Opinión Migración 170421

Migración, violencia y fricción política

 

En días pasados, la política migratoria entre México y Estados Unidos tuvo nuevamente un giro inesperado. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, designó a la vicepresidenta Kamala Harris como encargada de los asuntos migratorios en la frontera, quien acordó mantener un trabajo conjunto con el gobierno de México para frenar el tráfico de personas e incrementar la ayuda humanitaria a través de mayores inversiones en la región sur del país. Esta semana, el gobierno de Estados Unidos mencionó que había alcanzado acuerdos con México, Honduras y Guatemala para reforzar la seguridad en las fronteras a través de despliegues de tropas de esos países en las fronteras a cambio de inversiones económicas en la región. Los países centroamericanos negaron dichas afirmaciones, mientras que México dijo que mantendría el despliegue de militares en sus fronteras.

 

Recordemos que venimos de un periodo peculiar. El 20 de enero de 2017, el día que Trump asumió el poder, López Obrador señaló durante un mitin que su triunfo significaba en la política exterior de Estados Unidos “una vulgar amenaza a los derechos humanos”, por sus planes de construir un muro en la frontera con México. De ahí se pasó, en un salto mortal, a la militarización plena y descarada de la política migratoria. El gobierno de México pasó de “los brazos abiertos” a la abyección. Por si fuera poco, recordemos que se retiró desde el inicio del actual gobierno el apoyo a diversas organizaciones de base que brindaban apoyo a los migrantes, además de que no hay mayor presupuesto para el Instituto Nacional de Migración o para la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados. Ahora, la gravísima crisis centroamericana, aunada a las señales de permisividad o de flexibilidad que envió el nuevo gobierno de Biden, han dado un impulso de continuidad a este rol vergonzoso de México como muro militarizado de contención.

 

Son muy tristes las imágenes de los migrantes en tránsito o en centros de detención en México o en Estados Unidos. Los abismos económicos en la región ya nos estallaron a todos, y lo que tenemos es una crisis humanitaria que va para largo. Como ya lo indican los anuncios oficiales, es previsible que veamos una combinación de políticas económicas y de contención, y de un estira y afloja entre todos los actores, tratando de equilibrar distintos intereses nacionales y regionales.

 

Y desde luego no sólo está la migración, sino también los temas de seguridad, en los cuales el fracaso también es ostensible. Además, se simulan esquemas de cooperación, que por lo visto se esfuman tan pronto como son anunciados. El caso del supuesto operativo “Frozen”, anunciado en 2019, para frenar el tráfico de armas es una muestra de la descoordinación o simulación, pues el presidente de México ya dijo que ese problema está prácticamente resuelto gracias a que el Ejército tomó control de las aduanas. Preocupa sobremanera que no haya señales de ninguna institucionalidad, después de que ya se dio por muerta a la “Iniciativa Mérida”. Es ahí donde está uno de los principales retos, para tratar de darle orden, continuidad y cierto equilibrio a las muy difíciles negociaciones que todos estos temas exigirán, desde ahora y para el largo plazo.

 

Las buenas intenciones nunca han sido suficientes, y los diálogos, si bien son indispensables, pierden sentido si no hay dirección estratégica y presupuesto, elementos que no hemos visto a lo largo del sexenio. No es un buen augurio para los migrantes, ni para el país, ni para la relación bilateral. (María Elena Morera, (El Universal, Opinión, Online. )

 

Eunice Rendón: Infancia migrante

 

Opinión Invitada

En los últimos meses los niños no acompañados han estado al centro de la agenda migrante. Huyendo de la violencia, con la esperanza de una mejor vida, en búsqueda de reunirse con familiares y engañados por traficantes, emprenden el viaje. Desafortunadamente el fenómeno no es nuevo. En la región de las Américas, de 2014 a la fecha, cerca de 400 mil menores sin compañía de un adulto han intentado llegar a Estados Unidos. Siendo 2014 y 2019, con cerca de 60 mil y 70 mil respectivamente, los años de mayor afluencia. Biden reabrió la frontera para este sector poblacional al que Trump había impedido ingresar desde marzo 2020. Tan solo en el primer trimestre del 2021, cerca de 35 mil niños cruzaron la frontera. Según datos del Departamento de Salud de Estados Unidos, tienen entre 12 y 17 años, provienen principalmente de Honduras, El Salvador y Guatemala y el 68% son hombres. Asimismo, del lado mexicano de la frontera se ha agotado el espacio en albergues por el aumento en el número de familias y niños migrantes.

 

Según datos de la ONU, 14.6% de los migrantes en el mundo son niños y cerca del 45% de los movimientos de migración forzada y de asilo corresponde a menores de 18 años. Los factores de empuje y movilidad de este grupo etario responden a una violenta realidad. En los últimos diez años, más de dos millones de niños han muerto en conflictos armados, seis millones sufren de alguna morbilidad ocasionada por la violencia, más de un millón son huérfanos y cerca de 400 mil se han convertido en soldados o esclavos sexuales.

 

El camino es arriesgado. Están sujetos a sufrir accidentes, explotación sexual o laboral, maltrato institucional e incluso la muerte. Además, su perfil resulta especialmente atractivo para algunas tareas del crimen organizado. Tal es el caso de los menores de circuito, reclutados para traficar personas y sustancias a Estados Unidos, ya que por su edad no pueden ser retenidos por las autoridades de seguridad y son devueltos una y otra vez a México.

