Opinión Migración 161221

Al margen // Diálogo inútil

Al margen

Una de las declaraciones más desafortunadas del Presidente López Obrador fue la del viernes pasado cuando prácticamente responsabilizó al gobierno de Estados Unidos y a los miembros de la ONU por la tragedia de Chiapas, absurdo para alguien que a diario habla de la defensa de la soberanía. No hay que darle muchas vueltas, la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración son los responsables y las causas están en la corrupción y la supremacía de los grupos de criminales en torno al fenómeno migratorio. 

El gobierno de Estados Unidos y Joe Biden ya tienen sus propios errores y omisiones, que resuelvan en su territorio. 

¿Y como para cuándo se va a obligar a los gobiernos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua de lo que sucede en sus países? (Juan María Naveja, El Economista, El Foro, p. 47)

Quebradero // “No han dejado de salir los tráileres”

Entre los migrantes no queda claro una vez más qué les viene. Existe la impresión de que el accidente no ha sido debidamente atendido, investigado y, sobre todo, no ven indicios de que realmente se esté buscando la manera de que no vuelva a pasar.

Hablando con algunos de ellos nos dicen que tienen información fundada de que siguen saliendo tráileres llenos de migrantes, los cuales cruzan la frontera, evaden retenes o los pasan bajo hechos de corrupción, para circular por las carreteras del país, “cómo si no hubiera pasado nada”.

El dilema sigue siendo el mismo, si no se apura el proceso de entrega de credenciales los migrantes terminan por buscar la manera de salir de la zona a como dé lugar. En el caso del doloroso accidente, en el que han perdido la vida 56 migrantes, hay elementos para presumir que fue tan largo el proceso de entrega de credenciales que tomaron la peor de las decisiones en medio de la desesperación.

El INM está rebasado, a lo que se suma una burocracia interna y vicios de décadas en donde se combina un coctel brutal: delincuencia organizada, polleros, corrupción, trata de personas, maras salvatruchas, narcotráfico y súmele. 

Estamos en medio de un sinfín de contradicciones. Son diferentes las razones por las cuales fueron llegando los migrantes. En tiempos de campaña el propio candidato de Morena invitó a que vinieran a México ya que se iban a crear condiciones laborales para ello.

Fue una invitación generosa y no estaba para desatenderse, pero también fue una invitación sin el suficiente sustento para instrumentarla. Lo que a los migrantes les llama la atención, sobre todo a las y los centroamericanos, es el hecho de que en la medida en que fue avanzando el gobierno de López Obrador la propuesta se fue diluyendo, no sólo eso, el tema fue desapareciendo de la agenda.

En una larga y aleccionadora conversación con Luis García Villagrán, del Centro de Dignidad Humana, A.C., se dice sorprendido porque los migrantes no han sido un tema eje en la mañanera, siendo que el Presidente durante años en sus diferentes campañas políticas lo ponía una y otra vez en la mesa.

“El Presidente no escucha”, nos dice García Villagrán. “Se la pasa reconociendo a los migrantes llamándolos héroes, lo que incluye por supuesto sus remesas, pero el tema no forma parte de su agenda diaria”.

“No han dejado de salir los tráileres, la tragedia ronda la vida de los migrantes, porque mientras el gobierno no resuelva el problema, en la medida de sus posibilidades y se la pase señalando a EU, las cosas no van a cambiar… El Presidente y su gobierno tienen una responsabilidad con la migración… se lo hemos dicho por todos los medios, pero no parece que haya hecho un auténtico acuse de recibo de la tragedia… se han dedicado a reunirse con gobiernos centroamericanos pasando por alto que el problema de derechos humanos pasa directamente por todo nuestro país”, apunta García Villagrán.

En estos días viene con rumbo a México una nueva caravana, procedente de Nicaragua. Se van a enfrentar los mismos problemas a lo que hay que sumar la situación política del país en la que Daniel Ortega ha “jugado” a eternizarse autoritariamente, como nos decía hace unos días el brillante escritor nicaragüense Sergio Ramírez.

Al gobierno mexicano no le va a quedar de otra que buscar la manera de que el mayor número de migrantes pueda encontrar condiciones laborales en el país. Se tiene que asumir la responsabilidad, porque no solamente estamos hablando de migrantes centroamericanos estamos hablando también de que ha crecido de manera significativa la migración mexicana, la cual hoy es por mucho la más numerosa; de mientras, “no han dejado de salir los tráileres”.

RESQUICIOS

En EU han optado por ir por los hijos del Chapo Guzmán donde se presume que no falla, el dinero. Quizá queden en el camino los balazos, lo que está claro es que por allá no se dan abrazos. (Javier Solórzano, La Razón, La dos, p. 2)

Sin ataduras // Negociación secreta entre México y EU

Los reporteros de The New York Times, Julie Hirschfeld Davis y Michael D. Shear, revelaron la secreta negociación que Marcelo Ebrard sostuvo con funcionarios de Donald Trump para aceptar el programa “Permanezca en México”.

Remain in Mexico se origina en una ley de Estados Unidos con aplicación extraterritorial en nuestro país que, a pesar de violar la soberanía nacional, Ebrard lo aceptó cuando ni siquiera estaba en funciones.

