Con morbo, me emociona imaginar un tête-à-tête de Hugo López-Gatell con Anthony Fauci, injustamente homologados como estrategas de sus respectivos gobiernos contra la pandemia.
Las medallas profesionales del estadunidense son tan merecidas que Joe Biden lo mantiene en la responsabilidad que tenía desde que, con Donald Trump en la Casa Blanca, empezó a propagarse la peste.
En alto contraste, nuestro lamentable zar ha dado exasperantes y sobradas muestras de ineficacia, y su capacidad de arrastre político es tanta que llegó a decir (marzo de 2020): “La fuerza del Presidente es moral, no de contagio…”.
La probabilidad de que ambos dialoguen durante el encuentro que sostendrán los mandatarios estadunidense, mexicano y el premier canadiense es alta porque, como dijo antier López Obrador, los temas a tratar en Washington son: “integración económica, migración y salud relacionado con el covid y la cooperación para enfrentar la pandemia”.
En la misma conferencia, reveló que viajará acompañado por “el secretario de Relaciones Exteriores, el secretario de Hacienda, la secretaria de Economía, el director de Migración y el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell…”.
La nómina sorprendió por la inclusión del quinto pasajero, tanto porque fue relegado su jefe formal (el doctor Jorge Florero Alcocer) como porque la admisión presidencial del desabasto de medicamentos, en especial contra el cáncer infantil expresada en los días previos, hizo recordar la manera vil como El Doctor Muerte se atrevió a descalificar la “telenovela” protagonizada por los “golpistas” padres de menores afectados de la letal enfermedad, suplicando, demandando y exigiendo el abasto de sus medicinas. (Carlos Marín, Milenio Diario, Política, p. 7)
Le llaman la reunión de “Los tres amigos”. Son los amigos que, figuradamente, no se ven desde hace cinco años. Justin Trudeau es el rostro más joven, pero irónicamente también el más veterano en este asunto, porque él es el único líder de América del Norte que estuvo presente en la última cumbre, aquella que generó tantos memes durante la foto del recuerdo entre él, como primer ministro de Canadá, junto a Barak Obama y Enrique Peña Nieto.
Más tarde aquel año, en 2016, llegó Donald Trump a habitar la Casa Blanca y los tres países amigos marcaron su distancia, durante los años en que el republicano fue presidente de Estados Unidos no se realizó cumbre alguna. Y mientras Canadá y el México de Peña Nieto mantenían una relación “cordial, pero con altibajos” con el mandatario estadunidense, con la salida del priista y el inicio de la Presidencia de López Obrador, la relación entre México y EU se hizo más cercana. Tanto, que tras negarse a las salidas al exterior, AMLO decidió que visitar a su amigo valía una excepción, lo acompañaron varios empresarios.
El mensaje conjunto que ofrecieron en los jardines, afuera de la Oficina Oval, fue un intercambio de halagos.
México tardó en felicitar a Joe Biden, tras la elección de hace un año. Lo hizo hasta que los colegios electorales confirmaron el conteo. Trump se fue, el Presidente mexicano perdió a su amigo y se quedó con la tarea de reacomodo de la relación, la amistad que para ese momento era más bien fría.
Por eso mañana los ojos de todos estarán en Washington, D.C. México será protagonista de la cumbre de más alto perfil en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha participado en sus tres años de gobierno.
Será la primera vez que esté frente a frente de Biden, su único intercambio previo fue virtual, el resto de la comunicación se ha dado a través de Kamala Harris y otros funcionarios, aunque también de alto nivel, ninguno lo había llevado a la capital de Estados Unidos, al menos no durante la administración del demócrata.
No llega solo, vaya que la visita lo emociona, además de la compañía evidente y necesaria, de Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores; también viajará Rogelio Ramírez de la O, secretario de Hacienda; Tatiana Clouthier, Secretaría de Economía, y Francisco Garduño, director del Instituto Nacional de Migración, hasta Hugo López-Gatell alcanzó boleto. El subsecretario de Salud también volará, tal vez por eso reculó y, tras varios meses de negar evidencia científica, anunció ayer por la mañana el inicio de la vacunación de menores de entre 15 y 17 años.
Ya veremos la postal que esta cumbre nos dé. Se ha anunciado que para el caso del encuentro entre los presidentes de México y EU, en la agenda se marcan varios temas: integración económica, para la que México ya adelantó rigor en la defensa de la iniciativa de reforma eléctrica y energética; migración, para lo que el Presidente mexicano lleva bajo el brazo la advertencia de exhibición a legisladores de Estados Unidos que voten contra la iniciativa para legalizar 11 millones de migrantes; y salud, todo lo relacionado al manejo de la pandemia. EU tiende la mesa, mucho dependerá de cómo se comporten los invitados, por el bien de la región, tendrá que ser un encuentro más allá de lo cordial. Esperemos. (Yuriria Sierra, Excélsior, Nacional. p. 14)
No lo digo yo. Lo dice la Secretaría de Gobernación: estamos ante un “retroceso en aspectos jurídicos, sociales y democráticos, obstaculizando alcanzar la cultura de paz”.
En realidad, no importa el origen, la autoría o la intención de los análisis de la realidad del país, siempre y cuando estén bien documentados y sustentados en la evidencia disponible.
