Señala ironía de Trump
En relación con el tema de la migración: ¿Habrá pensado el señor Donald Trump que él mismo es hijo, nieto, bisnieto, o tatara tatara tataranieto de migrantes? Bárbara Jacobs
Exigen protección para mexicanos en Palestina
Juan Ramón de la Fuente, secretario de Relaciones Exteriores, Gobierno de México: Es de nuestro conocimiento que una delegación de ciudadanos mexicanos se encuentra en Palestina, cerca de Rafah, como parte de una misión de paz. Están siendo llevados por a la ciudad de El Cairo, con la finalidad de deportarlos. Pedimos a la Secretaría de Relaciones Exteriores que vele porque se respeten sus derechos y sean protegidos por la embajada mexicana y se garantice su seguridad. Mexicanos Unidos: Porfirio Martínez González, Armando Soto Baeza, Lauro Sol Orea y José Enrique González Ruiz (El Correo Ilustrado, La Jornada, Editorial, p. 2)
La gran mayoría de quienes se están manifestando desde el 6 de junio en la ciudad de Los Ángeles, en California, lo hacen de forma pacífica. A pesar de ello, las imágenes que se difundieron ese día, fueron las de quienes lo hicieron de forma violenta y ondearon banderas, en su mayoría de México. Para un migrante, ¿cuál será el significado de ondear la bandera de su país?, ¿se sentirá cobijado?, ¿será un mensaje?, ¿fue espontáneo llevar banderas, o fue la provocación de algún oportunista político?
Cuando el presidente Donald Trump decidió implementar su política de deportaciones masivas de migrantes en los estados o ciudades “santuario” de la forma que lo hace el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas ¿pensó que provocaría una respuesta radical, o sólo fue una coincidencia que así sucediera?, ¿fue una estrategia política en contra del gobernador demócrata Gavin Newsom?
Probablemente, las respuestas nunca las sabremos, pero es un hecho que, la reacción violenta de algunos manifestantes, le cayeron como anillo al dedo al mandatario, porque tuvo el pretexto para reaccionar autoritariamente como lo hizo en la ciudad de Los Ángeles, California. Para legitimar su decisión, con audacia, el presidente difundió en sus redes sociales las imágenes que evidenciaban la violencia, y, palabras más, palabras menos, escribió que “turbas violentas e insurrectas” estaban invadiendo y ocupando esa ciudad, por lo tanto, ordenó a algunos miembros de su gabinete a que tomaran las medidas necesarias para liberar esa ciudad de “la invasión migrante”. Así, sorprendentemente, por encima de la relación federalista que había prevalecido en ese país, miles de miembros de la Guardia Nacional fueron desplegados en los Ángeles bajo el pretexto de frenar los disturbios que habían desembocado en un toque de queda decretado por la alcaldesa demócrata Karen Bass.
Seguramente, los seguidores del presidente Trump están convencidos de que él está haciendo lo correcto, pero, por lo que se ve hay una realidad que se impone: miles de migrantes, aun sabiendo que no pueden rebelarse, están dispuestos a resistir. Muestra de ello es que las protestas se extendieron en Nueva York, Seattle, Chicago, Austin, Las Vegas y Spokane. Además, bajo el lema de “No Kings”, hay cientos de convocatorias de grupos y organizaciones para movilizarse hoy mismo. Así, lo que parecía ser sólo un movimiento reactivo, puede convertirse en un gran movimiento nacional de resistencia pasiva de los migrantes; porque si bien es cierto, las deportaciones son legales en contra de quienes no tienen regularizada su estancia, las acciones también han afectado a quienes han logrado ser reconocidos como ciudadanos. Incluso, la amenaza se extiende contra quienes nacieron y crecieron en ese país. Es decir, contra los que ya no son migrantes, tal y como es el caso del propio presidente Trump, ya que su abuelo llegó desde Alemania.
Desafortunadamente, el día de hoy la tensión es creciente, porque el presidente Trump decidió realizar un inédito desfile en Washington para conmemorar el 250 aniversario del Ejército. Tal vez fue una coincidencia, pero hay suspicacia, porque como dice el dicho: en política no hay coincidencias, y es plausible que la acción, aun cuando no esté relacionada directamente con las movilizaciones, tenga por objeto evidenciar lo obvio: el gran poder de las Fuerzas Armadas (aunque también, algunos analistas han trivializado el evento al relacionarlo con el cumpleaños del presidente, que es hoy mismo).
Más allá de las interpretaciones, lo cierto es que el conflicto impacta social, política y económicamente a los países de donde son originarios los migrantes, toda vez que, miles de familias dependen de los recursos de las remesas que reciben mes con mes. Por ejemplo, tan sólo en México, las remesas representaron un ingreso de 64 mil 745 millones de dólares en 2024.
