Más que una crisis migratoria, estamos viviendo un éxodo trágico. (La Jornada, Contraportada)
NI EL SALUDO DIERON A GARDUÑO
Nos cuentan que en la audiencia del viernes por la tragedia de los 40 migrantes muertos en Ciudad Juárez, seis de los encarcelados y vinculados a proceso por esos hechos aplicaron ley del hielo al comisionado del INM, Francisco Garduño. De hecho, el funcionario trató de hablar con el contralmirante Salvador González Guerrero, uno de los detenidos, pero éste lo ignoró. Los demás ni el saludo dieron a quien hasta hace unos días era su jefe.
REPUBLICANOS ESCALAN PLENO
Subieron el tono los republicanos en EU contra la administración del presidente López Obrador. Al senador John Kennedy se sumó el gobernador de Florida, Ron DeSantis, quien considera que el gobierno mexicano debe rendir cuentas por la operación de los cárteles criminales. Viene, nos dicen, una firme respuesta. (El Heraldo de México, La dos, p. 2)
La política de migración está secuestrada en los extremos más radicales del conservadurismo republicano y las mafias del crimen que operan en la frontera, ante lo que el gobierno mexicano poco quiere o puede hacer. Una regulación imprecisa y llena de huecos es un hoyo negro para flujos de migrantes sin precedente hacia Estados Unidos, que no resuelve la crisis humanitaria. EU trata de ocultar a toda costa que necesitará stocks de mano de obra casi esclavizada, dado que no es compatible con el discurso nativista que tantos réditos políticos da a los republicanos y que ahora también atrae a Biden hacia su espectro por los costos electorales que le supondría no hacerlo. El gobierno mexicano ya hace mucho fue devorado por esa línea dura para pasar de la política de brazos abiertos al principio del sexenio a la contención y recepción de migrantes expulsados, con medidas de coacción, amenazas y ataques a su política de seguridad.
Ante el esperado final del Título 42 y la política migratoria trumpista, existía la esperanza de que Biden retomara los ideales del inicio de su gestión: la promesa de buscar un camino seguro y regulado para la migración. Pero esos sueños quedan enterrados bajo la lápida del Título 8, que vislumbra mayor caos, inhabilidad para la reunificación familiar y la solicitud de asilo. A pesar de que todos sabían que llegaría, nadie se preparó, como prueban las aglomeraciones de migrantes en la frontera. EU básicamente ha tratado de extender las restricciones al asilo con nuevos muros administrativos, mientras que México se ha visto incluso obligado a aceptar esa nueva doctrina, contraria a sus leyes de migración y refugio. Las autoridades de migración están desaparecidas en plena crisis, como el presidente del INM, Francisco Garduño, como un símbolo de la política hacia el tema.
El Título 8 propone centros regionales de procesamiento en Colombia y Guatemala, que aún están en desarrollo, y probablemente la más complicada de todas, la app CBP One, una aplicación que permite el registro de mil solicitantes diarios cuando el promedio es de cinco mil a siete mil citas, aunque muchos migrantes no cuentan con los recursos tecnológicos para acceder y hacer uso de la herramienta y otros, aunque se levanten al amanecer, no lograrán una cita. La regla es clara: si cruzas sin la autorización del tío Sam, tu posibilidad de llegar a los Estados Unidos quedará imposibilitada. EU espera que medidas como éstas sean lo suficientemente disuasorias para que no vayan, pero la realidad supera este mensaje, mientras la inseguridad, las crisis políticas, económicas y el cambio climático en los países de origen son tan profundas que la decisión de migrar está tomada.
Biden se encuentra manejando un avión que requiere de arreglos severos, a pesar de que todavía está en el aire. Vislumbrando los tiempos políticos, que vienen cargados de presión de sus opositores, como el gobernador de Texas o jueces en la Florida ordenando no liberar a migrantes y llevarlos directamente a tribunales migratorios, mientras en el Congreso republicanos y demócratas preparan proyectos de ley bipartidistas para expulsar a los migrantes de inmediato.
