¿José Francisco de la Fuente Flores pudo tener un futuro brillante si hubiera sustentado su quehacer profesional en la trayectoria que públicamente se conoce de su padre José Cándido Francisco Javier de La Fuente Linares?, ¿o el impulso que su entorno familiar quiso darle fue lo que lo llevó por terrenos en los que se delinque sabiendo que habrá impunidad.
Entiéndase: quisieron enseñarle a jugar chueco sin que nadie se entere. Él sólo aprendió a ver una cara de la moneda. No se entiende de otra forma que una y otra vez meta la pata y una y otra vez sea rescatado, ¿o será él mero instrumento de una red de corrupción más amplia en Puebla? Esta semana fue vinculado a proceso.
Basta echar un vistazo a las relaciones políticas que él y su entorno familiar tienen para darse cuenta de quienes son responsables de haberlo colocado en una dirección donde se dio vuelo cayendo en actos de corrupción que, aunque no todos ni con detalle, constan en la carpeta 214/2024-Tepeaca.
Graves esos delitos tan aparentemente suyos que el juez Francisco Javier Martínez Castillo lo vinculó por falsificación de documentos: el junior se dio vuelo expidiendo actas de nacimiento a extranjeros indocumentados sin que le importara exponer a la institución, al gobierno del estado e incluso a quien será en breve director del Instituto Nacional de Migración.
Ni a él ni a quien le confirió el cargo del que ya fue destituido les importo arrollar a quienes le ayudaron a tener un trabajo que por méritos propios nunca hubiera alcanzado. Lo suyo es actuar sabiéndose impune.
Los hechos que generaron su destitución del Registro Civil no pueden considerarse faltas pequeñas: expidió actas de nacimiento a extranjeros indocumentados. O sea: hay en México personas que nacieron en China, pero tienen un acta de nacimiento que, sin soporte alguno, afirma que nacieron en San José Chiapa, Puebla.
Hasta ahora es un misterio cuántos documentos falsos expidió. Fuentes consultadas para esta columna indican que son cientos, quizá miles. Lo que sí se sabe es que para expedir un acta de nacimiento apócrifa también debió falsificar CURP e INE. ¿Actuó solo?
Vaya, es un delito grave que aún no se ha investigado a fondo. Y si quedara alguna duda de que José Francisco de la Fuente Flores se sabía protegido basta saber que el juez le impuso como medidas cautelares una firma periódica mensual y una garantía de 5 mil pesos. Nada mal para un sospechoso de cobrar hasta 150 mil pesos por un pasaporte falso.
Al Margen
Atención: durante la 50° Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública presidida por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en Acapulco, Guerrero, los gobernadores de todo el país acordaron impulsar la creación, operación, fortalecimiento y certificación de las Unidades de Investigación del Delito. Viene algo fuerte. (Israel Velázquez G., Milenio Pueble, Online)
El acto de inauguración del Viaducto Atlixcáyotl sirvió también para que Pedro Haces Barba, empresario taurino, líder sindical y vicecoordinador de Morena en la Cámara de Diputados, le dedicara unas palabras de despedida al gobernador poblano.
Este legislador, polémico por su vida lujosa y el derroche de dinero, le echó porras a su amigo Sergio Salomón Céspedes y expresó lo que pocas personas se han atrevido a comentar en público: que el político nacido en Tepeaca se ha sacado la rifa del tigre, así, literal, con su próxima encomienda al frente del Instituto Nacional de Migración.
Luego, para bajarle a la tensión, agregó que resultará exitoso, que compondrá la migración irregular a México así como resolvió los problemas del estado de Puebla.
