Opinión Migración 160822

Quebradero // Migración. Estancados

Es sabido que la migración está pasando por etapas cada vez más violentas. Hoy todo es distinto. Los migrantes saben bien los riesgos que corren y que muy probablemente se jueguen la vida en su intento migratorio. No hay romanticismo de por medio, más bien saben que van a enfrentar circunstancias adversas, brutales y peligrosas. 

Desde finales de 2017 la migración mexicana ha crecido de manera significativa. Se han conjuntado diversos escenarios que igualmente pasan por el deterioro económico que, por dificultades para conseguir un empleo, sin pasar por alto una variable cada vez más importante: la inseguridad.

Mujeres, las cuales han crecido en número, y hombres han tenido que dejar sus lugares de origen, debido a la violencia bajo la cual viven. El señalado fenómeno de lo que pasa en algunos países de Centro y Sudamérica lo estamos viviendo en México.

Muchas familias de Guatemala, El Salvador y Honduras materialmente les piden a sus hijos que dejen sus hogares por la situación que viven en sus comunidades. 

Particularmente se lo piden a los jóvenes, quienes son presionados para que se integren a las bandas, no sólo es el caso de las maras salvatruchas, a la delincuencia del orden común y organizada, o terminan siendo secuestrados entre otras muchas circunstancias. 

Los migrantes dejan el riesgo para correr nuevos riesgos. Saben cuándo dejan su lugar de origen, pero no saben cuándo regresarán y si regresaran. En el proceso los migrantes tienen enormes dificultades para comunicarse con sus familiares en su intento por llegar a EU.

Han crecido de manera significativa los casos de familias que pierden contacto con sus parientes y amigos, se quedan bajo la espera de que les llamen para saber al menos por dónde andan en el mejor de los casos. 

Ayer el Inai ordenó al INM informar sobre muertes violentas de migrantes, hasta ahora no ha habido una respuesta que pudiera ofrecer información precisa, es muy probable que no haya respuesta, porque no hay registro de ello.

Todo se agudiza porque se considera a la migración como una ilegalidad y no un derecho. Desde hace 30 años no hay presidente de EU que no prometa hacer algo, Biden se la ha pasado tratando y recordemos que Obama no pudo y todo indica que estaba en su más profundo interés hacerlo. 

A la muy compleja situación que viven las y los migrantes se le ha cruzado en estos años la pandemia. En medio de esto se intensificó la presencia de la delincuencia organizada en la migración.

El secuestro de muchos jóvenes migrantes tiene como objetivo integrarlos a las bandas quienes en la gran mayoría de los casos no tienen manera alguna de escoger, porque son torturados, intimidados, les quitan todo lo que traen, chantajean a sus familias y al final no les queda de otra que hacer lo que les piden; en algún sentido es su única forma de sobrevivir. 

A esto sumemos lo que los otrora llamados polleros están cobrando enormes cantidades de dinero por llevar a los migrantes. Si hace unos 5 o 6 años se cobraba entre 3 y 4 mil dólares hoy se llega a pedir el doble y más.

La delincuencia organizada se ha metido de lleno en los terrenos de la migración. En algún sentido ha logrado su objetivo al cooptar por la fuerza a muchos jóvenes, los cuales acabarán encontrando en estos terrenos formas de vida. 

No ha pasado nada desde las promesas mutuas que se hicieron Joe Biden y López Obrador. No se tiene un registro de muertes violentas de migrantes. No han cambiado las condiciones de los países que expulsan a su gente, lo que incluye al nuestro. No se ha humanizado la migración, llevamos un buen tiempo con todo ello entre nosotros.

