Decenas de miles de migrantes transitan al norte de México. A las ciudades fronterizas llegan repatriados, migrantes internos y migrantes internacionales. Una encuesta realizada en Ciudad Juárez en 2020 encontró que 3.4 por ciento de las mujeres migrantes estaban embarazadas, diversos informes y denuncias señalan que a muchas se les niega atención médica, tienen dificultades para pagar el costo de la atención y para recibir servicios adicionales para ellas o sus hijos.
El estudio realizado por Lizeth Jiménez Paredes, forma parte de la última publicación del Consejo Nacional de Población (Conapo) sobre migración y salud; se focalizó en las experiencias de las personas migrantes gestantes al recibir cualquier tipo de atención médica del sistema público de salud, de hospitales privados o de parteras (disponible en: https://shorturl. at/ajsyA). Se analizaron datos estadísticos y entrevistas a 15 informantes durante marzo y mayo de 2023 en la zona de la frontera norte de México, en Tijuana, Baja California.
Las preguntas versaron sobre sus experiencias al acceder a una atención durante y después del embarazo, así como de violencia obstétrica. Las informantes fueron mujeres que viven en el albergue de Espacio Migrante AC, en comunidades de fuera y pacientes de la organización Justicia en Salud AC; la mayoría tenía nacionalidad haitiana o guatemalteca, otras eran de El Salvador, Honduras y Venezuela; la mayoría llevaba más de un año en México y 14 por ciento no contaba con ningún estatus migratorio.
La violencia obstétrica es un acto u omisión de un profesional de la salud que ocasione un daño físico o sicológico a la gestante durante el embarazo, parto o posparto: desde la falta de acceso al servicio de salud, el trato cruel o inhumano, el abuso de medicalización o cualquier acto que impida a la gestante decidir de manera libre sus procesos reproductivos. Este tipo de violencia prevalece aún después del nacimiento del infante, a quien pueden negarle el derecho a la identidad y la nacionalidad mexicana. La violencia obstétrica está contemplada en Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y en 28 de las 32 entidades federativas.
La gran mayoría de las mujeres entrevistadas experimentan discriminación y no cuentan experiencias positivas, algunas recurren a las parteras, quienes son más accesibles y son de bajo o de ningún costo. Cerca de la mitad de las informantes accedieron a consulta prenatal, pero a 46.6 por ciento les fue negado este servicio por no contar con los documentos que solicita el sistema de salud, 26 por ciento accedió a la atención médica gratuita que brinda la organización Justicia en Salud, 13.3 por ciento no la obtuvo, 6.6 por ciento debió pagar las consultas y otro 6.6 por ciento accedió una vez que el Ministerio Público intervino.
Sin embargo, quienes declararon acceder al servicio de salud lo valoran negativamente: “durante mis consultas la doctora me tocaba muy feo y me hablaba de manera grosera, yo no le entendía muy bien lo que me decía, por lo que quise pasar con mi pareja, quien es mi intérprete, pero la doctora se negaba y nos gritaba, mi esposo le explicó que yo era de Guatemala y ella respondió que hasta donde ella sabía en Guatemala se hablaba español, no obstante, yo hablo mam (maya); 73.3 por ciento declaró haber sufrido violencia obstétrica durante el parto, en mayor proporción cuando la gestante no es hablante del español: o no recibe atención médica o la reciben con malas maneras, con insultos verbales, aislamiento y procedimientos sin consentimiento: “La doctora me dijo que a las haitianas las tienen que amarrar durante el parto porque no se dejan y nosotros no tenemos necesidad de migrar como los Ucranianos”; 33 por ciento declaró sentir un trato diferenciado del personal de salud: “No me querían dar los documentos de mi bebé para la partida de nacimiento y que tuviera la nacionalidad mexicana”.
De 26 por ciento de mujeres que requerían interpretación (del kreyol haitiano y el mam) 38 por ciento no contó con este servicio, ninguna durante el parto; 80 por ciento de las informantes denunciaron que fueron presionadas para colocarse un dispositivo anticonceptivo tras el parto para que no se embarazaran. El 40 por ciento de las madres declaró que su hijo al nacer recibió un trato diferente por el personal de salud en comparación con los hijos de padres mexicanos, 20 por ciento de los hijos estuvieron sin acta de nacimiento por más de un año.
