El delito de la extorsión es uno de los que más lastima y afecta a la sociedad mexicana ya que, por un lado, implica un acto de violencia o una amenaza que genera un miedo tan intenso que coacciona la voluntad de la víctima, y por el otro, pone en peligro el bienestar de las comunidades afectadas y obstaculiza el crecimiento y desarrollo económico. Este delito no solo impacta el patrimonio de la víctima, sino que también atenta contra su libertad de autodeterminación y su paz mental.
Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la extorsión aumentó un 53.80% de 2018 al 2023, y según la Coparmex, es el segundo delito más frecuente entre sus socios.
No obstante, este delito no solo se comete en contra de grandes empresarios y comerciantes, sino que se ha expandido a pequeños productores, artesanos, migrantes y a la sociedad en general. Se cobra el derecho de paso, de piso y hasta de sombra. En Áreas Naturales Protegidas, grupos delictivos exigen bajo amenazas cuotas a locales y comerciantes, afectando el turismo y la conservación.
La extorsión va más allá de imponer un cobro indebido periódico a cambio de protección; también se extiende a imponer bienes y servicios, y a obligar a sectores como agricultores, pescadores y ganaderos a vender sus productos a precios inferiores a los del mercado. Se han adueñado de redes de transporte y tienen intereses en la distribución de limón, aguacate, agave y maíz. Aquellos que se niegan a pagar corren el riesgo de que su negocio, su integridad física o la de sus familiares sean dañados por actos violentos que envían un mensaje a toda la comunidad.
El cobro de un “impuesto” valida a los grupos criminales como una autoridad territorial paralela. Y el temor provocado por sus amenazas, disuade a las víctimas de denunciar, lo que se refleja en la ENVIPE 2023 que indica que la extorsión es el segundo delito más común en el país, a pesar de que en 2022 solo se denunció el 3% de los casos; es decir, hay una cifra negra del 97%.
El negocio de la extorsión es altamente lucrativo para las organizaciones criminales, ya que es fácil de perpetrar, requiere poca inversión y conlleva bajo riesgo. Es tan redituable, que se ha convertido en una fuente crucial de financiamiento que les permite a los criminales controlar la economía, la política y la sociedad en algunas zonas del país, al tiempo de facilitar su infiltración en empresas legítimas, donde incluso establecen redes empresariales para reinvertir sus ganancias.
En muchos casos, estos grupos ocupan el vacío dejado por el gobierno, estableciendo una autoridad paralela que impone un sistema de justicia basado en castigos físicos severos, o incluso la muerte, para quienes no acatan sus normas. Desafortunadamente, el crimen ha sabido aprovechar la desconfianza de la población hacia las autoridades (principalmente locales) para posesionarse como figuras de autoridad reconocidas por la comunidad.
Existe una relación simbiótica entre la extorsión y el crecimiento de las redes criminales, donde cada una alimenta y fortalece a la otra, funcionando como causa y efecto en un ciclo continuo. Para romper este ciclo se requieren medidas múltiples y contundentes. Es fundamental combatir la impunidad y dar seguimiento a las investigaciones y procesos en curso, pero esto no es suficiente.
Se requiere fortalecer la capacidad de investigación y de coordinación de las instituciones, al tiempo de focalizar un sistema de inteligencia para desmantelar las redes que operan este ilícito.
Vale la pena considerar la experiencia de Italia, un país con más de un siglo enfrentando la extorsión mafiosa, que ha implementado programas de protección de testigos y promovido la participación activa de la sociedad civil en la lucha contra el crimen organizado. En el caso de México, solo con una estrategia integral y territorial que incluya a empresarios, comerciantes y ciudadanos se podrá reducir este delito y el temor de ciertos sectores para invertir en nuestro país. (Eunice Rendón, El Universal, Nación, p. A11)
No ha pasado ni un mes desde que Joe Biden anunció que no buscaría la reelección, y lo que parecía imposible se ha vuelto probable: la victoria de los demócratas en las elecciones presidenciales de noviembre. Hace unas semanas, la mayoría de los estadounidenses daba por hecho que ganaría Donald Trump. Ahora, según una encuesta de The Economist/YouGov, el 44 por ciento de los electores creen que Kamala Harris ganará, frente al 40 por ciento que le da la ventaja a Trump. Todavía faltan ochenta y un días para las elecciones y muchas cosas pueden pasar, pero la contienda es hoy radicalmente distinta a lo que fue con Biden como candidato.