RESQUICIOS

Para confirmar cómo andamos en los temas migratorios ayer el gobernador de Texas se pavoneó al informar que en las últimas cinco semanas había deportado a tres mil 900 migrantes, porque Joe Biden “no hace nada”. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

Puentes y cruces // Los Diálogos Consulares: una relación más cercana con las comunidades de México en el exterior

El pasado jueves 11 de agosto inauguramos la primera edición de los Diálogos Consulares, un nuevo programa de la Secretaría de Relaciones Exteriores que busca institucionalizar y profundizar la comunicación directa con las personas mexicanas en el exterior. Es un paso concreto para podernos acercar aún más a nuestras comunidades en el exterior. Queremos escucharlos, que participen en la toma de decisiones, que nos comuniquen sus necesidades y que se sientan respaldados por los consulados de México en el exterior.

“Para las personas indocumentadas, o como yo, que no podemos salir a México, el Consulado es nuestra patria”, nos dijo la señora Silvia América Gruner en el Consulado General de México en Atlanta, Georgia. Por falta de oportunidades económicas, América llegó desde la Ciudad de México a Estados Unidos en 1987. Al menos desde 1989 ha estado involucrada en trabajo de organización comunitaria, particularmente en defensa de los derechos de las personas migrantes. Con sus décadas de trayectoria de organización comunitaria, y su experiencia personal, América describió a la perfección el objetivo central, el propósito que anima los Diálogos Consulares: “El Consulado es lo que queremos sentir como nuestra casa”.

Es por ello que, desde la Unidad para América del Norte, y en estrecha coordinación con el Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), hemos lanzado esta nueva iniciativa. En los Diálogos consulares participan permanentemente la Dirección General de Protección Consular y Planeación Estratégica, la Dirección General de Servicios Consulares y también el ya mencionado IME. Buscamos comunicar mejor la gama de servicios que ofrece nuestra red consular para poder acercarlos a nuestra gente. Y recordarles que el trabajo que hacemos es para y por ellos; que los consulados de México están para servirles y que, aun en el exterior, no están solos.

Destaco algunos ejemplos. En el ámbito de documentación consular hemos lanzado la plataforma MiConsulado, que, con un nuevo servicio de atención telefónica, organizamos el sistema de citas —siempre gratuitas— para que las y los paisanos puedan ser recibidos de forma ordenada en nuestros consulados. MiConsulado es un sistema multilingüe más incluyente que, además de español e inglés, ofrece información en náhuatl, otomí, mixteco y zapoteco. Por otro lado, contamos con personal especializado para proteger los derechos de las y los mexicanos en el exterior. Queremos decirles que, si no les pagan sus salarios, si tienen familiares en centros migratorios o en prisión, si atraviesan un momento de vulnerabilidad económica, si requieren asistencia sobre procesos migratorios o si son víctimas de cualquier abuso, acudan al consulado para recibir apoyo del gobierno de México.

El trabajo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, a cargo de Luis Gutiérrez, es otro pilar de la atención consular para las y los mexicanos fuera de nuestro país. Particularmente, subrayo las Ventanillas de Salud, de Educación, Inclusión Financiera, así como los más recientes esfuerzos en materia de igualdad e inclusión con las comunidades indígenas que se encuentran fuera de México. De este modo, las y los mexicanos pueden acercarse a nuestros consulados para vacunarse contra covid-19 y recibir información sobre atención médica; pueden recibir información sobre becas o formar parte de programas de educación a distancia, como el programa de Prepa en Línea-SEP; también pueden solicitar información oficial sobre métodos confiables de ahorro y envío de dinero a nuestro país.

A partir de esta misma semana continuaremos con más ediciones de los Diálogos Consulares en otras ciudades de Norteamérica y también a nivel global. Buscamos una conversación circular, en la cual tomemos decisiones con base en las necesidades que directamente nos hace llegar la gente. De este modo, refrendamos que la vocación de atención comunitaria es un pilar de nuestra diplomacia. Y que los consulados de México son la casa de todas y todos los mexicanos. (Roberto Velasco, Excélsior, Nacional, p. 15)

Rompe Cabezas // Vientos del norte

El Congreso de Estados Unidos amplió a toda América del Norte el sub­sidio para automóviles eléctricos producidos en la región, terminando así con la disputa que se abrió con los gobier­nos de México y de Canadá.