Dijo la verdad: el poblano se sacó la rifa del tigre. (Redacción, El Sol de Puebla, Local, p. 2)
5 Soluciones. Leonardo Lomelí Vanegas, rector de la UNAM, y Juan Ramón de la Fuente, secretario de Relaciones Exteriores, sellaron un convenio de colaboración clave para brindar apoyo integral a los migrantes mexicanos en Estados Unidos. Incluye jornadas de asesoría jurídica y psicológica, cursos y diplomados, además de proyectos de investigación sobre migración. Con un enfoque educativo, también se promoverán estancias y exposiciones temáticas. Academia y diplomacia se unen para cimentar soluciones que respeten y dignifiquen a quienes buscan mejores oportunidades más allá de las fronteras. Enhorabuena. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 13)
Que con miras a su salida del país el próximo 7 de enero, el embajador Ken Salazar resaltó que durante su gestión se avanzó en temas como la regulación de la migración, el desarrollo de Latinoamérica y el combate a las redes de crimen organizado, además de la integración comercial. Se le recordará también, empero, por sus desencuentros con Andrés Manuel López Obrador, la pausa que se le impuso y su silencio ante el secuestro de El Mayo Zambada en territorio mexicano. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Que en la primera visita de la presidenta, Claudia Sheinbaum, a Puebla, se le vio cómoda y muy cercana al aún gobernador en funciones, Sergio Céspedes, a quien reconoció por el trabajo realizado en los últimos meses. Además, resaltó que se lo llevará a la federación para trabajar a su lado, confiando en que también tenga un buen desempeño. No podría ser de otra forma, tratándose de quien atenderá los temas migratorios para mantener una buena relación bilateral con Estados Unidos. (Trascendió Puebla, Milenio Puebla, Online)
UNAM suma a favor de connacionales en EU
Relevante y oportuno, nos comentan, el acuerdo que signaron el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas y el secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, para que ambas instituciones sumen sus capacidades para realizar acciones de protección a los connacionales que se encuentran en Estados Unidos. La firma de este convenio para acometer esta acción se realizó en la sede de la Cancillería, donde el rector Lomelí reiteró el compromiso de la máxima casa de estudios para proteger a las comunidades mexicanas en el país vecino. Está más que claro que una amenaza se cierne sobre miles de paisanos, quienes, por sus circunstancias migratorias, podrían enfrentar dificultades en los próximos meses. Lo anterior por la decisión del futuro gobierno de EU, que encabezará Donald Trump, de llevar a cabo una deportación masiva de personas que cruzaron la frontera de manera irregular. “Nos sumaremos a este esfuerzo que requiere inteligencia, compromiso y capacidad diplomática, porque de esta manera estaremos a la altura de los desafíos”, ha dicho el rector. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Donald Trump no está dejando espacio para la interpretación. Hizo a un lado a Kari Lake, una fanática y extremista, para el cargo de embajadora en México, y optó por Ronald Johnson, un coronel retirado que también trabajó para la Oficina de Ciencia y Tecnología de la CIA –cuya importancia lo señala en que recibe casi dos terceras partes del presupuesto de la agencia–, y experto en operaciones especiales que fue jefe de Misión en El Salvador, donde prácticamente sometió al presidente Nayib Bukele para que endureciera sus políticas migratorias y se alineara a los designios del entonces presidente.
En México, está diciendo Trump, es el tiempo de los militares y la mano dura contra el crimen organizado. No hay espacio para la relación con los civiles, sino para alguien en quien confía el Pentágono y la CIA, dos de las dependencias del gobierno estadounidense más críticas de la política de tolerancia y entrega de territorio a los cárteles de las drogas emprendida por el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Cuando presentó el Departamento de Estado al Senado su nominación como embajador en El Salvador en 2019, resaltó su experiencia de campo en contraterrorismo, combate al narcotráfico y refugiados.
No ha habido un embajador propuesto para México con un pasado bélico, primero, y tan polémico como Johnson. El último que generó inquietud en México fue John D. Negroponte, designado embajador en 1989 tras haber pasado por Tegucigalpa, donde como jefe de la Misión en Honduras organizó a la contra antisandinista, lo que provocó una discusión en Los Pinos donde se analizó y evaluó negarle el plácet. No lo hizo el presidente Carlos Salinas, y la experiencia con Negroponte, un halcón con mano de terciopelo, no fue negativa. Johnson es otro halcón, pero su mano probadamente de hierro.
Al hacer el anuncio en X, Trump dijo que “juntos pondremos fin al crimen de los migrantes, detendremos el flujo ilegal de fentanilo y otras drogas en nuestro país, ¡HACIENDO A ESTADOS UNIDOS SEGURO OTRA VEZ!”. Johnson, que regresa a la actividad después de haberse jubilado en 2021, tiene el perfil con el que ha construido su equipo, donde el énfasis en los temas para los cuales recibió el mandato popular explica por qué hizo a un lado a Lake y se inclinó por él.
El Centro y Escuela de Guerra Especial, que se encuentra en el Fort Liberty de Carolina del Norte, una de las instituciones educativas de élite del Ejército que entrena a sus alumnos en las tres ramas de operaciones especiales, las fuerzas especiales, asuntos cívicos y operaciones psicológicas, publicó el año pasado una pequeña biografía de Johnson que se leía como hoja de servicios:
“Se enlistó en la Guardia Nacional del Ejército en 1971. Completó la Escuela de Candidatos a Oficiales en 1973 y se graduó del curso para oficiales de las Fuerzas Especiales en 1977, mientras estuvo asignado al 20º Grupo de Fuerzas Especiales Aerotransportadas. En 1984 comenzó su obligación de tiempo completo como comandante de destacamento del Tercer Batallón y del 7º Grupo de Fuerzas Especiales Aerotransportadas en Panamá… Pasó un tiempo significativo de su carrera militar en el Comando Sur y es fluente en español. Encabezó operaciones de combate en El Salvador y fue uno de los 55 consejeros militares durante la guerra civil en los 80″.
“También fue destacado en los Balcanes en los 90 como oficial sénior de un equipo integrado por elementos de la CIA, la Agencia de Seguridad Nacional y personar de la Misión Especial, para capturar a personas acusadas de crímenes de guerra. Luego de su carrera militar, hizo una segunda carrera en la CIA y participó en experiencias de combate y operativas en todo el mundo. También fue representante superior tanto para la Dirección Nacional de Inteligencia y la CIA en el Comando Sur, y enlace de Ciencia y Tecnología del Comando de Operaciones Especiales de la CIA”.
