Opinión Migración 151119

Trípode / Más allá de Evo Morales, el refugiado fifí

El gobierno mexicano tiene la oportunidad de demostrar que es más que un animal político que se inclinó en los últimos días por la izquierda ultra latinoamericana al ofrecer ayuda al expresidente bolivariano Evo Morales antes de que éste la pidiera.

Podría dotar de un buen presupuesto a la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (Comar) y sacar adelante los miles y miles de casos de gente pobre que pide un espacio en este país.

El titular de la Comar, Alfonso Ramírez lleva meses gritando a los cuatro vientos que, a pesar de las reuniones y cafés que se ha tomado con los legisladores de la Comisión de Asuntos Migratorios, el presupuesto proyectado para 2020 sigue siendo poco más que ridículo: 27.3 millones de pesos frente a los más de 100 millones que se necesitan como mínimo.

La expresidenta izquierdista de Chile, Michelle Bachelet, soltó en estos meses preocupantes declaraciones sobre el desdén de México por los refugiados y calculó que aquí se les ha dado portazo unos 35 mil personas, cuya vida se encuentra al límite, pero que se les impidió el paso con la Guardia Nacional en la frontera sur. (Gardenia Mendoza Heraldo de México, Opinión, p.36)

La Causa y lo Causado / Una buena práctica

El asilo a Evo Morales se inscribe en una de las mejores tradiciones de la diplomacia mexicana.

La política exterior mexicana siempre ha sido de puertas abiertas. Hemos recibido en asilo a miles de personas a lo largo de la historia. Por esto, en su calidad de Estado soberano y por las profundas convicciones de nuestra política exterior, el gobierno de México otorgó asilo a Evo Morales. Fiel a la doctrina Estrada y al derecho internacional, esperamos que la paz y el estado de derecho pronto sean restablecidos en Bolivia.

El asilo a Evo Morales ha provocado una intensa reacción de la derecha y de los conservadores. El debate es natural y saludable en una democracia, aunque algunos planteamientos se han alejado de la razón y se inscriben en el terreno del odio y hasta, del racismo. En su conferencia matutina del jueves pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo el acierto de recomendar la lectura de tres libros: El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura; De viva voz: vida y obra de Gilberto Bosques, de Lilian Liberman; y La historia que viví, de Gonzalo Martínez Corbalá. (Miguel Barbosa, Milenio, Opinión, p.10)

 

Apuntes Globales / El supremacista blanco de la Casa Blanca

Stephen Miller es el gran arquitecto de la política anti-migratoria de Trump. Un joven de 34 años que se ha entendido de maravilla con el mandatario desde que arrancó la campaña presidencial. Es un funcionario decidido a hacer la diferencia en el terreno migratorio, pues considera que los privilegios de los blancos y el bienestar de la sociedad estadounidense está en peligro por estas grandes oleadas de migrantes de México, Centroamérica, Asia y, desde luego, de países musulmanes.

Miller tiene un acceso privilegiado al mandatario, pues es su favorito discursero en el tema migración. Es quien le vendió la idea de atacar sin compasión a los migrantes que han cometido un crimen. Él es responsable de invitar a los actos de campaña y ahora a los actos de gobierno, como el mensaje anual al congreso, a familiares de las víctimas que sufrieron un daño a manos de un inmigrante. Miller, egresado de la Universidad de Duke, se ha hecho fama de ser muy sagaz en implementar su agenda anti-migratoria durante los primeros tres años de presidencia de Trump. Esto es, no sólo es el ideólogo de la Casa Blanca, sino que se toma el trabajo de instrumentar sus iniciativas, como la separación de hijos de /

 

Uso de Razón / Excesos con Evo

Está bien que el gobierno de México haya brindado asilo al expresidente de Bolivia por las razones que precisamente lo hizo: humanitarias. Su vida corría peligro allá, y Evo Morales no es un criminal como Nicolás Maduro.

Su integridad física estaba en riesgo por la violencia que él provocó al pretender eternizarse en el poder, violar la Constitución y robarse las elecciones.

Eso es asunto de los bolivianos, se podrá argumentar, y no vamos a discutir por eso. Venga Evo.

