ENTONCES, COMO QUE ya es hora de que alguien, alguna autoridad, nos diga qué fue lo que pasó o por qué algunos museos de la Ciudad de México fueron cerrados.
LA HISTORIA DEL cambio de firma para encargarse de la seguridad de esos recintos ya nos la sabemos, de lo que no se tiene idea es de a quién se le echó a perder el negocio de emplear a una empresa privada para la labor de resguardo.
LA MANO QUE mece la cuna podría no tener más interés en lo que pasa en la Ciudad de México, por más que no hace mucho tiempo tuvo las riendas de la investigación policiaca, pero resulta que sí, sí tiene muchos intereses en la urbe, sobre todo porque pertenece a una de las tribus hegemónicas en el gobierno federal.
LA HISTORIA, LO que se sabe de ella, es que un individuo muy cercano al ex comisionado del Instituto Nacional de Migración Francisco Garduño, quien estaba a cargo de la seguridad del Museo Nacional de Antropología, de nombre Pedro Alberto Velázquez, servía en aquellos días al que también fuera encargado de despacho de lo que fue la Procuraduría General de Justicia de la CDMX.
LA MOVIDA, ESO de suplir a la Policía Auxiliar –que tenía más de 30 años en el cuidado de los museos–, no se le ocurrió a Velázquez; él, según nos cuentan, recibió la orden de cortar el servicio ya probado por el de algunas empresas con las que posiblemente se haría un buen negocio.
TODO SE DESCUBRIÓ cuando los miembros de las empresas contratadas no podían, por ignorancia, prestar el servicio, y frente a eso, como ya se sabe, se tuvieron que cerrar los museos, pero lo peor para algunos fue que el negocio se cayó.
TODOS LOS DATOS están ahí; se sabe con precisión quiénes participaron en este movimiento que seguramente presenta un flanco de ilegalidad, pero no pasa nada. Si algo ha hecho un enorme daño a nuestro país ha sido la impunidad y una de las condiciones que llevó al cambio y a refrendar el triunfo fue la promesa de combatir esa impunidad y la corrupción.
POR ESO ES que no hay que esperar que las cosas se olviden con el tiempo. La gente sabe y sabe bien que la impunidad también votará en las elecciones que vienen, así que piénsenlo. (Miguel Ángel Velázquez, La Jornada, Capital, p. 30)
Sheinbaum en el G-7
Con serenidad y paciencia, nos dicen, la presidenta Claudia Sheinbaum recibió la noticia de que la primera reunión cara a cara que tendría en Canadá con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco de la Cumbre del G-7 se había cancelado. En el círculo cercano de la Presidenta señalan que para esa reunión se tenían listos informes que destacan una serie de logros que buscaban presentar un México más seguro, más fuerte económicamente y con un manejo migratorio ejemplar. Nos hacen notar que, aunque la bilateral con Trump era un plato fuerte de la gira, pues en la agenda común hay temas de máxima importancia, también es relevante la oportunidad que tendrá hoy la mandataria mexicana de pronunciar un mensaje en la plenaria de la Cumbre del G-7 y atender las reuniones bilaterales con los líderes de Canadá, India, Alemania y el Consejo Europeo. Ya será otra ocasión en la que Sheinbaum y Trump se vean de frente. (Bajo Reserva, El Universal, Nación, p. A2)
Otras prioridades
Aunque fue cancelada de último momento la reunión entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo estadounidense Donald Trump, en Canadá, la mandataria mexicana tendrá importantes encuentros bilaterales este martes con representantes de India, Canadá, la Unión Europea y Alemania, sumado esto a su intervención en la plenaria de la cumbre del G-7, donde se espera un pronunciamiento muy relevante.
Y se marchó…
El retiro de Trump del G-7 impactó no sólo su reunión con Sheinbaum. El apremio por la crisis en Oriente Medio le impidió atender al ministro japonés, Shigeru Ishiba; al australiano, Anthony Albanese; al ucraniano Volodímir Zelenski; y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Se va, se va…
Por si estaban con el pendiente, la consejera de Morena en Jalisco, Melissa Cornejo, analiza dejar el partido tras la polémica que generó un tuit sobre las redadas contra migrantes en EU. Se quejó y dijo que ha sido ‘linchada’ por sus compañeros tras la exhibida que le puso el subsecretario de Estado de EU, Christopher Landau. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
RESQUICIOS.
Con Trump puede pasar cualquier cosa. Lo sabe Claudia Sheinbaum y, por ello, deberá tener cuidado y paciencia. Lo que no se puede guardar deberán ser la búsqueda de soluciones al tema migratorio, que ya son al interior de EU un factor de focos rojos. (Javier Solórzano Zinser, La Razón, LA DOS, p. 2)
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se quedó sin la esperada reunión bilateral con Donald Trump en la Cumbre del G7, luego de que el mandatario estadounidense abandonara anticipadamente el encuentro en Kananaskis, Canadá, debido a la escalada del conflicto entre Israel e Irán. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que Trump se retiraría tras la cena con los jefes de Estado, cancelando también su encuentro con el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. “El presidente Trump tuvo un gran día en el G7, en el que incluso firmó un gran acuerdo comercial con el Reino Unido y el primer ministro Keir Starmer (…) pero por lo que está sucediendo en el Oriente Medio, se irá esta noche”, informó. Más temprano, el presidente estadounidense lanzó advertencias a Irán a través de su red Truth Social, donde escribió: “Todo el mundo debería evacuar inmediatamente Teherán”.
En México, desde Palacio Nacional, se descartó que la salida anticipada de Donald Trump de la Cumbre del G7 altere la agenda de Claudia Sheinbaum, quien mantiene reuniones bilaterales programadas con los líderes de India, Canadá, el Consejo Europeo y Alemania. Además, la presidenta mexicana prepara un posicionamiento relevante durante la plenaria del foro. Cercanos a Sheinbaum aseguraron que la participación del país sigue firme y sin cambios, pese a la cancelación del encuentro con el mandatario estadounidense.
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No hicieron muchas olas, pero los miembros del gabinete de Clara Brugada en la Ciudad de México también son sujetos de observación de las autoridades estadounidenses que, durante los últimos días, se han dedicado a sentenciar las protestas por las redadas migrantes en Los Ángeles. Por ejemplo, el secretario de Planeación y Ordenamiento Territorial, Alejandro Encinas, fue uno de los que “poéticamente” se solidarizó con “nuestros hermanos y hermanas californianos en su lucha por sus derechos y su dignidad”; en tanto, la secretaria de Cultura, Ana Francis López, replicó el mensaje a través de sus redes. (A la Sombra, El Sol de México, República, p. 2)
Espoleado por encuestas de opinión pública que lo ponen por debajo de la línea de aprobación en casi todos los temas, el presidente Donald Trump renovó su compromiso de realizar “la mayor deportación masiva de la historia” estadounidense.
“Debemos intensificar los esfuerzos para detener y deportar a inmigrantes indocumentados en las ciudades más grandes de Estados Unidos, como Los Ángeles, Chicago y Nueva York, donde residen millones de ellos”, indicó la noche del domingo en un mensaje de su red social.
La idea sobre todo es enfocar esfuerzos sobre ciudades gobernadas por sus rivales demócratas, que según la visión de Trump y sus aliados “utilizan a inmigrantes indocumentados para expandir su base electoral, hacer trampa en las elecciones y expandir el Estado de Bienestar, robando empleos bien pagados y beneficios a ciudadanos estadounidenses trabajadores”.
El problema es que en al menos dos de esas ciudades la mayoría de los inmigrantes, documentados y no, son de origen mexicano.
Igualmente, es un nuevo giro: apenas el jueves había instruido a la Policía de migración y Aduanas (ICE) a no realizar redadas en centros de trabajo como campos agrícolas, hoteles, restaurantes y procesadoras de carne, donde labora un considerable número de indocumentados, luego de quejas de grupos empresariales que subrayaron su costo económico.
Pero el argumento reiterado trata de reforzar su imagen de “hombre fuerte”, especialmente luego de un fin de semana en que un desfile militar para celebrar el 250 aniversario de la creación del Ejército, y de paso su cumpleaños 79, resultó sombreado por más de dos mil manifestaciones que a lo largo y lo ancho del país llevaron a unos cinco millones de estadounidenses a rechazar “reyes” en general y un imperioso Trump en particular.
En alguna medida, sin embargo, parece también parte de un esfuerzo por revitalizar una política que aún parece tener impacto por lo menos entre sus seguidores. Es, de hecho, el único donde aún tiene un margen favorable.
Más allá, el gobierno Trump parece buscar tanto acallar las crecientes dudas en torno a su autoridad, según algunos especialistas, para movilizar a las Fuerzas Armadas dentro de territorio estadounidense.
Trump invoca leyes de emergencia sobre “invasión” , la necesidad de preservar la ley y el orden y la cantidad de indocumentados que describe como “violentos y saqueadores” amén de “antiestadounidenses”.
Pero, sobre todo, es un ataque contra los demócratas.