Johnson vivió varios años en Latinoamérica, aunque el país donde más se involucró fue en El Salvador. Organizaciones de derechos humanos han señalado que su protagonismo en ese país transcurrió “en uno de los periodos más oscuros” de su historia, donde lo acusan de haber apoyado la represión durante la guerra civil en los 80. En su testimonio de confirmación como embajador en El Salvador en 2019 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, presidido en ese entonces por Marco Rubio, secretario de Estado designado por Trump, dijo que para “Estados Unidos, combatir el crimen trasnacional y contener la migración ilegal son prioridades fundamentales. Están vinculadas a un lento crecimiento económico y desempleo”.
Johnson llegó a El Salvador para ampliar y profundizar la agenda de Washington, apoyada en programas para fortalecer el sistema de justicia criminal, con coordinación e intercambio de información, luchas contra las pandillas y construcción de una reforma institucional que fortaleciera el combate a criminales. Estos objetivos los ha repetido por algún tiempo el gobierno estadounidense que deben instrumentarse en México, por lo que la reforma judicial aprobada por el régimen fue tan criticada al abrir la posibilidad a que los criminales controlen a los juzgadores.
¿Por esa razón pudo haber cambiado Trump su nombramiento de Lake a Johnson? Una posible respuesta, para lo que quiere el presidente electo, se puede encontrar en un ensayo de Rubén Zamora, miembro fundador del Frente Democrático Revolucionario y negociador de la paz en El Salvador, meses después de su llegada a ese país, donde mencionó que su trabajo produjo fuertes golpes a las pandillas, pero con un costo: Bukele se convirtió en el típico “sí señor”, implementando las desastrosas políticas antimigrantes de Trump, aceptando la línea dura que imponía, sin presentar resistencia, aunque violara la ley internacional.
Zamora describió la forma como había operado Johnson durante los primeros cuatro meses de haber llegado a El Salvador, utilizando las redes sociales y difundiendo fotografías donde aparecía regularmente escoltado por Bukele y el ministro de Defensa. La política exterior salvadoreña, recordó Zamora, capituló. Johnson, para efectos prácticos, se convirtió en un procónsul. Que sirva esto en México, como un comportamiento que no debemos permitir. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 33)
El regreso de Donald Trump a la política estadounidense está marcado por una retórica migratoria cada vez más extrema. Promesas como la “mayor deportación en la historia”, la eliminación de la ciudadanía por nacimiento y la designación de cárteles mexicanos como terroristas parecen diseñadas para consolidar su base electoral. Sin embargo, estas declaraciones no solo reflejan su estilo populista, sino una estrategia más calculada: usar el discurso extremo como herramienta de presión para forzar negociaciones favorables. México, al responder anticipadamente a estas amenazas, parece aceptar tácitamente su falta de preparación estructural para enfrentar una crisis migratoria de esta magnitud.
México reacciona, pero ¿está preparado?
Ante las promesas de Trump, el gobierno mexicano ha tomado medidas preventivas. La presidenta Claudia Sheinbaum ha anunciado su intención de negociar con la próxima administración estadounidense para que los deportados no mexicanos sean enviados directamente a sus países de origen, evitando una acumulación de retornados en territorio mexicano. Además, se han iniciado reuniones con gobernadores fronterizos y se han reforzado los consulados en Estados Unidos.
Sin embargo, estas acciones revelan más una reacción inmediata que una preparación real. México carece de una estrategia integral que le permita gestionar flujos masivos de retornados y migrantes en tránsito. La ausencia de una ley de retorno asistido, la dependencia de acuerdos bilaterales y la falta de infraestructura suficiente para atender a los migrantes deportados son síntomas de un problema estructural más amplio.
El discurso como herramienta de presión
Trump no necesita ejecutar cada una de sus promesas para obtener resultados. Su retórica extrema ya está impulsando a México a actuar. El temor a una crisis migratoria ha llevado al gobierno mexicano a reorganizar recursos y buscar acuerdos, incluso antes de que Trump asuma la presidencia. Este patrón refuerza su posición negociadora: la amenaza, más que la acción concreta, se convierte en su principal herramienta de poder.
Esto no es nuevo. Durante su primer mandato, Trump utilizó aranceles y amenazas de sanciones comerciales para presionar a México en temas como la contención migratoria. Los resultados fueron claros: México desplegó la Guardia Nacional en sus fronteras y endureció su política migratoria para evitar represalias económicas. En esta ocasión, la amenaza de deportaciones masivas y la designación de cárteles como terroristas parecen dirigidas a obtener concesiones similares.
La aceptación implícita de la vulnerabilidad
La reacción inmediata de México también refleja una aceptación implícita de su vulnerabilidad. La falta de preparación estructural para manejar retornados masivos y la dependencia de medidas de contención subrayan un problema profundo: el país no está listo para enfrentar las implicaciones de un cambio radical en la política migratoria estadounidense.