La candidatura de Harris ha generado una ola de entusiasmo entre los demócratas, que se ha extendido a los votantes indecisos e incluso a algunos republicanos. Los datos de la misma encuesta son particularmente reveladores: mientras que a principios de julio solo el 37 por ciento de quienes apoyaban a Biden se sentían entusiasmados, el 53 por ciento de quienes ahora respaldan a Harris expresan ese sentimiento, superando al 48 por ciento que registra Trump. En línea con esto, el promedio de encuestas de The New York Times ya coloca a Harris dos puntos porcentuales por encima de Trump en las preferencias electorales, la misma ventaja que tiene en Michigan y Wisconsin. En Pensilvania, donde Trump iba claramente adelante, la contienda está empatada.
El cambio se debe en gran parte a la decisión de Biden de retirarse de la candidatura presidencial. Aunque Trump tiene una fuerte oposición entre una parte significativa del electorado, Biden, con su imagen de fragilidad y sus momentos de desorientación, no lograba presentarse como una alternativa convincente para captar a esos votantes. El solo contraste con Biden fue lo que le dio el primer impulso a la candidatura de Harris, que desde el primer momento se mostró entusiasta y llena de energía. De pronto, se abrió una alternativa que atrajo la atención de votantes que hasta entonces se sentían incómodos con las opciones en juego.
Frente a la idea de Trump de restaurar la grandeza de Estados Unidos, basada en una visión casi apocalíptica de un país en declive y cuya supervivencia está en riesgo, Harris ha optado por un mensaje más optimista y orientado hacia el futuro. Reconoce los desafíos, pero subraya que Estados Unidos sigue siendo la nación más poderosa del mundo. Mientras Trump busca recuperar algo perdido, Harris enfatiza que el camino es hacia adelante. “No vamos a retroceder” se ha convertido en una especie de eslogan de la campaña de Harris y Tim Walz. En un tono más combativo, su mensaje ha sido que Trump y J.D. Vance son “raros” (weird), lo cual ha resonado fuertemente en las redes sociales.
Este cambio de juego ha descolocado completamente a Trump. Ya no es el candidato que, como buen bully, aplasta a su oponente y se muestra seguro de que arrollará en las elecciones. Lejos de eso, se le ve errático, fuera de guion, dejando de lado los temas que podrían darle la victoria para improvisar ataques e insultos contra Harris y Walz, que solo le alejan a las mujeres y a los independientes.
Las últimas semanas han sido especialmente difíciles para Trump. Comenzó cuestionando la identidad afroamericana de Harris, luego atacó al gobernador republicano de Georgia y a su esposa, arremetió contra una de sus donantes y perdió la batalla que él mismo inició sobre el tamaño de los actos de campaña de su contrincante, entre otras cosas. Todo esto en contra de los consejos de sus asesores, quienes le han recomendado centrarse en los temas que más resuenan con el electorado.
Harris cuenta con el entusiasmo generado por su candidatura, un ciclo noticioso muy favorable que se prolongará hasta el final de la Convención Nacional Demócrata, y las pifias de Trump. Sin embargo, a medida que las campañas avancen, la sorpresa inicial de la candidatura de Harris se desvanezca, los ataques se intensifiquen y los medios pongan más lupa sobre la candidata y su compañero de fórmula, el viento a su favor podría ir perdiendo fuerza.
