Opinión Migración 170626

Desde el Biopoder / Arzobispo contra el olvido

Uno de los principales objetivos de Víctor Sánchez Espinosa, arzobispo de Puebla, a lo largo de sus 50 años como sacerdote es mantener la convocatoria a trabajar en unidad ante los retos y adversidades; así como brindar apoyo a las personas migrantes que están buscando mejores condiciones de vida en un lugar diferente al que nacieron.

Las dificultades que enfrentan el país y Puebla se relacionan con problemas en el tejido social, ante lo cual, la clave se encuentra en el trabajo coordinado y con un enfoque de apoyo a las personas que más lo necesitan.

En un diálogo tras las celebraciones por su jubileo sacerdotal en el Seminario Palafoxiano, Sánchez Espinosa explicó que buscó un pretexto para para seguir tendiendo puentes, para continuar buscando la unidad y el mismo rumbo en medio de las naturales diferencias.

“Ante las dificultades que estamos viviendo, que está viviendo el mundo, Puebla y México, tenemos que trabajar unidos. Ese es el mensaje”, destacó el líder de la grey en el encuentro del pasado lunes 15 de junio.

Sánchez Espinosa, quien nació el día 21 de mayo de 1950, en Santa Cruz, Teotlalco, municipio ubicado en la Sierra Mixteca de Puebla, reconoció que una de sus principales preocupaciones son los migrantes que, en su camino, se enfrentan a diferentes dificultades y son víctimas de abusos.

A 50 años de recibir la ordenación sacerdotal, el 6 de junio de 1976, a manos del entonces arzobispo Ernesto Corripio Ahumada, en la Basílica Catedral de Puebla, Sánchez Espinosa destacó que durante su vida religiosa su llamado es a brindar apoyo a las personas en situación de movilidad.

Al mismo tiempo, el arzobispo de Puebla expresó que pide a los migrantes y, al mismo tiempo, a las llamadas zonas expulsoras, que no se olviden del lugar del que salieron ni de quienes se fueron con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida.

“Nuestros hermanos migrantes que, por ahora, no solo es la Mixteca, la Sierra Norte, también, por todos lados, hay hermanos que han migrado y, sin duda, la están pasando difícil. Yo siempre les pido que no se olviden de su comunidad, que no olviden a sus familias y que sus comunidades no se olviden de ellos”, finalizó Sánchez Espinosa. (Jaime Zambrano, Milenio Puebla, Online)

Dinero

La Copa de los fifís

Expertos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) revelan por qué el más popular de los deportes ha pasado a ser un entretenimiento de los fifís: un boleto de más de 70 mil pesos (alrededor de 4 mil dólares) para el Mundial equivale a unos 225 días de salario mínimo en nuestro país, sin considerar gastos por viáticos y alimentos. No están en una condición mejor los aficionados en Estados Unidos: un boleto les cuesta 67 y 71 días laborales, y además corren el peligro de que los agarre la migra (aunque tengan documentos, a veces). En Canadá equivaldría a 35 y 40 días, dicen los expertos de IMEF. (Enrique Galván Ochoa, La Jornada, Política, p. 6)

Corporativo / Menos turismo gringo

Desde abril pasado, nuestro país experimenta una caída en la llegada de turismo estadounidense que, en el caso del Caribe mexicano, anticipa el peor verano en los últimos cuatro años.

Un indicador puntual ha sido la cancelación, hasta mayo pasado, de 900 mil asientos de avión hacia el aeropuerto de Cancún, lo que llevó a perder más de 400 mil visitantes, algo que, a decir de Francisco Madrid, director del Centro de Investigación Avanzada en Turismo Sostenible (STARC) de la Universidad Anáhuac Cancún, significa dejar de ingresar unos 600 millones de dólares.

Madrid explica que el menor arribo de turistas foráneos se debe a eventos como la amplia difusión internacional que tuvo la detención de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, pero también a los efectos de un peso fuerte que encarece ese destino de playa y, por supuesto, a la falta de promoción turística, que para la 4T se ve como un gasto no prioritario.

