Duda razonable / Medio millón de mexicanos han querido irse a EU
La oficina de aduanas y protección de la frontera estadunidense dio a conocer ayer las cifras de detenciones en la frontera en julio pasado. 212 mil 600 personas fueron detenidas por la autoridad estadunidense en la frontera. Esto es el número mensual más alto en 21 años, algunas de ellas más de una vez. Poco menos de 19 mil menores edad no acompañados.
El gobierno de EU pensaba que el calor del verano podría hacer descender el número de migrantes que intentan llegar a ese país, pero esto no ha sucedido así.
Los centros de detención fronteriza no resisten la sobreocupación y se han tenido que construir e improvisar nuevos campos de detención, y todo esto en medio de la pandemia que ya ha causado brotes de covid en algunos de éstos.
Los números dados a conocer ayer muestran una realidad que debería preocupar al gobierno mexicano. En los últimos años se ha pensado en la crisis fronteriza como una creada por la migración centroamericana, pero eso empieza a cambiar.
De los 212 mil arrestos, 59 mil fueron mexicanos. Es decir, 27 por ciento. Más: el número de detenciones de mexicanos en la frontera dobla el número de julio del año pasado y es tres veces mayor que el de julio de 2019, cuando hubo poco más de 18 mil detenciones. En julio de 2018 hubo 15 mil. Y esto no es una anécdota sino una tendencia.
Total de detenciones en el año fiscal 2018 (octubre-septiembre): 222 mil 587.
2019: 237 mil 78.
2020: 297 mil 711.
Primeros 10 meses del año fiscal 2021: 538 mil 982.
A este ritmo se doblará —y un poco más— la cifra del año pasado. Y ya está en números que no se veían desde 2007 y 2008. De octubre a julio de este año van 21 mil 500 menores no acompañados mexicanos.
Tal vez ahora podemos leer de otra manera la visita del equipo de Seguridad Nacional y Supervisión de la Frontera que el presidente Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard recibieron esta semana.
La crisis no solo es en Centroamérica y, por lo tanto, en nuestra frontera con Guatemala y se pueda arreglar solo con la Guardia Nacional. No. La crisis económica del ultimo año y medio está expulsando mexicanos en cifras récord. Ahora que lo sabemos ¿alguien hará algo al respecto? O con tal que manden remesas (los que sí lo logran) todo bien. (Carlos Puig Milenio, Al Frente, p.2)
Quebradero / Frontera sur, de nuevo al límite
De nuevo se está presentando en la frontera sur una significativa presencia migrante.
Se ha detectado una nueva presencia de haitianos. No quieren quedarse y quienes llevan algún tiempo fuera por ningún motivo quieren regresar. Los haitianos no quieren vivir los conflictos políticos a lo que se suma la pobreza, la corrupción, la violencia y la falta de oportunidades de empleo; llevan un buen tiempo dispuestos a tomar cualquier riesgo con tal de salir y no volver.
Recordemos que un flujo importante de ellas y ellos trabajaron en Brasil en la construcción de las instalaciones para los Juegos Olímpicos de Río, la Copa Confederaciones y el Mundial. Fueron una mano de obra barata y efectiva, lo que les permitió a muchos trabajadores resolver sus problemas económicos y los de sus familias y a los brasileños organizar todos los eventos en los que se metieron.
Un buen número de haitianos se quedó en Brasil, otro se fue a Colombia, Ecuador, Panamá y México. La gran mayoría de los que vinieron al país terminaron en Tijuana, era el único punto que identificaban de la frontera México-EU, esperanzados en el proyecto migratorio de Barack Obama.
En Tijuana sacaron ficha para solicitar en el departamento de migración de EU el permiso para pasar. El proyecto se vino abajo a la entrada de Donald Trump y la mayoría se quedó en Tijuana. Los que lograron pasar terminaron en Florida, donde se encuentra la colonia más grande de haitianos en EU.
Lo que padecieron fue brutal. Primero tuvieron que dirigirse a Brasil para trabajar, cuando terminó su chamba decidieron venir a México, luego tuvieron que recorrer parte de Sudamérica y Centroamérica bajo condiciones brutalmente adversas. En muchos casos fueron vejados, algunas mujeres abusadas sexualmente teniendo que atravesar zonas difíciles por la bella y compleja orografía.
