Problema, en el norte
El día de ayer la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, anunció que visitaría Guatemala y México para “frenar” el flujo migrante hacia su país y atender las causas que originan que miles de indocumentados salgan de sus lugares de origen para buscar asilo en Estados Unidos. Lo cierto es que la visita de Harris, se ha percibido más entre las organizaciones en favor de los migrantes, como un acto mediático y político que uno de verdadera ayuda. Justo en la frontera de México con Estados Unidos, en El Chaparral, Tijuana, cientos de familias esperan desde hace más de 50 días que la administración de Joe Biden cumpla su palabra e inicie el Protocolo de Protección a Migrantes que consiste en el reingreso de las 25 mil personas con casos de asilo abiertos en las cortes de inmigración y que permanecen en México desde 2019. (Reporte Índigo, p. 3)
Felicitación marcial
La felicitación al presidente López Obrador llegó desde el Pentágono: el jefe del Comando Norte de EU, general Glen D. VanHerck, aplaudió al mandatario mexicano por reforzar la frontera sur de México con otros 10 mil agentes de la Guardia Nacional. “Son un socio fantástico. Me alienta lo que escuché del Presidente (mexicano)”, dijo el alto mando militar. (El Heraldo de México, La Dos, p. 2)
De esto y de aquello…
De que al gobierno de Estados Unidos le urge enfrentar, y resolver pronto, el conflicto migratorio procedente de Centroamérica, ahí está el anuncio que hizo la vicepresidenta Kamala Harris, de que viajará a Guatemala, “con escala en México”, para buscar la forma de frenar la migración desde países de Centroamérica que conforman el Triángulo del Norte. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 8)
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) siempre ha tenido altibajos en el transcurso de los sexenios, pero ahora se encuentra en uno de sus peores niveles.
Para Marcelo Ebrard Casaubón, la SRE representa un trampolín político para proyectarse como candidato a la presidencia de la República mientras descuida responsabilidades inherentes a su cargo.
Como si fuera experto en salud, el jefe de la diplomacia compra vacunas por todo el mundo, quizá pensando en 2024 y en el pueblo agradecido que votará por él. No hay día que pase sin difundir quién sabe cuántos millones de vacunas que ya fueron negociadas, que ya vienen en camino o que ya llegaron al aeropuerto para tomarse la fotografía. Pero el tiro le podría salir por la culata.
Mientras Ebrard salva a México de la pandemia, la SER zozobra en una política exterior sin rumbo: un día nos peleamos con Joe Biden, al otro día nos reconciliamos con él.
Justo cuando se requiere reforzar la relación con Estados Unidos, en medio del cambio de Donald Trump a Biden, Ebrard desaparece la Subsecretaría para América del Norte y degrada a nivel de director general, a cargo de Roberto Velasco, su consentido favorito, el vínculo más importante de México.
En lugar de nombrar aprendices con ínfulas, se necesitan profesionales con experiencia para diseñar una estrategia que concilie agendas divergentes entre México y Estados Unidos en temas como energías renovables, cambio climático, caída de inversiones, cadenas productivas, saneamiento en la frontera, protección a los migrantes, derechos humanos, combate al narcotráfico, desconfianza en materia de inteligencia, entre muchos más.
Mientras se avecina la crisis con Estados Unidos, en la SER no hay funcionarios capaces para ayudar a solucionarla: demandas laborales de empleados locales, cumplimiento de compromisos ambientales, competencia desleal, aranceles comerciales, caída de inversiones, control militar de la migración, control de armas, embargo del camarón por la extinción de la vaquita marina, cuotas compensatorias al tomate, al azúcar y a los arándanos, etc.
En tanto los problemas a resolver son graves y complejos, el equipo de Ebrard se pelea en luchas de poder y de ambición para competir en las preferencias de su admirado jefe.
Salió quien fuera su incondicional Jefe de Oficina, Fabián Medina, acusando a la influyente subsecretaria Martha Delgado por “corrupción de vacunas”. Poco antes, renunció el brazo derecho de la subsecretaria Delgado, Javier Jileta, acusado de abuso de funciones por facilitar la vacunación clandestina a personas no autorizadas.
La administración de la Secretaría también es una calamidad. Ebrard no paga a tiempo la ayuda a las pensiones de los diplomáticos jubilados y tiene parado el escalafón desde hace más de dos años por no convocar a exámenes de ascenso.
