Conjuntamente, nuestros países también han logrado avances significativos para abordar la migración como un desafío regional, como acordamos hacer en la Declaración de Los Ángeles sobre Migración y Protección. Como parte de este esfuerzo, es necesario hacer que la gente cumpla con nuestras leyes mientras continuamos expandiendo vías legales para aquellos que buscan venir a nuestros países, a la par de colaborar con nuestros socios regionales para mitigar los flujos migratorios nunca antes vistos, y lograr un sistema ordenado, seguro y humano.
A través de estos esfuerzos de colaboración, incluido el programa ampliado de libertad condicional, hemos podido reducir la migración irregular de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela en un 97 por ciento. Al arrestar a más de ocho mil traficantes de personas, hemos diezmado peligrosas redes criminales para evitar que los migrantes irregulares sufran los abusos contra los derechos humanos que a menudo enfrentan en su doloroso camino. (Ken Salazar, Embajador de los Estados Unidos, El Financiero, Opinión, p. 30. ).
“Nunca hubo una decisión o acción que tomara yo ocultándole información al Presidente, no sería yo canciller ahorita”, declaró ayer Marcelo Ebrard en la conferencia mañanera. Fue quizá el peor día para decir eso.
Con esas palabras, endosó la responsabilidad al presidente AMLO de la acusación de haber mentido al público mexicano, de haber escondido que acordaron con Donald Trump el programa “Quédate en México” y que no fue una maligna imposición del mandatario americano. En su libro de memorias, Mike Pompeo, secretario de Estado de Trump, escribió que Ebrard le pidió no decir que México había estado de acuerdo en ese programa para mandar a territorio mexicano (y se quedaran aquí esperando) a los migrantes que solicitaban asilo en el vecino del norte. Pompeo contó que a Estados Unidos le daba igual: habían “doblado” al gobierno de López Obrador y lo de menos era lo que los funcionarios mexicanos quisieran decir en su propio país. La entonces embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, recién declaró que era totalmente cierto lo que Pompeo escribió en su libro: en entrevista con León Krauze ratificó que Ebrard había mentido, que había hecho acuerdos en lo oscurito con Trump.
En la mañanera de ayer, Ebrard se le fue con todo a la embajadora y dijo que no era cierto, que él no había mentido y que “nunca hubo una decisión o acción que tomara yo ocultándole información al Presidente, no sería yo canciller ahorita”. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. A5)
DE ESTO Y DE AQUELLO…
Afloró, recio y con mutuas acusaciones, el enfrentamiento entre el canciller, Marcelo Ebrard, y la exembajadora de México en EU, Martha Bárcena, quien reveló que el programa Quédate en México, para que nuestro país recibiera a miles de migrantes que pretendían cruzar la frontera, fue aceptado unilateralmente por aquel, sin que ella fuera enterada de ese acuerdo y sólo le pidió mantenerlo en secreto.
Por ello, el titular de la SRE replicó en la mañanera de ayer, que ella “siempre lo ha calumniado en donde ha podido”, desde que dejó el cargo por un “rencor obsesivo”, a lo que la embajadora emérita respondió en Twitter: “Miente Ebrard de nuevo. Sabe que yo paré la negociación del acuerdo de tercer país seguro en el Departamento de Estado” y rechazó que sea “calumnia o rencor obsesivo”.
Al salir en defensa de Ebrard, el Presidente acusó a Bárcena de “estar ya en el bloque conservador”; que él no se arrepiente de haberla nombrado embajadora y que cada quien es libre de tomar un camino, ya que es “muchísimo mejor que la simulación, que la hipocresía”. (Pulso Político, Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)
La relación laboral entre Ebrard y Bárcena quedó marcada por la desconfianza desde el inicio del sexenio porque el secretario de Relaciones Exteriores quiso abrir una oficina a la sombra de la embajada en Washington. La historia la reveló la periodista Martha Anaya en su columna.
