Opinión Migración 160720

¿Será?

¡Viva Mecsico!

Después de acusar a los mexicanos de asesinos y violadores y promover la construcción de un muro para detener la “inseguridad mexicana”, a Donald Trump y su familia le nació el amor por los latinos y por eso se han tomado fotos y difundido videos con productos y objetos identificados con los mexicanos en la Casa Blanca… por aquello de las latas frijoles con las que se retrató Ivanka. ¿Será? (24 Horas, La Dos, p. 2)

 

El informe Oppenheimer // Dos respaldos sorprendentes a Trump

Los sorprendentes elogios públicos al presidente Donald Trump por parte del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador y el CEO de Goya Foods, Robert Unanue, han sido un regalo del cielo para la campaña de reelección de Trump.

Las van a utilizar para tratar de contrarrestar la imagen de Trump como el racista que basó su campaña de 2016 en la falsa afirmación de que la mayoría de los inmigrantes indocumentados mexicanos son “delincuentes” y “violadores”.

Es probable que los elogios de López Obrador y Unanue a Trump pasen a la historia como casos de estudio de hipocresía política, retórica sobrecalentada, traición cultural o ridículo público.

Trump es el presidente estadounidense más antiinmigrante que se recuerde. Además de afirmar que los migrantes mexicanos son “delincuentes” y “violadores”, basó su campaña de 2016 en la mentira de que había una presunta “invasión” de mexicanos que no existía, y en la promesa de construir un muro en la frontera.

Una vez en el cargo, Trump colocó a los niños migrantes en jaulas, separó a las madres migrantes de sus bebés y trató de deportar a más de 700mil “dreamers” o hijos de inmigrantes que se criaron en Estados Unidos. Más recientemente, Trump también se ha movido contra la inmigración legal, entre otras cosas firmando una orden ejecutiva que reduce drásticamente las visas de empleo.

Ahora, con la ayuda de las declaraciones de López Obrador y Unanue, la campaña de Trump intentará retratar a Trump como un presidente que ama a los latinos. (Andrés Oppenheimer, Reforma, Internacional, p. 15)

 

Al margen // Trump cobró la factura

El jefe de estado tiene una visión interna y panorámica. No se somete, negocia en las situaciones más delicadas, perdón pero nada de eso se observó en la cita Trump-AMLO.

En las reuniones de trabajo entre presidentes de Estados Unidos y México hay temas que no pueden faltar: migración, trasiego de drogas y tráfico de armas.

Donald Trump no tenía la menor intención de reunirse con su homólogo de México, ni el anterior ni el actual, cambió de opinión en el momento en que las encuestas apuntan a favor de Joe Biden.  Da por descontado que Andrés Manuel López Obrador le puede transferir algunos apoyos, en particular en estados como Texas o Arizona, donde los mexicanos son la minoría con mayor número de habitantes y en los dos estados la tendencia está en vilo porque los demócratas vienen ganando terreno.

Se debe reconocer que hubo trabajo diplomático de los dos lados para contener, sobre todo a Trump, cuya verdadera personalidad explotó en la cena “me porté bien, no hablé del muro”. No se necesita mucha interpretación: “yo no menciono el muro, pero los mexicanos no hablan de migración ni se reúnen con los demócratas”.

Apenas horas después, Trump volvía a lo de siempre, que gracias al muro México no los inundó del virus chino, como él lo llama, y se presentaba la primera controversia de empresarios estadounidenses en el marco del renovado tratado.

Fuera de los protocolos, en el mundo real, se hizo sentir el malestar de los líderes de los migrantes mexicanos y la dirigencia demócrata que se sintieron desairados. (Juan María Naveja, El Economista, El Foro, p. 47)

 

Rompe – cabezas // ¿Realmente neutrales?

A juzgar por el repunte en los niveles de popularidad del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, su visita a Washington resultó ser un éxito monumental.

El trabajo del canciller Marcelo Ebrard y de la embajadora de México en Estados Unidos, Martha Bárcena, tocó niveles de excelencia diplomática, puesto que se evitaron los temas difíciles, como el trato a los migrantes o el muro, que sólo mereció una pequeña broma por parte de Donald Trump.

El Presidente de la República despreció abiertamente a las organizaciones de migrantes, lo que es visto por la mayoría de estos grupos como una suerte de concesión indebida hacia Trump. Resulta aventurado suponer que el éxito protocolario y las sonrisas compartidas se transmitieron por ósmosis y se convirtieron en intenciones de voto republicano.

Supuestamente la reunión era para celebrar la firma del T-MEC, al que ambas administraciones se esforzaron por hacer creer que era un acuerdo nuevo y no la continuación, mejorada, del que ya estaba en vigor.

Si se cumple lo que hoy marcan las encuestas, resultaría que el candidato del Partido Demócrata, Joe Biden, gana las elecciones en noviembre, la diplomacia mexicana tendría que trabajar muchísimo para remontar lo que, de parecer un éxito en el corto plazo, podría ser una verdadera derrota. (Kimberly Armengol, Excélsior, Global, p. 21)

 

La mejor política interior es la exterior

La crispación política impide ver objetivamente lo que pasa en el país. La visita de AMLO a Washington muestra la intolerancia de los opositores de la 4T. Tal parece que la admonición bíblica del presidente cobra vigencia: “El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama” (Lucas). Los opositores aceptan que hubo un buen manejo diplomático y que “salió bien, porque no salió mal’. Hay un regateo mezquino y poco constructivo sobre la primera incursión internacional.

La crítica al viaje de AMLO se ha centrado en lo que no se hizo: No se concertó ningún acuerdo político; no se habló de migración, seguridad y cuestiones fronterizas; no hubo contacto con Biden; no hubo contacto con miembros de la Casa de Representantes; no se dio reunión con grupos de migrantes mexicanos, a pesar de la importancia del envío de las remesas (E.Berruga).

En las visitas oficiales se negocia una agenda previa a la que hay que ajustarse. Se evita así lo que ya alguna vez hizo la antidiplomacia mexicana, nada menos que a Fidel Castro, con el legendario “comes y te vas”. La visita a Washington salió bien, no porque no saliera mal, sino porque fue la mejor opción. La preocupación de que AMLO encendiera una antorcha electoral estadounidense se ha disipado. A la fecha ni republicanos ni demócratas la han utilizado electoralmente. (Mario Melgar Adalid, El Universal, Opinión, p. 10)