Por más que en el Departamento de Seguridad de Estados Unidos nieguen que habrá deportaciones masivas a México, como lo reveló The Washington Post, eso recuerda las declaraciones de la exembajadora de nuestro país, Martha Bárcena, de que el canciller Marcelo Ebrard nunca le informó la aceptación unilateral del programa “Quédate en México” para recibir a miles de migrantes.
Aquella información del influyente diario motivó que el embajador estadounidense, Ken Salazar, convocara a una conferencia de prensa para también desmentirla, con lo que modificó su estilo, que era acudir apresuradamente a Palacio Nacional, del que se convirtió en asiduo visitante y no revelar si se había reunido con el Ejecutivo Federal. (Pulso Político / La Razón, México, p. 7)
El presidente López Obrador concedió este 11 de febrero el Águila Azteca al gobernante cubano, Miguel Díaz-Canel. No es la primera vez que se entrega la máxima condecoración del Estado mexicano a un dictador. En 1954 Adolfo Ruiz Cortines la invistió en el sanguinario Rafael Trujillo de la República Dominicana. En 1975 Luis Echeverría condecoró al sha de Irán, Mohammad Reza Pahleví. Miguel de la Madrid la confirió el 1o. de noviembre de 1988 a Fidel Castro, quien un mes después pagó el favor al acudir a la inauguración de Carlos Salinas de Gortari, para dar legitimidad a su elección ante la izquierda.
La Orden Mexicana del Águila Azteca se concede por servicios prominentes a la nación mexicana o a la humanidad. En el caso de Díaz-Canel, su “servicio a la nación” ha sido mandar a México médicos cuyos sueldos se pagan al gobierno cubano, no a los facultativos, y vendernos vacunas sin certificación internacional a un precio no divulgado. Los “servicios a la humanidad” son preservar una dictadura iniciada hace 64 años.
Las autoridades cubanas presumen un país exitoso. Reportan un producto interno bruto per cápita de 9,499.6 dólares en 2020, apenas debajo de los 10,045.7 de México en 2021. Calculan, sin embargo, la cifra en dólares a un tipo de cambio oficial muy lejano del verdadero, con lo cual la multiplican artificialmente. Cuba es el único país de América que no publica índices de pobreza o desigualdad. En un informe a la Cepal en 2019, el gobierno afirmó que solo 6.8 por ciento de su población vivía en “precariedad”, pero rechazó el criterio internacional que fija la pobreza extrema en un ingreso de 1.90 dólares al día con el argumento de que su país tiene salud, educación, cultura y deportes gratuitos.
Cientos de miles tratan de huir del paraíso. Entre octubre de 2021 y septiembre de 2022 un total de 224,607 cubanos, 2 por ciento de la población, fueron detenidos tratando de ingresar ilegalmente a Estados Unidos, contra 39,303 del mismo período anterior (cbp.gov). No es culpa del embargo comercial de un solo país, sino de la dictadura cubana, a cuyo tirano AMLO rindió homenaje con el Águila Azteca. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p.10)
Es en mucho un problema político para el presidente Joe Biden y, sin duda, una cuestión electoral para los republicanos, que magnifican los problemas de inseguridad fronteriza, simbolizados por la inmigración y el tráfico de drogas para presentarse como “salvadores” y proponer soluciones que sólo exacerban problemas.
La situación es más complicada que lo que el presidente Andrés Manuel López Obrador y su gabinete de cocina parecen considerar, toda vez que si bien los demócratas no tienen interés alguno en una mala relación con México, tienen reservas respecto a sus vínculos con un régimen que por razones de imagen política trata de mantenerlos a distancia incluso a pesar de posibles beneficios económicos para el país.
Los republicanos esperan explotar los temas de migración, drogas y seguridad fronteriza en las campañas electorales de 2024, cuando habrá elecciones para Presidente y Congreso. Y los usarán tanto para excitar a sus votantes como para atacar a Biden y a los demócratas por su “debilidad” en lidiar con las amenazas para EU.
La situación es acompañada por lo que el general (retirado) David Petraeus, exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), definió como “erosión de la confianza, la coordinación y la cooperación entre el gobierno mexicano y nuestras organizaciones estadounidenses”.