No es Martha Bárcena quien caricaturiza a Marcelo Ebrard. Lo hacen Mike Pompeo y Jared Kushner en sus respectivos libros recién publicados. Por ejemplo, el yerno de Donald Trump viajó a México en marzo de 2019 para advertirle a AMLO sobre los efectos que tendría un descontrol migratorio en la frontera.
En mayo de 2019 fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza 133,000 migrantes; Trump enfurece y amenaza con imponer aranceles. Kushner escribe: “Tu truco funcionó, le dije a Trump. El canciller (Ebrard) mostró sus cartas. México se doblará” (Breaking History).
Lo estratégico de ayer no fue el choque de Ebrard con Bárcena sustentado en el enfoque técnico del programa migratorio. Sí lo fue la ruptura de AMLO con Martha Bárcena.
En varias ocasiones AMLO se reunió con varias figuras empresariales y políticas en casa de la embajadora Martha Bárcena. Y lo hizo con frecuencia durante su periodo de presidente electo.
Antes de ofrecerle la embajada en Washington, AMLO le propuso a la embajadora la dirección de Pemex. No aceptó por congruencia, no tiene experiencia en dirección de empresas.
Más allá del conflicto personal entre la embajadora y el secretario, se encuentra el tipo de relación entre Estados Unidos y México durante el gobierno de Trump.
Sorprende el nivel de sobreactuación de AMLO y Ebrard frente a la opinión pública: presumen de defender la soberanía del país, pero en secreto se doblan ante las peticiones de la Casa Blanca con enorme facilidad.
AMLO tiene el control remoto de las mañaneras. Si habría que linchar a Martha Bárcena, lo hizo a través de Marcelo Ebrard. Era necesario hacer zapping y pasar por alto las acusaciones de soborno en el juicio a García Luna en contra de Gabriel Regino, subsecretario de Ebrard.
La posverdad lo permite porque las mañaneras son la posverdad. (Fausto Pretelin Muñoz de Cote, El Economista, Geoolítica, p. 34.)
Ebrard había caminado con pies de plomo; hasta el año pasado, era considerado el vicepresidente por la cantidad -y calidad- de asuntos que le encomendaba el Presidente, como la famosa compra de pipas para el transporte de gasolina y cuya existencia ahora es un misterio -el de las pipas, claro-.
El canciller es visto hasta ahora como el menos radical de los 4 competidores de Morena por la candidatura presidencial e incluso, y pese a ser funcionario de esta administración, tiene buena imagen entre la muy golpeada y ninguneada clase media.
Pero el pleito con Bárcena lo obligó necesariamente a defenderse y retomar posiciones de las que se había ido alejando cuidadosamente.
El otrora funcionario poderoso, al que incluso el derrumbe de la Línea 12 del Metro, construida durante su administración como jefe de Gobierno de la CDMX no lo había despeinado, debe defender su credibilidad no solo de las afirmaciones de Bárcena sino de Mike Pompeo, quien aseguró que había aceptado la expulsión masiva de migrantes al país a cambio de que el acuerdo fuera un secreto.
Quién sabe por qué en Bucareli y en una oficina cercana a Palacio Nacional andan sonriendo. (La Divisa del Poder / Marcelo: si te vienen a contar …, Adrián Trejo, 24 Horas, CDMX, p. 7)
Arsenal/ Ebrard vs. Bárcena, el último round
La mañanera fue escenario del último round de la pelea entre el canciller Marcelo Ebrard y Martha Bárcena, exembajadora de México en Estados Unidos.
El pleito de larga data se agudizó luego de que la respetada diplomática en retiro asegurara, en entrevista con León Krauze, de Univision, que las ambiciones presidenciales del canciller lo llevaron a negociar en secreto el programa Quédate en México, que devolvía en caliente a los migrantes que cruzaban la frontera.
El golpe hizo reaccionar a nuevamente a Marcelo en el Día del amor y la amistad:
“La exembajadora se ha dedicado, desde que dejó su cargo, a calumniar en todos lados donde ha podido. Es un rencor obsesivo, diría yo. Pero déjame irme a su gran objetivo, no es la verdad, es ver cómo me hace daño todos los días”.
