62.7% de sus ingresos. Esto afectará a comunidades enteras, especialmente en California, Texas y Florida, donde reside casi la mitad de los indocumentados. La eliminación de esta mano de obra golpeará duramente la productividad local, desencadenando problemas económicos que se sentirán en todo el país.

En términos históricos, Trump deportó menos personas durante su primer mandato que Barack Obama, a pesar de su retórica antiinmigrante. Deportar a millones, como prometió hacerlo desde el primer día de su mandato, será imposible. El alto costo, la resistencia local y las barreras legales lo convierten en una fantasía más de su imaginación. Cálculos realistas sugieren un rango de 200,000 a 400,000 deportaciones al año, muy lejos de los 2 millones 750,000 anuales necesarios para cumplir su promesa.

En el muy improbable caso que lograra hacerlo, Trump conseguiría una victoria política momentánea, pero a un precio muy alto para la economía, la cohesión social y la reputación de EU. Y todo por una promesa de campaña que suena fuerte y hasta atractiva, pero que en la práctica es demagógica, insostenible y dañina. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 56)

Los mismos de siempre / El Triunfo de Trump: Un Nuevo Capítulo de Segunda temporada

Con el reciente triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, las relaciones bilaterales entre México y Estados Unidos enfrentan a un nuevo capítulo lleno de desafíos.

En primer lugar, visión de Claudia Sheinbaum de México y el mundo no es la misma que la de López Obrador, espero.

La victoria de Trump, conocido por su enfoque de “América Primero”, plantea una serie de interrogantes en áreas clave como la migración, el comercio y la seguridad.

Uno de los temas más sensibles en la agenda bilateral es la migración. Durante su campaña, Trump prometió reinstaurar políticas como el “Remain in Mexico” y fortalecer el muro fronterizo.

Estas medidas podrían aumentar la presión sobre México para contener el flujo migratorio hacia Estados Unidos, convirtiendo a nuestro país, en un enorme campamento de migrantes que van rumbo a Estados Unidos.

En el ámbito económico, el regreso de Trump trae consigo incertidumbre. Durante su mandato anterior, Trump cuestionó el T-MEC y aplicó aranceles punitivos a productos mexicanos bajo argumentos de seguridad nacional.

En lo relativo al Nearshoring, la guerra comercial entre Estados Unidos y China podría abrir oportunidades para que México se convierta en un socio alternativo en la cadena de suministro global. La proximidad geográfica y los costos competitivos de México lo posicionan como un aliado natural para las empresas estadounidenses que buscan relocalizar su producción.

La diversificación de las relaciones comerciales y la atracción de inversiones en sectores estratégicos como la tecnología y las energías renovables podrían ser claves para mitigar los impactos negativos de las políticas proteccionistas de Trump.

En cuanto a la relación diplomática, la postura de Trump hacia México ha sido históricamente confrontativa, lo que podría complicar la cooperación en temas de seguridad y combate al narcotráfico. Sin embargo, también existen áreas de oportunidad para fortalecer la colaboración en la lucha contra el crimen organizado y el tráfico de drogas.

En cuanto a la relación en materia de narcotráfico, Trump ha prometido imponer aranceles del 25% a los productos mexicanos si México no toma medidas más estrictas para detener el flujo de drogas y migrantes hacia Estados Unidos

Querido lector, muy a regañadientes debemos de aceptar que el diagnóstico trumpista sobre la complacencia del gobierno con los narcotraficantes marcaran la nueva era de las relaciones México Estados Unidos. Hasta la próxima. (Eliseo Rosales Ávalos, el Economista, El Foro, p. 62)

Tendencias Financieras / Victoria de Donald Trump, un hito electoral

Resultado electoral

Donald J. Trump hizo historia por segunda vez en su carrera política, ahora al convertirse en el primer presidente de Estados Unidos que consigue regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato, tras haber fallado en un intento de reelección en 2020. El republicano Donald Trump se ha llevado la victoria en cinco de los siete estados clave y lidera en el resto, y ha superado los 270 votos del colegio electoral necesarios para convertirse en presidente. Al momento de escribir estas líneas al viernes 8 de noviembre, cuenta con la mayoría republicana en el Senado y podría alcanzarla en la Cámara de Representantes cuando se termine la contabilidad. Asimismo, el Partido Republicano lleva la delantera en las votaciones para gobernadores.

