Opinión Migración 141224

Templo Mayor

MUCHOS recuerdan que cuando Andrés Manuel López Obrador tuvo su primer infarto, en 2013, esa mañana había pasado un fuerte coraje con el sacerdote Alejandro Solalinde, con quien había discutido acaloradamente sobre temas de política nacional.

MÁS ALLÁ de esa anécdota, es bien sabido que Solalinde es un personaje muy cercano a AMLO con quien cotidianamente hablaba y discutía, un sacerdote de todas sus confianzas que si no fuera por la sotana hubiera sido el titular de la CNDH.

 

POR ESO, a más de uno le brincó el fuerte trancazo que le soltó el saliente comisionado del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, bautizándolo como “El Pollero de Dios“.

EN SU ÚLTIMO día en el cargo se fue con todo contra el defensor de los derechos humanos, a quien señaló de ser promotor de las caravanas de migrantes hacia EU, además de acusar que la organización que dirige ha vivido de la migración sin siquiera conocerla.

COMO si no fuera suficiente el broncón que se avecina con las deportaciones masivas de Donald Trump, Garduño le heredó un pleito más al hasta ayer gobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes, quien será su relevo al frente del instituto.

Y NOMÁS por no quedarse con la duda: si Solalinde es “El Pollero de Dios”, ¿por qué no fue denunciado ante las autoridades terrenales? Es pregunta. (Fray Bartolomé, Reforma, Opinión, p.8)

Sacapuntas

Termina en Puebla y empieza en INM

Hoy termina la gestión de Salomón Céspedes como gobernador de Puebla. Y mañana asume como comisionado del Instituto Nacional de Migración, en relevo de Francisco Garduño. Por cierto, éste último dejó ver que sí quiere visitar al ex presidente en su rancho: “me voy a saludar a mi amigo a La Chingada, y ya después veremos”.  (El Heraldo de México, p. 2)

“Los invito a ser el estado 51 de EU”

En una entrevista, Trump sugirió que Canadá y México deberían ser los estados 51 y 52 de la Unión Americana, ya que (según él) el gobierno estadounidense subsidia a estos dos países y que convendría más que se adhieran a la Unión Americana. Como ya lo he venido comentando en este espacio, la estrategia de Trump en todo lo que emprende es la amenaza y, ahora, también busca con este modo tan peculiar de operar dividir a quienes son en la actualidad los principales socios comerciales de los Estados Unidos

 

Al respecto, especialistas hablan de que Trump ya consiguió algo muy importante con esta estrategia: logró poner nerviosos a los gobernantes de Canadá y de México. Solo basta ver cómo algunos líderes provinciales canadienses han mencionado que ya es hora de pensar en un tratado comercial únicamente entre su país y el nuevo gobierno de Trump, dejando a un lado a Sheinbaum y a la llamada “4T”. Esta reacción pone en evidencia el temor que tienen en Canadá de sufrir los estragos por el alza en los aranceles que propone Trump del 25%. Pero esta amenaza es igual para nuestro país, por lo que el gobierno de Sheinbaum se encuentra en una posición muy complicada, y no sólo con Estados Unidos sino, también, con Canadá. ¿Divide y vencerás? Tal vez esta sea la nueva postura de Trump ante sus dos naciones vecinas.

Pero las amenazas de Trump no son únicamente de palabra, también ha generado un ambiente hostil con las designaciones del equipo cercano que tendrá en la Casa Blanca. En estos días anunció que el Embajador de Estados Unidos en México será Ronald Johnson, quien es boina verde del ejercito, además de que trabajó por más de veinte años en la CIA y cuenta con una maestría en inteligencia estratégica. Por si fuera poco, Johnson es una persona muy cercana al actual presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se ha destacado por su mano dura en materia de seguridad. Para los analistas, el Embajador Ronald Johnson y el Secretario de Estado, Marco Rubío, son, en conjunto, una dura amenaza con la que tendrá que negociar Sheinbaum y su gabinete durante su administración.

