Opinión Migración 150326

Morena se lanza al ruedo, dividido

El Consejo Nacional reciente de Morena reveló la situación política interna del partido. Está en franca lucha entre sus corrientes por el poder ante las próximas elecciones. Las fricciones se acrecentaron con la decisión del PT y el Verde de no apoyar la propuesta de reforma política de la Presidenta Sheinbaum. La Cuatroté está sumida en una dinámica de división y fractura que augura mal para el futuro político de la coalición.

Las definiciones de los grupos políticos que operan dentro de Morena, aunque sin proclamarse públicamente, quedaron al descubierto con las decisiones tomadas en el transcurso del fin de semana.

La decisión ancla del Consejo fue la ratificación de los coordinadores de las cinco circunscripciones electorales del país. Junto con este anuncio, también se adelantó a junio el nombramiento de los “coordinadores” de las campañas a las 17 gubernaturas. En ambos casos, tanto de las coordinaciones de circunscripciones, como de las coordinaciones de las gubernaturas, caen en manos de operadores cuya marca es su lealtad a diferentes cabezas dirigentes del movimiento, muchas veces confrontadas entre sí.

Los coordinadores de las circunscripciones serán quienes definan, en gran medida, los 300 candidatos a las diputaciones federales. A diferencia de ellos, los “coordinadores” de las gubernaturas serán, en realidad, los candidatos al puesto. En el caso de estos “coordinadores” estatales, donde sus nombramientos de Morena son un intento por engañar a la autoridad electoral para evitar ser acusados de actos anticipados de campaña, cuando eso es exactamente lo que estarán haciendo, de junio en adelante.

Ni el INE ni el Tribunal Federal Electoral se atrevieron a castigar a Morena por su desacato a la ley electoral, lo cual anticipa, desde ahora, un proceso electoral en el 2027 altamente viciado, desigual y con visos de frecuente transgresión legal.

El Consejo de Morena terminó con un resultado favorable a Andrés Manuel López Obrador y consagró la debilidad política de la Presidenta. El ala más radical de Morena pudo imponer gran parte de su programa. El nombramiento de los coordinadores de circunscripción revela esa situación, aunque desliza cierta deferencia a Sheinbaum.

En la Primera Circunscripción quedó como responsable Ricardo Monreal. La importancia de la circunscripción reside en que definirá a seis candidatos a gobernadores (Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Nayarit). Monreal tendrá mucho peso en esos nombramientos, aparte de la definición de los candidatos a diputados en los 8 estados que conforman esa circunscripción. Se supone que es una zona de importante raigambre de la presidenta, donde pudiera imponer un número relevante de sus candidaturas.

En la Segunda Circunscripción se definió como responsable a Alejandro Peña Villa, diputado federal de Morena, y es un operador electoral afín a Sheinbaum, pero con origen en las brigadas lopezobradoristas. Esa circunscripción nombrará cinco candidatos a gubernaturas (Nuevo León, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes y Querétaro), incluyendo zonas de mucha fuerza de Monreal, como Zacatecas. Así que, a pesar de no ser coordinador, Monreal tendrá mucho peso político e influencia en la Segunda

Circunscripción. Peña tendrá que compartir las decisiones de candidaturas con Monreal.

En la Tercera Circunscripción quedó como coordinador Sergio Salomón Peregrina Cespedes, también cercano a la presidenta. Esa circunscripción es del sureste mexicano, desde Veracruz hasta Chiapas, incluyendo a Oaxaca. Quién ejerce gran influencia en esa zona es Adán Augusto López Hernández y el llamado Grupo Tabasco, por lo que un coordinador venido de afuera tendrá un peso político reducido en la toma de decisiones sobre las candidaturas a gobernadores y diputados. En esa circunscripción se eligen a dos candidatos a gobernadores, Campeche y Yucatán.

En la Cuarta Circunscripción, que incluye a la Ciudad de México, la coordinación de Morena se definió por el “hermano” de López Obrador, Adán Augusto López Hernández. Aquí se nombran dos candidaturas a gobernador (Guerrero y Tlaxcala), además de candidaturas a diputados, alcaldes y diputados locales.