El libro Border wars. Inside Trump´s assault on immigration (Guerras fronterizas. Dentro del asalto de Trump a la inmigración), fue publicado en octubre de 2019 pero es poco conocido en nuestro país, pues no existe traducción al español.

Los periodistas escribieron que el 15 de noviembre de 2018, en Houston, el designado secretario de Relaciones Exteriores aceptó Remain in Mexico en la reunión que sostuvo con los secretarios Mike Pompeo y Kirstjen Nielsen, en compañía de su entonces asesor Javier López Casarín.

Los autores revelaron que, antes del encuentro en Houston, Miles Taylor, asesor principal de Nielsen, y López Casarín, brazo derecho de Ebrard, sostuvieron “reuniones diplomáticas clandestinas” para afinar el acuerdo migratorio antes de que lo aprobaran sus jefes.

La historia de la negociación secreta está narrada en el capítulo Mexican standoff (Enfrentamiento con México), basándose en fuentes y documentos estadounidenses. 

El libro es de lectura obligada para entender la actual crisis humanitaria, cuando México se convirtió en el patio trasero migratorio de Estados Unidos, que tanto daño y muerte ha causado a los migrantes.

De acuerdo con los autores, a fines del 2018, Ebrard propuso dos condiciones para aceptar Remain in Mexico: 1. Que Estados Unidos anunciara una inversión por 10 mil millones de dólares para el desarrollo en México y Centroamérica, antes de dar a conocer el programa Permanezca en México. Sí ocurrió el anuncio pero Trump nunca envió un solo dólar.

  1. Que no se firmara ningún acuerdo del programa, a cambio de que se haga un intercambio de notas diplomáticas. Por un lado, Estados Unidos comunica el regreso unilateral a territorio mexicano de los solicitantes de asilo y, por el otro, México responde que no tendría objeción alguna a que esperen en territorio nacional. Creo que la estrategia de Ebrard fracasó. Trump impuso el ignominioso programa “Permanezca en México”, aún vigente, y nunca envió un solo dólar a la región.

La soberanía de México había sido vulnerada.

Cuando Ebrard negociaba en la oscuridad, dicen los autores, The Washington Post reveló la existencia del programa “Permanezca en México”, a espaldas de la futura secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, responsable de la política migratoria de la administración entrante, quien declaró: “No existe ningún acuerdo entre el futuro gobierno federal de México y los Estados Unidos de América”. 

Es evidente que Sánchez Cordero no sabía nada de los tratos secretos de Ebrard. Finalmente, por instrucciones del presidente López Obrador, Sánchez Cordero fue marginada de la política migratoria, Ebrard recibió a los solicitantes de asilo en Estados Unidos y coordinó el envío de la Guardia Nacional a las fronteras para controlar a los migrantes, con el aplauso de Trump. Qué triste memoria para México. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio Diario, Política, p. 12)

Uso de razón // Qué mal se ven estos tres

Los gobiernos de Estados Unidos, México y Canadá vuelcan sus energías en disputas por temas de dinero, como el –injusto– subsidio que Biden pretende dar a la compra de coches eléctricos hechos en su país, pero no destinan ni la décima parte del tiempo a arreglar sus indignos, inhumanos y crueles sistemas migratorios.

Las políticas migratorias de los presidentes Biden y López Obrador son una vergüenza universal que generan muertes. 

Biden traicionó su promesa de recomponer el sistema de asilo y aceptó prolongar el Permanecer en México, impuesto por Donald Trump. 

López Obrador protagoniza una patética traición a las causas progresistas, al convertirse en el muro de Trump y en el policía de Biden.

En Canadá los solicitantes de asilo no tienen derecho a prácticamente nada. Viven a la deriva, sin trabajo y sin dinero.

Joseph Biden prometió que eliminaría el Permanecer en México para una reestructuración total del sistema de asilo, y hacerlo compatible con las obligaciones de un país civilizado.

Cero. No hay nada de eso.

Hace unos días murieron 56 migrantes centroamericanos en un accidente cerca de Chiapa de Corzo. Venían 200 personas (sí, personas) hacinadas en la caja de un tráiler que salió de San Cristóbal de las Casas: ahí se cargó de indocumentados, pasó tres garitas de control y resulta que nadie vio nada. 

Este lunes, un tribunal de Nueva Orleans ratificó la decisión de un juez federal de Texas que mantiene en vigor el Permanecer en México impuesto por Trump a los solicitantes de asilo. 

La vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, ya no dijo que van a apelar el fallo: “Si bien no estamos de acuerdo, la orden judicial que dicta su implementación sigue en vigor, así es que seguiremos cumpliéndola”.

A ver si leímos bien: ¿un tribunal de Nueva Orleans ratifica lo ordenado por un juez de Texas? Sus resoluciones obligan a realizar determinadas acciones en territorio mexicano.

¿Y dónde quedan Nueva Orleans y Texas? ¿En Coahuila, en Puebla, Yucatán? 