En ese contexto, aun con las evidencias, es deseable que hoy, frente a las movilizaciones de migrantes, la respuesta del gobierno del presidente ¡Trump sea de negociación y no de represión. Faltan pocas horas para saberlo. (Ruth Zavaleta Salgado, Excélsior, Nacional, p.7)
Del asalto al Capitolio a los escenarios de tensión y rebeldía en Los Ángeles, la magnanimidad ciega a Donald Trump. Vistas las cosas esta semana, el muro de la frontera sur de Estados Unidos es lo de menos. El incremento grosero a los aranceles tiene y tendrá sus contenciones durante la gestión ante los canales oficiales de los países involucrados y las organizaciones de comercio, pero parece que no puede pasar un día sin que el hombre escupa fuego. En una escena que, por patética, parecía montaje, todo mundo lo vio en el Despacho Oval dándole trato de adolescente irresponsable al presidente de Ucrania. Hoy, a propósito de su cumpleaños, aguardamos atestiguar un desfile militar con sus predecibles poses de macho alfa global. Ya veremos.
No exagera quien afirme que Los Ángeles se ha convertido en escenario de combate. Cientos de detenciones realizadas por ICE en centros de trabajo y zonas comerciales han desatado un clima del que brota una sensación de temor, seguida del instinto de defensa. La persecución no es contra criminales, sino apunta a ciudadanos que, está comprobado, pagan sus impuestos y colaboran con sus comunidades. Falta que esa represión se presente en escuelas, a la hora del recreo, y detenga a menores de edad “sospechosos” en tanto sus padres y tutores comprueban su estatus en la Unión Americana.
Si hay una urbe multicultural que se pueda señalar sobre un planisferio es, precisamente, Los Ángeles. Un tercio de su población, unos 3.3 millones, nació fuera de territorio estadunidense, y 40 % del empleo local recae en los inmigrantes. Ante esos indicadores desbordantes, la Casa Blanca opta por pasar sobre esas calles montada en un bulldozer racista bajo la consigna de capturar y desterrar a gente que, desde su óptica, es indeseable.
Ante la indignación y las manifestaciones en otras grandes ciudades de Estados Unidos, el presidente Trump posteó, en Truth Social, su visión de las cosas: “Nuestros agricultores y la gente del sector hotelero y de esparcimiento han afirmado que nuestra agresiva política migratoria les quita trabajadores con amplia experiencia, y que esos empleos son casi imposibles de reemplazar. En muchos casos, los delincuentes a los que se les permitió entrar a nuestro país gracias a la muy estúpida política de fronteras abiertas de Biden están solicitando esos empleos. Esto no es bueno. Debemos proteger a nuestros agricultores, pero debemos sacar a los delincuentes de Estados Unidos. ¡Vienen cambios!”.
La gran paradoja de todo ello quizás se encuentre en los votantes que se inclinaron por Trump, que obtuvo entre 45 y 46% del voto latino, hechizado por su discurso de orden social y progreso económico. Entre los varones, el hoy mandatario estadunidense superó las preferencias en las boletas electorales.
Pero que nadie se diga sorprendido: Donald Trump es el lobo con disfraz de cordero. (Fernando Islas, Excélsior, Nacional, p. 8)
Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum reacciona en defensa de la farsa electoral que su partido Morena realizó el 1 de junio, que construía la parte central de la llamada reforma judicial que desde hace más de un año fue anunciada por su antecesor, López Obrador, y que tiene por finalidad central hacer de México un régimen autócrata y personalista.
La OEA tuvo una certera crítica a dicho ejercicio electoral señalando que las irregularidades detectadas a través de los “acordeones instructivos” que Morena elaboró y repartió, orientando así el voto de sus adherentes a su favor, lo cual hacía que la elección estuviera manipulada políticamente. A mayor abundamiento, subrayó la escasa participación cívica que ni siquiera alcanzó 13% del padrón electoral, lo cual hacía imposible calificar de democrático este ejercicio.
A este hecho habría que añadir el crecido porcentaje de votos nulos. Estos hechos concretos de aritmética pura nada tienen que ver con tendencias ideológicas atribuidas por la izquierda.
La llamada reforma del Poder Judicial en México, hoy en manos del Poder Ejecutivo, corre en paralelo a lo que está haciendo el presidente Trump, que ha quebrantado a cada momento cuanta ley existe.
Como lo ha denunciado enérgicamente el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz al señalar: “Lo que sí veo es que con Trump es posible que la democracia desaparezca de Estados Unidos. Cuando un presidente desobedece las decisiones judiciales entramos en territorio desconocido. El sistema no ha sido capaz de parar a Donald Trump. Vemos acciones que van en ese sentido como silenciar a las universidades y a la prensa… Y sólo estamos al principio de su mandato”.
Trump, además, amenaza con encarcelar a todo aquel que está en desacuerdo con sus políticas. Las recientes medidas de Trump hacia los indocumentados son también instrumentos de un sistema autócrata. Tanto en México como en Estados Unidos, el tema migratorio ha hecho crisis y ha dado origen a los violentos disturbios en ciudades como Washington, Nueva York, Filadelfia, Omaha y Seattle, por decir unas cuantas.
La política migratoria perseguida por ambos gobiernos ha destrozado la vida de familias enteras de los miles de trabajadores migrantes que, como se ha dicho insistentemente en los últimos días, constituye en Estados Unidos una proporción importante de la fuerza laboral agrícola e industrial.
Estados Unidos se encuentra en un momento de crisis económica y política sin paralelo. En lo internacional, amaga a países amigos con su política oscilante de aranceles. Sus vaivenes erráticos desconciertan y distorsionan la realidad que reflejan sus caprichos, sembrando desconcierto y confusión en las normas comerciales. Su relación con China, caracterizada por una intensa rivalidad entre las dos potencias, anuncia una prolongada etapa de difíciles negociaciones en todas las áreas cuyos resultados son imprevisibles. El epílogo de éstas afectará también la suerte de los países que giran en torno a ambas potencias.