Es necesario acercarse a las gestantes en contextos de movilidad para evitar discriminación y comprender sus necesidades, para acceder a un parto humanizado y digno que todas merecen: urge ampliar la infraestructura y promover prácticas médicas culturalmente inclusivas, contar con suficientes intérpretes e integrar a las parteras con el sistema de salud, así como mejorar los trámites para el registro de nacimientos. El reto implica cambiar la cultura institucional para que el personal de salud trate con dignidad a todas las personas sin importar su nacionalidad, estatus legal, condición social, idioma o rasgos físicos. Porque las mujeres no damos la vida, pero sí la transmitimos, y cuando es una decisión deseada y una experiencia digna, dar a luz es iluminar el futuro. (Gabriela Rodríguez, La Jornada, Opinión, p.18)
Washington. Estados Unidos se prepara para lo que probablemente será un año electoral difícil, desagradable y sin duda consecuencial. La elección enfrenta a Joe Biden, un Presidente en funciones, con una ideología liberal tradicional, con el expresidente Donald Trump, el egocéntrico líder de un movimiento de derecha populista. Uno tiene 81 años, el otro 77.
Pero, más allá de esa evidente diferencia, representan dos visiones distintas del país y del mundo, y el triunfo de uno puede afectar lo que ocurra en el resto del planeta. Lo bueno, y lo malo, es que los estadounidenses quisieran que fueran otros candidatos. Los dos tienen imágenes personales negativas.
Biden por su edad, su aparente debilidad física, y porque parece enfrentar problemas de cómo la economía y la migración parecen escapársele de las manos; su honradez está bajo el ataque de la ultraderecha republicana y aunque no han mostrado prueba en su contra se preparan a desarrollar un juicio de impugnación constitucional en el que esperan que culpas atribuidas a Hunter, el hijo de Biden, salpiquen al padre.
El juicio como tal no tiene futuro. Si la Cámara baja, que determinará la acusación, está controlada por una raquítica mayoría republicana, la de senadores, que decidirá por su validez legal, está en manos de una mínima mayoría demócrata.
Trump, por su parte, tiene la reputación de un timador, un hombre que fabrica sus propias verdades, y enfrenta al menos cuatro juicios que van de cuestiones fiscales a sedición, por sus esfuerzos para alterar los resultados de la elección de 2020. Eso le permite presentarse como víctima de persecución política.
El magnate encabeza una coalición de grupos nacionalistas y de derecha religiosa y ofrece mano dura hacia inmigrantes indocumentados, minorías y contra funcionarios que se oponen a sus políticas. Se le atribuyen ambiciones dictatoriales.
Uno busca mantener a EU como hegemón mundial y guardián de sus propuestas político-ideológicas: democracia liberal y comercio. Se le considera un promotor del internacionalismo. El otro, pretendió bajo su régimen de 2016-20, reducir los compromisos internacionales de su país, en especial de defensa y comercio, y trató de abandonar el papel que su país desempeñó desde el final de la Segunda Guerra Mundial y arreglarse con sus competidores por la supremacía mundial. Se le considera como aislacionista.
El primero, sin embargo, ganó la Presidencia gracias a una coalición integrada por minorías étnicas, religiosas, sexuales, que confía mantener ante las consecuencias del gobierno de Trump, de limitaciones al derecho de aborto, y un renuente combate a la pandemia de COVID-19. “Es básicamente un juicio sobre el trabajo de dos presidentes”, comentó Bill Schneider, un profesor emérito de la Universidad de George Mason y autor del libro Cómo los Estados Unidos se tornaron Ingobernables. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)
La realidad concreta del sistema-mundo se transforma a una velocidad impresionante, en momentos en los cuales nada parece sólido y los cambios son el aspecto dominante. Las alianzas que se mantuvieron intactas durante casi un siglo, tienden a desdibujarse para dejar lugar a vínculos de nuevo tipo.
El ingreso de Arabia Saudita y de Emiratos Árabes Unidos al BRICS, así como la reciente visita de Vladimir Putin a estos dos países, enseñan el tamaño de los cambios en curso en muy poco tiempo. Toda la arquitectura internacional surgida de la Segunda Guerra Mundial está siendo desmantelada por las nuevas relaciones de fuerza que van emergiendo y ahora se aceleran exponencialmente.
