¿Garduño es intocable?
Ayer, el todavía titular del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño, planteó que es necesaria una “deconstrucción integral” del Instituto. Además, a cinco días de que Donald Trump tome protesta como presidente, Garduño pidió una nueva ley migratoria y un rediseño de las políticas migratorias en México. La pregunta que a muchos les surgió: ¿Y él que estuvo casi los seis años con AMLO no pensó en hacer esas modificaciones? Ahora que está con un pie fuera del INM y a cinco días de que inicie el gobierno del presidente Donald Trump en Estados Unidos, ¿don Francisco sale con recomendaciones y diagnósticos? Nos dicen que la única recomendación útil en este momento sería que finalmente se le pidiera su renuncia. ¿O será que “alguien” dejó bien recomendado a don Francisco, y es intocable? (Bajo Reserva, El Universal, p. A2)
El próximo lunes, Estados Unidos tendrá un nuevo presidente, Donald Trump, quien ha hecho campaña durante meses con el discurso de que va a deportar a miles de migrantes.
No tengan la menor duda que lo va a hacer. La expulsión masiva de quienes no cuenten con documentación que acredite que pueden estar en la Unión Americana empezará seguramente la siguiente semana.
No estamos hablando solamente de migrantes mexicanos, miles de salvadoreños, ecuatorianos, hondureños, guatemaltecos, venezolanos y haitianos, entre muchos otros, llegarán a las ciudades fronterizas.
A ciudades como Tijuana, Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo, Piedras Negras, Ojinaga y Ciudad Juárez, entre otras, pueden ser deportados todos estos migrantes.
Las ciudades fronterizas ya enfrentan serios problemas porque muchos migrantes están en ellas esperando cruzar a Estados Unidos, ahora imagínese con miles de personas más, que cuentan con muy pocos recursos, no tienen qué comer, dónde dormir, dónde asearse, es más, no tienen ni adónde ir al baño.
El tema central es: ¿Qué se está haciendo en estas ciudades para recibir a miles de personas? ¿Cuentan los gobiernos municipales, estatales y el federal con la capacidad de albergar a esos migrantes?
De acuerdo con las recomendaciones de Naciones Unidas, la capacidad de recibir migrantes depende de la infraestructura y los recursos disponibles en cada ciudad que albergue a los extranjeros, donde se deben garantizar un trato digno y el respeto a los derechos humanos, y se debe contar con un plan integral que permita la inclusión en la sociedad.
Una vez que son deportados estos migrantes, la mayoría dice ser mexicanos para permanecer en nuestro territorio, esperando poder cruzar de nuevo a Estados Unidos para conseguir el anhelado sueño americano.
Muy pocos afortunados tienen familiares que los auxilien con recursos mientras están en México, pero la mayoría es gente que ha perdido prácticamente todo lo que tienen, han dado todo lo que lograron juntar a los polleros que los cruzaron originalmente y su situación es muy precaria.
Autoridades fronterizas reportan que actualmente son deportados a México 100 migrantes al día, mientras que estimaciones de organizaciones civiles advierten que se espera que en los primeros meses regresen poco más de 100 mil migrantes a nuestro territorio.
En Estados Unidos hay 11 millones de migrantes ilegales, de los cuales, cuatro millones son mexicanos, y según el Departamento de Seguridad Nacional, hasta 2022 había más de dos millones y medio de extranjeros detenidos, de ellos, 836 mil eran mexicanos y medio millón venían de distintos países de Sudamérica.
Estos migrantes serán los primeros que Donald Trump enviará a nuestro territorio.
El canciller Juan Ramón de la Fuente declaró hace unos días que se le brindaría apoyo a los paisanos mexicanos que regresen a nuestro país, y es una estrategia correcta. Pero, ¿qué va a pasar con las miles de personas que no son mexicanas y que llegarán a México?
Lo vimos el año pasado cuando vecinos de la alcaldía Iztapalapa denunciaron que había decenas de migrantes que no tenían acceso a baños y que la vía pública era utilizada como sanitario.
Además, hay que pensar cómo apoyar a estos migrantes con sus hijos, muchas veces bebés, algunos enfermos que necesitan servicios de salud.
En diciembre pasado, el Gobierno mexicano anunció un plan para afrontar las deportaciones, que dará prioridad a migrantes nacionales e incluye una aplicación móvil con un “botón de alerta”.
Aquéllos que enfrenten una detención inminente en Estados Unidos podrán activarlo y dar aviso al consulado mexicano más cercano.
El canciller de México, Juan Ramón de la Fuente, reafirmó el compromiso del Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum de brindar apoyo legal, social y comunitario a través de la red consular.
Pero si Trump cumple con su deportación masiva, será muy difícil poder brindar apoyo a todos los deportados.
Por ejemplo, el albergue Border Line Crisis advierte que Tijuana no tiene capacidad para atender a tantos migrantes, debido a que no hay programas sociales integrales, tampoco trabajos o viviendas suficientes.
Otros activistas detallaron que lo único que existen son albergues improvisados, sin acuerdos con los países de origen de los migrantes para buscar una repatriación adecuada.
