“Geografía es destino”, es una frase que se usa en México para explicar las decisiones en política migratoria fuertemente determinadas por la intensidad asimétrica que tiene nuestro país con Estados Unidos. No hay duda, por tanto, que gran parte de las normas, programas e incluso las estrategias que los distintos gobiernos mexicanos han asumido frente al flujo migratorio que cruza el país se han decidido a partir de negociaciones bilaterales, pero sobre todo de acciones que la propia autoridad mexicana implementa. Esta dinámica ha generado un tipo de “pragmatismo a la mexicana” en todos y cada uno de los diferentes gobiernos nacionales más allá del sello ideológico del grupo en el poder. No obstante, aun cuando la política migratoria ha sido siempre una negociación compleja y ríspida con Washington, también ha resultado una vía para mantener márgenes de negociación con los diferentes gobiernos estadunidenses.
En el caso del actual gobierno mexicano bajo el liderazgo de López Obrador y la ejecución del canciller Ebrard no ha sido diferente. Así, pese a la promesa inicial de este sexenio de tener una política de brazos abiertos, muy pronto la realidad se impuso y se tuvo que pasar a la estrategia de contención de la migración internacional que, como en ningún otro momento de nuestra historia, ha alcanzado números récord tanto en personas en tránsito migratorio a través del país, lo mismo que personas esperando en distintas ciudades fronterizas para poder cruzar al que consideran su sueño americano. Aunado a esto y como no había ocurrido antes, el número de solicitantes de refugio en México se multiplicó y hoy rebasan ya las cien mil personas quienes esperan regularizar su situación para radicar en México de manera permanente. A este número se sumarán muy pronto los nacionales hondureños, haitianos, nicaragüenses y cubanos que el gobierno estadunidense no acepte recibir y envíe a territorio mexicano, lo cual quedó establecido en el contexto del más reciente acuerdo que ambos países firmaron.
A pesar de la realidad de este escenario migratorio, es importante reconocer que en el actual que incluyó a Trump y sus negociadores, el que México haya logrado mantener la soberanía sobre la dinámica migratoria, entre otras cosas porque nuestros representantes diplomáticos resistieron para evitar que México aceptara firmar la categoría jurídica de Tercer País Seguro, es un punto favorable. De haber cedido a las presiones México no podría poner ya ningún tipo de condición para ser el territorio al que se remitirían todos los extranjeros que Estados Unidos enviaría sin limitación alguna. El hecho de no haber firmado para ser Tercer País Seguro como Turquía lo es para Europa, es sin duda un logro de negociación bilateral que le permite al país mantener la decisión soberana sobre la recepción de personas migrantes al país y, sobre todo, no heredar un compromiso legal de esta magnitud a futuros gobiernos.
Así pues, entendiendo que el gobierno mexicano se mueve en un campo donde la geopolítica es una realidad y no la elude. Aceptando la complejidad de la asimetría, los costos de cada estrategia y los impactos de cada decisión que desde Washington de inmediato tienen una respuesta, lo que no se entiende es por qué el gobierno mexicano ha desplegado políticas y decisiones en el terreno migratorio interno que van más allá de esta estrategia frente a Estados Unidos, y por el contrario, lastiman su relación con gobiernos amigos a los que les ha impuesto visa a sus nacionales, como es el caso de Brasil, cuando dicha nacionalidad es insignificante estadísticamente hablando respecto al gran flujo de quienes caminan nuestro territorio rumbo a Estados Unidos. En realidad los brasileños constituyen un grupo migratorio de gran dinamismo comercial, turístico y afectivo entre ambas naciones que, además, se espera retome vínculos más estrechos con el regreso del presidente Lula al poder. Esta actitud hostil de parte del gobierno mexicano se da también hacia otros nacionales de países latinoamericanos con visa o aun cubriendo requisitos extremos para ingresar a México (Cuba y Colombia son otros ejemplos), a lo que se suman los malos tratos que dicho turismo latinoamericano recibe del personal encargado de lo migratorio en el aeropuerto de Ciudad de México. Se contabilizan ya en miles los casos de personas retenidas de manera arbitraria que son aisladas, desinformadas y sin derecho a contactarse con sus consulados y familiares. Esta política basada en la presunción de que los latinoamericanos como un todo, son presuntamente candidatos a la fila de quienes buscan llegar a Estados Unidos es absurda y reproduce prejuicios con los que hemos cargado los mismos mexicanos durante décadas.
