A iniciativa del doctor Francisco Garduño Yáñez, comisionado nacional de Migración (INM), para crear un programa transversal con la Fundación Alfredo Harp Helú para el deporte, el Consejo Mundial de Boxeo (WBC) y el Comité Olímpico Mexicano, con la finalidad de generar para la población extranjera que transitoriamente se encuentra en las estaciones migratorias y albergues al resguardo del INM, acciones enmarcadas en la activación física y los deportes, en el entendido de que son actividades fundamentales que contribuyen a estabilizar grupos de personas que se encuentran en circunstancias migratorias; con base a preceptos establecidos en la Ley de Migración y su reglamento, la misión actual del gobierno de México es fortalecer la protección de derechos y seguridad de los migrantes nacionales y extranjeros, reconociéndolos como sujetos de derecho, a través de una gestión migratoria eficiente con base en el marco legal y con pleno respeto a la dignidad humana, y con una visión en donde México, como país de origen, tránsito, destino y retorno, protege de manera permanente los derechos humanos de todo extranjero que transite por el territorio nacional, independiente de su estado migratorio, al considerar que la movilidad humana es un derecho del migrante en la lucha permanente de su condición de vida.
El cambio de paradigma involucra hoy la necesidad de construir una mediación más cercana y amigable en los trámites más frecuentes, como son la regularización por razón humanitaria, la expedición de tarjeta de residente por renovación, la notificación de cambio de domicilio por parte de residentes, la expedición de documento migratorio por canje y permiso para salir y regresar, y se podrá sumar a este tipo de conceptos una oferta recreativa y lúdica a través del deporte, en este contexto y en el marco de un programa piloto a realizar en la estación migratoria Las Agujas, ubicada en la alcaldía Iztapalapa de la Ciudad de México, se dotará para este propósito de material para la activación física y la práctica de deportes y el cual consiste en balones para futbol, basquetbol y voleibol, conos para entrenamiento, silbatos y casacas deportivas, entre otros artículos y de manera inédita la instalación de dos sets para la práctica del boxeo, equipados con costales, peras, guantes, cuerdas y demás elementos necesarios para un metódico acondicionamiento boxístico.
Lo anterior tiene como objetivo brindar a la población albergada en la estación migratoria condiciones para la utilización positiva del tiempo libre, generando con ello, mayor estabilidad emocional y el mejoramiento en la capacidad física con base en género, edad y estado de salud de quienes quieran participar. (Daniel Aceves Villagrán, Excélsior, Opinión, p.20 )
Fueron días de tensión e incerteza: En Estados Unidos las elecciones se llevaron a cabo el martes 3 de noviembre y hasta cuatro días después, el sábado 7 de noviembre, supimos que Joe Biden había ganado la contienda por la Presidencia de la República. Para quienes deseaban que el gobierno populista de Donald Trump no tuviese una segunda oportunidad fue una gran noticia.
La incertidumbre es producto del sistema de representación indirecta que prevalece en Estados Unidos desde el siglo XVIII, es decir, el de los colegios electorales que suman 538. Quien alcance la cifra mágica de 270 colegios a su favor se alza con el triunfo. A las 11:00 a.m. del sábado se dio la noticia de que Pennsylvania, con 20 colegios electorales, había sido para Biden. Ese fue el estado que decidió la elección.
Es un momento histórico entre otras cosas porque su compañera de fórmula, Kamala Harris, será la primera mujer en la historia de Estados Unidos en ocupar la vicepresidencia. Además, Kamala es una mujer negra (“y estoy orgullosa de serlo” sostuvo alguna vez), hija de inmigrantes: su madre, Shyamala Gopalan fue una científica indú; su padre, quien llegó a la Unión Americana desde Jamaica, es profesor de economía de la Universidad de Stanford.
En el discurso que Kamala pronunció en Wilmington, Delaware, después de saber de su triunfo, recordó las palabras del Senador John Lewis, un luchador incansable de los derechos civiles: “la democracia no está garantizada, es una lucha que debemos dar todos los días…Y cuando en esta elección el destino de Estados Unidos estuvo en juego, ustedes, con su voto, aseguraron un nuevo día para nuestro país…Ustedes optaron por la esperanza, la unidad, la decencia, la ciencia y por la verdad. Ustedes votaron por Joe Biden…Aunque yo sea la primera la mujer en este puesto no seré la última. Las niñas que están viendo y escuchando este mensaje tienen esa esperanza.” Añadió que el nuevo gobierno debe sanar el alma de la nación, unir de nuevo a la sociedad norteamericana. (José Fernández Santillán, La Crónica de Hoy, Opinión, p.1)
Será muy difícil que Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, remonte en el Colegio Electoral y logre los 270 votos electorales que lo convertirían nuevamente en presidente de ese país. No existe en la historia de la Unión Americana un antecedente que nos muestre que sea posible que estados ganados por uno, luego de un recuento, cambien en favor del otro.
