Opinión Migración 130523

Frentes políticos

Llamado a tiempo. El gobernador Alfonso Durazo Montaño advirtió a los migrantes que buscan llegar hacia Estados Unidos, ante el fin del Título 42, que no utilicen la ruta para cruzar la línea internacional a través del municipio de Sonoyta, debido a las altas temperaturas en la región desértica entre Sonora y Arizona. Es la más crítica en términos de temperatura “y cruza un desierto que pudiera llevarnos a una zona al margen del alcance de las instituciones que prestan apoyo y respaldo, ésa es la preocupación, por eso el llamado sería a las y los migrantes para que transiten por cualquier ruta del estado, excepto por la de Sonoyta”, aseguró. Cuiden su propia vida. Bajo advertencia no hay engaño.

Afrenta. El senador republicano de Luisiana, John Neely Kennedy, declaró durante la comparecencia de la jefa de la DEA que, sin EU, México estaría comiendo comida para gato de una lata. Durante la audiencia se trataron temas sobre las acciones que se están llevando a cabo para reducir el flujo de fentanilo y para combatir a los cárteles mexicanos de la droga y fue ahí donde el hombre aprovechó para mostrar sus miserias. “Nuestra economía es 18 veces más grande que la de México”, presumió. El canciller mexicano Marcelo Ebrard sostuvo que Kennedy es un hombre profundamente ignorante, esto por sus recientes declaraciones en torno a México y el tema del fentanilo. Bien dicho. También tiene 18 veces menos clase y educación que cualquier mexicano. (Excélsior, Nacional, p. 9)

Sacapuntas

Viene funcionaria de EU

Nos adelantan que la próxima semana viene a México, la subsecretaria de la Oficina de Población, Refugiados y Migración del Departamento de Estado de EU, Julieta Valls Noyes. Su agenda incluye reuniones con altos funcionarios de nuestro país y organizaciones civiles, para buscar soluciones al tema migratorio, ahora que expiró el famoso Título 42.

Esteban le responde

Le llovió al senador republicano John Kennedy por sus despectivas apreciaciones sobre México. Incluso el embajador mexicano en Washington, Esteban Moctezuma, le envió una carta recordándole que en Luisiana, estado que representa el legislador, hay quienes “sí viven bajo una lona en el traspatio”. ¡Tómela!  (El Heraldo de México, La dos, p. 2)

La Esquina

Una cosa ha conseguido Estados Unidos con sus ajustes a la política migratoria: que el grueso del problema se traslade de la frontera sur, lejos de EU y con menor carga para la política interna de ese país. Ahora una parte del trabajo de control recae en el gobierno mexicano, que lo deberá hacer respetando los derechos humanos. (La Crónica de Hoy, Pp)

Estado por estado // Villegas sangra a automovilistas

BAJA CALIFORNIA: La edil Montserrat Caballero (Morena), ni idea tiene de cómo enfrentar la crisis migratoria en su alcaldía. Con casi 3 mil migrantes, a quienes no les dan ni un vaso con agua. Viven de limosnas. La peor crisis humanitaria, en el peor gobierno. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 9)

Portazo // El muro del sur se alza de nuevo

Como en muchas otras cosas de la vida, el lenguaje oficial se enreda entre sus definiciones y sus acciones.

Por años, sobre todo como justificante del fracaso económico expulsor de mano de obra hacia Estados Unidos, se insistió en el derecho humano de la migración y en torno de ese concepto se alzó toda una filosofía del respeto a los inmigrantes, ya sean temporales o permanentes. Jamás lo cumplimos con los extranjeros, de la manera como lo exigimos para los mexicanos en otro país.

La matanza de San Fernando, Tamaulipas, hace 13 años, desnudó la indefensión de los migrantes en los caminos de la República Mexicana. Ese múltiple crimen —sin embargo— fue cometido por delincuentes. 