Esa pérdida de confianza ocurrió, dijo Petraeus al Comité Selecto de Inteligencia de la Cámara baja, por una serie de factores emanados de México, incluso posturas del mandatario mexicano.
En ese sentido, el incremento de vínculos con el gobierno cubano es de poca ayuda en la relación con Estados Unidos.
Los republicanos parecen cada vez más empeñados en presentar la situación de México como un peligro para la seguridad nacional estadounidense, en especial por la actuación de los cárteles, a los que califican como posible factor de desestabilización contra un socio económico importante para Estados Unidos.
Para el diputado Dan Crenshaw, republicano de Texas y miembro del Comité Selecto, “los cárteles están en guerra con nosotros: envenenan a más de 80 mil estadounidenses con fentanilo cada año, crean una crisis en nuestra frontera y convierten a México en un narcoestado fallido”.
El aparato de seguridad nacional de EU considera a los cárteles mexicanos como imperios criminales que deben ser combatidos. Ya hay propuestas que permitirían el uso de fuerzas militares o paramilitares estadounidenses para combatir a los carteles. No es algo nuevo: como Presidente, Donald Trump “ofreció” ayuda para abatir a narcotraficantes y según algunos de sus excolaboradores se planteó incluso la posibilidad de bombardear supuestos centros del narcotráfico.
Si se agrega que el renovado acercamiento a Cuba pone al gobierno mexicano en medio del ya viejo choque entre el actual régimen de La Habana y sus adversarios cubano-estadounidenses, la situación se torna tanto más complicada. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. X)
El régimen de Nicaragua deportó a Estados Unidos, el jueves 9 de febrero a 222 presos políticos, algunos de ellos en prisión desde el 2018, otros desde hace 20 meses y 5 de ellos en prisión domiciliaria. Otros aún en cárceles en Nicaragua, incluyendo a un obispo católico que por negarse a ser desterrado fue condenado a 26 años de prisión y trasladado a una cárcel común. Estos tuvieron suerte, más de 300 no tuvieron esta suerte, porque han sido asesinados. Las autoridades tanto de EU como de Nicaragua, dijeron que fue un acto unilateral del dictador nicaragüense, “que se lleven a sus mercenarios” dijo en cadena televisiva. De esto y más tuve oportunidad de conversar con uno de ellos, a dos días de su llegada a Washington, DC.
El mismo día que los desterraron les cancelaron su nacionalidad, inclusive se ordenó que se eliminaran sus actas de nacimiento de los registros públicos del país. Entre los desterrados hay adultos mayores, estudiantes y campesinos, todos ahora en condición de apátridas. De esto tengo experiencia personal, habiendo sido apátrida desde mi nacimiento hasta mis 31 años por ser hijo de sobrevivientes del holocausto.
A pocas horas de su arribo a EU el gobierno español les ofreció la nacionalidad. El gobierno de México guarda silencio. Esto es incoherente, AMLO en repetidas ocasiones ha hablado sobre sus valores humanistas y su defensa por los derechos humanos. ¿Por qué no hay la mínima expresión de solidaridad? Otra fue la historia con la salida del presidente Pedro Castillo de Perú, que en repetidas ocasiones denunció y ofreció asilo a toda su familia. ¿Será que aún después de múltiples reportes y denuncias de los crímenes de lesa humanidad del gobierno sandinista en Nicaragua y de los desterrados como prisioneros de conciencia, a López Obrador le queda duda?
Paradójicamente, mientras los presos aún procesan las torturas de las que fueron víctimas (y de las que hay pruebas) AMLO recibe en México, con grandes honores, a un funcionario de la dictadura cubana. Otro país con un sistema de partido único, con una larga historia de violaciones de derechos humanos, donde no hay medios de comunicación independientes, no hay partidos políticos, ni la más mínima disidencia. Organismos de derechos humanos denuncian más de mil presos políticos en Cuba, sobre todo después de las protestas por hambre y censura en diciembre pasado. A este señor, AMLO lo recibió, en nombre de todos los mexicanos, con una condecoración del Águila Azteca. Vaya valores humanistas.
