Opinión Migración 140522

Apuntes de la aldea global / Jaque al interamericanismo

Desde diciembre del año pasado, cuando la conferencia virtual sobre la democracia, de la que fueron excluidos ocho gobiernos latinoamericanos, Joe Biden mostró una visión de América Latina y los asuntos hemisféricos más cercana a Donald Trump que a Barack Obama. Al lanzar la convocatoria de la novena Cumbre de las Américas, en Los Ángeles, el Departamento de Estado, que encabeza Antony Blinken, corrigió en parte aquel enfoque excluyente, aunque mantuvo el veto contra Venezuela, Nicaragua y Cuba.

Al hacerlo, otra vez, Biden actuó más en continuidad con el trumpismo, en un momento que demandaba unidad frente a la invasión rusa de Ucrania. La manera en que Obama enfocó la Cumbre de Panamá, en 2015, fue que todos los gobiernos de la región, aunque no fueran democráticos, debían estar presentes. Washington respaldaba la Carta Democrática en la OEA y otros foros hemisféricos, pero a la Cumbre de las Américas tendrían que asistir todos los estados.

López Obrador ha fijado en la buena relación con Estados Unidos el eje de su política exterior. Sobrellevó esa relación con Trump, a pesar del racismo y la xenofobia antimexicanas del mandatario, y firmó con la administración Biden el ambicioso “entendimiento bicentenario”

En los últimos meses, varios gobiernos y cancillerías de la región han intentado convencer al gobierno de Biden de que amplíe la convocatoria de Los Ángeles. Hace apenas una semana, el Grupo de Puebla hizo un llamado a Estados Unidos para que busque la inclusión total. En medio de esas negociaciones, el presidente Andrés Manuel López Obrador, recién llegado de La Habana, condicionó públicamente su presencia a la de Cuba, Venezuela y Nicaragua, con lo cual rompió los canales diplomáticos y pasó de la persuasión a la presión mediática.

La decisión del Presidente mexicano ha sido aplaudida por varios líderes y gobiernos del bloque bolivariano que, hasta ahora, no habían mostrado mayor interés en asistir a la cita de Los Ángeles. Por lo general, la línea bolivariana oscila entre el boicot y el aprovechamiento del foro para confrontar a Estados Unidos, como sucedió en las cumbres de Trinidad y Tobago en 2009 y Panamá en 2015, en las que Hugo Chávez y Rafael Correa polemizaron con Obama.

López Obrador ha fijado en la buena relación con Estados Unidos el eje de su política exterior. Sobrellevó esa relación con Trump, a pesar del racismo y la xenofobia antimexicanas del mandatario, y firmó con la administración Biden el ambicioso “entendimiento bicentenario”. No sólo eso, de diversas maneras, a través del Grupo de Puebla o de su vínculo preferente con los presidentes Alberto Fernández de Argentina y Pedro Castillo en Perú, se mantuvo a distancia prudencial del bloque bolivariano.

En su reciente viaje por Centroamérica, AMLO llamó a enfrentar el problema migratorio regional en colaboración con Estados Unidos y reiteró la idea de una integración de las dos Américas a partir del modelo de la Unión Europea. En La Habana, textualmente dijo que trataría de convencer a Biden de que la Cumbre de las Américas contara con la representación total de América Latina y el Caribe.

En su reciente viaje por Centroamérica, AMLO llamó a enfrentar el problema migratorio regional en colaboración con Estados Unidos y reiteró la idea de una integración de las dos Américas a partir del modelo de la Unión Europea. En La Habana, textualmente dijo que trataría de convencer a Biden de que la Cumbre de las Américas contara con la representación total de América Latina y el Caribe

¿Es el condicionamiento público de su asistencia a la reunión de Los Ángeles la mejor forma de conseguir ese objetivo? Todo parece indicar que no y que, lamentablemente, está siendo aprovechado por las corrientes autoritarias y geopoliticistas para hacer fracasar la cumbre. El condicionamiento, además, emplaza a algunos de sus aliados en la región, especialmente al presidente Alberto Fernández, en Argentina, que ejerce, además, la titularidad pro tempore de la CELAC.