Jueces y tribunales de Estados Unidos ordenan a personas de distintas nacionalidades irse a un país soberano, México, a esperar su resolución de asilo (lo cual es un timo: sólo se resuelve favorablemente el 2 por ciento de los casos).

Así se viola la soberanía mexicana (no con generación de energías limpias regulada por las leyes y autoridades de México).

Lamentablemente quien queda mal es el país, no el presidente.

El 11 de este mes la Junta Editorial del diario Washington Post publicó que a los migrantes se les obliga a “esperar la adjudicación de solicitudes de asilo en miserables campamentos de tiendas al sur de la frontera… donde son blanco de violadores, bandas violentas y secuestradores que exigen un rescate”.

Qué vergüenza. Y además, es cierto.

López Obrador dijo el martes que iba a movilizar a mexicanos en Estados Unidos si en el Capitolio no se aprueba la reforma propuesta por el presidente Biden (que no es de Biden), que sacaría temporalmente de la ilegalidad a 11 millones de indocumentados. 

Eso es intromisión en los asuntos internos de este país. Y revela total ignorancia de la política en Estados Unidos. 

Sería magnífico que los inmigrantes en Estados Unidos se movilicen por esa causa, pero sería trágico (para México) que lo hicieran alentados a larga distancia por un agitador desde fuera del país, que además es presidente de otra República. 

Migración es el tema trilateral, pero importa muy poco y todo se escurre por las cañerías de la demagogia.

Los cárteles de las drogas tomaron en sus manos parte del negocio del tráfico de personas, “líderes sociales” arman caravanas para lucrar con la desgracia, los gobiernos son incapaces de dar una respuesta sensata al problema, y en México priva una dolorosa insensibilidad en torno a la migración.

Al finalizar la lectura de la columna Razones, de Jorge Fernández, sobre la muerte de los 56 centroamericanos, vi un comentario, el primero de todos, que tal vez refleje la indiferencia de los gobernantes. Es de un tal José Hernández: 

“¿Aún siguen haciendo escándalo por esas cucarachas muertas en el accidente del tráiler? Ya cambien de tema. A casi nadie le interesa eso y me alegro”.  (Pablo Hiriart, El Financiero, Política, p. 30)

La cruda política // Los desplazados: un reto migratorio

Como ya se sabía, el fin de semana arribó una nueva caravana migrante a la Ciudad de México, su destino final los Estados Unidos, pero antes de eso harían una parada en la Basílica de Guadalupe en pleno 12 de diciembre, día en que se celebra a la patrona de México.

El 23 de octubre pasado salieron de Tapachula, Chiapas; caminaron mil 156 kilómetros para llegar a la capital del país en donde el recibimiento no fue el más amigable. El Gobierno de la Ciudad de México ofreció primeramente trasladarlos en camiones hasta el templo del Tepeyac, pero más tarde se supo que serían llevados a un albergue instalado en el deportivo Santa Martha Acatitla.

El rechazo por parte de los casi 400 migrantes que integran la caravana no se hizo esperar, pues estaban empeñados en llegar hasta la Basílica. En la zona limítrofe entre el Estado de México y la capital del país, específicamente en Los Reyes la Paz, los estaba esperando ya un numeroso contingente de policías de la Ciudad de México para impedir el paso, lo que muchos temían sucedió, el enfrentamiento no sé hizo esperar y las acciones violentas entre ambos bandos mancharon de sangre la celebración guadalupana y el camino de esperanza de quienes recorren con penuria el territorio en busca de mejores condiciones de vida en los Estados Unidos.

Hay que ser claros, migrar es siempre un fenómeno cargado de dolor, sufrimiento y penuria; quienes son desplazados por la situación política, económica y social de su país no encuentran otra opción que abandonar su territorio en busca de mejores oportunidades, bienestar y en ocasiones salvar la vida. No es un acto caprichoso y superficial, la mayoría de las veces, un acto ineludible basado en el instinto de sobrevivir y dar a nuestros seres queridos la mejor vida posible.

Dejar atrás familia, amigos, cultura y tradiciones no es una decisión fácil o que se tome a la ligera. Quienes deciden migrar, como lo hacen millones de mexicanos cada año, no lo hacen para afectar o violentar a las naciones que los recibirán, lo hacen porque en sus países no encuentran la manera de subsistir con dignidad.

Todas las naciones enfrentan la disyuntiva de cómo enfrentar el fenómeno migratorio hacia su territorio, los derechos humanos, las leyes y el mismo sentido común nos indicarían que es necesario abrir las puertas para que aquellos menos favorecidos encuentren una mejor vida, pero abrir esa puerta, es también darles entrada a los conflictos no resueltos en otras regiones para apropiarnos de ellos.

El Gobierno de la República debe tener claridad y certeza sobre cuál será la política migratoria que piensa seguir, también debe entender la trascendencia que tiene su postura en la relación que se mantiene con los Estados Unidos. Muchas veces lo que es humanamente correcto es políticamente peligroso.

Más de 189 mil mexicanos han sido repatriados en lo que va del 2021, un numero que esta muy lejos de los poco más de 300 migrantes centro y sudamericanos que integran la caravana.