Frente al primero, un apoyo incondicional cargado de ar­mas y millones de dólares para detener el avance e influen­cia rusa en la región, pero, ¿por qué no detener también la inva­sión israelí en lo poco que queda de Palestina?

Otro “punto caliente” es la re­lación con China, con una abier­ta provocación de Washington a Pekín por la visita de Nancy Pelosi a Taiwán, a pesar de las solicitudes que luego se transformaron en amenazas que, por un momento, hicieron pensar a muchos conspiracionistas que la Tercera Guerra Mundial comenzaba.

Muchos analistas destacan el avance chino en América Latina, dejando a México y Centroamérica fuera de esa jugada, pero, ¿realmente es así? No se necesita mucha in­vestigación o un análisis muy profundo para descubrir que cada día más empresas chinas están trasladando su opera­ción a México. Un jaque geopolítico muy brillante.

Las elecciones intermedias en Estados Unidos están a la vuelta de la esquina, por lo que pronto veremos nue­vas sorpresas y probablemente la reaparición de Donald Trump, quien no dudará en usar a México, los migrantes, la guerra en Ucrania, China y todos los temas incómodos para posicionarse nuevamente al frente de las encuestas, a pesar de las brillantes acciones propuestas por el gobierno demócrata para hacer frente a la crisis.

La política exterior de Estados Unidos es, sin duda, el ejemplo más eficaz de la búsqueda de los objetivos nacio­nales más allá de las fronteras físicas, donde los recursos y las armas son su mejor carta credencial, pero esa fórmula se está agotando, y muy, pero muy pronto, tendrá que com­partir esa corona con una o dos potencias más. (Kimberly Armengol Jensen, Excélsior, Global, p. 21)

Poder al desnudo // La influencia incendiaria de Donald Trump

Una de las peores cosas que le pudo pasar a Estados Unidos se llama Donald Trump. El candidato improbable que se convirtió en presidente, que dejó la Casa Blanca y el Capitolio en llamas y que hoy pretende seguir incendiando al país.

Algunos se burlaban de un magnate que aspiraba a ser el líder de la principal potencia mundial; ni siquiera apostaban a que ganara las primarias republicanas. Pero Trump y su equipo vieron lo que otros no: el hartazgo de los estadounidenses con la política tradicional; el deseo de cambio, de no ver a los de siempre en el poder; de que llegara a la Casa Blanca alguien que se atreviera a decir lo que millones decían: fuera los migrantes; arriba el muro y las armas; Estados Unidos debe ser primero que todo, y todos deben recordar quién manda.

Todas las frases de Trump que causaron polémica, incluso indignación, en el mundo, eran las mismas que muchos en Estados Unidos pensaban y no se atrevían a decir. Eso lo impulsó a la presidencia. Con un Partido Republicano totalmente debilitado, sin líderes destacables, Trump se convirtió en “el” partido y, hasta hoy, sigue siendo la figura más relevante, al grado de que hasta los republicanos moderados mantienen el cierre de filas con él, a pesar del terremoto que fue su presidencia, y su salida de ella.

Después del asalto al Capitolio, el 6 de enero de 2021, y del rol que jugó Trump, la lógica indicaba que Estados Unidos podía respirar de nuevo. Que la tormenta había pasado.

Pero los daños eran inconmensurables. Algo se rompió en Estados Unidos, que hoy se mantienen como los Estados Des-Unidos de América. Frente a las investigaciones en su contra, el exmandatario está siguiendo el mismo manual que frente a las elecciones: mostrarse como una víctima, como un perseguido político de los demócratas. No importa que incluso parte de su equipo le señalara que no había tal fraude. No importa cuántas veces se le advirtiera del poder de sus palabras. Siguió atizando el fuego hasta que una multitud, convencida de las palabras de su líder, irrumpió al Congreso, dispuesta a todo —incluso matar—, para evitar la certificación de Biden. (El Universal, Mundo, p. 19)