Quienes no pudieron entrar a EU se quedaron en Tijuana donde han sido bien recibidos, reconociéndoles su voluntad de trabajo. Las cosas han llegado a tal grado que se han formado familias haitiano-mexicanas.
El nuevo flujo es difícil de organizar. Nuestro país conserva una actitud pasiva en la frontera sur debido fundamentalmente a sus acuerdos con EU. A la migración haitiana sumémosle también que no ha parado la centroamericana y que ahora se ha intensificado de nuevo la mexicana, después de algunos años en que había disminuido.
Lo que va quedando claro es que los proyectos que se diseñaron entre México y EU para Centroamérica, buscando invertir para generar empleos y así ir evitando la migración, no han dado resultado o no se han enviado los dineros.
El estado de las cosas en Honduras, Guatemala y El Salvador no ha cambiado porque el problema no es sólo de inversión, también son las condiciones políticas, la violencia, violación de los derechos humanos y la imparable presencia de las bandas, entre las que destacan las “Maras”.
El drama de muchas familias pasa por la dolorosa decisión de los padres de pedirles a sus hijos que dejen sus lugares de origen porque lo contrario es exponerse a la delincuencia, con todo lo que esto significa para los adolescentes y jóvenes.
La problemática no ha dejado de estar entre nosotros. La nueva variable es que están regresando a los migrantes a México y no a sus países de origen, ante la pasividad y los singulares acuerdos entre México y EU.
Estamos ante un flujo migratorio que nos obliga una vez más a entender a los migrantes y asumir que el tema es multilateral y de nosotros.
Es cuestión de muy poco tiempo para que se vuelvan a desbordar las cosas.
RESQUICIOS
A pesar de que la revocación de mandato está en la Constitución, hay pendientes que pasan por el Congreso, las cosas en esta instancia no van a ser nada fáciles. Parece que al Presidente le urge que le digan que se quede tres años más con todo y que los votantes lo elegimos por 6 años y no para que a la mitad nos pregunten si queremos tres años más. (Javier Solórzano Zinser La Razón, La Dos, p.2)
Giros rápidos en la política migratoria
Quizás era previsible, pero ya estamos ante otra coyuntura de cambio en la política migratoria entre México y Estados Unidos. Desde la llegada de Joe Biden, el principio que guiaba las decisiones migratorias en EU era la de máxima apertura, dentro de las posibilidades de la ley, y así hizo México también. Ahora inicia una nueva fase de endurecimiento, aunque con un alcance y horizonte poco claros todavía. Entre una visita de una delegación mexicana a Washington hace dos semanas, una llamada entre el presidente Andrés Manuel López Obrador y la vicepresidenta Kamala Harris y finalmente una visita del secretario de Seguridad Alejandro Mayorkas a México esta semana, se dio este giro.
A pesar de las muchas notas periodísticas hablando de lo drástico que es la política de expulsiones, el llamado Título 42 (por la sección de la ley en EU), que permitían que el gobierno de EU expulsara a México a todos los migrantes que llegaban a la frontera, bajo argumentos de salud pública, la realidad siempre fue otra. Desde un inicio, se excluyó a los menores de edad de las expulsiones y, muy rápidamente, por decisiones en ambos lados de la frontera, se fueron excluyendo a muchas familias que intentaban cruzar, hasta llegar a más de 80 por ciento que fueron admitidos en junio.
Pero este patrón claramente no era sostenible. Los números de migrantes llegando a la frontera de forma irregular seguían demasiado altos para ser políticamente viables a largo plazo. Y ahora, con la administración Biden intentando aprobar una regularización a través de una medida presupuestaria, que se llama “reconciliación, que sólo requiere votos de la mayoría demócrata —un esfuerzo aún incierto pero importante— ya no querían el espectro de la migración irregular tan visible en la frontera.
Pero las soluciones aparentes que están buscando con el gobierno mexicano parecen, en momentos, un giro de 180 grados. Ahora están enviando los migrantes expulsados hacia Tabasco y Chiapas, con poco acceso en algunos casos a protección humanitaria (que sólo algunos, más no todos, merecen, pero todos tienen derecho a pedir). Y se están considerando algunas medidas más, no tan distantes de las que se diseñaron durante la administración anterior.
No nos queda claro por qué el gobierno estadounidense no está haciendo lo obvio: abandonar el Título 42 y regresar a procesos de deportación, con la oportunidad de pedir asilo si el caso lo amerita, lo cual llevaría a regresar la mayoría a sus países de origen en poco tiempo y sí tendría un efecto disuasivo, pero con un proceso más claro y justo.