México es juez y parte de la controversia migratoria, nos guste o no. (Guillermo Sesma, Eje Central, On line)

Bitácora de guerra // Migrantes, el calvario

En la búsqueda del sueño americano, los migrantes centroamericanos sufren un calvario: asaltos, extorsiones, explotación laboral y sexual, hambre, hacinamiento, enfermedades, accidentes, atropellamientos, maltrato, insultos, golpes y represión. 

Quieren escapar de la miseria que viven en sus comunidades de origen, buscan escapar de esas tierras donde ya no hay esperanza, huyen de su patria para escapar de la violencia de los grupos criminales y miran a Estados Unidos como una tierra de oportunidades. 

Asustados, desesperados, sin una red de protección familiar ni el apoyo de sus gobiernos son presas fáciles de las bandas del crimen organizado.

Polleros y coyotes que lucran con la esperanza de miles de familias y consiguen millonarias ganancias con una industria inhumana: el contrabando de personas.

Una industria transnacional que opera en México, Estados Unidos, Centro y Sudamérica, con beneficios superiores a los siete mil millones de dólares en el mundo. Los precios “son variables” y dependen del lugar de origen.

Ir a Los Ángeles, por ejemplo, le cuesta a un “mexicano siete mil 500 dólares, ocho mil si son de Guatemala, 12 mil de Honduras, 13 mil a los de Nicaragua y hasta 16 mil para alguien que reside en República Dominicana.

Una industria de corrupción que tiene en su nómina a los coyotes tradicionales, esos que conocen las rutas y los atajos para cruzar los puntos fronterizos; a los policías locales que les filtran anticipadamente el sitio en el cual se ubican los retenes de revisión; y a los agentes migratorios que se harán de la vista gorda ante cualquier eventualidad.

Una industria extraterritorial que opera desde Chiapas o Tabasco, para cruzar estados como Veracruz, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, el Estado de México, Ciudad de México, Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Baja California y, finalmente, cruzar la frontera norte.

Una industria de sangre con estructuras que incluyen polleros, conductores de camiones y hasta operadores financieros, antes controladas por Los Zetas y que hoy se disputan células de los cárteles del Golfo, Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. 

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el tráfico de personas migrantes creció 173% sólo este año, al pasar de 561 carpetas de investigación abiertas en 2020 a mil 34 casos registrados entre enero y octubre de 2021.

Víctimas fatales de tantos perpetradores, las mujeres y hombres que migran con la esperanza de mejores horizontes, son abordados por los enganchadores en los albergues, los citan en un sitio donde saldrá el vehículo con el contrabando humano y toman rumbo hacia la Unión Americana.

Algunos logran su objetivo, cruzan la frontera y empiezan una vida nueva. Otros son abandonados a su suerte en el desierto, en un camión con doble fondo o en las aguas del Río Bravo donde mueren perdidos, asfixiados o ahogados.

Al inicio de su gobierno, el presidente de Guatemala, Alejandro Giammattei, prometió perseguir sin descanso a los contrabandistas de personas. En su momento, el gobierno de la Cuarta Transformación abrió las puertas de México a los centroamericanos pero después cerró las fronteras, para complacer a Estados Unidos.

A los migrantes les duele la pobreza, la violencia y la soledad, pero les duele más la indiferencia de sus gobernantes y la ineficacia de sus políticas migratorias. Saben que para detener la migración sólo sirven los muros de prosperidad.

Hoy promueven la política de castigos más severos para los traficantes de personas, pero la realidad es que es una crisis humanitaria padecida en todo el planeta y que no se está trabajando de manera puntual, ni mucho menos acertada. (Hannia Novell, Eje Central, On line)

El derecho a una vida mejor

A veces nuestra sociedad es tan absurda que el derecho a tener una vida mejor se convierte en un acto ilegal o en una sentencia de muerte.

Es una realidad triste y lastimosa que este mundo en el que vivimos es profundamente desigual, y que por múltiples factores y circunstancias, existen muchas personas padeciendo pobreza y todo tipo de carencias, violencia, abuso. El pasado 10 de diciembre, poco más de 150 personas viajaban en un camión con la ilusión de encontrar una vida mejor, desafortunadamente muchos de ellos encontraron otra cosa.

El accidente de la semana pasada en la carretera Tuxtla Gutiérrez-Chiapa de Corzo, en Chiapas, en el que perdieron la vida 57 personas proveniente de varios países de Centroamérica, es sin duda una de las expresiones más trágicas y dolorosas del drama migratorio que está padeciendo una importante región de este continente, incluido nuestro país, por supuesto, y que en conjunto con Estados Unidos se han visto rebasados por una crisis que, en parte, es responsabilidad de nuestro vecino del norte.

Discursos van, discursos vienen.

Se enuncian por aquí y por allá planes y programas de desarrollo para llevar progreso social y económico a la región central de América, pero todas esas buenas intenciones siguen sin traducirse en políticas públicas reales y efectivas que provean a todo esa gente de mejores oportunidades de vida. 

La situación actual en países como Guatemala, Honduras y El Salvador es ya insostenible; la gente está desesperada ante la falta de oportunidades y la violencia que los lacera día a día.

