La Interpol, agentes de Migración, sheriffs de Estados Unidos, policías estatales y ministeriales de Veracruz, realizan una cacería mundial contra el dos veces exalcalde de Boca del Río e hijo de Miguel Ángel Yunes Linares, exgobernador panista, Miguel Ángel Yunes Márquez. La verduga es la fiscal Verónica Hernández, y cumplir con la venganza de Morena por exhibir a la exdiputada Eva Cadena recibiendo medio millón de pesos para el Movimiento de AMLO. Esto lo aceleran el gobernador Cuitláhuac García, para que no tome posesión como senador el 1 de septiembre, obtenga fuero y se le moje la pólvora a la vendetta jarocha, donde el líder del PAN, Marko Cortés, ni pio dice. (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 25)
Que la titular de Relaciones Exteriores, Alicia Bárcena, se reunirá hoy con la secretaria del Interior de Estados Unidos, Deb Haaland, con quien abordará temas de conservación y medio ambiente, incluida la protección de la vaquita marina, el combate al tráfico de totoaba y la prevención de la pesca ilegal. La visita al país del norte incluye un encuentro con el secretario de Estado, Antony Blinken, con quien tocará asuntos de migración, desarrollo e inversiones, en lo que representa una de las últimas visitas a Washington de la encargada de la política exterior antes de hacerse cargo de la Semarnat en el gobierno de Claudia Sheinbaum. (Trascendió, Milenio, Al Frente, p. 2)
Lleva a senadores de EU con Sheinbaum
Bastante activo anda el embajador de EU, Ken Salazar. El lunes reunió con el presidente López Obrador a una comitiva de senadores de su país, republicanos y demócratas, que están de visita en México. Y ayer los llevó a un encuentro con la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, con quien hablaron de seguridad, migración y comercio. (Sacapuntas, El Heraldo de México, La 2, p. 2)
EU tiene que hacer su parte
La frontera entre México y Estados Unidos es un lugar peligroso, nadie lo duda. La explicación que dan los políticos norteamericanos en campaña, como Trump y JD Vance, es una verdad a medias.
Dicen que el peligro lo generan las bandas criminales y los migrantes del sur de la frontera. No explican a sus votantes que esas bandas son peligrosas porque las armerías norteamericanas les venden mortíferos artilugios a precios de mayoreo.
No dicen tampoco que la demanda es lo que determina el mercado y los norteamericanos tienen un apetito insaciable por drogas. Los adictos gringos hacen millonarios a los traficantes mexicanos que tienen un armamento poderoso con el que pueden desafiar a las fuerzas del orden en México.
Si de verdad quieren paz, los norteamericanos tienen que regular el mercado de armas y bajarle a su desaforado consumo de sustancias ilegales. O sea, tienen que hacer su parte. (Pepe Grillo, La Crónica de Hoy, La Dos, p. 2)
La frase que da título a este texto es una de las favoritas de Donald Trump en la campaña. Es su grito de guerra cuando quiere entusiasmar a sus seguidores en manifestaciones masivas, pero también cuando está en ambientes más exclusivos con el conservadurismo estadunidense.
Su recién nombrado acompañante en la campaña, el candidato a la vicepresidencia J.D. Vance, ha dicho lo mismo varias veces. Es cierto, es un lema de campaña. Pero también es una promesa. Una promesa en la que, de ser elegido, y eso parece estar más cerca cada día, actuará. Puede ser que haya matices, que haya impugnaciones legales, pero actuará.
Por muchos años, como lo incluía hasta hace poco la plataforma del Partido Republicano siempre, la promesa aún de los conservadores era, sí, cerrar la frontera, muros, etcétera, pero respecto a los millones de indocumentados que ya están en Estados Unidos la promesa era hacer una reforma legal para solucionar el problema y para algunos, al menos, no pocos, establecer un camino hacia la legalidad.