En 2022 publicamos con Decio Machado el libro Estados para el despojo, con la intención de comprender la transformación de los estados del bienestar en estados neoliberales extractivistas, promotores de la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial contra los pueblos.
Apenas un año después de su publicación, debo decir que es muy probable que nos hayamos quedado cortos, porque la acumulación va derivando en guerra abierta que tiene en la mira pueblos enteros para desplazarlos o sencillamente aniquilarlos.
El análisis de William Robinson sobre el estado policial global y la acumulación militarizada, no invalida estados para el despojo pero le aportan un giro necesario. Sostiene que la mayoría de humanidad sencillamente no puede sobrevivir, lo que no significa crisis para el capital, sino una oportunidad de militarizar el planeta para contener a los pueblos hambrientos (https://goo.su/0uyji).
En la entrevista citada en el diario El Salto, a raíz de la presentación de su libro Mano dura. El Estado policial global, argumenta: estamos ante una revuelta popular global impulsada por la humanidad excedente (para el capital), sector en crecimiento y ya abarca a 3 mil millones de personas. Para contenerlas se generan guerras, sistemas de represión y control sofisticados, muros fronterizos, guerras contra las drogas y los migrantes, y contra los pueblos, al punto que cualquier conflicto social se convierte en una oportunidad para acumular capital.
El estado policial es muy rentable porque allí vuelca el capital sus excedentes, y se articula con la acumulación militarizada y/o acumulación por represión para contener a esos millones que el sistema ya no necesita. Tragedia abajo y regocijo arriba.
Robinson explica que el capital sustituye a los trabajadores formales por migrantes temporales o indocumentados que ya no son explotados, sino humanidad sobrante. Este es un punto crucial que explica tanto la guerra de Israel en Palestina así como la política europea y estadunidense sobre los migrantes.
Un reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unocd) estima que anualmente se registran 3 millones de entradas ilegales en Estados Unidos, que representan un tercio de todos los inmigrantes a ese país, siendo su procedencia en 80 por ciento de América del Sur, incluyendo a México (https://goo.su/zwpFx).
Por tanto, durante los tres años del gobierno de Biden ingresaron clandestinamente a Estados Unidos 9 millones de personas, en un total de casi 30 millones de migrantes. Este año han cruzado el Tapón de Darién (en el límite entre Panamá y Colombia), medio millón de personas (https://goo.su/h0ty). Antes era considerada una región intransitable por su combinación de selva y pantanos, de ahí el nombre de tapón.
Ante el colapso económico, social, climático y político que viven miles de comunidades en todo el mundo, la respuesta de arriba consiste en militarizar las fronteras para crear fortalezas alrededor de las zonas donde viven las capas privilegiadas, como sostiene Robinson.
El capital está fuera de control, papel que hasta la globalización jugaban los estados-nación. Ya no hay gobierno capaz de amarrar al capital, como bien lo muestra el fracaso de Trump y de Biden a la hora de reindustrializar Estados Unidos. La clase trabajadora y muchas profesiones en ese país tienden a ser sustituidas por los migrantes, lo que está provocando racismo y una profunda desestabilización política.
Debemos comprender que la lógica del genocidio no proviene de la maldad de tal o cual gobernante, o de un Estado en particular, sino de la existencia misma del capitalismo, que ha provocado que casi la mitad de la humanidad se haya convertido en población excedente, que pasa hambre, emigra, muere por las represiones estatales o paraestatales y también se rebela.
En el corto plazo, todo indica que el capitalismo tiene capacidad de sostenerse por la violencia y las guerras. Nadie puede frenarlo porque Rusia y China forman parte de la misma lógica capitalista/guerrera contra los pueblos.
¿Tendremos en los próximos años la capacidad de reflexionar en colectivo, como han hecho las bases zapatistas, sobre los caminos a tomar para seguir resistiendo mientras creamos lo nuevo? (Raúl Zibechi, La Jornada, Opinión, p. 20)
Líder demócrata / Senado EU
Los demócratas en el Senado estadounidense se dejaron extorsionar por lor republicanos, y quienes terminarán pagando por las ayudas a Ucrania e Israel serán los inmigrantes latinoamericanos. La Casa Blanca refuerza la seguridad fronteriza de Estados Unidos. (Sube y Baja, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)