Sin embargo, también hay que reconocer que la administración Biden, con todos sus vaivenes en la frontera y el incertidumbre sobre el rumbo que persiguen, sí está buscando una regularización de una población amplia de indocumentados ya viviendo en Estados Unidos, y ya se redujeron las deportaciones de los indocumentados que han vivido un largo tiempo en Estados Unidos. Y finalmente, si bien parece que hay un giro dramático en la frontera —y en parte sí lo hay— también es cierto que la administración Biden tiene una propuesta a largo plazo que sigue en pie para generar mayores posibilidades de migración legal y atender las causes que fomenten la migración forzada.
Así que hay giros y no giros, endurecimiento y apertura, cortoplacismo y visión estratégica, todos conviviendo al mismo tiempo en esta materia de política migratoria, un tema que siempre requiere de balanzas y equilibrios, y siempre está sujeto a las presiones políticas del momento. (Andrew Selee, El Universal, Opinión, p.10)
Templo Mayor
VAYA, VAYA… da la impresión de que Kamala Harris también tiene otros datos, pues no le hizo el menor caso a Andrés Manuel López Obrador en eso de reabrir ya la frontera entre México y Estados Unidos.
PESE a que el mandatario presumió que fue uno de los temas centrales de su plática telefónica con la vicepresidenta, ya quedó claro que no hay mucho interés de Washington en ese tema. De hecho, ayer se dijo que podría estar cerrada, por lo menos, dos meses más.
EL ASUNTO es que también las autoridades texanas están urgiendo a que se reabra la frontera, pero la administración de Joe Biden sigue viendo con mucha preocupación el tema de la pandemia. (F. Bartolomé Reforma, Opinión,p.8)
Apuntes Globales / La normalización de la relación México-Estados Unidos
Rafael Fernández de Castro M. El Financiero
Al arrancar esta semana un ávido y experimentado periodista me entrevistó sobre lo que consideraba eran demasiadas reuniones de altos funcionarios mexicanos y estadounidenses. ¿Qué se está cocinando? Insistió.
Lo que está pasando es que la relación bilateral está entrando en un periodo de normalización. Es decir, hay y habrá muchas reuniones al más alto nivel. Por ejemplo, al arrancar Barack Obama en la Casa Blanca en enero de 2009, surgió una serie de visitas de alto nivel –la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano; el procurador de Justicia, Eric Holder, e incluso la secretaria de Estado, Hillary Clinton–. Más aún, en abril ya estaba visitándonos el propio Obama.
Hay una sorpresiva buena relación entre AMLO y la vicepresidenta Kamala Harris. Me explico. La visita tan vituperada de Kamala a la Ciudad de México dos días después de la elección de medio término acabó siendo un gran éxito. Lejos de un enmendarle la plana a AMLO por temas de democracia, como muchos analistas sugerían, la vicepresidenta transmitió bien la imperiosa necesidad de avanzar en la cooperación bilateral, especialmente para evitar una nueva crisis migratoria en la frontera común. Decenas de miles de migrantes agolpados en la frontera es arsénico puro para las aspiraciones de los demócratas a conservar las mayorías legislativas en la elección de noviembre del año que entra.
El hecho que durante esta semana se realizara una llamada telefónica entre el Presidente de México y la vicepresidenta de Estados Unidos, y que el consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan y el secretario de Seguridad Interna, Alejandro Mayorkas, visiten México es normal desde el punto de vista de intensidad. Más aún, se ha anunciado que el próximo mes de septiembre se realizará finalmente la reunión del Grupo de Económico de Alto Nivel.
No hay que buscar explicaciones sospechosas. Me parece que finalmente los gabinetes de AMLO y Biden se pusieron a trabajar con intensidad, como generalmente se ha hecho en las últimas tres décadas. Es una relación tan intensa, asimétrica y compleja que se requiere trabajar a diario, con pragmatismo y realismo, para mantenerla, evitar los problemas y profundizar la cooperación.
Pareciera que finalmente se disiparon las dudas en el Palacio Nacional sobre la necesidad de trabajar hombro con hombro con el equipo de Joe Biden. Mi lectura es que, algo tarde, pero AMLO se está concientizando de que no tiene remedio, él mismo tiene que meterse a lidiar con los vecinos. En la presidencia imperial que México ha vuelto a experimentar; si el mandatario no participa, no suceden las cosas.
