A lo largo de esta primera mitad de año de concurrencia entre la administración del presidente López Obrador con la del presidente Biden, he escrito en este espacio sobre las múltiples reuniones de trabajo de alto nivel entre México y Estados Unidos. Gracias al diálogo constante, hoy estamos cerca de un evento de gran importancia para ambos países: la reactivación del Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN).
Tras la llamada entre el presidente López Obrador y la vicepresidenta Kamala Harris, México recibió a un grupo de funcionarios y funcionarias estadunidenses. La delegación del gobierno de Estados Unidos estuvo encabezada por el secretario de Seguridad Interior, Alejandro Mayorkas, y el asesor en Seguridad Nacional del presidente Joseph Biden, Jake Sullivan. Incluyó, además, al director senior para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional, Juan González, asesor del presidente Biden en temas de América Latina.
La nutrida delegación incluyó también a asesoras y asesores para la vicepresidenta Harris, la primera dama de ese país, Jill Biden, y del Departamento de Estado. Se trató de una delegación muy completa, con funcionarios clave de la presente administración.
Por su parte, el gobierno de México fue anfitrión de reuniones encabezadas por el presidente López Obrador; el canciller Ebrard; el secretario de Hacienda y Crédito Público, Rogelio Ramírez de la O; el consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer; el coordinador de asesores del presidente, Lázaro Cárdenas, y también se llevó a cabo una reunión con la Fiscalía General de la República.
Ambos gobiernos acordamos continuar el trabajo de cooperación a fin de gestionar flujos migratorios ordenados, regulares y seguros, con respeto a los derechos humanos de las personas migrantes y solicitantes de asilo.
Además, el gobierno de México enfatizó la importancia de implementar programas de cooperación internacional para el desarrollo en los países del norte de Centroamérica y el sur de México. La delegación mexicana subrayó la urgencia de poner en marcha políticas públicas inmediatas que incrementen el ingreso y el empleo en la región, a fin de atender las causas estructurales de la migración.
El relanzamiento del DEAN, mecanismo clave para el fortalecimiento de la inversión en México y en América del Norte, se llevará a cabo el próximo 9 de septiembre. Uno de los objetivos estratégicos de México es establecer una ruta para acelerar la relocalización de las cadenas de suministro en nuestro país y nuestra región, es decir, profundizar la integración comercial entre nuestros países.
Además, avanzaremos en una amplia gama de temas económicos, como la gestión de la infraestructura fronteriza y la recuperación inclusiva tras la irrupción del covid-19. De igual forma, avanzamos rumbo al diálogo de alto nivel destinado a consolidar y reorientar la cooperación bilateral en materia de seguridad, que tendrá lugar más adelante en el año.
Finalmente, quisiera resaltar la labor extraordinaria que los equipos de nuestras embajadas y consulados en América del Norte llevaron a cabo en la Jornada Sabatina de este 14 de agosto para atender a nuestras paisanas y paisanos. Por segunda ocasión participaron todas las oficinas consulares de México en Estados Unidos y Canadá, logrando batir el récord de mayor recaudación y emisión de trámites en el exterior durante un solo día del que la Secretaría de Relaciones Exteriores tenga registro.
Los destacables resultados que hemos alcanzado juntos en este tiempo, tanto a nivel político como consular, son un indicador del compromiso del gobierno de México con sus ciudadanas y ciudadanos, en donde quiera que se encuentren. (Roberto Velasco Álvarez, Excélsior, Nacional, p. 16)
La migración no va a dejar de estar con nosotros, digamos que es una condición del país.
La migración ha dejado de ser desde hace tiempo una especie de hecho romántico que veíamos en las películas para convertirse en una alternativa de vida y en una peligrosa esperanza.
Pocos fenómenos han sido tan bien estudiados como la migración. Son muchas las razones por las cuales hombres y mujeres dejan sus lugares de origen y a sus familias.
La migración ya alcanzó a una gran cantidad de menores quienes en medio de enormes riesgos y peligros tratan de alcanzar a sus padres.