De esta manera, asumiendo el pragmatismo político-diplomático ante la realidad que impone nuestra cercanía con Estados Unidos y reconociendo que el país tiene una política migratoria de contención agresiva, resulta absolutamente inadmisible que la política migratoria interna se aleje de nuestros principios latinoamericanistas y sobre todo, del humanismo que debería acompañar a la recepción de quienes viajan a nuestro país por motivos de turismo, comerciales, académicos o empresariales y acaban, incluso, siendo deportados. (Leticia Calderón Chelius, Milenio, Política, p. 10)
Es de lo más normal en política que un equipo de gobierno tenga bajas. El de Andrés Manuel López Obrador no es la excepción.
El Presidente ha perdido colaboradores que se iniciaron con él en 2018, como Germán Martínez (IMSS), Carlos Urzúa (Hacienda), Javier Jiménez Espriú (Comunicaciones), Irma Eréndira Sandoval (Función Pública), Alfonso Romo (Oficina de la Presidencia), Olga Sánchez Cordero (Gobernación) y Julio Scherer Ibarra (Consejería Jurídica). Asimismo, otros que se habían sumado en el camino, como Víctor Manuel Toledo (Semarnat), Arturo Herrera (Hacienda), Jaime Cárdenas (INDEP) y Tatiana Clouthier (Economía).
Todos han partido de su lado para no volver –es decir, sin recibir un nombramiento para otro cargo–, aunque unos pocos, como Romo, han mantenido la cercanía con su antiguo jefe.
Luego, se remontó al tiempo en que ambos se conocieron, cuando él era líder nacional del PRD, a mediados de los años 90. Entonces estaban las negociaciones para consejeros del IFE (hoy INE). López Obrador contó que Emilio Chuayffet, quien era secretario de Gobernación, le sugirió desconfiar de Jaime Cárdenas porque, le dijo, no era de izquierda, sino alguien cercano al dirigente priista Fernando Ortiz Arana. A pesar de ello, confió en él “y se quedó de consejero”. Desde entonces, todo había ido bien entre los dos, remató, hasta que “hizo su escándalo”.
Pero lo de Jaime Cárdenas se quedó corto frente a lo que dijo esta semana de Martha Bárcena, embajadora eminente del Servicio Exterior y representante de México en Washington entre diciembre de 2018 y febrero de 2021.
Luego de que ésta acusó al canciller Marcelo Ebrard de haber suscrito un acuerdo migratorio vergonzante con el gobierno del presidente Donald Trump –el programa conocido como Quédate en México–, el presidente López Obrador se pronunció sobre el tema en la mañanera del martes.
“No tiene ningún fundamento”, dijo, en referencia a las expresiones de Bárcena. “Es el derecho de manifestarse, la libertad de expresarse, pero no es más que una conjetura”. Y, luego, de plano, afirmó que la embajadora, que él eligió para que lo representara ante la Casa Blanca, se había pasado al “bloque conservador”, es decir, al grupo de sus adversarios, en el que, por cierto, incluyó recientemente lo mismo al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas que al abogado de Genaro García Luna.
“Yo creo que (Bárcena) está en ese bloque, con nosotros no”, manifestó el Presidente.
Pese a que había llegado a expresar molestia respecto de críticas de excolaboradores suyos, el mandatario nunca había dicho que, por ese solo hecho, alguien que trabajó en este gobierno estuviera, para él, en el bando político contario.
El universo de adversarios señalados por el Presidente está en franca expansión. Ahora los hay que provienen de su propio círculo de confianza. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nación, p. 2)
Sociedad civil actúa ante migración
Ante la problemática que genera en la frontera norte el fenómeno migratorio que no es atendido por las autoridades, la sociedad civil organizada ha empezado a tomar acciones al respecto. Por ejemplo, nos cuentan que en el municipio de Reynosa, Tamaulipas, se ha disparado el índice de enfermedades de transmisión sexual y de embarazos adolescentes; de ahí que la asociación denominada “Nuevos Líderes” haya iniciado actividades que incluyen distribuir preservativos, tratamientos anticonceptivos y ginecológicos, así como convivencias con los asentamientos de migrantes que ocupan cada vez más espacios en las plazas del centro de la ciudad, habría qué decir al Gobierno: a ver a qué hora… ¿Será? (¿Será?, 24 Horas, p. 2)
Todo empezó cuando Marcelo Ebrard trató de privatizar la diplomacia.
Antes de asumir el cargo de secretario de Relaciones Exteriores, Ebrard nombró a su amigo Javier López Casarín enlace con el gobierno de Trump, en los meses previos al comienzo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.
Ebrard también instruyó al hoy diputado del Partido Verde a abrir una oficina en Washington, paralela a la embajada de México, antes de que mi esposa, la embajadora Martha Bárcena, asumiera sus funciones en la capital estadunidense.