Fernández no ha condicionado su asistencia a Los Ángeles y es muy probable que su posición sea seguida por varios gobiernos de ese foro. A pesar del poco tiempo que queda, no es imposible que el Departamento de Estado gire invitaciones a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, para que envíen delegaciones a Los Ángeles. En ese caso, desaprovechar la oportunidad para insistir en la ruta interamericana será visto como una incongruencia y sólo reforzará los extremismos que, tanto en Estados Unidos como en América Latina, apuestan a la incomunicación y el enfrentamiento. (Rafael Rojas, La Razón, Informativa, p.4)

Los matones no van a la fiesta

A todos nos ha pasado. Te invitan a una fiesta y tú, a su vez, quieres llevar a tus amigos. Eso le ocurrió al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Quería llevar a la Cumbre de las Américas, que se realizará en Los Ángeles en junio, a los dictadores de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Pero Estados Unidos le puso un alto: los matones no van a la fiesta.

López Obrador, muy entusiasmado tras su viaje a la Habana, lanzó su advertencia: “Si se excluye, si no se invita a todos, va a ir una representación del gobierno de México, pero no iría yo”. Y luego explicó más: “No quiero que continúe la misma política en América y quiero, en los hechos, hacer valer la independencia, la soberanía y manifestarme por la fraternidad universal”.

Suena muy bonito y solidario. El problema es que Cuba, Venezuela y Nicaragua son unas brutales y asesinas dictaduras. López Obrador quería llevar a la reunión de Los Ángeles a matones, torturadores y represores. Y todo bajo el concepto de una sola América. Pero el gobierno de Biden ni se inmutó. “No nos parece conveniente incluir a países que no respeten la democracia”, dijo Brian Nichols, el subsecretario de Estado para asuntos hemisféricos.

Es difícil entender qué gana López Obrador con su defensa de estas tres dictaduras. Genera una innecesaria tensión con Estados Unidos -su principal socio comercial- y crea más nerviosismo dentro de México entre quienes creen que no querría dejar el poder en el 2024 (algo que él ha negado una y otra vez).

En otra mañanera -respondiendo a un tuit en que escribí que AMLO había decidido ponerse del lado de los dictadores- el Presidente defendió el viejo principio de no intervención en los asuntos internos de otros países y se preguntó: “¿Quiénes somos para llamar matones, torturadores y represores a unos y no a otros?”.

Respuesta: es que son tiranías y nos toca a todos defender los derechos humanos.

Datos. Más de 350 personas murieron durante las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega en Nicaragua en el 2018, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ortega lleva más de 15 años en el poder tras una serie de fraudes electorales.

Datos. En Venezuela hubo más de 8,700 ejecuciones extrajudiciales desde el 2015, de acuerdo con la exfiscal Luisa Ortega. A esto hay que sumar al menos 350 personas que murieron en protestas contra Maduro (Provea) y 240 prisioneros políticos (Foro Penal).

Datos. Cuba es una de las dictaduras más antiguas del planeta. Solo ha tenido tres líderes en 63 años. No hay partidos políticos ni libertad de prensa. Y según Amnistía Internacional, había casi 700 prisioneros políticos por participar en las “históricas protestas de julio” del 2021.

Este es un debate muy importante. Se trata del futuro de México y del tipo de país que queremos. AMLO asegura que ya escogió su lado. Pero se equivoca en este debate. Hay millones de mexicanos que no quieren que su país sea como la isla de Cuba.

Aclaración: por supuesto que Estados Unidos también tiene un largo historial de violaciones a los derechos humanos. Pero no podemos achacarle hoy al presidente Joe Biden el golpe de Estado en Chile, la injustificada invasión a Irak o las torturas en Guantánamo y Abu Ghraib, igual que no podemos culpar a AMLO por las matanzas del PRI. Ese es otro debate.

Seguimos.

La imagen del presidente de México en las calles de Los Ángeles sería muy poderosa. Pero si finalmente no va a la Cumbre de las Américas -donde se discutirá la migración y cómo reactivar la economía continental- el que pierde es México. En Palacio Nacional, solito, López Obrador no podrá influir ni decir pío.

Hubo una época, cuando Barack Obama era Presidente, en que circulaba la teoría de que más contactos y más inversión ayudarían a la democratización de Cuba. Obama fue a la isla en el 2016, se restablecieron las relaciones diplomáticas… y no pasó nada.

