Opinión Migración 120223

México, patio trasero para migración no mexicana

La negociación para relanzar el programa Quédate en México sienta precedentes para el futuro de la migración, no sólo en los hechos, sino en las leyes, en caso de una reforma migratoria en EU. El giro del gobierno de Biden hacia una política más restrictiva, como la de Trump, es peligroso por dejar efectos legales de largo plazo que nos conviertan de facto en patio trasero para la deportación de migrantes no mexicanos.

El riesgo del plan de migración que Biden anunciará los próximos días no es sólo abrir la puerta a deportaciones masivas —que Washington niega—, sino continuar con la evisceración de su sistema de asilo y la exclusión de nacionalidades incomodas de su territorio, como venezolanos, cubanos y nicaragüenses. Y México juega un rol central para este tipo de muro porque sin la cooperación bilateral no podría funcionar.

Desde la aplicación del programa en 2018, EU han devuelto a México más de 80 mil migrantes. México podría negarse a participar en ejercicio de su soberanía, pero lo acepta a pesar de chocar con sus leyes de migración. Ante esa evidencia, la SCJN se pronunció en 2022 por desarrollar una política para atender a los deportados ante la saturación de las estaciones migratorias, sino podía tocarse la política migratoria.

 

Las restricciones al asilo en EU caminan por decreto y disposiciones como el título 42 de la ley de salud, que concluirá en mayo con el fin de la pandemia. Al calor de covid-19 se activaron deportaciones en caliente justificadas con la crisis sanitaria. Y otras medidas disuasorias como Quedate en México, que se aplicó sin anuncios públicos ni papeles firmados, como revela en sus memorias Mike Pompeo, exsecretario de Estado de Trump, sobre negociaciones secretas con Marcelo Ebrard en 2018.

 

El título de su libro Nunca cedas una pulgada parece recomendación a la política migratoria de su país quizá con idea de enmarcar el tipo de regulaciones en el futuro. En efecto, ahora se vuelve a alertar de negociaciones ocultas sobre plan de Biden para controlar la inmigración ilegal y facilitar la extradición, en otra versión del programa con que Trump desarticuló el sistema de asilo de EU.

 

La continuidad del modelo en dos administraciones facilitaría llegar algún día a ser ley, lo que por ahora rehúyen para poner en aprietos a México por contravenir sus normas migratorias.

Pero delinea el perfil de la cooperación migratoria de largo aliento, siendo México al que le toca la peor parte, aunque la cancillería niega que haya acuerdos para esos programas que, en los hechos, disuaden la petición de asilo a través de mecanismos de miedo creíble como la deportación exprés.

 

Ante las evidencias, la Cancillería se escuda en decir que son medidas unilaterales de EU y se ven obligados a recibirlos por razones humanitarias. Incluso hablan de avances en la movilidad laboral con 30 mil visas de trabajo, que ya anunció Biden como parte de su plan, para los que  tengan patrocinador en EU o la reducción del ingreso ilegal de venezolanos.

Mientras crece la visibilidad de los flujos migratorios, los acuerdos bilaterales se tornan más oscuros y confusos. La negociación podría centrase en las nacionalidades para la veda.

La mayor interrogante son los beneficios para el país más allá de la amenaza de cerrar la frontera con que presionó Trump en 2018 o los bonos con los demócratas para las aspiraciones presidenciales de Ebrard. Incluso suspicacias difíciles de probar como el silencio de EU con políticas internas de México en pago al oneroso costo migratorio.

La importancia de la migración en la agenda política de Washington la hace susceptible de funcionar como moneda de cambio. Biden en campaña se opuso al programa de Trump como “inhumano”, pero fallos de los jueces lo obligaron a conservarlo y ahora la presión política de las alas duras antiinmigrantes instan a retomarlo de cara a su reelección. El beneficio para él es claro, no así para el gobierno mexicano obligado a explicar la sospecha de una negociación oculta en la que el país tiene poco que ganar. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 10)

¿Qué hacer con la migración? (I)

La movilidad internacional de personas es uno de los fenómenos sociales más relevantes en el mundo contemporáneo. Lo ha sido desde siempre,ya que es inherente al ser humano trasladarse en búsqueda de mejores entornos, oportunidades, huir de peligros, de guerras, de discriminaciones raciales, religiosas o ideológicas.

