Durante años, los llamados “soñadores”, esos casi 800 mil jóvenes, hombres y mujeres que fueron traídos de niños por sus padres, sin preguntarles y sin tener visa ni documentos, han vivido en la incertidumbre y la angustia. Si bien por ahora están protegidos y no pueden ser deportados, tampoco tienen garantía de que podrán seguir adelante con sus vidas en los Estados Unidos, el país donde han crecido y el único que conocen.
Este martes, la Suprema Corte de Justicia escuchó su caso, pero no se espera que tome determinación alguna antes del próximo verano. Si tienen suerte, su problema podría resolverse de una vez por todas y aun brindarles la oportunidad de adquirir la ciudadanía. Si no la tienen, podrían enfrentar la deportación, una medida que afectaría a más de un millón de personas, si se cuentan sus familias, en su mayoría de México.
En juego está el programa conocido como DACA por sus siglas en inglés, establecido con una Orden Ejecutiva por el entonces presidente Barack Obama en 2012, para proteger a esos jóvenes que no violaron la ley por decisión propia. Programa que Donald Trump ha prometido terminar y al que de hecho lleva dos años intentando eliminar, la última vez en 2017. Argumenta que su antecesor violó la ley al no ponerlo a votación del Congreso. Sin embargo, jueces en San Francisco, Nueva York y Washington, DC, impidieron que la decisión de la administración Trump entrara en efecto.
Ésa es la realidad de casi todos ellos. No sólo muchos son quienes mantienen a sus familias, sino que contribuyen en buena medida a la cultura y economía de este país, al que consideran suyo. De ahí el apoyo que han recibido de tres cuartos de la población que está de su lado, de la iniciativa privada y de innumerables instituciones educativas. Sin embargo todo puede esperarse de una Corte con mayoría conservadora. (Concepción Badillo, La Crónica de Hoy, Mundo, p. 19)
Aspirantes EU: Ante la caída en las preferencias por la nominación presidencial demócrata del ex vicepresidente Joe Biden, el zar de la comunicación Michael Bloomberg anunció su interés de participar en ese proceso. En 2014 envió un mensaje a México donde expresó su simpatía por el Programa de Acción Diferida para los llegados en la infancia (DACA) y ofreció una reforma migratoria similar al Acta de Inmigración con la cual el presidente Ronald Reagan 1986, ofreció amnistía a casi 2 millones de indocumentados. (Federico La Mont, El Sol de México, Nacional, p. 9)
Si uno escribe “noticias sobre migrantes en México” en cualquier motor de búsqueda en la web de inmediato saldrán no muy gratas noticias. Hice este ejercicio y el día 7 de noviembre de este año detuvieron un camión de carga en una carretera al sur del estado de Veracruz, en el que viajaban de forma indocumentada 100 migrantes centroamericanos. Si uno sigue buscando, no para uno de encontrar notas, que no son parte de las primeras planas de los diarios.
La migración de centroamericanos no es nueva, dada la historia específica de la región. En los años ochenta se dio inicio a una migración cuyo origen son las guerras civiles, principalmente en Guatemala y El Salvador. En la década de 1990 se generó una migración de retorno por la firma de los Acuerdos de Paz en los dos países; en algunos casos el retorno y en otros la deportación de personas, incluyendo a quienes se habían integrado a pandillas, estudiosos del tema en un informe del COLEF en 2018 señalan este proceso como el origen de otro tipo de violencia, con el surgimiento de bandas como son Barrio 18 o la MS-13, que es una de las principales causas de la migración de las llamadas caravanas.
A fines de la década de los noventa y a inicios del siglo XXI se presenta un fenómeno migratorio conocido como transmigración, principalmente de tipo laboral: jóvenes centroamericanos que van en busca del sueño americano y que viajan a través de La Bestia.