Hoy las cosas siguen igual, pero con una agravante: las muertes múltiples ocurren en instalaciones del propio gobierno, sin consecuencias punitivas para nadie, a plena luz del día y sin cambios sustanciales de organización o de cualquier otro tipo.

México se suma a la lista de naciones cuya solución para las migraciones es muy simple: impedir el paso de las personas.

Eso no resuelve nada, pero crea una complicación adicional, ¿qué hacer con expulsados, perseguidos, hambrientos y después de todo presos? No los dejen pasar. Algo que no soluciona el problema, nada más lo acumula.

Los “albergues” migratorios, nunca tendrán capacidad suficiente. Y aun si la tuvieran, no tienen condiciones de seguridad. Cuarenta muertos lo dicen a gritos.  

Entre octubre (22) y este fin de marzo, fueron expulsadas de Estados Unidos a México 600 mil personas, y algunos directo a sus países de origen. 

Voluntariamente, este país ha aceptado alojar sin trámite alguno, excepto el acuerdo con Estados Unidos, a 360 mil venezolanos, cubanos, haitianos y nicaragüenses cada año. ¿Qué hacemos con ellos?

Y por si eso fuera poco, nos ufanamos de la voluntad personal del Presidente de la República, quien ha dispuesto 25 mil soldados de la Guardia Nacional para taponar la frontera con Guatemala. El mejor migrante es el migrante varado.

Soldados en la frontera sur de Estados Unidos con el señor Alejandro Mayorkas, secretario estadounidense de Seguridad Nacional, blandiendo el garrote. Quien entre indocumentado será considerado delincuente. Y nosotros, con la frontera norte repleta y sin recursos.

Y en el sur, hacemos otro tanto: sellamos los pasos y hablamos de orden y seguridad. No existe ni una cosa ni la otra. En Juárez perdimos toda autoridad moral. 

Hoy, en plena guerra corcholatera le vuelven a encargar el paquete al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard. No va a poder. Nadie podría, es la verdad.

Pero alguien gana en todo esto: AAL, el secretario de Gobernación, quien mira pasar el problema y se regocija, desde ahora, del fracaso ebrardiano. En varios sentidos. (Rafael Carmona, El Heraldo de México, País, p. 6)

La frontera rota

Mientras escribo esto desde Texas, del otro lado de la frontera -en México- hay más de 60 mil migrantes esperando cruzar. Vienen, en su mayoría, de los países más pobres, violentos, desiguales y golpeados de América Latina. Y con el fin del llamado Título 42 -una regla sanitaria que permitió las deportaciones exprés durante la pandemia- su esperanza es que muy pronto puedan entrar a Estados Unidos. La frontera está rota y ya pasaron lo más difícil.

En Matamoros, Tamaulipas, apenas pasando el puente desde Brownsville, me encontré con familias de venezolanos que cruzaron la terriblemente lodosa y cruel selva del Darién en Panamá con niños en brazos. Hay que vivir con altísimos niveles de desesperación y angustia para atreverse a hacer algo así. Pero Matamoros, al igual que Ciudad Juárez, Tijuana y todas las poblaciones fronterizas en el norte de México, están llenas de desesperados.

Son los más vulnerables de los vulnerables. No tienen papeles, dinero y, a veces, ni zapatos con que seguir. Los vi dormir a la intemperie, en un campamento improvisado junto al río Bravo/Grande, entre montañas de basura, moscas y baños de plástico desbordados. Y sus niños, desorientados, jugando en el lodo y preguntando: ¿cuándo nos vamos de aquí?

Mucho se ha hablado de una nueva ola migratoria por el levantamiento el jueves pasado del Título 42, una decisión que venía desde la época de Trump. Pero la verdad es que esa marejada -surge, le dicen en inglés- comenzó en el 2021, cuando casi dos millones de personas cruzaron ilegalmente la frontera, y creció aún más en el 2022, con más de 2.7 millones haciendo lo mismo. Y este año pinta igual. O peor. 