En algún momento pensé que los diagnósticos ofrecidos por analistas independientes —nacionales e internacionales— no eran tomados en cuenta porque se les atribuían intereses ocultos, contrarios y adversos al proyecto de López Obrador. En otros momentos he llegado a pensar que los datos se le ocultan al Presidente y que sus asesores le dicen que “es cuestión de tiempo”. Que tarde o temprano sus políticas rendirán los frutos esperados.
Me equivoqué. Ni uno ni otro. Hace unos días, la revista Proceso (14 de noviembre) dio a conocer el Informe Anual de los Riesgos a la Gobernabilidad 2021, elaborado por la Unidad de Política Interior y Análisis de Información (UPIAI) de la Secretaría de Gobernación. Sus aliados, sus subordinados, sus más fieles seguidores. No hay duda, pues, del origen de dicho análisis ni tampoco de que llegó a manos del Presidente. Aparentemente, no es el primer diagnóstico en ese sentido. Según el reportaje, la UPIAI elabora de manera regular más de 40 productos periódicos, entre ellos la Agenda Semanal de Riesgos a la Gobernabilidad y el Informe Diario Ejecutivo. La información y el análisis, pues, fluyen de forma permanente.
Este Informe no deja lugar a dudas. Considera como riesgos de ingobernabilidad no solamente lo que analistas considerados como adversarios hemos venido señalando hace muchos meses, sino también lo que en las conferencias matutinas y en sus numerosos informes el Presidente viene negando.
Aquí los principales riesgos, según los analistas de Gobernación.
Uno. Las obras públicas emblemáticas de esta administración —Tren Maya, Dos Bocas, Tren Transístmico y Aeropuerto Felipe Ángeles— constituyen un riesgo a la gobernabilidad en dos sentidos. Primero, que “no sean concluidas en los tiempos y forma anunciados” y, segundo, que “presenten riesgos de construcción y de operación”.
Dos. Se acumulan los riesgos por demandas sociales no atendidas. Por ejemplo, los bloqueos prolongados de la CNTE que han provocado desabasto y pérdidas económicas por más de 3 mil millones de pesos. El punto fundamental, según el Informe, es que se da “la impresión de falta de interés gubernamental”.
Tres. Aumento en la violación a los derechos humanos entre los que destacan agresiones y asesinatos a periodistas (47) y defensores de derechos humanos (94), así como la constante violación al debido proceso de inculpados por presunta comisión de delitos.
Cuatro. Inseguridad marcada por 30 mil desaparecidos y 100 mil asesinatos, desplazamientos forzados en diversas comunidades del país, proliferación de grupos de autodefensa e incorporación de, al menos, 30 mil jóvenes a las filas del crimen organizado.
Cinco. Riesgos provenientes de la migración acompañados por un alza de 80% en las quejas y abusos por parte de integrantes del Instituto Nacional de Migración.
Seis. Imposibilidad de acceso a territorios controlados por cárteles para la búsqueda de restos de personas desaparecidas, además de los nulos apoyos a la Comisión Nacional de Víctimas y parálisis de las autoridades estatales para dirimir controversias legales entre alcaldes electos y concejos municipales.
Siete. Impunidad creciente que alcanza el 94.8% de casos sin resolver acompañado del aumento en los casos de linchamiento, atropellamientos y ejecuciones, esto es, justicia por propia mano debido a la incapacidad del sistema de administración y procuración de justicia.
Todos estos riesgos, sin contar los que se derivan de la pandemia, el desempleo, la inflación, la quiebra de empresas y una serie de eventos “aislados” que menciona el reporte como la Línea 12 del Metro, el desabasto de medicinas, la persecución de científicos o los abusos de la Guardia Nacional.
En fin, todo lo que hemos señalado los presuntos analistas neoliberales, enemigos del cambio y traidores a la patria.
Insisto, el origen de los análisis no debería importar, pero si no se quiere escuchar la crítica de los críticos, que al menos se escuche la de los aliados, porque entre las principales razones de la ineficacia de esta administración están el voluntarismo, el desprecio absoluto por el conocimiento, la técnica y la experiencia como base para la elaboración de las políticas públicas y la manifiesta incapacidad para corregir el rumbo ante la también manifiesta evidencia del fracaso. (María Amparo Casar, Excélsior, Nacional, p. 6)
Igual que amaga aquí a diputados de la oposición, particularmente a los del PRI, con “exhibirlos” si votan en contra de la reforma eléctrica, el presidente Andrés Manuel López Obrador advirtió ayer que hará lo mismo con los congresistas de Estados Unidos, que sufraguen contra la iniciativa presentada por su homólogo de ese país, Joe Biden, de legalizar a 11 millones de migrantes, mexicanos la mayoría.
En víspera de viajar a Washington para reunirse con el mandatario de la Unión Americana y con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, parecería poco afortunada esa declaración que, a querer o no, enrarecerá el diálogo con el anfitrión ocupante de la Casa Blanca, y motivará reacciones de los legisladores de los partidos Demócrata y Republicano, que conforman el Congreso, por más razón que tenga el Ejecutivo federal. (Francisco Cárdenas Cruz, La Razón, México, p. 6)
Ayer en la conferencia de prensa mañanera, el Presidente volvió al tema de los migrantes mexicanos en Estados Unidos sin documentos y la promesa del mandatario de aquel país para encontrar una vía para regularizarlos.