El hecho que AMLO esté invitando a Biden a venir a México refuerza el argumento de una relación normalizada y entierra el escenario del conflicto abierto entre ambos presidentes.
No es tarde para percatarse de que Biden, no Trump, es una gran oportunidad para profundizar los lazos de cooperación entre México y Estados Unidos.
A finales del mes pasado, ante los cancilleres de América Latina y el Caribe en la reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), AMLO pronunció un discurso que seguramente fue bien recibido en Washington. La rivalidad estratégica China-EU es una oportunidad para América Latina de mejorar su cooperación con Washington, enfatizó.
Es hora de tener claro qué se requiere mejorar en la relación con el vecino del norte, y cómo podemos aprovechar la imperiosa necesidad de la administración Biden de mantener en orden los flujos migratorios, centroamericanos y mexicanos.
El momento es propicio para un gran programa de trabajadores huéspedes. No sólo mexicano sino también centroamericano. La gran noticia de esta semana en Washington fue la aprobación del Senado de un billón de dólares para infraestructura.
Estados Unidos no puede construir a gran escala sin mexicanos. Ya están pasando muchos connacionales sin documentos. Están presentes lo que se denomina factor de expulsión por el negativo impacto del Covid en la economía mexicana y factor de atracción por una economía de Estados Unidos creciendo sin precedente.
El tráfico ilegal migratorio está a la orden del día. Es el momento de tratar de poner orden y legalidad a la migración. No le abonemos la causa a Trump y lo veamos haciendo campaña en 2024 con la acusación: los indocumentados mexicanos se han incrementado significativamente. (Rafael Fernández de castro, El Financiero, Opinión, p.31)
Alto al mando / Contundente presencia de Estados Unidos en México
Es habitual que los medios de comunicación tengan que rescatar los detalles de visitas de gran relevancia para la política mexicana a través de medios extranjeros. No fue hasta que en EU se diera a conocer los temas tratados en la visita de sus altos funcionarios a México que los pudimos conocer. Existe históricamente un gran problema en la oficina de comunicación del gobierno en todas sus áreas, pareciera que ante situaciones delicadas se elige guardar silencio como si éste pudiera seguir manteniendo la idea de que vamos muy bien. La situación de violencia y el fortalecimiento de grupos delictivos con gran alcance bélico y con capacidad de extensión casi a todo el territorio mexicano, tienen de puntas al gobierno de Biden.
Prueba de esto es el número de visitas que hemos recibido de manera sorpresiva de funcionarios de altísimo nivel y relevancia respecto a la Seguridad Nacional de su país, sin contar la pasada visita de la Vicepresidente Kamala Harris. La comitiva que llegó a México, sin que hubiera estado en ninguna agenda binacional, estuvo conformada por prácticamente los responsables de la seguridad nacional de los EU. Es evidente que la preocupación del país vecino no sólo se centra en los migrantes, está focalizando su atención en la falta de contención de violencia y extensión de cárteles de narcotráfico.
Iluso pensar que la presencia por segunda ocasión en este mismo año del secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, y del Consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan, acompañados, nada más ni nada menos, del asistente personal del presidente Biden, quien es director principal del Consejo Nacional de Seguridad para el Hemisferio Occidental, corresponde sólo a una visita cordial, resultado de la buena relación entre ambos países para tratar el tema de apertura de la frontera y el incremento de migración a los EU, cuando se sabe de la ríspida relación que existe entre el director de la DEA y el gobierno de México, a tal grado que se encuentran en pausa los convenios de colaboración que existían antes de la llegada del presidente López Obrador. Aunado a todo esto, llama mucho la atención la reunión entre el fiscal general Gertz Manero con Alejandro Mayorkas y con Jake Sullivan, reunión que nunca fue informada por el gobierno mexicano y que da mucho de qué hablar, precisamente por la manera en que se oculta de la luz pública.
