Opinión Migración 130521

 

Pepe Grillo

Reconocimiento de la ONU

El apoyo y la protección brindada por instancias del gobierno de México a los refugiados que llegan al país no ha pasado desapercibida para la ONU.

 

Kelly Clements, Alta Comisionada Adjunta de la ONU para los Refugiados reconoció la labor del Instituto Nacional de Migración y de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados.

 

Hizo una mención especial al compromiso personal de la secretaria Olga Sánchez Cordero para avanzar no solo en la protección, también en la integración local de los refugiados que llegan a México. Una larga tradición que a todos enorgullece.

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 Van por el empate

El gobierno mexicano, a través de la cancillería, busca empatar el marcador en el tema de las irregularidades en el T – MEC.

 

Ayer se conoció la queja de congresistas sobre violaciones de México en materia laboral, y hoy México se queja por la falta de aplicación de las leyes laborales en la industria agrícola norteamericana.

 

En ella, trabajadores migrantes mexicanos se enfrentan a obstáculos como la falta de pago de salarios y del tiempo extraordinario, así como el derecho a organizarse para negociar colectivamente.

 

La idea es mostrar que México cuenta con municiones y que ninguna acusación de allá para acá en el marco del tratado se quedará sin respuesta. (La Crónica de Hoy, Opinión, p. 3)

Signos vitales // El jubileo de Sánchez Cordero

Faltan dos meses para que Olga Sánchez Cordero cumpla 74 años y trabaja con la misma intensidad —seguramente más— que cuando comenzó su vida laboral, hace medio siglo, como secretaria de asuntos escolares en la Facultad de Derecho de la UNAM, su alma mater. Antes ya había criado a sus primeros dos hijos y completado un posgrado en el University College de Swansea, en Gales.

La secretaria de Gobernación también cumplirá tres años de trabajos continuos, al lado de Andrés Manuel López Obrador. Después del 1 de junio del 2018, el entonces presidente electo integró al equipo de transición y encargó a la ministra en retiro —quien fue electa como senadora en esa jornada histórica— hacerse cargo del gabinete de seguridad, lo que implicaba hacer equipo con Alfonso Durazo y el general Audomaro Martínez Zapata.

Sánchez Cordero asumió la encomienda de establecer el contacto con las víctimas de los hechos funestos acaecidos en el viejo régimen. Al Palacio de Cobián llegaría con algunos cercanos —Iliana Sansores, Ricardo Peralta, Jorge Alcocer— pero con muchos antiguos colaboradores de AMLO, desde Alejandro Encinas hasta Diana Álvarez Maury.

La pacificación del país es una prioridad de la Cuarta Transformación. Por diseño constitucional, Sánchez Cordero es la jefa del gabinete, pero en la nueva lógica institucional, la seguridad se traspasó a otras áreas, aunque la crisis en ambas fronteras revitalizó las funciones de Segob, no sólo por las tareas del Instituto Nacional de Migración, sino por la ayuda a los refugiados y asilados.

En el periodo han surgido otras prioridades. La relación con los Poderes Legislativo y Judicial transita en Palacio Nacional. El nexo con los órganos autónomos y con los gobernadores ocurre en el Palacio de Cobián. ¿Y el diálogo con las fuerzas políticas? (Alberto Aguirre, El Economista, Política, p. 39)

Migrantes mexicanos, héroes de la patria

La migración mexicana hacia Estados Unidos (EU) ha tenido históricamente gran importancia, la cual llega hasta la actualidad, y convierte a millones de hombres y mujeres en verdaderos héroes de la patria, debido a los grandes beneficios y aportaciones que generan para México y para el país del norte.

 

Según el censo más reciente de EU, actualmente viven allá más de 36 millones de personas de ascendencia mexicana.

 

La importancia de la migración mexicana al vecino país se refleja en la profunda intersección que ha generado entre la cultura mexicana y la estadunidense, así como, en el ámbito económico, dada la importante cantidad de remesas de los migrantes a sus familias en México, que anualmente rondan 40 mil millones de dólares (más de 800 mil millones de pesos), lo cual significa 3.8 por ciento del producto interno bruto de nuestro país.

 

No es una exageración afirmar que al rescatar importantes regiones del país y contribuir al sostenimiento de infinidad de familias, nuestros migrantes han evitado estallidos sociales derivados de la pobreza extrema, y con esos envíos se han podido paliar situaciones de emergencia locales y regionales.

 

La migración mexicana es uno de los más importantes aspectos que desde los albores del siglo XX, y pasando por el Programa Bracero entre las décadas de 1940 y 1960, han marcado la relación de México con Estados Unidos. Hoy día, en pleno siglo XXI, ante la nueva etapa de la relación que se abre con la presidencia de Joe Biden, adquiere una relevancia muy especial. Esto es ejemplificado por la amplia reforma migratoria que propone el presidente Biden y que potencialmente beneficiará a más de 18 millones de personas de procedencia latinoamericana, en su mayoría de origen mexicano.