Por lo pronto, Tijuana, en Baja California, se declaró en alerta. La medida, aprobada de forma unánime por los miembros del cabildo de la ciudad, liberó fondos para atender la “situación atípica”. Las acciones de contingencia incluyen la contratación de todo tipo de servicios, enseres o personal, incluida la renta de locales para habilitar albergues, servicios jurídicos, de consultoría, internet o la realización de obras.
El presidente municipal de Tijuana, Ismael Burgueño, señaló que se adecuará una nave industrial para evitar la invasión de espacios públicos como parques o deportivos.
Mientras que en Tamaulipas preparan plazas, deportivos, estacionamientos y parques públicos para albergar a los posibles migrantes que regresen por las garitas de Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros.
Y eso que Tamaulipas cuenta con 11 centros de atención de migrantes operados por el estado, municipios y organizaciones civiles o religiosas.
Piedras Negras, en Coahuila, es otra ciudad fronteriza que analiza la situación migratoria, por ello, autoridades municipales viajaron a la Ciudad de México con la finalidad de revisar el plan federal para contrarrestar la situación.
Como parte de las acciones en esta ciudad fronteriza han decidido poner en marcha un nuevo plan de disuasión que consiste en detectar a los migrantes expulsados por Eagle Pass, Texas, para subirlos a un autobús fuera de Piedras Negras con dirección a Saltillo, Coahuila.
Nogales, Sonora, también asegura que cuenta con la capacidad para solventar la crisis migratoria, sin embargo, organizaciones señalan que los albergues se encuentran en condiciones precarias, muchos de ellos ni siquiera cuentan con los servicios básicos.
En Chihuahua también han preparado albergues y espacios para recibir migrantes, ante la ola de deportados no será suficiente, y además, ¿cuánto tiempo puede una ciudad fronteriza soportar la manutención de tantos migrantes?
En 2023, el Gobierno federal cerró 33 estancias provisionales migratorias, con lo que dejó al Instituto Nacional de Migración (INM) con 17 estaciones con capacidad para albergar a cuatro mil 786 personas.
Y, por si fuera poco, no sabemos quién está realmente al frente del Instituto. Hay un nuevo designado para presidir el INM que es Sergio Salomón Céspedes Peregrina, pero por ahora sigue al frente Francisco Garduño, aquel personaje que debió ser destituido tras el incendio en el refugio donde se le cerraron las puertas a los migrantes. (Bibiana Belsasso, La Razón, México, p. 13)
Los tanteos de Trump // Cárteles, ¿sí, no, tantito? // Los aprestos mexicanos // El dilema de El Mayo
Conforme se acerca la toma de posesión de Donald Trump van siendo afinadas algunas de sus propuestas más agresivas, aunque siempre con las reservas que impone el carácter intempestivo y la vocación fullera del inminente sucesor de Joe Biden.
Un tema candente, como es el de la posible etiquetación de cárteles mexicanos como organizaciones terroristas y la consecuente posibilidad de acciones militares en su contra, ha fluctuado entre consideraciones diríase que con propiedad semidiplomática del próximo secretario de Estado, Marco Rubio, y estimaciones más directas de Pam Bondi, quien ocupará la fiscalía general del vecino país.
Rubio mantuvo vigente el amago de su jefe, pero hizo ver la importancia de decisiones conjuntas de Estados Unidos y México para eventuales acciones violentas contra los corporativos del crimen organizado (es decir, los cárteles, no los criminales de cuello blanco). Incluso mencionó, de una manera notable, que las acciones de los cárteles afectan la franja fronteriza de los dos países y que aterrorizan a ambos.
Notable, se ha escrito aquí, porque con frecuencia el discurso oficial gringo aborda solamente las circunstancias forasteras, como si el problema y la responsabilidad no fuera de ambas partes. La candidata a fiscal Bondi, por su parte, en la audiencia ante senadores en busca de confirmación, invocó su experiencia como fiscal estatal en Florida y dijo que sí está de acuerdo en que los cárteles mexicanos sean declarados entes terroristas.
Las incógnitas, en materia de combate a los cárteles y en especial al tráfico de fentanilo, de migración y la deportación de millones, y de aranceles y renegociaciones comerciales, se irán despejando a partir del próximo lunes, en términos implícitos y explícitos.
En México, la presidenta Sheinbaum ha ido avanzando en la presentación de resultados a la Casa Blanca con la intención de atenuar en lo práctico la bravuconería del primer presidente gringo declarado judicialmente delincuente. Diríase que, al menos en las apariencias y en el discurso, el gobierno mexicano está bien pertrechado ante las vicisitudes que vendrán del norte.
Así, en clave Trump, Omar García Harfuch se esmera en aportar manejables estadísticas de presuntas reducciones delictivas, así como detenciones, decomisos y acciones efectistas, diríase que al estilo García Luna; en lo migratorio se mantiene al frente del instituto federal al mismo director de mano dura, Francisco Garduño, sujeto a proceso penal, con el ex gobernador de Puebla, Sergio Salomón Céspedes Peregrina, en inexplicada espera de entrar al relevo, además de la muy deficiente red consular que el canciller De la Fuente ensalza con poco fundamento; y en lo comercial y económico están Marcelo Ebrard y Altagracia Gómez, con su Plan México, dedicados a las concesiones de grandes negocios a los empresarios para que sean presuntos guerreros de primera fila en defensa de la nación, oh.