Además de prometer ayudas para los paisanos, dijo: “Si el presidente Biden presenta la iniciativa para la regularización de los 11 millones de migrantes, nosotros vamos a estar atentos, pendientes, dándole seguimiento, tomando nota de la postura que asuman los legisladores de un partido y de otro. Ojalá y haya unidad, pero si legisladores de un partido bloquean esta iniciativa, nosotros lo vamos a señalar en su momento de manera respetuosa, lo vamos a dar a conocer desde aquí, de que un partido, sus legisladores, no ayudaron a algo que es justo, humanitario, porque hay millones de mexicanos que viven, trabajan desde hace años en EU, que han aportado mucho al desarrollo, al engrandecimiento de esa nación, entonces merecen ser tratados con justicia”.
El problema migratorio resultó un tema que evadieron las dos últimas presidencias mexicanas y la de López Obrador mientras Donald Trump estuvo en la presidencia. Ahora con Biden en la Casa Blanca, López Obrador hace la “respetuosa” advertencia a legisladores.
Pero, más allá de eso, tal vez más que mencionar en la mañanera a legisladores estadunidenses que eventualmente voten contra una posible legislación, mañana jueves el Presidente tendrá la oportunidad de, en público, en los espacios que tendrá un micrófono y cámaras de televisión enfrente, hacer un llamado no solo a los políticos, sino a la comunidad entera para que, por fin, hagan lo decente y permitan a 11 millones de mexicanos vivir sin miedo de, algún día, perderlo todo por una deportación.
Pero podría hacer más. Otros países han usado cabilderos estadunidenses, en otras ocasiones han agrupado empresas interesadas en la mano de obra extranjera, escasa en muchos sectores, y han hecho campañas. Dirán en el gobierno que eso es meterse en asuntos internos de aquel país, misma cosa que argumentaban los dos gobiernos anteriores al de López Obrador.
Pero ayer el Presidente abrió una puerta que no debería de cerrar y si su argumento se queda en una conversación privada con Biden, pues todo se quedará en alguna mención mañanera que del otro lado de la frontera, seamos honestos, a nadie le importará demasiado. (Carlos Puig, Milenio Diario, Al frente, p. 2)
El mantra del presidente López Obrador en materia de conflictos en otros países ha sido la no intervención. Ese principio de política exterior lo ha invocado todas las veces que no ha querido pronunciarse sobre crisis internas de gobiernos cercanos al suyo, a su ideología, y le ha permitido no condenar las dictaduras de Venezuela y Cuba ni la violación de los derechos humanos de sus ciudadanos.
La no intervención ha sido el escudo para no opinar, y menos condenar, al régimen represor de Daniel Ortega en Nicaragua, que encarceló a todos los candidatos de oposición y canceló a todos los partidos para la pantomima electoral que fue saludada de inmediato por Cuba, Venezuela y Bolivia, farsa sobre la que México aún no se pronuncia.
Así pues, su mantra, la no intervención, ayer, en la víspera de viajar a Washington hoy, lo estiró al referirse a la reforma migratoria del presidente Joe Biden: Cuando la presente vamos a estar atentos, tomando nota de la postura que asuman los legisladores. Pero si la bloquean, nosotros lo vamos a dar a conocer aquí, que un partido, sus legisladores, no ayudaron a algo que es justo y humanitario.
Entonces, lo del asunto migratorio va a contar con nuestro apoyo, y no es que en el Congreso (de Estados Unidos) no la aprobaron los legisladores, no va a quedar así, cuando menos lo vamos a decir aquí en la mañanera.
Y allí quedó la no intervención con la advertencia de López Obrador a los legisladores de Estados Unidos, tras la que deben haber pasado una mala noche.
¿Qué tal si Biden apercibiera lo mismo a los legisladores mexicanos de Morena que van a votar a favor de su reforma eléctrica que afecta a algunos de sus ciudadanos? ¿Qué diría López Obrador o qué Morena? (Joaquín López Dóriga, Milenio Diario, Al frente, p. 3)
Los problemas de la migración no cesan. Da la impresión de que aumentan por momentos. Recientes son las imágenes de migrantes golpeando a la Guardia Nacional y a ésta a aquellos. Las marchas no disminuyen, se incrementan. La frontera sur parece verse desbordada por el flujo constante de migrantes.
Una caravana está por llegar a Veracruz, otra acaba de hacerlo a Chiapas para emprender de inmediato la marcha hacia el norte. Las procedencias de los integrantes de estas marchas son variadas: centroamericanos, haitianos, cubanos, etcétera. Una heterogénea y colorida columna en busca de una vida mejor. El destino es Estados Unidos, la promesa de una vida mejor, la posibilidad de huir de la pobreza.
Los obstáculos a los que se enfrentan son muchos, no únicamente derivados de la procesión, sino fomentados por la Guardia Nacional, los agentes de migración, etcétera. A la precariedad se añade el mal trato. Los migrantes en tránsito en nuestro país recuerdan a tantos migrantes connacionales que tuvieron que irse al otro lado por falta de alternativas en nuestro país. Este hecho debería hacernos reflexionar sobre el trato que dispensamos a quienes están de paso.