Eso, con el trumpismo, se ha terminado. La plataforma oficial del partido, aprobada y presumida en estos días de Convención Nacional, dice con todas sus letras en su programa migratorio:
“3. Comienza el programa de deportación más grande en la historia de EU.
El presidente Trump y los republicanos revertirán las destructivas políticas de fronteras abiertas de los demócratas que han permitido que las pandillas criminales y los extranjeros ilegales de todo el mundo deambulen por EU sin consecuencias. El Partido Republicano está comprometido a enviar a los extranjeros ilegales de regreso a casa y expulsar a aquellos que han violado nuestras leyes”.
Eso, por supuesto, además de volver al programa Remain in Mexico, más muro, fin de ciudades santuario y varias cosas más. El próximo gobierno aparenta estar tranquilo con la posible llegada de Trump a la Casa Blanca. Tal vez porque creen que ya lidiaron con él y medianamente la salvaron mandando miles de soldados a la frontera sur a costa de los migrantes. Pero este es Trump recargado.
Así como prometió un muro hace ocho años, ahora promete perseguir a millones e intentar regresarlos a México. La mayoría de los migrantes sin papeles son mexicanos.
No, no estará sencillo para nuestros paisanos. Ni para el próximo gobierno. (Carlos Puig, Milenio, al Frente, p. 2)
La Convención Nacional Republicana proclamó el lunes a Donald Trump como su candidato presidencial, a James David Vance como su compañero de fórmula y a la economía y la migración como sus principales temas de campaña. México no fue mencionado. ¿Para qué?
La inseguridad fronteriza, la migración y el narcotráfico son temas que muchos estadounidenses, y en particular los republicanos, identifican con México. Después de todo, ha sido un tema recurrente para Trump, desde 2015.
Para bien o para mal, la presencia de México está asegurada en la campaña electoral estadounidense de 2024. En contraste con la dureza de los republicanos, los demócratas asumen un trato más cuidadoso respecto a México y su gobierno, pero eso mismo lleva a que los republicanos busquen contrastar su visión.
De hecho, algunos analistas han asegurado que el gobierno de Joe Biden ha estado bajo la influencia del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, al que atribuyen usar los flujos de migrantes indocumentados como palanca.
La mayoría de los oradores que han subido al podio en Milwaukee se refirieron de una u otra forma al problema de “fronteras abiertas”, a los problemas económicos causados por los inmigrantes indocumentados o al familiar destruido por las drogas.
Y en todos los casos, culpan a la debilidad del presidente Biden, que en esa opinión abrió unas y al hacerlo facilitó la llegada de las otras. De hecho, hablan de que en los años de Biden han entrado 10 millones de indocumentados y peticionarios de asilo.
Pero hace apenas una semana, el gobierno del presidente Biden pintó un panorama diferente. En su conferencia de prensa al final de una reunión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), aseguró que “nuestros esfuerzos para asegurar la frontera sur están funcionando”.
Después de que Trump acabó con un esfuerzo bipartidista para asegurar la frontera, que republicanos y demócratas habían trabajado, porque él pensó que me beneficiaría y lo convertiría en un perdedor, el público se alejó.
Así que el mes pasado tomé una acción ejecutiva. Como consecuencia, trabajando con México, los encuentros fronterizos han bajado más de 50 por ciento. El nivel actual es más bajo que cuando Trump dejó el cargo”.
Nadie que haya escuchado el discurso de campaña de Trump o a los oradores en la Convención Republicana podría estar de acuerdo. Las versiones son opuestas.
En la semana, se registró también un acuerdo para impedir la llegada de acero chino a través de México, que la portavoz de la Casa Blanca, Karina Jean Pierre, describió como una medida para proteger a los trabajadores y la industria siderúrgica estadounidense.