Martha Bárcena reviró, vía Twitter:
“@m_ebrard ataca, miente y calumnia desde el poderoso atril de la mañanera. Yo sostengo la verdad desde el retiro, en mi casa. Sin los símbolos del poder. Y reitero mi respeto y mi gratitud al Presidente de la República @lopezobrador_”.
Al término del episodio, López Obrador le levantó el brazo al canciller. No sólo hizo suya la versión de que es falso que Marcelo haya pactado en secreto el programa Quédate en México, sino que ya ubicó a Bárcena en el bloque conservador.
La versión de la exembajadora, justo es decirlo, es respaldada por lo escrito por Mike Pompeo, exsecretario de Estado de los Estados Unidos, en su libro Nunca cedas una pulgada.
En uno de sus pasajes sostiene que Marcelo sí negoció el controvertido programa, a condición de que se hiciera en secreto. (Arsenal / Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
El canciller, la embajadora y la sucesión
El enfrentamiento entre el canciller Marcelo Ebrard y la exembajadora en Washington, Martha Bárcena, es muy anterior al libro de Mike Pompeo, donde el exsecretario de Estado de Donald Trump dice que el gobierno de López Obrador aceptó el programa Quédate en México, siguiendo un esquema similar al de tercer país seguro que desempeña Turquía con la Unión Europea, con la condición de que ese acuerdo no se difundiera públicamente. Marcelo era entonces canciller y Martha embajadora, pero, desde un inicio, la comunicación entre ambos fue prácticamente nula.
Todo comenzó, incluso, desde antes de que iniciara el sexenio. Ebrard quiso montar una oficina en Washington para establecer contactos y hacer, en otras palabras, lobbying en la Unión Americana, con una vía directa con la Cancillería. La embajadora Bárcena supo de ese intento y se apersonó con el presidente electo López Obrador rechazando esa pretensión que, finalmente, por decisión presidencial, no se concretó. Pero, desde entonces, la relación entre el canciller y la embajadora estaba rota.
Con muchos temas, pero sobre todo con la política migratoria, tan controvertida al inicio de la administración de López Obrador, Ebrard mantenía unas negociaciones, sea verídico o no lo contado por Pompeo que, aparentemente lo es, mientras que la embajadora Bárcena sostenía otras políticas. La embajada en Washington insistía en que Bárcena era quien debía establecer la relación con la Casa Blanca de Trump, argumentando que tenía contacto directo con el presidente López Obrador y presumiendo la relación familiar con el mandatario, ya que su esposo, Agustín Gutiérrez Canet, un hombre con larga experiencia diplomática, es tío de la esposa del presidente, la señora Beatriz Gutiérrez Müller. Si Bárcena criticaba al canciller en forma relativamente privada, Gutiérrez Canet lo hacía en forma muy dura y pública a través de su espacio periodístico: incluso calificó a Ebrard, lisa y llanamente, de “traidor”, siendo aún Bárcena embajadora.
Sin embargo, todas las señales del presidente López Obrador demostraron, y siguen demostrando que Ebrard era y es el responsable de la política exterior, particularmente con Washington. Tanto que esas divergencias provocaron la caída de la embajadora emérita y su reemplazo por Esteban Moctezuma coincidiendo con la llegada de Biden al poder.
La confusión aumentó porque la embajadora explícitamente no estaba de acuerdo con lo decidido por el presidente López Obrador y el canciller Ebrard. Gutiérrez Canet, con amplio activismo público en México y en Estados Unidos (algo también insólito para los cánones diplomáticos: los esposos o esposas de los embajadores no suelen opinar públicamente sobre los temas de su representación) hacía críticas explícitas contra el presidente Trump y su administración y responsabilizaba al canciller de la política migratoria sin asumir que la misma era, gustara o no al también exembajador, la que decidía y apoyaba públicamente el presidente López Obrador.