Es inadmisible que sigan existiendo tantas personas cuya mayor preocupación sea la de qué se llevará a la boca el día siguiente.

Esta visión política y a veces social de ver al migrante como una suerte de apestado, sobre todo el migrante pobre, no puede continuar. 

El derecho a tener una vida mejor no puede seguir viéndose como un ultraje. 

Como sociedad, debemos practicar más la empatía, y creo que nuestros gobiernos deben actuar de inmediato ante una situación que ya está totalmente fuera de control.

¿Se tienen que seguir repitiendo más situaciones como las del pasado 10 de diciembre?

¿Seguiremos viviendo en la indiferencia ante todo el dolor que genera la migración?

Urge que se tomen cartas en el asunto.

Urge que se trate con dignidad a los migrantes. 

Urge el diseño e implementación de políticas públicas y planes de desarrollo que le den un respiro a Centroamérica.

Urge que este tipo de cosas dejen de suceder. (Javier García Bejos, El Heraldo de México, La dos, p. 2)

Duda razonable // Una mañanera muy rara (una más)

Hay conferencias del Presidente que son más raras que otras. Lo largas que son, las preguntas que pueden tratar de todo y de nada, las ganas del Presidente de poner algún tema en la mesa de la discusión pública… nunca se sabe qué puede pasar en una mañanera, sobre todo en las de aquellos días que no hay tema predeterminado.

La de ayer me pareció una de esas muy extrañas, al menos uno de los argumentos del Presidente.

Le preguntaron por el “Entendimiento Bicentenario”, por sus expectativas y en la misma pregunta sobre la migración, la tragedia en Chiapas y si había hablado con los presidentes centroamericanos.

El Presidente dijo que había hablado con el presidente guatemalteco y después pasó a otro tema. Anunció que EU sacará pronto un informe señalando a jefes de bandas y delincuentes mexicanos como responsables del tráfico de fentanilo que ha causado cifras récord de sobredosis y adicción en EU.

Y entonces vino una declaración del Presidente que me pareció extraña: “Entonces, así como ellos plantean eso, nosotros también, con todo respeto, en el caso migratorio vamos también en su momento a pronunciarnos. Y casi les puedo decir que si un partido de los dos que hay en EU vota en contra de la regularización de nuestros paisanos, pues vamos a manifestarnos para que nuestros paisanos no apoyen a ese partido, porque no se puede apoyar a los que están en contra de los mexicanos y en contra de México, respetuosamente.

Si los dos partidos apoyan esta iniciativa, pues que los ciudadanos apoyen a los dos; si ninguno de los partidos apoya, pues hay que decirles también a los paisanos: ¿de qué sirve si no nos están tomando en cuenta, si no nos respetan?” 

Si entendí la lógica —puede ser que no—, después de inaugurado el entendimiento que sustituye a la iniciativa Mérida, una “nueva época en la seguridad pública con la participación de EU” —dijo Marcelo Ebrard—; si el gobierno de EU denuncia a mexicanos como parte de las redes de tráfico de drogas —como hizo ayer con los hijos del Chapo—, la respuesta del gobierno mexicano será influir en las elecciones estadunidenses contra aquellos que rechacen la legalización de mexicanos que viven allá sin documentos.

Algo, por cierto, que no está mal, pero ¿como respuesta a una denuncia contra traficantes de drogas?

No sé. Todo es muy raro, dice un compañero de páginas, o el año ha sido demasiado largo. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)

¿A dónde va la gente?

A las y los mexicanos:

El fenómeno migratorio existe en todo el mundo, sin embargo, son los países pobres y en vías de desarrollo los mayores expulsores de personas; de ahí los grandes éxodos que han atestiguado las naciones de origen, tránsito y destino como México. La migración es la herencia maldita del neoliberalismo, el rostro de la desigualdad que pinta de cuerpo entero un mundo desbocado por la ambición económica.

Paradójicamente en tiempos de la globalización y de la mundialización, para una parte de los seres humanos el mundo es tan ajeno que ni siquiera pueden permanecer en sus lugares de origen porque la pobreza y la violencia los ha arrancado de tajo del suelo donde están sus raíces arrojándolos solos a ningún lado. Sí, solos en medio de una multitud de millones de desamparados a quienes tampoco nada les pertenece.

Palabras más, palabras menos, dicen los teóricos que la mundialización es el proceso que ha estandarizado la integración de las sociedades y de las actividades económicas desde una dimensión mundial, y que tiene una perspectiva mayor que la globalización. A lo cual, habría que agregar que ha estandarizado también la desgracia, la marginación, la desigualdad, la discriminación y la deshumanización.

La crisis humanitaria que representa el fenómeno migratorio es tan profunda y grave que el asombro, a veces morboso, sólo alcanza a ver las hordas desvalidas que caminan y se atreven a mirar al mundo de frente exigiendo derechos que les pertenecen pero que nadie les quiere reconocer. En lo más profundo de la migración existe un submundo cruento de explotación, vejaciones y cosificación que usa y desecha a las personas como objetos.