El ambiente de incertidumbre que ha provocado Trump en los gobiernos de Canadá y de México también se resiente al interior de nuestro país. Esta semana se llevó a cabo la reunión de seguridad nacional en Acapulco, Guerrero, y la presidenta de nuestro país advirtió a los gobernadores, sobre todo a los de los estados fronterizos, que, ante la amenaza de Donald Trump de una deportación masiva de migrantes indocumentados, “más vale prepararse”. ¿Para qué? Tal vez sea lo peor. Ya en el gobierno del ex presidente López Obrador cedieron ante las amenazas de Trump al grado de militarizar la atención al tema migratorio. No olvidemos que, al someterse a esta presión, se suscitó, en el 2023, una de las peores tragedias en una estación del Instituto Nacional de Migración en Ciudad Juárez, en la que murieron 40 migrantes en un incendio.

Finalmente, Trump lanzó la peor de sus amenazas: “No quiero dividir familias. Así que la única forma de no romperlas es mantenerlas unidas. Por eso, las enviaré de regreso a sus países juntas”. Lapidario su mensaje… Si algo nos ha dejado claro Donald Trump desde que se convirtió en un empresario exitoso y en una figura política, es que él no sólo se arriesga en todo lo que emprende, sino que, sobre todo, lo hace de manera estratégica. Hoy, la invitación que hace Trump a México para ser el estado 51 de EU, pone las cosas aún más tensas, no obstante, le comenté a unos amigos que yo pensaba que ningún mexicano aceptaría la invitación, pero, para mi sorpresa, tres de ellos me contestaron al unísono “¿por qué no?”. Una duda que, posiblemente, más de uno al leer este artículo se está cuestionando. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, p.12)

Trump: política cavernaria

Donald Trump se comprometió durante su campaña a poner en cintura a los capos y frenar el tráfico de fentanilo a Estados Unidos, al igual que las demás drogas químicas. Ha dicho reiteradamente que prácticamente desde el día uno de su gobierno va a “tener una frontera fuerte y poderosa; por lo que la vamos a sellar rápidamente… En realidad, no tenemos elección… Cuando la gente ha matado y asesinado, cuando los capos de la droga han destruido países, ahora van a regresar a esos países porque no se van a quedar aquí”.

Trump, terco en crear tensiones y amenazas entre los dos países, se enfrenta a la reacción de la doctora Sheinbaum, quien ha reafirmado el orgullo de México por su historia y cultura y hace un llamado a fortalecer los lazos entre Canadá, EU y México. Sheinbaum reiteradamente ha señalado que México no caerá en provocaciones de ningún tipo y que en la relación entre ambos países debe prevalecer la colaboración en temas clave como el comercio y la seguridad.

Trump no ceja. Fiel a su intención de poner en práctica sus temas prioritarios como el control fronterizo y la reestructuración de la burocracia federal, ha designado en su nuevo gabinete a personajes que representan la postura más dura y radical, sobre todo en lo que se refiere al combate a las drogas y a la política migratoria.

 

El senador Marco Rubio será el próximo secretario de Estado, quien al aceptar el nombramiento señaló: “Promoveremos la paz a través de la fuerza”. El presidente electo nombró como subsecretario a Christopher Landau, exembajador en México durante la primera presidencia de Trump. Ambos fueron designados para “promover nuestra seguridad nacional y nuestra prosperidad a través de una “Primera Política Exterior de Estados Unidos”. ¿Qué significa exactamente eso? Sólo Trump lo sabe. Pero la seguridad y la prosperidad que plantea Trump tiene en México el fentanilo, la migración y el uso brutal de aranceles de importación, temas que, en efecto, Landau conoce y los entiende bien.