En cambio, sí está muy activo en nombrar a parientes de políticos, amigos personales y recomendados del Presidente como Susana Monreal Ávila, en San Antonio, hermana del senador Ricardo Monreal Ávila; a Adrián Michel Espino, en Barcelona, quien fue su oficial mayor en el Distrito Federal y a la periodista Isabel Arvide Limón, en Estambul, quien ayer escenificó otro escándalo, entre otros nombramientos políticos.
La SRE está hecha un desastre. Será una labor titánica reconstruirla, pero el problema de fondo es restaurar el prestigio internacional de México. (Agustín Canet Gutiérrez, Milenio Diario, Política, p. 10)
La importancia del tema migratorio en la política estadounidense tendrá un impacto en las relaciones entre México y Estados Unidos, al convertirse en una papa caliente doméstica para el gobierno de Joe Biden.
La crucial política del problema se refleja en la decisión de nombrar a la vicepresidenta Kamala Harris a la cabeza de una comisión especial para abordar la situación de los migrantes en la frontera.
Harris anunció su intención de visitar México y Guatemala, en su primer viaje al exterior, con los cuales habría un acuerdo para detener los flujos de indocumentados desde los países del Triángulo Norte de Centroamérica.
El grupo tomará las funciones que temporalmente se habían asignado a la exembajadora Roberta Jacobson, considerada como Zar de la frontera, en una posición de coordinación entre el Consejo Nacional de Seguridad y el Departamento de Seguridad Nacional.
La presencia de Harris en el problema presta autoridad y peso burocrático a la coordinación entre las diversas dependencias gubernamentales a cargo de abordar las dificultades de la frontera, en los que tienen considerable impacto el flujo de migrantes.
La importancia política asumida por el problema será determinante para la relación bilateral, así como ocurrió durante el gobierno de Donald Trump. Sólo que esta vez las peticiones de apoyo fueron hechas con discreción y sin recurrir a amenazas públicas.
Una de las decisiones que será afectada por esa posición va a ser el puesto del embajador en México, actualmente en consideración y para la que Biden elegirá entre tres aspirantes.
De acuerdo con trascendidos divulgados el martes, el gobierno de Biden verifica los antecedentes de Ken Salazar, un exsenador demócrata por Colorado y exsecretario del Interior, para que se haga cargo del puesto.
Pero el mero hecho de la filtración subrayó la naturaleza y la importancia política del nombramiento.
En 2012, Salazar autorizó la explotación de yacimientos petroleros en el Ártico, que llevó a que grupos ecologistas lo acusaran de vínculos con las industrias petrolera, minera y agroindustriales.
Según reportes en Washington, Salazar, que copresidió la campaña de Biden para los latinos, cabildeó agresivamente por el puesto.
Otro postulante es Bill Richardson, el exdiputado y exgobernador de Nuevo México, de madre mexicana, que se hizo famoso por sus misiones diplomáticas por fuera de los canales oficiales, que lo llevaron lo mismo a Cuba que a Corea del Norte, y a servir como conducto bajo la mesa en la relación bilateral.
Igualmente Joaquín Castro, un nativo de Texas, que en 2019 hizo un intento por buscar la candidatura presidencial demócrata y luego respaldó la nominación de Biden. Castro fue alcalde de San Antonio, secretario de Vivienda durante el régimen de Barack Obama y es hermano gemelo del influyente diputado demócrata Julián Castro. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 21)
Algunos asuntos de interés público en Estados Unidos se han convertido en auténticos dolores de cabeza y están creando un ambiente sumamente complejo para la actual administración del Presidente Biden. En primer lugar, la suspensión por parte del CDC y la FDA de la vacuna de Johnson & Johnson, derivado de que potencialmente puede ocasionar coágulos en algunas personas, ha puesto un obstáculo a las metas de vacunación actuales y como era de esperarse, esto creó pánico entre mucha gente que ya recibió la dosis única de esta.
Y junto con ello, hay otros temas que también están presionando fuertemente a la administración federal, que se juega el todo por el todo en estos momentos. Uno de estos tópicos es el asesinato accidental del joven Daunte Wright en un poblado del Estado de Minnesota, quien por un error policial, fue ultimado por balas de verdad en lugar de ser detenido por la pistola que administra una descarga eléctrica incapacitante.
Como también era de esperarse, este tema subió “como la espuma”, desbordando los ánimos y las protestas (especialmente después del caso de George Floyd); y aunque es un tema local, la administración federal ha tenido que pronunciarse pues el descontento social amenaza con salirse de control.
Ahora bien, un tercer asunto también está orbitando en la esfera de la seguridad nacional de los Estados Unidos, y con ello me refiero al grave problema que enfrenta actualmente en la frontera sur con México debido a los miles de personas que han intentado cruzar desde nuestro país para pedir asilo y auxilio (en gran medida provenientes de los países de Centroamérica).