El personaje

Algunos atributos del presidente electo son únicos. A sus 78 años, Donald Trump es la persona de mayor edad en ganar unas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Será el primer presidente en 132 años, desde Grover Cleveland, en cumplir dos mandatos no consecutivos en el cargo. El republicano salió victorioso de lo que probablemente sea la carrera presidencial más cara de la historia, con costo de 15.9 mil millones de dólares. Además, es el primer presidente en ser condenado por delitos y sometido a un juicio político dos veces. También es el primer presidente en asumir el cargo mientras se defiende de cargos penales en múltiples casos federales y estatales activos. Trump ha sufrido un intento de asesinato durante su campaña este año.

Factores de su victoria

El regreso de Donald Trump es un tanto sorpresivo, ya que su popularidad estuvo en un nivel más bajo de 41% durante su gobierno, mermado aún más después de no reconocer su derrota electoral en 2020 y tras el asalto al Capitolio protagonizado por sus seguidores el 6 de enero de 2021.

Los factores que explican su victoria son los siguientes:

– La economía prepandemia del gobierno de Trump, con una inflación y tasas de interés bajos, ha sido vista de forma más favorable por muchos votantes, en comparación con lo ocurrido durante el gobierno de Biden.

– El republicano cuenta con un grupo muy leal de seguidores que se identifican con su propuesta Make American Great Again, y adicionalmente logró atraer a votantes procedentes de otros grupos demográficos, como hombres jóvenes afroamericanos y los latinos.

– La política del gobierno demócrata de fronteras abiertas que permitía la entrada libre de migrantes sin ningún tipo de control.

– Se mostró como el candidato “antiguerra” al proponer quitar el apoyo a Ucrania frente  a la agresión rusa, y poner fin a la guerra en Gaza.

– La campaña electoral de Trump se vio favorecida también por los vaivenes del Partido Demócrata durante esta campaña.

Principales propuestas

Las principales propuestas de Donald Trump que tienen impacto en las relaciones con México son las siguientes:

– En el tema de la migración, se pretende sellar la zona limítrofe con México, incluso militarizar algunos sectores, y seguir construyendo el muro. Asimismo, realizar deportaciones masivas (se estima que hay 10 millones de indocumentados en Estados Unidos), con el apoyo de redadas en lugares de trabajo y escuelas. Las medidas tendrán importantes repercusiones para México, como la disminución de flujo de las remesas.

– En su cierre de campaña, el republicano amenazó con imponer aranceles de 25% a las exportaciones mexicanas si el gobierno de Claudia Sheinbaum no frena el paso de migrantes en la frontera entre los dos países. Trump volvió a utilizar los aranceles como imposición a las exportaciones mexicanas para obligar al gobierno mexicano para que actúe como patrulla fronteriza en la zona norte y sur del país. Antes, había amenazado con aplicar aranceles de 200% a autos mexicanos si contienen componentes chinos, para evitar que México se convierta en un puente para que China acceda al mercado americano. Estas medidas provocarían un desplome en el mercado de exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, pues 80% de éstas van hacia el vecino del norte.

– Renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (T-MEC). La entrada de autos eléctricos y otros productos de China a Estados Unidos es una de las mayores preocupaciones de Trump y fue utilizada como argumento para buscar la renegociación del T-MEC en 2026.

Queda por ver hasta qué punto las propuestas de Trump se estarán realizando después de entrar en funciones el 20 de enero de 2025. Al cumplirse sus promesas de campaña, la futura administración pronto se dispondrá a promulgar una agenda ambiciosa centrada en profundos recortes de impuestos, deportaciones masivas y nuevas relaciones con líderes extranjeros, así como la imposición de fuertes aranceles.