“La oposición de los demócratas al presidente Trump los ha obligado a apoyar a los delincuentes inmigrantes indocumentados en sus comunidades, a los violentos alborotadores y saqueadores, en lugar de a los agentes del orden que simplemente hacen su trabajo”, declaró recientemente la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
Según Leavitt, “el presidente Trump desplegó la Guardia Nacional y movilizó a los Marines para poner fin al caos y restablecer la ley y el orden. La violencia de las turbas está siendo erradicada. Los criminales responsables serán llevados rápidamente ante la justicia, y las operaciones de la administración Trump para arrestar a inmigrantes indocumentados continúan sin cesar”. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Online)
No se puede ser lo que la gente quiera y seguir siendo fiel a uno mismo.
Florestán
Todo listo hasta ayer por la tarde para que la presidenta Claudia Sheinbaum se reuniera por primera vez hoy, cara a cara, con el presidente Donald Trump en el marco del G7 en Canadá, después de haber hablado siete veces por teléfono.
La agenda era la común de siempre: migración, crimen organizado y comercio.
La de la presidenta Sheinbaum, aranceles a las exportaciones mexicanas, impuestos a las remesas, el trato inaceptable a nuestros paisanos que no son delincuentes, contrabando de armas y combustible y T-MEC, además de las arriba mencionadas.
Uno de los puntos centrales es la seguridad en todas las vías de la vecindad, marcadamente el fentanilo.
Para los temas de la relación bilateral, y por su cargo, está en Canadá Juan Ramón de la Fuente; para comercio, Marcelo Ebrard y Édgar Amador, y para capítulo central, de ambos, la seguridad en todos sus derivados, y para más, Omar García Harfuch.
Sheinbaum ya había recibido el miércoles en Palacio al subsecretario de Estado, Christopher Landau, como parte del encuentro presidencial y el canciller De la Fuente habló el domingo con Marco Rubio y todo cerrado. Todo menos la escalada de la guerra Israel-Irán, que llevó anoche a Trump, ya en Canadá, a adelantar su regreso a Washington y a cancelar todas sus reuniones con jefes de gobierno: Claudia Sheinbaum, el premier japonés, el australiano, el presidente de Ucrania, clave por la invasión rusa, y la presidenta de la Comisión Europea.
Lo más sensible para nosotros es el caso Sheinbaum, pero hay prioridades como siempre las ha tenido la Casa Blanca, y la guerra en el Medio Oriente supera, en este momento, al caso México.
Anoche mismo Trump urgió a evacuar totalmente Teherán, diciendo que Irán no puede tener armas nucleares, que las tiene.
Insisto, que Washington tiene prioridades.
Y hoy México no lo es.
Tampoco nos desgarremos.
RETALES
Nos vemos mañana, pero en privado. (Joaquín López Dóriga, Milenio, Al Frente, p. 3)
Todo flota en el aire.
No sabemos, no supimos y tal vez no sabremos pronto cómo será el trato directo de Claudia Sheinbaum con el presidente Donald Trump.
La esperanza de otear el ambiente se diluyó ayer cuando el mandatario estadounidense debió regresar súbitamente -o al menos eso se dijo- a Washington.
Ni siquiera sabemos cuáles serían los argumentos de México para defender “dignamente” -así lo prometió la Presidenta- a quienes han emigrado y radican en Estados Unidos.
En un mensaje de la Casa Blanca se diluyeron los esfuerzos febriles de los funcionarios mexicanos y toda la esperanza puesta en un encuentro alcanzado con premura.
Porque hasta el jueves pasado, mencionamos en este espacio el viernes en la columna Ningún avance para un diálogo Sheinbaum-Trump, el magnate no tenía previsto dedicar tiempo a la visitante “elegante” y “fantástica”, como ha calificado a Sheinbaum.
De darse el diálogo, dijimos, sería casi casual, breve, sin agenda fija y mucho menos con acuerdos, aunque sí encaminaría el trato directo para una visita de Estado posterior.
DIÁLOGOS ALTERNATIVOS
De cualquier forma, no es viaje inútil al G7.
Como mencionamos el viernes, estaba confirmada la salutación al primer ministro de Canadá, Mark Carney, y algunos jefes de Estado y de gobierno presentes en Canadá.
También están los empresarios orgánicos canadienses, claves para unir esfuerzos en aras de la revisión del tratado comercial (T-MEC) entre los tres países de América del Norte.
El embajador Carlos Joaquín preparó para ayer en un hotel de Calgary un encuentro con el equivalente al Consejo Coordinador Empresarial mexicano de Francisco Cervantes para dar continuidad al diálogo emprendido hace meses.
Quizá sea ventajoso para Claudia Sheinbaum esperar mejores condiciones para buscar entendimientos de fondo sin acceder incondicionalmente a las exigencias de Donald Trump, como lo hizo Andrés Manuel López Obrador.
El expresidente olvidó todas sus amenazas de contestar tuit por tuit, insulto por insulto, “con el energúmeno que amenazaba con construir un muro en la frontera común”, según escribió el tabasqueño en su libro Oye Trump.
El muro material ha avanzado muy poco, pero López Obrador puso dos militares, uno en el Suchiate y otro en el Bravo y de esa manera acató la sentencia trumpista de pagarlo “y México no va a saber cómo”.
Esos muros siguen sólidos y reforzados desde este año con diez mil soldados en la frontera norte.
CONSULADOS HUÉRFANOS
Han crecido las protestas de migrantes en Estados Unidos y tensado las relaciones con México, al grado de acusar directamente de incitarlas a la Presidenta por la secretaria de Seguridad Interior, Kristi Noem.
Pero los 53 consulados de la Unión Americana siguen en espera de presupuesto, recursos humanos y estrategias para reforzar la defensa de los cientos de mexicanos detenidos diariamente por la fuerza pública.
Por ahí sería el principio de protección ofrecida desde este lado y difusión de derechos, más la suma de apoyos de organizaciones civiles y religiosas y despachos de abogados especializados en esas tareas.
La crisis consular obligó a movilizarse a personal en varias ciudades y por ello en febrero pasado Claudia Sheinbaum ordenó un diagnóstico integral, pero no es posible hacerlo por falta de fondos.
Inclusive desde el año pasado varios cónsules fueron advertidos del fin de sus funciones y su inminente sustitución, pero no han sido posibles porque falta para liquidaciones y hasta para menajes de casa. (José Ureña, 24 Horas, México, p. 4)
La cuenta regresiva para el Mundial de Futbol del próximo año comenzó la semana pasada, al mismo tiempo que el presidente Donald Trump intensificó las redadas contra los inmigrantes, particularmente en Los Ángeles, donde se jugará la final de la Copa FIFA el 19 de julio, y se prepara para ampliar la lista de países cuyos ciudadanos, hoy, no pueden entrar a Estados Unidos. Esto ya se puede problematizar: entre los tres únicos países clasificados para el Mundial –sin contar las tres naciones sede– se encuentra Irán, vetado para acceder a visas.
La entrega de visados ha sido una preocupación constante desde que Trump asumió, por segunda ocasión, la Casa Blanca.
En abril, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que ha visto varias veces a Trump –se esperaba que máximo en mayo viajara a México para supervisar los avances de la organización, lo que no sucedió–, dijo que había recibido garantías de la Casa Blanca de que los aficionados de cualquier nación del mundo podrían viajar a Estados Unidos, y recordó que el gobierno estadounidense había firmado las garantías cuando presentó su solicitud como país sede.
La selección de los tres países de Norteamérica se realizó durante el primer mandato de Trump y, según Infantino, la FIFA firmó el llamado Acuerdo de Garantías con el presidente y los gobernadores de las 11 ciudades sede. Estos compromisos son los que un país anfitrión debe cumplir para asegurar un evento de la FIFA. De lo que no habló Infantino es de otro documento menos conocido, llamado Cuaderno de Cargos, mediante el cual el país anfitrión garantiza la entrada de cualquier miembro de la delegación de un país competidor, sin excepción, para que pueda participar plenamente en el torneo.
En la Copa del Mundo de 1994, en Estados Unidos, el gobierno del presidente Bill Clinton no firmó el Cuaderno de Cargos, y no se sabe si el de Trump lo hizo. Pero aun si lo suscribió, lo que es dudoso, no valdría nada.
Irán es parte del grupo original de 12 países a cuyos nacionales se les negó la entrada y el visado, por lo que, hoy en día, Irán está vetado para jugar en ese país. La semana pasada, The Washington Post reveló que otros 36 países serían añadidos a aquella lista, entre los que se encuentran Libia, Burundi y Sierra Leona que, según varios analistas de futbol, tienen posibilidades de calificarse.
Infantino declaró en abril que “el mundo sería bienvenido” a Estados Unidos durante la Copa FIFA, pero dos meses después pudo ver que no era cierto.
Al zaguero del Boca Juniors, Ayrton Costa, el Servicio de Inmigración y Aduanas le negó la visa, por lo que su participación en el Mundial de Clubes, que se está llevando a cabo en Estados Unidos, se había acabado. Gestiones de la FIFA y las autoridades deportivas de Argentina lograron que le dieran una visa especial de 26 días para que pudiera participar en el torneo. Costa había participado en un robo hace unos siete años, pero no fue a juicio al aceptar una sentencia con libertad condicional en 2023.
Las restricciones de visas y las redadas se sumaron a los temores en torno a los juegos de futbol en Estados Unidos.
