De fondos a fondo
#AICM…. *Algo extraño está sucediendo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), que dirige Jesús Rosano. Esto debería ser motivo de atención del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell*, tanto como para que lo converse muy bien con la jefa del SAT, Raquel Buenrostro, con el más político y poco administrador de Aduanas, Horacio Duarte Olivares, con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y con el director general del Instituto Nacional de Migración, Francisco Garduño. Sucede que la salida de las terminales 1 y 2 del área internacional ha dejado atrás el sistema de revisión de equipaje previo a que lo coloquen en los carruseles. Llevan una semana realizando la revisión de todos los pasajeros, con sólo dos personas en los puestos de ingreso al país y filas de 45 minutos a hora y media sin sana distancia.
Sume que en la salida, particularmente de la Terminal 2, sólo tienen dos scanners de maletas y poco personal de aduanas, la fila se duplica. ¡Todos a revisión! porque, supongo, no tienen personal adentro y tampoco perros para revisión. Lo dicho, ¡pura ineficiencia! (Alicia Salgado, Excélsior, Dinero, p. 29)
El celular se ha convertido en un arma de una ciudadanía desvalida ante la autoridad.
Si eso es en un país donde hay Estado de Derecho, en uno como México los celulares son el conducto a través del cual la gente lleva a aparentes culpables a la Corte de las redes sociales.
El caso más reciente es el de una ciudadana argentina, quien al defender unos árboles de ser podados en su calle de la Colonia Condesa de la CDMX, se peleó con una vecina a la que llamó “india horrible”.
¿Será este un insulto que la ecologista racista aprendió en su país o lo tomó de nuestro México discriminatorio? Eso no lo podremos saber porque la mujer en cuestión aparentemente prefirió regresar a su tierra de rubios con ascendencia italiana y dejar atrás el molesto mestizaje mexicano.
O eso es lo que dice el Instituto Nacional de Migración que en una visita domiciliaria fue avisado de que la mujer había tomado un vuelo de regreso a casa.
Sin considerar que la susodicha pudo estar escondida detrás de la puerta o salió a comprar unos tacos para congraciarse con su país adoptivo.
Mientras las autoridades intentaban hacer su trabajo, las redes sociales ardían en insultos bajo el hashtag #LadyArgentina. (Andrés Clariond Rangel, Reforma, Opinión, p. 8)