México no puede estar de acuerdo con la estrategia hegemónica de Estados Unidos, pero, por otra parte, al ser miembro del T-MEC, se nos abre un vasto abanico de relaciones económicas, sociales y culturales. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 9)
La agresión que ha sufrido el país por las declaraciones de la secretaria de Seguridad Interna del gobierno estadunidense en un encuentro del presidente Trump con los medios en la Casa Blanca, no debe tomarse a la ligera. Estas expresiones carecen del comedimiento que ha caracterizado la relación entre ambos mandatarios. El incidente no debería interpretarse como un exceso aislado de una colaboradora del presidente, sino como una postura oficial. La presidenta Sheinbaum no ha incitado a la violencia; por el contrario, ha hecho constantes llamados a alejarla de las expresiones de inconformidad frente a los operativos de las autoridades migratorias.
México y el mundo enfrentan una nueva realidad ante el regreso de Donald Trump. Nuestra cercanía geográfica, junto con nuestra dependencia e insuficiencias estructurales y coyunturales, nos obligan a actuar con prudencia y a reconocer una amenaza sin precedentes. Es crucial entender que la segunda presidencia de Trump es significativamente distinta a la primera; sería un error replicar estrategias del pasado sin evaluarlas profundamente.
La amenaza actual es mayor, no solo por su impacto en la economía, sino por una postura en la que prejuicios y sentimientos de supremacía moral podrían tener graves consecuencias. La presidenta Sheinbaum ha trabajado diligentemente en dos frentes críticos: el control de la migración ilegal y el combate al crimen organizado. Sin embargo, no se puede esperar reconocimiento ni reciprocidad, a pesar de que la reducción de migrantes indocumentados en los Estados Unidos sea uno de los pocos logros de la administración de Trump.
Se ha insistido en este espacio sobre la necesidad de unidad entre los mexicanos para enfrentar los desafíos que plantea la nueva relación con los Estados Unidos. Se espera que la presidenta Sheinbaum y la sociedad toda, actuemos en concordancia, ya que la polarización no beneficia a nadie. La unidad, en la diversidad, es el mejor recurso para enfrentar la circunstancia actual. Es deseable que las negociaciones y el diálogo den resultados positivos, pero con el presidente Trump todo es incierto. Es necesario abandonar la polarización y las descalificaciones para fomentar la reconciliación y el entendimiento entre los mexicanos. (Liébano Sáenz, Milenio, Al Frente, p. 2)
Los aplaca la Presidenta
Vaya jalón de orejas propinó la presidenta Claudia Sheinbaum a los morenistas que atienden más a la víscera que al recato en momentos clave, como el que atraviesa el gobierno mexicano en su relación con EU. Su llamado a la militancia para que se abstenga de echar más leña al fuego el tema de las redadas contra migrantes fue bastante claro. Y no sólo va dirigido a la consejera de Morena en Jalisco, Melissa Cornejo, sino a otros personajes que andan muy mareados de poder.
Coordina recepción de paisanos
Cónclave con los responsables de los diez centros de atención de la estrategia México te abraza encabezó la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. En la sede de la dependencia, les pidió recibir a los paisanos deportados “de forma respetuosa y digna”, y recordarles que el gobierno de México “los espera con los brazos abiertos”. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)
En Colombia, el atentado en contra de un precandidato presidencial recuerda las épocas más cruentas de la violencia de los años noventa; en Estados Unidos, la política migratoria de Donald Trump y las redadas en los principales centros urbanos del país, han desatado protestas masivas en su contra, especialmente en California; en Medio Oriente, Israel lanzó un ataque “preventivo” en contra de Irán lo que posiblemente represente el inicio de una guerra entre dos potencias regionales; Ucrania lanzó el mayor ataque en territorio ruso desde la Segunda Guerra Mundial en contra de instalaciones militares; Pakistán e India están en continua tensión luego de la guerra de 100 horas de mayo.
Las democracias liberales están en un proceso de avanzada erosión y los esfuerzos realizados por Naciones Unidas para dirimir conflictos pacíficamente se han visto muy limitados. Esto implica que el costo de ignorar las Constituciones y las leyes, no tomar en cuenta las mejores prácticas democráticas e incluso pasar por alto de forma discrecional algunos derechos humanos, cada vez es más bajo. A la par, el costo de iniciar conflictos bélicos y atacar a otras naciones también ha disminuido drásticamente en los últimos años.
Colombia: El atentado en contra de Miguel Uribe Turbay sacudió el país y revivió sus épocas más tristes. Uribe Turbay es senador de Colombia y precandidato presidencial por parte del Partido Centro Democrático, oposición a Gustavo Petro. Es nieto del expresidente de Colombia Julio Turbay y sufrió el secuestro y asesinato de su madre Diana Turbay a manos del Cártel de Medellín de Pablo Escobar. El atentado rememora aquellas épocas tristes de la violencia política, del narcotráfico y la guerrilla en Colombia, a la par que la reacción del Presidente Petro atiza la polarización política que ha llevado al impasse legislativo.