Astillas
Se ha informado que el archimillonario Carlos Slim y el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Francisco Cervantes (coautor destacado del neoliberal Plan México), han sido invitados a la toma de posesión de Trump… Otro asistente será el actor y ex cantante Eduardo Verástegui, quien constituye una tentativa de avanzada partidista y electoral de ese trumpismo intervencionista… En Tabasco sigue con fuerza la violencia relacionada con el crimen organizado; el gobernador morenista Javier May está rebasado y el gobierno federal le envió ayer casi dos centenas de personal militar de refuerzo… Una pieza clave en el rompecabezas que pretenden armar en Estados Unidos contra políticos mexicanos es Ismael Zambada, El Mayo, contra quien los fiscales gringos piden pena de muerte, lo cual colocaría al sinaloense ante el dilema de colaborar con Washington (cantar) para salvar la vida o negarse y aceptar la máxima sanción aplicable al caso, que podría implicar su ejecución… ¡Hasta mañana! (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
El gobierno de Sheinbaum es enfático en rechazar que EU criminalice a los migrantes, pero adolece de una estrategia clara para garantizar su seguridad y los derechos humanos de los más vulnerabilizados de las políticas de Trump. De cumplir su promesa de “la mayor deportación de la historia”, podría generarse una crisis humanitaria en medio de las vicisitudes de la violencia y crisis de desaparecidos en México.
Ése es el escenario más extremo, pero improbable por el costo humanitario, económico y legal de expulsar un universo potencial de 11 millones de indocumentados. Sobre todo, porque es una política que, por donde se le mire, no tiene un objetivo plausible; salvo el “golpe mediático” para detener la migración como probó en su primer mandato cuando obligó a México a contenerla con el amago de aranceles. En su narrativa, ahora sustituyó la amenaza del “muro” por la de “deportaciones” para llevar la situación al límite, como estila para negociar.
Por su lado, Sheinbaum trata de infundir calma. Su compromiso es recibir sólo a los mexicanos y dice tener un plan ante los peores escenarios de redadas y expulsiones masivas el primer día del gobierno de Trump, pero sus declaraciones son insuficientes para disipar el temor y angustia de los posibles afectados; a pesar de la emergencia, incluso, los nombramientos en el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, que ofreció a Tatiana Clouthier, o el cambio en el Instituto Nacional de Migración, siguen sin concretarse. Evidentemente, su necesidad de proyectar tranquilidad y seguridad choca con la debilidad de las instituciones de migración y de derechos humanos, al costo de restar confianza a sus palabras; el precio inevitable de relegarlos de su agenda, que hoy se vuelven una fragilidad de su gobierno ante una eventual crisis migratoria. Baste recordar que las denuncias de desaparecidos van en aumento en lo que va del sexenio, y uno de los grupos más afectados son migrantes atrapados por el crimen y las redes de trata.
La amenaza antiinmigrante ha sido caballo de batalla electoral, pero en el aire hay más preguntas que respuestas porque nadie sabe la magnitud y procedimiento que seguiría: ¿abrirá las cárceles como hizo Fidel Castro en el éxodo del Mariel? ¿Qué pasará con los estados santuario en EU? ¿Cómo se prepararon los estados fronterizos mexicanos? ¿Cómo proteger sus derechos fundamentales? Una expulsión masiva para cumplir su agenda es difícil de dimensionar. Pero el mero hecho de estigmatizar y señalar a una comunidad que deba someterse a una condena es suficiente para rebajar y hasta conculcar sus derechos; incluso echarlos a manos del crimen con riesgo de desaparición para sus vidas. Mucho más aún si los primeros “candidatos” son migrantes detenidos sin condena.
Los primeros pasos legislativos de la agenda antiinmigrante apuntan a abrir las cárceles para la expulsión de migrantes con infracciones menores, que se dispone a aprobar una ley del Congreso estadunidense con el apoyo demócrata y republicano. La estrategia recuerda los reos que envió Fidel Castro a EU en el éxodo del Mariel para apuntalar su discurso de que los refugiados eran antisociales; aunque, en el caso de Trump, le serviría como recurso publicitario para su narrativa de criminalizarlos. Los migrantes han sido las “pelotas” preferidas de las políticas nativistas y raciales supremacistas, que Trump avienta para celebrar a sus bases electorales y encuadrar a México como el país “peligroso” donde deben estar sus “delincuentes”. La actitud de festejar la agresión forma parte de sus ideas conspirativas en el juego de fuerzas de políticas injerencistas para obligar a México a contener los flujos; algo que le dio resultado en su primer mandato en el que, contrario a la agresión de su discurso, hubo menos deportaciones que con Obama o Biden.