Ahora bien, dado que las cifras han rebasado los máximos históricos recientes, el tema se ha convertido en un asunto de interés y seguridad nacional, tanto así que se ha designado a la Vicepresidenta Kamala Harris para atender el asunto y tratar con México las posibles soluciones, quien además es bien sabido tiene mano dura.
Esto es muy importante porque si bien el estilo de la actual administración no es el de los “gritos y sombrerazos” como lo fue el del Donald Trump, quien recordemos, amenazó abiertamente con imponer aranceles a las importaciones mexicanas si nuestro país no detenía la migración y recibía a los peticionarios de asilo en su territorio.
En el caso del Presidente Biden y su administración, me parece que la presión habrá de aumentar de forma privada para que el Gobierno de México siga colaborando con militares en su propia frontera sur para detener este fenómeno, pero también me parece que no habremos de saber qué es exactamente lo que está en juego o cómo es que presionarán a México para que cumpla.
Si bien muchos analistas especulan con un potencial intercambio de favores (por ejemplo en forma de vacunas), la realidad es que el estilo de los demócratas será mucho más discreto, pero no por ello suave. Por lo pronto queda claro que, ante la presión interna en Estados Unidos, no habrá espacio para equivocaciones o medias tintas en este asunto. Y así nos lo harán saber y sentir. (Federico LIng, El Sol de México, Mundo, p. 24)
Pocas veces durante un lapso tan corto de tiempo, las principales agencias estadounidenses han dado a conocer la judicialización de sus investigaciones centradas en los principales líderes de una organización criminal de tráfico de drogas mexicana, señalada de ser responsable de la ola de violencia que sacude varias regiones del país.
Lo ocurrido en estos primeros 15 días de abril con la organización que se hace llamar Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuyo liderazgo la autoridad atribuye a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes alias “el Mencho”, es un mensaje sobre la ruta que deberá recorrer el gobierno mexicano para acelerar la captura de alguno de los individuos señalados por el Departamento de Justicia y boletinados por el Tesoro norteamericano.
Esta semana le tocó al principal mando operativo de la organización de quien la DEA asegura tiene el control de terrirorios y cuerpos de seguridad locales en Nayarit, Michoacán, Guerrero, Aguascalientes, Zacatecas y Jalisco. Se trata de un ex convicto por narcotráfico en la justicia estadounidense, quien tiempo después fue detenido en México acusado de estar detrás de una emboscada donde perdieron la vida 15 policías en el tramo de la carretera que une Soyatlán con Puerto Vallarta, Jalisco.
El rostro y los datos generales de Audías Flores Silva, para algunos considerado el “heredero” de Oseguera al frente del grupo criminal, circularon desde el pasado miércoles después de que en una acción conjunta el Tesoro, el Departamento de Justicia y el Departamento de Estado lo identificaron como uno de los “comandantes regionales del Cartel de Jalisco Nueva Generación que controla grandes proporciones del terrirorio del CJNG a lo largo de la costa del Pacífico de México, incluido el estado de Nayarit”. El anuncio vino acompañado de una recompensa de cinco millones de dólares a quien proporcione información que lleve a su captura.
Flores Silva es un ex reo que obtuvo su libertad en México en 2016, desde entonces junto a su paisano “el Mencho”, han encabezado las ofensivas por hacerse del control de territorios como Michoacán, su tierra natal, que junto con Guanajuato, Sonora y Baja California, son regiones en disputa.
La semana pasada el Tesoro dio a conocer la inclusión en su lista de criminales internacionales, a quienes se les congelaron sus cuentas bancarias y con cuyas empresas se prohibió a ciudadanos estadounidenses hacer negocios, de una dupla considerada el poder real detrás de Oseguera. Se trata del colombiano Carlos Andrés Rivera Varela, reclutador de mercenarios y mando del CJNG en Puerto Vallarta, y Francisco Javier Gudiño Haro, identificado como el autor intelectual del atentado el año pasado contra Omar Garcia Harfuch, secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México.
El anuncio de la ofensiva judicial norteamericana ocurre a unos dias de la visita de la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris al país, cuya agenda se dijo será el tema migratorio. Pero también de la propuesta del presidente Joe Biden para que el ex secretario del interior en la administración Obama, Ken Salazar, sea el próximo embajador estadounidense en México. Todo con dedicatoria. (Juan Veledíaz, El Sol de México, República, p. 6)