Así, puede decirse que la diferencia de visiones obedece también a opiniones ideológicas y necesidades electorales opuestas. Y a querer o no, México y su gobierno están en medio. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 29)
Incluso después del desastroso desempeño de Joe Biden en su debate con Donald Trump hace tres semanas, seguía yo pensando que la contienda presidencial norteamericana aún no concluía. Ya sea que Biden emergiera fortalecido de su debacle, ya sea que fuera sustituido por alguien más -casi seguramente Kamala Harris-, pensé que las debilidades intrínsecas de Trump, el estado de la economía estadounidense, y la rigidez del electorado en una sociedad polarizada permitirían una victoria de los demócratas. A partir del atentado, han crecido mis dudas al respecto.
Aún no se publican encuestas posteriores al intento fallido por asesinar a Trump. Las que se divulgaron antes del sábado, pero posteriormente al debate, sugieren que Biden se debilitó debido a su descalabro, pero mínimamente en los sondeos nacionales. En los estados decisivos -unos seis o siete- la merma para el actual ocupante de la Casa Blanca fue mayor, pero tampoco enorme. Quizás la peor consecuencia para Biden se produjo en estados que se daban por seguros para él, y que ahora pueden inclinarse hacia Trump. Las pesquisas privadas de los demócratas, de acuerdo con filtraciones en diversos medios estadounidenses, pintan un panorama un poco más desolador.
Desolador para Estados Unidos y también para México. No estoy seguro que ese arroz ya se haya cocido, pero resultó obvia la necesidad de ir pensando en una victoria de Trump y en sus implicaciones para nuestro país. Enumero aquí cuatro, en el entendido que existen seguramente más.
Migración: Trump no sólo mantendrá la política de tercer país seguro de facto que Washington le impuso a México desde 2017, sino que le agregará algo peor. Como se recordará, a partir de su toma de posesión en enero de aquel año, Trump obligó a los presidentes mexicanos a aceptar la deportación a territorio mexicano de nacionales de otros países: centroamericanos, luego haitianos y cubanos, después venezolanos y ecuatorianos, y ahora de todo.
No hay obligación jurídica alguna para que un país (México) admita ciudadanos de otras naciones expulsados por un tercer país (Estados Unidos), pero ni Pena Nieto ni López Obrador pudieron oponerse a la presión de Trump y de Biden. Pero Biden nunca intentó deportar a mexicanos que ya se encontraban en territorio norteamericano, y aunque Trump anunció que lo haría, su amenaza no se cumplió a gran escala.
Los paisanos padecieron hostigamiento, redadas, mayor racismo y discriminación, pero permanecieron dentro de Estados Unidos en su inmensa mayoría. Hoy Trump, y su nueva mancuerna en la Vicepresidencia, advierten que deportarán a más de cinco millones de indocumentados, casi todos mexicanos, en una repetición de la odiosa Operación Espalda Mojada de 1950. (Jorge G. Castañeda, El Universal, Opinión, p. A16)
La designación del senador James David Vance, mejor conocido como J.D. Vance, como compañero de fórmula de Donald Trump para la vicepresidencia, son pésimas noticias para México. Vance, un exmarine, se encuentra en la primera línea de la infantería que quiere que el jefe de la Casa Blanca, sin importar que sea republicano o demócrata, envíe tropas a México para combatir a los cárteles de la droga porque, afirma, han desestabilizado al gobierno de Andrés Manuel López Obrador y en un plazo no mayor de tres años podrían convertir este país en un Estado fallido.
Vance, a diferencia de Trump que ha jugado políticamente con el tema de los cárteles de las drogas mexicanos, está ideológicamente convencido de que hay que acabarlos antes de que el fentanilo acabe con la sociedad estadounidense. “Este tema es personal”, afirmó en un spot que difundió durante su campaña para el Senado en 2022. Es cierto. Nacido en el seno de una familia disfuncional en Middletown, una pequeña comunidad rural en la gran zona metropolitana de Cincinnati, Ohio, vio la degradación de su madre en un matrimonio sin amor, con mucho alcohol y opio. En aquel spot pregunta, “¿es usted racista?, ¿odia a los mexicanos? No importa lo que digan de nosotros. Primero va Estados Unidos”.
