En días pasados tuve la oportunidad de participar en un encuentro promovido por el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (www.comexi.com) y el Pacific Council on International Policy (www.pacificcouncil.org), un centro de investigación basado en Los Ángeles, cuyo objetivo fue identificar acciones para promover un acercamiento entre esa ciudad y nuestro país.
El alcalde angelino, Eric Garcetti, promotor del encuentro, fue muy claro al inaugurar la sesión: “Los Ángeles es un perfecto ejemplo de los beneficios que la comunidad hispana, la mexicana en especial, aporta a la economía, la cultura, el arte, la comida y los deportes), la política de Washington contra México y los mexicanos es injusta, además de profundamente equivocada”.
Cada uno de los asistentes manifestó su interés en participar desde sus respectivos campos para demostrar que la retórica, la política antinmigrante del presidente Trump, no es representativa de los que se piensa y vive por la mayoría que habita ese país. Al contrario, la ciudad se declaró “santuario”, término acuñado por varios estados, entre otros California, y muchas ciudades, con el que se autoasumen como receptores de migrantes, los integran y reconocen como miembros de su comunidad y sus autoridades se niegan a cooperar con las inhumanas redadas que llevan a cabo las agencias migratorias enviadas desde Washington.
Este tipo de encuentros deben ser promovidos por el gobierno mexicano. Hay miles de simpatizantes y amigos de México y los mexicanos, paisanos que se fueron indocumentados y que hoy son exitosos empresarios, artistas, intelectuales, jóvenes emprendedores, médicos de excelencia, líderes en sus especialidades; jueces, firmas de arquitectos de reconocido prestigio mundial, directores de cine ganadores de los premios más famosos, actores y actrices que gozan de la simpatía y respeto de millones de estadunidenses. (Gustavo Mohar, Excélsior, Nacional, p. 10)
La reiteración de Marcelo Ebrard de que México no aceptará ser tercer país seguro, pero que la estrategia migratoria está siendo un éxito toda vez que se ha logrado un 70% de resultados en el proceso de expulsión de migrantes centroamericanos indeseables para Trump y, por añadidura para México, muestra lo profundo de la crisis en que la política exterior mexicana se encuentra.
Su afirmación de que de lo hecho no se arrepiente, toda vez que significa “cumplir con la ley mexicana”, habla de lo mucho que esta ley (suponemos que lo referente a las leyes migratorias) no sólo no se cumplía, sino de lo mucho que fue rota por el mismo discurso demagógico de AMLO al incitar la inmigración ilegal y de lo mucho que Washington presionó, precisamente, para hacer que esta ley se cumpliera convenencieramente. Toda una paradoja, del tamaño del país, que hoy se ha convertido en el soñado muro del Trumpismo.
En primer lugar, no me hace sentido ni gracia que el canciller de la República de la 4T vaya a rendirle cuentas a Trump y a Pompeo a su casa y que acepte la cínica felicitación que Trump envió por tuit (“¡Se está haciendo un increíble progreso en la frontera Sur!”, tuiteó el magnate). Esta muestra de buen comportamiento hace muy visible estéticamente, (ética es estética), una actitud entreguista y abyecta con Washington, que no sólo no era necesaria, sino que también es evidencia de la proporcional falta de visión estratégica que se tiene frente al complejo orden global en el que estamos inmersos, pero al que el gobierno de AMLO se niega tercamente a pertenecer. (José Luis Valdés Ugalde, Excélsior, Nacional, p. 10)
Se cumplió el segundo plazo del acuerdo migratorio (más bien el chantaje) y el gobierno mexicano libró con las justas la prueba de las estadísticas. El flujo de migrantes se redujo en 56 por ciento y falta muy poco para lograr el objetivo.
De hecho, la cifra de aprehensiones en la frontera bajó de 140 mil en mayo a menos de 50 mil en agosto. Un índice todavía un poco alto con respecto a las cifras de años anteriores que en esas épocas estaba en 40 mil personas. Según Marcelo Ebrad Casaubón se cumplió en 90 por ciento del objetivo en cuanto a contención de migrantes, avalado por cifras estadunidenses, lo que aleja la posibilidad de una crisis arancelaria.
México respondió con cifras, el mismo lenguaje que había utilizado Donald Trump para emitir su amenaza sobre su imposición de aranceles. En ese sentido, fue la respuesta adecuada a un ultimátum, que se había justificado con datos estadísticos. No obstante, las medidas de esa contención han tenido importantes costos humanitarios, sociales, políticos y económicos.
Los costos humanitarios están a la vista. Los principales afectados han sido los migrantes perseguidos, apresados o deportados. También los varios miles que esperan una solución en los centros de detención, a sus casos de refugio, solicitudes de visas humanitarias o permisos de salida. (Jorge Durand, La Jornada, Opinión, p. 16)
El camino de Coatzacoalcos, Veracruz, a Juchitán, Oaxaca, es una verdadera postal de la guerra capitalista: los imponentes pozos petroleros son la antesala de los parques eólicos y sus gigantescos molinos. En diferentes puntos del camino, agentes de migración y de la Guardia Nacional detienen automóviles y camiones en busca de migrantes. El escenario se vuelve más dramático cuando uno se entera de que en los alrededores se han descubierto fosas clandestinas con cuerpos humanos.