Ningún gobierno reciente -ni el de Biden, ni el de Trump, ni el de Obama- ha podido resolver el desorden y la improvisación que se vive en la frontera.

La realidad es que Estados Unidos tiene que hacerse a la idea de que es preciso aceptar a muchos más inmigrantes cada año. Actualmente Estados Unidos recibe alrededor de un millón de inmigrantes legales cada año. Esa cifra debería subir, al menos, al doble. Pero el problema es que no existe un sistema eficaz para procesar a tanta gente, ni la voluntad política en el Congreso para hacerlo. 

Entonces, tenemos que lidiar con esta crisis permanente en la frontera. No hay de otra.

La gran mayoría de los migrantes, una vez que salió, no está dispuesta a dar vuelta atrás. Quemaron las naves, vendieron todo lo que tenían, cerraron casas, se endeudaron hasta las uñas. El miedo, el hambre y el deseo de una vida mejor son más fuertes que cualquier frontera.

Las razones que expulsaron a estos migrantes de sus países son mucho más poderosas que cualquier obstáculo en la frontera entre México y Estados Unidos. Si cruzaron el Darién, ya nada parece infranqueable. Estos inmigrantes están huyendo de tres dictaduras en la región -Venezuela, Cuba y Nicaragua-, de la terrible violencia en México (con más de 30 mil asesinatos el año pasado), de la extrema pobreza en todo el hemisferio acrecentada por la pandemia, y de la región más desigual de todo el mundo. No es poca cosa. 

El cálculo que hicieron es que quedarse era morir. Poco a poco. Y por eso se fueron.

Lo normal es que los más pobres y vulnerables busquen lugares más ricos y donde se sientan seguros. Eso ocurre en todo el planeta y, particularmente, en la frontera entre México y Estados Unidos. Y, más allá de los estereotipos, Estados Unidos sigue siendo muy atractivo. Es un imán. El desempleo es de apenas 3.4 por ciento, necesitan inmigrantes para la agricultura y los trabajos más difíciles, y hay una historia de aceptación de extranjeros.

Es inútil tratar de sellar la frontera. Desde el fin de la guerra entre México y Estados Unidos en 1848 lo han tratado y nadie lo ha logrado. La naturaleza de esa impuesta línea divisoria es ser porosa, llena de huecos y fácil de saltar. Desde luego que hay soluciones, incluyendo un aumento de la migración legal y un gran acuerdo migratorio entre Estados Unidos y América Latina (como lo hizo la Unión Europea). Pero nadie se atreve a hablar de eso en Washington.

Así que seguiremos teniendo una crisis tras otra en la frontera. Como dicen en inglés: It’s the new normal. (Jorge Ramos, Reforma, Opinión, p. 8)

Linotipia // Migración: la próxima crisis

Hace 13 años que Ana Enamorado llegó a México. Antes, ella vivía en Honduras cuando su hijo, Óscar, desapareció en Jalisco en 2010. Eran los años cuando la violencia cobraba la vida de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas, y de tantos otros que han quedado perdidos en los subregistros de personas desaparecidas en México.

Del otro lado de la frontera, en Arizona, el desierto quema de día, hay un zumbido de cigarras y ropa esparcida, los restos de quienes pasaron y ya no están. Ese lado conforma la otra parte de una estadística del horror, de quienes migran para no llegar a ninguna parte.

En los últimos meses, Ana se siente de nuevo como en aquellos años, cuando comenzó a buscar a Óscar. Ella ha pasado la última década ayudando a buscar desaparecidos y a coordinar caravanas migrantes. Quienes viajan en las caravanas se acuerpan con otros para defenderse de las detenciones y deportaciones, de todos los demás que intentan lucrar con ellos en el camino. 