Trump parece un político de extrema derecha, pero Vance ciertamente lo es. Como sucede con todos los reconvertidos, pasó de ser de un feroz crítico de Trump hace menos de ocho años, a su incondicional en el movimiento MAGA –Make America Great Again–, el eslogan del expresidente en su campaña en 2016. Vance se enteró del nombramiento el lunes, media hora antes de que Trump lo hiciera público, dejando en el camino al senador de Florida Mark Rubio, ante las preocupaciones sobre dos candidaturas del mismo estado, y al gobernador de Dakota del Norte, que firmó una ley draconiana contra el aborto.
Para los populistas que abundan entre los leales de Trump, fue un día de fiesta. Abiertamente antinmigrante, aislacionista, proteccionista y globalifóbico, Vance, de 39 años, es un mensaje para los electores nacionales que no quieren extranjeros en sus empleos y una aparente garantía para asegurar el voto en Ohio, uno de los estados que han sido altamente competidos en este siglo, donde el candidato republicano amaneció este martes con una ventaja de casi 9 puntos sobre el presidente Joe Biden.
Ideológicamente, Vance se asemeja a López Obrador, quien como Trump también es pragmático. Pero lo que venga después de las elecciones en Estados Unidos, en noviembre, ya no le tocará al tabasqueño, sino a su sucesora, Claudia Sheinbaum, que es más capaz técnicamente que su mentor, pero no tiene su empaque para enfrentar a un toro que siempre acomete. La elección está lejos en el calendario pero cerca en el tiempo, y la relación bilateral con Estados Unidos no está bien, pese a las apariencias.
Pese al suave tono del gobierno de Biden con López Obrador y la tolerancia a sus chantajes con la válvula migratoria, la Casa Blanca le ha reducido drásticamente el nivel de interlocución. De haber sido primero sus pares la vicepresidenta Kamala Harris, y luego John Kerry, representante especial de Biden con gran prestigio internacional, las dificultades para lidiar con López Obrador las resolvieron con el trato a través de una funcionaria, importante pero de tercer nivel en la Casa Blanca, Elizabeth Sherwood-Randall, que sólo hablaba de seguridad y migración con el Presidente, y el desprestigiado embajador en México, Ken Salazar. Un segundo periodo de Biden, si ganara la reelección, probablemente sería diferente, pues ya no tendría que tratar a México con algodones para cuidar el voto, y lo mismo con Trump, que estaría en su último cuatrienio.
De ahí emana el temor que un segundo periodo del expresidente sería de pesadilla para muchos países, y en particular para México con una designación que complica el escenario. Hace un año, en el programa dominical de la cadena de televisión NBC Meet the Press, Vance dijo que, de muchas maneras, el gobierno mexicano estaba desestabilizado por el flujo constante del fentanilo. “Si piensa que el problema del fentanilo es malo ahora –le dijo a su entrevistador–, ¿se imagina dentro de tres años cuando los cárteles de la droga sean más poderosos que el Estado mexicano en sí mismo?”.
En esa misma entrevista se pronunció por el uso del poder militar de Estados Unidos para cazar a los cárteles mexicanos, que, dijo con base en datos de la DEA, en 2020 y 2021 habían incrementado sus utilidades 14 veces por año con toda la droga que estaban introduciendo a su país. Junto con la decisión de usar a las Fuerzas Armadas contra los cárteles, que es algo que Trump ha dicho que hará tras recuperar la Casa Blanca, la inmigración por México es otra de sus prioridades.
En enero de este año introdujo una iniciativa de ley para prevenir que los agentes federales desmantelaran los alambres de púas y los muros que han levantado los gobiernos de los estados fronterizos con México, para contrarrestar la decisión de la Suprema Corte que le permitía a la administración Biden hacerlo. “Cada estado a lo largo de la frontera con México debe tener el derecho de defender su territorio”, agregó. En mayo calificó de “invasión histórica” el flujo migratorio por la frontera con México. Vance, como Trump, coincide en que hay que frenar a los migrantes, sin excepción, y acabar con los cárteles de las drogas, que ven en ambos casos como amenazas para la sociedad pura, racista y xenófoba en la que quieren vivir y gobernar.
