Opinión Migración 160324

‘Ningún ser humano es ilegal’

Lo verdaderamente importante no es que el presidente de Estados Unidos se refiera a un inmigrante indocumentado como “ilegal”. Lo preocupante es que ese tipo de comentarios normalice el lenguaje, las actitudes y las políticas de los grupos más antiinmigrantes del país.

Es cierto que Biden envió al Congreso, en su primer día como Presidente, una propuesta para legalizar a millones, mexicanos en su mayoría. Pero cuando el principal propulsor de una reforma migratoria usa las palabras de sus enemigos, significa que las cosas andan mal.

Biden usó la palabra “ilegal” durante su reciente discurso sobre el Estado de la Unión cuando se refirió al inmigrante venezolano que supuestamente asesinó a la estudiante de Georgia, Laken Riley. Al día siguiente dijo que el migrante “técnicamente no debería estar aquí”. Y luego, en una entrevista con NBC, dijo, sin disculparse: “No debí haber usado (la palabra) ‘ilegal’; es indocumentado”.

Se agradece la corrección. Son importantes las palabras que escoge el Presidente. Pero hay algo más de fondo. Si Biden usa la palabra “ilegal” y habla sobre la posibilidad de “cerrar la frontera” con México, entonces algo esencial ha cambiado.

El debate migratorio parece perdido frente a la insistencia de los grupos más conservadores de Estados Unidos de reforzar y, si se puede, cerrar la frontera con México. Nada se habla de legalizar a 10 millones de indocumentados ni de darles la ciudadanía a los dreamers. El presidente Biden y el Partido Demócrata han cedido todo el terreno ganado durante décadas y ahora apoyan una propuesta de ley que pondría más agentes, más recursos y más jueces en la frontera. Entiendo que algo se tiene que hacer luego de que 300 mil indocumentados cruzaran la frontera en diciembre. Pero esa no es la promesa que nos habían hecho.

Atrás quedaron las marchas multitudinarias, las protestas y la presión a los legisladores para que aprobaran una reforma migratoria. Hoy la discusión está en torno a las mentiras que Donald Trump dice sobre los inmigrantes. Y son muchas.

“Voy a detener las matanzas”, dijo Trump hace poco al hablar sobre los recién llegados. “Voy a detener el derramamiento de sangre. Voy a poner fin a la agonía de nuestra gente, al saqueo de nuestras ciudades, al robo de nuestros pueblos, a la violación de nuestros ciudadanos y a la conquista de nuestro país. Esta gente está conquistando nuestra nación”.

La realidad es otra. No hay ninguna “invasión”, como dice Trump. Ni México quiere invadir a Estados Unidos. Ni la mayoría de los inmigrantes son delincuentes. Un estudio de la Universidad de Stanford concluyó que los inmigrantes tienen un 60 por ciento menos probabilidades de ser encarcelados que los nacidos en Estados Unidos. Y otras investigaciones aseguran que los inmigrantes cometen menos delitos que los ciudadanos estadounidenses.

A pesar de lo anterior, Trump sigue diciendo que “algunos de esta gente son monstruos”. Ese es el lenguaje -ofensivo, falso, descalificador- que está permeando en la campaña por la Presidencia en Estados Unidos y que es preciso no repetir. Por eso la presión de varias organizaciones para que Biden no vuelva a usar la palabra “ilegal” al referirse a los indocumentados.

La frase de que “ningún ser humano es ilegal” es atribuida al sobreviviente del holocausto y Premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel. “Eso es una contradicción”, explicó. “Los seres humanos pueden ser bellos o más bellos, pueden ser gordos o flacos, pueden estar bien o mal. ¿Pero ilegales? ¿Cómo puede un ser humano ser ilegal?”.

El término “ilegal” deshumaniza a los inmigrantes y promueve su maltrato. Y nos hace olvidar lo esenciales que son para la economía y la cultura de Estados Unidos, además de enviar millones de dólares en remesas a México. Durante la pandemia muchos mexicanos sin papeles realizaron los trabajos más arriesgados en Estados Unidos. No podemos ahora darles la espalda.