Sin embargo, la embajadora frustró la apertura de la oficina privada de Ebrard al inconformarse con el primer mandatario, quien le dio instrucciones al secretario de no abrirla. Así ocurrió con el disgusto del canciller.
Así fue el inicio de las hostilidades clandestinas de Ebrard contra la representación indivisible del Estado mexicano.
A Ebrard no le agradó que una experimentada embajadora, nombrada por el Presidente y con derecho de picaporte en Palacio Nacional, fuera la representante ante la Casa Blanca, pues quería nombrar a alguien dócil de su equipo.
La diplomática de carrera, formada en la disciplina y el apego a las instituciones, siempre mantuvo informado tanto al Presidente como al secretario de las gestiones diplomáticas realizadas por la embajada a su cargo.
Contrario a lo que algunos en la prensa opinan sin saber, Bárcena no salió de Washington por decisión de Ebrard. Se trató de un acuerdo convenido exclusivamente entre el Presidente y la embajadora.
Pero el escándalo estalló cuando Mike Pompeo confirmó la complicidad con Ebrard en el libro Never give an inch (Nunca ceder en nada) con el objetivo de marginar a la embajadora de las negociaciones del acuerdo migratorio Quédate en México, sobre el cual el hoy secretario trató de ocultar y engañar como si hubiera sido una decisión unilateral de Estados Unidos y no un arreglo pactado entre los dos.
La embajadora no hizo más que confirmar lo escrito por Pompeo, quien expuso a Ebrard como un mal negociador para los intereses de México, pero favorables a los de Estados Unidos, pues si bien se evitaron males, no hubo ningún beneficio para el país y sí militarizamos las fronteras como quería Trump.
El Presidente defendió a Ebrard para no afectar el carnaval sucesorio antes de tiempo, pero sacrificó en el altar de la mañanera a una persona honorable, quien le sirvió con lealtad y eficacia. Así es la política…
Ante el ataque artero y manipulador de Ebrard, cobijado desde el atril presidencial, la embajadora se defendió con gallardía desde su hogar, con mesura, inteligencia y respeto al Presidente, a pesar de todo. La mayoría de las reacciones han sido favorables a la embajadora pues dijo la verdad y negativas al precandidato, a quien le va a costar este atropello.
Alejandro Celorio, consultor jurídico de la SRE, fue enviado por su jefe a declarar que la embajadora podría ser sometida a una sanción legal por violar el sigilo diplomático. Así es como Ebrard usa la ley del Servicio Exterior Mexicano: para amedrentar y encubrir sus mentiras.
La verdad es revolucionaria: mueve las conciencias libres, impulsa a quienes son fieles a sí mismos. La mentira es reaccionaria: somete a los lacayos, postra a los cobardes ante el poder absolutista. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Política, p.8)
El libro recientemente publicado por el exsecretario de Estado de los Estados Unidos Mike Pompeo, exhibe sin sombras o tersuras diplomáticas, el acuerdo secreto construido con el gobierno de México.
La intención de Trump era detener la inmigración ilegal a Estados Unidos y para lograrlo, ejercería toda la presión necesaria para doblegar al gobierno mexicano.
Amenazaron con el muro –que parcialmente se construyó– y luego, más grave y delicado, la imposición de aranceles a productos mexicanos como una medida de “castigo” por las crecientes olas migratorias que pasaban por México y se internaban a Estados Unidos.
Más aún, había evidencias claras de que el nuevo gobierno encabezado por López Obrador, asusaba a los centroamericanos para cruzar México rumbo a la Unión Americana.
Existen declaraciones y datos precisos de la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien formuló invitaciones abiertas “a nuestros hermanos centroamericanos”, trato justo y humanitario, comida, agua, transporte y refugio para varias caravanas que fueron ofrecidos y proporcionados desde México.
Un auténtico despropósito producto de la ignorancia, la inexperiencia y la torpeza diplomática.
Trump apretó las tuercas y tensó la relación: o los detienen y se los quedan mientras Estados Unidos resuelve permisos, visas, asilo y demás aplicaciones migratorias, o cobraremos aranceles a productos mexicanos.
La amenaza estaba echada, la presión ejercida y el chantaje evidente.
Mike Pompeo narra en su libro el pasaje en que se lo comunicó al canciller mexicano, el azoro de este y la petición expresa de no hacer público el acuerdo.
¿En qué consistía? En aceptar –sin condiciones a cambio– la permanencia de miles de migrantes en suelo mexicano en espera de su trámite migratorio.