Así como la infancia marca en buena medida nuestro destino, el lugar donde nacemos influye en la manera en que concebimos el entorno, nuestras interacciones familiares, sociales y culturales. Con el tiempo se nos hace presente la importancia que tiene la vecindad con otros países, su impacto sobre la historia personal y colectiva. Por nuestra ubicación geográfica, México está destinado a ser un país de origen, tránsito y destino de corrientes migratorias. Por su magnitud, no es exagerado decir que somos un país de migrantes.

 

La llegada a la frontera entre México y EU de decenas de miles de personas que buscan cruzarla sin tener los documentos requeridos para ello ocupa las primeras planas, y será parte relevante en el debate político/electoral en ambos países en 2024.

El asunto tiene una muy larga historia, pero para efectos de esta colaboración, me concentro al inicio del gobierno del presidente Ernesto Zedillo (1994-2000) cuando Jesús Silva Herzog (QEPD) fue designado embajador de México en Washington, al tiempo que José Ángel Gurría llegaba a ocupar la titularidad de la Cancillería. Esteban Moctezuma era entonces secretario de Gobernación.

En 1995 surgió un debate político en California, impulsado por el entonces gobernador Pete Wilson, sobre los riesgos de la frontera con México por la llegada de una supuesta “enorme cantidad de mexicanos indocumentados, traficantes de drogas y prófugos de la justicia”. Wilson logra que el Congreso federal se involucre en el asunto y se inicia lo que es considerada como una etapa que marcará por muchos años las leyes y una política migratoria restrictiva, xenófoba y con un claro sesgo antimexicano.

El embajador mexicano se entrevistó con el gobernador Wilson para plantearle su preocupación por la retórica antimexicana e invitarlo a México para que tuviera información objetiva de las complejidades que orillaban (y orillan) a muchos mexicanos dejar sus lugares de origen y buscar una mejor opción de vida con sus parientes y amigos residiendo en Estados Unidos. La reacción de Wilson fue altanera y aprovechó para declarar a la prensa que le había “reclamado” al representante mexicano no “hacer nada” por detener a nuestra gente.

La verdad es que el intercambio de palabras subió de tono y la entrevista terminó de manera abrupta. Pocos temas generan tanto debate legislativo en nuestro vecino del norte como el de la migración. Lograr las mayorías necesarias para aprobar una ley en esta materia puede tardar muchos años, de hecho, la última reforma relevante fue en ¡1996! El Ejecutivo tiene capacidades muy limitadas para modificar reglamentariamente lo dispuesto por el Congreso.

La sociedad de EU, fundada por la llegada de migrantes europeos, conformó con el paso del tiempo una mezcla inédita de razas y culturas conocida como melting pot (expresión que se usa para describir cuando gentes con diversas ideologías y orígenes conviven) que explica en buena medida el éxito de ese país.

Hay muchas maneras de comprobar los beneficios que le han traído a Estados Unidos los extranjeros que han decidido emigrar de sus países de origen a EU, desde decenas de ganadores del Premio Nobel en casi todas sus categorías, hasta artistas, escritores, pintores, profesionistas y un largo, etcétera.

Incluso los millones de trabajadores no calificados profesionalmente son la base del éxito agrícola, de los servicios de hotelería, jardinería, construcción y enfermería, muchos de ellos nacidos en México o descendientes de mexicanos, destacando la histórica mano de obra  agrícola y de manera creciente, en la industria de la tecnología.

Qué mejor ejemplo de la evolución de la vida democrática en ese país que la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama (America at its best, tituló su portada la revista The Economist al reconocer al votante americano), un sofisticado intelectual afroamericano, seguido por Donald Trump, un ignorante racista, a su vez derrotado por Joseph Biden, descendiente de irlandeses, con treinta años de experiencia legislativa y una comprensión profunda de la realidad geopolítica contemporánea.