En este sentido, todo indica que Pompeo dice la verdad cuando afirma que ése fue el acuerdo con México y que Ebrard le pidió que no lo difundiera, como también es verdad que ese acuerdo no incluyó, como se llegó a proponer (el canciller dice que fue propuesta de la embajadora, ésta lo niega) un pagó por jugar ese papel de tercer país seguro. No hubo tal contraprestación y el papel que ha jugado México en el tema migratorio ha sido clave para mantener, con todas sus dificultades, la relación con la Casa Blanca, tanto con Trump como con Biden.
La política migratoria adoptada es controvertida, muchos (incluyendo a la exembajadora) no están de acuerdo con ella y probablemente tienen una parte de razón. Lo que sucede es que la política de fronteras abiertas, anunciada al inicio de la administración, fue un error descomunal que puso en riesgo la seguridad nacional y era imprescindible, más allá de las amenazas de Trump o ahora los acuerdos con Biden, adoptar medidas que garantizaran la seguridad en nuestras fronteras. Ese capítulo de la política migratoria, nuestra propia agenda de seguridad nacional, no puede ser obviado en este debate.
Todo ha escalado en forma notable en las últimas horas, luego de la entrevista que Bárcena dio a León Krauze, a las críticas durísimas que hizo en ella contra el canciller, que le respondió con igual o más dureza, incluso hablando de rencores enconados. Y una vez más, López Obrador le dio la razón a Ebrard, incluso ubicando a Bárcena, que no olvidemos que es la tía política de Beatriz Gutiérrez Müller, en el bando de los conservadores y, por ende, adversaria de la 4T. (Razones, Jorge Fernández Menéndez, Excélsior, Nacional, p. 8)
Diplomacia y ratoncitos verdes
El gobierno de López Obrador no encuentra en estas horas más grande adversario que su propia exembajadora en la capital del imperio. Exhibidos por testimonios publicados en Estados Unidos como negociadores que han aceptado en privado la sumisión que han negado en público, Andrés Manuel y su canciller, Marcelo Ebrard, se cobran con quien fue representante de México en aquel país.
Las cosas por su nombre. Desde la transición de 2018, Marcelo Ebrard aceptó en nombre de Andrés Manuel López Obrador convertir a México en patio trasero migratorio estadounidense. Lo ha presumido Trump en mítines, lo han escrito periodistas y recientemente en sus memorias Mike Pompeo, exjefe del Departamento de Estado.
Ebrard ha negado reiteradamente lo que se ha reseñado demasiado: que México aceptó no sólo convertirse en un muro en dos fronteras para impedir el paso de migrantes a suelo de Estados Unidos, sino ceder una franja fronteriza para que sea usada por dos gobiernos de Washington como corredor donde depositan a personas que merecen mejor trato.
Tan controvertidos hechos estaban más o menos descontados por la opinión pública mexicana como el mal arreglo posible frente a un vecino desproporcionalmente poderoso; como algo que genera problema en ciudades fronterizas, pero a casi nadie importa en todo el país.
Pero que sea una realidad no quiere decir que el régimen esté listo para aceptar que le pongan el espejo, ¿cómo van a tolerar que le digan que el rey de encendidas arengas patrióticas va desnudo cuando de lidiar con Washington se trata?
Por eso ayer en Palacio Nacional pusieron en la pira mediática a Martha Bárcena, diplomática y ahora, según sabemos, sólo una ciudadana. Porque en los días en que el régimen venía de su cubana fiesta campechana, o viceversa, sale la exembajadora a aguarles su pretendida fiesta de supuesta dignidad latinoamericanista. (Salvador Camarena, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 38)
El mito de defender la soberanía
Una persona de alto rango en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador me dijo hace poco que la instrucción más relevante que el Presidente da a sus colaboradores y cercanos es, además del encargo puntual de cada cartera de gobierno, defender la soberanía de México.
Cuando le pregunté a la persona qué era específicamente lo que se tenía que defender, o qué acción de qué gobierno extranjero quería violentar nuestra soberanía nacional, no me supo responder. No supo decir en qué específicamente consiste el riesgo de que perdamos la soberanía.