Madrid dice que el turista estadounidense no ha dejado de viajar y que, en el pasado, cuando había conflictos geopolíticos, como el que se presentó desde fines de febrero en Medio Oriente, optaba por destinos más cercanos como México; sin embargo, no ha sido así en esta ocasión, al ser desplazado por República Dominicana.

La mala noticia es que Estados Unidos y el Reino Unido mantienen alertas de viaje para México, las cuales se han reforzado recientemente, incluso en la víspera del Mundial de la FIFA 2026.

La respuesta del gobierno federal ha sido la estrategia “México en el Mundo”, que presentó la semana pasada la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, a partir de fondos federales por 100 millones de pesos que, según los expertos, serán una inversión mínima, aunque reconocen el esfuerzo de la funcionaria por obtener recursos cuando, en el sexenio pasado, la promoción prácticamente desapareció.

El caso es que destinos como Cancún y Riviera Maya se preparan para un verano de menores ingresos, enmarcado por un escenario de inseguridad que preocupa a los prestadores de servicios. Y es que, aunque focalizados, se siguen dando ataques armados directos, como el que se presentó apenas esta semana en Playa del Carmen, en la marisquería “El Camarón Guasaveño”, que dejó una persona sin vida y tres trabajadores heridos.

La ruta del dinero

La decisión de Felipe de Jesús Cantú de participar en el proceso interno de Morena para definir a quien encabezará los trabajos de la Cuarta Transformación en Nuevo León ha llamado la atención dentro y fuera del partido guinda. No se trata de un perfil improvisado ni de un actor político de reciente aparición, sino de un personaje con larga trayectoria en la vida pública de ese estado.

A lo largo de los años ha ocupado cargos de elección popular y responsabilidades de gobierno que le han permitido construir un amplio conocimiento de la realidad política y administrativa de Nuevo León. Su paso por el Congreso local y federal, así como por la alcaldía de Monterrey, lo convierten en uno de los aspirantes con mayor experiencia dentro del grupo que busca la candidatura.

Y bueno, su incorporación también confirma que Morena continúa atrayendo perfiles con trayectoria propia; sin embargo, el proceso aún está lejos de resolverse. Nombres como Tatiana Clouthier, Clara Luz Flores, Judith Díaz, Andrés Mijes y Waldo Fernández mantienen abierta esa contienda.

Los ajustes realizados son exclusivamente de sintaxis, puntuación, concordancia y fluidez, sin alterar el sentido ni los planteamientos originales del autor. (Rogelio Varela, El Sol de México, República, p. 6)

El trabajo decente para las trabajadoras domésticas no puede esperar más

Hace 15 años, durante la Conferencia Internacional del Trabajo, millones de  personas trabajadoras en el servicio doméstico remunerado de todo el mundo obtuvieron el reconocimiento que durante tanto tiempo se les había negado.

La adopción del Convenio de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, 2011 (núm. 189), marcó un hito histórico al reconocer que el trabajo doméstico es trabajo, y que quienes lo realizan, tienen derecho a las mismas protecciones y derechos que el resto de las personas trabajadoras.

Las trabajadoras y los trabajadores domésticos desempeñan un papel esencial para el sostenimiento de las familias, las sociedades y las economías. Limpian hogares, preparan alimentos, cuidan viviendas y jardines. También brindan cuidados y apoyo a niñas y niños, personas mayores y personas con discapacidad.

Sin embargo, en América Latina y el Caribe, cerca de 13,5 millones (alrededor de 90%) son mujeres, lo que convierte al trabajo doméstico en una de las ocupaciones más feminizadas de la región. Ellas siguen enfrentando una realidad marcada por la informalidad con acceso limitado a derechos laborales y protección social, y  escasa representación.

Quince años después de la adopción del Convenio núm. 189, muchos países han avanzado en la ampliación de la protección laboral para este sector, sin embargo, todavía mucho queda por hacer en la aplicación efectiva del derecho. En 2021, el número de trabajadoras y trabajadores domésticos cubiertos por la legislación laboral a nivel global había aumentado en 15 puntos porcentuales. Sin embargo, en nuestra región, una de cada cinco personas trabajadoras domésticas estaba cubierta por la seguridad social, mientras que cerca de ocho de cada diez se encontraban en la informalidad.