Migrar significa, en la gran mayoría de los casos, dejar lo que se tiene, particularmente la familia. Es tomar una decisión, porque no hay otra opción porque se llega al límite sin futuro y esperanza.
Hay muchos casos en que son las propias familias las que alientan que los hijos se vayan. La razón pasa por la violencia que se vive en muchas comunidades en donde la delincuencia organizada trata de cooptar a como dé lugar a los jóvenes.
Los migrantes centroamericanos y mexicanos deciden dejar sus países de origen porque se les acaban las opciones, a pesar de buscar quedarse con los suyos. Pocos quieren perder el contacto con su familia, porque migrar es una manera de defensa y luchar, por ciento, la mejor manera de entenderlo es que lo primero que hacen con sus salarios es mandárselos a sus familias.
No son ingenuos y saben muy bien que la vida en lo que en otro tiempo era conocido como “el sueño americano” ha dejado de serlo. Tienen muy claro que a partir de que dejan sus casas entran en el mundo de riesgo, porque además las autoridades en un buen número de casos son cómplices de la delincuencia, entrar a México, llegar al lugar del mundo en donde todo puede pasar.
Recorren sus países y el nuestro bajo a sabiendas de riesgos que les pueden costar la vida. Sin embargo, poco les importa porque entienden que, a pesar de lo que pueden enfrentar, al final muchas cosas pueden ser diferentes de las que viven en sus lugares de origen.
Guatemala, El Salvador, Honduras y México, en nuestro caso de algunos años a la fecha, estamos materialmente expulsando a mujeres y hombres de enorme valía. Estamos también perdiendo la inversión que se ha hecho en salud y educación para que al final quien se beneficie de todo ello sea EU.
El perfil de migrantes en cuanto a edad está por encima de los 18 años lo que significa que la inversión del país en sus recursos humanos se pierde. En el caso nuestro los migrantes muy probablemente van ya con una cartilla de vacunación completa y con una formación escolar de por lo menos primaria.
Por si todo esto fuera poco, si logran entrar a EU van directo a padecer condiciones de vida y explotación en más de un caso violatorias de los derechos humanos. Llegan a tener hasta tres turnos laborales con tal de conseguir el dinero que de inmediato mandan a sus familias. Enfrentan en algunos casos temperaturas totalmente distintas a los lugares en que vivían.
Todo es adverso, pero, a pesar de ello, aguantan, luchan, mandan dinero, trabajan todo el día, aceptan un trato discriminatorio, entre otras muchas cosas. Ellas y ellos son los que caminan con prudencia por las calles de infinidades de ciudades en EU. Ellas y ellos son los que hacen posible una parte fundamental de la economía de nuestros vecinos.
Ellas y ellos son quienes mandan su dinero a nuestros países para que sus familias puedan vivir, el tiempo que los gobiernos muchas veces hacen de todo esto una puesta en escena cargada de elogios, pero cuando desde EU mandan línea aparece el silencio y la obediencia. (La Razón, La Dos, p. 2)
¿Entonces tenía razón Donald Trump? Desde que dejó el poder, su sucesor Joe Biden ha desatado un par de incendios que deben tener feliz al expresidente: la guerra Israel-Palestina, y la reconquista de Afganistán por los talibanes, el grupo que abrigó a la red terrorista Al Qaeda.
Con este par de crisis de política exterior que animan el discurso pro-Trump —en campaña por regresar a la Casa Blanca— la administración Biden tiene poco tiempo para ocuparse de México: buenas noticias para el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien puede seguir jugueteando con las fronteras del autoritarismo sin que el vecino del norte endurezca de más su postura.
Si alguien seguía albergando la esperanza de que el demócrata Biden fungiera como una suerte de contrapeso a la demagogia autoritaria del obradorato, y especialmente a sus desplantes estatistas en el manejo económico, los acontecimientos han dejado muy claro que Estados Unidos tiene todas las intenciones de no pelearse con AMLO y tratar de arreglar por las buenas cualquier diferendo.