La migración es una tragedia, no parece que debamos de sumar otra. Y, sin embargo, la Comisión Nacional de Derechos Humanos rebaja la gravedad de las violaciones cuando guarda silencio.
Las migraciones en la actualidad son naturales. Hombres y mujeres, familias y comunidades, por diferentes causas, buscan un mejor presente y futuro.
La falta de expectativas en sus lugares de origen impulsa estos movimientos. Son las mismas causas que explican la migración de mexicanos hacia Estados Unidos. De hecho, en los últimos meses se ha incrementado la migración de mexicanos. Se da el hecho paradójico de que mientras Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón presumieron el descenso de migrantes, Andrés Manuel López Obrador parece sentirse cómodo con este aumento.
Las causas de la migración nacional no son distintas a las de los centroamericanos y caribeños. Inseguridad social y precariedad económica. En el caso de México, la inseguridad desbocada en diversas regiones del país (Michoacán, Guerrero, Zacatecas, Guanajuato), impulsa a los ciudadanos a emprender el camino hacia Estados Unidos.
En rigor, esta causa se debe a que el Estado mexicano ha abdicado de su deber de proteger a los ciudadanos. La falta de expectativas laborales es la segunda causa de los desplazamientos. Durante la pandemia se han destruido muchos trabajos, mucha gente ha perdido su puesto de trabajo.
La recuperación todavía no ha rescatado esos trabajos. Los programas sociales no alcanzan para asegurar cierta estabilidad económica. En consecuencia, muchos connacionales buscan opciones a su complicada situación mirando hacia el país vecino. Ambas causas pueden decirse de las caravanas de migrantes que atraviesan nuestro país.
México y los países centroamericanos y caribeños están unidos por una tragedia semejante. En realidad, esa tragedia es la del ser humano que desconoce nacionalidades y procedencias. México debería recibir a los migrantes de la misma forma como quiere que traten a los suyos. (Jorge Camacho Peñaloza, La Razón, México, p. 12)
La última vez que los mandatarios de América del Norte se reunieron fue en 2016, cuando Donald Trump era inquilino de la Casa Blanca y Enrique Peña Nieto en Los Pinos. En esta ocasión el Primer Ministro canadiense sigue siendo Justin Trudeau, pero desde Palacio Nacional despacha Andrés Manuel López Obrador y el presidente Joseph Biden será el anfitrión en Washington de la novena Cumbre de Líderes de América del Norte (NALS, por sus siglas en inglés), el día de mañana.
Han sido cinco años de cambios en el rumbo de estos países, de visión política, de prioridades, mismas que incluyen las crisis sanitaria y económica provocadas por el COVID-19.
En dicha Cumbre los temas a tratar, según el comunicado oficial por parte del gobierno estadounidense, serán “reafirmar sus fuertes lazos e integración y, al mismo tiempo, trazarán una nueva ruta de colaboración centrada en poner fin a la pandemia de COVID-19 y promover la seguridad sanitaria; en la competitividad y el crecimiento equitativo, con inclusión del cambio climático; y en una visión regional de la migración”; según el mandatario mexicano el encuentro tendrá que ser muy operativo y empujará que el gobierno de Estados Unidos acepte legalizar “entre 600 mil y 800 mil mexicanos y centroamericanos anualmente para un plan de trabajadores invitados”, al que comparó con el Programa Bracero de mediados del siglo XX, este será un desencuentro en la visiones.
Aunque las problemáticas de interés sean las mismas para estas tres naciones, economía, flujos migratorios y cambio climático, la pandemia ha hecho agregar el punto de la salud, así como enmarcarlos en una perspectiva post pandémica, pues, a manera de ejemplo, la migración se ha incrementado en Centroamérica y el Caribe debido a la emergencia económica, los flujos económicos tuvieron que entrar en recesión por el cierre de fronteras o el cambio climático se tendrá que explicar de manera distinta ya que en esta “nueva normalidad” la utilización de plásticos de un sólo uso para proteger los alimentos se ha incrementado de manera considerable, aunado a los millones de cubrebocas empleados diariamente.
En la NALS también observaremos el “golpe de timón” por parte de los presidentes de Estados Unidos, pero sobre todo de AMLO, pues aquel discurso historicista que proclamó en julio del 2020 no tiene cabida en esta reunión, no sólo por el cambio de partido e interlocutor en la Casa Blanca, sino también porque México tendrá que exponer cómo va a colaborar con las naciones con la que comparte el subcontinente americano y no sólo una lista de exigencias unilaterales. Por su parte, a Biden le interesa el fortalecimiento de la relación con Trudeau y reactivar el sector comercial en los ocho mil 891 kilómetros de frontera, conocida como “la frontera no defendida más larga del mundo”. (Adriana Sarur, El Heraldo de México, País, p. 9)
La primera reunión personal entre los presidentes Andrés Manuel López Obrador, de México y Joe Biden, de Estados Unidos, estará marcada por problemas que como migración, energía y seguridad obligan a mayores esfuerzos por mantener una buena relación.