El tema fundamental no sólo son las políticas públicas y mucho menos la politización de lo público, sino la reflexión que deben despertarnos nuestros congéneres que cruzan por nuestro territorio y que han quedado huérfanos de Estado y Patria. En el lomo de la bestia, en la panza de un tráiler o descalzos por las carreteras, ellas y ellos van en una marcha incesante y dolorosa en busca del sueño americano e, incluso, de un sueño cualquiera que no acaba por ser sino una pesadilla.

Durante su trayecto son presas fáciles para los traficantes, tratantes, cárteles y todo tipo de mafias que les veja el cuerpo, la dignidad, el alma y la vida misma. Si logran su objetivo, son rechazados, humillados y estigmatizados en los países de destino, aunque necesiten de su fuerza de trabajo, porque esa postura les permite mantener a las personas migrantes en un estatus de ilegalidad, por lo que pueden invisibilizarlas, amedrentarlas, excluirlas y pagarles salarios menores por trabajos extenuantes.

Las personas migrantes representan en sí mismas una gran fuente de ingresos para diversos sectores legales e ilegales, entre más humildes y más pobres más dinero significan, una cruel y contradictoria realidad que sólo se puede entender en el mundo de los mercados en donde el único valor es el dinero.

La solución no es sencilla, pero nos compromete a todas y a todos, empieza por la forma en que concebimos el mundo y sus realidades, en cómo miramos al prójimo. Migrar no es delito, carecer de todo no te convierte en un criminal, aspirar a una vida mejor es un derecho.

La indiferencia ante el fenómeno de la migración nos evade del horror de su significado y de la vergüenza que conlleva el desprecio y la minusvaloración a la que hemos sometido a una parte de la humanidad.

Es urgente mundializar el problema y su solución porque rebasa los espacios nacionales y regionales. Si la tragedia persigue a la humanidad y el mundo no les pertenece a todos por igual, entonces ¿a dónde va la gente? (Paola Felix Díaz, El Universal, Opinión, p. 17)

Desaparecidos en el desierto

Omar Reyes López es un joven de 20 años originario de Actopan, Hidalgo. Se fue a Ciudad Juárez para cruzar la frontera y unirse a un tío en Estados Unidos. Contactó a un coyote, quien lo iba a pasar por un paraje llamado Lomas de Arena, en el municipio de Guadalupe, Chihuahua. Con él se dirigió hacia allá, pero se perdió desde el 2 de noviembre. La última noticia que se tuvo de él fue por una llamada a su tío el 10 del mismo mes. Estaba cansado y extraviado en el desierto. Desde entonces no se sabe de él. Su familia interpuso un amparo para que el Estado ponga todos los medios para buscarlo, han intervenido el Grupo Beta y la Fiscalía General del Estado, pero nada.

Igual sucede con Julio César Atayde Gallegos: salió de Durango, lo iban a pasar los coyotes por Ojinaga, luego se comunicó con su esposa y le dijo que no iban a poder cruzar por ese sitio y se irían por otra ruta. No se ha vuelto a comunicar.

Por desgracia no son los únicos casos. Tan sólo al Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (Cedehm), de la ciudad de Chihuahua, se le han denunciado y documentado las desapariciones de 30 personas. Todos jóvenes, la gran mayoría mexicanos, de esta entidad, pero también de Hidalgo, Durango y otros estados. De este número forman parte 13 jóvenes desaparecidos desde el 25 de septiembre.

La narrativa de la familia de los jóvenes desaparecidos es la misma: se contactan con coyotes y les pagan para pasarlos a Texas. Les prometen cruzarlos por Lomas de Arena, municipio de Guadalupe. Allá se llega por tres rutas: de Ciudad Juárez, por carretera hasta Porvenir y de ahí en terracería paralela al Bravo, río abajo durante dos horas. De Ojinaga por terracería, también paralela al Bravo, río arriba, durante cuatro horas. O de Coyame del Sotol, cabecera municipal, rumbo al noreste, de cuatro a seis horas por pura brecha.

La mayoría de los jóvenes desaparecidos han hecho una última llamada por celular supuestamente antes de internarse en aquella inmensidad, deshabitada, inhóspita, tan grande como el estado de México, diciendo que ya están en camino a Lomas de Arena y que van a perder la señal de celular. Después, silencio total. 

Hasta ahora, gracias a las gestiones de las familias de los desaparecidos en el desierto y del Cedehm se ha logrado que la fiscalía del estado emprenda la búsqueda en el territorio señalado. Así se localizó a 53 migrantes centroamericanos, no retenidos, sino instalados cerca de Lomas de Arena esperando la señal del coyote para cruzar el Bravo. Pero de los jóvenes mexicanos, ni sus luces.

La hipótesis de la fiscalía es que los migrantes son víctimas de una disputa entre cárteles por el cobro de derecho de piso. Al parecer se trata de un territorio disputado por el cártel de Sinaloa, que controla la zona del Valle de Juárez, y el cártel de Juárez, que controla Ojinaga y sus alrededores.

