En las últimas décadas, los flujos migratorios a gran escala nos han obligado a repensar conceptos como nación, democracia y ciudadanía. Este proceso de redefinición se ve acentuado por la irrupción de las nuevas tecnologías y las plataformas digitales en nuestra vida cotidiana. En este contexto, los gobiernos y sus instituciones se enfrentan a una nueva realidad en la que sus obligaciones y ámbito de actuación ya no se circunscriben a un territorio determinado y en el que las personas encuentran nuevas vías para definir su identidad, más allá de sus lugares de origen o residencia.
En este escenario, la obligación que tiene el INE de garantizar el derecho al voto de las y los mexicanos residentes en el extranjero va más allá de sólo cumplir con el deber legal e institucional de acercar este derecho a las personas migrantes. Implica, además, mantener vivos los vínculos que las personas que habitan más allá de nuestras fronteras tienen con el Estado mexicano, algo que resulta particularmente relevante si consideramos que alrededor de 12 millones de mexicanas y mexicanos de primera generación residen en otro país.
Para hacer frente a estos desafíos, el instituto ha diseñado e implementado diversas estrategias. En primer lugar, se han ampliado las modalidades para ejercer el voto. Este 2024, las y los mexicanos residentes en el extranjero podrán participar en los comicios para elegir Presidente, senadurías, seis gubernaturas, una Jefatura de Gobierno y cuatro diputaciones locales, no sólo a través de la vía postal, sino que también podrán hacerlo por internet o de forma presencial en los Módulos Receptores de Votación que se instalarán en 23 sedes consulares.
Además, en atención a una demanda recurrente de la comunidad migrante, se han buscado alternativas para facilitar la tramitación de la credencial para votar en embajadas y consulados a través de una estrecha relación de colaboración institucional con la Cancillería. Gracias a ello se logró eliminar el requisito de la cita previa para realizar este trámite y se implementaron jornadas sabatinas de credencialización en todas las sedes de la red consular mexicana. Por otra parte, también se ha simplificado el proceso de registro en la Lista Nominal del Electorado en el Extranjero, ya que ahora es posible hacerlo en línea o a través de INEtel.
Adicionalmente, se ha establecido una activa agenda de vinculación con diversos actores, como la propia Secretaría de Relaciones Exteriores, las sedes consulares en las que se implementará el voto presencial, centros de educación superior y asociaciones y líderes migrantes, para sumar esfuerzos y tener un mejor entendimiento de la perspectiva y las demandas de las y los mexicanos que viven fuera de nuestro país en aras de garantizar y ampliar sus derechos político-electorales.
A su vez, el INE ha puesto en marcha diversas acciones en materia de difusión de cultura cívica y democrática, como la organización de foros multidisciplinarios para abordar, desde diversas ópticas, los desafíos inherentes al voto extraterritorial, y se han impartido talleres informativos dirigidos a distintas audiencias. Todo esto acompañado del uso de redes sociales y la producción de spots de radio y televisión para que la información relativa a los requisitos y modalidades para ejercer el voto extraterritorial llegue a todos los rincones del mundo.
Como resultado de estos esfuerzos, con corte al 8 de febrero, había alrededor de 130 mil registros para votar desde el extranjero, casi 65% más del total de solicitudes de registro orgánicas recibidas hasta el último día de febrero en la elección de 2018.
El universo de mexicanas y mexicanos que viven fuera de nuestro país puede definir el resultado de cualquier elección. Por ello, hago un llamado enfático para que, quienes aún no lo hacen, se registren antes del 20 de febrero en www.votoextranjero.mx
No dejen pasar la oportunidad de participar en este proceso electoral histórico y de definición del destino de este país, del cual también son parte. (Arturo Castillo Loza , Consejero electoral del INE, Excélsior, Nacional, p. 11)
Destino incierto para migrantes con Trump
Pésimas noticias que el asunto de los migrantes sea tema electoral y Donald Trump aproveche el declive de la propuesta de Joe Biden para amenazar con deportación masiva de migrantes si llega a la presidencia. Si de por sí ya era humillante el trato y según se ha denunciado últimamente incluso con agresiones sexuales, ya se puede avizorar el destino que les espera. Y a propósito, lo de invertir en las naciones pobres para disuadir la migración no reditúa electoralmente, por tanto de eso no hay nada, de no ser tristeza. (Benjamín Cortés V., La Jornada, Editorial, p. 2)
La relación entre México y la mayor potencia del mundo es pasional: la queremos, la admiramos o la odiamos. Pero de lo que no hay duda es que cada vez estamos más ligados económica y políticamente a través del flujo de información, de personas y de mercancías.
