La velocidad a la que Estados Unidos necesita desligarse de China es cada vez mayor. Y ya se nota una urgencia, un apuro de parte de ese país para subir a México a sus prioridades estratégicas.
Eso se infiere de la visita del lunes de los secretarios Antony Blinken y Gina Raimondo, y de la rápida revelación del canciller Marcelo Ebrard, tras reunirse con ellos, en referencia a que ese país quiere incluir a México en la industria de semiconductores y chips. Veamos.
Ebrard dijo al salir de la reunión: “en esencia (…) vinieron a invitarnos, ¡imagínense!, a impulsar los semiconductores. Ellos ya autorizaron un programa de más o menos 50 mil millones de dólares, y nos invitan a participar. Eso son miles de empleos; es una puerta enorme que se abre para México de desarrollo y de crecimiento económico”.
Algunas horas más tarde, la Secretaría de Economía liberó un comunicado en el que reveló que ambos países establecieron un nuevo Grupo de Trabajo “de Cadenas de Suministro, con un enfoque inicial en los ecosistemas de cadenas de suministro de semiconductores y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) en ambos países”.
También se dijo que habrá un foro virtual en octubre para hablar de colaboración en materia de la red de internet 5G y las TICs.
¿Qué significa lo anterior? Ni la Cancillería ni Economía fueron específicos en enumerar inversiones de empresas para México, ni se anunció flujo de dinero estadounidense para nuestro país.
Esto no se ha traducido en inversiones específicas de empresas como Intel, Nvidia o AMD para que nuestro país sea proveedor preferente de esa industria. Pero eso se resolverá.
De hecho, el CEO de Intel, Pat Gelsinger, y la directora regional de esa empresa para América Latina, visitaron México hace un mes para refrendar su compromiso con el Centro de Diseño que la firma tiene en Guadalajara, donde hay más de mil 800 ingenieros muy activos en investigación de las aplicaciones que tendrán los semiconductores en el futuro.
México necesita definir al menos cuatro elementos para que se materialicen las oportunidades de miles de empleos de las que habló Ebrard tras la reunión: (1) los incentivos específicos a la inversión en el sector; (2) las garantías de capacidades humanas y talento suficiente —local o migrante— para trabajar en las empresas que llegarían; (3) la facilitación industrial y comercial para los trámites y regulaciones aplicables; y (4) el establecimiento de una visión propia de lo que se aspira a lograr en esta industria.
Estos cuatro pilares deben ser trabajados urgentemente por Marcelo Ebrard y Tatiana Clouthier.
La falla en alguno de ellos puede descarrilar rápidamente cualquier aspiración mexicana para atraer inversión en este sector, e implicaría una pérdida de competitividad frente a países asiáticos.
La mesa está prácticamente puesta. (Carlos Mota, El Heraldo de México, Merk-2, p. 18)
Las fechas patrias nos sitúan frente a la oportunidad de señalar los aspectos que hacen diferente a este gobierno en materia de soberanía y representación efectiva de las diversidades.
Los tiempos son propicios para dejar en claro que, en los hechos, el pueblo de México está representado a cabalidad en el Estado. Por primera ocasión en la historia de las jóvenes generaciones, la soberanía recae en el pueblo y dicha circunstancia tiene una relevancia de cambio y transformación.
Al revisar el Paquete Económico 2023 entregado en días pasados por la SHCP a la Cámara de Diputados, cobra mayor dimensión la representación del pueblo en cada una de las herramientas y acciones políticas emprendidas por el actual gobierno: 34.2 por ciento más presupuesto al programa de Pensión para Adultos Mayores y 83.9 por ciento más para La Escuela es Nuestra (http://gaceta.diputados.gob.mx/PDF/65/2022/sep/20220908-B.pdf).
Gracias a la transformación, múltiples espacios sociales recuperan la confianza en el gobierno. Y es que fueron muchos años en los que los gobiernos del PRIAN no sólo dieron la espalda al pueblo, sino que atentaron sistemáticamente contra todos sus derechos, pero fundamentalmente contra el derecho a ser feliz.
Hablar de un gobierno que nos representa atraviesa fundamentalmente por tres grandes variables. Primera, un profundo amor por México. Es decir, son cada vez más mexicanas y mexicanos los enfocados en purificar la vida pública con honestidad y valor. Segunda, vocación democrática para hacer acatar la voluntad popular y llevar las demandas más sentidas y urgentes a los espacios de decisión real y formal. Tercera, el bienestar. Este es un concepto que comienza a permear en la población beneficiaria de programas sociales.