Además, empujó a México a adoptar enfoques centrados en la seguridad y la militarización de la política migratoria, en lugar de priorizar la atención de derechos humanos. Los riesgos son evidentes, por ejemplo, de la masacre del ejército en octubre pasado contra 33 migrantes que buscaban asilo con un saldo de 6 muertos. Por ello, las organizaciones civiles ven con mucha preocupación a los 300,000 refugiados (100,000 mexicanos) que podrían quedar varados en México con una frontera más cerrada y la cancelación de solicitudes de asilo. Esa población casi les inquieta más que las deportaciones masivas. (José Buendía Hegewisch, Excélsior, Nacional, p. 14)
3 Sensibilidad. Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, lideró con determinación el Foro Migración Ordenada, Segura y Regular, alineado con el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030. Con una visión humanista instruida por Claudia Sheinbaum, la funcionaria reunió a figuras clave como Clara Brugada, Rosario Piedra, Dana Graber y Giovanni Lepri, junto con representantes de la sociedad civil y organismos internacionales. El foro simboliza un esfuerzo conjunto por construir políticas migratorias que prioricen la dignidad humana. Bajo su liderazgo, la Segob reafirma su compromiso con una migración regulada y solidaria. Justo lo necesario. (Frentes Políticos, Excélsior, Nacional, p. 11)
“México define a Texas en una manera que no otro estado lo experimenta con ninguna otra nación. Somos como una pareja viviendo en departamentos contiguos después de un divorcio particularmente amargo. Imaginemos la riqueza y el poder que habría sido de México si Texas hubiera seguido siendo parte de él, un verdadero rival del coloso gringo. Nuestra historia y nuestras poblaciones están entremezcladas y se reflejan complejamente. A ambos lados del río encontrarás ciudades emparejadas como perlas en un hilo. Del Río y Ciudad Acuña; Laredo y Nuevo Laredo; McAllen y Reynosa; Brownsville y Matamoros. El Paso y Juárez son los que están más alineados. La calle El Paso cruza el puente Internacional y se convierte en la avenida Benito Juárez. Físicamente, es una ciudad montada en una división política y cultural que nunca se ha superado”.
Así define el multipremiado escritor, periodista y dramaturgo Lawrence Wright, texano, la relación entre Texas y México.
En estos días esa relación vive uno de sus momentos más críticos de la época moderna. La (extraña) política texana, una con ciudades gobernadas por demócratas y el resto del estado, enorme, el segundo más grande de Estados Unidos, poblado de republicanos, ha hecho que desde hace algunos años la gobierne el Partido Republicano y en estos tiempos un gobernador particularmente antimigración. En el segundo estado con más migrantes y con más mexicano americanos. Uno que, de hecho, solo puede explicar su riqueza, y vaya que la tiene, gracias a esa población.
Ese estado lo gobierna Greg Abbott y lo domina en el congreso local un Partido Republicano muy conservador. Es Abbott quien ha promovido las leyes más severas contra los migrantes —algunas de ellas rechazadas por tribunales federales—, quien ha maquinado iniciativas como la de las boyas en el río, la utilización de la guardia estatal o la ley que pide a hospitales identificación como ciudadanos antes de dar atención a enfermos.
A diferencia de California o Nuevo México, gobernada por demócratas, Texas hoy es el lugar donde la política, la xenofobia, el conservadurismo han convertido a los migrantes en el enemigo.
Es ahí donde sin necesidad de muchos cambios, ni decretos, podría empezar el embate contra los migrantes que Trump ha anunciado.
Cosas de la historia. En ese estado que no puede definirse si no es por México y los mexicanos.
Lawrence Wright. God Save Texas, A journey into the soul of the Lone Star State. Editorial Vintage. (Carlos Puig, Milenio, Al Frente, p. 2)
La política exterior de México se enfrenta a uno de sus momentos más complejos desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994. El regreso al poder de Trump marca un giro estratégico con implicaciones profundas para la estabilidad, seguridad y economía de México. Trump ha dejado claro que su enfoque hacia México será aún más agresivo que en su primer mandato (2017-2021).
Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, el panorama es aún más incierto. El expresidente ha hecho declaraciones reiteradas sobre las tarifas arancelarias, específicamente en relación con la industria automotriz, y su intención de imponer nuevas sanciones económicas a México si el país no actúa con más contundencia frente a los cárteles de la droga. Trump ha mencionado reiteradas veces la necesidad de “hacer que el comercio de México con Estados Unidos sea justo”, implicando nuevas cargas impositivas que afectarían directamente a sectores clave de la economía mexicana.
La inmigración ilegal sigue siendo uno de los temas más polarizadores entre los gobiernos de ambos países. Durante su primer mandato, Trump adoptó políticas de “tolerancia cero” que resultaron en la separación de miles de familias migrantes y en la detención de miles de personas en condiciones inhumanas. En 2025, Trump ya ha anticipado la continuación de esta política y promete “una limpieza de inmigrantes ilegales nunca vista”.
Claudia Sheinbaum se verá obligada a gestionar la crisis humanitaria que podría desencadenarse con una intensificación de las deportaciones, al tiempo que mantendrá su compromiso de mejorar las condiciones laborales y sociales de los migrantes centroamericanos y mexicanos. La respuesta de Sheinbaum a este tipo de políticas debe ir más allá de los meros gestos diplomáticos y buscar alternativas innovadoras para proteger a sus connacionales mientras preserva una relación funcional con su vecino del norte.