Si había preocupación por la posibilidad de que un extremista, radical y populista como Trump regrese a la Casa Blanca, ahora existe la probabilidad de que la elección de noviembre nos regale el dos por uno. Hay tiempo, pero no mucho, para que Sheinbaum construya los dos escenarios, Biden y Harris o Trump y Vance. En los dos casos enfrentará dificultades, pero definitivamente con los ultras republicanos será peor. (Raymundo Riva Palacio, El Financiero, Nacional, Política y Sociedad, p. 36)
El nombramiento del senador JD Vance como compañero de fórmula de Donald Trump en la carrera por la Casa Blanca y las especulaciones respecto de que Kamala Harris podría sustituir al presidente Joe Biden como candidata del Partido Demócrata han puesto de relieve la figura de la Vicepresidencia de Estados Unidos.
Pero ésas no son las únicas razones. También lo es la avanzada edad de Trump y Biden, así como el hecho de que alguno de ellos dos gobernará un máximo de cuatro años en caso de ganar los comicios, pues, por haber sido presidentes por un periodo, ya no tienen derecho a la reelección.
De la Vicepresidencia han salido 15 de los 45 hombres que han ocupado la Presidencia de la Unión Americana. Ocho de ellos han alcanzado el cargo luego de la muerte del presidente en turno. El más reciente fue Lyndon B. Johnson, quien sucedió al asesinado John F. Kennedy. Otro más, Gerald Ford, quien llegó a la Casa Blanca tras la renuncia de Richard Nixon. Además, seis han sido elegidos presidentes al final de su periodo o con posterioridad, como es el caso del propio Nixon, así como de George Bush padre y Joe Biden. También ha habido cinco vicepresidentes que han sido derrotados en una elección presidencial, entre ellos Nixon, Walter Mondale y Al Gore.
De ganar cualquiera de los dos candidatos actuales, su vicepresidente –Harris o Vance– se convertirá en una figura poderosa, pues será quien aspire de forma natural a la Presidencia en 2028.
Porque en México el periodo de gobierno dura seis años, no sólo es importante saber quién será el próximo presidente de EU, sino también quién ocupará el Observatorio Naval, residencia oficial de los vicepresidentes desde hace 50 años.
Asimismo, porque los vicepresidentes tienen entre sus funciones una que podría ser relevante para la relación bilateral, pues presiden el Senado y tienen el voto decisivo en caso de empate en esa Cámara, que es clave en la política exterior.
No ha sido raro que los vicepresidentes se hayan encargado de aspectos importantes de la relación de Washington con México. El vicepresidente Bush vino a nuestro país para las fiestas patrias de 1981, pocos días antes del destape de Miguel de la Madrid y en medio de discrepancias entre los dos gobiernos por el apoyo estadunidense al gobierno militar salvadoreño.
El propio Joe Biden, quien visitó 50 países como vicepresidente, estuvo en México en marzo de 2012, cuando conversó con los entonces candidatos presidenciales Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota. Y volvió en septiembre de 2013 y febrero de 2016.
A Harris el presidente Biden le encargó personalmente la atención del tema fronterizo, haciendo énfasis en resolver las “causas de raíz” de la migración indocumentada. Por ello, su visita oficial –y primer viaje al extranjero– en junio de 2021, cuando se reunió en Palacio Nacional con el presidente López Obrador. Sin embargo, en los siguientes años la crisis migrante empeoró y aparecieron otros temas espinosos en la relación con México, como el tráfico de fentanilo y de armas, y a Harris le fue retirada discretamente dicha responsabilidad.