Pragmatismo puro. Si te estrenaste en el poder rompiendo la paz Israel-Palestina, si cuando estabas abandonando la plaza atestiguaste cómo ya recuperaron Afganistán los talibanes, si no has logrado un acuerdo nuclear con Irán, si el pleito con Rusia es cada vez más grosero y la disputa con China es cada vez más frontal (y eso que Corea del Norte no ha hecho berrinche), lo que menos te conviene es encender una bronca en tu patio trasero, con un gobierno mexicano al que necesitas para que detenga los flujos masivos de migrantes y te evite otra crisis con un alto costo electoral. (Carlos Loret de Mola, El Universal, Nación, p. 2)
El presidente Joe Biden acaba de mostrar la baraja completa de las personas encargadas para la relación bilateral con México. La vicepresidenta Harris lleva los temas migratorios, el secretario Mayorkas los de seguridad, la representante comercial Katherine Tai los comerciales, mientras que Ken Salazar será el vínculo diario de su gobierno con el de López Obrador como embajador en México. Salazar trae una agenda amplia que podría concentrarse en reclamos energéticos y medioambientales al gobierno mexicano y, a diferencia de su antecesor, no es un improvisado.
Oriundo del Valle de San Luis en Colorado, y de orígenes muy humildes, Salazar tiene una larga trayectoria como servidor público, local y federal. Fue procurador de justicia de su estado y ahí coincidió con Kamala Harris como procuradora de justicia de California. Luego estuvo 4 años en el Senado y ahí coincidió con el entonces senador Joe Biden. Salazar es un político tradicional, con amplio eco en el Partido Demócrata. Fue secretario del Interior del gobierno de Obama y luego líder del equipo de transición de Hillary Clinton.
Durante la audiencia de confirmación que sostuvo ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, el embajador designado recibió muchos apapachos de sus colegas senadores, pero quizás lo más relevante de la audiencia sean los mensajes que ahí dieron varios sobre los temas que ese poderoso comité ve como los relevantes para la relación con México y el acuse de recibo que dio Salazar.
Migración, seguridad y comercio son los temas de cajón en la relación bilateral y al respecto los integrantes del comité le preguntaron a Salazar sobre control de armas, tráfico de drogas, principalmente fentanilo de China, el control de la frontera sur de México y la cooperación en la frontera entre México y EU. Salazar fue brevísimo en sus respuestas y se limitó a generalidades. Sin embargo, fue en el intercambio con el senador republicano Ted Cruz y en el que sostuvo con el senador demócrata Tim Kaine en donde se encuentran algunas de las preocupaciones estadounidenses que más tensión provocarán en la relación bilateral.
Por un lado, el senador Kaine habló sobre la violencia en México y los ataques a la prensa. El tema de la libertad de prensa en México ya había sido abordado por la vicepresidenta Harris y es una preocupación que va en ascenso en el Capitolio y la Casa Blanca. El embajador Salazar seguramente reabrirá el diálogo con periodistas y con la sociedad civil mexicana y seguramente escuchará reclamos mexicanos sobre la estigmatización del presidente López Obrador al periodismo crítico en sus mañaneras.
Por el otro, el senador Cruz se refirió a temas energéticos, que son la especialidad de Salazar. Cruz fue el más desafiante de los integrantes del comité y en tres ocasiones le preguntó al embajador designado sobre las decisiones del gobierno de AMLO de revertir la reforma energética y habló de “hostilidad abierta y discriminación” a las empresas e inversiones estadounidenses en México. Salazar fue muy diplomático, pero ante la insistencia de Cruz confirmó como una preocupación las decisiones energéticas y del Estado de derecho que ha tomado el gobierno de AMLO y prometió defender el interés estadounidense.
Salazar tiene un historial ambiguo en temas medioambientales. Fue director del departamento de recursos naturales de Colorado, pero como secretario del Interior apoyó la perforación en Alaska y el fracking, lo que le valió críticas de ambientalistas, pero ahora el gobierno de Biden ha hecho del combate al cambio climático una prioridad.