Su socio fronterizo (partner in crime) ha emitido un comunicado conjunto evitando una confrontación innecesaria reconociendo que continuará con la política de recibir deportados, perseguirá con mayor “ímpetu” a redes de trata del crimen organizado y la modernización de un cruce fronterizo por Mexicali. El comunicado omite hablar de que 1.6 millones de los 2,823,970 expulsados por Título 42 eran mexicanos o que autoridades estadunidenses han confirmado más apoyo militar por parte de México en la frontera sur. El único mensaje para los connacionales es la retórica de que habrá acciones de asistencia en siete de los consulados fronterizos, cuando el resto de la red consular se encuentra colapsada sin poder recuperarse para dar atención como lo hacía antes de la pandemia. Los héroes silenciosos, como han sido llamados por el Presidente, tendrán que esperar en la fila de los 660 mil migrantes que hoy estaban en la frontera. Mientras tanto, más van llegando en lo que el avión migratorio busca su reparación o, de perdida, logra una planeación evitando el mayor número de turbulencias, para poder aterrizar a los tiempos políticos del 2024 en ambos lados de la frontera.
El mensaje es claro y contundente: “La frontera NO está abierta”. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 8)
Instantáneas:
La nueva inversión del Banco del Bienestar, para combatir roedores
Nos comentan que el Banco del Bienestar, el banco creado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, se une al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y al Instituto Nacional de Migración (INM) en la tarea de contratar una empresa que fumigue y acabe con las ratas de cuatro patas. Hace unos días, la institución bancaria lanzó la licitación IA-06-HJO-006HJO001-N-29-2023 en la que se busca acabar con estos molestos roedores en la sede de sus oficinas administrativas en la Ciudad de México. El contrato será abierto por un monto mínimo de 80 mil pesos y máximo de 200 mil pesos. Cuesta mantener el dinero de los programas sociales de la 4T libre de ratas.
DeSantis no puede con Disney y va contra AMLO
Nos cuentan que la decisión del presidente López Obrador de meterse a la campaña estadounidense y recomendar a los paisanos que viven en la Unión Americana por quién votar y por quién no, ha puesto a algunos políticos republicanos a hacer cuentas de qué tan redituable electoralmente es pelearse con el Presidente de México. Nos hacen ver que el ultraderechista gobernador de Florida, Ron DeSantis, después de comprarse un pleito con el gigante Disney que, según los gurús de aquel país, le está costando en serio para sus aspiraciones de ganarle la candidatura presidencial republicana a Donald Trump. Ya decidió abrir su espectro de pleitos y optó mejor por subirse al ring con el gobierno de México, del que dijo debe rendir cuentas por la libertad con que actúan los cárteles de la droga. Ya encarrerado, amenazó con cerrar la frontera con nuestro país si llega a la presidencia. Así que con Trump o con DeSantis, estaremos en la campaña presidencial. Y más bien como piñata. (El Universal, Nación, p. 2)
En el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 del gobierno de la Cuarta Transformación se definió un Protocolo de Atención en México a Personas Migrantes en Flujos Masivos —específicamente dentro del apartado Migración: soluciones de raíz—, que establece lo siguiente:
“El Ejecutivo federal aplicará las medidas necesarias para garantizar que los extranjeros puedan transitar con seguridad por el territorio nacional o afincarse en él. Es preciso adelantarse a posibles situaciones de una crisis humanitaria debido al arribo al país de flujos masivos procedentes de otras naciones, pero, sobre todo, es necesario sensibilizar a la población nacional con una campaña de erradicación del racismo, la xenofobia y la paranoia que, por desgracia, han anidado en algunos sectores de la sociedad”.
La realidad se ha encargado de demostrar que el protocolo sólo se quedó en el papel, demagogia pura.
El miércoles se anunció el cierre de 33 estancias temporales, que daban albergue a cerca de 1,500 personas. El argumento oficial fue que la CNDH deberá revisar las condiciones en las que se encuentran, luego de los 40 extranjeros que murieron hacinados en una estación migratoria de Ciudad Juárez.
Se tapó el pozo después del niño ahogado, pero no se ha hecho nada para extirpar de raíz la corrupción en esa área del gobierno federal que lucra con la desesperación, el miedo y la pobreza de los migrantes.
Se aplicó la misma medicina que con las estancias infantiles, se cerraron y no hay ningún detenido por las supuestas irregularidades que ahí se registraron.
Y el viernes, el Instituto Nacional de Migración ordenó a sus oficinas negar permisos que autoricen libre tránsito a migrantes y no entregar formatos múltiples migratorios o solicitudes que les permitan permanecer en territorio mexicano.