Hace un año, Ana comenzó a coordinar una nueva organización, que llamó Red Regional de Familias Migrantes. Pronto comenzaron a llegarle, diariamente, peticiones de ayuda de familias buscando a los suyos.

Otras organizaciones reciben peticiones similares: personas que perdieron contacto con sus familiares, que nunca saben si cruzaron, si fueron reclutados, forzados a cruzar droga, asesinados, enterrados en los caminos de México, muertos en el desierto estadounidense. 

Durante los últimos tres años, una regulación llamada Título 42 autorizó a los guardias fronterizos a deportar a los migrantes que intentaban cruzar la frontera de regreso a México, de inmediato y sin consecuencias legales. Esta semana, esta regulación quedó fuera de vigor.

Ahora, los migrantes que crucen y consigan que sus casos sean considerados para asilo pueden esperar en Estados Unidos. Quienes no lo consigan serán deportados y les negarán el reingreso a EU, durante cinco años. Los migrantes se enfrentan a que les pongan, además, cargos penales por tratar de entrar al país varias veces como indocumentados. Ya no serán elegibles para solicitar asilo en el futuro. 

Para Ana y otros colectivos defensores de migrantes, hay otra crisis en puerta. “Hay un riesgo de que las desapariciones de personas migrantes aumenten”, me dijo Ana sobre el final del Título 42. “Para los coyotes va a ser un negociazo. Les van a aumentar la cuota (a los migrantes que no califiquen para asilo), se van a aprovechar de ellos, va a haber más secuestros, desapariciones, reclutamiento para trabajos forzados”.

En esta misma semana, México anunció que estaba cerrando 33 estancias temporales de migrantes para una revisión de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Durante años, la Comisión advirtió del trato inhumano en estas estancias; dijo que debían tomarse medidas cautelares para impedir un caso trágico, como el que sucedió en Ciudad Juárez, en marzo, cuando 40 migrantes fueron asesinados al encerrarlos durante un incendio. 

Con menos estancias en México, más migrantes dormirán en las calles o colmarán los albergues. Esto implica más riesgo y un botín para quienes trafican con ellos. Solo entre enero y marzo de este año, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados recibió más de 37 mil solicitudes de asilo. Solo uno de cada 10 migrantes lo obtuvo.

“México no quiere (dar refugios). Ese ha sido nuestro reclamo. Dejan a las personas a la deriva, las dejan en la calle expuestas a que les pase cualquier cosa”, me dijo Ana.

Ante la crisis que viene, los albergues y organizaciones en México se están preparando. En las últimas semanas, se han reunido para organizar búsquedas en vida, han tratado de entender mejor las rutas para buscar a las personas migrantes desaparecidas. 

Estos grupos están en modo de alerta, preparándose con sus pocos recursos para lo que vendrá en los próximos meses. Responden a los mensajes, se activan, se comunican. No pueden hacer mucho más.

En los últimos días, muchas noticias se han enfocado en la frontera, en el lado estadounidense. Mientras tanto, mucho más calladamente, México se acentúa como un gran hoyo negro, un gran muro, donde no solo desapareces, sino que nadie te cuenta, muy pocos te buscan y parece como si nunca hubieras llegado.  (Peniley Ramírez, Reforma, Opinión, p. 8)

Otros ángulos // ¿Dónde se acomodarán 30 mil migrantes mensuales?

El 17 de octubre de 2018, el presidente electo abrió los brazos e invitó a los migrantes a que vinieran: “Les vamos a ofrecer empleos, trabajo”. Nunca imaginó que masivamente vendrían de Guatemala, El Salvador, Venezuela, Haití, Nicaragua y hasta algunos del norte de África.

Cierto, centenares de miles de connacionales, vieron que el cielo se abría para ellos y sus familias.

El jueves venció el plazo que fijaron las autoridades norteamericanas (Título 42) para otorgar condiciones de asilo e imponer el Título 8, que simplemente los deporta y puede llegar a imponerles castigos criminales. En suma, condiciones mucho más severas. Esto empujó a que, cuando menos más de 600 mil personas —incluyendo 37% de mexicanos— quisieran cruzar la frontera con Estados Unidos.