El destierro de los presos políticos nicaragüenses, es el destierro más grande en la historia política de América Latina. AMLO y todo el resto de los miembros de su gabinete, callan. ¿A qué se debe ese silencio? ¿Qué pasa con el resto de políticos mexicanos que no se solidarizan ante una situación de represión y abuso tan escandaloso? Más de medio millón de nicaragüenses han migrado desde el año 2018. El incremento de la migración a Estados Unidos ha sido superior al 200 por ciento, muchos de ellos pasando por México. Hasta por razones prácticas, económicas y de seguridad es del interés de todos que la situación nicaragüense se resuelva. ¿Esperamos a que sean más de 6 millones de desplazados como en Venezuela para hablar? También sobre Venezuela, AMLO calla.
En noviembre del año pasado, cuando el presidente chileno de izquierda Gabriel Boric, ante el senado mexicano, abogó por los presos políticos nicaragüenses, AMLO guardó silencio. ¿Por el principio de no injerencia? ¿Y no es entonces injerencismo opinar sobre cuáles deben o no ser las políticas migratorias de Estados Unidos? ¿Será esto un llamado acomodaticio a este principio para justificar su silencio? Todo lo anterior ya está generando ruido en ciertos sectores en Washington. Como decimos en México, ¡Aguas! (Jacques Rogozinski, El Financiero, Economía, p. 11)
La Nicaragua que luchó por su liberación de la dictadura de la dinastía de los Somoza aún no encuentra la paz. El sandinismo abrió una ventana para la emancipación de su pueblo; sin embargo, solo ha habido desilusión, desesperanza, opresión y persecución por parte del régimen de Daniel Ortega, uno de los ex guerrilleros más prominentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional.
Este país de 6 millones 500 mil habitantes ha sido noticia porque 222 presas y presos políticos nicaragüenses fueron trasladados de las cárceles, hacia Estados Unidos. No sabían a dónde les llevarían cuando les subieron a autobuses y luego a un avión. La incertidumbre termina hasta que aterrizaron en Washington. Sin mayor información, es evidente que fue una negociación de alto nivel, no podría ese avión llegar a Estados Unidos si no fuese así.
Daniel Ortega ha sido señalado por haber constituido una policía paramilitar, de violentar los derechos humanos, de perpetrar la tortura, ejecuciones extrajudiciales y la desaparición forzada de personas.
Todo comenzó con la censura y persecución a los medios de comunicación, de inferir difamaciones contra quienes le criticaron. Después siguió con la prohibición de asociación y de reunión. La institución electoral está totalmente al servicio del gobierno de este tirano, dejó de ser autónoma.
Mientras acontecen estas agresiones, México “no quiere ser imprudente”, y a diferencia España les ofrece asilo. Hay un dicho sabio: “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. (Angélica de la Peña, El Sol de México, Análisis, p.19).
No sé si el presidente López Obrador sigue pensando que éste es el mundo de los años 60 y 70, de los años de la Guerra Fría. Si ya no se entendía el otorgamiento de la Orden del Águila Azteca en grado de Collar (el más alto existente de esa condecoración) al presidente cubano Miguel Díaz-Canel (en su tercera visita de Estado en cuatro años a México), menos se comprende el anuncio de la creación de un frente internacional de apoyo a Cuba.
Cuba envió médicos a México, pagados generosamente por nuestro gobierno al cubano, un ingreso que no llegó a los médicos, sino al gobierno que los envía como mercancía. No eran necesarios, pero qué bueno que fueron contratados, como podrían haberlo sido más médicos mexicanos, pagados con el sueldo que se le otorgó al gobierno cubano por ellos (unos 60 mil pesos mensuales, más del doble de lo que reciben los médicos que trabajan en nuestro país en el sector público) o de cualquier otro país del mundo, pero se decidió que fueran cubanos, para darle apoyo a Cuba en un momento de profunda crisis económica y política de ese país, junto con otras medidas, como cancelar la deuda que Cuba tenía con México. No quedó claro tampoco si todos eran médicos (porque no hay registro de ellos) o algunos eran profesionales en otros menesteres.
Estamos hablando de un gobierno que en 64 años no ha permitido elecciones, que es gobernado por una casta burocrática endogámica, que no permite ningún tipo de disidencia u organización opositora, ni la más mínima libertad de expresión y que tiene en sus cárceles a centenares de opositores, y más de dos millones de cubanos se han exiliado o emigrado: casi la cuarta parte de la población. (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Razones, Nacional, p. 8)