¿Quiere Estados Unidos aliados que sientan como suyo el conjunto de valores que están en juego frente al autoritarismo? Caracalla tuvo una idea para preservar la hegemonía de Roma.
¿Cuál es la de Biden para preservar la de Estados Unidos? En estos días, el presidente intenta meter por la puerta trasera del Capitolio (a través del presu puesto del siguiente año fiscal) la legalización de 11 millones de indocumentados que aquí viven, estudian y trabajan.
Muy buena medida, pero irrelevante para fines que trasciendan al tema migratorio.
Aquí hay 10 millones de puestos de trabajo vacantes, que no tienen con quiénes ocuparlos.
Es decir, aun si regularizaran a esos 11 millones de ilegales, quedan otros tantos millones de lugares de trabajo vacantes.
Hay estados de este país que necesitan, a gritos, migrantes (https://www.nytimes.com/2021/08/10/us/immigration-arkansas-opulation.html?action=click&module=Well&pgtype=Homepage§ion=US%20News).
Por supuesto que una medida así –ciudadanía estadounidense para todo latinoamericano o europeo que la solicite– traería problemas prácticos, aumento del arribo de migrantes y resistencias políticas internas.
Pero ningún problema es mayor para Estados Unidos y su liderazgo mundial, que China.
Seguramente hay mejores ideas para que latinoamericanos y europeos se identifiquen con este país y sus valores. Aunque tienen que ser de ese calibre. No menos.
Llegar a la Cumbre por la democracia únicamente con discursos, arengas, promesas o dádivas, será una pérdida de tiempo, para regocijo de China, Rusia y sus quinta columnas en Europa y América. (Pablo Hiriart, El Financiero, Nacional, p. 32)
Afganistán ha recibido un golpe de Estado de parte de los talibanes.
En otras partes del mundo el pudor es inexistente cuando se lanzan promociones sobre el revisionismo histórico poniendo en alerta roja la relación diplomática con España; dilucidando si Cortés fue malo o muy malo, claro, 500 años atrás; y obsequiando a la ultraderecha de Vox el kit nacionalista suficiente para presionar, y en una de esas debilitar, al gobierno de Pedro Sánchez.
La pauta del revisionismo incluye la decapitación del monumento a Colón en Paseo de la Reforma en la ciudad de México y la mutación de la tristeza en la alegría del árbol donde Cortés exteriorizó su melancolía.
Estamos en espera de un giño diplomático de parte del Gobierno mexicano del presidente López Obrador para otorgar asilo a miles de afganos, principalmente a las mujeres que tratan de escapar de la humillación talibana.
La reconquista está tiñendo de color horror a Afganistán. Se trata del primer fracaso del presidente Biden en política exterior y de sus aliados que iniciaron el retiro de sus tropas desde el pasado mayo. ¿Cómo es posible que el ejército afgano, cuatro veces más grande que las milicias talibanas hayan podido tomar el control del país en menos de 50 días? El ejército fue capacitado y armado por las fuerzas estadounidenses.
Al menos una generación de afganos, los que nacieron después de 2001 están viviendo algo más que un golpe de Estado, se trata de un golpe cultural con el que los talibanes humillarán a las mujeres desde edad temprana.
Los talibanes no forman parte de un brazo religioso del islam, son promotores de una ideología política deleznable decorada con ornamento religioso.
Millones de mujeres serán obligadas a dejar sus trabajos para regresar a sus respectivas casas, colocarse la burka y rendirse ante los machos. El 25% de los escaños en el Parlamento son representados por mujeres. Los talibanes arrasarán con ellas y con el propio Parlamento.
Donald Trump estuvo a nada de invitar a la Casa Blanca a funcionarios del gobierno afgano y a representantes de los talibanes. Ocurrió en febrero de 2020, cuando la pandemia no se había asentado en el mundo. La firma del acuerdo estuvo vigente un mes, cuando de la inestabilidad política de Afganistán surgieron dos presidentes y la corrupción se disparó.
El golpe talibán se traduce en una dura venganza en contra de la coalición que ocupó el país en 2001 para combatir a Al Qaeda, pero también en contra de los políticos afganos que, al llegar al poder, se dedicaron a perseguirlos.
Todavía el pasado viernes el presidente Biden declaraba que el ejército afgano debería de recuperar el control del territorio. Palabras que revelan sorpresa por quien lo dice, sobre todo, por el preocupante nivel de desinformación que tiene a su alcance.
Andrew Watkins es miembro de la ONG International Crisis Group. Ayer reveló a Le Monde que desde el mes de julio los talibanes se encontraban sorprendidos por la poca resistencia del Gobierno del presidente Asrhat Ghani.
No dejan de sorprender las palabras inocentes del primer ministro británico Boris Johnson el día de ayer al decir que no reconocerá el gobierno encabezado por talibanes. Ni un adolescente que se acercque al modelo de estudio de la ONU se atrevería a decir algo tan insignificante cuando sabemos que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos transfieren grandes cantidades de dinero a los talibanes. Con ese dinero, por ejemplo, compraron la silla del gobernador de Ghazni, Dawood Laghani. Le pagaron, le dieron un salvoconducto y acto seguido los talibanes se hicieron del estado.