A pesar de ser un actor clave en la dinámica migratoria regional, México ha fallado en construir un sistema robusto que transforme la migración en una oportunidad económica y social. En lugar de gestionar la migración desde una posición de fortaleza, el país sigue respondiendo a presiones externas, perpetuando un ciclo de dependencia y reactividad.
Una estrategia arriesgada
Si bien el discurso extremo de Trump parece diseñado para negociar desde una posición de ventaja, no está exento de riesgos. Escalar la tensión con México, ya sea mediante sanciones comerciales o incursiones militares justificadas por la designación de cárteles como terroristas, podría fracturar la relación bilateral en un momento crítico para ambos países. Con un comercio bilateral que alcanzó 798 mil millones de dólares en 2023, la estabilidad de esta relación es esencial para ambas economías.
Antes del fin
El discurso extremo de Trump no es solo populismo; es una estrategia calculada para forzar negociaciones desde una posición de ventaja. En este escenario, México reacciona, pero no lidera. La falta de preparación estructural del país para manejar flujos migratorios masivos no solo lo deja vulnerable, sino que refuerza el poder de la retórica como herramienta de presión.
Más allá de responder a las amenazas externas, México debe asumir su papel como un actor clave en la región y construir una política migratoria que lo posicione desde la fortaleza, no desde la reactividad. Solo así podrá transformar el desafío migratorio en una oportunidad y salir del ciclo de dependencia que tanto lo debilita. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 31)
La reciente nominación de Ronald Johnson como futuro embajador de Estados Unidos en México por parte de Donald Trump marca un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales entre ambos países. Johnson, quien se desempeñó como embajador en El Salvador durante la administración anterior de Trump, es un veterano con más de 20 años en la CIA y una carrera militar destacada. Su designación, anunciada en un momento en que las tensiones migratorias y el tráfico de drogas son temas candentes, sugiere un enfoque más agresivo y directo hacia los desafíos que enfrenta México.
Trump ha dejado claro que Johnson trabajará codo a codo con Marco Rubio, su nominado para el cargo de secretario de Estado, para abordar cuestiones críticas como el tráfico de fentanilo y la migración ilegal. En sus propias palabras, Trump afirmó que juntos “pondremos fin al crimen de migrantes” y “haremos que Estados Unidos esté seguro de nuevo”. Esta retórica no sólo resuena con su base política, sino que también establece un tono firme para la cooperación futura entre Washington y Ciudad de México.
Para el gobierno de Claudia Sheinbaum, esta designación podría ser interpretada como una advertencia. La mandataria ha enfrentado desafíos significativos en materia de seguridad y de división de Poderes, y la llegada de un embajador con un perfil tan militarizado y centrado en la seguridad podría complicar más las dinámicas diplomáticas de la relación bilateral. Johnson llega con la misión explícita de reducir la violencia generada por el tráfico de drogas, así como controlar la migración, lo que podría traducirse en presiones adicionales sobre el gobierno mexicano para cumplir con las expectativas estadunidenses.
La relación bilateral ha sido tensa durante los últimos años por los temas relacionados con la seguridad y el narcotráfico. La estrategia de abrazos, no balazos del gobierno mexicano ha sido criticada por no ser lo suficientemente efectiva ante la creciente violencia. Ahora, con un embajador que tiene un historial de mano dura en El Salvador, es probable que se intensifiquen las exigencias hacia México para adoptar medidas mucho más contundentes.
Además, el hecho de que tanto Johnson como Rubio provengan de un entorno político donde se prioriza la seguridad nacional sobre otros temas sugiere que podríamos estar ante una era donde las consideraciones humanitarias queden relegadas a un segundo plano. Esto podría afectar no sólo a los migrantes que buscan refugio en Estados Unidos, sino también a las políticas internas mexicanas que han intentado abordar las causas raíz del fenómeno migratorio.
La nominación aún debe ser ratificada por el Senado estadunidense, controlado por una mayoría republicana, lo que significa que es absolutamente probable que esta designación avance sin mayores obstáculos. Esto plantea interrogantes sobre cómo responderá el gobierno mexicano a este nuevo enfoque. Sheinbaum tendrá que navegar cuidadosamente entre cumplir con las demandas estadunidenses y mantener la autonomía en sus políticas internas.
En resumen, la llegada de Ronald Johnson como embajador representa más que un simple cambio diplomático; es un mensaje e indicativo del rumbo que tomará la política exterior estadunidense hacia México bajo la administración Trump. Con un enfoque centrado en la seguridad y una clara intención de controlar la migración y el narcotráfico, esta nueva era podría redefinir las relaciones entre ambos países y poner a prueba la capacidad del gobierno mexicano para responder a estas presiones sin comprometer su soberanía. La relación bilateral está a punto de entrar en aguas turbulentas, y será crucial observar cómo se desarrollan estos acontecimientos en los próximos meses, sin poner en riesgo la extraordinaria sociedad comercial entre nuestros países. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
Las siempre complicadas relaciones entre Estados Unidos y México serán probablemente más enrevesadas en los próximos años, entre un gobierno estadounidense que parece encontrar en el exterior la raíz de los problemas de su país y un régimen mexicano que trata de navegar una plétora de desafíos internos con impacto en su vecino.