 

Es importante señalar la relevancia de quienes son verdaderos héroes de la patria, que han dirigido sus pasos hacia Estados Unidos, en su inmensa mayoría por necesidad y no por gusto; porque nuestro sistema económico ha sido incapaz de ofrecerles las oportunidades de empleo y de bienestar.

 

El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador está ante la oportunidad histórica de replantear la relación bilateral, específicamente en lo referente a los migrantes mexicanos; a la luz de los 200 años de relación bilateral oficial diplomática que se cumplirán en 2022.

 

Una asignatura pendiente es la firma de un nuevo acuerdo que permita que migrantes mexicanos laboren de manera documentada en EU. Es de esperarse que en el marco de la próxima visita que hará a nuestro país la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, se aborde este tema tan importante.

 

A la luz de lo anterior, fue muy importante haber logrado por unanimidad en el Senado rendir homenaje perenne a nuestros migrantes mexicanos, instituir un día en su honor, e inscribir en letras doradas un reconocimiento, así como acordar la creación y el otorgamiento medalla anual Doctor Jorge A. Bustamante Fernández.

 

Habrá que luchar por un mejor trato a nuestros paisanos de ambos géneros y a sus familiares, para que se acaben la discriminación y el racismo.

 

También es urgente que los costos por las comisiones y los servicios que se cobran por las remesas sean menores, y que instituciones como el Banco del Bienestar tomen la estafeta con tarifas preferenciales; y que los pagos en nuestro país se hagan respetando el tipo de cambio oficial.

 

Reconociendo la espléndida labor que realizan los funcionarios mexicanos del Servicio Exterior desde hace décadas, es menester expresar que a la cancillería le hacen falta más recursos financieros para la protección cabal de los connacionales, por lo que es imperativo que ello ocurra para el presupuesto de 2022. (Heriberto M. Galindo Quiñones, La Jornada, Opinión, p. 16)

Artículo // Vecinos más distantes

Pocos habrían apostado a que las relaciones entre México y Estados Unidos marcharían mejor con Donald Trump que con Biden. Entre otras razones porque Trump quedará para la historia como uno de los presidentes norteamericanos más ofensivos y arrogantes hacia nuestro país.

Muy buena parte de su plataforma política estuvo construida sobre los cimientos de denostar a México y a los mexicanos. De ahí que se requiriera de un esfuerzo bastante considerable para lograr que las relaciones con el actual ocupante de la Casa Blanca resultaran más tirantes y de menor entendimiento que con ese personaje. ¿Qué está pasando?

 

En los hechos, la administración Biden ha sostenido un trato más institucional y ciertamente menos visceral y politizado que durante el gobierno de Trump. La tardía felicitación del gobierno mexicano a su victoria electoral da la impresión de que no hizo mella o simplemente fue pasada por alto en Washington.

 

Hasta la fecha no se han registrado expresiones denigrantes ni amagos de someter a México como lo hizo Trump con su amenaza de aplicar aranceles a los productos mexicanos si no sellábamos la frontera con Centroamérica. Tampoco se han producido sorpresas indeseables como fue el arresto del exsecretario de la Defensa Nacional. Más bien, Washington ha buscado identificar puntos de encuentro con México en el tratamiento de la migración que proviene del Triángulo Norte, reabrir los procesos de asilo, detener la construcción del muro y ofrecer un trato más humano a los migrantes que llegan hasta su frontera.

 

El costo político para Biden ha sido muy considerable por proceder de esta manera. En la evaluación de sus primeros cien días de gobierno, la calificación más baja la obtiene precisamente en el manejo de la migración.

 

La línea oficial de Washington revela el deseo de mantener una relación fluida y funcional. La mayoría de las quejas que provienen del norte las han impulsado agrupaciones que ven afectados sus intereses en México, especialmente en el sector energético y las centrales obreras de ese país.

 

Del lado mexicano, desde que se conoció el resultado de las elecciones se ha desplegado una estrategia con aroma de fricción y desconfianza. Es probable que se parta de la lectura de que el gobierno de Biden será, tarde o temprano, más intervencionista y crítico que su antecesor. Con Trump se llegó al entendimiento de que mientras México le apoyara en asuntos prioritarios para la Casa Blanca, se abstendrían de cuestionar, siquiera comentar, las políticas y decisiones del gobierno mexicano.

 

Con Biden debe existir la sospecha de que pondrán en tela de juicio algunas de las medidas adoptadas por la 4T. Las áreas potenciales de fricción se perfilan en un enfoque diametralmente opuesto para contener el calentamiento global y el uso de energías fósiles, el trato a las petroleras y gaseras estadounidenses, la inacabada reforma sindical y laboral en México de conformidad con el TMEC y la visión de Estados Unidos en materia de derechos humanos.