Biden ofreció promover una reforma integral en materia migratoria para reconocer a los millones de residentes indocumentados, además de abrir mecanismos para trabajadores temporales. Como era de esperar, los republicanos se manifestaron totalmente opuestos, abriendo así una confrontación política de la mayor relevancia, como lo explicaré en las próximas entregas. (Gustavo Mohar, Excélsior, Editorial, Nacional, p. 8)

Frentes Políticos

4 Rumores. El embajador de Estados Unidos, Ken Salazar, rechazó que su gobierno tenga negociaciones con el de Andrés Manuel López Obrador para realizar deportaciones “a gran escala” de migrantes a territorio mexicano, como reportó esta semana el diario The Washington Post. El diplomático estuvo en Villahermosa, Tabasco, donde se reunió con gobernadores del sureste, luego de lo cual ofreció una conferencia de prensa en la que dijo que el presidente Joe Biden ya desmintió que haya alguna negociación de este tipo con México. “No sé cómo salió ese artículo. No es algo que estemos promoviendo”, declaró Salazar. Así como es importante no difundir versiones no confirmadas, lo es que ya le pongan remedio al tema migración, no curitas. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 9)

México-Cuba: cooperación y soberanía

La entrega al presidente cubano Miguel Díaz-Canel de la orden del Águila Azteca fue ocasión para recordar los lazos históricos que unen a nuestras naciones y reafirmar la voluntad de profundizar la cooperación en beneficio mutuo.

Al imponer a su homólogo la máxima condecoración otorgada por México a personas extranjeras, el presidente Andrés Manuel López Obrador ratificó su honda admiración al pueblo de Cuba por su denodada resistencia al asedio con que Estados Unidos ha buscado someterlo por más de seis décadas, gesta que lo ha convertido en referente para todos los movimientos que reivindican la soberanía y la dignidad frente a los embates neocoloniales.

Por su parte, el mandatario isleño aseguró que los vínculos de Cuba con México no tienen comparación con ningún otro país; consideró que la estancia de Fidel Castro y el Che Guevara aquí hermanó nuestros procesos emancipatorios y transmitió la gratitud de su gobierno por el apoyo prestado en las difíciles circunstancias que ha atravesado la isla debido a desastres naturales, incidentes trágicos como la explosión de un depósito de combustible o el haber tenido que encarar la pandemia de covid-19 en medio del asfixiante bloqueo de Washington, una política homicida que complicó hasta lo indecible conseguir insumos tan elementales como las jeringas requeridas para vacunar a la población.

México no olvida que, en la fase más álgida de la emergencia sanitaria, La Habana envió centenares de médicos que se pusieron en la primera línea de combate al coronavirus, jugaron un papel inestimable en salvar vidas y ayudaron a mantener en pie el sistema de salud.

Esta labor heroica tuvo lugar mientras los líderes occidentales que se creen facultados para instruir al mundo en materia de derechos humanos actuaban movidos por el más descarnado egoísmo acaparando material de protección, medicamentos y vacunas, así como poniendo las ganancias de sus multinacionales por encima de la vida humana al bloquear la liberación de patentes de las inmunizaciones.

El trabajo de los galenos cubanos en nuestro país no ha concluido. Conforme menguó la pandemia, se integraron a los esfuerzos de la actual administración para llevar la atención sanitaria a las comunidades históricamente marginadas de este derecho, y hoy son un pilar en los avances rumbo a la universalización de la salud.

En este sentido, es importante recalcar que los cubanos no desplazan a profesionistas mexicanos; por el contrario, ejercen su misión en nosocomios a los que los médicos nacionales se han negado reiteradamente a acudir. Por ello, en la reunión bilateral se propuso ampliar la presencia de los galenos caribeños, en particular de los especialistas en medicina interna. De vuelta, México ofreció su apoyo para reforzar el sistema eléctrico cubano, así como para llevar a la isla el programa de reforestación y producción agrícola Sembrando Vida.

Como resaltó el canciller Marcelo Ebrard, se vive el mejor momento de la relación bilateral, acercamiento posible gracias a que nuestro país rompió con el ciclo de gobiernos neoliberales plegados a las directrices de Washington. Esta nueva etapa quedó plasmada en el ofrecimiento del presidente López Obrador de encabezar un movimiento de unidad internacional en defensa de la independencia y la soberanía de Cuba, con énfasis en el levantamiento del bloqueo inhumano con que Estados Unidos pretende imponer a los cubanos un sistema político y económico diseñado para beneficio de sus intereses geopolíticos y de sus grandes capitales. Cabe desear que dicha iniciativa prospere en beneficio de todos los cubanos que por más de medio siglo han padecido una crisis inducida por el sadismo de la superpotencia, y quienes son los únicos con el derecho a decidir en torno a la forma de gobierno de la isla. (Editorial, La Jornada, p. 2)

México y Cuba: ¿solidaridad o complicidades?

