Opinión Migración 140624

La quinta transformación

El muro fronterizo de Donald Trump, para el que se estima un presupuesto de ocho mil millones de dólares, es un derroche de recursos si se toma en cuenta que en la conexión de México con Estados Unidos existe una red para permitir el paso ilegal de migrantes. La llamada “puerta 28” del muro fronterizo entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas, es sistemáticamente abierta de manera irregular para el cruce migratorio, como se pudo comprobar en un video que tiene ya bajo resguardo y en proceso de investigación la Fiscalía de Operaciones Especiales y Antisecuestros del estado de Chihuahua. El mencionado esquema ilegal genera ganancias a los traficantes de entre 4 y hasta 10 mil dólares por persona, que se repartirían entre los famosos “polleros” y los agentes aduanales de ambos países. (Darío Celis, El Heraldo de México, País, p. 07)  

En el espejo de Washington  /  Votos y (des)equilibrios

Hay resultados electorales que equilibran y otros que desequilibran. En los últimos tiempos están teniendo más éxito las ofertas electorales que desde los extremos conectan con problemas y agravios no resueltos del pasado.

En México acabamos de ver un caso rotundo donde una propuesta electoral basada en la exigencia de disminución de la desigualdad y una acción redistributiva del Estado ha obtenido una mayoría clara.

Recientemente, también ha habido una serie de votaciones que corrigen la deriva extremista y buscan un mayor equilibrio democrático en naciones que llevaban ya varios años cargando las tintas hacia un lado. Tal es el caso de recientes resultados electorales en países tan diferentes y dispares como la India, Turquía y Polonia.

Narendra Modi tendrá que formar un gobierno de coalición gracias a la emergencia electoral de partidos regionales, Erdogan pierde las 5 principales ciudades de Turquía en manos de la oposición y el liberal polaco Donald Tusk es el primer ministro polaco tras 8 años de dominio del partido ultraconservador.

Resultados electorales como estos son los que buscan equilibrar el barco de las naciones. Recientemente, el presidente Emmanuel Macron ha convocado sorpresivamente a elecciones legislativas para intentar detener el sistemático avance del Reagrupamiento Nacional (RN), el partido de Marine Le Pen que acaba de triunfar en las recientes elecciones europeas.

Los sistemas que tienen la capacidad de hacer estos movimientos dan margen de maniobra a quien está en el poder para tratar de manejar a su favor los tiempos políticos y electorales. El presidente francés redobla su hasta ahora exitosa apuesta por crear un centro más grande que combata la polarización que fortalece a los extremos, tanto hacia la derecha como a la izquierda, poniendo en peligro una conducción moderada y reformista del gobierno.

Con la extrema derecha cada vez más cerca de dominar la política en Francia, Macron hace un movimiento audaz que recuerda lo realizado por Pedro Sánchez en España, quien tras una derrota electoral convocó rápidamente a elecciones generales y por un puñado de votos logró de nuevo ser investido presidente español al unir a los partidos que rechazaban a la extrema derecha.

Macron va a contracorriente de los recientes resultados y de las tendencias que muestran las encuestas, su aspiración consiste en imantar hacia el centro a socialdemócratas y conservadores moderados. En caso de perder las elecciones legislativas anticipadas del 30 de junio y el 7 de julio, podría tener que cogobernar con Le Pen y nombrar primer ministro al joven de 28 años, Jordan Bardella, mano derecha de la líder nacionalista.

Otro presidente que tiene frente a sí un panorama complicado al enfrentar un opositor extremista es Joe Biden. El exvicepresidente de Barack Obama ha seguido los pasos de su exjefe al tratar de subrayar la importancia de situarse en el centro y lograr estar por encima de los partidos.

En un análisis muy interesante de las votaciones de Biden en sus muy largos años en el Congreso estadounidense se demostró que siempre ha buscado colocarse en el centro y nunca en los extremos, lo que le ha permitido agrupar muchas voluntades.

Sin embargo, en los nuevos tiempos, pareciera que esta tendencia natural hacia el centro y a la búsqueda de acuerdos está perdiendo fuerza y cediendo hacia la dinámica centrifuga de los extremos.

El movimiento MAGA (Make America Great Again) que se ha merendado a los republicanos moderados es definitivamente extremo en sus posiciones económicas, sociales, culturales y muy especialmente en las relacionadas con la migración y los derechos reproductivos de las mujeres.

La tendencia y presión son tan fuertes que la propia administración Biden ha sucumbido y ha generado el decreto más duro contra el fenómeno de migración al generar las condiciones para darle un portazo en las narices a quien quiera migrar a los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la candidatura de Biden se debilita dentro de su propio partido, pues quienes se sitúan a la izquierda están muy decepcionados de la posición gubernamental frente a la tragedia en Gaza y su “derechización” en diversos temas, especialmente los concernientes a migración.

