Redadas masivas no paran
Y son los paisanos que viven en la ciudad de Charlotte, en Carolina del Norte, los que se encuentran aterrados y a la expectativa ante el inicio de redadas masivas por parte del ICE que comenzaron el fin de semana pasado. El despliegue de esas fuerzas se da, según información oficial, ante el repunte de víctimas de delitos presuntamente cometidos por migrantes indocumentados, señalamiento que no forzosamente es cierto y que ya se empleó, nos comentan, en detenciones realizadas en Chicago y en otras ciudades conocidas como santuario en Estados Unidos. Es conocido que la principal población migrante de esa ciudad procede de México, aunque también de otras naciones centroamericanas. En las acciones que acaban de iniciar se ha informado que los agentes han hecho acto de presencia en iglesias y complejos de departamentos. Ahí el dato. (Rozones, La Razón, LA DOS, p. 2)
Tuve oportunidad de recorrer parte de la siempre imponente Ciudad Juárez. Me limito a referir la imagen del Juárez sin migrantes. Ya no están, se extinguieron.
En paralelo al muro, a pie y en camioneta, transitamos varias veces el Bordo. Pisamos la orilla sur del río Bravo, a 100 metros del muro con su alambre de púas.
Mis acompañantes relatan que hace un año los bajopuentes estaban repletos de centroamericanos, caribeños, colombianos, mexicanos; que funcionaban unos 35 albergues y los migrantes se ensanchaban por el espacio urbano.
Esa realidad terminó. La exitosa, despiadada política de Trump le puso fin, quién sabe por cuánto tiempo. La Oficina de Protección Fronteriza presume mes a mes mínimos históricos de detenciones. Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional, expectora sin misericordia que es “la frontera más segura que jamás haya habido”.
Del lado estadunidense del muro apenas se mueven unas grúas y camiones en obras de reforzamiento del hoy insuperable obstáculo. Vuela cada tanto un helicóptero, ronda una tanqueta.
Pero no hay jóvenes tratando de trepar, desesperados intentándolo por los túneles, coyotes. Nada de nada. No sé si lo que veo sea bueno para Juárez.
Sé que es una derrota brutal, histórica, para cientos de miles que no hace mucho soñaban con escapar de una siniestra América Latina. (Ciro Gómez Leyva, Excélsior, Nacional, p. 4)
Un par de semanas atrás le comenté la notoria caída de las remesas procedentes de Estados Unidos hacia México, a pesar de que, en mercados más afectados por las deportaciones y la caída o estancamiento del empleo en la Unión Americana, no se advertía un ajuste, por el contrario, habían crecido los envíos.
En México, con información del Banxico, de enero a septiembre cayeron en 5.5% las remesas, en Guatemala aumentaron 19.5%; en Honduras, 26.2% y, en El Salvador, 18.5% en el mismo lapso, pese a que el número de migrantes mexicanos en Estados Unidos no ha caído significativamente.
En ese periodo el número de retornos o deportaciones ascendió a 140 mil de 10.9 millones de población promedio, mientras que de Guatemala fueron 50 mil personas, de 1.4 millones; de Honduras, 36 mil 500 de 1.3 millones, y de El Salvador, 20 mil 500 de 800 mil personas.
Donde el ojo brinca al registrar los datos es justo en el número de operaciones registradas, pues en el caso de México caen de 164 millones en todo 2024 a 116 millones el número de remesas enviadas de enero a septiembre de este año, y si hubiera sido el caso, el número de beneficiaros afectados habría sido de 1.7 millones de hogares u 11.1 millones, 8.8% de la población de México. El impacto reportado hubiera sido una caída efectiva en los índices de pobreza registrados por el Inegi, justo en el lapso de transición de la desaparición del Coneval, y eso no ocurrió.
Sume que mientras el empleo en general se ha estancado en Estados Unidos, en el caso del empleo hispano ha crecido 5% en el mismo periodo y el de mexicanos en 3.6%, según el BLS y BBVA Research para el periodo señalado.
