Migrantes rescatados
A propósito de la creciente migración que se registra hacia el norte, autoridades de Tamaulipas participan en acciones de rescate de migrantes y en tan sólo 48 horas lograron ubicar a 260, quienes se encontraban en distintos inmuebles de la entidad.
En dichas acciones, en las que han participado el Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Estatal y elementos de la SSP y de la Fiscalía tamaulipecas, han registrado que se trata principalmente de ciudadanos mexicanos, aunque también hay algunos centroamericanos y hasta menores de edad.
Los organismos de la entidad donde gobierna Francisco Javier García Cabeza de Vaca pusieron a los migrantes a disposición del Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño, y de la Fiscalía General, que encabeza Alejandro Gertz. El hecho ocurre luego de que desde la Cancillería, de Marcelo Ebrard, se anunciaran acciones para evitar los cruces ilegales, sobre todo de los que realizan adultos acompañados de menores. (La Razón, La Dos, p. 2)
*Los “mil usos” de AMLO*
*El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, advirtió ayer que están encendidos los focos rojos por el problema de la migración de menores no acompañados que son usados por los traficantes de personas, para que los adultos puedan ingresar a Estados Unidos. Nos dicen que, en la reunión de Gabinete de Seguridad, el presidente Andrés Manuel López Obrador lo instruyó a poner el mayor cuidado en el tema, pero sobre todo garantizar el cuidado de los menores en México*.
*Don Marcelo, nos hacen ver, es víctima de su eficiencia, pues mientras tiene que resolver el tema del abasto de las vacunas, también le encargan la resolución de un tema tan complicado como el de los menores migrantes. El canciller y los militares se han convertido en los mil usos de AMLO, lo que habla muy bien de Ebrard y de las fuerzas armadas, pero muy mal de quienes dentro del gabinete no tienen capacidad de resolver los temas que corresponden a sus carteras. No estaría mal que algunos secretarios le dieran una manita al canciller Ebrard y al general secretario Luis Cresencio Sandoval.* (El Universal, Nación, p. 2)
Cuando Trump habitaba la Casa Blanca negoció con el gobierno mexicano el programa Quédate en México para aquellos que buscaban asilo. La idea del programa es que los migrantes que solicitaban protección no se quedaran dentro de Estados Unidos —como era hasta entonces— mientras su caso lo decidía una corte migratoria.
Los solicitantes de asilo se agruparon en la frontera, en su mayoría en condiciones deplorables. Joseph Biden prometió terminar con el programa.
Cambiar eso. O no, o no es tan sencillo. Reportó el San Diego Union Tribune hace unos días: “El gobierno de Biden ha trasladado en avión a unos 2 mil solicitantes de asilo —todos ellos familias con niños— de Texas a San Diego y los ha expulsado de Estados Unidos a México sin darles la oportunidad de solicitar protección.
Tijuana ha estado recibiendo una media de unas 100 personas expulsadas al día de esos vuelos, según el consulado mexicano en San Diego. Los funcionarios de inmigración mexicanos generalmente transportan a las familias a los refugios para migrantes”.
“El principal refugio está actualmente lleno con cientos de padres y niños. Los vuelos, que no han recibido mucha atención desde que empezaron a mediados de marzo, son un espejo de las estrategias utilizadas por el predecesor del presidente Joe Biden, el ex presidente Donald Trump, para intentar disuadir a la gente de venir y que terminan poniendo a los que sí vienen en situaciones difíciles en México”.
Es decir, como pasaba antes, o peor, porque al menos antes quienes estaban en el programa —y en México— habían comenzado un proceso. Sí, largo y complicado de ganar, para algún día llegar a Estados Unidos. Ahora, simplemente los regresan.
Los vuelos de Texas a California son una respuesta a que el rápido incremento de migrantes en la frontera entre Tamaulipas y Texas ha obligado a ese estado mexicano a no aceptar deportados, especialmente si son menores de edad. El gobierno estadunidense los manda a San Diego y de ahí a Tijuana. A eso habrá que sumar el renovado compromiso de usar a las fuerzas de seguridad en nuestra frontera con Guatemala.