El virtual presidente electo Donald Trump basó buena parte de su campaña electoral en los problemas significados por la migración, una frontera insegura, tráfico de drogas –en especial fentanilo–, los déficits comerciales estadounidenses y la competencia de productos chinos.
Y si a eso se añaden preocupaciones institucionales e ideológicas sobre la penetración comercial de la República Popular China y las actividades políticas de la Federación Rusa en la región, se tienen los componentes para complicaciones entre dos vecinos que, sin embargo, se necesitan.
La señal más reciente bien puede ser el anunciado nombramiento de Ron Johnson como próximo embajador de Estados Unidos en México, que provocó lo mismo suspiros de alivio que expresiones de preocupación.
El suspiro de alivio ocurrió después de las expresiones de alarma creadas por versiones de que el cargo sería ocupado por Kari Lake, la derrotada aspirante republicana a senador por Arizona y conocida como una activista de derecha y del nacionalismo extremo de Trump.
La preocupación emana del historial de Johnson, un militar retirado que trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA), donde fue asesor del Comando de Operaciones Especiales y tiene un grado de Maestría en Inteligencia Estratégica. Se le considera como conocedor de América Latina y fue el embajador del primer gobierno Trump (2016-2020) en El Salvador.
Johnson complementa un equipo que según algunos dará más atención que nunca a Latinoamérica en general y México en particular: el Secretario de Estado designado, Marco Rubio, es un cubano-estadounidense aún senador por Florida y ferviente enemigo de los regímenes de Cuba, Nicaragua y Venezuela, con los que México tiene buenas relaciones.
El subsecretario de Estado designado para la región, Chris Landau, fue embajador en México durante el gobierno Trump y viajó extensamente por el país.
Sería viable, pues, esperar a que la relación bilateral se convierta en un constante forcejeo político donde el gobierno Trump buscará presionar al régimen de Claudia Sheinbaum con la “espada de Damocles” de demandas comerciales o cuestiones de seguridad y narcotráfico.
Hay un ángulo positivo en la designación: no hay lugar para engaños o ilusiones; así como el historial del aún embajador Ken Salazar, es el de un político, el de Johnson es de un militar y un agente de inteligencia; así como Salazar mantuvo acallados sus desacuerdos, pero al final no vaciló en chocar con el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, Johnson llegará probablemente preparado para el choque público. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
China sería el principal ganador.
El fin del T-MEC no es remoto ni se encuentra a salvo de un desgarramiento significativo, dado que México y Estados Unidos tienen presidentes iliberales, proteccionistas y nacionalistas.
A diferencia del patriota –que es aquel que quiere a su país–, el nacionalista tiende a odiar a los otros países.
La hostilidad hacia México es patente en Donald Trump, que se manifiesta en sus agresivas expresiones hacia los mexicanos (y canadienses), y en la presidenta Sheinbaum hay una biografía antiyanqui y militancia comunista.
Trump quiere deportar a millones de mexicanos que están ilegales en Estados Unidos, contribuyan o no a la prosperidad de su país, y ha anunciado la imposición de aranceles draconianos a las importaciones de productos hechos en México.
Lo primero tiene derecho a hacerlo, aunque sería un gesto de suma hostilidad hacia México, pero lo segundo es violatorio del acuerdo comercial que será revisado en poco más de un año.
Sheinbaum, cuando arrancó su mandato como jefa de Gobierno de la Ciudad de México, ofreció transportación gratuita a los indocumentados centroamericanos para llevarlos a la frontera norte y que cruzaran a Estados Unidos.
Ahora como presidenta desapareció organismos reguladores de la competencia económica, autónomos del gobierno, que daban certeza a los inversionistas extranjeros.
Lo de los autobuses a la frontera podía hacerlo sin violar ningún tratado, pues era sólo una invitación al pleito al mandatario del país vecino. Pero la eliminación de los órganos reguladores viola acuerdos del tratado comercial.
Así es que la posibilidad de que el T-MEC se rompa o debilite en la revisión de 2026, de ninguna manera es remota.
Con el auxilio de inteligencia artificial (IA) indagué acerca de las consecuencias geopolíticas que traería la ruptura del tratado, y el resultado es que el gran ganador del quiebre de la alianza comercial de América del Norte sería el país que Sheinbaum y Trump señalan como el adversario: China.
Dejo la palabra a nuestro Delfos del siglo XXI:
La ruptura del tratado tendría consecuencias geopolíticas profundas, debilitando la integración regional de América del Norte, reduciendo su competitividad global y creando un vacío que otras potencias, como China y la Unión Europea, estarían dispuestas a ocupar.
A largo plazo, este escenario podría fragmentar alianzas estratégicas y comprometer la estabilidad política y económica de la región.
