Y el que se anotó un buen punto fue el Instituto Nacional de Migración, a cargo de Francisco Garduño, que gracias a un trabajo en conjunto con la embajada de la India consiguió regresar a su país a 311 ciudadanos de esa nacionalidad que se encontraban aquí, con una estancia migratoria irregular. Fue toda una gestión coordinada de logística, pues los ciudadanos indios se encontraban en ocho entidades: Oaxaca, Baja California, Veracruz, Chiapas, Sonora, Ciudad de México, Durango y Tabasco. Ayer tomaron un vuelo directo a Nueva Delhi, tras pasar momentos complicados en su tránsito a EU. (La Razón, Opinión, p.2)
En la foto aparecen Antonio Herrera, un ex policía hondureño, y su hija de 7 años mientras viajan a bordo del autobús que los traslada desde Nuevo Laredo hasta Monterrey a más de 200 kilómetros de distancia de la frontera. Los acompañan docenas de migrantes que fueron retornados a México desde Estados Unidos para esperar aquí la resolución de sus casos de asilo. Los más pequeños viajan en los brazos de sus padres.
Al llegar a la central camionera, las autoridades mexicanas abandonan a estas familias a su suerte. En plena madrugada, los dejan solos en la calle frente a los bares y los letreros iluminados que solicitan bailarinas. Tal y como sucede a lo largo de la franja fronteriza, en el lado mexicano no los espera un albergue equipado con asistencia humanitaria ni el más mínimo esfuerzo de protección por parte de un gobierno que supuestamente acordó que las llamadas “poblaciones vulnerables” quedarían fuera del acuerdo conocido como MPP, por su sigla en inglés.
No obstante, en lo que va del año más de 16 mil niños, entre ellos 500 bebés, han sido regresados a México bajo este programa, según un reporte publicado por la agencia de noticias Reuters. Es decir, aproximadamente un tercio de los 50 mil centroamericanos que hasta hoy permanecen en territorio nacional bajo los llamados protocolos para protección de migrantes son menores de edad. (Enrique Acevedo, Milenio, Opinión, p.3)
Tampoco es un momento fácil para involucrarse en los esfuerzos para promover los intereses de nuestro país, promover la resolución pacífica de disputas y la solución negociada de conflictos.
Del mismo modo que nuestro país necesita controladores de tráfico aéreo profesionales con experiencia o policías capacitados, el país necesita diplomáticos profesionales con experiencia.
Servimos en circunstancias difíciles y llevamos a nuestras familias a lugares difíciles. A veces arriesgamos nuestras vidas. ¿Qué pedimos a cambio? Solicitamos ser tratados con respeto, ser reconocidos por nuestra dedicación a nuestro país y por los sacrificios que nosotros y nuestros familiares hemos hecho.
Desafortunadamente, algunos de nuestros colegas no han experimentado ese respeto en los últimos meses. La clara politización del servicio es un ejemplo evidente.
El bajo número de puestos de alto nivel asignados al Servicio Exterior en las oficinas centrales no es solo un problema para el Servicio Exterior, sino para la diplomacia nacional. Es una situación sin precedentes. (Agustín Gutiérrez Canet, Milenio, Opinión, p.12)