Hoy, como digo arriba, se le menciona como un posible relevo para Biden, quien ha causado pánico en el Partido Demócrata por el deterioro de su estado mental, que lo llevó a tener una muy mala actuación en el debate del 27 de junio con Trump. Aunque el atentado contra éste ha cambiado la conversación, la eventualidad de un relevo no ha desaparecido del todo.
En cuanto al recién nombrado JD Vance, se ha hecho notar –como decía yo ayer en este este espacio– que el senador por Ohio tiene posturas que no son bien vistas en México, como una clara preferencia por una política migratoria dura y posiciones nativistas que podrían complicar la relación bilateral en materia comercial.
A raíz de su destape como compañero de fórmula de Trump, se recordó una entrevista que dio al programa Meet the Press, de la cadena NBC, en junio de 2023, en la que Vance propuso usar la acción militar para combatir a los cárteles mexicanos.
Por éstas y otras razones es importante estar atentos no sólo a quién llega a la Casa Blanca en enero de 2025, sino también a quién ocupa la Vicepresidencia. (Pascal Beltrán del Río, Excélsior, Nación, p. 2)
Donald Trump ya es candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano y ha escogido como compañero de fórmula al senador J. D. Vance del estado de Ohio. Vance se ha destacado por defender una mayor extensión del muro fronterizo y reforzar las políticas de seguridad en contra del narcotráfico. El senador está convencido de que los cárteles mexicanos controlan la producción y venta de fentanilo, que deben ser combatidas como una amenaza a la seguridad nacional del vecino del norte.
Vance ha declarado reiteradamente que la política migratoria de Joe Biden, que llama de “puertas abiertas”, es responsable de la muerte de miles de estadounidenses por el tráfico y consumo masivo de drogas. En 2022, Vance, que se define a sí mismo como un “conservador outsider”, dio a conocer un spot publicitario en que rechazaba que defender una política migratoria hermética o de puertas cerradas pudiera ser considerado “racista”.
En aquel spot, el senador Vance resumía las ideas plasmadas en su libro Hillbilly, una elegía rural (2017), un best seller llevado al cine, donde contó la historia de la muerte de su madre, víctima de las drogas. Durante su campaña legislativa, el conservador sostuvo que su madre murió de una sobredosis de heroína y que, para él, su lucha contra las drogas era una causa personal que no podía encapsularse en el calificativo de “racismo”.
Vance presenta su estrategia contra la migración y las drogas como una cruzada contra la muerte. Aunque niegue retóricamente su condición racista, la criminalización del migrante mexicano y latinoamericano es perfectamente detectable en su discurso. La elección de Vance como compañero de fórmula de Trump busca reforzar el ángulo antimexicano del trumpismo, que podría verse rebajado por el interés de Washington en mantener a flote el T-Mec.
Si el escenario de una relación bilateral complicada, luego de que Andrés Manuel López Obrador abandone la Presidencia, era factible, con una vicepresidencia de Vance puede volverse explosivo. Trump usará a su vicepresidente para enervar a su base nativista, partidaria de un mayor control migratorio y una política doméstica basada en la “amenaza mexicana”.
La política exterior de México, que encabezarán Claudia Sheinbaum y Juan Ramón de la Fuente, necesitará de todos sus recursos diplomáticos, legislativos, comerciales y mediáticos para hacer valer los intereses nacionales. Intereses que pasan por un flujo migratorio constante y ordenado, en que México es inevitable lugar de tránsito.
Un componente que siempre mantuvo a flote las relaciones entre Estados Unidos y México fue el vínculo de amistad que AMLO logró establecer tanto con Trump como con Biden. Ese componente ya no estará más, o estará de un modo menos presente, por lo que se abren las posibilidades de diferendos incómodos. Ante ese riesgo, la diplomacia mexicana debería regresar a sus altos índices de realismo y profesionalidad. (Rafael Rojas, La Razón, México, p. 4)
A medida que Estados Unidos se adentra en la vorágine de su ciclo electoral, México se encuentra en una posición delicada, observando con cautela el desarrollo de las campañas al norte de su frontera. Con la nominación de Donald Trump como candidato republicano y la reciente selección de J.D. Vance como su compañero de fórmula, el panorama político estadunidense presenta desafíos significativos para México, tanto para el gobierno saliente de López Obrador como para la administración entrante de Claudia Sheinbaum.