Los Ángeles: Las redadas efectuadas por el gobierno de Donald Trump en contra de migrantes sin documentos en Estados Unidos, han provocado movilizaciones en sus principales ciudades. Los operativos realizados por el ICE (Immigration and Customs Enforcement) han mostrado la separación de familias y uso excesivo de la fuerza en las detenciones que han realizado, lo que ha provocado la indignación y la protesta en comunidades con presencia latina. Los movimientos han evolucionado a ser una manifestación en favor de la diversidad, el pluralismo y el reconocimiento de diferencias étnicas en Estados Unidos, utilizando las banderas de los países de migrantes como símbolo de las protestas.
Medio Oriente: El Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, salió a televisión nacional y difundió al mundo entero que atacó instalaciones nucleares y objetivos militares y científicos de Irán, así como que el ataque se prolongará indefinidamente por razones de defensa propia y por el incumplimiento de Irán en la no proliferación de armas nucleares. En correspondencia, Irán ya inició ataques en contra de Tel Aviv. Este conflicto, que por años se mantuvo latente, ha escalado de forma directa entre ambos Estados, dejando atrás la guerra en la sombra que caracterizó su relación. El conflicto puede rápidamente escalar a un conflicto regional.
Ucrania y Rusia: En una escalada sin precedentes desde el inicio del conflicto en 2022, Ucrania lanzó un ataque coordinado contra objetivos militares estratégicos en territorio ruso, incluyendo depósitos de armas y centros de comando en la región de Bélgorod y Kursk. Este ataque representa el mayor desde la Segunda Guerra Mundial perpetrado por fuerzas extranjeras sobre suelo ruso. La ofensiva busca debilitar la capacidad de respuesta de Rusia y generar presión interna sobre el Kremlin. Sin embargo, el gobierno de Putin respondió con bombardeos masivos en Kiev, acentuando la dimensión total de la guerra. Mientras tanto, la mediación internacional sigue estancada, y Europa observa con creciente preocupación la posibilidad de una expansión del conflicto a otras regiones del continente.
India y Pakistán: La región de Cachemira vuelve a ser foco de tensión entre dos potencias nucleares. Tras el conflicto de mayo que duró poco más de 100 horas, ambos países han incrementado su presencia militar en la Línea de Control. Pakistán acusa a India de realizar incursiones ilegales y violaciones a los derechos humanos de la población musulmana en la región; India, por su parte, sostiene que se trata de operaciones antiterroristas en respuesta a ataques de insurgentes apoyados por Islamabad. Aunque se ha evitado una guerra a gran escala, los incidentes fronterizos y la retórica belicista en ambos lados aumentan la fragilidad del equilibrio. La comunidad internacional mantiene un llamado a la moderación, pero su capacidad de influencia se ha visto limitada por la falta de voluntad política de ambos gobiernos. (Pedro Sánchez Rodríguez, La Razón, Informativa, p.2)
La bandera es un símbolo que, por estar tan presente, a veces pierde su fuerza performativa. Se nos olvida que no es un adorno, sino que expresa un mensaje poderoso. Pudimos constatar lo anterior en el sexenio pasado cuando se dio la orden de retirar la bandera monumental del Zócalo durante las manifestaciones de la oposición. Y si nos remontamos a sucesos de varios años atrás, podemos recordar las imágenes de Manuel Camacho Solís y el Subcomandante Marcos levantando una bandera mexicana como un símbolo de las negociaciones de paz entre el Gobierno y el EZLN.
¿Qué significa que se saque la bandera mexicana en las manifestaciones que se han llevado a cabo en Los Ángeles y en otras ciudades estadounidenses en los últimos días? Hay que abordar esta cuestión con sumo cuidado, porque resulta fácil caer en posiciones superficiales y dogmáticas.
A primera vista, es un error político grave —casi infantil— exhibir la bandera de México en las manifestaciones, porque es como poner en charola de plata el argumento de los enemigos de los migrantes mexicanos. También hay que notar que hay muchas pancartas en español. Algunas dicen cosas simpáticas como “Chinga tu migra”. Otras lanzan mensajes retadores como “Nadie es ilegal en un territorio robado”.
Se diría que los manifestantes que portan la bandera mexicana se están dando un balazo en el pie. Están justificando la acusación de que son invasores del extranjero que deben ser expulsados de inmediato.
Me parece que esta manera de ver el asunto no explica correctamente lo que está sucediendo. Lo primero que habría que señalar es que no es nada nuevo que los mexicanos en Estados Unidos —sean o no ciudadanos estadounidenses— enarbolen banderas de México en sus protestas. En las fotografías de las movilizaciones encabezadas por César Chávez durante los años sesenta y setenta del siglo pasado, ya se observaban banderas mexicanas e incluso estandartes guadalupanos.
La bandera mexicana ha sido desde entonces un símbolo de lucha política de los mexicanos del otro lado de la frontera. No es un gesto de nacionalismo agresivo, no se pretende que México invada a Estados Unidos o algo por el estilo, sino que es un símbolo de identidad colectiva, un instrumento para la defensa de los derechos civiles de un grupo dentro de una sociedad plural como la de Estados Unidos.