El gobierno federal reconoció que no hay condiciones para resguardarlos, a pesar de que sabían que esto pasaría, tal como lo escribieron en su Plan Nacional de Desarrollo.
En la frontera norte hay 26 mil 560 migrantes, cada día ingresan 150 personas por la frontera de Tapachula y, a raíz del fin del Título 42, México recibirá cada mes a 30 mil migrantes retornados de Estados Unidos, que serán enviados a la frontera sur por el acuerdo establecido entre los gobiernos de Biden y López Obrador.
Los migrantes sólo han encontrado en México, desde hace muchos años, muerte, extorsión y han sido víctimas de tráfico de personas y de secuestro. ¿Qué ha cambiado?
A los desplazados de Guatemala, Honduras, Venezuela, Cuba y Haití el gobierno de México les negó los permisos, ni a los formatos migratorios pueden acceder. Serán contenidos por 25 mil elementos de la Guardia Nacional que los esperan en la frontera sur. ¿Ésa es la respuesta a la promesa hecha el 17 octubre 2018 por el presidente electo?
“A partir del 1 de diciembre vamos a ofrecer empleo, trabajo a migrantes centroamericanos (…) y el que quiera trabajar va a tener una visa de trabajo”, ofreció en ese entonces.
El protocolo del gobierno el federal indica que la base de toda la intervención y el eje de todas las autoridades involucradas “será en un marco de respeto a la seguridad, la dignidad y los derechos de las personas”.
En el documento oficial se precisa que garantizar la seguridad permitirá evitar mayor peligro o daño a las personas y asegurar que los migrantes no corran riesgos físicos o psicológicos.
El Protocolo de Atención en México a Personas Migrantes en Flujos Masivos ordena a las autoridades involucradas tratar con dignidad y respeto a los migrantes, de acuerdo con sus normas culturales y sociales. Además, les pide incluir un enfoque de derechos para “asegurar que las personas migrantes puedan acceder a la ayuda de forma justa y sin discriminaciones, a la vez que, con la actuación de cada profesional, se les dé acompañamiento para ejercer sus derechos”.
No ocurrió así en la estación migratoria de Ciudad Juárez ni se ha garantizado la seguridad en la zona de Matehuala, donde desaparecen a los migrantes. Tampoco frenan la circulación de los tráileres repletos de mujeres, niños, jóvenes y adultos que buscan llegar a Estados Unidos.
El objetivo central del protocolo —resultado de un trabajo conjunto entre el INM y la Iniciativa MIgration EU eXpertise (MIEUX), implementada por el Centro Internacional para el Desarrollo de Políticas Migratorias y financiada por la Unión Europea— era tener un procedimiento operativo de primera atención que permita al gobierno mexicano, con la cooperación de diferentes autoridades, preparar, atender, identificar y canalizar adecuadamente flujos masivos de personas migrantes, “garantizando un abordaje centrado en la persona, libre de discriminación, respetuoso con sus derechos humanos desde una perspectiva de género y priorizando la protección de niñas, niños y adolescentes, así como la atención a personas en situación de vulnerabilidad”. (Fabiola Guarneros Saavedra, Excélsior, Nacional, p. 4)
Mientras en la imaginación colectiva exista la ilusión de una “tierra de oportunidades”, que coincida con la ausencia de las mismas en el lugar de origen, la migración y sus riesgos seguirán presentes como un problema del mundo y, particularmente, de México y los Estados Unidos.
La conclusión del llamado Título 42, justo después del levantamiento de la emergencia sanitaria en el país vecino, provocó que las olas de migrantes asentadas en nuestra frontera norte chocaran de nuevo con el río Bravo, en un intento desesperado por cruzar hacia un mejor futuro.
Ante la influencia cultural y de la industria del entretenimiento estadunidenses, desengañar a los miles de migrantes que viajan desde sus países hacia la línea divisoria es una tarea compleja, porque mezcla realidad con ilusión.
Los Estados Unidos son, en efecto, una nación edificada por inmigrantes de todos los rincones del planeta, pero esa formación de país no ha sido sencilla y ha provocado problemas sociales profundos al interior y en lo internacional.
Recordemos que la campaña anterior a la del actual presidente de EU se fundamentó en un rechazo a la migración desde México y a una fobia ampliamente estudiada contra personas que no son de las mismas características físicas de un segmento que, poco a poco, se ha vuelto minoritario frente a otras razas y credos.
