En el propósito de anular la imposición de aranceles a causa del flujo migratorio; de desactivar la intención estadounidense de clasificar como grupos terroristas a las organizaciones criminales con producción y operación aquí y negocios allá, y de asegurar el nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, por fuerza, la administración lopezobradorista flexibilizó la postura y se mostró dispuesta a tratar, dialogar, negociar, hacer concesiones y acordar con quien muy probablemente no quisieran ver ni en pintura.
Hay, desde luego, quienes hacen ya un escándalo tanto de la experiencia como de la eventual secuela del resultado obtenido, pero nomás de imaginar que aquellas amenazas se hubieran cumplido y el tratado comercial quedara en suspenso, el Ejecutivo mexicano se estaría tronando los dedos y el país, los huesos. Se estaría en una situación todavía más complicada que la prevaleciente. (René Delgado, Reforma, Opinión, p. 8)
En los momentos actuales en que los esfuerzos por consolidar nuestra estructura industrial y con ello aumentar la producción de artículos para la demanda interna y para las exportaciones, plantear en los delicados equilibrios sindicales y relaciones obrero-patronales que la solución a que lleguen los instrumentos previstos en el T-MEC pueda detonarla imposición de aranceles o cualquier otro elemento que afecte adversamente nuestro comercio exterior, introduce una peligrosa posibilidad desestabilizadora. Nuevamente, es el caso de las amenazas arancelarias que en su momento, Trump mezcló con asuntos migratorios. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 9)
Fuera del episodio por el cual Donald Trump amagó a México con aranceles si no paraba la migración y que terminó con el envío de 6 mil elementos de la Guardia Nacional a nuestra frontera sur, la agenda con Estados Unidos –y con cualquier otro país– había sido prácticamente inexistente. Eso, hasta hace poco más de una semana.
Después de la calma chicha, en vísperas de la campaña por la reelección del mandatario estadunidense, vino la amenaza de declarar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, a raíz de los lamentables hechos ocurridos a la familia LeBarón en Sonora, lo que fue el inicio de la nueva política que marcará al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Como un gran logro de la administración actual, según lo manifestó el canciller Marcelo Ebrard, después de la visita del
Fiscal General de Estados Unidos a México, William Barr, y mientras Evo Morales abandonaba el territorio nacional rumbo a Cuba, sin despedirse, se desactivó –por el momento– la amenaza que facultaría al gobierno de nuestros vecinos del norte para poder intervenir directamente en territorio nacional. (Ricardo Alexander Márquez Padilla, Excélsior, Nacional, p. 5)
Es un logro indiscutible de la administración del Presidente la conclusión final de las negociaciones con EU para la ratificación legislativa del T-MEC. El costo no ha sido menor, tanto en lo que se refiere a la subordinación total de la política migratoria, como en las concesiones en materia laboral. Pero este era, desde el arranque de la transición, un pilar de la estrategia económica del nuevo gobierno, y considerando la contraparte, una meta enormemente incierta. Tienen mucho que celebrar el Presidente y su equipo, si bien quedarán retos de implementación, y aún hay que esperar las votaciones correspondientes. Podría decirse que otros ganadores son líderes del pasado que insistieron en la integración económica con Estados Unidos como estrategia de desarrollo para México, pero ello es anecdótico. (Alejandro Poiré, El Heraldo de México, País, p. 6)
El estilo de Evo para despedirse.- Que no es cierto que Evo Morales ni adiós dijo cuando salió corriendo de México para, según su equipo, una consulta médica en Cuba y de ahí a Argentina. En la mañanera de ayer se supo que el exmandatario boliviano se fue muy agradecido con el pueblo mexicano, se lo dijo al Presidente López Obrador. Evo siempre ha sido un tuitero muy activo, y es precisamente que, en redes, expresó la gratitud que dijo sentir por el apoyo de los mexicanos. La pregunta es: ¿no hubiera sido más fácil —que no más correcto— que por esta misma red social Evo hubiese dado la noticia a los mexicanos de que se iba? ¿O será que no aguantó las críticas tras pedir ayuda para su manutención? (La Razón, La Dos, p. 2)