El sitio deportivo The Athletic, una rama de The New York Times, publicó hace unos 10 días que la venta de boletos para el juego inaugural de la Copa Mundial de Clubes entre el Inter de Miami y su astro Lionel Messi, contra el cuadro egipcio Al Ahly, era tan baja que redujeron los precios de boletos de 230 dólares a 55. Sólo así lograron un estadio casi lleno, ante los temores de una asistencia de menos de dos terceras partes de su capacidad por la cruzada antimigratoria de Trump.
La primera ola de redadas afectó a otros partidos de futbol. Por ejemplo, reportó Los Angeles Times, la asistencia al estadio SoFi el sábado pasado, donde abrió México la Copa de Oro ante República Dominicana, tuvo una asistencia de 10 mil personas abajo del promedio de sus últimos tres juegos en el mismo caso, que dejó casi vacía la tribuna más alta y a medio llenar la más baja.
En Salt Lake City, Utah, donde el seleccionado mexicano jugó un partido de exhibición contra Suiza, se vendieron 40 mil boletos, pero sólo asistieron 30 mil personas. Días antes, en Chapell Hill, Carolina del Norte –una zona llena de mexicanos– donde jugó contra Turquía, la asistencia no rebasó 50 por ciento del cupo.
Hoy estamos a menos de un año de la inauguración de la Copa FIFA en el estadio Banorte Azteca, pero con una incertidumbre creciente sobre lo que pueda pasar en Estados Unidos, donde se llevarán a cabo 74 de los 104 partidos de la Copa FIFA, y a tres de los Juegos Olímpicos en Los Ángeles, donde a diferencia del Mundial de futbol, participarán sólo 48 escuadras, se espera que compitan 208 países, incluidos prácticamente todos los de la lista de Trump.
La inquietud sobre los dos eventos deportivos más grandes del mundo llevó a 55 diputados en Estados Unidos a enviarle una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, para pedirle que agilizara las visas para los visitantes en ambos eventos, que estiman dejarían una derrama económica de tres mil 75 millones y 18 mil millones de dólares, respectivamente.
En ese momento, cuando arrancaba el segundo gobierno de Trump, todas las preocupaciones fueron resueltas. Hoy, lo que dijeron entonces ya no tiene validez, en función de cómo está actuando el gobierno. Lo que suceda mañana con Trump es impredecible. Lo que pase dentro de un año, todavía más. No hay garantía de nada, ni certeza de sus acciones. No hay discusiones de la FIFA con los países sede, sobre alternativas en caso de que Trump endurezca su posición de visas y redadas, que afectan al futbol y que sólo en la Copa del Mundo tendría, calculan, ingresos por 11 mil millones de dólares. Y todo, sometido a los humores de un Trump peligrosamente mercurial. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 32)
El sueño americano se convirtió en una verdadera pesadilla, y el despertar no hizo sino corroborar la magnitud de la imprudencia a la que ha llegado el gobierno de Estados Unidos, al extremo de que el presidente Donald Trump, ha ordenado al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de ese país realizar “la mayor operación de deportación masiva de la historia”, vulnerando los derechos, no solo de los trabajadores migrantes a ese país, sino incluso de los propios norteamericanos.
Como lo señaló recientemente el periodista de la CBS, Scott Pelley, en un discurso en la Universidad Wake Forest de Salem, Carolina del Norte, “Nuestro estado de derecho está siendo atacado, las universidades están siendo atacadas, la libertad de expresión está siendo atacada, y un miedo alarmista se está extendiendo por nuestras escuelas, nuestras empresas, nuestros hogares y hasta nuestros pensamientos”. Y se preguntó “¿Miedo a hablar en Estados Unidos? ¿Por qué atacar a las universidades?, ¿por qué atacar al periodismo?… Porque la ignorancia sirve al poder. Primero haz que quienes buscan la verdad vivan con miedo. El poder puede cambiar el significado de las palabras que usamos para describir la realidad. La diversidad ahora se describe como ilegal; la equidad se desprecia; la inclusión es una palabra sucia. Están siguiendo un manual no hay nada nuevo en esto”.
Se promueven campañas supremacistas inspiradas en el lema de campaña “America first”, que reivindican la supremacía blanca y llaman: “Ayuda a tu país y a ti mismo. Denuncia a todos los invasores extranjeros”. Aunque se persigue a los disidentes norteamericanos, a quienes denuncian las complicidades en el genocidio israelí en Gaza y en la enorme provocación que representan los ataques a Irán, han dejado claro que la sentencia de Francis Fukuyama sobre el fin de la historia ha quedado superada. La historia continúa su incesante movimiento y los “consensos” posteriores al colapso del modelo soviético y la Guerra Fría, que se cristalizaban con la democracia liberal occidental y la economía de mercado, radicalizada durante el neoliberalismo, se resquebrajan.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, primero en 2017 y luego en 2025, ha sido un punto de inflexión para la política interna de Estados Unidos y para el orden global. A diferencia de sus antecesores, Trump ha abandonado la retórica de buen vecino, de demócrata y defensor de derechos humanos para avanzar una agenda regresiva.
Como parte de su estrategia para expulsar a migrantes de las ciudades santuario, se impulsó la Operación Safeguard; el 6 junio el ICE y FBI llevaron a cabo operativos simultáneos en Los Ángeles y otras ciudades, violando acuerdos internacionales y normas de derechos humanos como la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados; la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes; la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; así como los Principios de Derecho Internacional Consuetudinario.
La respuesta de la población migrante y de la sociedad norteamericana ha sido contundente saliendo a las calles para protestar contra estas acciones ilegales y contrarias a los derechos humanos. El movimiento 50501, denominado así para convocar en 50 estados a 50 protestas en un solo un movimiento, sumó a cientos de miles de personas, el 14 de junio en el día “No Kings Day”, (Sin reyes), en clara oposición a la política imperial del presidente Trump.
Esta manifestación coincidió con las celebraciones por los 250 años del ejército de los Estados Unidos y con el cumpleaños 79 de Donald Trump, lo que no puede evitar la asociación con la fastuosa celebración que Porfirio Díaz realizó con motivo del Centenario de la Independencia en 1910, las festividades del 15 de septiembre y su cumpleaños pocas semanas antes del inicio de la Revolución en nuestro país.
Lo sucedido en los Estados Unidos, la cada día más grave y tensa situación global, en particular en Medio Oriente y Ucrania, así como las tensiones crecientes en el Cono Sur de nuestro continente, marcan un hito en la disputa por un nuevo orden internacional, ante lo cual, no se puede guardar silencio. El sueño americano desenmascara su verdadero rostro. Bye bye american dream. (Alejandro Encinas, El Universal, Opinión, p. 14)
“Estaría a salvo y cálido en Los Ángeles”, dice una famosa la canción de 1965 (The Mamas & The Papas). Hoy en esta ciudad santuario reina el miedo por la estrategia violenta del trumpismo. Este presidente se tardó cinco meses en empezar una nueva fase de su proyecto: radicalizar la confrontación, hacer redadas masivas para cubrir los graves errores y malos resultados de su gobierno. La batalla en contra de la inmigración en California se ha convertido en una confrontación de narrativas y de imágenes.
A Trump no le ha salido bien su guerra comercial y arancelaria que ha tenido más subidas y bajadas que una montaña rusa; tampoco hay avances en la guerra de Putin en contra de Ucrania; el conflicto en Gaza todos los días muestra más el genocidio que las democracias occidentales no han querido detener; ahora la guerra entre Israel e Irán agrava la situación global; la ruptura de Trump con Musk mostró las grietas internas de su coalición; la economía en Estados Unidos se ha empezado a contraer y ha aumentado la desconfianza de los consumidores; diversos tribunales han dictaminado en contra de múltiples decisiones del trumpismo; todo lo cual generaliza la incertidumbre y la aprobación del presidente ha empezado a bajar.
Radicalizar la estrategia contra la inmigración cultiva a las bases MAGA y es su palanca más segura. Lo hace en California para dar un golpe directo a los demócratas en su territorio electoral más importante. Al mismo tiempo, esas ventajas se pueden convertir en riesgos costosos para la Casa Blanca. La narrativa trumpista difunde el falso discurso de que hay una invasión de delincuentes en Estados Unidos. Han difundido fotografía y videos donde hay violencia y banderas de México. La Casa Blanca dice que la intervención de la Guardia Nacional y de los marines ha sido para evitar que Los Ángeles se vuelva a “incendiar”, como pasó el año pasado.
“Trump ha optado por la radicalización y la polarización, y busca abiertamente provocar violencia (…) El despliegue del ejército estadounidense está diseñado para crear imágenes aterradoras, no para satisfacer una necesidad real. El gobernador de California no solicitó tropas (…) la policía de Los Ángeles dejó claro que no había ninguna emergencia” (Anne Applebaum, The Atlantic, 11/06/2025).
El gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, se ha vuelto en pocos días una figura nacional, que ha crecido rumbo a las elecciones presidenciales de 2028. Él encabeza la otra versión en la guerra de narrativas: dice que todo empezó con redadas masivas en lugares de trabajo, tanto en la ciudad de Los Ángeles, como en campos de cultivo. Las manifestaciones y protestas han sido, según la prensa no alineada, mayoritariamente pacíficas.
