Opinión Migración 170825

Trascendió

Los migrantes que formaban parte del “Éxodo de la justicia” fueron engañados una vez más por el Instituto Nacional de Migraciones (INM), ya que los recrearon a Tapachula pero sin un documento para regular su estancia en México. (Trascendió, Milenio, Online)

¿A qué se dedican los gobiernos de Estados Unidos?

Por eso es tan importante la enseñanza de la filosofía como disciplina del conocimiento, porque si no se entiende y se asimila desde la infancia que, existe, quieran o no, una diferencia muy grande entre la verdad y la mentira, no se puede hablar de civilización.

Otra mentira más hecha política. Ahora el imperialismo estadunidense vuelve a sus andadas. Gastando energéticos a lo absurdo, contaminando los mares, desperdiciando tecnología a manos llenas y, sobre todo, mintiendo a todo el mundo por enésima vez.

La presencia de las naves militares en mares del Caribe no es para disminuir el tráfico de drogas, más bien todo apunta a que es para distraer la atención de los graves problemas económicos y políticos en los que se ha metido ese gobierno republicano e intentar convencer de que están combatiendo al narcotráfico.

Para nadie es un secreto que los grandes mercaderes de las drogas viven en un paraíso en Estados Unidos. Nadie los persigue, o es selectiva la persecución. El consumo de sustancias tóxicas permitidas, desde las más sencillas hasta las más letales, son símbolo de la libertad que tienen los distribuidores y administradores de las enormes ganancias que genera la adicción a esos tipos de veneno. ¿Les importa la salud de su población? No. ¿Les importa seguir con el negocio millonario de las drogas pese al daño a la población? Sí.

De la misma forma sucede con la proclividad económica al armamentismo. Opción que ha seleccionado cada gobierno avalado por el Congreso de Estados Unidos en turno. Y, como política internacional de ese país, también, está la afición a las armas: han producido hasta la fecha más de 13.4 millones; son apasionados de las intervenciones y las invasiones a otros países y de las guerras que éstas generan. Son especialistas en financiar los golpes de Estado y en la intromisión en asuntos de otros países. Cada una de estas acciones, sirve como pasarela holywoodense para alardear de su armamento de punta y, de paso, promover su venta. Negocios son negocios.

Y, para muestra el siguiente botón: la armada de Trump ya está en el mar Caribe. Al mismo tiempo que distraen la atención de sus erradas acciones contra la migración en su país y de su criminal apoyo a su abyecto socio Netanyahu, además de andar ofreciendo recompensas millonarias para secuestrar a un presidente, como si éste fuera prófugo de la justicia. Todo ello muestra la impunidad con la que pretenden amedrentar al mundo con dichos desplantes, al estilo del viejo oeste, e insultando a los países de la región con la presencia del submarino nuclear de ataque.

Las armas nucleares están vetadas. Hemos insistido, como millones en el mundo, en que la energía nuclear debe existir para bien de la humanidad, no para amenazarla ni para destruirla. Estados Unidos, hasta 1967, contaba con 31 mil 255 ojivas. Sin embargo y de acuerdo con la USAFacts, organización sin fines de lucro que proporciona información veraz y análisis, supuestamente, objetivo, el gobierno estadunidense, ha reducido su arsenal nuclear estratégico y no estratégico, más de 80 por ciento desde 1991, es decir, en 29 años fueron desmanteladas 12 mil 88 ojivas y 2 mil más, están en espera de serlo. Tal disminución, no le da derecho a ese país a seguir amenazando con desatar la guerra en el continente.

Volviendo al sistema de la falsa información, generado básicamente por el neoliberalismo, como política pública, creemos que, para llegar a una sociedad altamente confiable y desarrollada, las mentiras deberían ser parte de un pasado lejano, ya que ha puesto en peligro uno de lo métodos más importantes que tienen los pueblos para comunicarse, para conocerse y para generar un pacto de confianza permanente.

Por esa razón, creemos que, el despliegue de más de 4 mil marines en la zona del mar Caribe, aunque peligrosa la situación, no deja de ser un montaje más de EU. Y, aun peor, el despliegue del armamento, demuestra que el gobierno de Trump sigue cometiendo error, tras error. Todo mundo sabe que su lucha no es contra los cárteles de la droga, mismos que ellos permiten en su país.