Trump ha sorprendido con una serie de comentarios y propuestas que podrían poner a México en una posición aún más incómoda. Sugirió que el Golfo de México debería ser rebautizado como el “Golf of America”, haciendo alusión al dominio económico y político de Estados Unidos sobre la región. Esta declaración, tomada con un tono irónico y desafiante, refleja la visión de Trump de tratar a México no solo como un socio económico, sino como un subordinado de las necesidades geopolíticas de su país.
La respuesta de Sheinbaum podría incluir una postura más firme en defensa de los intereses mexicanos en el Golfo de México, una región clave para la economía mexicana debido a sus recursos petroleros, turísticos y pesqueros. La potencial militarización de la zona por parte de Estados Unidos podría ser uno de los principales puntos de fricción entre ambos países.
Durante su primer mandato, Trump amenazó en diversas ocasiones con designar a los cárteles mexicanos de la droga como organizaciones terroristas, una estrategia que desató una gran controversia tanto dentro como fuera de México. La implicación de esta etiqueta es que Estados Unidos podría emprender acciones militares directas en territorio mexicano sin la necesidad de una intervención formal por parte de las autoridades mexicanas. Sheinbaum se enfrenta a la difícil tarea de manejar este desafío sin comprometer la soberanía de México ni permitir una escalada de violencia que afecte a la población civil.
El desafío de Sheinbaum no se limita a manejar la relación con Trump, sino que también debe explorar alternativas para diversificar las relaciones exteriores de México. Sheinbaum podría reactivar una diplomacia activa que no solo se concentre en el vecino del norte. En este sentido, fortalecer los lazos con América Latina, la Unión Europea y las naciones asiáticas podría ofrecer a México una vía de escape ante la presión de Estados Unidos. Además, la diplomacia ambiental, un tema que ha sido prioritario para Sheinbaum, podría convertirse en un área clave para cooperar con naciones de todo el mundo, ofreciendo a México una plataforma de influencia más allá de las tensiones bilaterales.
La agenda bilateral, ya de por sí complicada por los temas migratorios, el narcotráfico y las disputas comerciales, se ve aún más tensionada por las amenazas de tarifas adicionales, deportaciones masivas y la posible designación de los cárteles como organizaciones terroristas. La situación exige de una diplomacia firme, innovadora y multilateral que permita a México navegar en estas aguas turbulentas sin comprometer sus principios ni sus intereses.
No hay espacio para la complacencia: la diplomacia de Claudia Sheinbaum deberá ser tan incisiva como estratégica para enfrentar las amenazas que se avecinan. (Pedro Ángel Palou, El Heraldo de México, Editorial, p. 14)
Quedan 100 horas para que Donald Trump llegue a la presidencia de Estados Unidos por segunda vez.
Si este momento en la historia no es un punto de inflexión, por lo menos resultará en ajustes en la concepción de Norteamérica.
La visión proteccionista del nuevo dirigente de la Casa Blanca, su necesidad de protagonismo y deseo de ganar toda negociación resulta en amenazas que si son implementadas impactarán nuestro futuro.
Todo puede comenzar con los aranceles a su primer y tercer socio comercial, México y Canadá, de 25%. Para Trump, el “America First” permite poner en riesgo cualquier cosa, los bolsillos de su electorado o el T-MEC. Estos aranceles afectarían el comercio de bienes intermedios entre los tres países y por lo tanto la competitividad de la región. Además puede pegarle al PIB de EU entre 1.15 y 1.5 puntos porcentuales. Con la actual interdependencia, si ellos crecen menos, sus socios comerciales también.
Hay que sumar la partida de Justin Trudeau en Canadá, que agrega una capa de incertidumbre a las dinámicas del T-MEC y las políticas públicas en la región.
Otra amenaza o promesa: reducir a 15% el ISR. Esto haría a EU más atractivo y cambiaría la balanza manufacturera; en México ese impuesto es de 30% y el promedio en el mundo es de 23%. El mayor golpe sería para nuestro orgullo automotriz y electrónico en el Bajío y la frontera norte. Los impuestos no son la única razón para reubicar una empresa, hay que contemplar regulación, oferta laboral, cadenas de logística y más, pero un cambio así obligaría a repensar incentivos y, sobre todo, a demostrarse en un entorno más competitivo.
Hay más amenazas: el foco en los combustibles fósiles, ser más laxo con la política ambiental, cambios regulatorios bajo el lema de la libertad de expresión.
La que más duele es la humana, la deportación masiva de uno de los 11 millones de migrantes no autorizados. Desde el ángulo económico, el golpe sería, primero, en las remesas. Unos 5 millones de hogares recibieron remesas a finales de 2024. Otro para el mercado laboral y la informalidad: más personas que buscan ingresos. El golpe más duro sería el humano: un millón de deportados. ¿Qué pasa con sus familias? Hay 5.1 millones de niños con padres indocumentados en EU.
Concebirse como Norteamérica y ser región de aliados comerciales no se ve sencillo. ¿Estamos listos?, ¿tenemos una estrategia por si cualquiera de las amenazas se ejecutan? (Regina Reyes-Heroles, Milenio, Política, p. 14)
No existe en la historia reciente una fecha que se haya esperado con tal expectativa. Ya estamos a solo cuatro días del momento en el que Donald Trump asuma la presidencia de los Estados Unidos.