En 1809 Mountstuart Elphinstone, diplomático de la India británica, dijo que el éxito de las batallas en Afganistán casi nunca ocurre a través del ejército. Ocurre mediante lógicas tribales. (Fausto Pretelin, El Economista, Geopolítica, p. 46)
Hace unos días fue confirmado por el Senado de los Estados Unidos de Norteamérica a su nuevo Embajador en México, Kenneth Lee Salazar.
Con gran experiencia en política internacional, el Embajador propuesto por Joe Biden tiene raíces mexicanas, su lengua materna es el español y ha sido Fiscal General y Senador de Colorado, Secretario del Interior en la administración de Barak Obama y colaborador de Hilary Clinton. Además, fue uno de los principales impulsores de la reforma migratoria que propusieron los senadores McCain y Kennedy.
Durante los últimos años, la relación bilateral e incluso de los tres países de América del Norte ha tenido cambios profundos. Desde las expresiones xenófobas de Donald Trump que pusieron en el centro del debate internacional a la migración y hasta la firma del nuevo tratado comercial T-MEC, los cambios han sido constantes y requieren de liderazgos que entiendan la importancia de la relación, de los desafíos y problemas que enfrentamos como región.
El reto que prevalece es consolidar una comunidad de América del Norte, conceptualizado en las obras de Robert Pastor y como lo ha desarrollado Acción Nacional; apuntalando una mundialización por encima de una globalización donde sólo caben términos económicos. Hoy nos unen fuertes vínculos de vecindad y comerciales, pero nuestra interdependencia va mucho más allá. En palabras de Robert Pastor: “La idea de una integración de América del Norte es de un espíritu de comunidad basado en la interdependencia […] por lo que se debe generar apoyo para las instituciones y políticas que serán necesarias para estimular la economía colectiva, lidiar con los problemas transnacionales de forma efectiva y proveer mayor seguridad […] el reto de la utopía es hacerla realidad”.
En los hechos, esa comunidad ya es una realidad. 38 millones de ciudadanos norteamericanos son de origen mexicano, 12 de ellos tienen nacionalidad mexicana y hay 52 millones de hispanohablantes. Hay más personas de origen mexicano en los Estados Unidos que canadienses (en total) y hay más hispanohablantes en los Estados Unidos que en la península ibérica. En términos de mercado 8 de cada 10 productos que exportamos los mexicanos son consumidos en Estados Unidos y más de la mitad de la Inversión Extranjera Directa que hay en México es de capital norteamericano.
Quienes vivimos y crecimos en estados de alta migración conocemos la realidad profunda de lo que sucede en la diáspora mexicana. La frontera es un límite territorial que no divide el alma, ni a las familias, ni a las comunidades. La relación bilateral y regional abarca todos los temas y es indispensable construir una agenda que vaya más allá del comercio y la migración. Una agenda en seguridad, corrupción, cuidado del medio ambiente, agua y salud, que son problemas que no reconocen fronteras; una agenda también en soluciones de educación, cultura, ciencia, tecnología e innovación.
El nuevo Embajador Ken Salazar conoce bien la relación, los problemas compartidos y los avances que se han logrado. Los años anteriores nos han demostrado que ya es tiempo de apuntar a una integración mayor a partir de reconocer nuestra interdependencia. (Juan Carlos Romero Hicks, El Sol de México, Análisis, p. 14)
Finalmente, el Gobierno ha decidido tomar acción en el tema de las armas que cruzan diariamente desde los Estados Unidos a México.
Desgraciadamente la estrategia que ha decidido utilizar, seguramente fracasará. Además, corre peligro que se revierta. Pero antes, permítanme explicar por qué digo “finalmente”.
Durante años, en reuniones publicas y privadas hablé sobre la necesidad que tanto el Gobierno como la sociedad mexicana debían tomar cartas en el asunto del tráfico de armas que se introducían principalmente desde los EUA. La mayoría, incluida la prensa, veían con ojos de incredulidad mis comentarios.
El 26 de enero de 2007 se me presentó la oportunidad de hacerlo ante la máxima autoridad del ejecutivo mexicano. En una de las conferencias plenarias en el marco del Foro Económico Mundial de Davos en donde el presidente Calderón era el único ponente comenté: La situación de México en general en relación con los Estados Unidos ha sido reactiva.
Son los Estados Unidos los que marcan la agenda, México entonces reacciona…. Yo creo que ahora es buen momento para que se introduzcan una serie de propuestas…….México nunca ha puesto el tema del tráfico de armas que usted siempre ha dicho que es un tema mayor de seguridad nacional, por la asociación que hay con los narcotraficantes….. El Presidente contestó que había dos temas importantes sobre la mesa, migración y narcotráfico, que por lo tanto en esos momentos sería complicado. (YouTube Davos AnnualMeeting 2007, Felipe Calderón Hinojosa, minuto 18:26) (Jacques Rogozinski, El Financiero, Economía, p. 13)