En los hechos, un Tercer Estado Seguro, esa tipificación migratoria estadounidense, que define a otro país –no necesariamente el expulsor de la corriente migratoria, ni tampoco al receptor, es decir, Estados Unidos– para que resguarde, asile y ofrezca cobijo a los migrantes, mientras la burocracia americana decide sobre cada ser humano que pretende cruzar su frontera y permanecer en suelo estadounidense.
Marcelo Ebrard regresó a México feliz y encantado asegurando que se había evitado una crisis, no habían aceptado los aranceles y que tampoco teníamos la condición de Tercer Estado Seguro.
Mentira escandalosa. Ahora sabemos por Pompeo, que México aceptó resguardar a los migrantes, pero con la petición de no hacerlo público.
Es decir, ocultarlo a la ciudadanía mexicana, al Senado y a la propia embajadora en Washington.
En estos días de agrestes intercambios entre la embajadora eminente Martha Bárcena y el canciller Marcelo Ebrard, ha quedado más que evidente la gigantesca mentira que el gobierno de López Obrador construyó y autorizó en la persona de su secretario de exteriores, para engañar a los mexicanos.
Sí, hubo acuerdo, fue en lo oscurito y a espaldas de Martha Bárcena, quien, el propio Pompeo señala, se negaba al tema. Después fue marginada de la negociación.
Marcelo Ebrard y el presidente López Obrador se doblaron literalmente frente ante Donald Trump, aunque en casa cantaron desvergonzadamente la defensa de la soberanía.
Sostuvieron un acuerdo –vigente aún– con un gobierno extranjero a espaldas de los mexicanos y sin el conocimiento ni aprobación del Senado de la República, violando de paso, una disposición constitucional.
¿No se llama a eso traición? ¿No se encuentra incluso tipificada en la propia Constitución?
Ebrard llamó a Martha Bárcena “traidora”, “rencorosa” para usar el lenguaje del presidente. Pero más aún, reconoció que le informó, acordó y –se deduce– obtuvo la autorización del presidente para aceptar las condiciones.
Al canciller y al presidente los cubre el enorme oprobio y la desvergüenza de haber mentido, engañado, timado y escondido a los ojos de la nación, un acuerdo con Estados Unidos para “resolver” el tema migratorio y servir a los intereses domésticos de Trump y de los republicanos.
En llano mexicano, se pusieron de tapete, se bajaron los chones para que Pompeo y Trump presumieran de la fuerza que ejercieron frente a nuestras autoridades.
Este presidente que se autodefine como el más patriota y nacionalista en los últimos 100 años –desde Madero, y de paso atropella a Cárdenas por la ambición del altar de la historia– resultó ser un vendepatrias. Un sumiso, agachado, servidor del imperio.
Tal vez por ello, y para rehabilitarse frente a sí mismo y frente a la historia, observamos ahora tantos desplantes frente a Biden y a Washington.
Ahí tiene usted los desencuentros en materia energética, ahora el nuevo y nuclear choque en materia del maíz transgénico –que desembocará sin duda en un panel de controversia comercial– y la absurda, nostálgica e inútil cercanía y condecoración a Cuba en días recientes.
No hay una política exterior mexicana que fortalezca y beneficie a México en el mundo. Estamos gobernados por mentirosos y traidores. (Leonardo Kourchenko, El Financiero, Opinión, p. 26)
El presidente Andrés Manuel López Obrador está leyendo pésimamente el juicio contra Genaro García Luna en Brooklyn, y metiéndose él mismo en un hoyo del que en el futuro, quizá, no logre salir avante. Ayer, en la mañanera, como no le gustó que el abogado del exsecretario de Seguridad Pública le preguntara a Jesús Reynaldo el Rey Zambada, que fue quien acusó a García Luna de trabajar para el Cártel de Sinaloa, si le había dado 7 millones de dólares en 2005 para una campaña contra el presidente Vicente Fox, lo insultó y elogió la actitud del narcotraficante. “Este abogado falsario, calumniador, chueco –dijo innecesariamente–… resultó más derecho Zambada”.
El testimonio de Milgram en el Senado, en el contexto del juicio de García Luna, hay que revisarlo con extremo cuidado y planear una estrategia de control de daños. Con la imagen de narco-Estado proyectada en Brooklyn, Milgram quiere mayor compromiso de López Obrador para enfrentar a los cárteles de la droga y extradiciones, que está exigiendo Washington en los casos de Ovidio Guzmán, el hijo del Chapo Guzmán, y Rafael Caro Quintero, a quien acusan del asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena, en 1985. El gobierno mexicano se ha mostrado reacio a extraditarlos, escudándose en el Poder Judicial.