Considerado como el bastión de la presidenta, Morena nombró a un claro rival suyo como coordinador quien, además, ejercerá una influencia decisiva en la Tercera Circunscripción. En un reparto de posiciones, los operadores de Sheinbaum quedaron aislados en circunscripciones donde su influencia se vería mermada. La Ciudad de México, cuna del nacimiento de Morena, alberga dos notables tendencias en conflicto: la presidenta y la jefa de Gobierno.

En la Quinta Circunscripción Mario Delgado fue nombrado como coordinador, actual secretario de Educación y uno de los principales señalados por Estados Unidos como político ligado al narcotráfico. Se nombrará a los dos candidatos a gobernador de Colima y Michoacán. Ocupa un lugar en el gabinete presidencial por un acuerdo entre López Obrador y Sheinbaum. Es uno de los territorios preferidos para operar de la Familia Michoacana, el Cártel Jalisco Nueva Generación y los Chapitos del Cártel de Sinaloa.

Dos circunscripciones, la primera y la cuarta, en las que la presidenta pudiera tener mayor fuerza política propia. Ahí Morena nombró a pesos pesados (Monreal y Adán Augusto) que no operan en función de la instrucción presidencial, aunque evaden lo más posible entrar en contradicción con ella.

Además, Morena colocó a los dos operadores que representan a Sheinbaum como coordinadores justamente en las circunscripciones (2 y 3) donde menos peso tendrán a la hora de la definición de candidaturas, y donde tanto Monreal como Adán Augusto gozan de mucha fuerza e influencia propia.

Mario Delgado es un coordinador que básicamente vive a salto de mata, esperando que la DEA no le ponga precio a su cabeza. Políticamente depende de todos y de nadie. Su situación será una incógnita y posiblemente su nombramiento sea la manera que encontró la presidenta para deshacerse de él. En esa circunscripción, el acuerdo político fundamental se da entre lopezobradoristas y el Grupo Texcoco.

El narcotráfico opera en el Estado de México, Michoacán y Colima, como fuerza determinante en grandes franjas de su territorio. Monreal y Adán Augusto aparecen como cabezas de grupos que operan y toman decisiones en función del tradicional lopezobradorismo territorial que consolidó el ex presidente. Los operadores nombrados por Sheinbaum aparecen en lugares donde su control será mediatizado por los grupos enquistados en los puestos de control del partido.

Y en todos los casos habrá la presencia, el concurso y la opinión de facciones del crimen organizado, acostumbrado a ser tomado en cuenta para algunos puestos de elección popular y para las operaciones electorales que aseguren la victoria de sus candidaturas.

Mientras la presidenta busca influir en la mayoría de los nombramientos de candidatos a gobernadores y diputados federales, las fuerzas tradicionalistas dentro de Morena tienen una idea contraria. El lopezobradorismo histórico quiere mantener su control sobre la Cámara de Diputados, con miras al nombramiento del candidato presidencial de Morena en 2030 y para acotar el poder presidencial actual. Su logro en el Consejo Nacional de Morena fue consolidar su posicionamiento para influir de manera decisiva en el nombramiento de las candidaturas, a su favor.

Este proceso hace necesario evaluar si existen, en realidad, tres fuerzas dentro de Morena, no solamente el líder indiscutible y la presidenta. Adán Augusto es el operador del ex presidente López Obrador. Eso es indiscutible. Y en el caso de los coordinadores de las circunscripciones 2 y 3, ellos son los transmisores de las opiniones y deseos de la presidenta. Y queda Monreal como factor de posible equilibrio, entre otras cosas porque tiene fuerza territorial y ha negociado con AMLO y con Sheinbaum.

Este esquema hace pensar en tres focos de poder, con distinta fuerza y alcance pero con autonomía relativa, operando dentro de las fuerzas internas de Morena. López Obrador, con su autoridad moral interna, la presidenta con la legitimidad que le otorga el cargo y Ricardo Monreal, con la fuerza del cargo, su espíritu negociador con ambas fuerzas y su presencia territorial.