En segundo lugar, habría que tomar en cuenta que los agentes de inmigración que están haciendo las redadas indiscriminadas en las comunidades de mexicanos llevan en sus uniformes los símbolos de Estados Unidos. La bandera de las barras y las estrellas es la que enarbolan aquellos que insisten en calificar a los inmigrantes de origen mexicano como criminales, como invasores, como enemigos. ¿Por qué deberían los mexicanos en Estados Unidos adoptar esa misma bandera en sus manifestaciones? ¿Acaso no es evidente que esa bandera es la misma que se está usando para excluirlos, para criminalizarlos, para agredirlos?
Para ponerlo de otra manera: si los mexicanos en Estados Unidos sacan la bandera de México es porque se han sentido injustamente excluidos de lo que significa la otra bandera, la de las barras y las estrellas.
La bandera mexicana es un símbolo del orgullo de los mexicanos en Estados Unidos. Es una manera de decir: aquí estamos y no nos avergonzamos de ser mexicanos o de tener origen mexicano.
Es importante subrayar que lo anterior no significa que, en otras circunstancias, esos mismos mexicanos del otro lado no sean capaces de sacrificar sus vidas por la bandera de Estados Unidos. Muchos miles de mexicanos han peleado en el ejército de Estados Unidos y lo han hecho con pleno convencimiento. En 2021 el 16% de los militares en activo del ejército de Estados Unidos eran de origen mexicano.
En resumen: para los mexicanos en Estados Unidos no hay contradicción alguna entre ondear la bandera de México en algunas circunstancias y la bandera de Estados Unidos en otras circunstancias. Las dos manifestaciones no son excluyentes.
Lo mismo se puede decir de otros ciudadanos estadounidenses que, en diversas ocasiones, ya sea para celebrar o para protestar, salen a las calles con banderas de otros países, como las de Irlanda, Italia o, más recientemente, Israel. (Guillermo Hurtado, La Razón, Informativa, p. 11)
Sabia verdad
Ramesh viajaba en un asiento situado junto a una de las salidas de emergencia del avión y fue el único pasajero que logró sobrevivir.
El avión de Air India aterrizó de emergencia en Tailandia tras una amenaza de bomba…
No cabe duda que, cuando te toca, aunque te quites, y cuando no te toca ¡aunque te pongas!
En dos tiempos
1 .Todo empezó con los operativos de captura y deportación de latinos desde su primer mandato presidencial, cuando consideró que Los Ángeles, Nueva York y Chicago eran “madrigueras de delincuencia”.
Reflexión: ¡Naah! este cuento no se lo cree ni Walt Disney: buscaba el pretexto para entrometerse en las ciudades santuario, y lograr deshacerse de los migrantes con ayuda de su tropa… Al tiempo, dijera el conserva clásico…
¿Ves?
El senador por California, Alex Padilla, cuestionó este jueves el uso de la fuerza del gobierno de Trump, tras ser empujado y esposado. Trataba de preguntar a la secretaria de Seguridad, Kristi Noem, sobre las redadas migratorias.
“Si así responden a un senador que pregunta, imagínense cómo están tratando a los trabajadores del campo, cocineros, los jornaleros de la comunidad de Los Ángeles, y de todo el país”, dijo en conferencia de prensa improvisada.
Seguramente la senadora plurinominal, Lilly Téllez, al ver que a ella no la tocan ni con el pétalo de una rosa después de que insulta, interrumpe o dice y hace ridiculeces en la Cámara de Senadores, dirá: como México no hay dos.
Otro delito
Trump mandó marines a L.A para someter a los inmigrantes (sin que lo haya solicitado el gobernador).
El gobernador Newson criticó el envío de soldados al estado, por lo que subió una imagen a su cuenta de X y posteó un mensaje dirigido a Trump:
‘‘Enviaste a tus tropas sin combustible, comida, agua o un lugar para dormir”; por lo que éstos deben dormir en el piso.
¡No cabe duda: Trump es un violador por naturaleza! (Eva Makivar, El Sol de México, República, p. 2)
En la quinta temporada de la exitosa serie de ficción, House of Cards, disponible en la plataforma de Netflix, la dupla Underwood que gobierna a los Estados Unidos decide emprender una operación política que denominan “We make terror”, que consiste en crear un conflicto interno en los Estados Unidos, una suerte de guerra civil para tapar escándalos y escalar en las encuestas.
En la realidad política actual de los Estados Unidos, el gobernador de California, Gavin Newsom, acusa al presidente Donald Trump de “generar la crisis de seguridad en Los Ángeles” para sus fines dictatoriales, con el envío de la Guardia Nacional y los Marines a la segunda ciudad del país. Curiosamente también había escándalos en las redes sociales, como el señalamiento del empresario Elon Musk, de que Trump aparecía en los expedientes y archivos fotográficos del escandaloso caso de pederastia del empresario Jeffrey Epstein, amigo cercano del presidente republicano.
Por lo pronto, el conflicto interno ya existe en los Estados Unidos, con las demandas que anunció California y su gobernador en contra del presidente Trump y con las protestas que se le generalizaron a la administración trumpista en las principales ciudades de la Unión Americana. Y en otro conflicto que también parece salido de una serie de ficción -ya sea como estrategia o como distractor a los problemas de la Casa Blanca- Israel, el aliado estratégico de los Estados Unidos, decidió lanzar un ataque de misiles contra Irán y sus instalaciones nucleares, lo que fue respondido de inmediato por los Ayatolas de Teherán, desatando un conflicto mayor en el explosivo Medio Oriente.