La campaña de Trump y Vance promete ser particularmente relevante para México. Pero también hostil. Trump, conocido por su retórica antiinmigrante y su insistencia en la construcción de un muro fronterizo, probablemente volverá a colocar a México en el centro de su discurso sobre inmigración y seguridad nacional. Su historial de amenazas arancelarias y presión diplomática sugiere que una victoria republicana podría resultar en una relación bilateral más tensa y volátil.
J.D. Vance comparte muchas de las posturas de Trump en temas de inmigración y de comercio. Como autor de Hillbilly Elegy y senador de Ohio, Vance ha sido crítico de los acuerdos comerciales internacionales y ha expresado preocupaciones sobre la inmigración ilegal y el tráfico de drogas hacia EU. Su presencia en la fórmula republicana podría reforzar una plataforma que ve a México más como un problema que como un socio. Ante este escenario, tanto López Obrador como Sheinbaum deben prepararse para varios escenarios:
Presión migratoria intensificada: es probable que la campaña de Trump-Vance prometa medidas más duras en la frontera. México podría enfrentar demandas de mayor control migratorio en su frontera sur y presiones para aceptar más solicitantes de asilo.
Renegociación comercial: aunque el T-MEC está vigente, la administración Trump-Vance podría buscar renegociar aspectos del acuerdo o implementar medidas proteccionistas.
Seguridad y narcotráfico: el tema del tráfico de drogas, especialmente el fentanilo, podría ser utilizado como arma política, lo que podría resultar en demandas de acciones más agresivas por parte de México.
Retórica divisiva: la campaña republicana podría utilizar a México como chivo expiatorio para problemas internos de EU, lo que requeriría una estrategia diplomática cuidadosa.
El gobierno de López Obrador deberá mantener un delicado equilibrio, defendiendo los intereses de México sin provocar confrontaciones innecesarias que puedan complicar la transición para la administración de Sheinbaum, cuyo equipo deberá prepararse para potencialmente asumir el poder en medio de una relación bilateral tensa y volátil.
La estrategia de México debería incluir una diplomacia proactiva que fortalezca los lazos con diversos sectores en EU, incluyendo estados fronterizos, empresarios y la comunidad méxicoamericana. Por supuesto, también que potencie la diversificación económica. México deberá consolidar su papel de liderazgo en AL, fomentando la cooperación regional para trabajar con los demás países latinoamericanos para abordar temas como la migración de manera conjunta.
El gobierno de Sheinbaum debe diseñar una estrategia de comunicación estratégica para resaltar la importancia de la relación bilateral y los beneficios mutuos de la cooperación. Y claro, México deberá fortalecer la economía y las instituciones democráticas y de justicia nacionales para resistir presiones externas. Es crucial que mantenga la calma y la dignidad frente a posibles provocaciones durante la campaña. La estabilidad y prosperidad de ambos países están estrechamente ligadas, y es en interés de todos mantener una relación bilateral constructiva, independientemente del resultado electoral en EU.
El desafío para México será navegar estas aguas turbulentas con prudencia y firmeza, defendiendo sus intereses mientras se mantiene abierto al diálogo y la cooperación. La resistencia de la relación México-EU se pondrá a prueba una vez más, y corresponderá a sus líderes asegurar que prevalezca el entendimiento mutuo sobre la retórica divisiva. Ni a EU ni a México nos conviene que la escalada polarizante siga devorando la agenda cotidiana y dinamitando todas las enormes ventanas de oportunidad para ambas economías y sociedades. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional, p. 14)
Donald Trump eligió el lunes como candidato republicano a la vicepresidencia de Estados Unidos al inexperto político J.D. Vance, un conservador populista que comparte sus posiciones sobre México.