Mayor desconfianza entre los socios:
La ruptura podría generar tensiones diplomáticas entre los países, afectando no sólo el comercio, sino también la cooperación en temas clave como migración, seguridad y combate al crimen organizado.
Fragmentación regional:
El fin del tratado debilitaría la integración económica de América del Norte, dificultando la cooperación en asuntos energéticos, ambientales y estratégicos.
La integración económica bajo el TLCAN posicionaba a América del Norte como una de las regiones más competitivas y cohesionadas del mundo. Su disolución reduciría esta ventaja estratégica, abriendo espacio para que otras regiones (como Asia y Europa) aumenten su influencia en el comercio global.
Los países miembros podrían buscar nuevas alianzas comerciales fuera de la región, debilitando su capacidad de actuar como un bloque en foros internacionales como la OMC o el G-20.
La salida de Estados Unidos del acuerdo incentivaría a México y Canadá a profundizar relaciones comerciales y estratégicas con China, aumentando su influencia en la región.
Erosión del liderazgo estadounidense:
La ruptura del TLCAN podría ser vista como un debilitamiento del compromiso de Estados Unidos con sus aliados y su capacidad de liderar acuerdos multilaterales, fortaleciendo la narrativa de China como socio confiable.
Diversificación de mercados por México y Canadá:
México buscaría fortalecer relaciones con bloques como la Unión Europea, Mercosur y Asia-Pacífico (CPTPP). Esto podría reducir la dependencia de ambos países respecto a Estados Unidos.
Aumento de acuerdos bilaterales:
En ausencia de un tratado regional, los tres países podrían negociar acuerdos bilaterales con diferentes términos y condiciones, debilitando la cohesión económica de la región.
Debilitamiento de la cooperación en seguridad:
Sin la cohesión económica como base, la cooperación en temas de seguridad (como el narcotráfico y la migración) podría verse afectada, especialmente entre México y Estados Unidos.
Incremento de tensiones migratorias:
La ruptura podría agravar problemas económicos en México, aumentando la presión migratoria hacia Estados Unidos y complicando las relaciones bilaterales.
Países de Europa y Asia podrían aprovechar la falta de cohesión en América del Norte para ganar acceso a mercados estratégicos como México y Canadá, reduciendo la influencia comercial de Estados Unidos en la región.
En Estados Unidos:
La ruptura podría polarizar aún más la política interna, con sectores criticando la pérdida de empleos y competitividad derivados del fin del acuerdo.
En México y Canadá:
Un distanciamiento económico de Estados Unidos podría fortalecer discursos políticos que favorezcan mayor autonomía económica y menor dependencia del vecino del norte.
Hasta ahí el análisis obtenido mediante IA acerca de las consecuencias geopolíticas de la ruptura o debilitamiento importante del T-MEC.
El ganador en el tablero es China, que se afianzaría como socio comercial y, más aún, como aliado confiable.
También en México habría ganadores políticos con la ruptura, y es lo que veremos mañana. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)
¿Qué mensaje es el que mandó el futuro presidente Donald Trump al nominar a Ronald Johnson como próximo embajador de Estados Unidos en México?
No hay que ser experto en relaciones internacionales para entender que la prioridad de la relación de Estados Unidos con nuestro país será el tema de la inseguridad y la migración.
Así lo dijo expresamente:
“Felicitaciones, Ron! Juntos, pondremos fin a los delitos cometidos por migrantes, detendremos el flujo ilegal de fentanilo y otras drogas peligrosas hacia nuestro país y ¡VOLVEREMOS A HACER QUE ESTADOS UNIDOS SEA SEGURO!“.
No habíamos tenido hasta ahora un embajador con la formación de Johnson en materia militar y de inteligencia. Y es significativo el reconocimiento de Trump a su paso por la embajada de El Salvador durante el gobierno de Bukele, caracterizado por sus radicales políticas para contener la inseguridad.
Es la única experiencia diplomática de Johnson, en contraste con su trayectoria de décadas en el ejército y la CIA.
El perfil del futuro embajador es muy diferente al de los cinco personajes que lo antecedieron.
Veamos.
Ken Salazar, el actual representante de Estados Unidos, fue Fiscal General de Colorado de 1999 a 2005. Luego fue senador y formó parte del gabinete de Barack Obama.
El perfil de Salazar, aunque con formación judicial, se orientó mucho más hacia las relaciones políticas y económicas.
El antecesor de Salazar fue Christopher Landau, nominado por Trump durante su primer mandato, quien ahora ocupará una subsecretaría en el Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio.
Landau se hizo célebre por su frecuente presencia en redes sociales en sus recorridos por el país. Su trayectoria previa fue, sobre todo, en el medio jurídico, pues trabajó con los jueces Scalia y Thomas, en la Suprema Corte de Justicia, y luego realizó práctica privada en Quinn Emanuel Urquhart & Sullivan, uno de los despachos más connotados de Estados Unidos.
Su paso por México es recordado de manera muy favorable.