Los mexicanos seguimos siendo la fuente de mano obra en ramas económicas donde se ofertan plazas que trabajadores nativos no están interesados en ocupar por los bajos salarios y condiciones precarias. Solo como ejemplo, en el sector de la construcción se emplearon a 1,544,300 mexicanos y 469,183 centroamericanos. En el sector de ventas al menudeo se contrataron 1,442,366 mexicanos y a 433,724 originarios de Centroamérica. (Patricia Pozos Rivera, El Universal, Opinión, p. 17)
En Bolivia, el Ejército ha pedido la renuncia del presidente Evo Morales tras las acusaciones de fraude electoral. El presidente asegura que el único delito que ha cometido es ser indígena y ayudar a los pobres; se exilia en México.
México da asilo político a Evo Morales. Al tiempo que en la frontera mantiene en condiciones de dudosa humanidad a los migrantes latinoamericanos. Esto, como parte de un acuerdo con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En Estados Unidos, el presidente enfrenta un juicio político por intentar sobornar políticamente a Ucrania mediante un cuestionable intercambio de información sobre Joe Biden, su rival electoral.
Hay políticos iluminados y enfermos de poder; también hay soberbios que se llenan los bolsillos de monedas; otros, que van por la revancha henchidos de odio. (Valeria López Vela, La Razón, Mundo, p. 24)
En Palacio Nacional deben poner más atención a las “fuertes señales” de Trump y priorizar el establecimiento de la agenda bilateral que hoy gravita en la securitización y será su narrativa electoral pasando por el éxito del muro de la Guardia, que no Nacional pero sí migratoria, la solución a la narcoviolencia con un ángulo terrorista y rematando que el efecto Evo es el principio del fin de esos regímenes obsesionados con las reelecciones. El mensaje es bastante claro para México. (Marcela Gómez Zalce, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
No digo nada nuevo si digo que el Partido Acción Nacional (PAN) está en problemas. Pero, caramba, cada día peor. Frente a la petición de asilo de Evo Morales y la conducta del gobierno mexicano, el líder nacional del PAN; repito, el líder nacional del segundo partido más votado en México, tuiteó lo siguiente:
Debe ser que es joven que no recuerda la ley que firmó durante su administración el más reciente presidente panista, Felipe Calderón, antes aprobada por el Legislativo del que Marko Cortés formaba parte; y que después tuvo algunas adiciones y correcciones en el sexenio de Enrique Peña Nieto, modificaciones en que todos los panistas en ambas cámaras votaron a favor. Es más, Ernesto Cordero, panista, era el líder en el Senado.
Le recuerdo al joven Cortés: “Artículo 61.Todo extranjero que encuentre en peligro su vida, su libertad o seguridad por ideas o actividades políticas directamente relacionadas con su perfil público, y carezca de la protección de su país, podrá solicitar el otorgamiento de asilo político ante la Secretaría de Relaciones Exteriores, sus delegaciones localizadas fuera del Distrito Federal o la Representación, según corresponda”.
Y define esa ley: “I. Asilo Político: Protección que el Estado Mexicano otorga a un extranjero considerado perseguido por motivos o delitos de carácter político o por aquellos delitos del fuero común que tengan conexión con motivos políticos, cuya vida, libertad o seguridad se encuentre en peligro, el cual podrá ser solicitado por vía diplomática o territorial”. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al Frente, p. 2)
La concesión de asilo a Evo Morales, el más exitoso de los líderes de la izquierda bolivariana, es un gesto noble, que honra la tradición diplomática mexicana. Como bien dijo el canciller Marcelo Ebrard, la política exterior de México está llena de ejemplos de solidaridad con movimientos progresistas iberoamericanos.
Ha sido aleccionador ver a Bolivia instalada tan centralmente en el debate público mexicano. Sucede con Bolivia lo que otras veces ha sucedido con Venezuela y Cuba. El conflicto político de un país latinoamericano se vuelve asunto interno de México. Gobierno y oposición confrontan sus visiones sobre una crisis andina.