Pues sí, las buenas intenciones no son suficientes. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
Como si faltaran problemas en los tiempos actuales que vive el país, el fenómeno migratorio que se ha desbordado desde hace varios meses, cinco por lo menos, en la frontera sur del territorio nacional, amenaza con convertirse en una complicada situación humanitaria que ha derivado este año en el incremento inusitado de solicitudes para obtener refugio en México por parte de miles de centroamericanos que llegan al país huyendo de la violencia que sacude a la región, principalmente Honduras, Nicaragua, Guatemala y Haití, este último perteneciente al Caribe.
La agencia de la ONU para los refugiados, la ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados), ha advertido en las últimas semanas del incremento histórico de solicitudes de asilo humanitario a raíz de la llegada de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, a principios de este año. Y les ha pedido a las organizaciones no gubernamentales que laboran en ese rubro en México que se preparen con más personal para los próximos meses, frente a un desastroso panorama que vislumbran en el corto plazo.
En los primeros tres meses de este 2021, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, la COMAR, registró 22 mil 606 nuevas solicitudes de asilo. Esto significó un aumento de 31% comparado con el primer trimestre del año pasado, cuando apenas comenzaba la pandemia por covid-19, y un incremento de 77% si lo comparamos con enero, febrero y marzo de 2019. Sin duda, marzo marcó un máximo histórico para las solicitudes de asilo que cada mes había en el país y que ahora fueron del orden de 9 mil 76 registros.
Este repunte refleja la tendencia ascendente que comenzó en 2014 y que en estos últimos días registra cifras nunca antes vistas en la región. Entre 2014 y 2019, el número de solicitudes de asilo humanitario en México aumentó de 2 mil 137 a 70 mil 302, lo que significó un incremento de más de 3 mil por ciento. Algo nunca antes visto.
Para la ONU, no es lo mismo el tema migratorio, ya de suyo complicado, que el conflicto que genera entre los países involucrados el fenómeno de los refugiados, cuya tutela ya le corresponde al gobierno receptor de migrantes, que renuncian a sus derechos en sus países de origen y se acogen a la “buena voluntad” de la nación que los recibe bajo la figura internacionalmente reconocida de “refugiados”.
Un migrante, define la ONU, es una persona que se mueve por voluntad propia; no porque sufra una persecución o amenaza de muerte, sino porque busca una mejora en su calidad de vida. A diferencia de los refugiados, los migrantes —en general— siguen recibiendo protección de su país de origen y podrían regresar si así lo quieren. En cambio, las personas refugiadas son un grupo específicamente definido y protegido en el derecho internacional, porque la situación en su país de origen les imposibilita el regreso a sus hogares. Un refugiado es la persona que, llegada a otro país para solicitar protección, permanece ahí bajo el principio de no devolución, establecido en la Convención de Ginebra de 1951 y que establece que “las personas refugiadas no deben ser devueltas al país del que han venido escapando, pues existe un riesgo real para su vida”.
Un fenómeno va de la mano del otro. Según las cifras conocidas en los últimos días, nuestro país vive su mayor crisis migratoria, en aumento tras la llegada de los demócratas a la Casa Blanca. La mayoría de los migrantes huye de la desigualdad y la violencia en sus países. Los expertos advierten que los números se incrementarán en los próximos meses. La mayoría proviene de Honduras y Haití, según los registros. Tan sólo en el primer trimestre de este año han solicitado asilo en México migrantes de 69 países de todos los continentes, con excepción de Oceanía. De seguir esta tendencia, los conocedores del tema señalan que podría llegar a 80 mil el número de migrantes que estarían esperando que “las puertas” del país les sean abiertas.
Pero el conflicto no se circunscribe al sur de México. A finales de marzo pasado, la organización no gubernamental Alianza de Líderes Religiosos del Valle, que coordina albergues para migrantes en Arizona, EU, alertaba acerca de que iglesias y sitios de refugio para migrantes ya no cuentan con espacio ni apoyos debido a la falta de fondos, escasos ya, por la crisis desatada por la pandemia de covid-19. (Martín Espinosa, Excélsior, Nacional, p. 12)
En medio de los frenéticos cambios que está implementando Joe Biden en Estados Unidos, México no estaba en su lista de prioridades. El aumento del flujo migratorio en la frontera -llegando a más de 172 mil migrantes durante marzo- cambió las cosas. La crisis tocó la ventanilla de la relación bilateral situándola en dos pistas alternas que, en un vaivén de temas, convergen y se distancian.