La Casa Blanca no sólo ha reforzado una narrativa mentirosa, propia de su estilo cotidiano de hacer política, sino que ha lastimado otra de las reglas importantes de la política, la relación entre el centro y las regiones. La intervención arbitraria de federalizar a los miembros de la Guardia Nacional de California ha pegado en el apreciado federalismo de ese país, esa intervención militar se ve como un abierto abuso de autoridad. El gobernador Newsom declaró que: “Donald Trump, sin consultar con las autoridades policiales de California, desplegó a 2000 miembros de la Guardia Nacional de nuestro estado en nuestras calles (…) Él prefirió el teatro por encima de la seguridad pública (…) sus agentes están arrestando a trabajadores de restaurantes, jardineros, jornaleros y costureras. Eso es simplemente cobardía (…) si cualquiera de nosotros puede ser secuestrado en las calles sin orden judicial, basándose únicamente en sospechas o en el color de la piel, entonces ninguno de nosotros está a salvo”. Las conclusiones del gobernador son que la democracia está “bajo ataque”, que ya no hay “pesos y contrapesos”, y que se está “demoliendo el proyecto histórico”.
Los sueños de California son atacados por un presidente populista de ultraderecha que se siente un rey. El sábado pasado se contabilizaron 2000 actos de protesta en todo el país con la consigna “No kings”. ¿Fracasará el teatro autoritario del trumpismo? ¿Podrá la democracia en Estados Unidos superar uno de sus momentos más críticos? (Alberto Aziz Nassif, El Universal, Opinión, p. 15)
No olvidaré jamás el rostro de Yvrose. Tenía 29 años, venía desde Haití y cargaba en brazos a su hija de cuatro años.
Cruzó más de 2 mil kilómetros, desde Puerto Príncipe, huyendo de la violencia y el caos en su país, donde había sido perseguida por pertenecer a una organización que había alzado la voz contra la corrupción y la impunidad. Su esposo había desaparecido semanas antes. Ella sabía que, si se quedaba, también sería víctima. Así que huyó. Sin certezas, sin destino claro.
La conocí en Tapachula, en uno de los albergues que habilitamos durante mi gestión como presidenta municipal. Llegó agotada, deshidratada, pero con la fuerza inquebrantable de una madre que lucha por salvar a su hija. Fue una brigadista quien me dijo: “Ella no es sólo migrante, es refugiada”. Y esa distinción, aunque parezca técnica, lo cambia todo.
Una persona refugiada no migra por voluntad. Huye porque su vida corre peligro. Huye porque su país ya no puede, o no quiere, protegerla. Huye por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social o por sus ideas políticas. En muchos casos, como el de Yvrose, regresar significaría la muerte.
Este 20 de junio, en el Día Internacional del Refugiado, es importante hacer una pausa y mirar con sensibilidad esta realidad. Las personas refugiadas no buscan privilegios. Buscan protección internacional, porque el lugar donde nacieron dejó de ser un espacio seguro.
Durante mi tiempo como presidenta municipal de Tapachula, miles de personas como Yvrose llegaron a nuestra ciudad. Tapachula no solo es frontera; también es refugio, punto de tránsito, y a veces, el primer lugar en el que las personas refugiadas pueden volver a dormir tranquilas. Nos enfrentamos a enormes desafíos logísticos, sociales y humanitarios. Pero los enfrentamos con la convicción de que defender los derechos humanos no es una opción, es un deber.
Hoy, desde la Cámara de Diputadas y Diputados, refrendo mi compromiso con ellas y ellos. Las personas refugiadas no solo merecen protección legal y acceso a servicios, también necesitan las condiciones y oportunidades para reconstruir su vida en paz. México tiene una tradición histórica de asilo y hospitalidad. Sigamos abriendo no solo nuestras puertas, sino también el corazón, para que cada persona refugiada en nuestro país pueda sanar sus heridas y comenzar de nuevo. (Rosy Urbina, El Sol de México, Análisis, p. 22)
MÉXICO, CON UNA delegación gubernamental definida ex profeso, esperaba que la entrevista cara a cara con el mandatario vecino permitiera acelerar definiciones y avanzar hacia acuerdos en temas complicados, sobre todo en cuanto al trato a migrantes, en su mayoría de origen mexicano, el crimen organizado (y sus referentes en la política, susceptibles no sólo del retiro de visa) y los aranceles.
A PESAR DEL desencanto que necesariamente habría de provocar la cancelación de la cita para que los dos presidentes hablaran en persona (lo han hecho siete veces por vía virtual), parecería retorcido suponer que del lado estadunidense se tratara de una maniobra con dedicatoria a México. Los ataques entre Israel e Irán han ido agravando la siempre difícil situación en esa zona, a tal grado que diversas voces calificadas alertan sobre el riesgo de una tercera guerra mundial.
EN ESE MARCO, Donald Trump tiene la máxima capacidad de presión para doblegar a Irán, ofreciendo zafarlo del fuego intenso y dominante de Israel, manteniendo el apoyo político y militar pleno a este país y comprometiendo a Teherán a frenar demostradamente las intenciones de desarrollo de armas nucleares, según asegura el gobierno de Benjamin Netanyahu que ha sido el móvil del inicial ataque de Israel.
LAS PREOCUPACIONES MEXICANAS, en ese encuadre de máxima tensión mundial, han de esperar. Ya el sábado hubo una cuantiosa manifestación de protesta, en 2 mil ciudades del país de las barras y las estrellas, contra las políticas de Trump, en específico las relacionadas con la migración, pero no sólo por ello.
LA FUERZA DE esa movilización nacional tuvo como contrapunto patético el desfile militar por los 250 años de creación del ejército de Estados Unidos, que fue acompasado con el cumpleaños del presidente con pretensiones de César, aunque se llama Donald. La exaltación del poderío militar de la declinante potencia mundial no sólo palideció ante las protestas masivas, sino incluso ante el asesinato con motivaciones políticas, según las primeras declaraciones de autoridades de Minnesota, de una legisladora estatal y su esposo, y el ataque, sin desenlace mortal, a un legislador estatal y su esposa.
UNO DE LOS puntos principales del diálogo que la presidenta de México había considerado con su homólogo vecino era justamente el de los migrantes, en cuanto a las deportaciones y a las remesas. Trump ha tomado como rehén este tema porque fue fundamental en su catálogo de promesas de campaña, y debe mostrar a su base electoral que lo va cumpliendo, pero también como parte del abanico de agresiones, sanciones y amagos que ha desplegado contra México y su actual presidencia.
OTRO PUNTO EN espera de afinaciones cupulares es el relacionado con el presunto involucramiento de personajes de la llamada Cuarta Transformación en asuntos del crimen organizado, incluso para fines electorales. La embajada de EU en México ha negado validez a las listas de políticos guindas supuestamente castigables, pero voces opositoras a esa tonalidad partidista insisten-anhelan, en inminentes desenlaces. (Julio Hernández López, La Jornada, Política, p. 12)
No habrá cara a cara entre Claudia Sheinbaum y Donald Trump. El presidente de Estados Unidos abandonó intempestivamente la Cumbre del G7, que se celebra en Canadá, debido a la escalada en el conflicto entre Israel e Irán.
La cancelación de la reunión bilateral, que estaba programada para hoy martes, es un revés a las confesadas intenciones de Sheinbaum de mejorar la tensa relación con EU.
No se necesita un sesudo análisis para deducir que la confirmación de reunión con Trump fue un factor determinante para que la Presidenta de México viajara a Canadá
La relación México-Estados Unidos enfrenta uno de sus peores momentos. Diferendos sobran: aranceles, redadas, deportaciones masivas, tratado de agua, migración, fentanilo, venta de armas.
Sin mencionar la “condena” que Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, le hizo a la presidenta Sheinbaum por, según ella, “alentar las violentas protestas” proinmigrantes en Los Ángeles.
Sheinbaum tenía la oportunidad de aclarar personalmente su postura a Trump, quien muy probablemente le pidió a Kristi que ella hiciera la acusación verbal.
El anuncio de que Trump anticiparía su regreso a Washington lo hizo la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. Escribió en X:
“El presidente Trump tuvo un día excelente en el G7 e, incluso, firmó un importante acuerdo comercial con el Reino Unido y el primer ministro Keir Starmer.
“Se logró mucho, pero, debido a la situación en Oriente Medio, el presidente Trump se marchará esta noche después de cenar con los jefes de Estado”.
Trump priorizó la firma del acuerdo comercial con Gran Bretaña sobre la reunión con la Presidenta de México, país que es su principal socio comercial.
* Poco después del anuncio de su regreso a Washington, el presidente de Estados Unidos subió un alarmante mensaje a su red Truth Social:
“Irán debería haber firmado el acuerdo que les pedí. Qué vergüenza y qué desperdicio de vidas humanas. En pocas palabras: ¡IRÁN NO PUEDE TENER UN ARMA NUCLEAR! (así, en mayúsculas). Lo he dicho una y otra vez. Todos deberían evacuar Teherán de inmediato”.
La solicitud de evacuar Irán provocó una cascada de rumores sobre lo que se viene.
En la Casa Blanca se informó que, una vez que regresara Trump a Washington, se reuniría con el Consejo de Seguridad Nacional para evaluar la situación en Oriente Medio.