El canciller Ebrard sugirió que México podría reconocer otro gobierno boliviano, democráticamente electo. Con el asilo, esa opción se abandona y México establece un precedente ideológico para su relación con una América Latina cada vez más dividida. (Rafael Rojas, La Razón, México, p. 4)
¿Le sirve a México darle asilo a Morales? El derecho de asilo en nuestro país no debería tener discusión. A lo largo de muchos años siempre se ha respetado. Aquí han tenido asilo y refugio, desde los exiliados españoles de la guerra civil, hasta el depuesto Sha de Irán, Reza Pavlevi, pasando por personajes de todo el mundo que lo demandaran con justicia y razón. En ese sentido, otorgarle refugio a Morales no estaría siquiera a discusión.
Pero, ¿qué pasa cuando el refugiado interviene, o se lo usa, para intervenir en política interna o internacional de nuestro país? Si Evo insiste desde su llegada a México en que seguirá participando desde aquí en política, si denuncia el complot conservador e imperialista en el continente, si su caída se asume como un golpe de Estado con tan ilustres acompañantes internacionales, ¿eso quiere decir que México se suma a esa política estratégica, la de los llamados países bolivarianos? (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 14)
En 2006, Evo Morales ganó la presidencia de Bolivia y refrendó su gobierno en dos ocasiones (2009 y 2014) con un enorme apoyo popular. Su mandato obtuvo resultados relevantes en materia social y económica, en un país caracterizado por la inestabilidad política, las profundas desigualdades y la discriminación.
Opositores, algunos con discursos religiosos radicales, presionaron en las calles a Evo para renunciar a solo unos meses de terminar su periodo constitucional. Una vez más en América Latina, donde todavía se sienten las heridas que dejaron con tortura y violencia las brutales dictaduras militares del siglo pasado.
La tradición diplomática consagrada en artículo 11 constitucional permitió que México otorgara asilo político a Morales. Además, la intervención militar en Bolivia concierne a todas las democracias, lo que hace incuestionable la decisión del Estado mexicano y reivindica su prestigio y liderazgo regional como ente soberano. (Claudia Corichi, El Sol de México, Análisis, p. 19)
Antes que cualquier otra cosa hay que señalar, para dejarlo fuera del debate, que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador hizo bien en otorgarle asilo político al expresidente de Bolivia, Evo Morales. México tiene una orgullosa tradición de país de refugio e hizo bien en respetarla. Incluso, haya gustado o no, es correcto que se haya enviado un avión militar a recoger a Morales: evidentemente, no existía la intención de dejarlo abandonar el país, porque casi todos los países limítrofes le negaban esa salida.
El apoyo a Morales también demuestra que la invocada “no intervención en asuntos de otros países” de México era, es, un mito. No se puede invocar la Doctrina Estrada cuando hay una crisis en Venezuela y olvidarse de ella cuando la crisis es en Bolivia. No se puede exhibir con justicia el derecho de asilo con Morales y negarlo para miles y miles de migrantes de otros países que están estacionados en nuestras fronteras porque lo pide Trump. Se puede argumentar que esa es una decisión geopolítica, que no se puede estar enfrentados con Estados Unidos, y es verdad. Pero entonces ¿vamos a jugar el juego de los regímenes bolivarianos? (Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 14)
Evo Morales, el presidente de Bolivia que renunció ante la presión disfrazada de sugerencia de las Fuerzas Armadas de su país, está en México. Invitado por el canciller Marcelo Ebrard aceptó solicitar formalmente el exilio, con lo cual se evitó una mayor escalada de violencia y el derramamiento de sangre en la crisis provocada por las fuerzas contrarias al orden constitucional que todavía representaba el presidente Morales antes de que la Asamblea Nacional, es decir el Congreso, aceptara su dimisión.
La política exterior mexicana escribe así una página más en su larga tradición que a través de la historia ha recibido lo mismo a jefes de Estado que a políticos, o a mujeres y hombres perseguidos en sus países. El asilo es un derecho humanitario consagrado en diversos tratados internacionales, pero su aplicación siempre es potestad y decisión de cada nación según las circunstancias en las que se concede.