Muy al margen de que López Obrador y Biden puedan llevarse bien en lo personal, la geopolítica y la vecindad entre los dos países los presiona a buscar soluciones y arreglos a sus diferendos, aunque los presenten de forma que satisfaga a sus respectivas audiencias domésticas.
Los mandatarios se reunirán el jueves en la capital estadounidense, en el marco de la primera cumbre norteamericana en cinco años, con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, como activo participante y asociado con México en al menos un tema de libre comercio con Estados Unidos, la interpretación sobre los requerimientos del tratado tripartita para los automóviles fabricados en la región.
En términos bilaterales, el encuentro López Obrador-Biden estará marcado por el problema de migración, especialmente la situación de los mexicanos en Estados Unidos y de los grupos de centroamericanos que llegan a nuestro país para atravesarlo y tratar de llegar al norte.
Con retórica distinta, en el fondo ambos gobiernos concuerdan en la necesidad de controlar y atacar las causas de la migración. AMLO insiste en crear empleos con su propuesta de “Sembrando Vida”, que ya llegó a la Organización de las Naciones Unidas, para comenzar a resolver la situación en al menos el llamado “Triángulo Norte” de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador).
Igualmente, y a pesar de los señalamientos en contra, un diferendo sobre la reforma a la industria eléctrica en nuestro país, que algunos inversionistas y legisladores estadounidenses consideran como un detrimento a sus negocios, han determinado como un retorno a una desventajosa estatización en la generación de electricidad a base de las energías eólica y solar.
Parte del problema está en los mil millones de dólares ya colocados, y de hecho garantizados por fideicomisos del gobierno estadounidense, como otras inversiones privadas procedentes de ese país.
La reforma como tal está lejos de su posible aprobación y el embajador Ken Salazar ha expresado cautelosamente su preocupación por el impacto en el clima de inversión y las cadenas binacionales de producción.
López Obrador, a su vez, ha sido particularmente sensible a las sugerencias de intervención estadounidense y se ha quejado de la “injerencia” de EU en la política mexicana, a través del financiamiento a organismos no gubernamentales críticos de su gobierno.
Pero el hecho es que al margen de los posibles diferendos, la relación bilateral es demasiado amplia y los dos gobiernos necesitan la colaboración del otro. (José Carreño Figueras, El Heraldo de México, Orbe, p. 33)
Cunde el pánico en las filas del Partido Republicano en Estados Unidos. La advertencia del presidente López Obrador de exhibirlos en la mañanera si votan en contra de una eventual iniciativa del presidente Biden para legalizar 11 millones de inmigrantes, los puso bajo alerta.
“Si legisladores de un partido bloquean esta iniciativa, nosotros lo vamos a señalar en su momento de manera respetuosa; lo vamos a dar a conocer desde aquí, de que un partido, sus legisladores, no ayudaron a algo que es justo, humanitario”, señaló el mandatario. No se ría. No es broma. Eso dijo. Lo hizo dos días antes de viajar a Washington para asistir a la Cumbre de Líderes de América del Norte.
Más allá del comentario, hecho claramente para consumo interno, es pertinente preguntarse: ¿la no intervención en asuntos de otros países, regla central de la política exterior mexicana, sólo aplica para Cuba, donde están prohibidas las manifestaciones y se encarcela a los que protestan?
¿Para Nicaragua y el régimen del sátrapa Daniel Ortega, que encarceló a todos los aspirantes a la Presidencia y ganó una “elección” como candidato único? ¿Para Venezuela y el eterno madurismo dizque de izquierda que eliminó libertades, encarceló a opositores y reprimió a inconformes?
¿Asumir una posición a favor de los reprimidos en esos países no es también justo y humanitario? Definitivamente la política exterior no es el fuerte de AMLO… ni la interior.
*Por cierto, uno de los temas que abordarán Biden, Trudeau y López Obrador, en la mencionada cumbre, será el de la “integración energética”, de acuerdo con el gobierno de EU. Sobra decir que la Reforma Eléctrica de AMLO choca de frente con la tendencia a la generación de energías limpias que hay en Canadá y Estados Unidos. (Francisco Garfias, Excélsior, Nacional, p. 4)
Mañana se celebrará en Washington la Cumbre de Líderes de América del Norte, que no sólo se retoma después de cinco años, sino que será la primera reunión presencial de los presidentes López Obrador, de México; Joe Biden, de Estados Unidos, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau.
De acuerdo con la Casa Blanca, durante la cumbre los jefes de Estado de los tres países reafirmarán sus fuertes lazos e integración, al mismo tiempo que trazarán un nuevo camino para la colaboración para poner fin a la pandemia de Covid-19 y promover la seguridad sanitaria, tema fundamental para mantener las fronteras abiertas.
Sobre ese punto, el canciller Marcelo Ebrard subrayó “el interés a nivel regional por promover el acceso universal a las vacunas, por lo que (hablaremos de) cuáles son las responsabilidades de los tres países respecto al resto del mundo, en donde ha habido una enorme desigualdad en el acceso”.