La victoria de Donald Trump y el control del Congreso podrían conducir a una mayor volatilidad del tipo de cambio y otros activos financieros en México durante los próximos meses. Además, traerá más retos para la relación bilateral por las políticas proteccionistas que el republicano ya adoptó en el pasado. De cara a los retos que se avecinan para la relación bilateral, la presidenta Claudia Sheinbaum envió un mensaje conciliador y de apertura para mantener el diálogo con quien será su colega a partir de 2025. (José Arnulfo Rodríguez San Martín, Grupo Financiero Multiva, Excélsior, Dinero, p. 4)

Razones / Con o sin Trump, América del Norte

Es pregunta: ¿entiende el gobierno federal la magnitud del desafío inmediato en términos de seguridad y de relación con Estados Unidos? Estoy seguro de que algunos de los hombres y mujeres que están en el ámbito de la seguridad sí, pero no veo que exista en la administración Sheinbaum, en este escaso mes y medio de gestión, una narrativa, una visión global del momento que estamos viviendo.

El triunfo de Trump no sólo debe ser tomado con “sangre fría” (como dijo Marcelo Ebrard), debe ser tomado muy en serio y se debe asumir que sus temas en la agenda bilateral son muy concretos: la migración, el tráfico de fentanilo (y en ese sentido implementar un acuerdo en el marco del T-MEC de seguridad trilateral con compromisos mucho más rígidos que los actuales), los temas comerciales, entre ellos la agricultura (el maíz transformado genéticamente y el glifosato), la industria automotriz (y con ello el tema China) y la energía. Hay muchos otros, pero toda la agenda gira en torno a estos capítulos.

A todos ellos se les ha dado distintas respuestas parciales, algunas acertadas, otras no, pero se sigue dejando de lado lo central: México es parte de América del Norte, por ubicación geográfica, por la integración social, cultural y económica, por decisión geopolítica y porque en un mundo donde los bloques regionales, que en los hechos son la superación de la etapa de globalización del siglo pasado, son cada vez más significativos. Más importante aún, en ese contexto América del Norte se configura como la región más dinámica del mundo.

Con Trump, las presiones se agudizarán: el magnate devenido en presidente es proteccionista y desconfía profundamente de las políticas, tanto en economía como en defensa, pero también es consciente de que un bloque regional le beneficia a su país mucho en una guerra comercial con China y contra otros bloques con los que también chocará, incluyendo la Unión Europea.

Hay quienes dicen en el ámbito de la 4T que la llegada de Trump y la distancia con su administración puede ser un beneficio para que México se abra a otros mercados y socios comerciales, y no estemos tan integrados, tan dependientes de América del Norte y Estados Unidos.

Es una insensatez absoluta, salvo que el modelo sea Venezuela. Primero, porque no existirán esos mercados. Lo que sucede con China es paradigmático en ese sentido: nos vende diez veces más de lo que nos compra e invierte y vende en México para entrar en la Unión Americana, allá no exportamos ni invertimos. Nuestra oportunidad está en reemplazar a China en el mercado estadunidense, no es asociarnos con China.

América Latina, sobre todo Sudamérica, es un mercado que está dominado, en términos regionales, por Brasil, que tiene una política exterior consistente y que daría lo que fuera por tener la ubicación geográfica y la integración que tiene México con Estados Unidos, más allá de la amistad entre los pueblos, Brasil siempre ha sido competidor de nuestro país en el ámbito geopolítico, pero está  a miles de kilómetros de distancia de la Unión Americana, y lo compensa con una amplia relación con China (y su ámbito de influencia) y la Unión Europea. Algo similar sucede con Argentina, más allá de que Milei está apostando todo a Trump.

 

Hay quienes miran hacia la India de Narendra Modi, sin comprender que, una vez más, ese país, más allá del régimen político autoritario y populista que ha impuesto Modi, también apuesta a los bloques y oportunidades que su ubicación le da con Rusia y China.

Nuestra realidad está en América del Norte y se debe enmarcar en el T-MEC, más allá de Trump. Habrá que hacer acuerdos migratorios y de seguridad (que van de la mano), y ser coherentes con aspectos económicos y comerciales que deben enmarcarse en los acuerdos institucionales del T-MEC, para darles fortaleza, fuerza legal y certidumbre.