El Presidente no está viendo este escenario, pero debe hacerlo. Lo que ha hecho con el Cártel de Sinaloa y la familia del Chapo Guzmán, la forma como viaja a las zonas controladas por el Cártel del Pacífico/Sinaloa sin problema alguno, no existió en el pasado de García Luna y, aun así, podría ser condenado por los dichos de criminales sin pruebas que los respalden. García Luna tuvo la confianza de todas las agencias estadounidenses durante tres décadas. López Obrador, en cambio, tiene fricciones con Washington. Hoy, la Casa Blanca lo necesita para administrar y contener la migración; después de octubre de 2024, ya no. Será un ex, como Hernández y García Luna. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)
Cuba que pasó por el período especial con enorme penuria económica ante el fin de la URSS, que sigue bajo la égida azucarera y que si bien se anotó un sistema de salud pública preventivo además del éxito de sus deportistas, vive una transición que sólo a los cubanos les toca definir. La presión del viejo régimen es la de una dictadura sin partidos, sin libertad de prensa, asociación y de una excepcionalidad que sólo la cúpula del régimen protege con el desprecio a los Derechos Humanos. Alguien dijo que a la revolución cubana sólo le faltaron tres cosas: el desayuno, la comida y la cena. Hoy, hasta otrora revolucionarios buscan salir de la isla.
El mandatario mexicano le impuso un inmerecido laurel al régimen que junto con el venezolano y nicaragüense tienen el peor retroceso democrático. Hubo odas mutuas, pero el sentido estratégico de la relación entre México y Cuba navegó desnudo. Cuba comparte el Golfo de México y parte de las riquezas del subsuelo marino. El eje CDMX-Washington pasa por Cuba por el sentido estratégico de la vecindad y su gobernanza. Eso lo supo encauzar Obama quien reaperturó la embajada estadounidense en la isla en 2015. Para el lopezobradorismo la llegada de médicos cubanos en desidia a los mexicanos además de la compra de balastro para el tren maya, ilustra el tamaño de su visión.
Cuba se suma a la lista con Venezuela, Honduras, Nicaragua y Haití, que hizo Washington para el lamentable programa de permanecer en México mientras su autoridad migratoria decide si entran a la Unión Americana. AMLO rechazó cualquier dinero del vecino del Norte para ello y ahora afrontará las consecuencias además de la presión social. Un desbordamiento cubano es una alarma para México, ¿Qué escenarios tiene el gobierno mexicano sí escala la crisis? (Juan-Pablo Calderón Patiño, El Economista Geopolítica, p.42)
Desde 2019, los pobladores han denunciado constantes balaceras en la zona que colinda entre los municipios de Aldama y Chenalhó, muchos de los grupos criminales trafican droga, migrantes y armas. Han desplazado comunidades indígenas para quedarse con las tierras y usarlas para su beneficio, sin importar que los habitantes terminen perdiendo su único patrimonio.
La entidad tiene al menos seis rutas para el tráfico de droga y es un estado disputado, principalmente, por los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, debido a que tienen el mayor contacto con cárteles de Sudamérica para el envío de la droga. En el caso del tráfico de migrantes, Chiapas es una zona controlada por los cárteles de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y del Golfo, uno de los negocios ilegales más redituables.
Ya en otras ocasiones le he dado detalles de cómo se transformó el negocio del tráfico de migrantes que, de ser algo local, con contactos en la frontera norte, se convirtió en un negocio global.
Por desgracia, ya no se trata sólo de hacer cruzar la frontera y trasladar migrantes hacia la frontera con Estados Unidos, sino que ahora son usados y traídos desde diferentes países, con la finalidad de que sirvan en el tráfico de droga, armas y dinero.
Mientras que a las mujeres migrantes las explotan de forma sexual, incluso esos abusos se han convertido en una norma, lo mismo ocurre con el secuestro con un doble propósito: por una parte, cobrar rescate a sus familiares en Estados Unidos o en su país de origen, y, por la otra, hacerse de sicarios, de mano de obra barata y sin identificar.
Aquellos que fueron privados de la libertad y no tienen con qué pagar, porque no han podido establecer contacto con sus familiares o amigos, terminan muchas veces, por medio de amenazas y presiones, convertidos en sicarios. No es una especulación, es uno de los principales temas de investigación de las agencias estadounidenses respecto al tráfico de personas en México.
Generalmente los ponen a trabajar de “halcones”, vigilando zonas específicas e informando quién circula por ciertos territorios, mientras otros son adiestrados para utilizar armas. Si no cumplen con esas labores, simplemente no comen, o luego son asesinados. Y es que el trasiego de migrantes, hoy, es negocio del crimen organizado.