Hasta ahora, el 52.2 por ciento de la población mundial ha recibido al menos una dosis de la vacuna Covid-19. Pero sólo el 4.6 por ciento de las personas en países de bajos ingresos ha recibido al menos una dosis, advierte el sitio Our World in Data.
Además, en la cumbre de Washington se abordarán los temas de competitividad y crecimiento equitativo, para incluir el cambio climático, y una visión regional de la migración.
Según el anuncio sobre la reunión de mañana en la Casa Blanca, el fortalecimiento de la asociación entre México, EU y Canadá “es esencial para nuestra capacidad de reconstruir mejor, revitalizar nuestro liderazgo y responder a una gama cada vez mayor de desafíos regionales y globales”.
El lema de Biden es ‘built back better’ y es lo que buscaría plantear a sus pares de México y Canadá para reconstruir lo perdido durante la pandemia.
En esa línea va el proyecto de ley de infraestructura en EU por un billón de dólares, promulgado el lunes y que incluye fondos para transporte, banda ancha y servicios públicos, entre otros.
La reunión entre los tres jefes de Estado se debió haber llevado a cabo casi inmediatamente después de que Biden resultara electo o de que tomara posesión en enero, porque era prioritaria para los tres países, opina la embajadora eminente Martha Bárcena.
Es bueno que se celebre en noviembre, pero ya se perdió tiempo fundamental para atender varios temas que son urgentes para incrementar la competitividad de América del Norte contra el resto del mundo y particularmente contra China, agregó la también exembajadora de México en Washington al programa La Silla Roja de El Financiero Bloomberg.
Hace unos días AMLO dijo que, de surgir el tema en su visita a Washington por la incertidumbre que causa en EU la política energética de México, defendería su iniciativa de reforma constitucional con el argumento que las empresas “no quieren dejar de robar”.
En el tema de la transformación hacia una economía verde, que implica la transición energética, es donde las visiones de México están más distantes de EU y Canadá, considera Bárcena.
Para México “es importante entender cómo se va a transformar la matriz energética de EU y la de Canadá, porque desde el TLCAN (…) había una columna vertebral de esa integración y era el sector automotor”, recordó la también consejera en Latin America Center.
Pero “si nosotros no nos subimos a la transformación del sector automotor (a partir de la diversificación) de la matriz energética, nos vamos a quedar fuera y entonces el T-MEC va a dejar de tener los beneficios (para México) que podría tener”, alertó.
El comentario de Bárcena es oportuno, pues recientemente el tema de los autos eléctricos se convirtió en un punto de tensión en la relación comercial entre México y EU.
La Embajada de México en Washington envió una carta a congresistas estadounidenses donde expresa su preocupación por una propuesta legislativa para otorgar incentivos fiscales a los consumidores que adquieran vehículos eléctricos producidos en EU.
Según el gobierno mexicano –al igual que el canadiense–, habría un trato discriminatorio a los productores automotrices extranjeros y una violación de los acuerdos negociados y alcanzados en el T-MEC.
Pero más tardó México en externar su preocupación por los estímulos a los coches eléctricos fabricados en EU, que en recibir una dura crítica de congresistas estadounidenses donde acusan al gobierno mexicano de contravenir sus compromisos en el T-MEC en materia energética y de discriminar a empresas de su país.
No hay duda, energía es el tema en el que México está más distante de su vecino del norte. (Víctor Piz, El Financiero, p. 8)
En su conferencia matutina de ayer, el presidente Andrés Manuel López Obrador informó que dará a conocer los nombres de los legisladores estadunidenses que no apoyen la iniciativa de regularización migratoria que el mandatario estadunidense, Joe Biden, prometió presentar ante el Congreso de su país. Vamos a dar a conocer que un partido, sus legisladores, no ayudaron a algo que es justo, humanitario, porque hay millones de mexicanos que viven, trabajan desde hace años en Estados Unidos, que han aportado mucho al desarrollo, al engrandecimiento de esa nación, y (que) merecen ser tratados con justicia, dijo el titular del Ejecutivo federal.
Asimismo, López Obrador respaldó la postura de su homólogo estadunidense, quien se comprometió a regularizar la situación de 11 millones de migrantes; nosotros vemos muy bien esa decisión y estamos conscientes de que no depende sólo del Presidente, sino del Congreso, de legisladores del Partido Republicano y del Demócrata. Por otra parte, contrastó la influencia política que ejercen los cubanos en la nación vecina con la de los ciudadanos méxicoestadunidenses, que deben estar atentos y tener dos objetivos: defender a los mexicanos y a México, actuando con respeto a las leyes de Estados Unidos.
No es fácil, desde el gobierno mexicano, fijar una postura que resulte respetuosa de la soberanía de Estados Unidos y al mismo tiempo de defensa de nuestros connacionales en ese país. Y es precisamente ese equilibrio el que buscó el mandatario en su exposición: procurar la seguridad, el bienestar y la justicia para los millones de mexicanos residentes en la nación vecina es sin duda un deber insoslayable de México, pero al mismo tiempo, observar pleno respeto a los asuntos internos estadunidenses, como es la definición de leyes, reglamentos y disposiciones en materia migratoria.