El presidente López Obrador recibió a Díaz-Canel en México por cuarta vez desde 2018, año en que asumió la presidencia de Cuba. La visita se enmarca en la edulcorada narrativa de las “naciones hermanas” y la “solidaridad entre los pueblos”. Esta vez, además, se suma la entrega de la Orden Mexicana del Águila Azteca al presidente isleño. Declaraciones de funcionarios diplomáticos destacan como objeto de la visita los convenios en materia de salud y el fortalecimiento de las relaciones entre ambas naciones. El propio presidente cubano destacó que se trata de una nueva etapa que va “más allá de los vínculos tradicionales”.

El presidente cubano llegó a México tras desatar una ola represiva que tiene hoy a más de mil cubanas y cubanos en cárceles, condenados a penas severas por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021. Dirige un país que atraviesa una grave crisis que provocó la oleada migratoria más grave de su historia. Casi 300 mil cubanos han llegado en el último año a la frontera de Estados Unidos. Encabeza un régimen que aprobó un nuevo Código Penal que aumenta los delitos castigados con pena de muerte, criminaliza el activismo social y restringe cualquier forma de expresión del descontento social. Armar un plantón, postear en Facebook críticas a los gobernantes o marchar por servicios y derechos -acciones comunes en la política popular mexicana- son hoy razón para ir a la cárcel en Cuba.

Díaz-Canel representa un régimen que viola sistemáticamente los derechos humanos, que prohíbe la oposición política y el libre ejercicio de la libertad de asociación, manifestación y prensa. ¿Por qué deberían importarnos a las y los mexicanos los constantes elogios del presidente López Obrador a ese régimen, y su insistencia en mostrarlo como modelo? ¿Por qué es relevante discutir las posturas que asimilan Gobierno-pueblo-nación y el antiimperialismo antes que la solidaridad democrática cuando se habla de Cuba? ¿Por qué un Gobierno que llega al poder por la vía democrática, luego de décadas de lucha contra el autoritarismo priista, parece fascinado por la dictadura más longeva del continente?

En los últimos cuatro años uno de los elementos más destacados de la relación entre ambos países es la atención médica. El discurso de la “solidaridad cubana” destaca el envío de médicos y vacunas desde la pequeña Isla del Caribe hacia México. Detrás se encuentra un negocio que es hoy uno de los principales rubros económicos para Cuba: la exportación de servicios médicos. Los contratos de prestación de servicio son convenios entre gobiernos, generalmente poco transparentes y con criterios financieros cuestionables. Si eso no fuera suficiente, la condición en la que laboran los médicos cubanos ha sido clasificada por las Naciones Unidas como trabajo esclavo, ante la falta de derechos de movilidad, laborales e incluso la amenaza de penas de cárcel si deciden abandonar su “misión”; junto a la prohibición de regreso a su país y la salida de este de sus familiares. Así se encuentran hoy en México más de 500 profesionales de la salud cubanos. Con conocimiento y anuencia del Gobierno mexicano.

Uno de los programas insignia de la presente administración es Sembrando Vida. Su extensión a países de Centroamérica y el Caribe ha sido ampliamente difundida por el Ejecutivo nacional. Sus reglas de operación establecen muy claramente la necesidad de las transferencias directas, sin intermediarios, a los productores. En el caso cubano, las autoridades mexicanas han aceptado adecuar el programa a las “peculiares condiciones de las provincias cubanas”, incumpliendo sus propias normas y criterios. La información disponible al respecto, como sucede con los médicos, es poco transparente y vaga.

Preocuparse por la relación con el Gobierno cubano va más allá de la preocupación por la situación de los habitantes de ese país. No se trata solamente de solidaridad democrática y para con ciudadanos extranjeros que viven en opresión. Es relevante por su impacto, práctico y normativo, en cómo se definen e implementan las políticas y el gasto público en nuestro país. La vocación legitimadora, el respaldo político y el sostén económico que hoy ofrece el Gobierno mexicano al régimen cubano es una pésima noticia, y una ofensa para las causas democráticas de los pueblos de Cuba y México. (Johanna Cilano Pelaez, abogada y politóloga cubana, miembro de la Red de Politólogas – #NoSinMujeres, Reforma, Opinión, p. 10)