Los yanquis se prepararon fortaleciendo sus patrullas fronterizas, sus helicópteros y miles más de policías y guardias fronterizos. ¿Qué hicieron las autoridades mexicanas, sobre todo después de haber auspiciado la muerte de 40 migrantes centroamericanos? Nada, ni prepararon campamentos ni enfermeros o doctores. Tampoco alimentos, agua y sanitarios. Sabían que muchísimos que huyen de la miseria y la violencia aspiran a una vida digna que no encuentran oportunidades en sus diferentes países.

Una de las características sustantivas de un gobierno inepto es su incapacidad de previsión y para generar sus propias defensas. Se ignora a los pensadores y a los que son capaces de gobernar para sustituirlos por amigos o intereses de grupo. El resultado está aquí, el gobierno federal se ha comprometido a aceptar mil migrantes diarios, 30 mil al mes, 90 mil en tres meses, 180 mil en un solo semestre. ¿Dónde tendrán acomodo?

Las distintas cifras oficiales, indican que el número de mexicanos pobres, es decir, sin empleo fijo, carentes de lo indispensable, cuando menos han aumentado en 3 millones 756 mil. Ellos que debieran tener prioridad, verán reducidas sus oportunidades de mejoría o, en su defecto, también buscar migrar hacia EU.

Los políticos sólo ven una sola dimensión, la geometría plana, pero ignoran cómo proceder ante los volúmenes. Les resulta una dimensión enigmática. De ahí que nuevamente se trate de “cooperar” con los yanquis, enviando a la Guardia Nacional a la frontera sur e impedir el paso a los centroamericanos, haitianos, venezolanos y nicaragüenses que buscan llegar a EU a encontrar trabajo y seguridad. ¿Esto merece que los guardias mexicanos los rechacen cuando es un problema estrictamente de los norteamericanos?

Al modelo de la diplomacia mexicana le falta imaginación, fineza y prestigio para resolver ecuaciones sociales, económicas y políticas como las que hoy enfrenta con el gobierno de Joe Biden, quien, sin hacer llamados a la soberanía y a la independencia, nos impone condiciones extraterritoriales. (Raúl Cremoux, Excélsior, Nacional, p. 8)

La migración: su desarrollo futuro

Ayer, al expirar el Título 42 de la ley norteamericana terminó una etapa más de la política de Estados Unidos en materia de migración. Con ello, miles de individuos con sus familias e influencias llenan espacios fronterizos de nuestros dos países con miles de migrantes procedentes de Centro y Sudamérica, y de África y Asia, que insisten en entrar a Estados Unidos para mejorar sus condiciones de vida. Otros muchos huyen de persecución política y discriminaciones.

Los miles de trabajadores llegados de todo el mundo que se acomodan en nuestras plazas y prados no tienen posibilidades de superar su atraso. Las empresas mexicanas no ven fácil asimilar al forastero migrante que llega a México sin capacitación. A su vez, curiosamente, la falta de entrenamiento y experiencia hace que las empresas se quejen de no poder llenar sus vacantes. La tendencia a sustituir la mano de obra con automatización y alta tecnología reduce las posibilidades de empleo.

Lo anterior hace claro que el origen del vasto problema de la migración no es sólo económico y que, al ser también social, hace que se convierta en un serio problema económico, laboral y político. Hasta ahora, los esfuerzos que los gobiernos hacen para solucionar la situación son insuficientes e inadecuados. No hay presupuestos suficientes ni personal capacitado y empático para atender los millones de casos. Y en unas cuantas horas las patrullas fronterizas norteamericanas atrapan a varios miles de migrantes.