Es evidente que EU no está conforme con la manera en la que se está atendiendo el problema de seguridad en nuestro país, ve con preocupación que a pesar de la gran militarización no bajan los índices delictivos y sí se fortalecen capos en la vida pública, generando ingobernabilidad en donde quienes mandan son las balas y no la autoridad. La complacencia del gobierno en la creación de autodefensas ha sido aprovechada por criminales, es el caso de El Abuelo, conocido narcotraficante y fundador de autodefensas, quien por haber sido entrevistado por Azucena Uresti, la periodista haya sido amenazada de muerte por el CJNG. Es inadmisible que el gobierno permita estas amenazas y el empoderamiento de criminales cediéndoles el espacio para entregar regalos y ayuda a pobladores que terminan protegiéndolos. Veremos si estas visitas son lo que necesita el gobierno de Morena para cambiar de inmediato la estrategia y restablecer el orden en el país. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Opinión, p.18)
Economía y Sociedad / Desigualdad, desempleo y migración
El subdesarrollo es como una jirafa, difícil de describir pero reconocible a primera vista. Por donde volteemos la mirada ahí está. Se convierte en una suma de datos históricos, culturales, religiosos, políticos, económicos y sociales. Permeable a todo.
Hay tres grandes problemas, entre otros, que se han agudizado en la sociedad mexicana. Ellos son la desigualdad, el desempleo y la migración. A pesar de cambios importantes que los gobiernos han realizado, unos más otros menos, la demagogia y las utopías capeadas de lirismo han prevalecido.
El desgano social ha erosionado a las formaciones políticas clásicas y ha emergido el triunfo de lo imprevisible. Grupos radicales o alternativos entran en la escena política sin dificultades. No se defiende el valor de la solidaridad que es un factor de cohesión social. Sólo es sostenido por el asistencialismo que se canaliza a los adultos mayores.
El miedo impulsa el auge conservador y la incertidumbre genera un deseo de certezas.
La desigualdad es un fenómeno asociado al modelo productivo. En América Latina la desigualdad es muy alta, al mismo grado que la pobreza. Pero si bien preocupa la pobreza por sus niveles altos agudizados por la pandemia, se desatiende a la desigualdad en donde hay mucha complacencia. Se acepta y es deseable la pobreza cero pero no la desigualdad cero.
Independientemente de los indicadores que miden la desigualdad y la pobreza, lo importante para superarlas es que haya una buena atención sanitaria, que las guarderías y las escuelas sean eficientes, que los jóvenes puedan estudiar en la universidad y desarrollar todo su potencial, que se atienda a los adultos mayores.
Estas son las cosas que verdaderamente importan. Hay que enfocarse más en las políticas que en los índices y las tasas, que el capitalismo funcione para todo el mundo, cosa que no sucede. Para el pensamiento demócrata/liberal el ejemplo a emular no es Estados Unidos en donde 1% más rico de las familias ha recibido 60% del incremento del ingreso. El modelo es Canadá o los países escandinavos.
Con la pandemia y el cierre de empresas el desempleo ha aumentado a niveles peligrosos por sus efectos desestabilizadores. Si bien la economía mexicana nunca ha creado los empleos que se necesitan para absorber a la mano de obra resultante del crecimiento demográfico, ahora se agudizan los problemas.
A corto plazo el salvavidas está siendo Estados Unidos que al recuperar su economía está demandando más mano de obra de México para sus actividades agrícolas y de servicios, principalmente. También demanda productos de manufactura mexicanos, en el contexto del tratado comercial, lo que explica el incremento importante de las exportaciones.
En México, un foco de atención son las pequeñas y medianas empresas porque representan 95% del sector industrial. Necesitan financiamiento, asesoría técnica, capital de riesgo y que se sumen al proceso de productividad sobre una base integral, en vez de proliferar de manera suelta. Es en este conjunto de empresas en donde se da el mayor empleo productivo.
La migración mexicana se ha visto incrementada. Ello explica el mayor envío de remesas en dólares de los trabajadores que pudieron cruzar la frontera. Hay miedo de ser deportados pero también el convencimiento de que las opciones de empleo en México son escasas.
Durante el primer semestre de este año las remesas representaron 23,618 millones de dólares, el nivel más alto desde el 2006. El efecto social hacia adentro del país es el valioso apoyo a las familias de bajos ingresos.
México también se ha convertido en una puerta de entrada a la migración centroamericana y del Caribe. AL cierre de junio han pedido asilo a nuestro país 23,000 hondureños, 9,330 haitianos, 5,200 cubanos. También hay solicitudes de salvadoreños, venezolanos y guatemaltecos.
La explicación es obvia: son las graves condiciones en que viven en sus países. Básicamente lo que quieren es desayuno, comida y cena. (Sergio Mota Marín Economista, Opinión, p.9)