No se puede tener una política esquizofrénica. No es una casualidad que la resolución del panel de controversias sobre maíz modificado genéticamente y glifosato se haya dado a conocer un día después de las elecciones de Estados Unidos, cuando en los hechos estaba concluido desde semanas atrás. Prohibir la importancia de maíz modificado o el glifosato es una estupidez: desde hace décadas es el maíz que consumimos, en buena medida el que producimos y, sin duda, el que compramos. Esa decisión vulnera con toda claridad el T-MEC.

Lo mismo sucede con la reforma energética que emprendió López Obrador, en buena medida enmendada por la presidenta Sheinbaum en su plan de energía presentado la semana pasada, o con la desaparición de organismos autónomos y, mucho más, con una reforma judicial que se podría haber emprendido sin vulnerar el T-MEC, que estipula que ciertos principios que otorgan certidumbre no pueden ser modificados. Migración y seguridad deben ser, eso es, una decisión tomada en la Unión Americana, más allá de demócratas o republicanos, parte de acuerdos paralelos del T-MEC y no tenemos forma de sustraernos a ello.

La administración de Sheinbaum puede tener muchas opciones, pero hay capítulos de los que no se puede apartar: somos parte de América del Norte, nuestro futuro económico (y, por ende, político y social) está marcado por el T-MEC. No es verdad que nos convertiremos en una suerte de anexo estadunidense, no lo es Canadá, que tiene una interrelación aún más profunda que nosotros con Washington, se trata de alinear las políticas y decisiones a los intereses de nuestra región y a los acuerdos que tenemos firmados, que debemos cumplir y que generan beneficios, como lo hacen desde hace 30 años, al país. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 10)

Ganó Trump, ¿qué sigue?

Donald Trump vuelve al poder. El mandatario fue nuevamente elegido presidente de Estados Unidos, cuatro años después de su derrota ante Joe Biden. Tras denunciar que hubo fraude y de ser acusado como “instigador” de la revuelta contra el Capitolio, el republicano arrasó sobre su contrincante Kamala Harris. Su victoria se confirmó cuando ganó el disputado estado de Wisconsin, con lo que superó el umbral de los 270 votos electorales.

El escenario es claro. Trump regresará a la Oficina Oval y gozará de un amplio apoyo para su agenda política en el Congreso, luego de que su partido recupere el control del Senado. Las prioridades que se han anunciado son:

  1. Extender los recortes de impuestos de 2017 y enfocarse en “terminar con la inflación”.

  1. Aumentar los aranceles a los socios comerciales, especialmente a China, con un enfoque en desarrollar la manufactura nacional.

  1. Incrementar la producción de energía tradicional mediante la perforación en tierras federales y la extensión de oleoductos. Al mismo tiempo, se ha pronunciado por revocar algunos incentivos, tales como créditos fiscales para vehículos eléctricos.

  1. Reducir la regulación de los servicios energéticos y financieros.

  1. Medidas de inmigración mucho más estrictas, incluyendo un esfuerzo para deportar solicitantes de asilo a otros países.

  1. Presionar a los miembros de la OTAN para que gasten más en defensa y “terminar con la guerra en Ucrania”.

  1. Deshacer la Ley de Cuidado de Salud Asequible (Affordable Care Act).

Habrá que estar muy atentos a la forma en que se aterricen estas propuestas y su posible impacto. Se avecinan tiempos complejos en los que el “estilo personal de Trump”, basado en una comunicación dura, donde la “amenaza-negociación” generará incertidumbre y altibajos en las percepciones públicas.

Sin duda alguna, en este entorno, México es uno de los países que tendrá que afinar todas sus capacidades estratégicas —gubernamentales, empresariales y sociales— para sortear el ventarrón que se avecina. La agenda es profunda y compleja:

  1. Comercio. La amenaza de que se podrían aplicar aranceles del 10% a todas las importaciones estadunidenses e, incluso, del 200% a los automóviles y autopartes chinos mantiene en alerta a los mercados. El sector automovilístico —fundamental para México— es columna toral del discurso frente a la base votante de Trump, tanto en materia de empleo como de balanza comercial y energética.

