Opinión Migración 151023

Nueva oportunidad

Durante la presidencia de Donald Trump, se implementó un programa para que las personas que buscan asilo en Estados Unidos, esperen su resolución en territorio nacional, a este plan se le llamó: “Quédate en México”.

A pesar de los reclamos de varias organizaciones civiles que protestaron en contra de esta iniciativa porque consideran que el país es un riesgo para las personas que buscan protección internacional, el Gobierno de México, aceptó ser receptor de los solicitantes de asilo en Estados Unidos.

La organización internacional, Médicos Sin Fronteras, ha documentado las precarias condiciones en las que viven miles de migrantes en la frontera norte, sin acceso a servicios de salubridad por la desaparición del Seguro Popular, sin poder trabajar porque no tienen permiso y sin un espacio para que se puedan quedar, pues, los albergues se han saturado.

Desde el año 2019, la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho (FJEDD), ha estado litigando en contra del Gobierno mexicano porque consideran que la presente Administración se extralimitó en sus facultades al permitir que Estados Unidos haya enviado de manera unilateral a migrantes sin tener los mecanismos necesarios para su recepción.

El proyecto elaborado por la Ministra Yasmín Esquivel, iba en el sentido de negar este amparo porque, según sus criterios, no se estaba violentando ningún Derecho Humano de las personas migrantes. Lo cual es falso, pues el Gobierno aceptó la decisión de Estados Unidos sin haber medido el impacto que este tendría a lo largo de la frontera norte.

El proyecto de la Ministra Esquivel fue rechazada por 4 votos y ahora se turnará al Ministro Laynez, quien tendrá que realizar otra sentencia para darle resolución al amparo de la organización FJEDD, que trae consigo otra oportunidad para que la resolución sea favorable para la población migrante que habita en la zona norte del país.

A esta sentencia, se le suma la aprobada el 5 de octubre por el Tribunal Colegiado que instó a diversas dependencias gubernamentales, entre las que se encuentran el INM, Secretaría de Gobernación y Relaciones Exteriores, a no exigir un documento de identidad mexicana para comprar un boleto de autobús, pues era una política discriminatoria hacía la población mexicana y que violentaba el principio de libre tránsito en territorio nacional.

Cabe señalar que la política migratoria de este sexenio no ha sido humanitaria, al contrario, se ha visto criminalizada desde el Instituto Nacional de Migración. A lo largo de la Administración se han denunciado numerosas prácticas ilegales por parte de INM, como lo son los retenes para verificar la nacionalidad de los que viajan en carretera.

México se convirtió en el muro que el presidente Andrés Manuel prometió destruir, durante 2022, han fallecido cerca de mil migrantes en la frontera norte, el país se ha vuelto peligroso para las familias que intentan cruzar el territorio nacional, no solo por los grupos delictivos, sino también por la política migratoria que este Gobierno ha implementado y que poco a poco se ha ido recrudeciendo. (Azul Etcheverry, El Heraldo de México, Online)

Barbarie sin adjetivos

En las sociedades modernas o que presumen serlo, nos hemos acostumbrado a vivir y pensar como si la violencia no fuera un elemento extraño y nocivo a cualquier noción de vida comunitaria. A las diversas expresiones que tienen las agresiones a personas o comunidades enteras, parecen no faltarles voceros ni defensores, menos, intereses y odios que medran con ellos.

De esto dan cuenta los excesos múltiples a que son sometidos los migrantes, los extranjeros, los diferentes, también las guerras comerciales disfrazadas de cruzadas o de plano religiosas; el desprecio por la vida tiene ideologías, intereses, fanáticos. Se expresa en cualquier región, en cualquier contexto, en cualquier momento.

Pretenden ser los continuadores del terrorismo nuclear, de las cámaras de gas y sus millones de muertos, de los gulags siberianos y de los jemer rojos. Las incursiones armadas con el poder del fanatismo, la ideología, el dinero y la tecnología, arrasan vidas y ciudades: “nos despertaron ayer en Jerusalén las alarmas y estruendos de explosiones (…) NUNCA había ocurrido una guerra deliberada contra los civiles israelíes en sus casas. No hay palabras para describir el horror, el desconcierto, la incertidumbre, el dolor, el trauma de por vida de estos niños y jóvenes, la desesperación”, narra la doctora mexicana Katya Mandoki, investigadora recientemente jubilada de la Universidad Autónoma Metropolitana, quien vive en Jerusalén.

“(…) adolescentes que bailan en una fiesta del kibutz Beeri son sorprendidos y masacrados por terroristas de Hamas. A muchos otros los secuestran (…), armados se infiltran en moshavim y kibutzim y asesinan a familias enteras en sus casas. Toman como rehenes a ancianas, madres con bebés e hijos pequeños, arrastran y golpean a jóvenes ensangrentadas, como consta en videos que exhibe Hamas para alardear su triunfo de cometer crímenes contra la humanidad (…)

“Caos, llamadas de auxilio, total incertidumbre (…) Las palabras de los políticos y militares en los medios no calman, no dan confianza, no parecen relevantes.”

El terrorismo borra distinciones y límites; de aquí la necesidad vital de cerrar el paso a toda amenaza contra la dignidad de la persona. Es en este sentido que la puntualización de José Woldenberg (Terrorismo, El Universal, 10/10/23), es necesaria y atendible: “El terrorismo (…) es una fórmula que niega de manera radical la humanidad de los otros. Todo terrorismo se recubre de alguna causa, pero no existe objetivo que legitime la agresión y asesinato de civiles. Se trata de mera sevicia desatada de manera indiscriminada para provocar terror. Y la comisión de los crímenes execrables sólo desde la más primitiva y sanguinaria concepción pueden defenderse”.

Es por esto y más que debemos reprobar y rechazar la postura adoptada por el presidente López Obrador ante la masacre de Gaza. Eso no es política exterior ni humanismo y pone a su gobierno al borde de la complicidad con criminales y genocidas. Nada que ver con lo que somos y hemos sido. (Rolando Cordera Campos, La Jornada, Opinión, p. 16)