En otra elección que puede servir para equilibrar el barco nacional, encontramos el fenómeno de María Corina Machado en Venezuela que, a pesar de ser inhabilitada para competir por la Presidencia, está logrando movilizar la esperanza de la gente contra la dictadura de Maduro, trasladándole todo su capital político al diplomático Edmundo González Urrutia, quien encabeza todos los sondeos. Acá la pregunta clave no es si Maduro perderá la elección, sino si aceptará la derrota (lo más probable es que se la robe y se imponga de nuevo).

El reciente resultado en las elecciones mexicanas desequilibra profundamente el barco, consolidando un poder similar al que tuviera el PRI durante tantas décadas. El debate sobre la probable sobrerrepresentación excesiva en las cámaras es clave para impedir un desbalance que se originaría en las mañas y en la capacidad de tergiversar la voluntad popular. Morena y sus aliados obtuvieron 54% de los votos en el Congreso y se pretenden dar una representación de 74% con argucias legales e interpretaciones que rompen el espíritu de la ley.

El voto de los mexicanos inclinó el barco claramente hacia un lado, ahora Morena quiere ir más allá y darles toda la vuelta a las instituciones nacionales. Mala idea para equilibrar a la patria. (Guido Lara, El Financiero, Opinión, p. 34)

Las dos tormentas

La dinámica en la que las fuerzas del mercado y la iniciativa privada actúan para equilibrar y limitar el poder de un gobierno se llaman contrapesos. Ello es fundamental en las economías de mercado y en las democracias liberales donde se busca evitar la concentración excesiva de poder en manos del Estado. La actual coyuntura alrededor de la aplastante victoria de Morena en ambas cámaras legislativas ha abierto una grieta en el debate público sobre la próxima Reforma al Poder Judicial que hace meses descansa en el escritorio del presidente López Obrador. Nadie debe equivocarse, esta iniciativa está anunciada acerca de sus formas y fondos y no parece importante los daños directos y colaterales en la percepción de la semilla de incertidumbre sembrada en la mente inversora.

Sin embargo, el cúmulo de señales aderezado por una incontinencia verbal de prominentes actores políticos ha metido presión al nuevo gobierno encabezado por Sheinbaum que ha sido recibido con un balde de agua gélida por los mercados financieros ocasionando el desplome del peso y más grave aún, la onda expansiva acerca de un México más riesgoso; en otras palabras, si se tiene un país con estas características el inversionista pide más retorno por asumir ese riesgo.

Y al pedir más rendimiento el gobierno tiene que pagar más intereses y como consecuencia compromete su capacidad de ejercer el presupuesto público en lo que le interesa. Esto parece haber sucedido en la reciente subasta de bonos —Mbono y Udibono— emitida por el Banco de México.

El pragmatismo en la toma de decisiones enfatiza la practicidad y la efectividad de las mismas en lugar de seguir principios ideológicos rígidos, teorías abstractas o vaivenes tóxicos emocionales. Los inversionistas actúan conforme a la percepción del riesgo país y la dupla López Obrador-Sheinbaum están detonando un nerviosismo, en medio de una transición entre administraciones, por adelantar los costos políticos financieros por la toma de decisiones sobre quizá 5 de las 18 iniciativas que se quieren empujar, sí o sí, en el mes de septiembre.

La audacia de López Obrador no sorprende, su tozudez para conducirse mediante manotazos y rabietas y así sacar a flote sus prioridades está comprometiendo al gobierno entrante, aunque construyan una narrativa aduciendo lo contrario. Los hechos hablan por sí solos.

El tipo de cambio no ha reaccionado favorablemente ya que persisten las preocupaciones sobre las reformas y el déficit presupuestario. Y para documentar el pesimismo, Hacienda informó que redujo la deuda externa del país con vencimiento en el 2025 con el objetivo de darle un tanque de oxígeno al gobierno de Sheinbaum mientras el Banco de México anunciaba que se “podría intervenir” si se mantiene la extrema volatilidad del tipo de cambio.

Hay tormentas que México debería evitar coincidan en el mismo contexto.

La incertidumbre económica financiera y la de (in)seguridad. Ambas tienen la potencia de desestabilizar en el mediano plazo. La volatilidad y la crisis de confianza que se vive por incertidumbre y la falta de contrapesos aunados a la confirmación de autoridades estadunidenses de la entrada de radicales islámicos de Tayikistán por la frontera norte valiéndose de una organización de tráfico de migrantes también presuntamente ligada con ISIS, deben ser alertas en un tablero geoestratégico de ambos países. Y ya ni hablar de los ejercicios militares en el Atlántico de Rusia-Cuba… (Marcela Gómez Zalce, El Universal, Nación, p. A7)