  1. Migración. Trump ha amenazado con deportar al lado mexicano de la frontera un total de 11 millones de indocumentados de diversas nacionalidades, de los cuales 5 millones son mexicanos. Las implicaciones y costos de una medida como ésta serían devastadoras para ciudades del norte del país, que enfrentarían una delicada situación en materia de prestación de servicios y asimilación local de estos grupos.

  1. Narcotráfico. Sin duda alguna, el más complejo de los temas, por la fuerza económica que han alcanzado los cárteles de la droga, el impacto en muertes que representa esta actividad tanto en Estados Unidos como en suelo mexicano, así como las implicaciones políticas que conlleva. Cabe recordar que el republicano piensa que “los cárteles son quienes administran México y pueden quitar al presidente en dos minutos”.

En todos estos rubros, Trump ha amenazado con recurrir a “medidas unilaterales” que generarán un gran estruendo. La confusión, las preocupaciones y la incertidumbre prevalecerán en tanto se logra identificar y diferenciar la magnitud —como ocurrió durante su primer periodo— entre los dichos y los hechos. Es altamente probable que, hasta que los mercados entiendan la nueva dinámica, la volatilidad en las variables macroeconómicas prevalezca.

¿Qué tanto se apegarán las exigencias de Trump a lo que dijo en campaña? Aún es temprano para saberlo. Lo que sí es previsible es que, tal y como ocurrió cuando AMLO tuvo que movilizar a miles de elementos de la Guardia Nacional a la frontera con Guatemala, para pagar “el muro” que una vez prometió, el nuevo mandatario estadunidense, mínimamente buscará acciones “simbólicas” de alto impacto frente a sus votantes.

El riesgo de que decisiones en materia de comercio, migración o narcotráfico distorsionen la relación bilateral —de forma perceptual o real— se mantendrá latente. Claudia Sheinbaum y su equipo requerirán de reflejos, astucia y creatividad para sortear el vendaval que se avecina. La #SociedadHorizontal deberá articularse y cerrar filas con la mandataria. De sortear estas aguas turbulentas depende la viabilidad de una #NuevaRepública. (Armando Ríos Piter, Excélsior, Nacional, p. 13)

Desde Afuera / “Deja vu, all over again”

WASHINGTON.- El virtual presidente electo estadounidense, Donald Trump, amenaza con imponer aranceles excesivos a los productos mexicanos para obligar al gobierno mexicano a tomar medidas para  reducir la llegada de migrantes a la frontera con Estados Unidos.

El gobierno de México no lo aceptó formalmente. No lo dijo. Pero tomó medidas al efecto.

Bueno, eso pasó hace seis años y ocurre otra vez ahora.

Solo que esta vez el régimen estadounidense que tomará posesión en enero próximo surge de una incontestable victoria en la que no solo ganó el voto electoral sino el popular y, por tanto, una legitimidad que faltó en el primer gobierno de Trump.

La impresión en Washington es que Trump usará la amenaza de incrementar aranceles una y otra vez para presionar a que el país frene el flujo de migrantes hacia el norte, para tratar de llevar al gobierno a una acción más decidida y quizá decisiva respecto al tráfico de drogas y, por supuesto, a disposiciones que en su opinión perturban el comercio y eso incluye la creciente participación de China en las cadenas de producción en México.

Son temas en los que Trump basó buena parte de su campaña  presidencial 2024, sobre la idea de que los Estados Unidos están invadidos por inmigrantes indocumentados criminales que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México, vulnerable también a los cárteles del narcotráfico y en otro sentido, el lugar que los chinos tratan de aprovechar para darle la vuelta a prohibiciones estadounidenses que afectan sus exportaciones.

Trump es un maestro en el uso de la intimidación y las posiciones de fuerza para obligar a sus contrapartes.

El gobierno mexicano tiene algunos recursos propios para enfrentar lo que es en buena medida un problema multifacético, pero también dependerá de qué tan lejos quiera o pueda llegar y de sus propias condiciones internas.

Para analistas en Washington, es muy poco probable que se cierre por completo el comercio transfronterizo, dado el impacto que esto tendría en el sector manufacturero estadounidense.