Este martes, Trump propuso al excoronel Ronald Johnson para encabezar la Embajada en México. El excoronel tiene en su haber más de una década de experiencia en las Fuerzas Armadas y 20 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Fue nombrado para poner políticas de mano dura frente a la crisis migratoria y el combate al tráfico de fentanilo. Johnson fue representante de Washington en El Salvador durante el primer mandato de Trump, con la encomienda explícita de reducir el impacto de la delincuencia organizada y los flujos migratorios. En 2019 cuando el Departamento de Estado presentó al Senado su nombramiento como embajador en El Salvador, se hizo gala de su experiencia en materia de contraterrorismo, combate al narcotráfico y refugiados. Johnson es graduado de la Universidad Estatal de Nueva York, con maestría por la Universidad Nacional de Inteligencia. Su paso por la CIA, donde estuvo involucrado en tareas de inteligencia para combatir el narcotráfico y el terrorismo, incluyó misiones en Irak y Afganistán. El republicano también anunció que planea designar a los cárteles del narcotráfico como grupos terroristas, lo que, de acuerdo con las leyes de ese país, puede abrir la puerta a intervenciones militares de Estados Unidos en territorio mexicano. Todas son áreas en las que la exboina verde tiene gran experiencia. Trump afirmó que Johnson trabajará junto a Marco Rubio para impulsar políticas que defiendan los intereses nacionales de Estados Unidos en México. De acuerdo con las leyes norteamericanas, lo anterior abre la puerta a la intervención militar.

De darse el placet mexicano al nombramiento referido, se esfuma toda posibilidad de tratar el problema que requiere una coordinación multilateral.

Ante las medidas anunciadas por Trump no hay más que hacer valer con valentía imperturbable la soberanía de México. (Julio Faesler, Excélsior, Nacional, p. 11)

Paralaje / Los signos del tiempo

El cambio de régimen es una realidad. Fin de una época e inicio de otra. Así ocurre en México y así en el mundo a partir del arribo al poder de gobiernos que ven en el arreglo democrático liberal un obstáculo para sus fines. Al igual que la transición democrática, su involución ha ocurrido sin procesos traumáticos. En nombre del pueblo, con votos, ha ocurrido ese cambio. La institucionalidad erigida a partir del acuerdo en la pluralidad es historia.

Empero, la resistencia todavía tiene agenda, especialmente en los órganos de representación política. Pero esta no sólo debe ser una postura defensiva. Debe asumirse la agenda del presente: la lucha por la libertad, la dignidad y la equidad en sus diversas expresiones. En términos de políticas públicas, abatir la impunidad y establecer el imperio de la legalidad son centrales.

Un problema mayor se avizora con el arribo al poder del populismo nativista al país más poderoso de la tierra. La mayoría piensa en términos de acomodamiento, igual se pensó con AMLO. Al menos como ejercicio, hay que considerar que el empeño de Donald Trump no es tanto por gobernar a su manera, sino, como ocurrió aquí, para transformar el régimen económico y político, esto es, construir un nuevo paradigma, lo que entraña para México un reto considerablemente mayor al previsto.

Un nuevo paradigma en el país vecino plantea, al menos como propósito, bajar a sus mínimos el déficit comercial, independientemente de su efecto inflacionario en el corto plazo. Las tarifas serían un medio y un objetivo para recomponer a la economía norteamericana. Igual acontece con la deportación de migrantes; sus efectos inmediatos afectan a muchos sectores y empresas en EU, pero en la perspectiva de Trump y los suyos, es una manera para fortalecer el mercado laboral a favor de los trabajadores norteamericanos. Lo mismo en materia de seguridad: la hegemonía militar, para ellos, está en la fortaleza propia, no la de los órganos multinacionales o acuerdos regionales. En todo caso, prevalece la postura unilateral, con preocupantes consecuencias hacia el exterior.

La lectura sobre la realidad global debe despojarse de autoengaños, no hay lugar a la ingenuidad. (Liébano Sáenz, Milenio, Al Frente, p. 2)

El Hombre del Año

Un criminal. Un caudillo sin escrúpulos que ha convertido la mentira en su principal arma de combate. Un autócrata que no reconoció su derrota electoral y trató de subvertirla incitando a la violencia. Y un demagogo que se ha empeñado en transformar a los sujetos políticos más débiles -los inmigrantes sin papeles- en la Gran Amenaza, llamándolos animales. Este es el Hombre del Año, según la revista Time, que por segunda vez en una década será el líder de la mayor potencia económica y militar del planeta. Por más que haya quienes rebajen su peligro o parezcan haberse hecho a la idea de su regreso, se trata de una anomalía que está a punto de sumir al mundo en una de las eras más ominosas y oscuras de los últimos tiempos.