El hecho es que, de nuevo, la gente que busca salir de una situación desesperada en sus lugares de origen y busca el famoso sueño americano se ha convertido en otro objeto de lucro para las organizaciones criminales y, como en el caso de los migrantes centroamericanos, en el de los migrantes mexicanos, las autoridades han sido rebasadas.

Así lo declaran las familias de las víctimas, señalando que las capacidades de la fiscalía del estado ya llegaron a su límite. Por eso, un grupo de familias y el Cedehm demandaron al presidente López Obrador, durante la instalación de la Comisión de la Verdad en Chihuahua, que el gobierno federal intervenga ya. Se dirigieron también al secretario de la Defensa Nacional, general Cresencio Sandoval y al subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, para pedirles que apoyen en la búsqueda de los desaparecidos mediante la Guardia Nacional y el Ejército; que se realicen las labores necesarias de inteligencia, de vigilancia y de ubicación de las personas y de las redes criminales que trafican con ellas; que se brinde apoyo con helicópteros para cubrir en su totalidad la vasta extensión de ese desierto. 

Es necesario visibilizarlo: los migrantes no sólo sufren al ingresar a México en accidentes como el del tráiler de la muerte, sino hasta la otra punta del país, en la frontera con Estados Unidos. La explotación, el maltrato y hasta la muerte son el destino de muchos. No sólo extranjeros, también mexicanos. Convertidos en descartables por la sociedad que les expulsa, se convierten luego en objeto de lucro y carne de disputa por criminales. De ello seguiremos escribiendo. Ojalá que el Presidente y su equipo escuchen estas voces en el desierto. (Víctor M. Quintana S. La Jornada, Opinión, p. 19)

Apuntes incómodos // Sobre los símbolos

El enamoramiento por los símbolos vacíos proviene de ese fervor por el instante que permite frases bobas: cambien las armas por libros, reza la cursilería y el sinsentido. En el abuso, todo puede convertirse en caricatura. Se ha caricaturizado al neoliberalismo como a la dignidad y a la justicia. También se ha caricaturizado a la corrupción; antes que su combate, el símbolo de este gobierno es afirmar corruptos a manera de colofón. Académicos, intelectuales, periodistas, etcétera.

En virtud de sus símbolos el gobierno mexicano disocia cualquier efecto. Nosotros permitimos la vergüenza y adaptamos a ella. Eliminamos la relación entre la política migratoria de este país, con la tragedia de los migrantes muertos tras la volcadura de un camión en Chiapas. Eliminamos los efectos de la frivolidad y los vituperios matutinos en lo irrespirable de nuestro ambiente político.

Disociando la relación de consecuencias que tiene toda acción política, la anulación de la consciencia sobre los efectos desaparece nociones de responsabilidad. Se ha hecho a la Guardia Nacional el símbolo de una mala cruzada, entonces se ofrece impoluta como también se oferta a un ejército indisociable de nuestro delirio violento. (Maruan Soto Antaki, Milenio Diario, Al cierre, p. 39)

El asalto a la razón // Intervencionismo a contentillo

  1. Porque los pretextos para destituirlo apestan a chiquero, el presidente de Perú requiere y merece ser apoyado, inclusive por el gobierno mexicano.
  1. Un día después del arribo a Lima del secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, para respaldar a Pedro Castillo porque “está atravesando una situación difícil”, Andrés Manuel López Obrador advirtió que intervendrá en las elecciones estadunidenses para que la población de origen mexicano vote contra los legisladores que no aprueben la propuesta de reforma migratoria del presidente Joe Biden.

Por explicables y hasta plausibles que sean, ambas acciones constituyen abiertas intervenciones en la política interior de otros países.

Al intentar justificarse, el gobierno arguye que no contraviene el precepto juarista del respeto entre las naciones porque, como dice el canciller Marcelo Ebrard, solo se trata de solidarizarse con causas justas, no de entrometerse para imponer gobiernos.

El sofisma es obvio.

Pero a nadie deben sorprender estas intervenciones porque la ética diplomática de México siempre ha sido elástica, tomando partido por los republicanos en España, el castrismo en Cuba, el allendismo en Chile, el madurismo en Venezuela, el evomoralismo en Bolivia, o primero el sandinismo y ahora el orteguismo en Nicaragua.

Lo bochornoso es que se pregone que México no es intervencionista. En el caso peruano, la oposición quiere tirarlo bajo cargos tan endebles como “incapacidad moral permanente”, supuesto financiamiento irregular de su partido (Perú Libre), probable “tráfico de influencias” en su entorno, el restablecimiento de relaciones con las tiranías de Cuba y Venezuela, y de pilón, la “inestabilidad económica”.

Denostado, humillado y despreciado (con evidente carga de racismo y clasismo) por sus opositores, Castillo ganó democráticamente su cargo y es válido que lo auxilien gobiernos ideológicamente afines. (Carlos Marín, Milenio Diario, Política, p. 7)

Los numeritos // Para las remesas la gracia, al migrante la agresión a secas

En más de 1,200 kilómetros de recorrido desde la frontera sur, en ningún lugar nos habían tratado tan mal como en la Ciudad de México. Esto lo dijo un migrante hondureño quien había prometido que tan pronto como llegara a la capital mexicana iría a la Basílica de Guadalupe a dar gracias a la virgen.