Pero al mismo tiempo, es una situación que se considera forzará la mano del gobierno mexicano, lo que hace pensar que será poco probable que los aranceles lleguen a ser puestos en práctica. La realidad económica regional en general obliga a una alineación, a regañadientes o como sea.

La realidad es que si bien tiene posibilidades de aminorar los golpes, el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum llega a la partida en condiciones poco óptimas: una economía debilitada y dependiente de su relación comercial con Estados Unidos, con una serie de compromisos económicos vinculados con programas sociales y subsidios a empresas estatales.

Tiene la ventaja y la desventaja de la vecindad y la importancia relativa de México para la potencia estadounidense, no sólo en lo económico y lo social, sino también en lo geopolítico.

Es, como dijera Yogi Berra, aquel famoso catcher de los Yanquis de Nueva York, “deja vu otra vez”. Pues sí, pero un poco más. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)

Epicentro / Estados Unidos vota por el caudillo

El triunfo de Donald Trump y el partido republicano en las elecciones del 5 de noviembre supone un parteaguas en la historia moderna de Estados Unidos. Trump rompió todos los precedentes. Contra la tradición de transición pacífica y civilizada, se negó a reconocer su derrota en el 2020 y se asumió como líder absoluto de la oposición, desde donde ejerció una presidencia en las sombras, muy parecido a lo que hiciera en su momento Andrés Manuel López Obrador con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

También como López Obrador, Trump fustigó al hombre que lo derrotó, estableciendo una narrativa que combinó con astucia y efectividad el reclamo, el agravio y el ánimo de retribución.

Con la excepción de las últimas semanas, en las que perdió disciplina de mensaje, Trump nunca quitó el dedo en la llaga de los dos temas más dolorosos para el gobierno de Joe Biden: la economía y la migración. Trump mintió, exageró y culpó a Biden de lo que merecía ser culpado y de lo que no también. Al final, dio igual

Contó con la ingenuidad o colaboración de los medios de comunicación, que normalizaron sus desplantes anti-democráticos y sus rabietas autoritarias como si fueran parte del discurso político aceptable. Otros optaron por claudicar de antemano, previendo el ánimo de venganza con el que Trump advirtió que gobernaría. Trump también aprovechó el pujante ecosistema de medios alternativos alineados con el movimiento conservador estadounidense.

El electorado le respondió con un mandato casi absoluto.

El Donald Trump del 2024 llegará al poder sin riendas. Podrá poner en práctica sus vendettas personales y la agenda que le plazca. Podrá contar con el congreso cuando lo necesite: es probable que los republicanos tengan carro completo. Podrá contar con la Suprema Corte cuando la requiera: el movimiento conservador ya tiene una mayoría de seis magistrados contra tres del ala liberal, y Trump seguramente podrá nombrar el reemplazo de dos magistrados afines después del posible retiro de Samuel Alito y Clarence Thomas, que tendrán la sensatez que no tuvo en su momento Ruth Bader Ginsburg.

Cuando no necesite de la aquiescencia de los otros poderes, Trump hará… lo que se le antoje. A diferencia de su primer mandato, ha anunciado que se rodeará de personal que le sea fiel. No habrá disenso en la nueva Casa Blanca. Lo que habrá será radicales. Stephen Miller, quizá la figura más rabiosamente antiinmigrante de la historia moderna de Estados Unidos, tendrá libertad para activar la maquinaria de deportación que ya ha anunciado. Los nombramientos en el FBI, el Departamento de Justicia y la secretaría de Defensa seguramente tendrán el mismo perfil radical. Abogados de la intervención disruptiva –y no pienso en su mejor versión– como Elon Musk y Peter Thiel seguramente estarán en la mezcla de la toma de decisiones.

 

¿Cumplirá Trump lo prometido?

Después de un triunfo como el que obtuvo y con ánimo abierto de retribución…¿por qué no? En materia migratoria, por ejemplo, podría conformarse al principio con implementar un programa de deportaciones que culminaría en redadas para detener a decenas de miles, creando el clima disuasivo de terror que Miller y otros abogados de la restricción migratoria siempre han querido. Pero también podría ir mucho más allá. El vicepresidente electo JD Vance ha insistido en que los millones de inmigrantes indocumentados en el país deprimen los sueldos, acaparan empleos e inflan los precios de las viviendas. En el mejor de los casos, estas posiciones típicamente nativistas son  polémicas o simplemente falsas, pero a Vance le importa poco. La solución, dice, es la deportación de millones. No es un escenario descabellado.