Por un lado, con la llegada de Biden se intentó cumplir con las expectativas creadas sobre la implementación de un diálogo fluido, el impulso de una cooperación recíproca y el despliegue de un entendimiento renovado. Por otro lado, las complejas, anquilosadas y latentes realidades de ambos lados de la frontera se están imponiendo en la agenda. Tres botones dan cuenta de ello en los últimos días.
Primero, con la crisis, la continuación del enfoque punitivo. La presencia de las fuerzas armadas en las fronteras continúa siendo la principal opción para enfrentar la crítica situación migratoria. “Creo que el objetivo es hacer más difícil el viaje y hacer más difícil cruzar las fronteras”, destacó este lunes la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, cuando aseguró que se había llegado a un acuerdo con México, Guatemala y Honduras para mantener y aumentar la presencia de tropas en sus fronteras con 10 mil elementos mexicanos, mil 500 guatemaltecos y 7 mil hondureños.
Presiones al interior de ambos países parecen haber empujado la continuación del mismo enfoque que se implementó durante la presidencia de Trump ante su amenaza de imponernos aranceles en 2019. Del lado estadounidense, el Partido Republicano aprovechó el reciente aumento de solicitantes de asilo para reposicionar a su favor el tema migratorio como un asunto de seguridad nacional, convirtiéndolo nuevamente en un elemento que podría dominar las elecciones intermedias del 2022 y obstaculizar la aprobación de una reforma migratoria de gran calado como la que ha propuesto Biden.
Del lado mexicano, el lento avance en la vacunación contra Covid-19 hizo que el presidente López Obrador le solicitara a Biden vacunas fabricadas en territorio estadounidense. Después de negarse, Estados Unidos aceptó. Ambas partes negaron que se haya tratado de un quid pro quo: contención de migrantes por préstamo de vacunas.
Segundo, con la crisis, el estancamiento de la perspectiva conjunta. La visión compartida del presidente López Obrador y del presidente Biden sobre la atención a las causas estructurales del fenómeno migratorio en México y en el triángulo norte de Centroamérica está siendo rebasada por esta condición: migrantes que no están dispuestos a regresar o a esperar en sus países de origen por una política de mediano y largo plazo.
De acuerdo a sus propias estimaciones, el gobierno estadounidense espera el arribo de más de 2 millones de migrantes a la frontera para finales del año fiscal, 1.1 millones de adultos, 828 mil familias y más de 200 mil menores no acompañados.
Tercero, con la crisis, el olvido de las nuevas formas. A la diplomacia tersa que mostró Biden en primera instancia se le ha contrapuesto el primer reclamo público que hizo durante su primera conferencia de prensa el pasado 25 de marzo sobre que México no estaba recibiendo a los migrantes que está deportando.
Como respuesta, AMLO lo instó a que acelerara la dispersión de 4 mil millones de dólares que ofreció para atender la pobreza, la violencia y la pandemia en Centroamérica.
Así, en este delicado equilibrio entre el pragmatismo frente a la crisis y el idealismo frente a la coyuntura aparentemente benéfica que nos ofrece Biden, se corre el riesgo de avanzar poco en la reconfiguración de la relación bilateral y únicamente avanzar respondiendo a las demandas unilaterales de Estados Unidos. (Diego Bonet Galaz, Reforma, Opinión, p. 8)
Después de años de bajar en número, los mexicanos nuevamente intentan cruzar la frontera masivamente. ¿Qué pasa?
De un lado, un hombre acusado de violación, enardece a una multitud y amenaza al árbitro de las elecciones políticas con llevar un contingente a su casa si no le dan lo que quiere.
Del otro lado, hace unos días un osado individuo también alentó a las masas, pero a mudarse a un pueblo remoto porque necesita quien le ayude a lanzar cohetes espaciales. ¿De qué lado preferirían estar?
La economía de Estados Unidos está a punto de crecer como no lo ha visto nadie que esté vivo.
Ante el problema semanal de pagar la despensa, muchos toman decisiones extremas. Después de años de ir a la baja, los mexicanos vuelven a la frontera en su intento por cruzarla.
En marzo fueron 57 mil connacionales los detenidos en ese intento; hace un año, sólo 18 mil.
Corriendo sobre la arena desde la playa texana de Boca Chica llegarían en media hora al río Bravo en la frontera con México. Es el condado de Cameron, en donde está Brownsville.