(México, 1968). Es autor de la novelas En busca de Klingsor, El fin de la locura, No será la Tierra, El jardín devastado, Oscuro bosque oscuro y La tejedora de sombras. Y de ensayos como Mentiras contagiosas, El insomnio de Bolívar y Leer la mente. En 2009 obtuvo el Premio José Donoso de Chile por el conjunto de su obra. Sus libros han sido traducidos a 25 idiomas. En 2014 se publicará su novela Memorial del engaño.

Hay quien se obstina en rebajar la amenaza: Trump ya gobernó cuatro años y, pese a sus desplantes y amenazas, no cumplió las porciones más radicales de su agenda y logró ser contenido por contrapesos internos y externos. En el caso mexicano, se ensalza el abúlico pragmatismo -tañido de complicidad- con que López Obrador consiguió apaciguar, así fuera de dientes para afuera, su odio y su desdén hacia nosotros. Por desgracia, Trump 2.0 no será siquiera parecido al que llegó a la Presidencia, de manera sorpresiva, ocho años atrás. Por una parte, ya no es el showman inexperto y atrabiliario que tropezó una y otra vez -ha aprendido la lección-, como demuestra su manera de rodearse solo de fanáticos e incondicionales; por la otra, ahora cuenta con el apoyo casi absoluto de las dos Cámaras y la Suprema Corte -que modeló a su antojo-, así como de la mayoría de los ciudadanos; y, en fin, no es ya solo el outsider que prometió hacer grande a Estados Unidos otra vez, sino el reo humillado en los tribunales henchido de deseos de venganza.

Visto de otro modo, este Trump 2.0 representa -y ha leído mejor que cualquiera de sus críticos- el espíritu de nuestra época: un momento definido por el aborrecimiento del pasado -o del pasado inventado por él y por sus pares-, por la desconfianza hacia las instituciones democráticas -siempre expresada como defensa de la verdadera democracia-, por el resentimiento elevado a la condición de virtud cívica, por el ansia de verdades absolutas y, lo más grave, por el profundo desprecio hacia quienes no piensan como él.

Trump 2.0 es, asimismo, el producto decantado de nuestra era digital: el mejor jugador en la brutal arquitectura de las redes -hace ocho años, hizo de Twitter su principal herramienta de comunicación y hoy Elon Musk y X han sido sus pilares- y quien mejor ha aprovechado el desconcierto ante la precariedad del futuro o la fluidez de las identidades para presentarse como el único capaz de recuperar la solidez de una Edad de Oro inexistente. Sus disfraces son, también, reflejo de los nuestros: un multimillonario que se vanagloria de ser el azote de las élites; un lenguaraz que acusa a los demás de mentirosos; un devoto neoliberal que promete el regreso al proteccionismo; un pecador irredento aliado de los puritanos; un acosador que juega a ser víctima del Estado Profundo.

A diferencia del 1.0, Trump 2.0 está decidido a cumplir sus promesas o, al menos, a convencer a sus seguidores de que lo ha hecho: si ha anunciado la deportación más grande de la historia, sin duda empezará con ella hasta donde llegue; si ha iniciado la disrupción del libre comercio internacional, no cejará hasta tenerlo bajo su control; si ha dicho que por un día será un tirano, lo será por muchos. Minimizarlo es la peor estrategia: no es solo un bocón, sino un bully. Con México no tendrá clemencia: ya ha nombrado a los peones -una panda de racistas- decididos a asfixiarnos hasta que estemos a su servicio cumpliendo sus órdenes en nuestras dos fronteras.

Y lo peor: el Hombre del Año alentará el ascenso de decenas de imitadores: pronto no habrá dónde refugiarse. Frente a él y quienes se han sumado a su culto, no queda sino engrosar la resistencia: un espacio cada vez más pequeño desde el cual luchar por la preciosa y frágil idea de humanidad. (Jorge Volpi, Reforma, Nacional p.9)

CARTONES

Preparando la deportación masiva

Preparando la deportación masiva

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 5)