“Hacer América grande otra vez” fue un eslogan que hizo resurgir un racismo que se pensó desterrado cuando ya se había elegido por dos periodos al primer presidente afroamericano. Desde entonces, el tema de la migración centroamericana y de México se colocó como la principal arma electoral en el bando del Partido Republicano y de varios perfiles en el Demócrata que, por la composición de su electorado, asumen una posición antiinmigrante.
Esta amenaza no es reciente, la historia de ambos países cruza décadas de estires y aflojes para reconocer que la mano de obra migrante es indispensable para la economía estadunidense y que el empuje de millones de personas sin papeles, con ellos, y sus generaciones de nacidos como ciudadanos, son la causa de que siga siendo la más fuerte del globo.
Lo que ha empeorado esta relación es la salida de miles de personas desde América Central debido a crisis recurrentes, desigualdad y falta de oportunidades. La propuesta del gobierno de México ha sido la inversión conjunta en programas sociales y de microeconomía que reduzcan el atractivo de ese “sueño americano” que, muchas veces, sólo es una pesadilla.
Nadie se va de su país por gusto, a menos de que se trate de una oportunidad mejor y legal. Echar raíces es un rasgo de nuestra especie que poco o nada tiene que ver con el nacionalismo, sino más bien con una identidad que se construye desde pequeños sobre lo que significa el origen, la identidad y el sentido de pertenencia. Sin embargo, cuando las personas son obligadas a desarraigarse porque no encuentran salida para satisfacer sus necesidades básicas, viene la toma del riesgo al costo, incluso de la vida misma, con tal de lograr esa imagen de prosperidad, tranquilidad y bienestar económico.
No hay duda de que entre los más de 300 millones se estadunidenses existen miles de historias de superación y triunfo, pero hay las mismas, o más, de sobrevivencia y sacrificio continuo. Sólo que, en la balanza entre intentarlo o seguir igual, la determinación la inclinará a favor de lo primero.
Esa poderosa imagen de la isla de Ellis, con la estatua de La Libertad de fondo, no podrá ser sustituida por los anuncios oficiales de que la frontera sur no está abierta o un letrero enorme que indique “no hay vacantes”. La única alternativa es lograr que nadie se vea obligado a migrar corriendo riesgos y abandonar la tierra de uno sea una opción, nunca más el último recurso disponible.
Para muchos pueblos, lograr un territorio que puedan llamar país ha representado una lucha de siglos. En el caso del nuestro y de muchos otros, hablamos de culturas milenarias con valores y principios que se pierden en la travesía por entrar en un espejismo que habita sólo en las pantallas.
Antes, como ahora, la urgencia es el desarrollo del continente americano como un bloque, en la idea de Simón Bolívar, pero con la estrategia acorde a los tiempos que vivimos. Estados Unidos depende de los migrantes, quien diga lo contrario demuestra absoluta ignorancia, y de países que se desarrollen de forma autónoma para que la región sea un sólo mercado cooperante e integrado en verdad.
Ésa es la última frontera, no la que hoy aparece con alambre de púas y militares evitando los cruces. Tampoco la que promete una riqueza inmediata con sólo atravesar la línea divisoria, menos la que defienden quienes piensan que sin ellos ningún país sobreviviría o la que, por miedo, pide levantar muros que dejen fuera a otros que nada más buscan una oportunidad, por pequeña que sea, para cambiar su destino. (Luis Wertman Zaslav, Excélsior, Nacional, p. 6)
Algunos economistas hicieron predicciones al final del siglo XX planteando que uno de los fenómenos más delicados del siguiente siglo (es decir, en el que estamos) serían las hordas de personas migrantes por hambre, guerras o cambios climáticos. Parece que la predicción se cumple enteramente; diversas regiones del orbe presentan fenómenos migratorios de millones de personas que dejan su terruño para aventurarse a lo desconocido.
Para asumir un camino tan extremo son necesarias condiciones igualmente al límite en el que familias enteras se mueven con rumbo a países que les parece pueden ofrecerles alguna mejoría respecto de lo que viven hoy. Ya están descritas muchas condiciones resultantes directamente del cambio climático; el sobrecalentamiento del planeta es la causa de sequías extremas, inundaciones, huracanes, deshielos y muchos otros fenómenos que afectan la vida de las personas hasta el punto en que no es posible sobrevivir. Adicionalmente, tenemos nuevos escenarios de cruentas guerras, Ucrania es un ejemplo, que orillan al éxodo de enormes grupos humanos buscando refugio frente a las balas.