Ya en Juchitán, la riqueza cultural del pueblo binnizá (gente que proviene de las nubes) contrasta con las decenas de casas destruidas a consecuencia de los sismos de 2017 que todavía se observan. En esa región del país donde no se ha terminado la reconstrucción, ya se habla de la destrucción que se agudizará con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
Para Estados Unidos, el Transístmico no sólo es una cortina de contención de migrantes: es, además, una ruta de comercio que refuerza al canal de Panamá con Sudamérica y abre nuevas rutas con Europa y Asia. Esto, en plena disputa con China y Rusia, es también una posición militar privilegiada. (Raúl, Romero, La Jornada, Opinión, p. 14)
Desde la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) a la fecha, México y Estados Unidos construyeron una compleja cadena de suministro que parecía incuestionable y siempre en una carrera ascendente por nuevos eslabones. Fue así como en forma creciente, el Tlcan se convirtió en la columna vertebral del comercio, puntal de la economía y premisa de competitividad para los países firmantes. Pero la lógica económica y comercial no contaba con Donald Trump; con la asociación –tramposa y falaz– del Nafta o Tlcan con la pauperización del empleo y el creciente resentimiento de la clase trabajadora estadunidense hacia México, al creer que cada empleo no generado en Estados Unidos, fue robado por nuestro país.
A ello debemos sumar la dispersión política y confusión narrativa que demuestra el Partido Demócrata, con sus 13 aspirantes a la presidencia, donde cabe todo el espectro político –de la izquierda a la derecha– pero no se atina a establecer una agenda común, convincente, para desbancar a Trump. Los demócratas no saben cómo abordar el tema migratorio: están plenamente conscientes que una mayoría de electores sí quiere endurecer las políticas en la frontera sur, pero a diferencia de Trump que tiene un discurso intolerante, pero claro; los demócratas se quedan a la mitad, al centro, queriendo quedar bien con los latinos y con los conservadores no republicanos. La receta perfecta para el fracaso.
En Canadá el contexto tampoco es el mismo que cuando empezó la renegociación del tratado, y la convulsa semana parlamentaria del primer ministro, Justin Trudeau, así lo demuestra. (David Penchyna Grub, La Jornada, Opinión, p. 11)
Una protesta bloqueó por nueve horas este viernes el aeropuerto de la capital del país, desquició el tráfico en amplias zonas de la metrópoli y convirtió el feriado patrio en una pesadilla para cientos de miles de personas. Los actores de este episodio son policías federales, formalmente a cargo del Alfonso Durazo, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y uno de los actores más políticamente huérfanos del gobierno López Obrador.
La mayor parte de la Policía Federal (PF) está llamada a extinguirse para ser fusionada en la Guardia Nacional. Pero sus estertores finales no han traído solo protestas de sus integrantes, sino indicios de que persisten las prácticas de corrupción que llevaron a Palacio Nacional a decretar su desaparición. Informes recientes dan cuenta, por ejemplo, de una mafia dentro de la PF que tiene repartido el control de los principales aeropuertos del país, donde se protege el narcotráfico y la migración ilegal, entre otros negocios sucios. (Roberto Rock, El Universal, Opinión, p. 6)
Dado que el medio ambiente tiene influencias sobre el ADN, si se lograsen modificar algunas conductas humanas perversas gracias a la sensibilización de los pequeños y los jóvenes podríamos remedar con más frecuencia la actitud del chimpancé.
María Zambrano ilustra: “Piedad es saber tratar con lo diferente, con lo que es radicalmente otro que nosotros”. Otredad y/o alteridad son términos poco utilizados en el léxico cotidiano. Zambrano siembra y pone en el dedo donde debe colocarse: “…saber tratar con lo diferente”. Si no lo hacemos “ya”, las diferencias seguirán incrementándose y llegará el día —no soy apocalíptico—, en el cual las distancias entre refugiados, sintecho, migrantes, pobres y víctimas de trata de blancas con el resto de la sociedad cuya economía está resuelta, explotará en detrimento de todos. (Arnoldo Kraus, El Universal, Opinión, p. 13)
Creía tener asegurada la complicidad de su partido dejando que sus dirigentes robaran, pero incluso aquello tenía un límite. Sus problemas con los miembros de su propio partido comenzaron cuando se empeñó en que su joven esposa, Grace, lo reemplazara en el Gobierno. Esto lo llevó a una confrontación con su brazo derecho y hombre para todo servicio, Emmerson Mnangagwa, el actual Presidente, que conspiró con los militares y éstos obligaron a renunciar a Robert Mugabe, aunque sin enjuiciarlo y, sobre todo, dejándole intacla su fortuna Hay, pues, pocas esperanzas de que con la muerte del sátrapa, cambien las cosas en su desdichado país. Sus cómplices, que tienen las manos tan manchadas de sangre como las tenía él, y que al mismo tiempo que se enriquecían, arruinaban a Zimbabue, siguen en el poder, de modo que el empobrecimiento del país continuará y seguirá contribuyendo a la migración de los millones de africanos que vienen a buscar en Europa lo que su patria es incapaz de darles. Quizás lo más absurdo de esta muerte haya sido que quien lo sacó del poder por la fuerza, nada menos que el propio Emmerson Mnangagwa, haya hecho el anuncio de su muerte con la mayor de las tristezas. (Mario Vargas Llosa, La Crónica de Hoy, Mundo, p. 19)