Cada colaborador del Presidente puede entender el concepto de defender la soberanía como quiera, ya sea en el tema migratorio, en materia comercial, en cuestión energética o en seguridad nacional.
Puede haber tantos ámbitos para defender nuestra soberanía como temas en los que interactuamos con el mundo. El problema, empero, es que no existe una definición unificada de qué estamos defendiendo.
La soberanía es un concepto muy manoseado, que parece resumirse en que nadie de otro país (particularmente de Estados Unidos) nos imponga alguna decisión o mande sobre nosotros. Suena romántico, pero es una falacia.
Por ejemplo, en el tema energético, el Presidente ha aceptado que 46 por ciento de la energía la generan empresas privadas, muchas de ellas extranjeras. ¿Eso significa que no somos soberanos energéticamente en 46 por ciento del país?
Ayer, el canciller Marcelo Ebrard se enfrascó en un diferendo público con la exembajadora Martha Bárcena sobre el programa migratorio Quédate en México, con lo que se evitó signar la aceptación para que nuestro país se convirtiera en Tercer País Seguro. El subtexto de ese diferendo era la soberanía. Pero, ¿acaso alguien cuestiona que países como Canadá, España, Francia o Alemania sean soberanos? Todos tienen ese estatus y nadie se escandaliza.
La soberanía entendida como en México es una maldición, un conjuro que se cierne sobre nuestro pragmatismo. Pareciera que ser soberano implica contraponerse a todo lo que propongan los estadounidenses, aunque su propuesta sea sensata, basada en datos, ciencia, o simplemente conveniente para las partes.
Estamos tan preocupados por nuestra dignidad nacional que confundimos el contenido con el continente, malentendiendo nuestro ego colectivo y vinculando la soberanía a insensateces, incluso a activos físicos como el petróleo del subsuelo o el litio arenoso.
Recapacitemos. Un país no se convierte en soberano sólo por rechazar infantilmente lo extranjero. Hace unos días, un avión bombardero estadounidense derribó un objeto volador intruso sobre el cielo de Canadá, y nadie se escandalizó porque ese país hubiese perdido su soberanía. Aquí habría sido un escándalo.
¿Por qué? Porque nadie entiende la soberanía tan limitadamente como lo hacemos en México. (Un montón de plata, Carlos Mota, el Heraldo de México, Merk-2, p. 18)
Migración, viene lo más difícil
Escaló rápido y con inusitado encono del diferendo entre la embajadora Martha Bárcena y el canciller Marcelo Ebrard, al grado de que el presidente López Obrador tuvo que intervenir desde la mañanera.
Lo importante es lo que está detrás del intercambio epítetos, que es la política migratoria de México ante el agresivo gobierno de EU, en particular la administración Trump y lo que viene para los próximos meses. La frontera con México es el eje de las campañas políticas, sobre todo de los republicanos, rumbo al 2024.
Es un problema complejo que está lejos de resolverse y los políticos norteamericanos pelean entre ellos para ver quién plantea una solución más drástica que provoque el aplauso de los votantes.
Lo cierto, aunque suene alarmista, es que no hemos visto nada todavía.
Si algunos piensan que el programa Quédate en México es lo más duro del abanico de opciones es que no han reparado en propuestas como las de declarar terroristas a las bandas mexicanas del crimen organizado, para poder justificar una intervención directa. (Pepe el Grillo, La Crónica de Hoy, columnistas, p. 3)
García Luna (y Lourdes Mendoza)
México será un punto central de la campaña presidencial en Estados Unidos. Y el que proponga “soluciones” más agresivas cosechará más votos.
En el aeropuerto de la CDMX, quedó más o menos claro en el juicio de Brooklyn, hay una estructura criminal desde muy arriba hasta lo más abajo.
Y en el aeropuerto están la Marina, Migración, la Guardia Nacional, Aduanas, etcétera.