La elevada informalidad que caracteriza al sector las expone además a riesgos de accidentes y enfermedades laborales, así como a una mayor inseguridad económica durante la vejez.

En el caso de las personas trabajadoras domésticas migrantes, estos desafíos suelen agravarse debido a normativas migratorias restrictivas, costos y comisiones de contratación, falta de reconocimiento de competencias, dependencia respecto de los empleadores y el temor a perder su situación migratoria regular.

Hoy, proteger a las trabajadoras domésticas es más urgente que nunca. El futuro del trabajo doméstico en América Latina y el Caribe estará determinado por el envejecimiento de la población, la expansión de los sistemas de cuidados, la mayor participación laboral femenina, las dinámicas migratorias, la digitalización y el cambio climático. En conjunto, estas tendencias incrementarán la demanda de servicios de cuidado y reforzarán la necesidad de profesionalizar, formalizar y proteger el trabajo doméstico remunerado.

Aunque se han logrado avances importantes, la pregunta ahora es cómo acelerar el cambio durante los próximos 15 años para garantizar una protección efectiva para todas las personas trabajadoras domésticas.

Afortunadamente, el movimiento en favor de los derechos de las trabajadoras y los trabajadores domésticos es hoy más fuerte que hace quince años.

 Actualmente, la Federación Internacional de Trabajadoras del Hogar reúne a 94 organizaciones afiliadas en 71 países y representa a más de 676 mil trabajadoras y trabajadores domésticos en todo el mundo.

América Latina y el Caribe también han sido escenario de un fortalecimiento sostenido de las organizaciones de trabajadoras del hogar. Su voz ha sido fundamental para impulsar reformas legales, promover la ratificación del Convenio núm. 190 sobre la violencia y el acoso y defender los derechos laborales del sector. También han contribuido a que el trabajo doméstico sea reconocido como un componente esencial de los sistemas y políticas de cuidados que hoy avanzan en numerosos países de la región.

 Al ritmo actual, se necesitarían todavía 85 años para garantizar que todas las personas trabajadoras domésticas estén protegidas. Es demasiado tiempo.

Ha llegado el momento de garantizar que quienes sostienen el bienestar de tantas personas y de nuestras sociedades cuenten con derechos,  trabajo decente y justicia social. (Ana Virginia Moreira Gomes, Excélsior, Global, p. 21)

Discursos de odio

Vivimos en una época caracterizada por la velocidad de la información, la hiperconectividad y la posibilidad de que cualquier persona exprese sus opiniones a través de múltiples plataformas digitales. Sin embargo, junto con estos avances también se ha fortalecido un fenómeno preocupante que amenaza la convivencia pacífica de las sociedades: los discursos de odio.

Éstas son expresiones que promueven, justifican o incitan la discriminación, la hostilidad o la violencia contra personas o grupos por razones relacionadas con su origen, identidad o creencias. Constituyen una de las manifestaciones más preocupantes de intolerancia en el mundo contemporáneo y representan un desafío para las democracias, las instituciones y la protección de los derechos humanos.

Entre las principales expresiones destacan cuatro grandes categorías. La primera es el racismo, sustentado en prejuicios raciales que buscan establecer diferencias de valor entre las personas en función de su origen étnico o color de piel. La segunda es la xenofobia, entendida como el rechazo o la aversión hacia quienes provienen de otros países, culturas o comunidades. La tercera corresponde al odio religioso, que surge cuando las diferencias de fe o creencias son utilizadas para descalificar, excluir o agredir a quienes profesan una religión distinta. Finalmente, la intolerancia ideológica, que consiste en la incapacidad de aceptar que las personas pueden pensar diferente en materia política, social o cultural.

Estas expresiones suelen ser amplificadas por líderes políticos, actores sociales, figuras públicas o grupos organizados que utilizan mensajes cargados de prejuicios para polarizar a las sociedades. Las redes sociales han contribuido a multiplicar el alcance de estos discursos debido a la rapidez con que circulan los contenidos y a los algoritmos que favorecen la difusión de mensajes que generan confrontación y reacciones emocionales intensas.