 

Las recientes reformas a la Ley de Migración y la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, entradas en vigor el 11 de enero del 2021, prohíben la detención de niños, niñas y adolescentes, solos o acompañados, por parte del Instituto Nacional de Migración. Si bien esto es una buena noticia y un avance importante para México, ha generado un vacío en la protección de estos menores y de núcleos familiares, quienes están siendo atendidos de modo emergente por la sociedad civil y gobiernos locales. El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, quien tiene la facultad y la responsabilidad de velar por esta población, ha brillado por su ausencia. Lo anterior, con la agravante de que desde el pasado 11 de marzo, cientos de familias migrantes centroamericanas son retornadas diariamente a Ciudad Juárez y a Tijuana por el gobierno de Estados Unidos bajo el Título 42.

 

La atención de la infancia migrante debe ocupar el más alto nivel de compromiso en la agenda humanitaria internacional. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) puede asistir en el fortalecimiento de modelos de cuidado alternativo, como albergues de puertas abiertas, acogimiento familiar y departamentos especializados. Estados Unidos, al ser el principal receptor de esta población, puede ayudar mejorando la atención en su territorio y contribuir de manera inmediata con México mediante la Agencia para el Desarrollo y a través de los recursos aprobados bajo el pilar 4 de la Iniciativa Mérida, destinado a la construcción de comunidades fuertes y resilientes. México, por su parte, requiere mayor presupuesto, apoyo interinstitucional y la coordinación efectiva de los tres órdenes de gobierno para responder al reto que tenemos enfrente.

 

Los derechos de las niñas, niños y adolescentes en movilidad deben protegerse en todo lugar y en todo momento.

 

La autora es doctora por Sciences-Po París y experta en prevención, migración y seguridad. (Eunice Rendón, Reforma, Opinión, p.8)

 

La paciencia del oso frente a México

 

El gobierno de Joe Biden parece entender bien la metáfora que hizo Jeffrey Davidow, embajador de Estados Unidos en México entre 1998 y 2002, al identificar a su país como un oso enorme y descuidado y a México como a un puercoespín susceptible y capaz de hacer daño con sus púas.

 

El oso Biden ha sabido leer que en este momento no es constructivo lanzar zarpazos al puercoespín, porque éste vive tiempos electorales y suele inflamarse rápidamente con la retórica. Además, el puercoespín ha demostrado ser increíblemente pragmático, como cuando acicaló al oso Trump llevándole miel y éste amenazó con darle un pisotón cada vez más fuerte de no cerrar sus fronteras a las caravanas centroamericanas y de facto lo convirtió en tercer país seguro.

 

El oso Biden ha sido paciente y no rugió cuando el puercoespín fue de los últimos en felicitarlo, tampoco ha lanzado zarpazos por leyes retroactivas que afectan a sus empresas de energía y a sus inversiones. El oso Biden incluso ha sido cordial con el puercoespín, porque sabe que en este momento debe definir cómo lidiará con el panda Xi Jinping, que es verdaderamente un reto formidable, debe también quitarse las pulgas del extremismo que le da comezón y al mismo tiempo debe desactivar al oso ruso, cuyo ego lo hace sentirse más grande de lo que realmente es.

 

De nada le sirve al oso Biden hacer todo ello con una púa de puercoespín en el trasero. Sin embargo, sería un error de cálculo confundir la experiencia del oso con debilidad. De hecho, sin rugir, el oso Biden logró que el puercoespín restringiera su frontera sur a cambio de unas vacunas. También sería un error confundir cordialidad con simpatía; sin rugir, el oso va expresando su opinión ante el susceptible puercoespín.

 

Un buen ejemplo de ello lo ofreció el Departamento del Tesoro, el cual mostró su preocupación por las costumbres económicas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El documento forma parte del análisis que hace por ley el Tesoro de Estados Unidos de sus socios comerciales, los cuales podrían incurrir en prácticas cambiarias que manipulen sus monedas para hacerlas más baratas que el dólar y, con ello, impulsar sus exportaciones y desinhibir las importaciones de la Unión Americana. En dicho análisis, el oso no fue muy sutil con el puercoespín, ya que señala que este llegó débil a la pandemia, con una leve recesión, a lo que se sumó una política fiscal austera que dejó a la economía expuesta, lo que tuvo como consecuencia un colapso de la demanda doméstica y una compresión de las importaciones provenientes de Estados Unidos. El oso destacó que el Banco de México es un factor que ayuda al puercoespín y reconoció que las intervenciones que hace en el mercado cambiario son transparentes y buscan mantener el poder adquisitivo del peso, no lo contrario.

 

El análisis del Tesoro muestra que no por paciente el oso ha dejado de ver la realidad, lo que queda retratado en el párrafo de conclusión con respecto a México: “La baja inversión del sector privado amenaza con dificultar la recuperación y reducir el potencial de crecimiento de largo plazo.

 

Con un gran costo, México ha incrementado el dominio de mercado de las firmas estatales que pierden dinero, drenando recursos públicos para gasto esencial y marginalizando la inversión en energías renovables, que reducirían el costo de los usuarios y liberarían espacio fiscal para inversiones más productivas y de protección social. En la medida en que las exportaciones de energía de Estados Unidos a México declinen, como resultado de la política de México al buscar una mayor independencia en combustibles fósiles, el superávit de México con Estados Unidos se puede incrementar”.

 

Al puercoespín no le conviene colocar al oso en una posición en la que sólo le quede lanzar el zarpazo. Esperemos que el puercoespín haga gala de su pragmatismo. (Rodrigo Pacheco, Excélsior, Opinión, p.16)

 

Boligán Migración, Fronteras y Soldaditos

 

Cricatura

 

(El Universal, Opinión, p.12)