Es ese, se ha dicho desde hace muchos años, el cargo más importante del mundo. Desde esa posición se puede cambiar la historia.
Y Trump pretende hacerlo.
Por eso la impaciente espera.
Muchas realidades en diferentes lugares del mundo pueden modificarse de manera relevante con la llegada de Trump a la Casa Blanca.
La razón es que no se trata de otro presidente más, sino de un personaje con intención de producir disrupciones en muy diversos ámbitos.
Imagine por un momento lo que se está viviendo en Ucrania. A poco menos de tres años de que ocurriera la invasión rusa, están a punto de llegar a un momento en el que, tras la previsible suspensión de la ayuda norteamericana, estarán obligados a aceptar la pérdida de una parte importante de su territorio, pese a los sacrificios y un costo humano inconmensurable.
Muchos paisanos nuestros que viven en Estados Unidos desde hace años están con la angustia de que se aplique de nuevo el título 42, que va a permitir la deportación exprés, sin juicio. Miles y miles, incluso millones, tendrán una gran ansiedad probablemente por meses.
El gobierno mexicano tiene la consigna de seguir con su actividad normal y con el discurso de que vamos a colaborar y a tener una buena relación con el próximo gobierno de Estados Unidos.
Es explicable. No se quiere transmitir a la población la incertidumbre que realmente existe.
Pero, si usted no quiere que lo tomen por sorpresa los acontecimientos, en su empresa, su trabajo o sus finanzas, necesita asumir que estamos en una circunstancia inédita de incertidumbre.
Puede ser que el dólar no se vaya a 22 o 23 pesos, pero puede que sí. Tómelo en cuenta para que no lo vayan a atrapar con los dedos en la puerta.
Es posible que no haya arancel del 25 por ciento, pero quizás sí o algo cercano.
Quién sabe si haya deportaciones masivas, pero bien hizo hace un par de días el cabildo de Tijuana en declarar el estado de emergencia ante el riesgo de que se presenten.
No sabemos bien a bien si Trump vaya a catalogar como terroristas a las organizaciones criminales mexicanas, pero si lo hace, créame que va a haber muchas olas.
En la historia de América Latina, solo las FARC de Colombia, en cierto momento; el Ejército de Liberación Nacional, también de Colombia, y Sendero Luminoso, de Perú, han sido catalogadas por EU como terroristas.
En 1983, seis años antes del derrumbe del Muro de Berlín se estrenó una película que se denominaba “El Día Después”.
Contaba la historia de un mundo que afrontaba la guerra nuclear y sus consecuencias.
En una de las escenas, un granjero norteamericano que estaba preparado para la ocasión buscaba llevar a su familia a un refugio en el sótano que ya tenía preparado. Sin embargo, su esposa se afanaba en seguir con la rutina de todos los días, incrédula ante la conmoción que le esperaba en minutos.
No se trata de la guerra, desde luego, pero a veces da la impresión de que queremos seguir nuestra vida diaria, como si nada fuera a pasar en el mundo.
“Total, allá los norteamericanos y sus locuras”, dirían algunos.
Para nuestra suerte o infortunio, según la óptica de cada uno, lo que vaya a pasar allá nos afectará como un golpe en la cara.
Aprecio la intención de quienes quieran seguir con la normalidad, como si nada fuera a pasar, o creyeran que la Virgen de Guadalupe, o cualquier otra fuerza sobrenatural nos va a preservar de daños.
No será así. Para lo que viene será casi imposible refugiarse.
Y más vale que hayamos tomado las providencias, como le comentaba ayer, para que el tsunami no vaya a sorprendernos.
La alerta ya está sonando. Vale más que la escuchemos.
Si el gobierno pretende que nada va a pasar, déjelos con su discurso y póngase las pilas para resistir lo que se nos viene. (Enrique Quintana, El Financiero, Página Dos, p. 2)
“[El presidente de México] ha entregado gran parte de su territorio nacional a los narcotraficantes que controlan esas áreas. Eso a nosotros nos importa porque estamos viendo las consecuencias de esa violencia, esa criminalidad entrando a nuestra frontera”. Con estas palabras, Marco Rubio resumió en mayo de 2023, en entrevista con EL UNIVERSAL, su visión de la crisis de seguridad que afecta a México y su impacto en los Estados Unidos. La declaración, contundente y provocadora, anticipaba el tono de su postura frente a uno de los temas más sensibles en la relación bilateral: la creciente influencia de los cárteles del narcotráfico y su supuesta connivencia con autoridades mexicanas.
Ahora, como el nominado de Donald Trump para liderar el Departamento de Estado, Rubio se enfrenta a un reto mayor: demostrar que puede equilibrar sus duras críticas hacia México con un enfoque pragmático que permita la cooperación en temas cruciales como el comercio, la seguridad y la migración. ¿Podrá el otrora halcón moderar su vuelo desde las alturas del Departamento de Estado? ¿O sus garras seguirán afiladas, listas para arremeter contra un vecino al que considera, cuando menos, negligente ante el crimen organizado?