América Latina, con sus gobiernos populistas y mentirosos, ha favorecido el incremento de las diferencias sociales dejando a enormes proporciones del continente en la pobreza, hasta el extremo en el que muchas personas ignoran si el día de mañana podrán comer. Se trata de muchos millones, que en su mayoría se conforman con esa miserable existencia, y sólo unos cuantos (que proporcionalmente son algunos millones) arriban a la conclusión de que necesitan cambiar de país, por supuesto mirando al norte, debido a la imagen falsa del sueño americano, que significa que cualquier persona que se esfuerza verá realizado su sueño de una vida con las necesidades mínimas cubiertas. El sueño es claramente falso, porque cada día hay más personas en EU viviendo en pobreza a pesar de ser una de las economías más grandes.
Por supuesto, todas las agencias y organizaciones humanitarias señalan la enorme cadena de abusos de las que son víctimas en el camino, la mayoría a través de México, que, ocasionalmente llegan al extremo de ser asesinados en manos del gobierno. De cualquier manera, no existe forma razonable de permitir el libre paso de millones de personas, a sabiendas de que no se les permitirá el ansiado acceso a EU, pero tampoco México tiene capacidad económica ni en términos de infraestructura para dar cabida, empleo y servicios de manera masiva a esos enormes grupos humanos. Para colmo, el gobierno mexicano, desde hace algunos años, aceptó bajo condiciones indeseables, convertirse en el muro de contención de Estados Unidos, es decir, que aquel país expulsa de regreso al sur del río Bravo a todos aquellos que no acepta; por desgracia la inmensa mayoría.
El dilema radica en que bajo la perspectiva de los derechos humanos debemos como Estado respetar a las personas, brindándoles condiciones mínimas de cuidado y servicios, pero carecemos de los medios para hacerlo, y mucho menos para brindarles opciones laborales. Ocurre en todo el orbe; Europa tampoco tiene la capacidad para recibir a la mitad de África, y de esa manera podemos disecar la realidad en cada región, encontrando lo mismo. Les debemos respeto a los migrantes, pero no tenemos capacidad para recibir más que a una muy pequeña proporción.
La solución no parece fácil, acá en México los políticos dicen que hay que propiciar el desarrollo de las regiones expulsoras de migrantes, pero no lo pueden hacer ni siquiera en su propio país. (Raymundo Canales de la Fuente, Excélsior, Comunidad, p. 15)
Vale bien repetirlo porque, por muchos días, el tema migratorio será el principal. La interpretación, muchas veces promovida por los polleras, de que sería más fácil pasar a EU luego del fin del Título 42, ha tomado por sorpresa a sectores del gobierno mexicano en sus órdenes federal, estatal y municipal, Aún puede recomponerse el camino para que México recupere ese puesto ejemplar que tuvo por décadas en lo que e flujos migratorios se refiere. Estamos a tiempo. (Redacción, La Crónica, P.p.)
El pasado 10 de mayo, se celebró una audiencia de rutina en el Senado de los Estados Unidos con la jefa de la Administración para el Control de Drogas (DEA), Anne Milgram. El senador republicano por Nueva Orleans, John Kennedy, comentó de manera estridente, irrespetuosa, arrogante y desinformada con relación al tema de México en su lucha contra el fentanilo, lo siguiente:
“México, por decirlo de forma figurada, estaría comiendo comida de gato enlatada y viviendo en una tienda detrás de un patio”.
El senador señalaba que los Estados Unidos debería de presionar a México para permitir el ingreso de sus fuerzas armadas para combatir a los cárteles que distribuyen el estupefaciente hacia los EUA. Solicitó que se haga vía telefónica “una oferta que no se puede rechazar”, partiendo del supuesto de que el pueblo de Estados Unidos es el país que ha detonado el crecimiento y progreso de México.
Claramente lo que denotan sus comentarios, hablando figurativamente, es un prejuicio inaceptable contra un país, contra una cultura milenaria, contra los hechos y las realidades de lo que realmente sucede en este tema, pero sobre todo, ignora o pasa desapercibido la relevancia de nuestra relación estratégica, que hace de nuestra región uno de los bloques regionales comerciales más importantes del mundo. Esto sin contar que su enorme ignorancia y xenofobia le impiden entender el concepto de soberanía nacional con la que cuenta México para resolver sus problemas y retos internos con sus propios recursos y capacidades. Ignorancia o dolo para entender que el problema del consumo de estupefacientes tiene muchas caras y complejidades que atender, tanto del lado de la oferta, como de la demanda.