Las autoridades estatales y federales deben poner especial atención, porque en el estado de Chiapas podría haber un estallido mucho más grave de lo que se está viviendo ahora. (Bibiana Belsasso, La Razón México p.14)
Y que se arma la de Dios es padre: gritos, sombrerazos, infundios, denuncias, empellones entre la ex embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, y el canciller Marcelo Ebrard.
León Krauze resumió en un párrafo de su colaboración de su periódico El Universal el zafarrancho: “La ex embajadora de México en Estados Unidos Martha Bárcena confirmó lo revelado por Mike Pompeo, quien fuera secretario de Estado en el gobierno de Donald Trump, en el sentido de que el canciller Marcelo Ebrard aceptó el acuerdo que daría paso al polémico programa Quédate en México y le pidió mantenerlo en secreto”.
En entrevista exclusiva para el pódcast de Univision Reporta, Bárcena expuso que hasta que apareció el libro Guerras en la frontera y ahora las memorias de Pompeo fue “donde yo simplemente ratifico que siempre se me engañó y que se me engañó en el sentido de no decirme que esto había sido un acuerdo, una negociación entre Ebrard y Pompeo y Nielsen” [Kirstjen, entonces secretaria del Departamento de Seguridad Nacional].
Engaño, mentira, falsedad, lágrimas, desesperación. Miren: el gobierno consideró que cambió la llamada estrategia humanista del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia migratoria y “hay que ver cuáles eran las ambiciones personales de Ebrard, porque para él, y creo que ahorita la realidad lo demuestra, lo único importante ha sido el ser el candidato a la Presidencia. Y todas las demás decisiones estaban sujetas a esa ambición”.
El coyote
La ex embajadora califica a Ebrard dentro del gabinete presidencial como “el coyote en el gallinero”, por su experiencia a diferencia de la mayoría de los funcionarios. El coyote:
“—Un día antes de que comparezca ante el Senado, Ebrard me dice: ‘Ven a mi oficina para que mañana no te pesquen en curva. Te quiero informar que Kirstjen Nielsen nos acaba de avisar que mañana va a decir que van a poner en práctica una parte de su ley de migración y nos van a empezar a regresar solicitantes de asilo. ¿Y tú qué opinas?’. Le dije: ‘opino que por razones humanitarias tendríamos que recibirlos, porque no tenemos capacidad en México de aguantar estos retornos. Y segundo, esto significa una violación de EU al principio de no devolución, que es la base de la convención sobre el estatuto de los refugiados’. Bueno, y de esto me dice: ‘Yo me tengo que ir a mi oficina’. Y yo voy al día siguiente al Senado y al salir tengo más de 10 llamadas de un alto funcionario de Palacio Nacional preguntándome que qué estaban anunciando los americanos, que si yo tenía idea. Yo dije: ‘No tengo idea de lo que me dijo ayer Ebrard’. Después, en EU, en conversaciones con Kirstjen Nielsen, con otros funcionarios, me decían: ‘Pero es que ya lo acordamos con Ebrard’, y yo seguía, ‘no, pues es que esto es unilateral’, porque eso es lo que me decían de México”, declaró Bárcena.
“Yo creo que había otros servidores en México que también se oponían, porque era una violación al principio de no devolución, era aceptar una situación para la que México no estaba preparado y, por lo tanto, era exponer a esos migrantes a la vulneración de sus derechos. Yo estaba convencida y sigo convencida, que eso violaba la política de derechos humanos de México. Para mí esto fue una traición a los principios que México había mantenido en materia de migración” manifestó Bárcena.
Pleitazo
De que eres mentirosa, de que eres ingrato, pues tú eres la ingrata, querías mi oficina en la cancillería para tus enjuagues. ¿A quién le asiste la razón? A nadie, a todos. En fon. Y el Presidente afirma que Bárcena es conservadora.
Todo es muy raro, caracho, como diría Montesquieu: “A la mayoría de las personas prefiero darles la razón rápidamente antes que escucharlas”. ( Uno hasta el fondo / Zafarrancho en la cuatroté, Gil Gamés, Milenio, Al cierre, p. 31)
El comentario de Biden está alimentando la especulación de que el Gobierno de Estados Unidos podría extenderle un ramo de olivo a Cuba, como parte de un acuerdo con López Obrador en virtud del cual el Presidente mexicano aceptaría más deportados estadounidenses.
El Partido Demócrata de Biden necesita frenar el flujo de migrantes indocumentados para ganar las elecciones de 2024, y solo puede hacerlo con la ayuda de México. Al mismo tiempo, los demócratas parecen haber perdido la esperanza de ganar Florida en los próximos comicios, en parte porque el voto cubano americano se ha desplazado hacia los republicanos.