Previamente, la embajada fue ocupada por Roberta Jacobson, quien ha sido hasta ahora la única embajadora de EU en nuestro país.
Jacobson trabajó en la administración de Barak Obama en diversas funciones, y llegó a ser la secretaria adjunta del Departamento de Estado para el hemisferio occidental. Tenía una visión liberal y un muy detallado conocimiento de México, aunque su paso por la embajada fue muy breve.
Yendo hacia atrás, uno de los personajes con más vasta formación diplomática que ocupó la embajada de EU fue Anthony Wayne, entre 2011 y 2015.
Antes de llegar a México fue embajador adjunto nada menos que en Afganistán. También fue embajador en Argentina y secretario adjunto del Departamento de Estado para temas económicos y empresariales.
El último nombre de esta breve revisión es el de Carlos Pascual, quien tuvo a su cargo la embajada entre 2009 y 2011. Su formación y trayectoria académica eran muy sólidas, y fue vicepresidente de la Brookings Institution, donde dirigió el Programa de Política Exterior.
Pascual dejó la embajada debido a las consecuencias de las filtraciones de WikiLeaks, lo que generó mala relación con el entonces presidente Calderón.
Como usted puede ver, en todo este lapso tuvimos embajadores con diversos perfiles, pero ninguno de formación militar y con una orientación tan expresa a los temas de seguridad.
Trump tendrá ojos muy bien entrenados para ver los temas de la seguridad en México, independientemente de las cifras oficiales que presente el gobierno.
Y, seguramente, Johnson va a construir redes para tener información de primera mano respecto a las estrategias del gobierno mexicano y sus resultados.
No hay que ser experto para saber que la relación con EU será otra y va a dar dolores de cabeza. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos)
Un día sin migrantes
Se convoca al foro migrante mañana en Morelia, Michoacán, donde se afinarán detalles de la jornada #UndíasinMigrantes del 18 de este mes en Canadá: no laborar, no ir a escuelas, no consumir. Haremos sentir la fuerza económica de los paisanos ante las medidas antimigratorias del primer ministro Justin Trudeau. (Raúl Gatica (Dignidad Migrante, Vancouver), Carlos Arango (Frente Migrante, Chicago), Habacuc López (Club Mexiquense Tonatico-Waukigan Illinois), La Jornada, Editorial, p. 2)
Creo que ya todos nos conocemos las directas e indirectas que nos lanza la amenaza naranja en materia de comercio; que si Canadá es el estado 51 de la Unión Americana y México el número 52, que si los aranceles, etcétera, etcétera. El intercambio en la materia se ve influido, si no es que supeditado, a lograr mejorar o no la situación del trasiego de drogas hacia su país, el contener o no flujo migratorio, así como la violencia en la frontera.
¿No convendría que ellos, pero también nuestro país, comenzaran a separar la gimnasia de la magnesia? Después de todo, imponer aranceles al comercio exterior no detendrá la violencia, la migración y tampoco el tráfico de estupefacientes. Si acaso, los incrementará.
Si se lograra la diferenciación de rubros se podría trabajar con expectativas más claras y sin sufrir las amenazas cada determinado número de años y con cada cambio de administración que afectan los aspectos económicamente productivos de la relación. La idea no es nueva, durante muchos años se ha dicho que hace falta un tratado de América del Norte en materia de seguridad, pero ahora sería el momento propicio para realizarlo.
Que nadie se espante ni grite ¡traidora!, pues esta semana el propio Senado de México aprobó dos dictámenes que autorizan tanto el ingreso del ejército de los Estados Unidos a nuestro país, como la salida de integrantes del ejército mexicano con fines de adiestramiento. Que sea el intercambio de soldados entre países ‘los pininos’ de esto que digo.
Este tratado en materia de seguridad con los Estados Unidos permitiría separar de una buena vez los asuntos comerciales de los de seguridad; además de lograr que los actores políticos (empezando por Trump) no utilicen la palabra “aranceles” y otras por el estilo para avanzar en otras cuestiones. Es decir, si ha quedado claro la necesidad de distinguir asuntos a nivel nacional, ¿por qué no también en el ámbito internacional?
Así que pensemos fuera de la caja, pero de en serio. ¿Por qué no distinguir los aspectos de política exterior relacionados con el comercio, de los relativos a la seguridad internacional? ¿Por qué no tener, debajo del embajador de México en Estados Unidos a dos o tres funcionarios mexicanos dedicados específicamente a comercio —dependiendo de Ebrard— , a migración —dependiendo de Rosa Icela Rodríguez— y a seguridad —coordinando con Omar García Harfuch—? Por cierto, ¿ya pensó Claudia Sheinbaum quién debe ser el nuevo embajador de México ante la Unión Americana?
Veamos: se entiende así, dados los múltiples problemas y frentes que significa la inseguridad en nuestro país, que la Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública tuviera lugar en Acapulco, Guerrero. Tanto Sheinbaum como García Harfuch dijeron a los gobernadores que la inseguridad también es un problema de ellos y que se debe trabajar en equipo. Si este tipo de “tratado” fue impulsado para la Federación ¿por qué no lograr algo de características similares con Estados Unidos?