Sin embargo, cuidado: Morales se ha presentado como un humilde y pacífico indígena al que quitaron del poder por su color de piel y su origen pobre de la meseta andina. No es así. (Pablo Hiriart, El Financiero, Opinión, p.43)

 

Alto mando / La cancillería de nuevo al quite

Mientras parecía interminable para el gobierno federal el tema de Culiacán y la tragedia LeBaron en la agenda pública, bastó un ¡buuu! al expresidente Evo por parte del ejército boliviano para que el llamado “golpe de Estado” y la atropellada toma de protesta de la nueva titular de la CNDH lograran cambiar los reflectores. La verdad es que hay tantos álgidos problemas internos para la administración de la 4T, que los analistas no tenemos respiro tratando de ordenarlos. El escenario pareciera una obra extraída de Lewis Carroll en El País de las Maravillas, donde la locura, la lógica y la razón tienen un propósito. Y cómo no, si apenas unos días antes el Presidente arremetía contra las voces de inconformidad al interior del Ejército mexicano, aludiendo a la imposibilidad de un golpe de Estado en casa, cuando las circunstancias le dan la oportunidad a él y al secretario de la Defensa de reaccionar de manera eficiente con toda la maquinaria que debe mostrar un jefe de Estado, esa maquinaria a la que se ha negado y que hoy el general Cresencio pone a sus servicios para rescatar a una “víctima” de la pesadilla de cualquier mandatario. Marcelo mostró la capacidad de gestión que tiene en momentos críticos, la intervención fue oportuna y asertiva, de él y de la Sedena, en una logística por demás tortuosa, pues no sólo tuvieron que negociar con varios países el traslado de Evo, sino garantizar su seguridad y la de los militares al mando del operativo, con una gran diplomacia que resultó exitosa. Si bien también corre México con la suerte de que el presidente Trump se encuentra ocupado con su juicio político, pronunciarse contra México por estas acciones es cuestión de tiempo, no sólo por el asilo político de lo que para él, Evo Morales, es un dictador, sino por el efusivo recibimiento que tuvo a su llegada y el innecesario nombramiento de huésped distinguido en la capital mexicana, pese a las fuertes críticas de inconformidad por este despliegue de poder; el avión, helicóptero, camionetas blindadas y la excesiva seguridad, quedando al descubierto que la desaparición del EMP sólo está en el discurso, pues le brindó a Evo un despliegue de elementos de este organismo que tanto repudia. El canciller no ha librado del todo los pendientes, en su lista se encuentra la intervención del FBI en las investigaciones de la emboscada LeBaron, el ofrecimiento de EU de intervenir militarmente para contener a los cárteles de México, la seguridad personal del exmandatario, así como la contención de sus discursos que pueden interpretar el asilo como una agenda política y, por si fuera poco, la responsabilidad que le cede el Presidente para que sea él quien dé respuesta a cuanta explicación le solicitan los medios, estructurar una razón lógica por la que México actuó con esa rapidez, esa importancia y esos excesos. Sin duda, Ebrard tiene el papel protagónico de esta administración, anula en cada evento las pobres imágenes de los titulares de la Segob y de Seguridad Nacional, aunque el Presidente haya querido resaltar, también de forma innecesaria, haber sido el autor del asilo político. Me pregunto, si no hubiera sido tan exitoso, ¿asumiría él solo la responsabilidad? Pese a la gran habilidad que tiene en distraer a la opinión pública de graves situaciones, se acumulan los riesgos en su administración, la designación inconstitucional de Rosario Piedra Ibarra debilita al Estado por las condiciones en las que llega al organismo más apreciado para la estabilidad de las instituciones. El espectáculo entre policías de la CDMX y de la PF no es un tema menor, es inadmisible ver enfrentarse a dos organismos creados para establecer el orden, reflejando la ineptitud de Durazo al abandonar el problema, con la fantasía de que se resolverá solo, cuando podría escalar a algo más grave. Por si fuera poco, la empresa que sostiene al país se encuentra en manos de hackers, aunque el Presidente lo describa como un asunto menor. (Miguel Ángel Godínez García, Excélsior, Opinión, p.22)