Las instituciones privadas de beneficencia locales o internacionales, ya sean públicas o privadas, son las que han enfrentado la situación, a veces en combinación con autoridades civiles y/o religiosas. Esa cooperación se limita cuando algunos gobiernos prefieren no articular sus esfuerzos con instituciones privadas. El reciente caso de Nicaragua, donde el déspota Daniel Ortega ha roto de un plumazo la indispensable relación con la Cruz Roja Internacional demuestra cuan frágil es a veces esa cooperación.

Se requieren políticas multilaterales para identificar y proponer planes de acción y aplicarlos coordinadamente a nivel regional. La fácil receta de programas de control de natalidad ha sido la primera intención en algunos países. La experiencia china señala los efectos nocivos a largo plazo en la capacidad económica productiva al limitar el tamaño de las familias por decreto. Íntimamente ligado a decisiones personales y familiares, el mejor disuasivo al aumento demográfico excesivo sería el propiciar un nivel de prosperidad y de bienestar de la pareja.

Lo anterior confirma que, en fenómenos sociales, por mucho que interesen las mediciones estadísticas, la realidad descansa en las decisiones individuales. Lo macro se cimienta en lo micro. Los fenómenos migratorios no son excepción. Por esta razón, las corrientes migratorias deben convertirse en experiencias positivas para el migrante y el país anfitrión mediante programas de asimilación y de capacitación laboral sostenidos por el gobierno y entidades privadas. Atender a los contingentes de miles de migrantes que nos llegan los convertirá en factores positivos, como lo son en otros países como Alemania o Italia, que los han incorporado a su prosperidad.

La suma descomunal de factores que en él convergen hacen de éste un sector eminentemente social y el problema humano se presenta pertinaz, complejo e irresoluble en términos de las actuales acciones oficiales de todos los países. Aprovechar el potencial de la migración es asunto de política nacional e internacional. Ningún país puede atender el problema por sí mismo. Los programas van más allá de lo meramente económico. Hay que profundizar mucho al respecto. Ahora, antes de la instalación del gobierno 2024-2030, es el momento de planear para la acción futura. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 9)

Tech trends // La tragedia migrante ahora digitalizada

La migración ha sido parte integral de la humanidad. En un inicio migrábamos por comida, buscando animales para cazar, después migramos con la primera guerra mundial, la guerra civil española y segunda guerra mundial, más adelante migramos por la revolución industrial buscando trabajo en las fábricas y las grandes ciudades ocasionando una explosión demográfica y dando lugar a las grandes urbes.

Hoy, migramos buscando igualdad, la globalización ha traído muchísimas ventajas, pero la desigualdad se ha catapultado en las últimas décadas. Hoy, nuevamente migramos por comida, pero también por inseguridad y últimamente también por el cambio climático. Es así como la migración, el pertenecer a un mismo planeta, pero dividido, nos ha acompañado y acompañará por toda nuestra existencia y debemos prepararnos para seguir conviviendo con este fenómeno que es parte de nuestro ADN.

Uno de los puntos neurálgicos de la migración permanente es los Estados Unidos de América; un gran país que ofrece lo que se carece en muchos otros; igualdad de oportunidades, seguridad, trabajo, educación y lo más importante, esperanza, esa que nutre de ideas y sueños a los millones de migrantes que se atreven a cruzar al “otro lado”.

Hace apenas unos días el gobierno de los Estados Unidos cerró el Título 42 que permitía las devoluciones inmediatas de migrantes derivado de la pandemia por Covid-19. Con ese pretexto, las organizaciones criminales de tráfico ilegal de personas alimentaron el sueño de que ahora “todos podrían pasar” y los gobiernos de México y Estados Unidos esperan un flujo migratorio más importante de lo normal.

Con esto en mente, la oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos, la CBP (Custom and Border Protection) actualizó el alcance de la aplicación CBP One que ofrecería a los migrantes que solicitaran su ingreso formal una vía de comunicación digital con el gobierno de los estados Unidos sin tener que estar presentes. ¿La idea? controlar y manejar los flujos migratorios dando trámite a los miles y miles de solicitudes de asilo pero de forma ordenada y no en hordas de gente tratando de entrar por la fuerza.