Tal vez sea una propuesta que deba encabezar la presidentA (con la coordinación del secretario de Seguridad federal) no solo para presentársela a Donald Trump e impulsarla, sino también para que al ser exitosa se convierta en uno de los mayores logros de ella llevando a esta región del orbe a disminuir la inseguridad. Sería incluso más ambicioso y comprensivo a lo que el todavía sombrerudo embajador Ken Salazar dijo: “si yo fuera Donald Trump haría un pacto de seguridad con México; para mejorar la misma”.
Respetuosamente sugiero rescatar lo que tantas veces planteó Alejandro Hope (QEPD) sobre el tema.
El gobierno mexicano está en el momento preciso para decidirse a construirlo ahora que se sabe que el próximo embajador estadounidense en nuestro territorio será el militar retirado, ex miembro de la CIA y ex embajador para El Salvador, Ronald Johnson, lo cual imprime un cariz de urgencia al tema de seguridad entre nuestras naciones. Él es un experto en el tema de seguridad, y con un impresionante CV, quien le sugirió la idea a Bukele del cambio de actitud con los presos y las cárceles, y quien seguramente entendería la propuesta de un tratado específico en el ámbito de su particular competencia.
Quizá, más que preocuparse en defender la soberanía nacional de las acciones y posicionamientos de un embajador estadounidense u otro, la presidenta Sheinbaum deba agarrar el toro por los cuernos y asestar el primer golpe al plantear el esquema y los objetivos fundamentales que, sin violentar nuestra autodeterminación, a México convengan de parte de los gringos para el mencionado tratado. Aprovecharse de la combinación entre Ron Douglas Johnson, próximo embajador, y el secretario de Estado, Marco Rubio, pues ellos serían los primeros en sumarse a un diseño regional donde el esquema sea ganar-ganar para ambas naciones. (Verónica Malo Guzmán, El Heraldo de México, País, p. 8)
La meteórica carrera política de Pablo Lemus, ex presidente municipal de Zapopan, Jalisco, municipio conurbado de la capital del estado Guadalajara, cargos en los que se esforzó siempre por mantener cercanía con sus gobernados, lo que le valió la popularidad necesaria para llegar a gobernador.
El primer reto de Lemus fue transitar entre su antecesor Enrique Alfaro y el líder del partido Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, y ahora mantenerse en una posición digna frente a la titular del poder Ejecutivo de otro partido.
Lemus es un hombre de talento agudo y difícil de conseguir entrevistas; se mantiene distante con algunos medios de comunicación y su equipo de prensa tiene un estilo peculiar de manejar a los medios.
No es casualidad que le tocó reunirse con la presidenta -ella pide que le digan presidenta, lo señalamos para evitar acusaciones de ignorancia gramatical- de México en un evento de seguridad. Lemus debe tomar en García Harfuch una destacada familia de Jalisco, obvio que no tiene intenciones de gobernar Jalisco pues antes se le atravesará la oportunidad de ser candidato presidencial. Lemus lo sabe y tiene la oportunidad de fortalecer su relación con el super-secretario de Seguridad pues es un tema que preocupa a todos los mexicanos y a los jaliscienses más.
El presupuesto y el tema de educación junto con el ancestral problema de la emigración de los jaliscienses a Estados Unidos, es un tema que no se ha resuelto en el mundo.
Algo que no escuchó su antecesor es que todo gobernante debe tener presente hacerlo desde su primer día de gobierno. Que el más difícil el año de gobierno es el séptimo año, cuando dejan de gobernar. Cuando se pasan a formar parte del “sector privado” y ese es cuando están privados de ayudantes, privados de choferes, privados de poder, privados de viáticos, privados de todo.
Lemus llega en una etapa difícil para México y para Jalisco. Por su propia naturaleza es un objetivo de Morena extender su poder sobre el que fuera durante muchos años el segundo estado más importante de México. Hay que recordar la historia y los tiempos en que al único informe al que asistía el presidente de México era al del gobernador del estado de Jalisco, tradición que se rompió en el gobierno de Díaz Ordaz, que asistió al informe del entonces gobernador de San Luis Potosí, Antonio Rocha Cordero.
Lemus debe asistir a foros internacionales (ya debiera haber trabajado su equipo para que asistiera al Foro de Davos) y preparar un fuerte equipo de trabajo para defender la postura de Jalisco en los próximos encuentros con los negociadores del Tratado de comercio México, Estados Unidos y Canadá. Sería un apoyo tan necesario para Claudia Sheinbaum en este momento si Lemus se rodea de expertos y se concentra en temas internacionales lo que hará crecer sustancialmente en su prestigio internacional. (Eduardo Sadot, El Heraldo de México, Editorial, p. 17)

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 30)
Oleada migratoria

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 46)

(Galindo, El Universal, Opinión, p. A23)