El fundador de Tesla, Elon Musk, avisó el mes pasado que pondría 30 millones de dólares para mejorar la imagen del centro de esa población, porque quiere que mucha gente se mude a esa esquina estadounidense desde donde lanza sus naves de Space X, con las que envía satélites al espacio.
Musk dijo que el rápido crecimiento de su empresa requiere ingenieros, técnicos, constructores y personal de apoyo. Los brokers locales dicen que no hay casas suficientes para todos los que llaman para comprar una.
Lo que ocurre ahí replica lo que está pasando en casi todo ese país, pero esto está a solo un viaje en bicicleta desde donde termina México. Si las cosas no mejoran acá, es muy probable que después de años de bajar, el número de mexicanos que buscan un lugar en esa nación, se dispare. (Jonathan Ruiz, El Financiero, Empresas, p. 18)
Nayib Bukele, presidente salvadoreño que metió al ejército al Congreso para intimidar a opositores, no le gusta que su país sea considerado como parte del llamado Triángulo Norte (junto a Guatemala y Honduras). Dos semanas atrás, insultó a Norma Torres, legisladora demócrata en Washington. Torres pidió a Biden no entregar dinero para el desarrollo de Centroamérica directamente a los presidentes de la región al considerar que la corrupción mina los activos.
La legisladora Torres, de origen guatemalteco, también criticó a los gobiernos de Honduras, El Salvador y Guatemala en sus redes sociales junto a un video en el que aparecen dos menores de edad abandonados por “coyotes”. Bukele enfureció y escribió en redes que la nacionalidad de los menores es ecuatoriana. “Además, esto ocurrió en la frontera de México con Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver El Salvador en esto?”. Bukele remató: Torres “debería de usar una parte del cheque de sus financistas para comprar anteojos”.
La semana pasada, Erdogan volvió a lo suyo. El martes recibió a la presidenta de la Comisión Europea y al presidente del Consejo de Europa. Frente a periodistas, dejó sin silla a Ursula von der Leyen, pero a Charles Michel si le colocó una silla. Una ridícula y grosera venganza después de que la presidenta de la Comisión Europea lo criticara por sacar a Turquía de un convenio europeo que hace frente a la violencia machista. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 41)
Asteriscos
Todo un mensaje (nada) cifrado para la 4T, de concretarse, el arribo de Ken Salazar, extitular del Interior del gobierno de Barack Obama, como nuevo embajador estadunidense. Su probada inclinación por temas vinculados a la promoción de las llamadas energías renovables, limpias, y el petróleo, lo hacen un candidato idóneo para Joe Biden y su “plan México”… (Enrique Aranda, Excélsior, Nacional, p. 16)
Los partidos políticos estadounidenses parecerían estar en el umbral de un realineamiento ideológico, a partir de visiones populistas que buscarían acercar a los republicanos a la clase trabajadora, mientras los demócratas parecen aproximarse más a una izquierda social.
Ciertamente, todo es relativo y sujeto a debate. Algunos creen que simplemente se trata de variaciones temporales obligadas por el momento político, pero otros ven un cambio más profundo, a partir de las circunstancias que enfrenta Estados Unidos.
En el lado republicano, los medios políticos estadounidenses consideran que se hace cada vez más visible la fractura en los vínculos entre el partido y aliados como la Cámara de Comercio, respecto a principios como el papel del gobierno en la economía y postulados de las tesis de libre mercado.
De acuerdo con Gerald Seib, el veterano analista político de WSJ, la evolución republicana podría deberse al expresidente Trump, que lo puso en una dirección populista, al menos en términos retóricos, y pareció comprender el cambio demográfico implícito de un partido de clases medias, acomodada y alta, a uno de medias bajas, obreras y rurales.
“Trump pareció comprender mejor que muchos otros republicanos, el nuevo partido que heredó. Ciertamente, el cambio demográfico en el partido es significativo”, afirmó Seib.
En buena medida, la posición de Trump fue política, toda vez que sus posturas antiinmigrantes y racistas tuvieron resonancia entre los sectores de blancos más afectados por los cambios sociales y económicos en el país. Son además, los grupos que se han convertido en cámaras de resonancia para teorías conspiracionistas y se incorporan a milicias.
En el lado demócrata, el gobierno del presidente Joe Biden hace un renovado énfasis en temas tradicionales, como el acceso a la atención a la salud, salario mínimo, las políticas de impuestos o migratoria.