Sí, lástima por nuestro país. (Pablo Hiriart, Uso de la Razón, El Financiero, p. 34)
AMLO; acusaciones de la ex embajadora Martha Bárcena, contra Marcelo Ebrard no tiene fundamento
El presidente Andrés Manuel López Obrador, sostuvo que las acusaciones de la ex embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, contra el desempeño del canciller, Marcelo Ebrard por la coyuntura donde se quería imponer aranceles en México, no tiene fundamento. Está diciendo cosas que no son ciertas, no es más que ejercer el derecho de réplica. Señalo que Bárcena ya se cambió al bando del conservadurismo, con nosotros no está, pero cada quien es libre, es responsable de sus actos. El secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard aseveró que la ex embajadora se ha dedicado a calumniar en todos lados donde ha podido. Es un rencor obsesivo. Su gran objetivo no es la verdad, es ver como me hace daño todos los días. Lo que ha dicho, es simplemente falso. Ebrard narró que el contexto en que se dieron aquellas negociaciones, en donde se le acusa injustificadamente de alcanzar acuerdos ocultos, era que la administración de Donald Trump pretendía imponer a México la condición de tercer país seguro a cambio de no imponer aranceles a México. En aquellas horas de negociación, cada uno de los pasos que se estaban dando eran notificados al presidente Andrés Manuel López Obrador. No sería canciller ya ahorita, si no hubiera ocurrido así, Es decir, el presidente estuvo enterado de cada paso que se estaba dando. El Canciller comentó que cuando llegó a Washington lo que le dicen Mike Pence y después Pompeo, Trump. Queremos que accedan a un tercer país seguro, y que esté en vigencia inmediatamente. Después hubo una reunión en Washington en septiembre, Trump me invitó a su despacho con su círculo más cercano. La instrucción primordial, que teníamos era lograr que a pesar de la enorme tensión no tuviese que firmar país seguro y no tuviéramos aranceles. Lo que dice la embajadora es simple y llanamente falso. López Obrador refirió que la entrevista en cuestión fue con León Krauze, que es adversario de nosotros y volvió a cuestionar el papel del conservadurismo en los medios. (Jesús Héctor Muñoz Escobar, 24 Horas, Online)
Cuchillito de palo | Águila que cae
Otro estropicio más de López. No contento con el desbarajuste nacional y la acumulación de problemas, “premió” al inmundo dictador cubano, Díaz Canel, con la máxima condecoración que otorga México. Se da por sentado que, aparte del honor se contrataron a más de los inútiles médicos cubanos y se compró otra cantidad de la archi mentada vacuna Abdalá, que nadie quiere ponerse.
La ONU etiqueta al negociazo de los galenos cubanos como “esclavitud”, aunque suene muy fuerte. Se sabe que lo que cobra el oficialismo no les llega a estos profesionistas, sino solo una mínima cantidad, mientras la cúpula caribeña se clava el resto de los ingresos. Un eminente doctor , encargado de evaluar a sus colegas de especialidades, me comentaba que es falso que estén muy preparados y que, por el contrario sus conocimientos son escasos y obsoletos.
En paralelo aparece la información de que, las reformas a los libros de texto gratuitos, están en manos de un exfuncionario chavista venezolano. La cabeza de la dirección de materiales educativos la tiene Marx Arriaga, el ínclito funcionario archi allegado a la primera no dama.
No es el primer enviado de aquellas tierras. Desde que Amlo fue jefe de gobierno trajo múltiples brigadas a trabajar al país. Tampoco han faltado cubanos con igual propósito.
El segundo de a bordo en la dirección es Sady Arturo Loaiza, quien en su natal Venezuela ocupó cargos muy destacados como vocero dispersor de la ideología de la tiranía.
Una de las voces más reconocidas en el campo de la educación en México es la de Gilberto Guevara Niebla, dos veces subsecretario de la SEP. Ha puesto el grito en el cielo y ha denunciado el desastre que conlleva el adoctrinamiento, en vez del aprendizaje académico. En las mañaneras el tabasqueño defiende al chavista y lo considera un “entendido” (¿Será que le es leal?). (Catalina Noriega, El Sol de México, Análisis, p. 13)
Cartones
Canciller

(Canciller, Rictus, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)
Pobrecito Chelo