El Consejo Nacional de Morena fortaleció al lopezobradorismo (con el coro final, anticlimático, de “es un honor estar con Obrador”) mientras la presidenta fue respetada pero elegantemente marginada. Y destacó la capacidad de negociación de Monreal. (Ricardo Pascoe, El Heraldo de México Opinión, Online)

Sacapuntas

Evacúan a mil 240 mexicanos

A dos semanas de haber iniciado el conflicto bélico en Medio Oriente, la cancillería mexicana ha logrado sacar de esa zona a mil 240 connacionales. El secretario Juan Ramón de la Fuente se ha mantenido en constante comunicación con los titulares de embajadas y consulados en la región para atender y salvaguardar a todos los paisanos que lo requieran. (El Heraldo de México, La 2, p. 2)

El discurso bajo el Escudo de las Américas

Hasta hace unos días, Kristi Noem en su papel de Secretaria de Seguridad Interior (DHS) expresó que los migrantes indocumentados no eran bienvenidos en Estados Unidos y que aprovecharan el momento para regresar a su casa. Ahora es la encargada del Escudo de las Américas, una coalición militar para combatir a los cárteles del narcotráfico, que manda un mensaje bélico al continente.

Hemos contemplado cómo la narrativa guerrera ha justificado la deportación masiva de indocumentados, al margen de los derechos humanos y al considerarlos como “amenaza” externa o delincuentes peligrosos. Ahora vemos que esa retórica se traslada contra el peligro que representan el narcotráfico y los países “gobernados por cárteles de la droga”.

El primer destinatario del discurso guerrero son las fuerzas armadas de EU. Por eso se apela al interés nacional y se perfila un marco legal. El ejército no fue diseñado originalmente para expulsar migrantes o combatir narcotraficantes en gobiernos extranjeros, de ahí este proceso, que formaliza y normaliza esas funciones. La designación de 6 cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras (FTOs), de 2025, aporta un marco legal a los militares. Además, socializa este nuevo rol ante los estadounidenses, donde sus soldados también cazarían cárteles como si fueran terroristas, como a “ISIS”.

El Escudo de las Américas proyecta acciones de guerra transfronterizas y permea una doctrina de seguridad nacional. Pero esta narrativa guerrera tiene raíces en la historia estadounidense, con identidades como la del “cowboy” o el “sheriff”. En el romanticismo del “viejo oeste” hay esa figura, que ejerce su propia ley y la justicia con su propia mano. En distintos momentos rechaza al derecho internacional.

El presidente Donald Trump ha afirmado que México es gobernado por los cárteles y que “los cárteles mexicanos están aceitando y orquestando muchas de las matanzas y caos en este hemisferio”. En el evento inaugural del Escudo de las Américas, en Florida, llamó a “usar fuerza militar letal”. Afirmó que el gobierno de EU hará lo que sea necesario para “proteger la seguridad del pueblo americano.”

Aunque la difusión de esa mala imagen de México no inició en 2026, ya hay repercusiones profundas en la opinión pública estadounidense. Los turistas están cancelando viajes y los jóvenes llamados “Spring breakers” están cambiando su destino tras las advertencias del Departamento de Estado, según USA Today.

Medios y redes sociales en todos los estados de la unión muestran un mapa mexicano inseguro, una fotografía que no se desmiente. Los pequeños y medianos empresarios de EU son los que más han dejado de venir e invertir, de acuerdo con las cámaras de comercio. Esa mala fama, real o creada, no es conveniente para la copa mundial de futbol, ni para la renegociación del T-MEC.

El problema para México es que el tablero donde se puede cambiar la mala reputación mexicana no es en piso mexicano, sino en el suelo y con los medios estadounidenses, en inglés. La tradición es que el gobierno de Estados Unidos y los actores estadounidenses hablen abiertamente en México y que México y sus actores guarden silencio o recato en EU. Esta práctica además de caduca, ya es improductiva. Hacer mutis no resuelve los problemas actuales, ni mejora la imagen de nadie. (Horacio Saavedra, El Universal, Opinión, A15)

Opinión del experto / La conjura contra América

La novela relata la irrupción en la política de un aviador célebre a finales de la década de 1930, personaje inspirado en Charles Lindbergh, quien fue el primer piloto que cruzó por aire el Océano Atlántico. Aparentemente ajeno a la política, el piloto de pronto se manifiesta a favor de Hitler; compite y sorpresivamente gana la candidatura presidencial del Partido Republicano; luego, contra todos los pronósticos, en 1940 vence al experimentado presidente Franklin D. Roosevelt (después se sabrá que el gobierno alemán había intervenido en la elección a su favor). Ya en el gobierno, Lindbergh rompe protocolos institucionales, es autoritario, segrega a los judíos, fomenta el odio racista.