Entiendo perfectamente que la situación en la frontera es insostenible y que es necesario encontrar una solución práctica. Pero nada se logra deshumanizando e insultando a quienes vienen huyendo de los países más violentos y peligrosos del hemisferio.

Y todo comienza utilizando las palabras correctas. El lenguaje siempre es el inicio del cambio. (Jorge Ramos Ávalos, Reforma, Opinión, p. 8)

Los de abajo  /  Agravio contra familiares de desaparecidos

Por órdenes presidenciales, la madrugada de este viernes miembros del Ejército federal arrancaron los cuatro memoriales que familiares de desaparecidos colocaron en una jardinera a un costado del Palacio Nacional. La acción castrense fue considerada por las familias un agravio que se suma a su principal dolor: el no conocer el paradero de sus hijos.

Los memoriales, al igual que los antimonumentos distribuidos en distintos puntos de la Ciudad de México y en otras entidades, no son el problema, como tampoco lo es la intervención del espacio público. El asunto de fondo es que hay más de 100 mil desaparecidos reconocidos oficialmente en México, la inoperancia de los mecanismos de búsqueda y una impunidad absoluta.

La falta de legitimidad para, literalmente, intentar arrancar la memoria, quedó al desnudo al hacer uso de las fuerzas armadas para quitar los memoriales y resguardar con militares la pequeña jardinera en la que fueron colocados. ¿Pensarán que quitándolos sus familiares dejarán de reclamar su presentación? ¿Dejarán de buscarlos? ¿Dejarán de exigir que el Estado haga lo que le corresponde hasta encontrarlos? Y, del mismo modo, deberán responder: ¿por qué los quitan?, ¿los interpelan?, ¿dañan su imagen?, ¿no lucen bien en época electoral?

Apenas el miércoles de esta semana se colocó el memorial correspondiente al migrante hondureño Marco Antonio Amador Martínez, desaparecido en Tamaulipas hace 11 años. Los otros tres pertenecen a Óscar López Enamorado, migrante hondureño desaparecido desde el 19 de enero de 2010 en Jalisco; Antonio Verástegui y su hijo Antonio de Jesús, desaparecidos el 24 de enero de 2009 en Coahuila; y el de Alfonso Moreno Baca, desaparecido el 27 de enero de 2011 en Monterrey.

Las familias y organizaciones exigieron a las autoridades que les devuelvan los memoriales en su estado íntegro, que brinden las condiciones para su reinstalación en el espacio público y que el Estado brinde una disculpa por haberlos retirado, además de que se comprometa a respetar éste y futuros memoriales.

Desaparecer la memoria de los desaparecidos parece ser la consigna. Si el Estado no quiere su reinstalación, es muy sencillo: que los encuentre. Desinformemonos.org  (Gloria Muñoz Ramírez, La Jornada, Política, 6)

Orbitando / Haití, bajo la ley de la parrilla

El expolicía Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue (parrillada), es el líder de la principal banda que azota a Haití. Este siniestro personaje tiene un perfil depredador comparable al del fallecido Idi Amin Dada Oumee, “el carnicero de Uganda”, quien presumía comer carne humana y tenía a su país hundido en la pobreza.

Estos dos personajes tienen en común su manera sanguinaria de actuar, sin filtros, sin temor a nada, sin considerar el daño que puedan causar en sus entornos; ellos buscan una meta y van por ella a costa de lo que sea. Tienen a su favor el miedo que generan, las ejecuciones y el terror.

Barbecue es el líder de la pandilla G-9 y Familia (coalición de 9 bandas), que tiene el control de hasta 80% de Puerto Príncipe y es responsable de secuestros de extranjeros, asesinatos, canibalismo, la liberación de unos 3,700 presos y de pedir la renuncia del primer ministro, Ariel Henry, que por cierto, ya consiguió.

La carrera criminal de Chérizier comenzó en 2017 cuando era policía y se vio involucrado en la muerte de decenas de civiles; de hecho, se dice que durante los inicios de su carrera delictiva 50% de sus operaciones fueron financiadas por el presidente Jovenel Moïse, y crearon una especie de grupo paramilitar.