Eso es lo que busca Trump. En la anterior entrega le describí como los medios de comunicación locales hablaron de una ventaja totalmente inexistente del candidato demócrata. Si bien Joe Biden será el presidente número 46 de Estados Unidos, no será por la tan mentada ventaja de 10 puntos porcentuales, por el contrario, tendrá a la mitad de los Estados Unidos en su contra.
Donald Trump logró remontar en la preferencia de los estadounidenses en la recta final de la campaña y prueba de ello es el cambio en la preferencia electoral que se mostró luego del último debate realizado el jueves 22 de octubre, en Nashville, Tennessee. Trump logró colocar en la lona a su adversario demócrata, tan es así, que ninguna de las cadenas de medios de comunicación afines a Biden se atrevieron a preguntar quién había ganado el último debate.
Era claro que Donald Trump lo había derrotado. ¿Por qué? Porque Biden nunca pudo reconocer que Barak Obama construyó las jaulas para migrantes y su récord de deportaciones de mil mexicanos diarios durante los ochos años de la administración Obama. “¿Quién construyó las jaulas Joe? ¿Quién las construyó?” cuestionaba un envalentonado Trump quien evidenciaba que los demócratas tampoco son una garantía de derechos humanos para negros y latinos en la Unión Americana. (Jesús Martín Mendoza, El Heraldo de México, Opinión, p.12)
La postura del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en torno a la elección en Estados Unidos puede marcar una primera desavenencia con los intereses de la población latina en ese país, que votó mayoritariamente por el candidato demócrata Joe Biden.
Más allá de lo que se piense de la decisión del mandatario mexicano, el acaloramiento de los comicios en EU y la forma en que se dio el resultado parecerían darle la razón en cuanto a mantenerse alejado de la refriega.
Pero un puñado de jefes de Estado se ha mantenido al margen, no sólo porque toda la información señala la victoria de Biden, al que ya se considera como Presidente electo, sino como señal de la opinión prevaleciente respecto a Trump y sus esfuerzos por mantenerse en el poder.
En el caso mexicano, la situación es más complicada, por la integración social entre los dos países.
En días pasados, un reporte en el periódico político especializado The Hill, consignó la irritación de varios legisladores demócratas latinos, especialmente de origen mexicano.
De hecho, señaló que la actitud del gobierno de AMLO “enfureció” al menos al grupo de legisladores demócratas latinos (Congressional Hispanic Caucus), un grupo que ha sido estratégico para la relación bilateral, tanto porque sus miembros representan a seis de los nueve distritos electorales limítrofes con México como porque el grupo en su conjunto es influyente en la comunidad méxico-americana.
Ese grupo ya estaba molesto con López Obrador, por la “colaboración” mexicana con el gobierno de Trump para detener la llegada de migrantes centroamericanos, y porque su único viaje al exterior haya sido a Estados Unidos, en julio, a principios de la campaña presidencial, para reunirse con el mandatario estadounidense en la ceremonia de firma del T-MEC en la Casa Blanca. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Opinión, p.23)
Nunca me cayó bien Trump, representa y significa mucho de lo despreciable en la política: la frivolidad, el egocentrismo, la falta de convicciones y un odio prácticamente hacia todo con lo el que no se identifica. No puedo dejar de expresar que me genera gran alegría su derrota, sobre todo por una posición de congruencia, desde el Senado tuvimos una posición crítica y combativa a sus constantes insultos a México.
A pesar de la derrota de Trump, dista mucho que el triunfo de Biden sea motivo para festejar por sí mismo. Sorprende que muchos analistas políticos en México vean la victoria de Joe Biden como propia, un hecho de reivindicación civilizatoria o como naturalmente positivo para los mexicanos, cuando aún no se tiene evidencia. En el lapso en que Biden fue vicepresidente durante la administración de Obama, si bien en el discurso se apoyaba a los migrantes, en los primeros 3 años de su gobierno se realizaron más de 1 millón de deportaciones, cifra que supera por mucho a las 650 mil deportaciones realizadas en los 3 primeros años del gobierno de Trump. En pocas palabras, hubo más deportados con Biden que con Trump. Es cierto que la relación con Obama-Biden era de cortesía, pero no exenta de tensiones. Otro impacto de su presidencia podrá provocarse si busca concluir la guerra comercial con China, lo que será benéfico para Estados Unidos, pero profundizará contradicciones con México.
El discurso de Biden sin duda da señales esperanzadoras: reconciliación, diálogo, civilidad y con un sentido de progreso que Trump nunca tuvo. Además, que al único sector que mencionó explícitamente en su mensaje de victoria fue a los docentes. Pero hay que distinguir las actitudes y cortesía con los hechos políticos, por lo que la nueva administración podría convertirse en un puño de hierro dentro de un guante de seda. (Luis Humberto Fernández, El Sol de México, Opinión, p.15)
La personalidad narcisista ha sido a menudo ignorada como una entidad clínica y se ha considerado como cualidad de la orientación directiva de acuerdo a la intensidad del desarrollo narcisista del individuo. Especialistas describen que entre varios líderes políticos están representadas tres configuraciones narcisistas; la reactiva, la del autoengaño y la constructiva. Los estudios de liderazgo son una preocupación constante de los psicólogos políticos y una de las más amplias áreas para la investigación por existir una relación intrínseca entre líderes carismáticos y teorías psicoanalíticas del narcisismo.