El problema es grave porque afectan la dignidad humana. Con frecuencia recurren a la descalificación, la humillación, la estigmatización y la difusión de información falsa con el propósito de desacreditar a individuos o colectivos. Las víctimas suelen ser minorías raciales, migrantes, mujeres, grupos religiosos, personas con orientaciones sexuales diversas o sectores identificados por sus posiciones ideológicas.

La experiencia internacional demuestra que pueden convertirse en el punto de partida para actos de discriminación, exclusión social e incluso violencia física.

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó en 2021 el 18 de junio como el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio. La iniciativa busca promover acciones de prevención, educación y sensibilización que fortalezcan la tolerancia, el respeto y el diálogo intercultural.

Este desafío exige políticas públicas integrales orientadas a la educación, la alfabetización digital y fortalecer los derechos humanos, la responsabilidad de las plataformas tecnológicas y promover códigos éticos que contribuyan a reducir la difusión de contenidos que fomentan la discriminación o la violencia.

Los instrumentos internacionales son claros al respecto. La Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos reconocen la libertad de expresión como un derecho fundamental, pero también establecen que su ejercicio implica deberes y responsabilidades. Ninguna libertad puede utilizarse para justificar la violencia, la discriminación o la negación de la dignidad humana.

Frente a un mundo cada vez más polarizado, resulta indispensable reivindicar el diálogo, la tolerancia y el respeto a la diversidad. Las expresiones públicas y privadas deben contribuir a la educación, la cultura y la construcción de sociedades más incluyentes. Contrarrestar los discursos de odio no significa limitar la libertad de expresión; significa defender la convivencia democrática y reafirmar el principio de que todas las personas, sin excepción, merecen respeto, dignidad y reconocimiento. Sólo así podremos construir comunidades más pacíficas y un mundo más justo para las generaciones presentes y futuras. ¿O no, estimado lector? (Juan Carlos Sánchez Magallán, Excélsior, Nacional, p. 10)

Aprender a gobernar un mundo fragmentado

LONDRES.— Los líderes del G7 que se reunirán en Évian el 15 de junio tendrán ante sí un orden de posguerra agotado. Las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods y otros pilares de la cooperación internacional (fundados todos ellos en la convicción de que era posible una gobernanza global basada en reglas universales) produjeron décadas de cierta estabilidad e integración económica. Pero el mundo actual es demasiado multipolar, con un alto grado de interconexión digital y demasiada heterogeneidad política como para confiar en el consenso amplio como mecanismo principal para el manejo de los asuntos internacionales.

A la par de la divergencia de intereses nacionales, hay un uso creciente de la interdependencia económica como instrumento de coerción, lo que da lugar a bloques estratégicos rivales, en un tiempo en el que la velocidad con que se intensifican desafíos globales como el cambio climático, las migraciones y la inteligencia artificial supera la capacidad de respuesta de las instituciones vigentes. Aunque sea tentador aferrarse a un orden en desaparición o resignarnos a la rivalidad geopolítica permanente, lo que se necesita es una transición hacia un nuevo modelo de cooperación internacional basado en una gobernanza de coaliciones.

En muchos aspectos, el cambio ya está en marcha, aunque, en general, pasa inadvertido. Desde las cadenas de suministro de semiconductores hasta el clima y la seguridad, existe una creciente cooperación entre países a través de coaliciones temáticas: alianzas flexibles que reflejan las realidades de un mundo fragmentado, pero profundamente interconectado.

De modo que la pregunta que enfrenta el G7 no es si la gobernanza basada en coaliciones surgirá, sino si las democracias moldearán la transición o la dejarán a merced de la política del poder. Pocos organismos están mejor posicionados para guiar el proceso que el G7, que combina escala económica, capacidad tecnológica e institucional y una amplia convergencia de valores políticos. Pero se necesita para ello un replanteo de la gobernanza. Para empezar, los gobiernos deben superar la búsqueda de acuerdos universales. El resultado creciente del consenso es la parálisis, e incluso cuando se alcanzan acuerdos amplios, es común que su implementación sea incoherente. Un buen ejemplo es el Acuerdo de París (2015) sobre el clima: estipuló objetivos compartidos, pero los compromisos nacionales son muy diversos y la fiscalización todavía es débil. Ya se ven problemas similares en la gobernanza digital, la tributación, el comercio internacional y la política migratoria.