Con un discurso ultranacionalista y aislacionista (“America First”), abandona a sus aliados europeos, declara la neutralidad de Estados Unidos en la Guerra Mundial y de hecho ayuda disimuladamente a la Alemania nazi. La vida de mucha gente cambia para mal.

La intolerancia, la persecución política y los actos impredecibles del nuevo presidente siembran incertidumbre y miedo. Estados Unidos deja de ser lo que era; para muchos es irreconocible. “Todos los días me hago la misma pregunta −exclama uno de los protagonistas de la novela−, ¿cómo es posible que una cosa así esté ocurriendo en América? ¿Cómo es posible que personas así estén al frente de nuestro país?”. Un joven de la familia que ocupa el centro de la narración se marcha a Canadá para unirse a las fuerzas británicas que enfrentan al nazismo. Muchos otros piensan en abandonar el país. No contaré el desenlace, para no privar del suspenso al eventual lector de la obra. Solamente la recomiendo como una gran novela que, para desgracia de Estados Unidos y del mundo, resultó profética.

Desde que empecé su lectura a finales de 2016, por momentos no distinguía entre los episodios de la novela y las noticias que se acumulaban en 2017. Miraba con azoro que, en la primera y más grande democracia del mundo moderno, sería presidente un personaje que no entiende a la democracia ni respeta sus reglas y valores fundamentales. En la nación que posee la economía más grande del orbe, encabezaría el gobierno un magnate que sólo sabe hacer negocios engañando al socio, al cliente y al gobierno. Más que un empresario eficiente, ha sido un jugador con pocos escrúpulos y mucha suerte. Su método para negociar es la intimidación, el engaño y la imposición. El comandante en jefe de la primera potencia militar del planeta sería un individuo ignorante de la política internacional y que detesta los acuerdos multilaterales; un hombre emocionalmente inestable, intolerante, prejuicioso y egocéntrico. Desde 2016 pensé que era un peligro para la paz mundial. Y para México sería una pesadilla. Dado su inocultable desprecio por los mexicanos, tomaría a nuestro país como blanco fácil para satisfacer las pulsiones más primitivas de sus votantes.

Ahora que Trump ha vuelto a la presidencia, los excesos retóricos, la vulgaridad, las amenazas y los estropicios de su primer período parecen un juego de niños. Su odio a los inmigrantes lo manifiesta con represión policiaca despiadada. Desprecia los cimientos del tradicional federalismo de los Estados Unidos y, cuando puede, atropella la autonomía de los estados.

A la Corte Suprema la intimida para que falle a su favor, y si ésta no lo hace, la insulta. Hacia el exterior, ahora no sólo amenaza a otras naciones: ataca sin miramientos y con desprecio absoluto al derecho internacional.

 Su intervención en Venezuela es arbitraria y contra todo derecho, por más que haya actuado contra un tirano odioso y usurpador. Los ataques a Irán son ilegales, prepotentes y crueles, aunque pocas personas decentes puedan defender al régimen opresivo de los ayatolas.

La conducta de Trump parece, en efecto, una conjura contra América. Una acción desenfrenada para demoler el prestigio y el respeto que los Estados Unidos se han ganado a lo largo de su historia, a pesar de muchos episodios de abusos que su gobierno y una parte de su población han cometido contra otros pueblos.

Los actuales son tiempos oscuros e impredecibles. A pesar de todo, hay esperanza. Quedan la fortaleza de las instituciones democráticas de Estados Unidos, la cultura cívica de sus ciudadanos y el dinamismo de una economía global a prueba de la estupidez provinciana. Tengo esperanza también en la prudencia y firmeza de otras potencias democráticas para contener las ambiciones atrabiliarias y defender lo que subsiste del orden internacional. (Jaime Rivera Velázquez, Excélsior, Nacional, p. 13)