Hay que agregar que se está utilizando el prejuicio o estereotipo para discriminar y provocar. Discriminar para generar odio o al menos para tergiversar la realidad de las cosas en contra de un país vecino, aliado y su principal socio comercial.
Coincidentemente es un discurso que se expresa justo cuando van a empezar las campañas electorales para renovar el Congreso y la presidencia de los EUA.
La relación de Estados Unidos y México es muy cercana y estratégica para ambas naciones, por ello, las decisiones y acciones internas de un país afectan al otro. El año pasado festejamos los 200 años de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, oportunidad que nos invita a pensar en la necesidad de mejorar y fortalecer el entendimiento, cooperación y colaboración en un bloque regional común frente a los retos del futuro.
En la actualidad, México es la economía número 15; forma parte de la región más productiva del mundo, que representa más de la cuarta parte del PIB mundial. En 2022, el comercio total entre México y Estados Unidos superó los 779 mil millones de dólares, un aumento del 18% en comparación con 2021. Con las nuevas realidades geopolíticas, nuestra relación comercial y regional cada vez será más grande e importante.
Hay números y hechos que claramente desestiman los prejuicios del senador Kennedy, por ejemplo: (1) México compra el 16% de todas las exportaciones de Estados Unidos; y (2) el comercio con México sostiene cinco millones de empleos en la Unión Americana, algunos por cierto en Nueva Orleans.
La lucha contra toda sustancia y acción que ponga en riesgo la salud y bienestar de nuestras comunidades debe de seguir siendo compartida bajo los principios de la cooperación y el respeto irrestricto a nuestras soberanías. El discurso de odio prejuicioso no aporta en mucho para erradicar un problema común que debe ser resuelto con el mejor ánimo de colaboración entre dos socios y aliados que buscan mejores momentos para sus respectivas comunidades.
Explícita o implícitamente, el prejuicio figurativo del senador John Kennedy es sinónimo de racismo. Quien lo promueve es esencialmente un racista que busca segregar y diferenciar por medio de la intolerancia y la ignorancia a dos pueblos y comunidades que hoy en día están más unidos que nunca. O peor aún sería promover la segregación y discriminación con fines electorales. (Jorge Islas, El Universal, Opinión, p. 16)
Podríamos asegurar que no sólo el gobierno de la Cuarta Transformación se ha indignado y ha reaccionado en contra de la enésima agresión que recibimos de un sector de estadunidenses que no conocen la historia, la geografía y las relaciones diplomáticas en torno a su vecino del sur.
Tanto México como Estados Unidos tienen el derecho y la obligación de cuidar sus fronteras. El gobierno de Joe Biden es responsable de lo que suceda en su territorio y, de la misma forma, al gobierno mexicano corresponde, con todo el derecho nacional e internacional, la defensa del país.
En esta ocasión, los seudo argumentos que intenta hacer valer un senador republicano, prácticamente desconocido, excepto por la circunstancia especial que lo favorece el apellido Kennedy, cuyo ADN no pertenece a la famosa familia del ex presidente John F. Kennedy, no le dan la razón. Simplemente, muestran el grado de mediocridad de educación que recibió el legislador.
No es la primera vez que congresistas demócratas o republicanos, incluso, mandatarios del país de la democracia, la libertad y el honor, se expresan con tal desprecio y virulencia. Lo admitan, o no, los obreros migrantes han ayudado a crecer y a desarrollar al país considerado como una potencia mundial.
Y, como no conocen la historia ni siquiera de su propio país, piensan que son los creadores del mundo. No se imaginan que casi la mitad de su territorio fue adquirido por las malas, por la vía violenta y por la peor estafa que han cometido en contra de un país soberano y libre.
Sin embargo, independientemente de sus creencias mal habidas, la peligrosidad del pensamiento como el que ha expresado el senador en cuestión nos debe mantener en alerta. Los principios de buena vecindad no han permeado en sectores importantes, como lo es el legislativo para mantener el respeto, el equilibrio político y la equidad comercial que debe prevalecer entre ambas naciones.