La gobernanza basada en coaliciones ofrece una alternativa más práctica. En vez de exigir acuerdos universales, permite a los países colaborar en temas específicos y comprometerse con un conjunto compartido de normas, mecanismos de supervisión e instrumentos de fiscalización. La participación es voluntaria, pero implica asumir responsabilidades.

La IA viene al caso. Se podría formar una coalición internacional que establezca normas compartidas para los sistemas de IA de vanguardia, reglas comunes en lo referido a la gobernanza de los datos, supervisión coordinada de las cadenas de suministro relacionadas y protecciones contra riesgos sistémicos. Dicha coalición supeditaría el acceso a sus mercados, sistemas financieros, redes de investigación e infraestructuras digitales al cumplimiento de esas normas. La misma lógica se puede aplicar en ámbitos como la política climática, el comercio internacional, los minerales críticos, la biotecnología, la ciberseguridad y la transparencia financiera. Esta modalidad no implica abandonar el multilateralismo, sino adaptarlo a la realidad multipolar del presente. La gobernanza basada en coaliciones ofrece un marco más flexible y eficaz para la cooperación en un mundo donde las grandes potencias ya no comparten los mismos intereses, valores o modelos políticos.

Al mismo tiempo, se necesita una gobernanza más integrada. Los desafíos actuales más apremiantes están muy interconectados, pero la respuesta de los gobiernos sigue siendo burocrática y compartimentalizada. No tiene sentido. La política comercial no puede ir separada de la sostenibilidad ambiental y de la seguridad tecnológica. La regulación financiera debe tener en cuenta el cambio climático y el riesgo geopolítico. Y la gobernanza digital debe equilibrar la innovación y la competencia con la resiliencia democrática y la seguridad nacional.

Cuando el éxito se mide con indicadores limitados, el resultado tiende a ser modos de gobernar limitados. Una alternativa prometedora es el conjunto de indicadores SAGE, un marco de evaluación sencillo que organiza los principales motores de desarrollo humano en torno a cuatro factores de prosperidad históricos: solidaridad (S), capacidad de acción (A), ganancia material (G) y sostenibilidad ambiental (E, environmental sustainability). En vez de reducir el éxito a la producción económica, este marco evalúa hasta qué punto la gente disfruta de comunidades cohesionadas, un poder significativo sobre sus vidas y un entorno saludable.

El objetivo de estas medidas no es sustituir al PIB, sino situar el desempeño económico en un contexto más amplio. El G7 puede impulsar este cambio exigiendo que las iniciativas importantes se evalúen en función de un conjunto más amplio de objetivos sociales, económicos y ambientales. Por ejemplo, juzgar los proyectos de infraestructura por su contribución a la cohesión social y a la resiliencia ambiental, no sólo el crecimiento económico; o evaluar los sistemas de IA por las ganancias de productividad que generen y sus implicaciones para la capacidad de acción democrática. En cuanto a los acuerdos comerciales, se esperaría de ellos que promuevan la sostenibilidad, la resiliencia de los mercados laborales y la responsabilidad en el ámbito digital, y no sólo la eficiencia económica.

Cualquiera sea el orden internacional que surja, no girará en torno a un centro de poder, modelo de desarrollo o conjunto de prioridades únicos. En el mejor de los casos, estará formado por coaliciones superpuestas centradas en temas y sectores diferentes. El desafío está en asegurar que la superposición sea fuente de fortaleza y no causa de fricciones, conflictos e incoherencia perpetua.