¿Será que a veces la realidad y la ficción se entremezclan o será más bien que, como dicen, la realidad supera a la ficción? Pero al presidente Trump sin duda le sirvieron el incendio de Los Ángeles con las fuerzas militares enfrentando a los migrantes mexicanos y latinos, como también ahora le sirve la guerra de Israel contra Irán, para ocultar los problemas internos que está acusando la Unión Americana, la caída económica en lo que va de su gestión y la crisis de popularidad que empieza a enfrentar el republicano en los albores de su segundo mandato.
De paso, y como un escenario colateral, Donald Trump y sus estrategas también aprovecharon la furia mexicana y latina que se desató en Los Ángeles, en contra de sus redadas migrantes crueles e inhumanas, para tratar de convertir a México y a los mexicanos en “enemigos extranjeros” llegando al exceso de acusar a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de “alentar las protestas violentas en Los Ángeles”, tal y como lo declaró la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, desde la mismísima oficina oval y con el presidente a su lado.
Todo con tal de mantener a flote la imagen del presidente más polémico y controvertido en la historia de los Estados Unidos. Porque así como el Trump de 2016 fue una figura disruptiva en la democracia estadounidense y un azote para el establishment político de Washington, el Trump de 2025 se volvió una amenaza para la democracia más sólida del mundo y un torbellino que sacudió la economía mundial y modificó las alianzas históricas de la superpotencia, en aras de construir un gobierno de derecha supremacista de corte autoritario y en el que el presidente concentre cada vez más poder, anulando o sometiendo a los otros dos poderes de la República que idearon los llamados Padres Fundadores.
Así que ya sea en la ficción o en la realidad que nos llega desde el país vecino y nuestro principal socio comercial, México siempre aparecerá como ese vecino incómodo pero necesario e incondicional que no tiene mucha opción porque su economía está estrechamente ligada a la de los Estados Unidos, un aliado que ante la resistencia a cooperar con la política intervencionista y expansionista de la administración Trump, está enfrentando también presiones, señalamientos y hasta acusaciones ideadas por los estrategas de la Casa Blanca.
Es en ese contexto en el que se producirá el primer encuentro entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente Trump, en Canadá el próximo lunes. Veremos qué nuevo movimiento hace el señor Trump que hasta ahora ha utilizado a México como parte de su discurso político y electoral, actuando de manera cambiante, amenazante y ahora hasta hostil hacia México y su gobierno, y también veremos si la estrategia de la presidenta mexicana, que hasta ahora le ha permitido sortear el imprevisible y voluble carácter de Trump, no sin llevarse algunos golpes y ataques desde la Casa Blanca, le sigue funcionando a la doctora que, por lo pronto, promete llegar con la “cabeza fría” al esperado encuentro bilateral.
Notas indiscretas…
Y hablando de la doctora, como se tardó para llamar a los morenistas y a toda la base de ideólogos, opinadores y hasta bots de la 4T, a que moderaran su discurso y su tono al referirse a las protestas violentas en Los Ángeles por parte de la comunidad mexicana y latina.
Y es que mientras la presidenta hacía lo posible por sacudirse la acusación que le hicieron desde Washington, explicando los contextos y los momentos distintos en los que ella habló de “movilización”, los de su partido nomás no le ayudaban nada haciendo apología verbal y a través de las redes de los paisanos que aparecieron ondeando banderas mexicanas e incendiándolo todo a su paso en las calles y avenidas de Los Ángeles.
Desde la imprudencia monumental del presidente del Senado, Fernández Noroña, hasta la consejera morenista de Jalisco que pidió que los gringos le cancelaran su visa y se la metieran “por el culo”, que mereció una respuesta fuerte y hasta irónica del subsecretario de Estado del vecino país, Christopher Landau, exhibiendo a Melissa Cornejo de ni siquiera tener visa estadounidense, los morenistas estaban desatados con el discurso de la valentía de los paisanos y la “reconquista” del territorio que, torpemente, reclamó el senador Noroña. “Yo creo que nosotros no podemos, nunca, estar de acuerdo con acciones violentas, nuestro movimiento siempre ha sido pacífico, hay que promover siempre la paz”, dijo la mandataria al pedirle a los militantes y seguidores de su partido a “dejar de hacer política en las Red X, está bien que se manfiesten las opiniones, pero hay que ir con la gente, las redes sociales son una parte, lo importante es el contacto con la gente, el trabajo en territorio siempre”. ¿Me entiendes Fernández o te lo explico Noroña?…Los dados cierran semana con Escalera Doble. Excelente fin de semana de descanso para los amables lectores. (Salvador García Soto, El Universal, Nación, p. A9)
Estados Unidos atraviesa un nuevo endurecimiento migratorio. Desde el 20 de enero pasado, la administración Trump multiplicó redadas, triplicó las detenciones diarias del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y alcanzó más de 142 mil deportaciones en apenas 100 días. La meta declarada es un millón de expulsiones anuales, cifra que ya parece plausible tras los 200 mil retornos reportados a finales de mayo.