Creemos, por otro lado, que de acuerdo al aporte en materia de filosofía que el compañero de equipo, Mijaíl Blandino, nos ha proporcionado, es importante estudiar e informarse más ampliamente acerca de la trascendencia de la Conciencia Absoluta, de la Verdad Absoluta y otras ideas de la filosofía antigua y de la moderna. Todo con el propósito de entender el mundo de conflictos actuales y de encontrar una solución más viable y sin condicionamientos.

Son diversos los criterios respecto de los conceptos mencionados. No obstante, en la búsqueda de la paz permanente, todos los intentos son válidos. Tenemos metodología para buscar el equilibrio político que tanto urge en la actualidad. Echemos mano de todos ellos. (Antonio Gershenson, La Jornada, Opinión, p. 11)

Cruzando Líneas / Los que se van

Me imagino su auto lleno de maletas y bolsas negras de la basura rebosando de ropa, zapatos y recuerdos.

Cierro los ojos y dibujo en la imaginación esa vista por el retrovisor en donde ya no se ve nada para atrás, como si la vida lo obligara a mirar solo hacia adelante, aunque esa ceguera momentánea sea peligrosa.

Sospecho que le subirá el volumen a la radio para acallar los sentimientos encontrados que lo aturden, entre la derrota impuesta y la emoción de volver a empezar. Casi puedo sentir cómo respira hondo, desde la boca del estómago, y baja el vidrio para que el aire caliente lo despierte de esto que no sabe si es una pesadilla o un sueño. Puedo jurar que soltará una risita irónica de resignación, una que repetirá de vez en cuando mientras conduce esas nueve horas de carretera. Lo imagino yéndose… y me duele un poco el pecho.

Hablo de él sin nombre ni apellido, pero es muy real. Se va en el anonimato que le da el partir a la fuerza de una patria prestada que nunca lo terminó de abrazar. Se va porque el ímpetu de hace tres años no bastó para convencer a este país de que valía la visa, que valía el trabajo y que él lo vale (así, en presente) todo. Las ganas no bastaron; la política fue más necia… y esa maldita hambre que no se calma con palmadas en la espalda ni jornadas a medias. Se va, también, porque prácticamente lo corrió Trump.

No es el único.

Él cruzará la frontera antes de que se cumpla el plazo de su permiso temporal de trabajo. Vivió así, siempre en la incertidumbre, en ese “por mientras”, sintiéndose tibio, a merced, vulnerable a los antojos de quienes sí lo tuvieron todo… y hasta de más.

Detrás de él irán otros con sus carros cargados de nostalgia. Pensaron que llegarían a fin de mes, pero el miedo los alcanzó y aceleraron. Sin papeles y, ahora, sin empleo, se devuelven también sin ahorros a vivir a México. Muchos se están yendo. Demasiados. Algunos por temor a una deportación; otros, con estatus legal, por paz mental. Buscan morir en una tierra donde no tengan que darle explicaciones a nadie, donde los ancestros los reconozcan y las raíces florezcan en sus sueños.

A ellos, los que estuvieron navegando las sombras por décadas, les quedamos debiendo: un camino, justicia, la esperanza, la juventud, los sueños que rompimos, las despedidas forzadas en la distancia, las lágrimas, los hogares siempre temporales, el permiso de vivir sin fecha de caducidad y esa fuerza que se agotó labrando un país que se tatuaron, pero que nunca dejó de verlos como intrusos de un anhelo americano.

Y a él también le debemos. Como sociedad de doble moral le sembramos dudas, le removimos los muertos, lo sacudimos, lo exprimimos… y luego lo mandamos golpeado a casa, con el talento intacto, pero el temple desgastado. Nos queda la culpa, porque nos quedamos quietos, en silencio, de brazos cruzados.

Él no nos verá por el retrovisor mientras se aleja, pero nosotros lo seguiremos con la mirada hasta que se pierda en el desierto. Fuimos solo un oasis y ahora volverá a calmar la sed en casa. Se lleva un poco de nosotros y aquí nos quedamos con su recuerdo. (Maritza L. Félix, El Sol de México, Análisis, p. 15)