Analizado por todos los ángulos, parece que el uso de cuentas digitales o billeteras ligadas a banderas de Visa, MasterCard, puede facilitar el traslado de fondos a través del sistema de pagos mexicano sin ser identificado como remesas transfronterizas entre particulares.
En el sender o quien envía se pone el número de la tarjeta de débito con fondos depositados a otra cuenta corriente (la mayoría abierta por digital onboarding). Llama la atención que los envíos son más bajos en monto, pero mucho más frecuentes.
Depósitos de 40 a 60 dólares, pero mayor número de envíos depositados a cuentas recurrentes, que por el monto parecen pagos de bienes en medios digitales y no remesas. Si el saldo del envío se hubiera comportado como los de Guatemala, El Salvador y Honduras, no habría caída y, por el contrario, habría subido el envío, por lo que se estima que lo que no está yendo por el motor de cumplimiento e identificación de remesas pudiera rondar entre los 4 mil millones o más acumulados en el periodo referido.
Cuando se toma la “carretera normal”, las transferencias pasan por procesadores que tienen registro en el Banco Central de Dallas y se conecta con el Banxico, y se mueven de unos 65 grandes enviadores que hacen la identificación de procedencia y origen de las remesas, hacia unos 100 pagadores en México que dispersan a través de 85 mil ubicaciones, lo que permite cerrar el círculo del envió legal y el sistema de cumplimiento, que tiene un costo, pues aproximadamente 75% del envió es para cumplir con el costo regulatorio y se estima que el mercado deja 25% en ganancias distribuidas.
Finalmente, no han caído ni comisiones de pagos por cambios de dólares a pesos, tampoco por el envío, algo raro si el beneficio llegara al que envía y al usuario final. (Alicia Salgado, Excélsior, Dinero, p. 5)
El Gobierno del presidente Trump ha implementado una política antinarcoterrorista, que ha incluido sanciones a la clase política y empresarios mexicanos, considerando a sus familias, retirando las visas estadounidenses.
El Departamento de Estado de EU, de Justicia, DEA, FBI y Aduanas, se han encargado de implementar este mecanismo: cancelación de visas, detenciones fronterizas, congelamiento de cuentas y bloqueos de trámites en Estados Unidos, a quienes tengan vínculos con la delincuencia organizada, o hayan realizado acciones asociadas al tráfico de drogas, lavado de dinero o trata de personas.
Este mecanismo ha generado incertidumbre en México, y ha propiciado que la Presidenta Sheinbaum, reitere la solicitud de información para determinar la veracidad de los hechos y dichos del Gobierno de EU. No ha tenido respuesta alguna. Cabe señalar que para la estabilidad y gobernabilidad, el quitar visas tiene un costo menor al de una intervención militar en nuestro territorio, contra objetivos narcoterroristas.
EU se apoya en la Ley Patriota y la Ley de designación de organizaciones terroristas extranjeras. Preocupa la denominada “lista Marco”, en la que destacan objetivos políticos de Morena, de alto perfil, en la que aparecen gobernadores actuales, exgobernadores, líderes y miembros del Congreso de la Unión, funcionarios federales y militares en activo y retirados.
Quitar visas estadounidenses —decisión soberana del Gobierno de EU— a miembros de la clase política mexicana en el poder, ha colocado al Gobierno mexicano en una situación incómoda frente a la opinión pública nacional y mundial; lo exhibe como corrupto, delincuente, ilegal, no confiable, implicando vínculos con la delincuencia transnacional. Las palabras narcoestado, narcogobierno, o la expresión: los cárteles controlan territorio y gobierno, aparecen cotidianamente en medios y marchas.
Estas acciones de quitar visas, junto con los aranceles, son elementos que presionan al Gobierno de México, tanto por las negociaciones previas al T-MEC, como para que apoye a EU en migración, seguridad, respalde acciones contra Venezuela y las posibles intervenciones militares en territorio nacional.