Vance, senador por Ohio de 39 años y veterano de la guerra en Irak, presentó una iniciativa de ley que hubiera autorizado a los estados fronterizos a colocar barreras físicas para impedir el paso de migrantes, algo contra lo que se ha opuesto el presidente Joe Biden. También, al igual que Trump, está a favor de la intervención militar de EU contra los cárteles de la droga y se alinea con sus políticas de inmigración, incluyendo la terminación del muro fronterizo y el rechazo de la amnistía para los inmigrantes indocumentados.
El que muy probablemente será el próximo vicepresidente de EU opina, al igual que Trump, que las Fuerzas Armadas de su país deben utilizarse para combatir a los cárteles del narcotráfico que están desestabilizando México y contribuyendo a la crisis de fentanilo que ha matado a cientos de miles de estadounidenses. Esta postura enfrenta una fuerte oposición del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien la ve como una violación de la soberanía mexicana. Su sucesora, Claudia Sheinbaum, las ve de la misma manera.
El uso del Ejército estadounidense contra los cárteles podría tener varias consecuencias. Surgirían problemas de soberanía, con Sheinbaum oponiéndose firmemente a la intervención extranjera. Designar a los cárteles como organizaciones terroristas complicaría los ya de por sí poco exitosos esfuerzos antinarcóticos existentes que se realizan en ambos lados de la frontera. La intervención militar exacerbaría la inestabilidad en varias zonas de nuestro país y generaría más violencia.
Las consecuencias humanitarias potenciales de los planes de Trump y Vance son significativas. Las operaciones militares en México podrían provocar bajas civiles no intencionadas y aumentar el sufrimiento humano y el sentimiento antiestadounidense que desde hace décadas existe en un gran número de mexicanos. La violencia podría desplazar a las poblaciones locales y crear una crisis de refugiados internos y transfronterizos. Las acciones militares podrían afectar gravemente a las economías locales, exacerbando la pobreza y la inestabilidad en las regiones afectadas.
Trump y Vance enfatizan la necesidad de una fuerte seguridad fronteriza, incluyendo la finalización del muro fronterizo y el rechazo de la amnistía para los inmigrantes indocumentados. Aunque Trump ha sido más cauteloso respecto a un conflicto potencial con nuestro país, Vance ha sido más agresivo en su retórica, reflejando un enfoque más beligerante.
Trump anunció el domingo que, tras el atentado contra su vida, decidió pronunciar un discurso de aceptación de la candidatura menos agresivo que el que originalmente planeaba. Dudo que el hecho de haber estado a unos milímetros de la muerte haya modificado en algo su postura hacia México y los migrantes.
En conclusión, una administración Trump-Vance que enfatice medidas de seguridad agresivas y pretenda realizar o realice intervenciones militares contra los cárteles de la droga en México aumentaría las tensiones y la imprevisibilidad en las relaciones entre ambos países. (Eduardo Ruiz-Healy, El Economista, Política y Sociedad, p. 40)
Grrrr…!

(Calderón, Reforma, Opinión, p. 9)
Ahora Irán

(Gregorio, Excélsior, Nacional, p. 12)
Almohadilla Real

(Rapé, Milenio, Al Frente, p. 2)
Después del Atentado

(El Fisgón, La Jornada, Política, p. 5)
Encarrerados

(Xolo, 24 Horas, Pág. 2)
El Hombre Bala

(Garci, El Financiero, Opinión, p. 26)
Pennsylvania

(Chavo del Toro, El Economista, El Foro, p. 46)
Convención antimigrante

(Perujo, El Economista, El Foro, 47)
Sólo fue un rozón

(Rubén, El Sol de México, Análisis, p. 22)
Culto a la violencia

(FER, El Universal, Opinión, p. A17)