El futuro de la gobernanza global depende de aprender a gobernar un mundo más diverso y fragmentado. La cumbre del G7 ofrece una oportunidad única para articular una idea de cooperación internacional basada en coaliciones que pueda expandirse y evolucionar para incorporar a nuevos socios (del G20 o más allá). Hacerlo puede ayudar a sentar las bases de un orden mundial más flexible y resiliente. (Dennis J. Snower, Excélsior, Nacional, p. 11)

León XIV y su guerra contra la ultraderecha española

Santiago Abascal y el partido español de ultraderecha Vox reivindican los valores tradicionales del catolicismo en sus plataformas y su identidad política. Sin embargo, en los últimos años de erigirse como defensores de la Iglesia han pasado a protagonizar ríspidos enfrentamientos con sectores de la jerarquía católica y agrupaciones laicales españolas. Se presentó un distanciamiento evidente con el latinoamericano papa Francisco que se replica ahora con su sucesor León XIV.

La histórica visita del papa León XIV a España, del 6 al 12 de junio de 2026, fue a todas luces un éxito histórico; concluyó dejando un profundo debate en los círculos políticos, religiosos y culturales. En sus 22 actos públicos el Papa convocó a cerca de 2.5 millones de españoles y hubo momentos en que el Papa hizo alusiones de distanciamiento doctrinal frente a la ultraderecha encabezada por Vox.

El nombre del partido proviene del latín y significa “voz”. Es una conformación política de reciente creación que, fundado por Santiago Abascal, nace en noviembre 2013. Actualmente es la tercera fuerza política del país. Su ideología ultraconservadora está basada en una combinación de hipernacionalismo y xenofobia o nativismo. Tiene acentos populistas y una visión autoritaria de la sociedad de herencia franquista. Sustenta medidas estrictas contra la inmigración, sobre todo la proveniente de África y la defensa de la unidad de España contra las autonomías. Exalta los valores católicos tradicionales como eje de su identidad. Así como la helenidad griega sustentó la identidad de occidente, la hispanidad dio sustento a la conformación de la mayor parte de los países del continente americano. ¡Vaya arrogancia!

Muchas expresiones del papa León XIV durante la visita generaron agudas tensiones e incomodidad notoria en la cúpula de Vox. El pontífice durante su gira no mencionó explícitamente al partido, pero construyó mensajes con dedicatoria política y doctrinal que confrontaron directamente las banderas ideológicas de la extrema derecha. En especial la defensa de los migrantes que atravesó de principio a fin de su visita con reclamos explícitos.

El pontífice había alertado a los obispos españoles, en noviembre de 2025 según reportó El País, sobre el peligro que representa Vox, advirtiéndoles frenar sobre el uso y la apropiación indebida de la identidad católica para legitimar en forma abusiva sus enfoques identitarios excluyentes. El pontífice señaló su preocupación por la “instrumentalización” de la Iglesia en la búsqueda del voto católico.

El lunes 8 de junio, en el marco del encuentro con los miembros del Parlamento español en el Congreso de los Diputados, el Papa emitió el mensaje político de su visita. Ahí irrumpió en contra de la polarización y de manera implícita contra las tesis de la ultraderecha. Criticó duramente “la descalificación permanente del adversario” y recordó a los políticos la necesidad de “custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”, afirmando que discrepar no conlleva humillación en clara alusión a las posturas estridentes de los parlamentarios de Vox. Advirtió “Huir de los enfoques identitarios” porque llevan a las exclusiones. Repudió a la “prioridad nacional”, pues las políticas que buscan priorizar los derechos de los nativos no pueden erigirse mediante la exclusión de los extranjeros y migrantes. Prevost abogó por la solidaridad con los migrantes y la defensa de los derechos humanos, el humanismo y el regreso al multilateralismo.

El Papa también se pronunció contra el aborto, la eutanasia y fijó su postura sobre la libre elección de los padres para determinar la orientación educativa de los hijos. Externó: “proteger toda vida humana y fortalecer el bien común”. Tanto la derecha como los socialistas brindaron, de pie, un largo aplauso de 7 minutos. En Islas Canarias, León XIV focalizó sus mensajes en la firme defensa de los migrantes y arremetió con las mafias de traficantes y de trata.

Fue tal arrastre y convocatoria multitudinaria, así como la amplísima cobertura televisiva y digital de la visita, que la formación ultraconservadora de Vox optó por guardar silencio ante las palabras, gestos y posturas claras que contradecían los postulados del partido. En cambio, concentraron toda su narrativa exclusivamente en la denuncia de la corrupción institucional del Estado.