Casi simultáneamente se difundió en la red X un video donde se observa en llamas el edificio de la Televisión Estatal de Irán, bombardeado por la aviación israelí. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 6)
En un mundo crispado por guerras, nacionalismos que han revivido y una economía en tensión, la presencia de México en la cumbre del G7 —celebrada en Kananaskis, Canadá— no es un gesto ceremonial, sino una declaración geopolítica. Por primera vez desde el 2003, una representación mexicana acude a este foro de las democracias industrializadas. La Dr. Claudia Sheinbaum llega como una figura consolidada de una región bisagra, entre el vértigo estadounidense y la resistencia latinoamericana. Y lo hace en medio de un reordenamiento mundial marcado por tres tensiones principales: la guerra, el comercio y la migración.
La presidenta de México ha llegado a Kananaskis, con tres objetivos: frenar los intentos de criminalizar a los migrantes, rechazar nuevos aranceles o impuestos a las remesas, y posicionar a México como mediador entre el conflicto y el diálogo. Semanas atrás mencionó: «Vamos a defender a los mexicanos, aquí y en el extranjero», en respuesta a las redadas masivas que se han intensificado en ciudades de Estados Unidos como Chicago, Los Ángeles y Nueva York. Esta afirmación no fue menor: en tiempos donde las campañas políticas usan a la migración como arma retórica, son declaradas franjas fronterizas como zonas militares y se pretende imponer un impuesto del 3.5% a las remesas mexicanas, la defensa de los derechos de los connacionales no es únicamente un acto diplomático, sino un principio moral.
Respecto a las remesas la cifra es contundente: en 2024, los migrantes enviaron a México más 64 mil millones de dólares en remesas. Gravar ese flujo no solo pondría en jaque a millones de familias mexicanas —más de cuatro millones de hogares dependen de esos envíos—, sino que fracturaría uno de los pocos vínculos de integración económica realmente incluyentes entre ambos países. Por tal motivo, la Dra. Sheinbaum, sin estridencias, pero con claridad, ha venido advirtiendo que México no aceptará ningún impuesto sobre las remesas y que cualquier intento en ese sentido será respondido con firmeza.
Quizá, la mayor aportación de México en esta cumbre no sea económica, sino ética. Mientras los países del G7 debaten sobre los costos de la guerra —Ucrania, Gaza, Taiwán—, la Dra. Sheinbaum ha reiterado la necesidad de que México mantenga una política de paz activa. «México es un país de paz, y lo seguirá siendo». Su presencia en Canadá ofrece una rareza en el escenario internacional: una jefa de Estado que, en vez de alinearse con bloques armados, propone desescalar, construir puentes y recordar que los conflictos no se resuelven solo con más municiones. Esa visión —que puede parecer ingenua ante los realistas— es, sin embargo, la que ha guiado durante décadas a la diplomacia mexicana, desde el Principio Estrada hasta los tiempos recientes de mediación humanitaria.
La presidenta de México no es ajena al juego de poder, pero tampoco pretende ser una pieza más. Su paso por el G7 no se reduce a una foto grupal ni a discursos genéricos: representa la irrupción de una narrativa distinta, que no subordina los intereses nacionales ni se resigna al papel de actor secundario. La pregunta no es si México está a la altura del G7, sino si el G7 está dispuesto a escuchar a México.
En un mundo donde sobran las cumbres, pero escasean las soluciones, la intervención de México en Canadá puede marcar una diferencia. Porque en tiempos de muros, impuestos y guerras, defender la paz, el comercio justo y la humanidad del migrante no es ingenuidad: es política en su forma más necesaria. Y quizá por eso, en estos días, la voz de la presidenta Sheinbaum resuene con una legitimidad difícil de ignorar. (Jorge Gaviño Ambriz, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 11)
La Presidenta llegó al G-7 en Alberta, Canadá, atendiendo la invitación del primer ministro Mark Carney. México no es parte del grupo, pero estará en la cumbre junto con los miembros del G-7: Alemania, Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Reino Unido, Japón, y los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea, así como con otros líderes invitados de Corea del Sur, India, Brasil, Sudáfrica, Australia, Emiratos Árabes Unidos y Ucrania.
Canadá preparó la cumbre con cuidado. Evitó un comunicado conjunto final, para obviar roces con Estados Unidos. Se enfocó en la continuidad de la discusión del tema de migración irregular y tráfico ilícito de personas agendada desde la pasada reunión en Italia. Buscó centrarse en áreas de consenso: seguridad energética, inteligencia artificial, transición hacia una economía digital, computación cuántica y desarrollo sostenible.
El gran tema es la amenaza al régimen internacional de comercio y los aranceles impuestos y anunciados por la administración Trump.
Para México y Canadá, la reunión del G-7 es foro para reuniones bilaterales. Se esperaba una eventual reunión trilateral que permitiera anunciar un acuerdo marco de referencia para la revisión del T-MEC. La búsqueda y obtención de un respaldo explícito del presidente Trump al Tratado.
Pero el ambiente se ha complicado. Para México los desencuentros con EU sobre las redadas en Los Ángeles, la criminalización de los migrantes y las falsas acusaciones sobre las movilizaciones en EU, trajeron a un primer plano la necesaria defensa de nuestros nacionales y pueden afectar la prioridad original que era el apoyo a la revisión y continuidad del T-MEC.
Por otro lado, los asuntos de seguridad como la invasión rusa a Ucrania y el fin de ésta; la terrible situación en Gaza, provocada por Israel, como respuesta al condenable ataque de Hamas, son prioritarios. Sin embargo, el tema central es el enfrentamiento entre Israel e Irán, que puede desembocar en un conflicto regional sin precedentes.
La Presidenta escuchará y quizás se pronunciará sobre los conflictos Israel-Irán, Gaza y Ucrania. Los principios de política exterior y el derecho internacional deben ser la guía de la posición de México. Sin miedo. Condenando y criticando a quienes deba hacerlo y reivindicando la solución pacífica de los conflictos.
Por otra parte, el presidente de Sudáfrica le pedirá confirmar su participación en la reunión del G-20 a llevarse a cabo en su país este año, y Lula de Brasil le solicitará atender en noviembre, la COP30 sobre cambio climático. Tendría que participar en ambas. (Martha Bárcena Coqui, El Heraldo de México, País, p. 7)
El oficialismo glorifica a los emigrantes –les endosa rimbombantes calificativos: héroes, nobles, pundonorosos— sin reconocer, ni de lejos, la responsabilidad que han tenido los gobiernos de esta nación en el exilio de millones y millones de nuestros compatriotas.
¿Emigrar a otra tierra es, en sí mismo, algo heroico? Pues, miren ustedes, la circunstancia de afrontar las adversidades de un viaje clandestino al exterior, la voluntad de cambiar el propio destino al no resignarse a una vida sin mayor futuro y la disposición a comenzarlo todo de nuevo reflejan, en efecto, una admirable condición personal. Y, justamente, es una verdadera pena que tan emprendedores individuos no puedan desplegar sus excepcionales recursos en su propia tierra.
Es perfectamente entendible que un gobierno se solidarice con sus conciudadanos afincados fuera del territorio nacional. Pero, ya en los hechos, el que el régimen de doña 4T haya recortado los presupuestos de los consulados que brindan asistencia a los mexicanos en los Estados Unidos no es algo precisamente fraternal. Ya sabemos, desde luego, que el devastador desmantelamiento de la estructura pública es el sello de la casa: finalmente, el Tren Maya no produce dinero –al contrario, consume ingentes recursos del erario—; hay que seguir pagando a los inversores que apostaron por la edificación de un aeropuerto que no se construyó; la refinería de Dos Bocas no costó los 8 mil millones de dólares que tanto cacarearon los morenistas sino 20 mil; Pemex pierde una millonada; CFE tampoco genera ganancias; y, bueno, como corolario a este rosario de quebrantos, papá Gobierno se ve obligado a quitarle plata a hospitales y escuelas, a la investigación científica, a la cultura y la seguridad pública, a la infraestructura carretera y, en fin, a todo aquello que no genere los votos que una ciudadanía muy poco concientizada le pueda regalar al régimen.
Los emigrantes (con perdón, estimados lectores, pero el palabro “migrantes” se le atraviesa en el pescuezo a este escribidor), entonces, sobrellevan una doble circunstancia de desamparo: por un lado, afrontan la descarnada embestida de los agentes de la ICE –siglas, en la lengua imperial, del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos— y, por el otro, una muy severa carencia de asistencia legal. Y sí, son héroes… (Román Revuelta Retes, Milenio, Al Cierre, p. 39)
Ayer, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, anunció que, debido a la situación en Oriente Medio, el presidente de Estados Unidos se retiraba de la reunión del G7 en Canadá, después de la cena con los jefes de Estado. Se canceló, así, la primera reunión cara a cara que tendría Trump con la Presidenta de México el día de hoy.
Es una lástima… y no.
Me explico.
La reunión del G7 en un pueblecito de Alberta, Canadá, era un escenario favorable para una reunión personal de Claudia Sheinbaum con Trump. Estaban en territorio neutral y esto minimizaba la posibilidad de una sorpresa por parte del estadunidense, tal y como lo había hecho en la Casa Blanca con otros jefes de gobierno, como Zelenski, de Ucrania, o Ramaphosa, de Sudáfrica.
Habían acordado una junta de una hora que era suficiente para tratar varios de los temas pendientes en la agenda bilateral. No sabemos, sin embargo, qué habían pactado en términos de presentación de resultados con los medios de comunicación, donde Trump también suele dar sorpresas desagradables. No obstante, siendo una cumbre de varios jefes de Estado, también se minimiza un evento mediático negativo, ya que la gran mayoría de los periodistas suele estar confinada a espacios alejados de donde se llevan a cabo los eventos.