En su reciente audiencia de confirmación en el Senado, Rubio pareció moderar el lenguaje incendiario que utilizó durante la campaña presidencial. Aunque insistió en la gravedad del problema del narcotráfico en México, llegó a preferir “trabajar con México, no bombardearlo” para enfrentar a los cárteles, en un marcado contraste con su retórica previa. Este giro retórico, sin embargo, no generó mayor controversia entre los senadores demócratas, quienes se mostraron inusualmente complacientes. Tampoco generó mayor revuelo su insistencia en la posibilidad de usar la fuerza militar contra los carteles, una posición que en el pasado habría sido considerada extrema.
Todo parece indicar que la confirmación de Rubio estaría garantizada, con un apoyo significativo incluso de los demócratas. Esta actitud refleja una estrategia pragmática: ven en Rubio a un republicano con quien pueden trabajar en algunos temas clave y prefieren no debilitarlo frente a una administración Trump que seguramente será dominada por figuras más radicales del movimiento MAGA. Los demócratas parecen apostar a que Rubio enfrentará desafíos internos, especialmente por las tensiones con una base trumpista que desconfía de su perfil más tradicional y su trayectoria en política exterior.
Sin embargo, la verdadera prueba para Rubio no estará en el Senado, sino en los primeros días del nuevo gobierno. Trump ha prometido iniciar su ofensiva contra México desde el minuto uno de su administración, con una agenda que incluye la imposición de aranceles, medidas migratorias draconianas y una política de mano dura contra el fentanilo y los cárteles. ¿Podrá Rubio mantener su postura de colaboración sin ceder ante las presiones internas para adoptar una estrategia más agresiva?
El futuro de la relación entre México y Estados Unidos pende de un hilo. Para México, Rubio representa una mezcla de amenaza y oportunidad. Su historial indica que comprende la importancia del TMEC y la interdependencia económica entre ambos países, pero sus declaraciones también revelan una disposición a usar el comercio y la seguridad como herramientas de presión. En un contexto tan polarizado, la confirmación de Rubio podría ser solo el preludio de un desafío mucho mayor: cómo navegar una relación bilateral marcada por tensiones históricas y nuevos riesgos en un escenario global cada vez más complejo.
En última instancia, la verdadera pregunta no es si Rubio logrará ser confirmado, sino si podrá ser el contrapeso que México necesita dentro de una administración que, de momento, no parece interesada en tender puentes. (Solange Márquez, El Universal, Opinión, p. A15)
Buenas noticias para los menores de 30. Hay un mundo hambriento de ellos.
México ya va a la baja. No nacen suficientes mexicanos para reponer en el largo plazo a los que mueren, por lo que pronto necesitará inmigrantes.
Si ustedes huyen del sexo con finalidades de concepción, la situación puede complicarse. Países de ingresos altos como Alemania enfrentan una situación peor y necesitan urgentemente, por ejemplo, 70 mil choferes que ganan en promedio unos 2 mil 900 euros mensuales, equivalentes a 60 mil pesos.
Un sitio promotor de esas contrataciones llamado makeitingermany.com facilita la obtención de visas y atrae candidatos así:
“Lo que le espera. Un puesto de trabajo con futuro: el transporte por carretera es, sin duda, el pilar más importante del transporte de mercancías. Hay muchas vacantes con perspectivas a largo plazo. Seguridad: todos los conductores y conductoras profesionales reciben formación continua cada 5 años. Un entorno de trabajo diverso: actualmente, el 25 por ciento de las personas empleadas en esta profesión tienen nacionalidad extranjera”.
No solo necesitan conductores, mientras más capacidades tengan los interesados, más oportunidades están abiertas y expuestas incluso en español.
Este fenómeno anuncia un problema creciente para empresas en México. Deben competir más por la gente. ¿Qué es lo que está pasando? La agencia de consultoría global McKinsey lo explica así esta semana en un reporte llamado Dependency and depopulation? Confronting the consequences of a new demographic reality:
“La caída de las tasas de fertilidad está llevando a las principales economías al colapso demográfico en este siglo. Dos tercios de la humanidad vive en países con una fertilidad inferior a la tasa de reemplazo de 2.1 hijos por familia”.
Cada país hace lo que puede. México tiene ahora una tasa de 2.07, según el INEGI, por lo que ya comenzó el descenso. El número no es más grave gracias a Chiapas y Guerrero, que mantienen una alta natalidad, aunque en medio de la pobreza.
Alemania enfrenta una de las tasas más bajas del mundo, de apenas 1.6 hijos por mujer. Para combatir esto, el gobierno implementó políticas como la Ley de Inmigración de Trabajadores Calificados, de 2020, diseñada para atraer a profesionales extranjeros.
Entre las iniciativas incluye la simplificación de procesos para el reconocimiento de títulos profesionales; acceso más rápido a permisos de residencia y trabajo para personas con habilidades en demanda, como en tecnología e ingeniería, amén de cursos de integración y aprendizaje del alemán, subsidiados.