Contamos con un gobierno con mayor sentido de pertenencia entre los mexicanos porque en contraste con tiempos pasados, la pobreza no es punible, sino es una condición transitoria que nos toca revertir. Recibir lo que por derecho corresponde al pueblo es, como dice el presidente, un timbre de orgullo, una certeza. Orgullo porque el dinero que pertenece a la nación es destinado a donde se necesita, a donde es útil.
Gritar “¡Viva México!” adquiere paulatinamente nuevos significantes, pues la representación efectiva de diversidades está presente en estos tiempos políticos, sociales y culturales. Hoy dialogamos y hacemos política con otras naciones desde una posición de igualdad. Atestiguamos el desarrollo y crecimiento del sur-sureste del país. La paridad en las instituciones gana espacios y comienza a ser cultura política. Nuestras nuevas generaciones de mujeres articulan nuevos relacionamientos y nuevos conceptos. Quienes viven en el campo reciben el apoyo que les permite vivir entre los suyos, en su tierra, sin la necesidad de migrar para progresar.
La transformación avanza, de ello no tengamos duda alguna. Son momentos de celebrar lo que somos y nos articula como nación. Es ocasión propicia para colocar en la discusión nacional nuestros anhelos de paz y de justicia para todas y todos los mexicanos. Debemos hacerlo porque contamos con un gobierno que nos representa, articula y ve por todos, todos los días. De nosotras y nosotros depende jamás volver a la sumisión, a la dependencia. Está en nuestras manos ser cada vez más soberanos. ¡Viva México! (Dolores Padierna, Diputada Federal por la LXIV Legislatura, El Financiero, Opinión, p. 31)
La polarización política en EU parece estar en un punto álgido, quizá más que nunca en las últimas décadas y a tal grado que algunos llegan a hablar de una posible insurrección armada.
Pero ni republicanos ni demócratas son homogéneos, y la polarización, de acuerdo con académicos de ese país, resulta mucho más visible en el Partido Republicano.
Según un proyecto de investigación de la Institución Brookings, hay evidencia de que “moverse a la extrema derecha es recibido con más entusiasmo entre los votantes republicanos que moverse a la extrema izquierda entre los demócratas”.
El hecho es que los republicanos, que fueron el partido que defendió la unidad estadounidense y con ello combatió la esclavitud, son ahora considerados como el centro que aglutina la derecha, integrada en gran medida por los sectores que ahora representa el expresidente Donald Trump.
En ese marco, no es accidente que extremistas hayan hecho eco de los llamados de Trump al rechazo de los resultados electorales y protagonizado el ataque al Capitolio en enero de 2021.
El exmandatario se convirtió en el líder de facciones de la derecha republicana, que parece la dominante, como se reflejó en las candidaturas al Congreso en este ciclo electoral.
De acuerdo con el reporte de Brookings, si bien el magnate respaldó directamente a sólo 12% de los aspirantes, 30 % buscó divulgar fotografías con Trump o menciones favorables del expresidente y casi 60% hizo saber posturas favorables al movimiento MAGA.
La historia demócrata es distinta. Hay un sector que se ostenta como socialista o prosocialista, con el senador Bernie Sanders como líder más visible y personajes como la diputada Alexandria Ocasio-Cortez, pero casi tres cuartas partes de los precandidatos en los comicios primarios se mantuvieron alejados de ellos.
El reporte de Brookings insinúa que el predominio de activistas de derecha no es necesariamente representativo del pensamiento de todos los republicanos, pero tanto en la realidad como en la percepción pública, los aspirantes que de alguna forma se vincularon con Trump han tenido mayor impacto en la selección de candidatos al Congreso.
La pregunta para las elecciones de 2022 es en qué medida la aceptación entusiasta del trumpismo puede ser contraproducente para el Partido Republicano, toda vez que ha llevado a excesos en frentes que van de la migración al aborto.
En EU la política se mueve en ciclos de dos años, la duración de un periodo legislativo en la Cámara baja. Y por lo pronto, las señales favorecen todavía a los republicanos aunque los demócratas parecen haber mejorado gracias, irónicamente, a las propuestas de sus adversarios. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 28)