Desde tiempos del dictador Antonio López de Santa Anna, que vendió hace 183 años más de la mitad del territorio nacional, no se había visto tanto sometimiento a los designios del presidente norteamericano y vaya que hay pasajes ominosos de nuestra historia, en donde la intervención de nuestro vecino del norte fue más que evidente.
Ahora, Donald Trump le tiene tomada la medida a Andrés Manuel López Obrador y no solo ha sido por la nefasta negociación que hizo Jesús Seade y compañía en torno al T-MEC, sino desde que se movilizó al Ejército en contra de los migrantes centroamericanos y en donde con la represión y el garrote se violentan todos los días sus derechos humanos. (Alejo Sánchez Cano, El Financiero, Opinión, p. 35)
De su aprobación dependía una calificación – y recursos- que afectaba no solo el tema de seguridad sino el financiamiento y castigaba – o premiaba- , el cumplimiento de las reglas dictadas desde Washington.
Donald Trump impuso a México una especie de certificación de la política migratoria; amenazó con imponer aranceles a las exportaciones mexicanas si no se frenaba la migración a su país.
México cumplió también con esa certificación unilateral. (Adrián Trejo, 24 Horas, México, p. 4)
Pues ahora vemos cómo el gozo se va por el pozo porque nos acabamos de dar cuenta de los detalles del acuerdo trilateral comercial y no hemos escuchado quejas de los canadienses, pero los mexicanos, como se dijo hace unos días en esta columna vamos a vivir en la Tercera Certificación, la laboral y sindical (antes fue la del narco y luego la migratroria), y nuestros negociadores, en especial el ufano señor Jesús Seade, quien se exhibía experto en presumir con el sombrero ajeno, se dicen sorprendidos y ajenos a tan inicua determinación americana.
Ya la embajada se apresta a otorgarles especio y oficinas a los supervisores laborales, quienes son del todo un detalle menor, porque si no se hubiera cedido en el capítulo salarial y de “democracia” sindical, no habría espacio para esos inspectores, dicho sea con rigor idiomático. (Rafael Cardona, La Crónica de Hoy, Opinión, p. 2)
Los cinco agregados laborales en la embajada norteamericana (también habrá agregados ambientales) se han llevado la atención mediática, pero éstos son lo de menos. Está más que demostrado que, con pocas excepciones, un sindicalismo débil o prácticamente inexistente lleva a salarios magros y condiciones laborales indignas y esto afecta la productividad y favorece la inseguridad. Lo que preocupa es que tanto en lo laboral como especialmente en reglas de origen que afectan al sector automotriz, los nuevos protocolos se prestan a un manejo político que depende del humor en la Casa Blanca. Y el humor puede ser muy cambiante: si el T-MEC contribuye a la reelección del presidente Trump, éste ya no tendrá los frenos que le impone la necesidad de reelegirse.
Ahora tendrá el imperativo de prolongar el mandato del Partido Republicano trumpiano con sus premisas de antimigrantes y de nacionalismo económico. Podremos tener las pesadillas del atún o de la certificación antidrogas ampliadas a otros sectores: acero, automotriz, farmacéutica, agricultura, etcétera. (Cecilia Soto, Excélsior, Nacional, p. 14)
Trump ha logrado cosechar todos los laureles que un político puede imaginar en su relación con México. Consiguió echar abajo el TLCAN y poner a México en la tesitura de negociar un acuerdo bilateral de comercio al cual, por fortuna, se adhirió Canadá. Falta que lo ratifiquen, pero mientras esto ocurre, logró también más ventajas para el acero norteamericano, reabriendo un tratado que ya estaba cerrado y conseguir que, quien aceptaba estas enmiendas, lo viera como un costo asumible para obtener el acuerdo final. Ha conseguido también cambiar en 180° la política migratoria y que México garantice el freno de centroamericanos a su territorio sin desembolsar un solo centavo. Una fuente de la Unión Europea me decía que nosotros hacíamos lo mismo que Turquía para ellos, pero que de la chequera europea salían varios miles de millones de euros. A Trump le sale gratis. Además, ha logrado abrir un canal de comunicación directa con AMLO en el que encuentra pocas objeciones a sus planteamientos y objetivos. (Leonardo Curzio, El Universal, Opinión, p. 21)
El domingo primero de diciembre, se cumplió un año de que inició el sexenio del presidente López Obrador y lejos de los pretextos y las justificaciones, no hay discurso que pueda ocultar lo que es medible y lo que es evidente, y no existe un solo rubro en el que México haya mejorado durante este año.