Sin duda, uno de los momentos más graves de Haití fue el magnicidio de Moïse, el 7 de julio de 2021, lo que precipitó una crisis institucional en el país antillano, previamente azotado por varios terremotos, huracanes y un rebrote de cólera.

Tras el magnicidio, Chérizier pasó a tener un papel más protagónico al promover una revolución contra la “corrupta” élite política del país. Una de sus herramientas favoritas de su movimiento son las redes sociales, no solo para expandir su mensaje sino también para captar seguidores para su organización armada.

El origen del apodo de este sanguinario personaje se debe, según él, a que su madre vendía pollo asado en la calle, pero entre pandilleros se dice que el mote es porque le gusta quemar las casas y cuerpos de sus enemigos. Para Barbecue no es relevante que su país esté al borde del precipicio, porque él decide los destinos de Haití.

Mientras, la comunidad internacional lanza mensajes de ayuda y advertencia o se reúne para ver qué medidas puede tomar para frenar la violencia en Haití, Barbecue tiene en una parrilla de violencia ardiendo a su país que se consume todos los días.

Nacido en la capital haitiana hace unos 47 años, ni las sanciones que Estados Unidos ha impuesto contra él ni ninguna autoridad de su país han logrado controlar su accionar, aunque ya le brincó un gallo, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se compromete a frenar a las pandillas de Haití como lo hizo en su país. ¿Podrá?

Hoy los flujos migratorios de haitianos hacia México y Estados Unidos siguen en aumento, en un contexto electoral para ambos países, porque miles de ellos tratan de huir de la anarquía que fomenta Barbecue, él está ahí desafiante, pero la nación antillana no es prioridad. No lo olvide.  (Israel López Gutiérrez,  El Heraldo de México, Opinión, p. 11)

Política zoom   /  Anna Seghers y la enfermedad de marcharse

En julio de 1943 Anna Seghers fue atropellada por un automóvil en la avenida Reforma. Salvó la vida de milagro. Estuvo en coma durante varios días y despertó atrapada por la niebla de la amnesia.

Su recuperación fue lenta. Se refugió en Cuernavaca, donde, gracias a su literatura, volvió a ser ella misma.

Hay versiones distintas sobre lo ocurrido. Aunque domina la hipótesis de un accidente, cabe también especular que quisieron asesinarla. Ella fue fundadora del Club Antifascista Mexicano y también del movimiento Alemania Libre.

Poco se sabe de la presencia nazi en la Ciudad de México durante la Segunda Guerra y, sin embargo, hay pruebas de que, al menos trescientas personas vinculadas al Tercer Reich se infiltraron para influir en la política nacional de aquellos años.

También existe evidencia de que, por su militancia comunista, Seghers fue espiada por el FBI mientras estuvo viviendo en México. Su correspondencia habría sido violada, transcrita y enviada a la capital estadunidense donde hoy es posible constatar el espionaje sobre su persona.

A pesar de la formidable biografía de esta escritora alemana, nacida en 1900 y nacionalizada mexicana hacia finales de la década de los cuarenta del siglo pasado, jamás había escuchado hablar de ella. Hace tres semanas crucé una conversación con Netty Radvanyi, la bisnieta de Anna Seghers. Fue ella quien me curó de esta ignorancia. Junto con Micaela Gramajo ha montado una obra de teatro inspirada en la novela La excursión de las niñas muertas que Seghers redactó durante la convalecencia posterior al accidente de tránsito que casi le arrebata la vida.

Charlé con ambas en una casa vieja de la colonia Santa María la Ribera donde contaron la vida de esta mujer que arbitrariamente hemos sometido en México al olvido más injusto. También me hablaron de Claudia Cabrera, quien ha traducido recientemente al mexicano varias de sus obras más relevantes

La biografía de Seghers comienza advirtiendo que ese no era su verdadero apellido y que tampoco Anna fue su nombre de pila. En realidad se llamó Netty Reiling, pero como escritora prefirió inventarse un seudónimo inspirándose en Hércules Seghers, pintor holandés contemporáneo de Rembrandt.