Paralelamente, Texas reactivó la polémica SB 4, que faculta a cualquier policía estatal a detener y “deportar” a quien no pueda probar su estancia legal, abriendo la puerta al perfilamiento racial y a la criminalización de la migración.
Las protestas masivas en Los Ángeles, California, contra las redadas derivaron en enfrentamientos, detenciones y señalamientos de “insurrección” desde la Casa Blanca. La línea divisoria entre política migratoria y xenofobia se vuelve cada vez más tenue.
Es cierto que la Cancillería mexicana “rechazó” públicamente la SB 4. Sin embargo, ese comunicado resulta poco más que un gesto cuando se le contrasta con el desmantelamiento silencioso de la propia capacidad de defensa consular, prueba de ello es que el Programa de Atención y Protección Consular acumula reducciones cercanas al 24% desde 2023.
La consecuencia es un sistema consular que reacciona con rapidez mediática, pero carece de abogados, psicólogos y presupuesto suficiente para acompañar e impedir procesos de deportación.
La precariedad consular incrementa la vulnerabilidad de jornaleros agrícolas, empleados domésticos y trabajadores de la construcción, sectores donde las y los mexicanos son mayoría y donde la retórica antiinmigrante propicia explotación laboral y delitos de odio.
Lo que la diplomacia mexicana debería estar haciendo (y no hace) es financiar demandas ante cortes federales de EU para frenar leyes estatales inconstitucionales como la SB 4; invertir, no recortar, en al menos mil nuevos abogados y trabajadores sociales para la red de 52 consulados; coordinar fondos de defensa legal, refugios temporales y campañas de “conoce tus derechos”, así como reemplazar la narrativa reactiva por una ofensiva diplomática que destaque la aportación económica de la población hispana y el costo que tendría para EU una deportación masiva.
La política exterior no se ejerce con proclamas desde la plancha del Zócalo, sino con oficio, datos y negociación firme. Hoy, mientras Washington acelera expulsiones y algunos estados convierten la xenofobia en ley, México se queda sin voz ni defensa efectiva.
Cada día de inacción consular condena a miles de compatriotas a enfrentar solos un sistema migratorio diseñado para expulsarlos. Urge que el gobierno pase de la retórica indignada a una diplomacia proactiva, que defienda con la misma energía a nuestros migrantes con la que defiende megaproyectos o ideologías domésticas. Porque detrás de cada expediente de deportación hay una familia mexicana que merece algo más que un boletín de prensa: merece un Estado que no la abandone. (Alejandro Moreno, El Universal, Opinión, p. 18)
Nunca antes los migrantes en Estados Unidos habían sido convertidos en enemigos visibles a los que había que castigar a la vista de millones de personas. El ataque comenzó en Los Ángeles, pero ya se extiende a otros estados. No es una respuesta desesperada ni un accidente operativo; Trump no combate una crisis migrante sino que la está fabricando con violencia y cinismo para consolidarse en el poder.
Su promesa de detener a un millón de migrantes anuales se vino abajo cuando el gobierno mexicano logró contener los cruces fronterizos. Ante ello, decidió crear una crisis desde dentro, una campaña de “orden” con redadas espectaculares, militarización sin precedentes y represión directa en los estados que no controla. Así busca desviar la atención de sus errores económicos, escándalos de corrupción y una agenda global sin rumbo.
A través de su red social -Truth Social- y medios afines, ha amplificado imágenes de protestas aisladas con violencia para justificar detenciones masivas, como si enfrentara una insurrección. Sin embargo, no se trata solo de detener migrantes, sino que quiere aterrorizar a las comunidades, avivar el miedo blanco a dejar de ser mayoría y aplastar a sus opositores. Su blanco político es Gavin Newsom, gobernador de California y posible candidato presidencial. Trump intenta destruirlo con la misma lógica que usa contra los migrantes: Sembrar caos para luego presentarse como el único capaz de controlarlo.
La narrativa oficial presenta a los migrantes como violentos y desbordados. No obstante, los hechos dicen que miles se han manifestado con dignidad y solo un puñado comete actos violentos. Sin embargo, son esos pocos los que han sido convertidos en símbolo de amenaza nacional, amplificados hasta el absurdo. Los abusos del ICE y por la narrativa deshumanizante que pretende convertirlos en enemigos internos han provocado que las protestas se hayan extendido a más de 30 ciudades como Chicago, Nueva York, San Antonio y Seattle, entre otras. Lo que ocurre no tiene precedente. En los años cincuenta, los deportaban en silencio; en los dosmiles, los detenían en fábricas; hoy, los exponen, los reprimen, los convierten en espectáculo.
Mientras tanto, la Presidenta de México ha sido falsamente acusada por Kristi Noem de incitar a las protestas violentas. Es poco probable que esa declaración haya sido solo idea suya; todo apunta que es parte de la estrategia de Trump. La acusación es absurda, pero revela el nivel de tensión entre ambos gobiernos. Por eso, la presidenta mexicana debe ser mucho más cuidadosa. No solo en sus palabras, también en sus gestos. En un momento de polarización extrema, un mensaje puede tener consecuencias reales y quienes pagan el costo son los migrantes.
En los próximos días, Claudia Sheinbaum se verá con Trump. Aunque México no forma parte del G7, fue invitada por el primer ministro canadiense. Ante la crisis migratoria y política, es casi seguro que el tema se abordará en reuniones bilaterales. Esperemos que Sheinbaum evite que Trump le tienda una trampa, como ya lo ha hecho con otros mandatarios, incluso invitados a la Casa Blanca.
