Sorprende que, siendo México un país de migrantes, este tema no ocupe nuestro interés por entender sus repercusiones. Basta recordar que, cerca de 10 millones de paisanos nacidos en México viven hoy en Estados Unidos, que envían cada año a sus familias más de 27 mil millones de dólares cada año.
Muy pocos mexicanos viajan al sur de la frontera con Guatemala y no digamos Belice. ¿Qué sabemos de los miles de familias guatemaltecas que por generaciones han recogido la cosecha de café y plátano en el sureste de país en condiciones de explotación laboral? ¿Sabemos algo de la violencia criminal que enfrentan? Tanta o más que la que azota ciertas regiones de nuestro país.
Continuaré en mi próxima entrega desgranando la encrucijada migratoria en la que hoy nos encontramos. https://bit.ly/2Pbvhz4 (Gustavo Mohar, Editorial, Excélsior, Nacional, p.8)
Se trataba de que los solicitantes de refugio, que tuvieran audiencia programada en Estados Unidos, esperaran en México a su cita y que serían recibidos en la República Mexicana por razones humanitarias. Ese proceso ya estaba en marcha y querían acelerarlo e incrementar más admisiones diarias y nuevos puertos de entrada.
Esta es quizá la medida más controvertida de los acuerdos migratorios entre el gobierno mexicano actual y Estados Unidos, que puede considerarse como una consesión excesiva y que a final de cuentas constituye una medida de contención indirecta al flujo migratorio que ingresa al país. Estados Unidos trataba de cambiar la política de atrapar y soltar a solicitantes de refugio durante el juicio, a la de atrapar y devolver a los que tuvieran una cita acordada.
Sin duda es una medida que atenta contra al derecho internacional y un cambio radical en una práctica centenaria en la relación fronteriza entre México y Estados Unidos. Es muy raro que una nación acepte medidas unilaterales de otra, de devolución de extranjeros a su territorio. https://bit.ly/2G5ZnQo (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 13)
En definitiva, México no tiene escapatoria en la difícil decisión de si aspira ser una pasarela a una vida mejor para miles de personas o si prefiere mantener un rol de filtro subordinado. En esa decisión debería contemplar de qué lado está en el eterno problema de representación que aqueja a los migrantes en cualquier parte del mundo: son otros los que deciden sobre su futuro, pues las políticas que determinan quién puede pasar y quién no vienen marcadas exclusivamente por los votantes de la nación en cuestión. México, que ayer y hoy es un país donde esta decisión por cuenta ajena se comprende perfectamente por su tradición migrante, está ahora en posición de revertirla, así sea parcialmente. https://bit.ly/2Z8EhK2 (Jorge Galindo, El País, Internacional, p. 5)