El presidente Andrés Manuel López Obrador y el canciller Marcelo Ebrard Casaubón han expresado el descontento de la gran mayoría de la población mexicana y, por supuesto, han rechazado tales posturas oportunistas que un sector del partido republicano han tomado como bandera a defender.
De hecho, en su pensamiento colonialista, no somos vecinos en armonía, tampoco un socio valioso, ya que estamos al sur de su país y nos consideran su traspatio. La ignorancia supina de este tipo de personajes atraen, a la mala, los reflectores en la palestra política.
Si hablamos de seguridad, la población ha sido engañada por sus perversos medios de información y conforme a los criterios neoliberables. En el país de la Estatua de la Libertad creen que, quienes tienen la verdad, la tecnología y la inteligencia para llevarla a cabo la mejor táctica de seguridad son, precisamente ellos, los estadunidenses. Lo cual no es verdad.
Esas creencias de superioridad han alimentado, a través de los textos, los programas de estudio –desde la primaria, hasta los posgrados–, incluso desde la literatura, el cine y otras artes, un tipo de sociedad que ha caído en muchos excesos. Un ejemplo de ello es la patología social que produce la libertad para consumir cualquier tipo de droga.
Y, por supuesto, para ellos, todo aquello negativo proviene del exterior, como los malos hábitos. Toda esta maldad la lleva la población migrante. Las conductas antisociales contaminan la libertad en la que crecen las futuras generaciones, según su criterio racista. Es importante una reducación para nuestros pueblos y naciones latinoamericanas en cuanto a la valoración de nuestras culturas, con el fin de dejar a un lado la creencia de que somos, todavía, esclavos y mano de obra barata y fácil de desechar.
El sueño americano ha terminado. El paraíso de los dólares se derrumba poco a poco. La sociedad estadunidense no tiene otra vía que la restructuración de su entramado vital. El vecino del sur, o sea, nosotros como una sociedad en vías de la transformación de nuestra forma de vivir y una nueva forma de revitalizar nuestros anhelos y de conseguir realidades positivas, no podemos permitir que un decadente sistema nos enfrente en su intento por sobrevivir.
Pese a las calumnias, continuamos en nuestros esfuerzos por conseguir nuestra soberanía. (Antonio Gershenson, La Jornada, Opinión, p. 16)
Culpa a Estados Unidos de la crisis migratoria
México pasa momentos de tensión en las fronteras norte y sur debido a movilizaciones migratorias que ocurren en estos días, venidas de diversos países del continente con destino a Estados Unidos.
Los rostros muestran aflicción en las caravanas compuestas por familias que piden asilo y trabajo, ya que en sus lugares de origen no encuentran salida a las crisis acentuadas por factores internos, externos y por malos gobiernos, algunos influenciados por el imperialismo yanqui bajo el esquema de capitalismo salvaje.
Los orígenes de estos numerosos contingentes en busca del sueño americano tienen muchas aristas, gobiernos de países sureños y centroamericanos no han establecido medidas o estrategias que ofrezcan trabajo digno y bien remunerado, no se diga salud, vivienda, educación, seguridad y justicia; otro elemento que influye en mayores flujos migratorios forzados es la desvergonzada injerencia de Estados Unidos vía sus embajadas, muy activas, en asuntos internos propios de cada país, es decir, ordenan a gobiernos lacayos establecer una democracia aberrante impuesta que los convierte en gobiernos títeres y serviles al imperio yanqui.
Ejemplos injerencistas hay muchos, las embajadas estadunidenses tuvieron que ver con el golpe de Estado en Perú, las elecciones recientes en Paraguay y en Guatemala con negarle el registro a Thelma Cabrera, mujer maya con perspectivas de ganar las elecciones y dar un salto al progresismo que tanto asusta al imperio; este problema –el de la migración en masa– no toca a quienes convencen y lucran con ellos al tomar decisiones aventu reras. El Tío Sam ha declarado la guerra al progresismo en América Latina. La Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) debe analizar este y otros problemas conjuntamente y que la OEA (Organización de Estados Americanos) se retire por su mal desempeño y sesgo preferencial a favor del imperialismo. (Luis Langarica, La Jornada, Editorial, p. 6)
Cartones

(Rocha, La Crónica, La Dos, p. 2)

(Llera, Excélsior, Nacional, p. 6)

(Chelo, El Universal, Nación, p. 17)