Japón, con una tasa de aproximadamente 1.3, relajó sus restricciones migratorias para atraer talento internacional. Su programa “Visa para Altas Capacidades Profesionales” otorga ventajas como permisos de residencia de largo plazo.
Australia utiliza su Programa de Migración Calificada para atraer población joven. Está enfocado en llenar vacantes laborales en sectores críticos y áreas remotas. Otorga residencia a trabajadores que acepten vivir y trabajar en zonas rurales e incentivos educativos y laborales para retener a estudiantes internacionales.
Noruega además de incentivar a su población local con políticas de apoyo a la maternidad, también atrae inmigrantes jóvenes con programas como visas rápidas para quienes trabajan en salud y tecnología.
La robótica podría mejorar la productividad y reducir la necesidad de personas, pero todavía hay pocas señales de que eso suceda pronto y de manera significativa en México, incluso en el resto de Norteamérica.
Hay muchas cosas que puede hacer el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para contrarrestar el “canto de las sirenas”, para motivar la permanencia de mexicanos en su país; quizás la más importante es corregir el problema de inseguridad que enfrentan quienes simplemente quieren salir a trabajar.
Si bien es un trabajo compartido con gobiernos locales, las señales que pueda dar desde la federación de que alguien finalmente da un golpe sobre la mesa, elevarían la percepción de México como un país en el que vale la pena permanecer. (Jonathan Ruiz Torre, El Financiero, Empresas, p. 20)
En un mundo marcado por la volatilidad global, las remesas emergen como un acto de resistencia económica: un flujo constante de recursos que desafía fronteras, sistemas políticos y, ahora más que nunca, agendas restrictivas. Más allá de las cifras récord —como el aumento del 2.9% en las remesas de 2024 en comparación con el año anterior, alcanzando 65 mil millones de dólares enviados a México en 2023—, estas transferencias narran historias de sacrificio y estrategia financiera. Son el testimonio de migrantes que han tejido un entramado de apoyo mutuo, enfrentando barreras tanto visibles como invisibles. Sin embargo, surge la pregunta: ¿cuánto más puede tensarse este hilo antes de romperse?
Un sistema diseñado para cargar a los vulnerables
Enviar dinero no es gratuito, ni sencillo. Por cada 100 dólares que un migrante decide enviar a su familia, hasta 25 dólares pueden quedarse en comisiones. Los servicios tradicionales han monopolizado durante décadas este flujo, aprovechándose de la falta de competencia. En contraste, plataformas más recientes, como la Financiera del Bienestar, han reducido los costos a 3.9 dólares por transacción, demostrando que es posible transferir dinero de forma justa.
Sin embargo, la pregunta persiste: ¿por qué los costos siguen siendo tan altos? La respuesta está en un modelo diseñado para monetizar la precariedad. Estas tarifas no solo gravan económicamente a los migrantes, sino que reflejan una indiferencia hacia su sacrificio: jornadas extendidas, trabajos mal pagados y, ahora, políticas que amenazan con hacerlos aún más costosos.
El mito del impacto unilateral
La discusión sobre las remesas suele girar en torno a cuánto benefician a los países receptores como México. Pero se ignora el impacto positivo que tienen en Estados Unidos. Los migrantes dejan el 82% de sus ingresos en la economía estadounidense, fortaleciendo sectores como el comercio, la vivienda y la agricultura. Este flujo interno es tan importante como el externo, y cualquier intento de gravar las remesas o limitar su envío pone en riesgo este delicado equilibrio.
Los gobiernos, al analizar este tema, tienden a caer en narrativas simplistas: culpar a los migrantes de drenar recursos o a los países receptores de depender excesivamente de este flujo. Pero los datos sugieren lo contrario: las remesas no son un costo; son una inversión económica y social que beneficia a ambas partes.
Redefiniendo la política migratoria
Las políticas públicas actuales fallan al no entender que las remesas son parte de un ecosistema financiero que requiere protección, no obstáculos. En lugar de promover gravámenes que penalicen a los remitentes, es esencial buscar soluciones que fortalezcan su papel como motor de desarrollo. Esto incluye:
Antes del fin
Las remesas no son solo un flujo económico; son un acto de resistencia y solidaridad. En un mundo donde las narrativas restrictivas y políticas regresivas ganan terreno, proteger las remesas es una declaración de principios. No se trata de cuántos dólares cruzan la frontera, sino de la dignidad y el esfuerzo que representan. Más que una cifra, las remesas son el puente que une mundos separados por muros visibles e invisibles. Destruirlo no es solo una mala política; es un error histórico. (Nadine Cortés, El Financiero, Opinión, p. 26)
2.- La inmigración en el mundo rico. Catorce países de altos ingresos han reconocido que la inmigración compensa la caída en sus países de las tasas de fertilidad y puede mantener los niveles de población necesarios para enfrentar las necesidades del proceso productivo. Sin embargo, hay en estos países un sentimiento antiinmigrante alentado por posiciones nativistas y nacionalistas de la extrema derecha. Esto crea un conflicto entre la satisfacción de las necesidades económicas y las posiciones políticas. (Sergio Mota Marín, El Economista, El Foro, p. 47)

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 24)
Marco Turbio

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)