Las migraciones, los espectáculos, los deportes, las inversiones, la tecnología y el comercio crecen casi de manera ininterrumpida entre ambas naciones. Aunque no nos parezca adecuado, la relación que tenemos en estos momentos es la más amplia y profunda desde la formación de los estados modernos.
El dinero que llega a nuestro país a través de remesas logró un récord en 2023; el nivel de intercambios comerciales también es el más amplio desde que se tienen registros. En unos cuantos años Estados Unidos y México se convirtieron en los socios comerciales con mayores intercambios en el mundo. Las exportaciones de México a Estados Unidos acaban de desplazar a las de Canadá y de China. Lo mismo sucede con las compras que realizamos, la mayoría proviene de Estados Unidos. Al nivel de la inversión extranjera, tanto en el sector financiero como en la planta productiva, proviene del norte de nuestro continente.
Pero quizá lo más importante en esta relación sea a nivel de la cultura y la transmisión de estilos de vida por medio de radio, televisión o Internet, con películas, series, deportes o espectáculos. Independientemente de ideologías, filias y fobias, consumimos los contenidos producidos en Estados Unidos.
Lo anterior no significa que nuestra relación sea equilibrada o justa. Hay problemas, y muy serios. Por ejemplo, a nivel político Washington utiliza a nuestro país y, en especial, a la frontera como moneda de cambio. Se vende a México como un país corrupto y atrasado que genera males como la exportación de drogas y la migración de gente indeseable. Por el lado mexicano también se usa al vecino del norte para hablar de todo tipo de abusos, de explotación y de la venta de armas para las mafias organizadas.
Sin embargo, por más crítica que sea nuestra relación, la economía y el comercio no se detienen. No hay manera de parar los flujos migratorios, culturales y de mercancías, por lo que la interdependencia entre ambas naciones es cada vez más profunda. (Miguel Pineda, La Jornada, Economía, p. 17)
Una nueva encuesta recién publicada en Estados Unidos por ABC/Ipsos revela que 59% de los estadounidenses considera a ambos, Trump y Biden, demasiado viejos para gobernar.
En el caso de que el hoy presidente, Joe Biden, repitiera en la Casa Blanca, iniciaría su segundo periodo a los 82 años de edad, nivel récord en la historia política de ese país.
Mientras que de ser Trump el ganador en las elecciones de noviembre de 2024, llegaría a la Oficina Oval de 78 años.
Pero no son los únicos: el poderoso senador republicano por Kentucky, el ultraconservador Mitch McConnell, tiene 81 años de edad, 40 en el cargo, que lo convierten en el senador de mayor servicio activo en la historia de Estados Unidos. Hoy sufre lapsus verbales y de memoria en público.
Janet Yellen, secretaria del Tesoro, tiene 77 años.
Merrick Garland, secretario de Justicia (fiscal general de Estados Unidos), tiene 71 años.
El secretario de la Defensa, Lloyd Austin, de los jovenazos del gabinete: tiene 70 años y ayer ingresó al hospital a revisiones y tratamientos.
El más joven es el secretario de Estado, Antony Blinken, con 61.
Pero el tema es que los líderes políticos del país vecino son septuagenarios, en el mejor de los casos, y si llegan a la Casa Blanca, octogenarios.
Biden ha provocado recientemente preocupaciones por su memoria y sus pifias verbales al confundir nombres, personajes, lugares o incluso declaraciones.
Entre los temas más controversiales de la encuesta de ABC/ Ipsos está el discutido asunto de la inmunidad de Trump durante su mandato. Este mismo lunes volvió a solicitar a la Corte Suprema de Justicia que todos sus procesos penales –cuatro en total– sean trasladados a fechas posteriores a las elecciones de noviembre.
El juicio más delicado es el que se refiere al ataque al Capitolio, que pretendió descalificar el proceso electoral de 2020, que le otorgó en las urnas la victoria a Joe Biden. Trump pretendía permanecer en el poder, y se valió de todos los medios para lograrlo, incluso acciones criminales para quedarse en la Casa Blanca.
Esa decisión está hoy en manos de la Corte Suprema, que debe fallar en torno a si Trump tenía o no inmunidad al ejercer el cargo de presidente de Estados Unidos. La encuesta citada arroja que 66% de los estadounidenses considera que a Trump no debiera otorgársele inmunidad por sus acciones como presidente.