La concesión de asilo al presidente boliviano siguió a una serie de acontecimientos en los que, según se informa, unas veinte personas demandaron la protección del gobierno de México y se encuentran en calidad de asilados en la representación de México en La Paz, a cargo de la embajadora María Teresa Mercado Pérez, quien igual que en diversos momentos del pasado debió actuar con firmeza en apego a la limpia tradición de la política exterior de nuestro país. (Salvador del Río, El Sol de México, Análisis, p. 18)
El asilo político, ahora otorgado a Evo, se ha concedido en México desde hace mucho tiempo, pero siempre con consideraciones políticas. Lázaro Cárdenas asiló a los refugiados de la guerra civil española (cosa que siempre he agradecido), pero fue mucho más restrictivo con los judíos que huían de la Alemania nazi. Luis Echeverría acogió a los refugiados chilenos y argentinos, pero no a quienes escapaban de Cuba. Hoy los bolivianos son bienvenidos, pero no los venezolanos. El gobierno mexicano, por otra parte, ha convertido a la Guardia Nacional en una extensión de la Border Patrol estadounidense para detener a los refugiados centroamericanos.
Bienvenido Evo. No coincido con sus ideas políticas, pero el asilo no debe condicionarse a la coincidencia. Supongo que corría riesgo en Bolivia, como muchos bolivianos corrieron riesgos y sufrieron represión durante su gobierno autocrático. Pero es difícil, si no imposible, pensar que este mismo asilo se le concedería a un gobernante que no fuera populista: México aceptaría sin chistar al venezolano Nicolás Maduro, pero no al chileno Sebastián Piñera, a quien el presidente López Obrador ni siquiera quiso recibir en una visita, mientras que sí acogió, y con honores, al dictador cubano Miguel Díaz-Canel. (Sergio Sarmiento, Reforma, Opinión, p. 8)
La diplomacia es una profesión cuyo objetivo es representar y velar por los intereses del Estado y de su nación en relación a otro Estado u organismo internacional.
Así, el canciller Marcelo Ebrard, diplomático de profesión y grado académico, ha desplegado sus capacidades culturales y equipamiento político para sortear y dar cauce a conflictos que, en manos inexpertas, se hubieran convertido en verdaderos dolores de cabeza para el presidente Andrés Manuel López Obrador; asuntos como el T-MEC, los flujos migratorios, el narcotráfico y sus consecuencias recientes, como el culiacanazo, la comunidad LeBarón o el golpe de Estado a Evo Morales, en Bolivia, han reclamado todas sus habilidades profesionales para fijar la posición política digna y justa de nuestro país frente al mundo, y darle salidas institucionales a tan controversiales temas.
Evo Morales, ¡nos guste o no!, técnicamente sigue siendo el presidente de Bolivia, y su renuncia al cargo fue para evitar ser detenido y asesinado por la junta militar de su país. Su pecado: pretender reelegirse. (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 16)
Si algo hay que reconocerle a este gobierno es su capacidad para escapar de temas que en otras ocasiones hubieran sido verdaderos escándalos. La vorágine mediática a la que nos exponen nubla la vista de lo verdaderamente importante.
Hace unos días, el presidente Andrés Manuel López Obrador volvió a recurrir al chiste como distractor, diciendo que la economía va bien porque en algunas comunidades la gente está matando más vacas.
Morena sabe que sus resultados han sido un desastre: más de 30 mil asesinatos, 0% de crecimiento económico, menos empleo, menos producción de petróleo, sumisión ante los criminales y ante EU; humillación al Ejército y represión a migrantes. Al gobierno le urge controlar al árbitro electoral, y por eso va a hacer todo lo posible para que estemos distraídos con trivialidades mientras ellos desmantelan nuestra democracia. La neblina de hoy es Evo Morales. Mañana encontrarán otra. Abramos bien los ojos. (Guillermo Lerdo de Tejada, El Heraldo de México, Editorial, p. 18)
Asteriscos.- Por primera vez en la historia, por cierto, obispos, arzobispos y cardenales estadunidenses eligieron a un inmigrante hispano para que los encabece. Se trata del regiomontano José Horacio Gómez, actual titular de la Arquidiócesis de Los Ángeles, que, a partir de ayer, preside la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. (Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 20)