Debe considerarse, por otra parte, que mal haría el Presidente mexicano en no asumir una actitud de apoyo activo, hasta donde la prudencia diplomática lo permita, a las promesas de Biden de regularizar a millones de migrantes, las cuales enfrentan desde ahora formidables obstáculos, empezando por la renuencia o el abierto rechazo que suscitan entre la mayor parte de los legisladores republicanos y una importante porción de los demócratas. A fin de cuentas, la prédica racista y xenofóbica alentada durante cuatro años en la Casa Blanca ha dejado una impronta en la sociedad y la clase política de Estados Unidos.
Por otra parte, resulta evidente que los trabajadores extranjeros desempeñan un papel indispensable en la economía de la superpotencia, en su productividad y en su alicaída competitividad ante Asia y Europa, y no será fácil para los detractores de la reforma migratoria propuesta por Biden ignorar esa realidad. Por añadidura, las comunidades mexicanas en el territorio de Estados Unidos pueden llegar a convertirse, por su número y su influencia, en un factor político incluso más poderoso que el que representa el conglomerado de cubanos y cubanoestadunidenses. Y López Obrador instó a los mexicanos que han conseguido la ciudadanía estadunidense a concretar ese potencial para incidir en primer lugar en una mejoría sustancial del marco legal injusto y opresivo que padecen nuestros connacionales.
Por lo demás, el titular del Ejecutivo federal reiteró la que ha sido su principal propuesta hacia los mexicanos en el exterior, y particularmente a los que residen en el vecino país: crear las condiciones económicas, sociales y de seguridad necesarias para que, si lo desean, puedan regresar a sus lugares de origen.
Lo anterior marca sin duda un reajuste necesario en la política bilateral por parte de México, acorde con el tránsito de la era Trump a la era Biden, y con las nuevas posibilidades y las nuevas dificultades generadas por el arribo del demócrata a la Casa Blanca. Cabe esperar que en esta etapa siga predominando el difícil equilibrio entre la defensa de los connacionales y la no intervención en los asuntos internos estadunidenses, entre autodeterminación y colaboración, entre concordia y soberanía. (Editorial, La Jornada, p. 2)
Recientemente el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, propuso a su homólogo estadunidense Joe Biden, “una nueva forma de enfrentar el fenómeno migratorio”, mediante la aplicación en Centroamérica de dos programas insignia que impulsa el gobierno mexicano: Jóvenes Construyendo el Futuro y Sembrando Vida.
De manera particular, el Programa Sembrando Vida ha tomado punto de interés luego de que el presidente expusiera en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, su interés para que la ONU apoye en la aplicación del programa en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, así como en países de bajos recursos.
Aunque es cierto que ambas políticas públicas no son suficientes para erradicar de manera definitiva la pobreza y los problemas que de ella se emanan, si lo analizamos de manera objetiva, se puede concluir que es técnicamente viable para coadyuvar en el problema e incluso puede convivir con otras programas sociales que disminuyan la brecha de la desigualdad que conlleva a la migración, atendiendo de desde modo las causas desde del origen y no solo las consecuencias.
Analizando los beneficios de Sembrando Vida, este programa del gobierno federal representa un extraordinario canal para dotar de oportunidades a las comunidades, – insisto no resuelve en definitiva el problema problema de la pobreza pero si puede convivir con otras políticas públicas – no solo de nuestro país sino en otras naciones principalmente aquellas con bajos recursos y con una menor población en comparación con la que tiene México.
En México se está plantando 200 mil hectáreas de árboles frutales y maderables con beneficio a 80 mil sembradores. Desde su inicio Sembrando Vida ha plantado más de un millón de árboles en los estados de Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Yucatán, Campeche y Quintana Roo alcanzando así a casi beneficiar a 400 mil campesinos. ¿Entonces se puede o no, replicar en otras naciones?
Entonces, si estas dos acciones del gobierno federal (Sembrando Vida y Jóvenes construyendo el futuro) se aplicaran de inmediato en Guatemala, Honduras y El Salvador, se podría lograr que permanezcan en sus países aproximadamente 330 mil personas que hoy están en riesgo de emigrar por falta de trabajo.
En el plano nacional, es necesario que de nuevo el campo mexicano sea factor económico, ambiental y de combate a la pobreza; que ejidatarios y comuneros se sientan respaldados, no hay que olvidar que durante muchos sexenios las comunidades eran en gran medida parte de una estadística, y con ellos hay una deuda histórica de oportunidades.
Cierro con lo expuesto por el presidente mexicano ante el Consejo de Seguridad de la ONU “estas propuestas deben ser aplicadas por la ONU a fin de ir al fondo de los problemas en los países pobres. Es necesario que el más relevante organismo de la comunidad internacional despierte de su letargo y salga de la rutina, del formalismo; que se reforme y que denuncie y combata la corrupción en el mundo; que luche contra la desigualdad y el malestar social que cunden en el planeta”. (Mario Miguel de la Fuente Zeind, La Crónica de Hoy, Nacional, p. 11)
Este jueves 18 de noviembre se llevará a cabo la Cumbre de Líderes de América del Norte, en Washington, D.C.
Sin duda, la reanudación de estos encuentros es una buena noticia para la región y, especialmente, para México.