En suma, reunirse con Trump en ese lugar le daba ciertas garantías a Sheinbaum de salir relativamente indemne de alguna grosería por parte del presidente de Estados Unidos, un político que siempre está hablándole a su base electoral y donde hoy resulta muy rentable pegarle a México como piñata.
En este sentido, se perdió una buena oportunidad.
Pero… tampoco me parece malo que se haya cancelado la reunión con Trump.
Entiendo que muchos lo puedan ver como una grosería de parte del Presidente estadunidense. Dejó vestida y alborotada a la Presidenta de México.
Sí, pero, número uno, tenía una excelente excusa.
La guerra entre Israel e Irán, efectivamente, es un tema candente que merece la atención del hegemón mundial. La situación está escalando entre los dos países del Oriente Medio y, hoy por hoy, Estados Unidos es el único país con la capacidad de enfriar el conflicto.
Trump llegó a Canadá con muchos fierros en la lumbre, cuando debía darle prioridad a una guerra que puede desestabilizar el mundo entero.
Además, como dije arriba, este presidente siempre está cortejando a su base electoral. Él les prometió que pacificaría el planeta, incluyendo Oriente Medio. Resulta que no ha logrado nada en este rubro. Está al revés, hoy el mundo está peor que cuando tomó posesión. A su base le tiene que mandar el mensaje de que él está en Washington operando para lograr su objetivo. No puede aparecer en una alejada aldea canadiense reuniéndose con presidentes de otros países como si no pasara nada.
En segundo término, tampoco está mal que se haya cancelado la bilateral con Sheinbaum porque, en una de ésas, siempre resulta mejor no juntarse con Trump que sí hacerlo.
López Obrador lo entendió muy bien y, por eso, minimizó el encuentro a uno solo, en julio de 2020. En ese momento, Trump necesitaba la foto con el mexicano en su campaña presidencial. Creía que le ayudaría a reelegirse. Ergo, el presidente de Estados Unidos trató muy bien al mexicano. A pesar de que AMLO se vio incómodo en la Casa Blanca, salió airoso del encuentro.
Las cosas han cambiado mucho desde ese entonces. Trump 2.0 es mucho más peligroso que Trump 1.0. Tiene una agenda más agresiva en contra de México en materia comercial, migratoria y de seguridad.
Además, venimos de las redadas en contra de migrantes indocumentados, la mayoría de ellos mexicanos, y las protestas en Los Ángeles, en donde Trump, por medio de su secretaria de Seguridad Interna, Kristi Noem, ya utilizó a la Presidenta mexicana en la falsa retórica de una invasión extranjera a Estados Unidos.
Súmese a eso que Trump llegó, supongo, de mal humor al G7 de Canadá. Tuvo un fin de semana de los demonios, comenzando por la guerra entre Israel e Irán, siguiendo por el asesinato político de una congresista en Minnesota, el fracaso del desfile militar que organizó en Washington y las protestas que se llevaron en su contra en más de dos mil ciudades estadunidenses bajo el lema de No Reyes.
No parecía, en suma, un buen momento para reunirse con un toro picado y herido, por más que se haya preparado nuestra Presidenta para esta junta bilateral.
Lástima por Claudia, que tuvo que hacer un viaje largo, en aviones comerciales, para que la dejaran plantada. Sin embargo, no está mal el plantón.
Que sigan, entonces, las negociaciones entre miembros de los dos gabinetes y las llamadas telefónicas de los dos jefes de Estado de vez en cuando. (Leo Zuckermann, Excélsior, Nacional, p. 11)
Se dice que odiamos a ciertas personas porque no las conocemos y, no las conocemos, porque las odiamos. Vivimos tiempos de odios como si fueran principios. Los líderes de Irán han declarado que su intención última es el exterminio –“acabar del todo con algo”– de Israel. Comienza por las palabras. Las acciones de Israel buscan el exterminio de palestinos. Netanyahu se queja de que las víctimas del ataque de Irán eran 95% civiles. Perdón, ¿y qué eran o son los miles de muertos de Gaza? También eran civiles. La mayoría de los rehenes tomados por Hamás eran civiles. Cero congruencia. Pulsiones.
Desde hace décadas, algunos académicos han conceptualizado y contabilizado lo que denominan “sociedades del odio”. No se refieren a odios ancestrales: la misoginia, las razas, las religiones. Son otros: la diversidad sexual. Los nuevos odios son alimentados con estereotipos y falsedades. Como agravante, la potencia que las nuevas tecnologías y la comunicación masiva que dan los micrófonos a las palabras, la invasión de pantallas. Una dimensión sin fronteras. Recordará el lector aquella insultante expresión de Trump en 2015: los mexicanos llevaban a su país crimen, drogas y, además, eran violadores. ¿Qué fue de esas palabras? No cayeron, se desvanecieron, quedaron en algún recoveco de las mentes de millones, viven en ellos. Cato Institute reporta que en 2023 hubo 1,617,197 encarcelados nativos de EU. Los migrantes irregulares, 67,813. Digo, falsedades.
En una conferencia de Netanyahu a la que asistí, el político levantó su mano y afirmó: son cinco los países que Israel debe eliminar. Los enumeró uno por uno, levantando un dedo por caso. “Basta con que un hombre odie a otro para que el odio se contagie a la humanidad entera”, se le atribuye a Sartre. Hitler era evidente, pero había otros; Stalin o Pol Pot. En 2025, la lista de poderosos que inculcan el odio es muy larga. Las redes sociales son caudalosos ríos de insultos, descalificaciones y… odios.
Obligado: ¿y cómo es que los sembradores de odios llegan al poder? EU reeligió a Trump. Netanyahu regresó. La condena social hacia el odio es de una debilidad atroz. Hay excepciones, Southern Poverty Law Center registró en 2023 más de 800 “sociedades de odio”. De ellas, 220 tienen como eje central el rechazo a los migrantes. Por eso Naciones Unidas lanzó una estrategia de tipo cultural para la conceptualización y delación de los discursos de odio. Por eso el “Nuevo Rey” del norte la persigue desde su primer periodo. Imaginemos el daño que ha provocado a la Unesco o a la OMS. Está debilitada. Irán no tiene autorización para la fabricación de armamento nuclear.
El odio lleva en la entraña crueldad. Las escenas de represión contra los manifestantes en Estados Unidos van más allá del cumplimiento de una orden. Escuelas, iglesias, estadios vacíos por temor a una detención arbitraria, simplemente por el color de la piel. Esos policías odian y son crueles. Crueldad, más uniformes y toletes, es una pésima combinación. El desgarrador espectáculo de las familias –mujeres y niños– huyendo de los ataques a Gaza hablan de una miseria humana montada en la modernidad. El popular odio que hoy se fabrica en serie está poniendo en jaque a las democracias del mundo. México no es la excepción, sino un ejemplo destacado de ello. Siete años de inyectar veneno desde la mañanera dividieron a la nación. Siete años de calificativos simplones –la simpleza es la moda del pensamiento–, fifís, hipócritas, miembros de castas, ladrones, pandilla de rufianes. Al igual que con Trump, esas palabras viven en las mentes de muchos mexicanos.
¿Qué hacer? Comencemos por casa, por nuestros hogares y por nuestra casa común, México. La intolerancia hacia el odio es civilizatoria. Primer paso, ser sensibles a las ofensas, en las sobremesas, en las discusiones radiofónicas, en las publicaciones, donde sea.
Las ofensas conducen al odio. El odio, a la crueldad. Eso vivimos. (Federico Reyes Heroles, Excélsior, Nacional, p. 12)
La repentina salida de Donald Trump de la Cumbre del G7, en Alberta, Canadá, dejó atónitos a líderes mundiales y alteró la agenda de encuentros bilaterales clave, incluida la esperada reunión con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Trump regresó de urgencia a Washington para atender la crisis en Oriente Medio, particularmente la escalada entre Israel e Irán, y lanzó un mensaje alarmante en redes sociales pidiendo la evacuación inmediata de Teherán.
Sin embargo, lo que a primera vista parece un desaire diplomático para México, puede convertirse en una “bendición disfrazada” para la presidenta Sheinbaum y su equipo.
Éste es un vacío que se convierte en espacio de maniobra. La ausencia de Trump libera a Sheinbaum de una reunión bilateral que, según fuentes diplomáticas, estaba marcada por la tensión: temas como las redadas migratorias, los nuevos aranceles estadunidenses y la inminente renegociación del T-MEC amenazaban con dominar el encuentro y dejar poco margen para avances concretos. Y de un posible desplante temperamental e histriónico como los tuvo con los presidentes de Ucrania y Sudáfrica en meses recientes. En cambio, la Presidenta mexicana puede ahora concentrar sus esfuerzos en fortalecer alianzas con otros socios estratégicos presentes en el G7, especialmente Canadá y la Unión Europea, y avanzar en una agenda propia.
El abandono de Trump es una oportunidad para diversificar la economía mexicana. Y es que el contexto global es complejo: la administración Trump ha endurecido su política comercial y migratoria, lo que ha puesto en jaque a la economía mexicana y a las cadenas de valor regionales. La ausencia del mandatario estadunidense abre la puerta para que Sheinbaum dialogue directamente con líderes, como el primer ministro canadiense, Mark Carney, con quien puede coordinar una estrategia común frente a la revisión del T-MEC y el huracán arancelario que se avecina.