La ultraderecha voxista no toleraba al papa Francisco. No le llamaban Papa, sino “señor Bergoglio”. Un argentino proclive a la teología de la liberación marxista. No le toleraban sus críticas al enfoque migrante y sobre todo que haya pedido perdón por los abusos y excesos de la Conquista.

Esta visita marca un indiscutible deslinde del Papa frente a la ultraderecha española. Una gran noticia pues tanto en Europa como en América Latina hay una metamorfosis política a la derecha y a la extrema derecha. Parafraseando a Nelson Villarreal, un destacado intelectual uruguayo quien sostiene que el catolicismo es una religión con autonomía relativa respecto de los Estados nacionales y está mejor preparado para poder situarse como la alteridad crítica al poder político. Finalmente, la Iglesia católica es también un Estado y León XIV en su distanciamiento a Donald Trump y a la ultraderecha española presenta un rostro moral y humanista en la realidad internacional. Una ética de la fraternidad frente a crecientes autoritarismos. (Bernardo Barranco V., La Jornada, Opinión, p. 14)

Remesas en 2030: La ruta digital

Aunque el envío de remesas ha transitado hacia lo digital, su uso aún se ancla en lo tradicional. En América Latina, el efectivo sigue marcando la pauta.

De acuerdo con el informe, entre 60% y 90% de quienes las reciben optan por retirar el dinero, incluso cuando éste llega a una cuenta bancaria.

Mientras los recursos permanecen dentro del sistema digital, los usuarios pueden tener acceso a herramientas como pagos electrónicos, ahorro, crédito o seguros, lo que contribuiría a fortalecer su estabilidad económica.

Se estima que, a nivel global, las remesas alcanzaron los 860 mil millones de dólares en 2024, de los cuales 155 mil millones se destinaron a América Latina y el Caribe. Se trata de uno de los flujos financieros más relevantes para la región, no solo por su magnitud, sino por su estabilidad, incluso en contextos de crisis económica.

Sin embargo, aunque el dinero viaja a través de plataformas electrónicas, al llegar se inserta en modelos económicos que siguen dependiendo del efectivo. Esta desconexión ha sido calificada como “paradoja digital”, debido a que los avances no han logrado cambiar la forma en que las personas usan su dinero.

CONFIANZA, EL FACTOR QUE DEFINE EL USO

El obstáculo no radica en la infraestructura, sino en factores culturales y de confianza, donde el idioma, la cercanía y la familiaridad juegan un papel clave.

Detrás de estas operaciones existe una red global de más de 250 millones de migrantes que mandan dinero de forma constante a sus países de origen. Cada movimiento responde a lazos familiares que se mantienen a pesar de la distancia y refleja un compromiso con el bienestar de sus hogares y seres queridos.

Así, la rapidez o los costos de las transferencias pasan a segundo plano frente a la necesidad de seguridad y certidumbre en el manejo del capital.

UNA OPORTUNIDAD QUE NO SE ESTÁ APROVECHANDO

Especialistas coinciden en que las remesas podrían convertirse en el inicio de una relación financiera más amplia.

Cuando el dinero es retirado del sistema digital , esta oportunidad se interrumpe.

El reto según Jorge Alfaro, vicepresidente senior de Instituciones Financieras para Mastercard México, es transformar el modelo actual, centrado en la transacción, hacia uno basado en ecosistemas que favorezcan la interacción continua dentro del sistema digital financiero.

Para lograrlo, será necesario fortalecer la educación desde el uso cotidiano, diseñar plataformas más intuitivas y cercanas, y generar esquemas que combinen lo digital con acompañamiento humano. También es clave mejorar la conexión entre bancos, fintechs y comercios, de modo que los usuarios puedan utilizar sus recursos de forma sencilla y en distintos servicios.

En ese escenario, la pregunta ya no es cómo enviar el dinero más rápido, sino cómo lograr que ese dinero transforme la vida financiera de quienes lo reciben. (Red Excélsior / Remesas, Excélsior, Nacional, p. 7)