Frente al discurso del odio, los migrantes no están huyendo, se están organizando. Se espera que hoy sábado haya manifestaciones a lo largo y ancho de EU. Además, en Los Ángeles y otras ciudades ya operan patrullas ciudadanas para alertar sobre redadas, grupos de acompañamiento legal y de resguardo comunitario. No piden caridad sino que exigen justicia. Como dijo Angélica Salas, de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes: “No queremos perdón, queremos derechos, queremos respeto”. Están contando sus historias, protegiéndose unos a otros, y construyendo una respuesta desde abajo, desde la calle, desde el corazón de las comunidades que ya son parte de Estados Unidos, lo quiera Trump o no. (Mariana Elena Morera, El Universal, Opinión, pp. 18)
LOS ÁNGELES, California.- A un lado de la Placita Olvera, uno de los centros de reunión de la comunidad latina de Los Ángeles, encontré dos camiones de carga con los restos de los autos quemados durante las recientes protestas. Apenas quedaban pedazos de las llantas y de los asientos. Todo era gris y cenizas. Eran autos sin chofer -robotaxis- de la empresa Waymo que suspendió sus servicios en el centro de la ciudad luego de perder cinco vehículos. Esos autos fueron presa fácil ya que se detienen automáticamente si hay una persona frente a ellos.
¿Quiénes son los responsables de la quema de autos y de los ataques a la policía? Hasta el momento hay cuatro arrestados, incluyendo a un indocumentado mexicano -con antecedentes criminales- que supuestamente tiró un coctel molotov a los agentes durante las protestas, según reportó The Washington Times. Pero lo que sí está claro es que las organizaciones proinmigrantes y los que participaron en las marchas de los últimos días no tienen la culpa de los actos vandálicos.
La diferencia es muy importante. Esas imágenes son usadas por el presidente Trump y por sus seguidores para sugerir que muchos de los inmigrantes son invasores violentos dispuestos a dañar a Estados Unidos. La realidad es muy distinta; la gran mayoría de los inmigrantes y de los manifestantes son pacíficos, no son criminales, pagan impuestos y contribuyen a la economía del país, pero sencillamente no están de acuerdo con las deportaciones ni con la separación de familias que promueve el gobierno de Washington. Por eso protestan.
Le pregunté sobre esto en una entrevista a la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass. ¿Quiénes son los que iniciaron los actos violentos en Los Ángeles, quemando autos, atacando a la policía y llenando de grafiti edificios públicos y propiedad privada en el centro de la ciudad? “Creemos que vienen de las redes sociales”, me dijo la alcaldesa en el centro de operaciones de emergencia de la ciudad. “Pero no sabemos quiénes son… lo que sí sabemos es que no están vandalizando a la ciudad porque quieren ayudar a los inmigrantes; si les interesaran los inmigrantes no harían algo que atrajera las Fuerzas Armadas de Trump”. ¿Qué van a hacer los 700 infantes de marina, enviados por el Presidente, si entran a la ciudad? “No tengo ni la menor idea de lo que van a hacer”, me contestó. “No necesitamos a los militares”.
La alcaldesa estaba preocupada por la imagen que el mundo tiene de Los Ángeles. “El 99 por ciento de la ciudad está en calma”, me dijo, aunque eso no aparece en las redes sociales ni en los canales de televisión a nivel internacional. En la mente de la alcaldesa estaba la preparación de la ciudad -y su imagen- para los partidos del Mundial el próximo año y para la celebración de las Olimpiadas en el 2028.
El gobierno de México y sus consulados tampoco son responsables de la violencia en las calles de Los Ángeles. La secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kristi Noem, acusó equivocadamente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de incitar a la violencia. “Y por eso la condeno”, dijo Noem, en un evento en la Oficina Oval, frente a Trump. Pero la Presidenta jamás incitó a la violencia en las calles de Los Ángeles. Al contrario. “Condenamos la violencia y llamamos a la comunidad mexicana a actuar de manera pacífica”, dijo Sheinbaum. Y luego añadió que la quema de patrullas parecía más “un acto de provocación que de resistencia”.
¿De dónde sacó esa mala información la secretaria Noem? Quién sabe. Pero una de las personas que debía estar mejor informada en todo el mundo no lo estaba y más bien parecía que quería buscarse un nuevo pleito con México. Trump, a quien le gusta presumir de ser “el gran negociador”, no sabe cómo salir de esta. Podría proponer una legalización de indocumentados pero tanta generosidad no está en su ADN.
La violencia nunca es una alternativa viable. Eso lo aprendimos tanto de Gandhi y Nelson Mandela como de Martin Luther King y César Chávez. Y tampoco es aceptable en las calles de Los Ángeles. Pero eso no significa que hay que quedarse callados ante los abusos de poder durante las deportaciones y las separaciones de familias.
Los Ángeles ya le dijo que no a Trump. Ahora vamos a ver qué hace. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)

(Camacho, Reforma, Opinión, p.9)

(Boligan, El Universal, Opinión, p. 18)

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 8)

(Alarcón, El Heraldo de México, La Dos, p. 2)