Ante esta estrategia de quitar las visas, aun cuando es una decisión soberana de EU, el Gobierno mexicano debiera realizar acercamientos, con el fin de evitar la exhibición mediática. Como ha ocurrido con el presidente de San Luis Río Colorado, algunos diputados, los hijos del gobernador de Sonora, del exdirector del CNI, el exgobernador de Guerrero, la gobernadora de Baja California, su esposo y colaboradores, banqueros, deportistas, artistas y muchos más.
Importa establecer, dentro del mecanismo de análisis de las mesas de trabajo con EU, la atención previa contra personajes a quienes les retiren las visas y sean colocados como culpables de narcodelincuencia. El Gobierno mexicano al conocer los objetivos en proceso, podría realizar una investigación de colaboración, sin que medie una ventaja de huida para los posibles objetivos, y deslindarse de complicidad con la delincuencia organizada, como ocurrió contra algunos casinos, en donde el Tesoro de EU y la UIF actuaron de común acuerdo.
Valoremos que la situación quitavisas estadounidenses continuará, es parte de la estrategia de seguridad del Gobierno de Trump. (Emilio Vizarretea, La Razón, México, p. 12)
En Chile, tensión política por elección presidencial
En las elecciones de Chile que se celebraron ayer para el relevo en el Ejecutivo, de 179 diputados y de senadores en siete regiones del país tuvieron dos presidenciables que pasaron al boletaje o segunda vuelta por no alcanzar más de 50 por ciento de votos.
Éstos fueron la candidata de la izquierda que se alió con el Partido Demócrata Cristiano, Jeanne-tte Jara, al obtener 27 por ciento de los sufragios; mientras el derechista Republicano, José Antonio Kast, alcanzó 25 por ciento.
En la nación sudamericana la situación política continuará tensa y polarizada hasta el 14 de diciembre, cuando se verifique en la segunda vuelta a la ganadora o el ganador, y saberse en esta semana cómo quedará conformado el Congreso y el Senado.
Mientras, Jara tendrá que organizar y fortalecer más su coalición para derrotar a las derechas chilenas que sin duda respaldarán a Kast para que finalmente conquiste la presidencia.
Los primeros análisis de los comicios advierten que a la candidata de la izquierda no le sirvió de mucho que el saliente presidente Gabriel Boric no tuviese una buena gestión durante su mandato; sin embargo, cabe decir que la aspirante presidencial tuvo gran apoyo de la juventud, de los ciudadanos que radican en Europa y Australia, y de los migrantes latinoamericanos que radican en Chile y que tuvieron en esta ocasión el derecho de votar.
En tanto Kast, para alcanzar el poder no sólo acentuará en los próximos días su campaña con propaganda millonaria a través de bots y trolls, sino a su vez buscará el aval de todos los sectores derechistas de Chile, asimismo de la ayuda externa de una internacional derecha americana que ya se extiende con el abierto apoyo de los presidentes de Estados Unidos, El Salvador, Ecuador, Bolivia y Argentina, además de la derecha brasileña. (Mario Trujillo Bolio, La Jornada, Editorial, p. 2)
Hoy en día, Donald Trump es presidente de su propia Murder Incorporated (Asesinato, SA), menos un gobierno que un escuadrón de la muerte.
Muchos descartaron la proclamación, al principio de su segundo periodo presidencial, de que el Golfo de México se llamaría en adelante Golfo de América (es decir, de Estados Unidos), como un tonto despliegue de dominio: tonto, pero inofensivo. Ahora, sin embargo, ha creado un baño de sangre en el adyacente mar Caribe. Hasta el momento, el Pentágono ha destruido 18 lanchas rápidas ahí y en el océano Pacífico. No se ha presentado prueba o acusación alguna que sugiera que esas naves transportaban drogas, como se afirma. Sencillamente, la Casa Blanca ha continuado difundiendo videos de vigilancia a ojo de pájaro (una película snuff, en realidad) de una lancha atacada. Luego viene una ráfaga de luz y allí acaba todo, junto con los humanos que iban a bordo, hayan sido éstos narcotraficantes, pescadores o inmigrantes. Hasta donde sabemos, al menos 64 personas han sido asesinadas en esos ataques.