Ese amor por ser el centro de atención y el peligro latente de llevar cualquier proyecto al desastre en la medida en que se niegan a escuchar el consejo o las advertencias de cercanos colaboradores es hoy un claro escenario del paralelismo y la similitud para gobernar de Donald Trump y de Andrés Manuel López Obrador.
Ambos se dedicaron a proyectar a la población una imagen que correspondía a los anhelos de ésta, sin embargo en las crisis emerge la punta del iceberg de complejas personalidades reacias a aceptar la realidad.
El torbellino que dio la vuelta al mundo desencadenado por López Obrador y su obsesión por el pasado –que evita que México transite hacia el futuro– ha dejado mal sabor de boca en círculos de poder en Washington al ser incapaz de mostrar, ya no digamos talento diplomático, sino el arte de la cortesía ante el resultado de la elección donde Joe Biden logró los 270 votos del Colegio Electoral para llevarlo a la Casa Blanca.
En la limitada aldea mental del Ejecutivo el fantasma del 2006 lo ha nublado de reconocer algo simple; las elecciones allá no son iguales a las de acá.
Desplegando el doble rasero y la simulación para reconocer triunfos en otros países, el mandatario mexicano decidió colocarse del lado de la historia del fraude, las irregularidades y la narrativa de Trump cuya beligerancia amenaza a las instituciones estadounidenses y de paso rompe todas las reglas de la decencia básica.
López Obrador, instalado en su narcisismo, puso en aprietos a la Cancillería y a la Embajada de México en Washington. No hay maroma alguna para explicar el errático comportamiento presidencial y el desatino estratégico en una relación prioritaria para México con su principal socio comercial.
La 4T podrá calar a Biden con la designación del embajador(a) norteamericano en nuestro país, el fondo y el tono en esta nueva etapa que tendrá cambios sustantivos en la presión alrededor de los capítulos de derechos laborales, medio ambiente y energía del T-MEC, además de la seguridad y la migración.
Se avecinan retos que necesitarán perfiles adecuados y una hoja de ruta pragmática y estratégica.
Subestimar el cambio que se avecina con la estridente advertencia presidencial de “no somos peleles de ningún gobierno extranjero” no convence al haber sido títere de Trump cuando amenazó a México con la aplicación del 5% de aranceles a todos los productos procedentes de nuestro país como castigo a la política de fronteras abiertas para los migrantes y la medida unilateral de “Tercer País Seguro”. (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Opinión, p.12)
El soñador de Palacio Nacional
“Tenemos nuestra consciencia tranquila, yo tengo un tribunal, que es el que me juzga, y ese tribunal es mi conciencia. Si no tuviese mi conciencia tranquila, pues no podría yo gobernar el país, no podría yo, bueno, ni siquiera descansar. No podría yo dormir, pero tengo mi conciencia tranquila”, dijo el pasado martes el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Échese ese trompo a la uña. Sin duda el de la autollamada Cuarta Transformación es un gobierno de avanzada, pues mientras que para juzgar a los expresidentes de México se requiere de consultas populares que costarán algunos cientos de millones de pesos, por su parte, en la intervención de la Suprema Corte y del Poder Legislativo, el actual Presidente ya tiene integrado su propio tribunal. Eso es modernidad y no payasadas.
Desde luego que tras la lección de historia y explicación presidencial, su tribunal particular no tenía de otra que declararlo no culpable. Y, en este caso, cómo no tendría la conciencia tranquila el Presidente, si lo único que hizo fue ser agradecido y recíproco, ser amigo de sus amigos. Como no concederle a su gran amigo Donald el beneficio de la duda, si Trump se ha portado como un caballero con México y ha sido respetuoso de los migrantes mexicanos.
En su visita a la Casa Blanca, el pasado 8 de julio, AMLO agradeció a Trump por ser “cada vez más respetuoso” con los mexicanos que viven en Estados Unidos y por no tratar a México como una colonia y respetar su soberanía. Así que usted cree que el mandatario mexicano hubiera podido dormir tranquilo esa noche si hubiese escuchado a aquellos que le dijeron que llamara a Biden para felicitarlo, ¡eso no se le hace a un amigo, no señor!
Usted, Presidente, no haga caso de la gente, siga la corriente y duerma más. No atienda a las críticas, usted lo está haciendo bien, nadie podría hacerlo mejor, así que hágale caso a su tribunal, cierre sus ojitos y sueñe con los angelitos. (El Universal, Opinión, Online)