Al final, Donald Trump culminó su truco de magia populista. Convenció a los electores de que él y solo él tiene la solución para los problemas existentes y para muchos otros que no existen, pero que Trump vendió a la perfección. Ofreció retribución, disrupción y venganza. Pan y circo político. Logró desplazar del poder al proyecto del presidente que lo venció democráticamente (tras el triunfo de Trump, nadie habla de fraude) y ahora se dedicará a poner en práctica una agenda radical.

Las elecciones tienen consecuencias. Una mayoría del electorado estadounidense tendrá lo que ha buscado. Veremos qué país emerge de la sombra del caudillo. (León Krauze, El Universal, Nación, p. A5)

Fuera del Aire / ¿Quién defiende a los mexicanos en Estados Unidos?

Donald Trump se convertirá en el 47º presidente de Estados Unidos a partir del próximo 20 de enero. Aun cuando muchos al interior de su partido dudaban de la pertinencia de tenerlo como candidato, los republicanos lograron con él la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado.

Las encuestas nuevamente fallaron. Casi todas anticipaban un resultado muy cerrado. La poca credibilidad que aún tenían las casas encuestadoras, terminó de dilapidarse con el contundente triunfo del candidato republicano.

El primer efecto para México luego de este resultado fue una sacudida para el peso, que casi alcanzó las 21 unidades por dólar, su peor cotización en dos años. Logró después una ligera recuperación, pero sigue muy presionado y volátil. En 2016, luego de la primera victoria de Trump, el peso también se vio afectado. Solo que en esta ocasión, los expertos temen que el daño se prolongue al menos todo el próximo año. Y es que viene la revisión del TMEC, con la incertidumbre que eso conlleva. Están además las amenazas de imponer aranceles a las importaciones desde nuestro país.

Poco antes de las elecciones, Trump repitió que, de ganar, lo primero que haría sería informar a Claudia Sheinbaum que deberá frenar el flujo de migrantes y drogas hacia su territorio. De no ser así, crearía un impuesto de 25 por ciento a todas las importaciones mexicanas; además de impedir que los vehículos fabricados en nuestro país se vendan en el suyo.

Durante toda la campaña no paró de lanzar amenazas vinculadas al comercio, la migración y la seguridad. Esos tres temas fueron su eje y los mezcló con eficacia para capitalizar el odio y el miedo de sus posibles votantes. Fiel a sus formas, volvió a acusar a los inmigrantes de ser una avalancha de criminales y de drogas. Se comprometió también a deportar un millón de indocumentados al año y a seguir con la ampliación del muro fronterizo.

El gobierno de México se dice listo para los retos diplomáticos y económicos. Parecen confiados en que la retórica agresiva de Trump era sobre todo electorera. Además, cumplir sus amenazas tendría efectos económicos adversos para Estados Unidos. Si nos impone el famoso arancel de 25 por ciento, generaría una inflación muy difícil de manejar. Y si deporta masivamente a migrantes, afectaría a muchas cadenas productivas que requieren de esa mano de obra.

Si algo lo posicionó por encima de los demócratas, fue su buen manejo de la economía, por lo que es poco probable que tome decisiones que le descompongan el panorama económico.

Sin embargo, su discurso xenófobo ha despertado un repudio que ya afecta la cotidianidad de los millones de mexicanos que viven allá. Puede que no haga deportaciones masivas ni imponga aranceles, pero los ataques a ese segmento de la población seguramente seguirán por una razón muy sencilla: le han dado popularidad.

Este Trump aún más radical, incita a un odio que crece cuando se combina con el miedo. Para colmo, el letal fentanilo que entra desde México alimenta con fuerza esa narrativa.