La tasa de mortandad se acelera. A principios de septiembre, Estados Unidos atacaba una embarcación cada siete a 10 días. A principios de octubre, una cada dos días. Por un tiempo, desde mediados de octubre, fue una al día, incluidos cuatro ataques tan sólo el 27 de ese mes. La sangre, al parecer, quiere más sangre. Y la zona de caza se ha expandido desde las aguas del Caribe, frente a Venezuela, a las costas de Colombia y Perú, en el océano Pacífico.
Muchos motivos podrían explicar la compulsión de asesinar que tiene Trump. Quizá disfruta la emoción y sensación de poder que le da girar órdenes de ejecución, o él (y su secretario de Estado, Marco Rubio) esperan provocar una guerra con Venezuela. Tal vez considera que los ataques son distracciones útiles de la criminalidad y corrupción que definen su presidencia. El asesinato a sangre fría de latinoamericanos es también carne fresca para los vengativos seguidores trumpistas que han sido creados por guerreros de la cultura como el vicepresidente JD Vance para culpar de la crisis de los opioides, que de manera desproporcionada infesta a la base rural del Partido Republicano, a la “traición” de las élites.
Los asesinatos, que Trump insiste en que son parte de una guerra contra los cárteles y narcotraficantes, son horrorosos. Ponen de relieve la absoluta crueldad de Vance. El vicepresidente ha bromeado con el homicidio de pescadores y afirma que “le importa un carajo” si las matanzas son ilegales. En cuanto a Trump, ha desdeñado la necesidad depedir autorización al Congreso para destruir lanchas rápidas o atacar a Venezuela, diciendo: “Creo que vamos a matar personas. ¿Okey? Las mataremos. Van a estar, bueno, muertas”.
Pero, como con tantas cosas referentes a Trump, es importante recordar que no sería capaz de hacer lo que hace si no fuera por políticas e instituciones creadas por muchos de sus predecesores. Sus horrores tienen un largo historial de fondo. De hecho, Trump no está intensificando la guerra a las drogas, sino intensificando su intensificación.
Lo que viene a continuación es una breve historia de cómo llegamos a un momento en el que un presidente puede ordenar el asesinato en serie de civiles, compartir en público videos de los crímenes, y descubrir que la respuesta de demasiados reporteros, políticos (con alguna excepción, como Rand Paul) y abogados ha sido poco más que un encogimiento de hombros, cuando no, en algunos casos, un respaldo.
Breve historia de la guerra más larga
Aunque la convergencia de la política de derecha y la referente a las drogas comenzó al final de la Segunda Guerra Mundial, Richard Nixon (1969-1974) fue nuestro primer presidente de la guerra a las drogas. Gerald Ford continuó la guerra e incrementó las operaciones de la DEA en América Latina.
La DEA continuó expandiendo sus operaciones en el gobierno de Jimmy Carter, y Ronald Reagan comenzó a intensificar la guerra a las drogas de la misma manera en que lo hizo con la guerra fría. George H W Bush, Bill Clinton y George W Bush invirtieron en la guerra a las drogas. Barack Obama no intentó reducir la escala de la guerra y luego vino el primer periodo presidencial de Donald Trump. Joe Biden continuó financiando las operaciones de la DEA y militares en América Latina.
Donald Trump (2025-?) ha abierto un nuevo frente en la guerra contra los cárteles mexicanos de la droga en Nueva Inglaterra. La DEA, en colaboración con el ICE y la FBI, afirma que en agosto realizó 171 “arrestos de alto nivel” de “miembros del cártel de Sinaloa” en los estados de Massachusetts y Nueva Hampshire. Sin embargo, el equipo de investigación Spotlight del Boston Globe informó que la mayoría de los arrestados participaban en “ventas de drogas por pocos dólares” o eran simples adictos, sin ningún vínculo con el cártel de Sinaloa.
Trump insiste en que la “guerra a las drogas” no es una metáfora, sino una guerra de verdad, y que como tal le concede poderes extraordinarios de tiempos de guerra, entre ellos la autoridad de bombardear a México y atacar a Venezuela.