En posición contraria, 33% considera que sí debiera ser cobijado por la inmunidad. El muy complejo y dividido proceso electoral de este año se definirá en cortes y tribunales, probablemente antes de los propios comicios. Todo parece indicar que la Corte Suprema se inclina a desechar el recurso para que los estados de la Unión puedan declarar a Trump como inelegible.
De la misma forma, aunque no se han pronunciado aún, parecen inclinados a no posponer los juicios para que Trump comparezca ante la justicia, además de fallar en contra de la inmunidad.
Como hemos mencionado, el tema migratorio, el cierre de la frontera y la reducción de cruces son y serán los temas más sensibles para los electores.
La encuesta señala que 53% considera culpables a los legisladores republicanos por el fracaso del plan fronterizo propuesto por el presidente; 51% señala a los demócratas como responsables, mientras que 40% señala directamente a Trump. La elección presidencial de noviembre consistirá en la forma en que cada sector de la sociedad, republicanos o demócratas, liberales o conservadores, reparten la culpan por el fracaso fronterizo. (Leonardo Kourchenko, EL Financiero, Mundo, p. 25)
Como pesadilla de un martes 13 de la mala suerte, Estados Unidos apunta cada vez más a tener de regreso como su Presidente al republicano Donald Trump.
Parece inexplicable que ese país tenga tal cantidad de ciudadanos dispuestos a darle nuevamente la confianza a este personaje para que sea quien gobierne al país más poderoso del mundo.
A decir verdad, muchos en el exterior tampoco entienden los fenómenos electorales mexicanos de los últimos tiempos.
Por supuesto que desde México nada podemos hacer al respecto, solo estar al pendiente del destino electoral de los Estados Unidos y hacer los cálculos pertinentes de la relación futura del gobierno mexicano con un eventual segundo mandato de Donald Trump.
Claramente el mejor escenario es la continuidad del régimen del demócrata Joe Biden. Es un político eficiente que no se ha sabido vender adecuadamente, sobre todo porque su principal pasivo es su avanzada edad.
La manera como la administración de Biden llevó la economía tras la pandemia y en los momentos de la más alta inflación, permitieron que el resultado no fuera una recesión sino un proceso de regreso a los precios estables sin sacrificio del crecimiento.
Para México implicó tener esa tasa del 3% de expansión del Producto Interno Bruto el año pasado y no haber terminado en números rojos. Así que hasta políticamente hay una deuda del régimen con La Casa Blanca.
Un regreso de Donald Trump implicaría serios problemas para la relación con nuestro país.
La frontera común enfrenta dificultades graves, que lejos de arreglarse se agravan cada vez más, como la avalancha migratoria que no encuentra control en su paso por nuestro país o el tráfico de drogas sintéticas que mata por sobredosis a cientos de miles de personas al año en Estados Unidos.
Este sujeto racista no tendrá empacho en iniciar una cacería de migrantes, legales o no, que por su sola apariencia enfrentarían una persecución oficial, pero que también generaría un ambiente de confrontación social entre grupos étnicos.
La respuesta radical que podríamos esperar de Trump supera un eventual cierre de la frontera, tendría en sus manos la revisión del acuerdo comercial, el T-MEC, durante su segundo año de mandato y esa sería un arma devastadora para la economía mexicana.
Y con el resto del mundo, Trump ha mostrado su propensión a acercarse a los dictadores, sea el de Rusia o Corea del Norte, y alejarse de sus aliados, claramente los europeos, y esa es una amenaza para la estabilidad global.
La relación bilateral entre los gobiernos sería difícil ante otra evidencia irrefutable, Donald Trump es un sujeto misógino y México va a tener una Presidenta. Sería intolerable como sociedad que tal personaje le hiciera una grosería a nuestra mandataria, sea quien sea.
La edad no puede considerarse como un problema, es una circunstancia natural de estar vivos, pero claramente es un pasivo para Joe Biden quien ha sido un buen Presidente de los Estados Unidos, pero en estos tiempos de la posverdad ya no importan los resultados, ni las consecuencias, importan las emociones que un sujeto pueda provocar en el número suficiente de electores.
Así que, aún sin tener nada que ver con ese sistema electoral, sí nos debe importar que Donald Trump pueda ser otra vez presidente de los Estados Unidos. (Enrique Campos Suárez, 24 Horas, Negocios, p. 16)