Los ejemplos más claros y más dolorosos son los que tienen que ver con la seguridad. Desde el aumento en los homicidios, los secuestros y los feminicidios, y hasta el operativo fallido que terminó con la liberación de Ovidio Guzmán, la estrategia de pacificación, si es que la hay, simplemente no ha funcionado. Lejos estamos de las promesas de campaña y de los compromisos de resultados y mientras los esfuerzos de seguridad se enfocan en combatir la migración y a los evasores de impuestos, la violencia se desborda como nunca. (Juan Carlos Romero Hicks, El Sol de México, Análisis, p. 19)
El trato que en algunos de los reclusorios privados reciben familias enteras de migrantes indocumentados y el negocio de las empresas privadas que lucran con su manejo, fue objeto de una investigación conjunta de la organización Pro-Pública y el New York Times (3-12-2019) para conocer las condiciones en que viven quienes permanecen detenidos en esos sitios. La investigación reveló que a una consultora privada, que realiza estudios para aumentar la productividad, le fue encargado realizar un diagnóstico sobre el funcionamiento de dichas cárceles. En alguna de sus observaciones, la firma sugirió la necesidad de reducir el gasto en alimentos, medicinas y servicios de salud, para ahorrar y reducir el presupuesto destinado a su mantenimiento. Esas medidas de ahorro se complementan con la de acelerar los procesos de deportación para reducir la población en los reclusorios. La propuesta alarmó a algunos de los agentes migratorios y al personal encargado de atender las cárceles, quienes consideraron que dicha medida podría tener altos costos humanos. Incluso los propios integrantes de la firma consultora se preguntaron si les correspondía definir una política, que por ley incumbe exclusivamente al Ejecutivo. (Arturo Balderas Rodríguez, La Jornada, Política, p. 13)
Con la zanahoria del desarrollo, el progreso y la modernización de los pueblos marginados del sur-sureste de México, entonces como ahora se ofrece a la clase capitalista transnacional la instalación de corredores de maquila con subsidios y salarios bajos, en un área que además del Tren Maya incluye el Corredor Transístmico con su infraestructura multimodal de conexión interoceánica (red de carreteras, vías ferroviarias, puertos, fibra óptica) para el transporte de mercancías y bienes naturales y sus polos de desarrollo al servicio de corporaciones inmobiliarias y turísticas (hoteles, viviendas, centros comerciales, naves industriales y de manufactura);del ramo energético (nuevos gasoductos en Yucatán, la refinería de Dos Bocas) y del sector agroindustrial (palma aceitera, sorgo, caña de azúcar, soya, programa Sembrando Vida). Lo que en su dimensión geopolítica incluye, también, la urgencia de poner cortinas de contención ante a los flujos migratorios de mexicanos y centroamericanos hacia EU. (Carlos Fazio, La Jornada, Política, p.16)
Que no hay letras chiquitas // Agregados laborales // Seade, ¿pataleo de utilería? // AMLO, al 100, pero no relección
El entendimiento extraoficial (con la vista puesta en lo político y lo electoral) que han sostenido las administraciones Trump y López Obrador está a prueba en el tema de los agregados laborales que el gobierno estadunidense pretende imponer físicamente en territorio mexicano.
En los momentos de controversia que podrían significar rupturas o desencuentros trascendentes, el gobierno mexicano ha recurrido al toque de la vieja escuela priísta del ahora canciller, Marcelo Ebrard, como fórmula para simular posturas nacionalistas y enrutar el debate por vías efectistas: por ejemplo, la retórica oficial refutó las pretensiones trumpistas de constituir a México en un tercer país seguro pero en los hechos se sometió, militar y aparatosamente, la política migratoria a las instrucciones de Washington.
Y ahora se ha convertido (discursivamente) el tratado norteamericano de comercio en un celebrado motor de desarrollo favorable a los intereses mexicanos mientras en EU la lideresa de los demócratas en la Cámara de Representantes asegura que le comieron el lonche a México, con el tema de los agregados laborales como punto específico que festejan los republicanos. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 8)
No cabe controversia, no hay espacio para el debate sustentado, no hay razón para tanto brinco si está el piso tan parejo, como decían nuestras abuelas en su sabiduría empírica acumulada. El otorgamiento de asilo político al ex presidente de Bolivia, Evo Morales, se inscribe plenamente en la tradición diplomática de refugio del Estado mexicano.
Sí, ha sido una política de Estado congruente con los principios y ejes rectores constitucionales de la política exterior mexicana, una postura uniforme más allá de los signos ideológicos y de los estilos personales de gobernar de cada presidente en turno, parafraseando al liberal Daniel Cosío Villegas: otorgar protección y resguardo de la vida a todo perseguido político.
En especial, ha sido una posición institucional derivada de la Doctrina Estrada no juzgar, no intervenir en los resortes de la política interna de otros países, simplemente tutelar ese valor universal que es el derecho a la vida de personas con riesgo de transgresión a su integridad física, personas de cualquier punto de la comunidad de naciones. (José Murat, La Jornada, Política, p.12)