Además, la Presidenta puede aprovechar la atención internacional para atraer inversiones a México, especialmente hacia sectores críticos como energías limpias, manufactura avanzada y tecnología, áreas en las que Canadá y la Unión Europea han mostrado interés. Las reuniones con actores empresariales —como el Consejo Empresarial de Canadá y figuras como Carney— adquieren, así, una relevancia mayor para el futuro económico de México. La Presidenta mexicana podrá aprovechar el escenario para crecer más aún su proyección internacional y liderazgo regional. La participación de México como invitado especial en el G7, más allá de la bilateral con Estados Unidos, le permite a Sheinbaum posicionarse como una líder con visión global, capaz de dialogar con las principales economías del mundo y defender los intereses nacionales en escenarios de alta tensión. Esta proyección internacional es un activo político que puede fortalecer su gobierno y ampliar el margen de maniobra de México en futuras negociaciones.
¿Y la relación con Washington? Si bien la cancelación del encuentro directo con Trump posterga una conversación necesaria, el equipo de Sheinbaum puede aprovechar el tiempo para afinar su estrategia y construir alianzas que le den mayor peso en la mesa de negociación. La coordinación con Canadá y la Unión Europea será clave para enfrentar los retos comerciales y migratorios que impone la Casa Blanca.
En conclusión, el abandono de Trump del G7, lejos de ser un revés para México, puede convertirse en una oportunidad estratégica para la presidenta Sheinbaum. La coyuntura le permite diversificar alianzas, atraer inversiones y fortalecer la posición de México ante la inminente renegociación del T-MEC. En tiempos de incertidumbre, la diplomacia inteligente y la capacidad de adaptación pueden marcar la diferencia entre la vulnerabilidad y el liderazgo regional. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
Existe un consenso en torno a que en el mundo hay 195 países: 193 miembros de la ONU y dos Estados llamados “observadores”, que son el Vaticano y Palestina. En lo que va de 2025 ha habido conflictos internacionales, guerras civiles o amenazas violentas en al menos veinte de ellos: Burkina Faso, China, Corea del Norte, Corea del Sur, Haití, India, Israel, Irán, Líbano, Mali, Birmania, Mozambique, Nigeria, Pakistán, República Democrática del Congo, Rusia, Siria, Sudán, Taiwán y Ucrania. Esto significa que la agresividad cubre 26% de la superficie de la Tierra e involucra a 50% de la población de seres humanos que la habitamos. Visto por continentes, Asia y África son los que concentran los conflictos, casi exclusivamente, si se descuentan Ucrania y Haití. Históricamente, se ha pensado que la esperanza de un futuro amorosamente humanista se aloja en Occidente, en algún lugar de América o Europa, pero luego viene a la mente el reciente endurecimiento de políticas migratorias en el Reino Unido, Francia y Alemania, y se descubren, con asombro, noticias recientes de protestas en Italia, Portugal y España en contra del turismo.
Y en cuanto a América, tampoco invita al optimismo, porque, de un modo u otro, está liderada por Estados Unidos, donde cada vez más parece sólo una fortuita coincidencia que se encuentre en el Museo Conmemorativo del Holocausto, en Washington D.C., la famosa lista de “Las primeras señales de fascismo”, que incluyen: Nacionalismo poderoso y continuado; identificación de enemigos como causa unificadora; supremacía de lo militar, y obsesión por la seguridad nacional, entre otros.
La reciente celebración del 250 aniversario de su ejército, y coincidentemente también del cumpleaños de su comandante en jefe, favorecieron cerca de dos mil manifestaciones en todo el país, muchas de ellas bajo el lema No Kings, que en buena medida fueron también provocadas por las redadas contra migrantes ilegales (con sabor a etnonacionalismo) y el envío de tropas de la Guardia Nacional e infantes de Marina a Los Ángeles. Cabe destacar que el mandatario estadunidense ordenó una pausa en las redadas y arrestos de inmigrantes indocumentados, pero sólo en la industria agrícola, hotelera y restaurantera.
Si ya era discriminatorio el asediar a personas presuntamente ilegales, en buena medida por su apariencia física, tiene que serlo doblemente el eximir sólo a quienes conviene económicamente. Es como si los otrora adalides de la libertad estuvieran renunciando lentamente a su rol histórico de haber sido quienes acaudillaron la liberación del mundo de la pesadilla de un imperio supremacista. Pero no sólo ellos. Al haber envejecido las instituciones que surgieron después de las grandes guerras y desaparecido las generaciones que fueron marcadas por ellas, el mundo parece haber olvidado las lecciones y aprestarse a cometer errores parecidos, aunque en distintas latitudes. Es desgarrador ver en redes sociales a gente celebrar con música y bailes que misiles hipersónicos estén volando sobre sus cabezas. A mí me tocó vivir una época donde, después del hartazgo de tanta violencia, nos abrieron grandes espacios de paz, libertad y democracia. Mis padres y los suyos nos los regalaron. A mi generación y las contiguas nos tocaba conservarlos y transmitirlos, pero al parecer nos venció la costumbre y las nuevas generaciones no se enteraron de que esos valores alguna vez se conquistaron. Es triste sospechar que de tanto en tanto el orden mundial requiera reiniciarse.
ROSE
Este año, el 24 de febrero, murió la última sobreviviente del Holocausto nazi. Su nombre era Rose Girone. Falleció a los 113 años en un asilo de Long Island, en Nueva York. Su lema fue: “Nada es tan malo que no puedas extraer de ahí también algo bueno”. (Silvano Espíndola, Excélsior, Nacional, p. 16)
El próximo 20 de junio, como cada año, conmemoraremos el Día Mundial de los Refugiados y, con él, la valentía, resiliencia y dignidad de millones de personas en todo el mundo que se han visto forzadas a huir de sus hogares a causa de conflictos, persecuciones o crisis humanitarias. Este día no sólo es una oportunidad para honrar su fuerza, sino también para renovar nuestro compromiso colectivo con su protección e inclusión.
Actualmente, más de 120 millones de personas están desplazadas forzosamente en el mundo. Ante esta realidad, la Unión Europea (UE) se ha consolidado como el principal donante mundial en materia de ayuda humanitaria y protección de personas refugiadas, y reafirma su compromiso de seguir siendo un espacio donde estas personas encuentren protección y seguridad. Por ejemplo, a raíz de la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania, los Estados Miembros de la UE han acogido a 4.2 millones de personas procedentes de Ucrania bajo protección temporal, de las cuales un tercio son niñas y niños. Asimismo, la UE es el principal donante de ayuda humanitaria para las y los refugiados palestinos a través de la Agencia de las Naciones Unidad para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo.
Pero nuestra solidaridad no se detiene en las fronteras europeas ni en el vecindario inmediato. La UE brinda asistencia humanitaria vital a personas refugiadas en diversas regiones del mundo y, al mismo tiempo, impulsa iniciativas de desarrollo que abordan las causas estructurales del desplazamiento forzado como los conflictos armados, la pobreza, la inestabilidad política o los efectos del cambio climático, con una visión de largo plazo.
A través de programas que promueven el acceso a la educación, la capacitación laboral y el empleo digno, se busca fortalecer la resiliencia de las personas refugiadas. Porque nadie debería ser definido únicamente por su condición de desplazado: ellas y ellos también son estudiantes, trabajadores, madres, jóvenes con proyectos y sueños. Asimismo, reconociendo el esfuerzo de las comunidades de acogida, la UE prioriza inversiones que beneficien tanto a quienes llegan como a quienes ya están: servicios de salud, educación, infraestructura y espacios que promuevan la cohesión social.
Las alianzas son la base de esta estrategia. Por ello, la UE colabora estrechamente con socios internacionales como ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados, y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), así como con gobiernos, sociedad civil y el sector privado. México es un ejemplo donde llevamos a cabo esta cooperación efectiva.
Aquí, la UE, ACNUR y OIM trabajamos conjuntamente con el gobierno mexicano en un proyecto que facilita la integración de personas en movilidad —refugiadas y migrantes— mediante su inserción en el mercado laboral formal. Este programa no solo ofrece oportunidades individuales; también fortalece el tejido económico y social de las comunidades mexicanas que las reciben. Empresas y asociaciones locales se han sumado a esta iniciativa, promoviendo empleos dignos, inclusión y el aprovechamiento de talentos que enriquecen a toda la sociedad.
Este enfoque ejemplifica la lógica de la estrategia Global Gateway de la UE: inversiones sostenibles que construyen prosperidad compartida sin dejar a nadie atrás. Porque cuando una persona refugiada accede a un empleo formal, no sólo encuentra estabilidad, también contribuye al desarrollo local, paga impuestos, consume, innova y enriquece su entorno.