Las posiciones asumidas por Biden, al menos en lo que se refiere a términos domésticos, parecen ir más a la izquierda de las que sostuvo durante su paso por el Congreso y su vicepresidencia bajo Barack Obama.
La apariencia al menos habla de un posible realineamiento, basado menos en las posturas ideológicas que en necesidades políticas: en los años 70, los republicanos se vincularon con grupos evangélicos y blancos del sur estadounidense. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
Victoria Salazar Arriaza, nació en El Salvador. Tenía 37 años y desde hace tres años residía en México. Contaba con visa humanitaria y vivía de forma legal en el país. Tenía dos hijas. Su muerte, producto de una mala técnica de detención por parte de policías de Tulum, generó reacciones a nivel nacional e internacional, ocupando titulares y el seguimiento del caso en toda la prensa nacional.
Colectivos y defensores de derechos humanos se movilizaron para que el caso no quede impune. Su muerte es injustificable. En descargo de sus homicidas, los videos dejan ver impericia, nunca el deseo de un resultado fatal.
Empero, deben responder ante la justicia por el homicidio, creo, a título culposo.
En otra historia, la oficial Victoria Isabel Sánchez Torres tenía 33 años de edad. Según notas periodísticas, su familia no estaba de acuerdo en que fuera policía, pero su pasión por servir a la ciudadanía pudo más que el consejo familiar.
En el marco del pasado Día Internacional de la Mujer, Victoria fue entrevistada por El Occidental, de Jalisco, y cuenta ese pasaje: “Estaban un poco en contra, por el riesgo que se corre, pero cuando vieron que realmente era lo que quería y era mi sueño, me apoyaron mucho y así es hasta el momento”.
Según la nota de El Occidental, recordó que le había tocado vivir momentos y servicios de alto impacto como accidentes y detenciones relevantes, en las que era mucho el riesgo que se corría.
Al mismo tiempo, hizo un llamado a otras mujeres a perseguir sus sueños. “Si sienten que es su vocación, que lo realicen, que cumplan sus metas y sueños, porque nada más tenemos una vida y el tiempo no perdona. Que sigan adelante con sus metas”.
Murió en servicio el 5 de abril, cuando con elementos motorizados del grupo Gama -al que pertenecía- marcaron el alto a los ocupantes de un taxi, quienes abrieron fuego contra ellos, propinándole la herida mortal.
Victoria dejó en orfandad a una niña, que era su máxima motivación para brindar su vida a “proteger y servir”. De su muerte y legado no existió ni remotamente una cobertura como la que ameritó el caso de Tulum.
En twitter honré su memoria con un mensaje. Alguien opinó que lamentaba que ese tipo de muertes no ameriten marchas ni pronunciamientos de grupos feministas. Al comentario, sobrevino una respuesta que me dejó atónito, pues provenía de una mujer: “No hay marcha porque no fue un feminicidio, ella murió cumpliendo su deber como policía. En todo caso la marcha debería venir de su gremio”.
Su gremio la despidió con honores y enalteció su calidad humana y profesional en ceremonia solemne. La indiferencia por su partida, contrasta con la de la otra Victoria, quizás, como opinó la internauta, porque era policía cumpliendo su deber. Y eso, al parecer, no debiera causar indignación.
Triste realidad el desdén por la función policial. Más triste, el feminismo selectivo que no ve en la muerte de una mujer policía, razones para clamar justicia. (Manelich Castilla, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)
El talón de Aquiles del diputado migrante
Nos cuentan que el PAN en la CDMX, que lleva Andrés Atayde, fue el primero de los partidos en impugnar ante el Tribunal Electoral el acuerdo IECM/ACU-CG-008/2021 con el que el IECM prohíbe a los denominados diputados migrantes hacer campaña en el extranjero. Lo anterior, según se lee en el documento del blanquiazul, porque con las mencionadas reglas es imposible que su candidato para ocupar esa curul en el Congreso local, Raúl Torres, haga del conocimiento de los chilangos que viven fuera del país sus propuestas y agenda legislativa. Por cierto, dicen que otros institutos políticos preparan ya sus correspondientes quejas; pues todos los aspirantes a legisladores migrantes tienen la misma prohibición. (Contra Réplica, Opinión)