No lo cumplió porque los golpes que le propinaron los policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México lo mandaron al hospital.

La 4T pasó de un esquema de fronteras abiertas a los inmigrantes centroamericanos, al uso de la Guardia Nacional como muro fronterizo de los Estados Unidos. Fue suficiente la mano dura y las amenazas del ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que se diera ese giro en la política migratoria del régimen actual.

No es poca cosa que del alrededor de cien mil elementos que tiene la Guardia Nacional, más de 25 mil están destinados a labores de control migratorio, tanto en la frontera norte, como en la sur. Tampoco es cosa menor que el Gobierno de Joe Biden, que tanto se quiere diferenciar de la administración del republicano Donald Trump, haya decidido no cambiarle ni una coma a la estrategia de una Border Patrol extendida en territorio mexicano.

Y ese grupo específico de migrantes que entró por la autopista México-Puebla tuvo, además de la tensión durante todo el camino con la Guardia Nacional, el agregado de la policía de la Ciudad de México que tenía la instrucción de confinar a la caravana en un deportivo en Santa Martha Acatitla.

Lo único que cambió la suerte de esos migrantes, y de los pobres policías que también resultaron lesionados por la reacción violenta de los migrantes, fue la llegada de las cámaras de televisión. Ahí sí, la actitud del Gobierno de la Ciudad de México pasó del impedimento de transitar hacia la Basílica de Guadalupe a la asignación de autobuses, hospedaje en la Casa del Peregrino y hasta trompos de tacos al pastor para cenar.

En ese discurso titubeante y contradictorio en materia migratoria de la actual administración federal, y sus extensiones locales, hay una incongruencia que destaca entre las demás.

México reprime a los migrantes, que ciertamente violan las leyes migratorias, al tiempo que llama héroes a los migrantes que lograron sortear todos esos obstáculos de fuerza para cruzar a Estados Unidos y enviar decenas de miles de millones de dólares en remesas.

Así, si algún mexicano intentara cruzar de forma ilegal a Estados Unidos en la frontera norte, tendría que enfrentar a miles de integrantes de la Guardia Nacional, que con su formación militar le impedirían a toda costa pisar suelo de los Estados Unidos.

Pero si alguno de esos compatriotas lo logra, cruzar de mojado, consigue trabajo y manda dólares a su familia y se contabilizan en las remesas, a ese mexicano el propio presidente López Obrador le daría las gracias por su contribución al país. 

Festinar y hasta presumir como logro de Gobierno que se expulse por razones económicas a una persona que deja atrás a su familia y compensa su ausencia con los dólares de las remesas, es algo que no está bien en la escala de valores del actual régimen. (Enrique Campos, 24 horas, Negocios, p. 17)

Yo lector

Seamos empáticos con los migrantes

En días recientes fuimos testigos de la horrenda tragedia del accidente carretero donde perdieron la vida más de cincuenta migrantes centroamericanos: de inmediato escuchamos a los agentes de los gobiernos locales, estatales y federales llamarlos hermanos, rasgarse las vestiduras y poner la cara de una tristeza que no es más que fachada de político electorero. Es una vergüenza para las tradiciones de asilo de nuestro país.

Más allá de las discusiones políticas, de la relación con Estados Unidos, hay algo que se le está olvidando a las autoridades, sobre todo las locales; estamos cometiendo crímenes de lesa humanidad, su preocupación por cuidar su pellejo político les hace olvidar que las vidas humanas merecen protección sin tener en cuenta la calidad migratoria, que cada muerto en sus territorios cuenta como una grave omisión de cuidado y que, en algún momento, algún gobierno extranjero, los familiares de los fallecidos o alguna organización internacional podrá llamarlos a cuentas.

Eso, sin contar que estamos en presencia de un fenómeno que no va a cesar y que se incrementará conforme las condiciones económicas y políticas se compliquen en el continente.

Como mexicano, como ciudadano y como ser humano consciente, exijo que se realice una auditoría de derechos humanos a los estados fronterizos para verificar sus prácticas humanitarias, el trato que se da a los migrantes y las investigaciones que se realizan para deslindar responsabilidades dentro de los actos ilícitos.

Como abogado, no dudo en afirmar que estamos muy cerca de un escenario en que tengamos que ver procesos por genocidio en el mediano plazo.

Por supuesto, tampoco dejo de lado lo poco empáticos que hemos sido la sociedad en general con los migrantes que, en condiciones inhumanas, llegan y cruzan el territorio mexicano.

Pero, en especial, en esta tragedia en Chiapas, apenas uno o dos días la sociedad hizo algo de ruido o se impactó, después, a seguir con nuestra vida y a llorar a nuestros famosos muertos. 

Claro que son pérdidas muy grandes para nuestra nación, pero nuestros pares centroamericanos merecen una mayor empatia de nuestra parte.

Quedo de ustedes. (Rafael Jimenez L. Excélsior, Nacional, p. 12)

Cartones

Cartón 1

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 26)

cartón 2

(Perujo, El Economista, El Foro, p. 47)