Este espacio de diálogo político al más alto nivel es idóneo para que nuestro país posicione los temas de su interés en la agenda regional y con sus socios comerciales principales: Estados Unidos y Canadá.
La última Cumbre de Líderes se realizó en 2016. Hoy el mundo y nuestra región son muy diferentes. No sólo hay nuevos Presidentes en México y Estados Unidos que han cambiado los énfasis en las agendas de sus países, también lidiamos con tensiones comerciales que aparentemente llegaron para quedarse, así como con los efectos económicos, políticos y sociales de una pandemia que aún no tenemos claro cuándo terminará.
Este escenario obliga a México a llevar a la Cumbre propuestas de acción concretas que favorezcan su recuperación económica, a partir de las ventajas de la integración regional.
Hay cinco áreas prioritarias en las que México puede plantear acciones concretas y buscar compromisos específicos que consoliden la competitividad de América del Norte:
El T-MEC ha reforzado el comercio regional: en lo que va de 2021, México se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos y el tercer proveedor de Canadá.
No hay duda de que la recuperación de los tres países está ligada a la actividad económica que potencia el Tratado hoy y hacia el futuro.
El T-MEC, además de brindar certidumbre para el comercio tradicional de bienes y servicios, provee un marco de disciplinas y compromisos avanzados que permitirán a la región ser altamente competitiva en la economía digital.
Pero el aprovechamiento de todas esas oportunidades no será posible si los tres países no privilegiamos el respeto a los compromisos acordados. Por ejemplo, la propuesta de reforma constitucional en materia de electricidad por parte de México, los subsidios para la producción doméstica de automóviles eléctricos en Estados Unidos o la posibilidad de que Canadá implemente un impuesto a las emisiones de carbono no abonan a la certidumbre ni a la mejora del ambiente de negocios en el nivel regional.
Ante el reacomodo de las cadenas globales de suministro, modernizar la infraestructura regional -aeropuertos, carreteras, centrales eléctricas, puertos, y todo aquello que permita una logística más eficiente- es urgente para reposicionar el atractivo de América del Norte en esta coyuntura.
El recientemente aprobado plan de infraestructura de Estados Unidos representa una enorme oportunidad para ello. México puede proponer que una parte de esos fondos atienda proyectos para la mejora de la infraestructura fronteriza, y debemos de estar listos para corresponder de manera equivalente en nuestro lado.
Es natural que, después de un proceso de integración de casi tres décadas, nuestros países compartan intereses comunes en otras regiones. Por ejemplo, la migración ilegal que viene de Centroamérica representa un reto común para México y Estados Unidos, mientras que la participación de Canadá y México en el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) nos ofrece una puerta para participar en los desarrollos comerciales del sudeste asiático.
Es momento de que, desde una perspectiva regional, nuestros países coordinen la articulación de esos intereses, a fin de que comercio y diplomacia se encaminen hacia objetivos y resultados que fortalezcan a nuestra región.
El T-MEC y la integración en América del Norte también se benefician de un sistema multilateral de comercio basado en el respeto a las reglas. Por ello, trabajar en la modernización de la Organización Mundial del Comercio (OMC) debe ser una prioridad para los tres países.
Una OMC fuerte tendrá mayor capacidad para resolver los temas pendientes, como los subsidios y apoyos ilegales a las empresas del Estado, y avanzar en el desarrollo de las nuevas reglas que demandan los retos comerciales del siglo 21.
Tras la experiencia de Covid-19 es claro que nuestros países necesitan planes y protocolos de coordinación detallados para hacer frente, desde un enfoque regional, a contingencias sanitarias o fenómenos naturales.
Necesitamos mecanismos que permitan a los tres países coordinar cuáles son las actividades esenciales que deberán mantenerse andando, qué profesiones conservarán la movilidad transfronteriza -incluso en situaciones de cierre de actividades- y qué prioridades sanitarias debemos atender conjuntamente.
La modernización de los términos de la integración regional que llevó a la firma del T-MEC en 2018 fue un proceso complejo, pero que permitió ratificar la apuesta por la integración regional que nuestros países emprendieron hace tres décadas.
No ha pasado mucho de ese logro, pero la magnitud de las transformaciones ocurridas en los últimos años -especialmente en el ámbito comercial- demandan nuevamente a nuestros países redoblar esfuerzos para lograr una integración fortalecida y renovada ante los retos del mundo post-COVID.
La Cumbre de Líderes de América del Norte llega en el momento preciso para ello. México no puede dejar pasar esta oportunidad. (Ildefonso Guajardo, Reforma, Opinión, p. 12)
En Monterrey, ante la grave crisis de inseguridad, se reunieron los gobernadores de Tamaulipas, Francisco García; Nuevo León, Samuel García, y Coahuila, Miguel Riquelme. Acordaron, entre otras medidas, colocar en la red de carreteras, cada 50 kilómetros, casetas con destacamentos policiacos. Ahí, en lo que va del año, se han registrado en la llamada frontera chica el paso de drogas y el tráfico de personas, y más de 125 balaceras entre bandas de delincuentes, con un saldo de 457 muertos y 43 secuestros, cuyas víctimas no aparecen. ¿Será suficiente este acuerdo? (Víctor Sánchez Baños, El Heraldo de México, Estados, p. 27)