Los números son brutales, más de 200 mil migrantes al mes intentan cruzar por la frontera norte de México a los Estados Unidos, tan solo en 2022 se registraron 2.4 millones de intentos de cruces y este número es el documentado. El intento de ordenar la migración a través de los medios digitales va a ser un camino complicado en un inicio, mucha resistencia de la gente que físicamente quiere ser atendida y miles de millones de dólares de bandas criminales beneficiadas por el cruce ilegal de personas, pero una vez que la plataforma se estabilice en el número de solicitudes y la gente recomiende su uso va a ayudar a salvar miles de vidas perdidas en el camino del sueño americano. (Daniel Aguilar, El Sol de México, T&B, p. 16)

La migración de cara al 2024

El reciente éxodo masivo de migrantes, la tragedia de los 40 migrantes incendiados y las terribles imágenes de migrantes brutalmente atropellados, obligan a la sociedad a poner como eje a la exigencia de cara a las elecciones de 2024, a urgente atención y solución al conflicto migratorio en México. Se trata del “elefante en la habitación”. Un tema que pocos analistas profundizan en seriedad, una verdad evidente que es ignorada, en problema y riesgo obvio que pocos quieren discutir a fondo o más allá de las coyunturas.

Puede que nos duela aceptar la terrible verdad de que Trump tenía razón y que el problema de Estados Unidos, y por supuesto que también el nuestro, es la migración.  Una vez que millones de personas cruzan la frontera del sur de México, en ese momento comienza nuestro problema, ya que en el mejor de los casos, aunque lamentablemente el menor, logran llegar a lugares como Cancún, Playa del Carmen o Coatzacoalcos para incorporarse al ámbito laboral, otros tantos vienen no buscando el sueño americano, sino incorporarse al sueño del narco mexicano y otros simplemente son forzados a incorporarse, tratados con los más viles propósitos deshumanizados, algunos otros entran a las autodefensas o se ponen un pasamontañas para incorporarse a las fuerzas de la guerrilla, los menos llegan a la frontera norte.

Hoy, lo que hasta hace algunos años era una realidad constante, pero exclusiva para las regiones de cruce de migrantes desde Tenosique, Escárcega o las regiones por donde cruza el tren “La Bestia”, lejano de las ciudades, ahora los migrantes ya son parte de la limosina diaria (coordinada por el crimen organizado) en las calles de la CDMX, Cuernavaca o Puebla, una realidad que nos grita a diario que debe ser atendida.

El discurso en torno a la problemática migrante ha sido poco comprendido por los políticos mexicanos que, junto a la inmensa mayoría de la opinión pública, ha tenido un enfoque desde un romántico irracional. Si bien son loables los esfuerzos de organizaciones y grupos sociales que protegen a los migrantes, los atienden de enfermedades, les dan atención médica a los que sufren accidentes (muchos de ellos en el tren) y quedan lisiados o con extremidades amputadas, son una muy pequeña realidad del conflicto, ya que el problema no se va a solucionar bajo la ingenua premisa de que sólo van de paso y en el camino hay que cuidarlos.

De hecho, esta idea romántica fue lo que llevó al Presidente a declarar al inicio de su sexenio que les daría trabajo en el Tren Maya y en el Progama Sembrando Vida, promesa que ha sido simplemente frustrada. Paradójicamente, lo que sin darnos cuenta sucedió, es que los mexicanos sí pagamos, de alguna manera, el muro que exigía Trump, al cual llamamos Tren Maya, en particular, el tramo que va desde Palenque – Tenosique – Chetumal. 