Ojalá Biden, que a diferencia del ex Presidente Trump ha prometido hacer de la defensa de la democracia un pilar de su política exterior, no le lance un salvavidas al régimen cubano a cambio de nada. Los anteriores gestos unilaterales de Estados Unidos hacia Cuba durante el Gobierno de Obama, que muchos de nosotros apoyamos en ese momento, no fueron correspondidos con ninguna apertura política en la isla.
Biden debería tener cuidado de no premiar la represión de Cuba. Eso es lo que hizo López Obrador, y por lo que el Presidente mexicano pasará a la historia como un cómplice de uno de los dictadores más cavernarios y crueles del mundo. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 14)
El fenómeno migratorio entre nuestro país y Estados Unidos ha sido un tema de debate público por varias décadas. Si bien la opinión comúnmente versa sobre la legitimidad de la migración y las políticas que la acompañan, un tema esencial suele ser olvidado: su relación con el trabajo y la economía de los países involucrados. Esta omisión es grave, pues reduce el horizonte bajo el cual estudiamos y atendemos estos desplazamientos y produce ignorancia sobre las posibilidades positivas que ofrece. Si pensamos que, en Estados Unidos, la masa salarial generada por las y los trabajadores mexicanos es de más de 300 mil millones de dólares, podremos entender la importancia del asunto.
En esa línea, la fuerza laboral mexicana es sumamente relevante y crucial para la economía estadounidense, pues ahí tiene un flanco endeble. A pesar de ello, los peligros y dificultades a las que se enfrentan las personas trabajadoras mexicanas son altos y diversos. En ese marco, y como parte de los acuerdos de la Cumbre de América del Norte, el pasado 17 de enero, el embajador de México en Estados Unidos, Esteban Moctezuma Barragán, y su par estadunidense en México, Ken Salazar, firmaron el memorando de entendimiento sobre movilidad laboral, el cual permitirá ampliar el número de visas laborales para las y los trabajadores mexicanos en el país vecino. Dicho aumento marca la pauta para considerar a la migración no como un problema, sino como un fenómeno que necesita asistencia y que podría posibilitar el crecimiento económico.
Asimismo, el memorando contempla realizar evaluaciones trimestrales para vigilar y reportar violaciones a los derechos laborales como fraude, discriminación o cualquier tipo de abuso. Su eje rector es asegurar una contratación ética de los trabajadores mexicanos con visas H2, ofrecer la protección de sus salarios, condiciones dignas de trabajo y facilitar la disponibilidad de trabajadoras y trabajadores agrícolas temporales mexicanos, conforme a las leyes de ambos países. Esta firma es un avance para reivindicar la labor y garantizar los derechos de las y los trabajadores migrantes; sin embargo, tiene el peligro de quedar como letra muerta.
La instancia correspondiente para llevar a cabo todos estos mecanismos de vigilancia y de garantía de derechos es la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, cuyas estrategias para defender a las personas trabajadoras han mostrado, en ocasiones, ser inefectivas. Considerando que se trata de materia internacional, hoy menos que nunca podemos permitirnos desamparar a ningún trabajador en el extranjero. Por el contrario, frente a la globalización y al intercambio laboral y comercial creciente, precisamos redoblar los esfuerzos en diagnosticar y atender con pertinencia esta área de nuestro mundo laboral.
Es innegable la trascendencia que tienen los instrumentos de protección para las personas trabajadoras migrantes, no sólo en relación con Estados Unidos, sino también con Canadá y otros países. Efectivamente, son vulnerables en múltiples esferas; por ejemplo, de acuerdo con el Sindicato de Trabajadores de Alimentos y Comercio (UFCW, por sus siglas en inglés) los trabajadores agrícolas migrantes se encuentran entre los más desprotegidos y maltratados en Canadá.
Si bien existen dos programas de movilidad laboral transfronteriza, los abusos persisten. Entre las áreas de susceptibilidad que encuentro están la barrera lingüística, pues la diferencia de idioma abre la puerta a diversos engaños; la ausencia de representación sindical que permite el robo de salarios; el aislamiento social producido por abandonar el país de origen y a sus familias; fraudes en las contrataciones; trata de personas con fines laborales, entre otras más. ¿Cómo podemos subsanar estas vulnerabilidades?
Aquí resulta esencial el trabajo legislativo que busque garantizar condiciones básicas de contratación para las personas mexicanas en los países del norte. Los elementos fundamentales que tendríamos que considerar incluyen el alojamiento adecuado, alimentación y transporte; trato igualitario entre trabajadores mexicanos, estadunidenses y canadienses; contratos claros y específicos, que marquen el salario, la duración del empleo y una jornada laboral razonable, que no exceda las 40 horas, tenga por lo menos un día de descanso y el pago justo por las horas extra.