Considerando esta historia, ¿quién va a oponerse? ¿O a pensar que una tal guerra no podría sino terminar mal… o, para el caso, no terminar nunca? (Greg Grandin, La Jornada, Política, p. 18)
Las rebanadas del pastel
Lo único que realmente le preocupa al impresentable Donald Trump es que rápidamente puede caer por su complicidad con Jeffrey Epstein. Nada le importa si ha cometido todo tipo de delitos, como empresario y/ o mandatario. Le tiene sin cuidado la cacería de inmigrantes, el despliegue de la armada estadunidense en el Caribe y los asesinatos en esa zona. Menos, la permanente violación de los derechos humanos, su coautoría en el genocidio en Gaza o la amenaza de invadir a terceros países. Pero la cercana posibilidad de que se difundan los correos del depredador sexual lo mantiene histérico. (Carlos Fernández-Vega, La Jornada, Economía, p. 22)
Tengo la maldita costumbre de dedicar un día entero de mi tercer fin de semana de noviembre para leer el anuario de prospectiva de la prestigiosa revista británica The Economist. Esta publicación ayuda a afinar los escenarios de riesgo que ya trazaron las principales instituciones financieras y agencias de inteligencia para el año siguiente. Les comparto un resumen de este mapa de riesgos para 2026.
México en 2026: el complicado equilibrio. The Economist anticipa que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrentará un año complejo pese a su alta popularidad. La presión de Donald Trump sobre migración y crimen organizado, junto con voces republicanas que plantean ataques a blancos en México, elevará el riesgo de fricciones. La Reforma Judicial inquieta a inversionistas y el crecimiento será limitado, con poco margen fiscal para infraestructura. En plena revisión del T-MEC, Sheinbaum deberá equilibrar discurso soberanista y cooperación para evitar que cualquier gesto escale tensiones.
El mundo 2026 desde Trump. El anuario anticipa una Casa Blanca más transaccional: aranceles agresivos, presión a aliados para elevar gasto militar y uso instrumental de sanciones. No describe una retirada de EU, sino un liderazgo impredecible al que el resto del mundo aprende a adaptarse. Europa reduce dependencias, China mezcla competencia y contención, y América Latina navega entre presiones comerciales y prioridades de seguridad de Washington.
Proyecciones económicas 2026. Los “superpronosticadores” prevén crecimiento moderado sin recesión global, con inflación a la baja pero tasas aún altas. Lo más delicado es la foto financiera: las principales acciones están en máximos impulsadas por la IA, mientras crece el riesgo de crisis en bonos de deuda externa por gobiernos muy endeudados en moneda dura y un apetito de riesgo volátil. Una economía que avanza, pero sobre terreno resbaloso.
Conflictos globales. No se espera que termine la guerra entre Rusia y Ucrania: continuará como conflicto de desgaste con apoyos occidentales sujetos a fatiga política. En Venezuela, el escenario más probable son ataques aéreos limitados de EU, más que una intervención terrestre, salvo una oportunidad real de capturar a Maduro. Sobre Gaza, el anuario proyecta un conflicto que muta, con treguas frágiles, riesgo regional y una seguridad israelí más rígida.
Norteamérica. Los temas centrales son la revisión del T-MEC y el Mundial 2026. La negociación comercial estará marcada por la lógica de Trump: amenazas de aranceles y presiones en energía, reglas de origen y comercio digital. México y Canadá buscarán certidumbre para cadenas de suministro y nearshoring. El Mundial será prueba de coordinación en seguridad e infraestructura y vitrina de una Norteamérica interdependiente.
Elecciones en EU y Brasil. The Economist pronostica la reelección de Lula en Brasil y una victoria demócrata en la Cámara de Representantes, mientras los republicanos retienen el Senado de EU.
La edición de 2025 falló en el pronóstico de las elecciones de Canadá.
Agenda estratégica: FLACSO México celebra su 50 aniversario con la presentación del libro “Los Horizontes de las Ciencias Sociales”. (Gerardo Rodríguez, El Heraldo de México, País, p. 8)
EU anuncia otro ataque a narcolanchas

(Fernando Llera, Excélsior, Nacional, p. 12)