En el marco del Día Mundial del Refugiado, la UE reitera su compromiso con quienes han tenido que huir, así como con los países y comunidades que los acogen. La protección de las personas refugiadas no es sólo un imperativo moral, es también una oportunidad para construir sociedades más justas, solidarias y resilientes. Por ello, seguiremos trabajando de la mano de nuestros socios alrededor del mundo para que quienes se han visto forzados a dejar todo atrás encuentren no sólo refugio, sino también un nuevo comienzo lleno de dignidad y oportunidades. (Francisco André, Excélsior, Global, p. 25)
En las protestas por los migrantes han brillado, temerarias, las banderas mexicanas. Sonríen en manos de mexicanos y mexicanas que se manifiestan con vigor porque saben que cada día viven y trabajan honradamente en tierra robada. Su ira y su afán libertario, frente al pueril y mentiroso que desgobierna el imperio decadente, es apenas explicable. Los acompañamos desde México sus compatriotas, aunque no el rescoldo neoliberal menguante prianista y su élite intelectual grotesca.
Frente a las draconianas detenciones migratorias, las banderas son el símbolo (dejo a un lado su uso provocador y falso en algunos casos). Son agitadas banderas mexicanas, gringas, y banderas mitad mexicanas y mitad gringas. Banderas que gritan ¡resistiremos!, no hay opción. Banderas que claman yo soy de aquí y soy de allá; también somos como ustedes hijos de una misma historia iniciada por nosotros –en Los Ángeles en la Plaza Olvera–, y se nos impuso ser la fuerza de trabajo básica. Y ahora nos quieren imponer el destierro. A los trabajadores negros que trajeron como esclavos, el gobierno y la sociedad blanca les impuso leyes, instituciones y fuerza para mantenerlos a raya, en su lugar. A nosotros migrantes no se nos reconoce ser parte de la sociedad estadunidense: quieren expulsarnos de nuestra vida; la pretensión de que no tenemos derechos, nada vale para nosotros. Para los sublevados por Trump que asaltaron el Capitolio el 6 de enero de 2021, indultos o conmutación de penas; para los trabajadores migrantes, palos, represión de militares, cárcel, deportación. Frente a la escalada violenta trumpista, resistiremos.
Los indocumentados lo son no porque sea su elección: el gobierno gringo los indocumenta y luego los acusa de indocumentados. Son contratados, producen, crean riqueza, pagan impuestos, cotizan a la seguridad social, consumen, como cualquier otro ciudadano hacen su vida. Pero el sistema los mantiene sin papeles. Y les dice: ¡estás indocumentado! El cinismo barbaján del que empuña el garrote.
Trump tiene prisa por convertirse en un tirano, lo ansía y lo dice y hay que creerle. Trump quiere todo el poder y la fuerza para someter, dentro y fuera de EU. Realizó en 2024 una campaña política de avisos autoritarios: prometió procesar a sus rivales, reprimir a los medios críticos, usar al ejército para reprimir las protestas. Lo está cumpliendo. Ganó y la Corte Suprema lo invistió de amplia inmunidad para hacer y deshacer. Trump construye la tiranía y derrumba lo que queda de la democracia.
El ademán militarista autocelebratorio del 14 de junio para decir yo puedo ser un Kim Jong-un a lo bestia, no cumplió su propósito. Hubo un desfile de soldados caminando de dos en bola, desordenados, con paso cansino. Nada es para siempre: EU fue una fuerza cultural, científica y tecnológica sin rival, como parte del ejercicio de su hegemonía en el mundo. Renunció a ser esa fuerza porque ya no puede serlo: ahora hay rivales. Le queda la fuerza bruta. La tiranía que Trump construye es la extensión y estuario de las tendencias autoritarias que comenzaron a gestarse hace lustros en EU. Entre 2014 y 2021, el índice anual de libertad global de Freedom House, que puntúa a todos los países en una escala de cero a 100, rebajó a Estados Unidos de 92 a 83 (82 indica ya parcialmente libre). Trump intentó desde el poder dar un golpe de Estado en enero de 2021, pero lejos de ser procesado y sancionado fue nominado nuevamente a la presidencia. La reserva democrática de ese país sufre grave menoscabo. Trump construye la tiranía: el gobierno más violento. Un gobierno violento es, también, inherentemente débil porque pierde toda legitimidad y consenso (Hannah Arendt dixit).
Falta saber cuál es hoy el tamaño de la resistencia de la sociedad estadunidense, hasta dónde resistirá y cómo se expresará. Falta saber el tamaño de la resistencia de los mexicanos y los mexicoestadunidenses como parte de la resistencia social en ese país. En paralelo al acto autocelebratorio ( Happy birthday, Your Majesty), la sociedad armó la manifestación No Kings Day, con alrededor de 2000 protestas en todo el país. Las banderas mexicanas callaron para dar paso a la expresión de todos. Una pancarta en Filadelfia rezaba: “Luchamos contra un rey en 1775. Luchamos contra un dictador en 1945. We will fight whatever the hell this is in 2025 (Lucharemos contra lo que demonios sea esto en 2025)”.
La democracia se ejerce luchando por ella. No hay opción contra los afanes tiranos. La lucha de los mexicanos de allá por su vida, está inmersa en esa lucha más general que Trump se encargará de mantener viva. Los mexicanos de seguro actuarán con inteligencia, uniendo su lucha a los demás y manteniendo su objetivo principal: no más indocumentación impuesta. Quien tiene trabajo no es indocumentado. El contrato de trabajo, implícito en el salario, le otorga la documentación del caso y el derecho a hacer su vida, como cualquier otro ciudadano. Un derecho extensivo a la familia del trabajador migrante. (José Blanco, La Jornada, Opinión, p. 16)
A Hitler, a Mussolini y, en la actualidad, a Kim Jong-un, dictador de Corea del Norte, les satisfacía y le satisface ver desfilar frente a ellos a sus disciplinadas tropas en un acto de pleitesía y reverencia, un acto de zalamería para su ego. Émulo de los tres mencionados y de varios dictadorzuelos bananeros, Donald Trump, celebró, con el pretexto de los 250 años de fundación del Ejército estadounidense, su cumpleaños número 79, con una parada militar que tuvo un costo de 45 millones de dólares.
La avenida Pennsylvania de Washington D.C., se engalanó para el “Desfile del Jubileo’ del presidente número 47 de E.U., el presunto delincuente Donald Trump. Ante un público, de menor número al esperado, se desplegó el poderío militar de la nación del norte: 128 tanques Abrams, 150 vehículos Bradley con misiles Patriot, 6,000 soldados impecablemente uniformados; los cielos vibraron con el estruendo de los sobrevuelos de los cazas F-35 y bombarderos B-2. Una salva de 21 cañonazos saludó al festejado. Sólo falto que una banda militar le tocara el happy birthay.
En contraste con la egolatría personal presidencial, ese mismo día en dos mil ciudades de todo el país, decenas de miles de ciudadanos estadounidenses y trabajadores migrantes se congregaron bajo el lema “No Más Redadas, No Más Odio”; otros se manifestaron con pancartas improvisadas que pintaban un cuadro de ira; se desplegó una narrativa completamente diferente a la deseada por el inquilino de la Casa Blanca cuya azotea está mal cableada –la del inquilino no la de la casa.
Madres con niños pequeños, activistas sociales, líderes comunitarios y ciudadanos de a pie se unieron en un coro ensordecedor de cánticos espontáneos y disidentes en franca contraposición con lo que en Washington se celebraba. Banderas mexicanas y estadounidenses ondeaban junto a mantas con leyendas: “Familias Unidas, Nunca Divididas” y “Trump: Stop the Raids”.
Las denuncias de las recientes redadas masivas de migrantes, que han sembrado el terror en comunidades de todo el país, fueron el principal motor de las movilizaciones. Testimonios desgarradores de familias separadas y el miedo constante de ser deportados se escuchaban entre la multitud, amplificados por los megáfonos de la indignación colectiva.
Con una energía igualmente desafiante, el movimiento “No King” se hizo sentir. Con símbolos que aludían a la resistencia contra la tiranía y la defensa de las instituciones democráticas, sus integrantes coreaban “¡No hay rey, solo la ley!” y exhibían carteles que recordaban los principios fundamentales de la República. Si bien sus demandas no se centraban directamente en las redadas migratorias, su presencia subrayaba una preocupación más amplia por la degradación percibida de los contrapesos y equilibrios del poder. La coexistencia de estas dos manifestaciones, aunque con causas distintas, crearon un frente unificado de oposición al actual gobierno.
Sin embargo para Trump y su síndrome del Tío Lolo (hacerse pendejo solo) la gran parada militar fue un éxito. Envalentonado habló para el mundo: “Una y otra vez los enemigos de Estados Unidos han aprendido que si amenazan al pueblo estadounidense, nuestros soldados irán por ti. Tu derrota será segura, tu desaparición será final y tu caída será total y completa”.
Pero al caer la tarde, mientras el último avión de combate rugía sobre el cielo de Washington y comenzaban los fuegos artificiales, el país respiraba una atmósfera de disgusto y desacuerdo. El desfile militar, concebido como una demostración de fuerza y unidad, fue eclipsado por el clamor de las miles de voces disidentes. El cumpleaños del presidente Trump, lejos de ser un día de celebración, se convirtió en un espejo contemporáneo de Estados Unidos: una nación que parece despertar de su sueño imperial para confrontarse con la realidad de su decadencia; donde el ejercicio autoritario del poder se enfrenta al desafío de la protesta popular y la búsqueda incesante de la justicia social.
Punto final
Hablar de la Gran Parada de Trump por sus 79 años es una Gran Mentira. (Manuel Ajenjo, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
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(Camacho, Reforma, Opinión, p. 8)
Ecos

(Chelo, El Universal, Opinión, p. 15)