Por otro lado, es imperativo que en una legislación de esta escala se obligue el cumplimiento de las cuotas de seguridad social de la persona trabajadora, así como una minuciosa observación de los principios de equidad y paridad de género. Como podemos observar, uno de los caminos a seguir para asegurar condiciones de trabajo dignas y seguras para las personas migrantes es una legislación integral, pues no sólo hay que atender el aspecto económico, es importante destacar que los derechos laborales son derechos humanos, así que su cumplimiento es ineludible y a cabalidad.
Será inútil que la migración beneficie económicamente a las naciones involucradas si es en detrimento de los derechos laborales, la dignidad y la calidad de vida. Sólo así podremos afirmar que tenemos, a nivel internacional, una cultura laboral que verdaderamente reivindica el esfuerzo, dedicación y productividad de la clase trabajadora mexicana. Tenemos mucho que hacer en esta área, pero las recientes reuniones y acuerdos abren posibilidades para brindar más trabajos, con mejores condiciones y mayor prosperidad compartida. (Napoleón Gómez Urrutia, La Jornada, Política, p. 14)
Las acciones desabridas de Biden para los migrantes
La historia de los Estados Unidos está arraigada, por su propia naturaleza, a la migración. Pero si nos enfocamos a los últimos tiempos, podemos ver que los presidentes más recientes, como Barack Obama y Donald Trump, han tenido distintas reacciones para enfrentar los estragos provocados en su país por la migración indocumentada.
No obstante, y para muchos líderes migrantes, los resultados han sido poco alentadores para pensar en mejorar su condición legal. Obama, por ejemplo, tuvo una gran conexión con los latinos, sin embargo, terminó siendo el mayor expulsor de migrantes en la historia de Estados Unidos. Y de Trump qué podemos decir: gestó su triunfo en las elecciones presidenciales, gracias a su narrativa antiinmigrante.
Si nos enfocamos en la actualidad, el gobierno de Joe Biden se ha visto titubeante en sus políticas migratorias. Varios estados, por ejemplo, lo han desafiado (no olvidemos que el gobernador de Texas, Greg Abbott, envió camiones con migrantes indocumentados a ciudades gobernadas por demócratas, como New York). Algunos analistas creen que las acciones de Biden no son del todo contundentes y sólo maquillan la magnitud del problema migratorio, como la inversión que anunció su gobierno de más de 950 millones de dólares para tratar de disminuir la migración proveniente de Guatemala, Honduras y El Salvador.
Si bien estos recursos serán destinados para la creación de empleos, financiar a pequeñas empresas y mejorar la educación no son suficientes para contener la movilización masiva de personas que asfixia día a día la frontera entre Estados Unidos y México.
Otra de las acciones de Biden fue informar a la Corte Suprema que, posiblemente, la pandemia de Covid-19 expire en mayo, con lo cual se concluiría la restricción fronteriza conocida como Título 42, impulsada por Donald Trump. Aunque pareciera que se trata de una buena noticia para los migrantes, “esto es sólo un parche para un sistema migratorio que no funciona”, comentó Oscar Leeser, alcalde de El Paso, Texas, una de las ciudades fronterizas que se han visto rebasadas por los miles de migrantes que requieren techo, comida y servicios de salud. (Organizaciones de derechos humanos estiman que, tan sólo en El Paso, se dan hasta dos mil quinientos cruces de personas al día).
Si bien con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca se avanzó en la narrativa, al ya no considerar “delincuentes”, “violadores” y “criminales” a los migrantes, no ha sido suficiente. Por si fuera poco, las iniciativas de reformas migratorias que se discutían en el Congreso de los Estados Unidos, y que ayudarían a millones de “dreamers” y trabajadores agrícolas, quedaron fuera del presupuesto para este 2023. Es decir: no se destinaron recursos para seguir peleando por la causa de los migrantes.
Mientras las acciones de Joe Biden no terminan de trascender en la vida de los millones de indocumentados que viven en su país, los migrantes siguen apuntalando la economía de Estados Unidos con su trabajo. (El 55% de las empresas con un valor de mil millones de dólares o más, tienen al menos a un fundador migrante.) Y ni qué decir de la comida mexicana, que la comercializan nuestros migrantes en cualquier lugar que se encuentren y que ha servido de influencia para ponerle sabor a su evento deportivo más preciado, con un sombrero de nachos, en lugar de un casco de fútbol americano y un delicioso guacamole digno del Super Bowl. (Juan Hernández, El Sol de México, Análisis, online.)