Urge diseñar mecanismos para contrarrestar esa propaganda nociva que lastima a los mexicanos que viven allá. El gobierno mexicano debería tejer estrategias para difundir masivamente, las valiosas aportaciones que nuestros paisanos hacen a los Estados Unidos. Se fueron huyendo de la miseria o la violencia; nos rescatan con su trabajo extenuante y sus remesas. Les debemos mucho. Es lo menos que toca hacer por ellos. (Paola Rojas, El Universal, Opinión, p. A20)

Trump, México y ‘los países mexicanos’

Donald J. Trump se la tiene cantada a los mexicanos desde que, allá en julio de 2015, anunció que iba por la Casa Blanca. Etiquetó desde entonces a los migrantes mexicanos como violadores y narcotraficantes.

No tardamos mucho en darnos cuenta de que esos epítetos estaban dirigidos a todas las personas al sur del río Bravo, y que son de piel morena, católicas, y hablan español. Más grave aún, que esos calificativos se asociarían a los migrantes para etiquetarlos como criminales que roban, matan y violan.

Trump tuvo un primer mandato como presidente entre enero de 2017 y enero de 2021. En 2018, Fox News dio cuenta de que el inquilino de la Casa Blanca había suspendido la ayuda a los gobiernos de ‘tres países mexicanos’: Guatemala, El Salvador y Honduras, por malversación de fondos del gobierno estadounidense.

Trump aseguró también que los migrantes venezolanos habían infectado a una localidad del estado de Colorado y prometió “limpiar” al país.

Más adelante se refirió a El Salvador y a Haití como ‘países que son hoyos de mierda’, y en la campaña electoral de 2024 acusó a los haitianos de comerse a los perros y gatos de los estadounidenses. Y hace unas semanas, vino el pésimo chiste de un comediante que llamó a Puerto Rico ‘una isla de basura’, en un mitin trumpista.

El censo de EU identifica a tres países de origen de su población hispana o latina: México, Puerto Rico y Cuba. Al resto, el estadounidense de a pie lo etiqueta como: ‘they are all Mexican – todos son mexicanos’. Ello nos parece sorprendente, pero también lo es que los mexicanos llamamos ‘chinos’ a japoneses, coreanos, vietnamitas y otras personas del sudeste de Asia, aunque no lo sean.

Agréguele usted a los extracontinentales: africanos, asiáticos, etc., y la cosa se complica muchísimo, porque, aunque no sean mexicanos, entran a EU por México, así que, a sus ojos, está ocurriendo una ‘invasión’ cotidiana de gente a quien describen como: ‘They’re not like us’ –no son como nosotros.

La ‘victoria cultural’ trumpista es que los inmigrantes de generaciones anteriores, que ya son ciudadanos estadounidenses, se hayan sumado al rechazo a los recién llegados de su país de origen, por temor a perder su lugar en la sociedad estadounidense: ‘Nosotros somos estadounidenses, no tenemos nada que ver con ellos, que son extranjeros’, se deslindan. Así lo reflejó con perspicacia la periodista Paola Ramos en su libro ‘Desertores: el ascenso de la extrema derecha latina y lo que significa para Estados Unidos’ (traducción no oficial del original en inglés), publicado en septiembre de 2024.

El segundo mandato de Trump tiene lista una ‘bienvenida’ a los migrantes latinoamericanos y de otras latitudes: deportaciones masivas; fin del programa de autorización temporal TPS para salvadoreños, hondureños y haitianos; y conclusión del programa DACA que otorga permisos de trabajo a personas nacidas afuera de EU, pero que llegaron sin papeles cuando bebés o menores de edad.

Las consecuencias de estas medidas serán desastrosas, y nuestra capacidad para amortiguarlas muy reducida. Las élites mexicanas cuentan con que el T-MEC, las empresas estadounidenses que emplean a inmigrantes y sus contactos políticos evitarán el diluvio, pero quizá se encuentren con que los resortes tradicionales de la democracia liberal estadounidense también están muy desgastados o llegando a su fin. (Carlos Heredia Zubieta | Por México Hoy, El Universal, Opinión, p. A43)

CARTONES

Dentro de tres años

Dentro de tres años

(Patricio, El Sol de México, Análisis, p. 22 y La Prensa, Editorial, p. 14)

De la retórica a la realidad

De la retórica a la realidad

(Rocha, La Jornada, Política, p. 4)