Netty Reiling nació en la ciudad de Maguncia, a orillas del río Rin. Sus padres eran judíos acomodados que vivían de la venta de arte. Estudió en la universidad de Heidelberg y muy temprano comenzó a publicar con éxito. A los 28 años se inscribió en el partido comunista, desde dónde le tocó vivir la feroz polarización alemana que en 1933 permitiría el ascenso al poder de Adolfo Hitler.

Por sus orígenes judíos, y sobre todo por su activismo político, las obras de Seghers fueron quemadas en la plaza pública y ella fue arrestada por la Gestapo. Logró, sin embargo, escapar a Francia donde se estableció con su marido y dos hijos hasta que el ejército nazi invadió ese otro país.

En 1941 se refugió en el puerto de Marsella. Ahí, gracias al cónsul mexicano Gilberto Bosques, consiguió una visa para escapar de Europa. Entre otras personas que ayudaron a Seghers, el poeta chileno, Pablo Neruda, fue muy importante. Entonces era representante diplomático en México y él la ayudó para instalarse de este lado del Atlántico. De aquella época sobrevive una frase que Seghers atesoraría con agradecimiento por el resto de su vida: “Nadie poseyó en este mundo tanto encanto y fantasía como Anna”.

Gracias a Neruda ella conoció al escritor brasileño Jorge Amado que entonces también vivía en la ciudad de México. Se hizo amiga de Diego Rivera y de Vicente Lombardo Toledano, igual estuvo cerca de Tina Modotti y de un universo extenso de artistas, intelectuales, poetas, políticos y escritores que, durante los años de la guerra, encontrarían en México un refugio para pensar con libertad.

Es en México que Anna Seghers escribe la novela La séptima cruz. La primera que alcanza reconocimiento global dónde se describe con nitidez el aparato represivo nazi y en particular la existencia de los campos concentración. En 1944 ese relato saltó a la pantalla del cine con Spencer Tracy como protagonista. Ese filme le entregó a Seghers fama internacional.

En México también redactó y publicó la novela Tránsito, inspirada en los días angustiosos de Marsella, donde ella y su familia sufrieron las miserias que impone la migración forzada, o lo que ella nombró como “la enfermedad de marcharse”. Con una prosa formidable, entre otras cosas, ese texto hace un hermoso homenaje a Gilberto Bosques, el cónsul mexicano que expidió más de 40 mil visas para rescatar a las muchas personas perseguidas durante aquellos terribles años.

Netty Radvanyi, no descarta la posibilidad de que el supuesto accidente de su bisabuela haya sido en realidad un atentado. Antes de que los nazis comenzaran a experimentar la irremediable derrota, La séptima cruz se convirtió en un texto definitivo para activar los ánimos para que Estados Unidos metiera todo su cuerpo a la conflagración.

Anna Seghers fue, sobre todo, una sobreviviente. Si la escritura la había salvado antes del exilio y la migración, también lo hizo del coma y de la amnesia. Uno de sus textos más íntimos es el que su bisnieta ha llevado a la escena teatral en una casona de la colonia Santa María la Ribera.

La excursión de las niñas muertas recrea una serie de estampas que, según Seghers, aparecieron en su mente durante los días en coma. Ahí danzaban las niñas con las que fue al colegio y que, después de haber vivido dos guerras, ninguna llegó a la edad adulta.

Después de pasar seis años en México, Anna Seghers regresó a Berlín. Había transcurrido más de una década desde que Hitler la obligó a abandonar Alemania. La escritora no quiso permanecer lejos de la reconstrucción de su país. A su regreso fue fundadora del Partido Socialista Unificado y una funcionaria importante de la cultura del gobierno de la República Democrática Alemana. Murió a la edad de 83 años con más de treinta libros publicados.

Jamás regresó a México. Quien sí lo hizo fue su bisnieta Netty Radvanyi, quien vive desde hace varios años en el país. Aprovecho este texto para darle las gracias por el desvelo de varias noches que las novelas de su bisabuela, traducidas por Claudia Cabrera, me han impuesto con su prosa extraordinaria, su sensibilidad única y su lúcida imposibilidad para resignarse frente a las injusticias, por encima de todo, a la insoportable enfermedad de marcharse. (Ricardo Raphael, Milenio, Política, p. 12)