Cuba sigue siendo una férrea dictadura. Igual que Venezuela y Nicaragua. Ya nadie cree que la presencia de Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro y Daniel Ortega en Los Ángeles va a ayudar a terminar con las tiranías en sus países.

Por eso, aunque López Obrador quiera llevar a sus cuates a la fiesta, Estados Unidos le ha dicho que no entran. La verdad, hay amigos que son impresentables. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p.8)

Cadereyta: deudas y dudas

A pesar del tiempo transcurrido, es imposible olvidar ese momento. El olor a muerte impregna para siempre. Junto con la Comisión Forense formada por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y los peritos de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) recibimos en el servicio médico forense de la Ciudad de México los restos de la masacre de Cadereyta, Nuevo León, para realizar tareas de identificación. Los forenses bajaban bultos pequeños, torsos sin extremidades y sin cabeza. Demasiada crueldad. Se cumplen 10 años de esta masacre ocurrida el 13 de mayo de 2012 cuando en el municipio de Cadereyta, Nuevo León, fueron encontrados 49 cuerpos mutilados, 43 hombres y 6 mujeres. El gobierno local de Nuevo León dijo que se trataba de “un ajuste entre redes criminales”. Así explicaban casi todas las masacres en la época de Calderón.

Gracias al EAAF y a la hermana Lidia Mara Silva de Souza, de la Pastoral de la Movilidad Humana en Honduras, se llegó a las familias. No son criminales, nos decía, son migrantes; las fechas de la masacre coincidían con la desaparición, en México, de un grupo de personas migrantes de Honduras, de La Paz y La Villa. Este fue el primer grupo de casos identificados por la Comisión Forense.

La tortura para las familias no solo ocurrió en México. Su propio gobierno, el de Honduras, quería hacer de la restitución de los restos un espectáculo de medios y utilizar camiones militares para transportarlos. Era una burla para las familias, quienes en medio de toda la desgracia exigían que los restos debían regresar dignamente al lugar donde salieron.

La llegada de los coches funerarios a las comunidades fue estremecedora: la gente en las calles esperaba a sus héroes. Se respiraba el luto y un dolor comunitario; indignación y rabia por algo que no debió haber pasado.

Tiempo después de recibir los restos, las familias dieron una gran muestra de lucha y resiliencia: crearon el Comité de Familiares de Migrantes Desaparecidos del Centro de Honduras. Desde ahí ayudan a otras familias que buscan a sus migrantes desaparecidos. Vilma ha participado en audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para pedir el establecimiento de un Mecanismo que ayude a que las denuncias de migrantes desaparecidos se tramiten desde embajadas y consulados de México en los países de origen. Eso lo logramos: se creó el Mecanismo de Apoyo Exterior, pero ni la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ni la Fiscalía de Derechos Humanos y la Unidad de Migrantes de la Fiscalía General de la República han mostrado la voluntad política necesaria para que se emitan los lineamientos para que eso funcione a pesar de que es una obligación legal.

A 10 años de la masacre, no hay mucho que decir sobre lo que el gobierno mexicano ha hecho. A raíz de la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, un grupo de expertas trabajó un peritaje ejemplar sobre reparación del daño. Las familias y la comunidad pudieron contar el impacto de la tragedia. Pero más allá de promesas de Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas y la Secretaría de Gobernación, nada ha pasado.

En el homenaje a las víctimas a 10 años de la masacre, ni siquiera la titular de la CEAV acudió. Con algunas personas detenidas, no podemos decir que hay justicia e investigación efectiva ni que sepamos las causas de la masacre.

Una luz sin embargo se ve en el horizonte: en su informe el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU recomendó crear una Comisión Especial con el apoyo de expertos independientes, para combatir la impunidad en ésta y las masacres de migrantes en San Fernando, Tamaulipas. La titular de la Fiscalía de Derechos Humanos ha dicho que el Fiscal General ha aceptado el apoyo técnico de la ONU, aunque esa voluntad aún no se ha materializado y se requiere una comisión que actúe con independencia. A 10 años de ocurridos los hechos, un mecanismo efectivo de investigación debería existir. (Ana Lorena Delgadillo Pérez, Reforma, Opinión, p.9)