Salazar tendrá la tarea de defender los contratos de empresas estadounidenses para producir petróleo en México, que no le gustan a la 4T, y al mismo tiempo de presionar al gobierno mexicano para que no abandone la agenda medioambiental y los compromisos del acuerdo de París, que tampoco le gustan a la 4T. La tarea de Salazar será complicada pero a diferencia de su antecesor, Salazar no viene a México becado a tuitear de turismo y comida, viene con mensajes directos de Washington y con reclamos. (Genaro Lozano, Reforma, Opinión, p. 9)
Hace unos días, el presidente López Obrador participó en una ceremonia en el Campo Marte para echar a andar la reestructuración de la Sedena. El objetivo, nos dicen, es reorganizar las múltiples funciones que ha adquirido esa dependencia (que van desde construcción y administración de aeropuertos, instalación de cajeros, vacunación, detención de migrantes, prevención del delito y hasta la siembra de árboles y entrega de recursos de programas sociales -entre muchas, muchas otras-). Además, servirá para la Sedena pueda hacerse cargo de la Guardia Nacional. A pesar de que esta debía ser policiaca y civil, por mandato constitucional, se construyó como un brazo del Ejército. Pues bien, con esta reforma quedará abierta y formalmente subordinada a la Sedena.
Con todas las funciones civiles que este gobierno ha militarizado, la Sedena sufre de sobrepeso. Es tal su volumen que no basta un Secretario para dirigirla. El presidente tomó protesta de un nuevo cargo: el comandante. Mientras que el secretario será “el responsable de todas las fuerzas armadas”, el comandante será quien se encarga del equipamiento, adiestramiento y operación de las mismas. No hace falta esperar a que sea aprobada la reforma constitucional, la decisión -¿del presidente?- está tomada.
Actualmente la Constitución prohíbe a los militares realizar tareas ajenas a la disciplina militar. Pero con la reforma anunciada los militares estarán autorizados para detener personas, prevenir e investigar delitos, intervenir comunicaciones, catear domicilios, etc., de manera permanente. No importa que estaremos violando diversos instrumentos internacionales que obligan a usar a los militares en seguridad pública solo de forma extraordinaria y siempre subordinada al poder civil. Tampoco importa la experiencia de los últimos años y la montaña de estudios que muestran lo contraproducente que es militarizar para reducir de la violencia.
Hace unas semanas se filtró un documento de SEDENA con la ruta crítica de la dependencia para este sexenio. Este incluye la publicación del acuerdo militarista (hoy impugnado ante la Corte), la presentación al presidente del proyecto de reforma constitucional, el cabildeo en el congreso para lograr su aprobación y la promulgación de la reforma constitucional. Es decir, estas reformas vienen de la Sedena, no de presidencia. Son redactadas y cabildeadas por los militares.
En el evento referido, el presidente dijo: “Las acusaciones de que estamos militarizando al país carecen de toda lógica y, en su mayoría, de la más elemental buena fe.” Lo afirmó rodeado de militares, cuestionando -una vez más- la capacidad de los civiles y tras leer una muy larga lista de todas las tareas que hoy realizan las fuerzas armadas, ajenas a la disciplina militar y en violación de la Constitución. La escena parecía la definición ostensiva de la militarización, una sátira por lo contrastante entre lo dicho con los hechos. Tapando el sol con el dedo, como dicen.
No parece tener sentido ya dialogar con el gobierno en lo referente a la militarización. A López Obrador no le interesa -o no puede sostener- el equilibrio entre el poder civil y militar, tampoco la (mucha y contundente) evidencia acumulada o la Constitución. Él quiere -o acepta- gobernar con el ejército. Ha impulsado -o permitido-, como nadie, la intervención militar en la administración pública federal. Pero se requiere de una supermayoría en el Congreso para legalizar el último atropello y el presidente no la tiene. La oposición aún puede defender la Constitución y el gobierno civil. Ojalá esté a la altura. A los ciudadanos nos toca exigírselo. (Catalina Pérez Correa, El Universal, Opinión, p. 10)