El mayor riesgo que enfrentan los demócratas, sin embargo, es que no califican bien en los temas que más importan a los votantes: migración y economía. Si los asuntos económicos son los que mayor peso tienen en una elección, Trump mantiene una gran ventaja, ya que la percepción predominante, aunque no necesariamente la realidad, es que la situación empeoró con Biden. Lo mismo ocurre con la migración, debido a la percepción generalizada de que los demócratas han perdido el control de la frontera.
Hoy por hoy, Harris y Walz tienen la iniciativa y han puesto a Trump y a Vance contra las cuerdas. Pero eso podría cambiar si los asesores de Trump logran que se concentre en los temas que importan y deje de lado las diatribas sin sentido en las que suele enredarse. Sin embargo, para que eso suceda, Trump tendría que dejar de ser quien es, algo poco probable. (Leopoldo Gómez, El Financiero, Opinión, p. 32)
De unos meses para acá, hablamos insistentemente de la ultraderecha, la extrema derecha o de grupos fascistas. Cada vez los mencionamos más a la ligera sin reflexionar el grave peligro que representan para la libertad y los derechos humanos. Francia, nos demostró que se podía voltear la balanza electoral a favor de la libertad. Los estudiosos aseguran que este fenómeno que incluye neonazis y demás bellezas, al parecer sólo abunda en las ciudades capitales.
Luego asombró a muchos el hecho de que en Londres, un grupo de jóvenes radicales se lanzara a golpes sobre cualquier persona no blanca y atacaron un hotel donde se hospedan migrantes que esperan su permiso de asilo. Lo más inquietante es que la policía observa con absoluta pasividad e indolencia estos ataques, mientras que las manifestaciones en apoyo a Palestina son duramente reprimidas.
Otro grupo de jóvenes anarcos y punks decidieron que eso no era correcto, por lo que se arma la campal a la menor provocación. Ahora bien, usted pensaría que ese es un problema netamente europeo y de países mayoritariamente blancos. Sin embargo, recordemos a los morenazis de Guadalajara!
La organización Global Project Against Hate and Extremism lanzó un informe donde señala por lo menos a 12 organizaciones de extrema derecha operando en México, les unen una serie de posturas intolerantes, como estar en contra de la población LGBT o el aborto. Por supuesto en la lista figuran FRENA y el Frente Nacional por la Familia. Y menciono el grupo Frena, no porque esté contra mi Jaguar de Macuspana, sino porque sus demás consignas son verdaderamente fascistas.
Ora bien… el mentado Frente Nacional por la Familia, se ha pronunciado en contra de la adopción homoparental y los matrimonios entre personas del mismo sexo. Otro que está bajo la lupa de GPAHE es el Frente Nacionalista de México, califica sus integrantes de “antimigrantes” y “antisemitas”, que buscan el restablecimiento del servicio militar nacional y abogan por retomar la pena de muerte en la legislación mexicana.
Para los que vivimos aquí en la Capirucha y nos jactamos de disfrutar de una Ciudad de Derechos, aguas porque según dicen los expertos, ésto ha prendido la mecha de personas anti LGBT, antiaborto y xenófobos. Aparece enlistado también México Republicano en Chihuahua, que tiene reconocimiento ante el Instituto Electoral chihuahuense, es decir, busca en el poder político y la representación en las cámaras, aunque probablemente pierdan su registro.
La Organización Red Familia, otra de las que no reconocen los derechos LGBT y le dan por su lado a Eduardo Verástegui. Por cierto, crecen los rumores de que para 2025, se creará un partido con este ex stripper y escort, doña Lili Téllez y el varo de la organización Vox de España, que es de las más violentas. Recuerden que lo problemático no es aquello en lo que se crea, sino que esto llame a la violencia o negación de derechos humanos. (Fernanda Tapia, El Heraldo de México, Online)
Sentencia a Modo

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 10)
Tío Sam-aritano

(Waldo, El Universal, Opinión, p. A21)