En las altas esferas del gobierno mexicano debe existir la presunción (en una de esas hasta información verificada) de que el nuevo gobierno demócrata cuestionará de manera más abierta las acciones que va tomando México. En diplomacia suele decirse que el que pregunta no se equivoca. Dada la importancia y dimensión de las relaciones con Estados Unidos, resulta indispensable que ambas partes discutan y pongan sobre la mesa sus preocupaciones y se fijen las reglas del juego. Generar una política bilateral a base de suposiciones o sospechas es un augurio muy negativo para las relaciones entre los dos vecinos. (Enrique Berruga, El Universal, Opinión, p.15)

Estamos solos

No hay muchos países en el mundo tan grandes y distintos como México y Estados Unidos que compartan una larga frontera. Compartimos, además, una historia llena de conflictos, una “vecindad distante”. Sin embargo, la accidentada relación bilateral entró en una nueva era a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio en 1992. La posibilidad de formar un gran bloque comercial entre un país rico en recursos naturales, otro con una joven población llena de promesa y la economía más grande del mundo presentaba oportunidades mucho más allá del intercambio de mercancías.

Para México, el acuerdo presentaba una valiosa promesa: por primera vez, nos sometíamos a reglas y a árbitros transexenales, se les ofrecía a inversionistas locales y extranjeros certeza, un marco legal claro que les permitiría aprovechar no sólo las ventajas geográficas de nuestro país, sino también su enorme potencial humano. Muchos escépticos jamás pensaron que México pudiera convertirse en la potencia exportadora que es, que nos demostráramos capaces de producir manufacturas con estándares internacionales, y de integrarnos a cadenas de valor con gran exigencia de calidad y entrega a tiempo. Hemos llegado a ser el principal socio comercial de Estados Unidos.

Y es nuestra importancia comercial la que nos hace sucumbir ante un peligroso espejismo: son nuestros vecinos quienes serán el mayor contrapeso para ponerle freno al embate contra la democracia, al inmisericorde ataque contra nuestras incipientes instituciones y al creciente autoritarismo que ha emprendido el gobierno de López Obrador.

La prioridad para la administración de Biden es mantener su ínfima mayoría legislativa -la más pequeña en más de 150 años- en las elecciones de 2022. Ese pequeñísimo margen lo fuerza a extraordinarias concesiones al ala más radical de su partido, acomodando, por ejemplo, un presupuesto de 400 mil millones de dólares para atención a adultos mayores y para promover la sindicalización de trabajadores en todo el país, dentro de su programa de “infraestructura”.

Biden sabe que tiene poco tiempo para buscar la aprobación legislativa de la reforma fiscal necesaria para pagar por su ambiciosa agenda. Richard Neal, quien encabeza el poderoso Ways and Means Committee en la Cámara baja, ya diseña la estrategia.

A Biden se le reconoce el éxito del programa de vacunación y del programa de alivio. La economía estadounidense tendrá su mayor crecimiento en décadas y es posible una total recuperación para fines de 2022, incluyendo las expectativas de crecimiento previas a la pandemia. Pero, su talón de Aquiles está en la migración. A pesar de tener 57% de aprobación de acuerdo a Gallup (abril 21), en una encuesta del 3 y 4 de mayo, 51% de los votantes registrados rechazan su política migratoria (83% entre republicanos). La percepción de una política migratoria estadounidense más benigna, combinada con la brutal crisis económica que viven México y el triángulo norte de Centroamérica, llevó el flujo de migrantes a Estados Unidos a niveles no vistos en 20 años. Por primera vez en casi una década, entran más mexicanos a EU de los que salen. Esta situación alimentará la narrativa nativista y aislacionista que tantos frutos le ha dado al Partido Republicano. Harán ver al gobierno de Biden como débil e incapaz de mantener las fronteras seguras.

México dejó de ser aliado de EU. Nuestra renuencia a cooperar en temas de seguridad rompió la relación. EU está en la incómoda situación de necesitar la cooperación de gobiernos descaradamente autoritarios y antidemocráticos, como México y El Salvador. Sus prioridades de política interna imposibilitarán la adopción de una defensa abierta de valores democráticos y respeto a acuerdos. Ésta acabará recayendo en empresas afectadas por la violación del T-MEC y por los paneles internacionales que resuelvan controversias. Nada más que eso.

Estados Unidos no se da cuenta del grave error que comete al dejar impune el creciente autoritarismo que derivará en el tiránico gobierno con el que López Obrador sueña. Algún día se darán cuenta de que era ahora cuando era posible contribuir a contenerlo. (Jorge Suárez Vélez, Reforma, Opinión, p . 11)