Me explico, la última frontera con Guatemala antes de llegar al municipio de Calakmul, se encuentra en Tenosique, llamada el Ceibo, de allí hasta Chetumal no hay fronteras, lo que divide a Centromérica de México son obeliscos masónicos distribuidos entre una franja barbechada de la misma selva. A su vez, Calakmul es el único municipio del país que colinda con dos países: Guatemala y Belice, y en toda esa franja entran miles de migrantes.

En síntesis, este es un problema que ya no puede ser analizado desde el romanticismo, confrontándonos con Estados Unidos, o con demagogia política. El próximo Presidente deberá tener como eje claro la necesidad de enfrentar este problema desde la manera tajante, pensando en la realidad que nos está dejando vulnerables. (César Daniel González Madruga, La Crónica de Hoy, La dos, p. 2)

Arsenal // “López Obrador elude retos, yo no”: Creel

* Leí en el portal del Washington Post una nota en la que se asegura que México retiró su propuesta de aceptar otros 30 mil deportados mensualmente de Cuba, Nicaragua, Haití y Venezuela. El cotidiano cita como fuente Aduanas y Protección Fronteriza (CBP).

Me pareció una digna postura, luego de las estupideces que sobre México dijo el senador republicano John Kennedy –no confundir con su homónimo demócrata– en la audiencia de Anne Milgram, directora de la DEA. “México, hablando figurativamente, estaría comiendo comida para gatos de una lata y viviendo en una carpa en un traspatio”, dijo el republicano, en forma despectiva.

Consultamos el dato de CBP con altas fuentes de la Cancillería. “No que sepamos”, dijeron.

De lo que sí obtuvimos copia es de la carta que el embajador de México en Washington, Esteban Moctezuma, le mandó a Kennedy, senador por Luisiana, en la que revira a sus insultantes palabras: “Al escucharlo –le dice– mi reacción inicial fue la de responderle en un tono igual de bajo, desinformado y arrogante, como el que usted empleó, pero siempre es mejor utilizar el cerebro en vez de las entrañas”.

Moctezuma recordó, con datos, la vibrante relación que existe entre México y Estados Unidos y le pasó una cifra que probablemente Kennedy ni siquiera conoce: Luisiana le vendió a México 40 mil millones de pesos el año pasado, y le compró a nuestro país 15 mil millones. Un superávit de 25 mil millones de dólares. “No creo que la gente de Luisiana se sienta representada por las palabras vulgares y racistas que usted empleó… por el nivel moral expresado, nosotros no esperamos reconsideración de su parte”, escribió Moctezuma. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)

El Santo Oficio // Por quién votar, he ahí el dilema

El desorientado cartujo no sabe por quién votar. En el oficialismo no hay nada —empezando por Ricardo Monreal, de convicciones tan firmes como quebradizas— y en la oposición, un manto oscuro lo cubre todo. En medio, millones de ciudadanos miran el futuro con espanto mientras otros tantos han elegido ya el camino portentoso de la fe, son creyentes y para ellos solo existe la palabra sagrada del creador de la 4T, alabado sea.

El monje, lo repite, no sabe por quién votar, aunque de algo está seguro: no lo hará por el PAN y nunca lo ha hecho ni lo hará por PRI. Pretendiendo despejar sus dudas, se pregunta:

¿Quieres que regresen las guarderías y las escuelas de tiempo completo? (…) ¿Quieres que se creen trabajos dignos y no solo políticas asistencialistas? ¿Quieres que haya medicamentos para niños con cáncer?¿Quieres que los responsables de Migración y Segalmex rindan cuentas ante la ley? ¿Quieres que el país se siga militarizando? ¿Quieres que los medios del Estado estén al servicio de la ciudadanía y no del gobierno? La duda persiste, ¿por quién votar? (José Luis Martínez S. Milenio Diario, Al frente, p. 2)

Cartones

carton 1

(Osvaldo, El Sol de México, Análisis, p. 10)

carton 2

(Fer, El Universal, Opinión, p. 15)